Disclaimer esta historia no me pertenece es un adaptacion y los personajes son de Stephanie Meyer.
Capitulo 12
Edward se sentía un poco mareado. La sensación de alivio que estaba experimentando era tal que casi llegaba a la euforia.
Naturalmente, Bella había tenido una excusa perfectamente razonable para haber ido a la casa de su enemigo, pensó, condescendiente. Debió de habérselo imaginado.
Edward mordió la porción de pizza de champiñones y aceitunas que había pedido para la cena. La pizza había llegado unos minutos tarde, pero aún estaba muy caliente, a pesar de que la hablan tenido que subir veintiséis pisos por el ascensor. Bella la había servido en el estudio, frente al ordenador portátil que Edward tenía en su escritorio.
En un acto de generosidad, que Edward consideró sospechoso, dadas las circunstancias, Bella había invitado a Carlisle a cenar con ellos. Edward no sabía si debía enfadarse o reírse por el hecho de que su esposa hubiera preferido no estar a solas con él durante la cena.
Sosteniendo su porción de pizza en la mano, Edward se inclinó hacia adelante y tecleó la palabra ice, otra de las tantas claves que Edward recordaba de los días en que Emmett había trabajado para él. La pantalla parpadeó.
-Ajá. –Bella miró con interés el monitor.- Eso es, Edward. Mira, algo está pasando.
Con todo derecho debía de estar hecho una furia, pensó Edward, mientras miraba cómo se formaban las letras en la pantalla. Todavía estaba asombrado de que no le hubiera resultado necesario echar mano de todo su autocontrol para sofocar su ira.
Pero por alguna razón, no quedaba espacio para sentir ira, dadas las circunstancias. Cualquiera que hubiera sido la idea de Bella en el momento en que decidió ir a la residencia Withlock, ciertamente no había traicionado la confianza de su esposo de forma deliberada.
Habría estado como loca por la falta del diskette. Edward sabia que, en esos días, la lista de prioridades de Bella era muy breve y sin duda cualquier cosa que se relacionara con Emmett la encabezaría por encima de todas las demás.
Edward se preguntaba si, finalmente, se acostumbraría a ocupar un segundo puesto en la lista de Bella.
Se obligó a no preocuparse porque Bella considerase que su primera obligación y alianza aún era para con su hermano desaparecido. Edward recordó que antes de casarse con ella, él sabía qué puesto ocu-paría para Bella.
-Interesante -dijo Carlisle, observando la pantalla casi sin parpadear-. Parece como una serie de memorandos, referentes a Mike Newton. Fechas, horas y observaciones.
-Carlisle tiene razón. Toda esta información es sobre Mike Newton. -Bella miró el monitor.- ¿Por qué Emmett te dejaría tanta información sobre él, Edward?
Edward seguía mirando los nombres y fechas que llenaban la pantalla. Parece que Emmett ya se había dado cuenta de que Mike estaba vendiendo la información sobre las propiedades de Swan a la competencia.
-¿Qué? No lo creo.
-Es cierto. - Edward oprimió un botón para seguir estudiando todos los datos que Emmett había recopilado sobre Mike Newton.- Al parecer, Emmett tuvo sospechas de él pocas semanas antes de desaparecer.
-¿Pero por qué Mike querría vender los secretos de Swan? -preguntó Bella, mostrándose verdaderamente asombrada.
-Por la razón de siempre. - Edward la miró.- Dinero.
-Pero Mike trabajaba para Emmett. Mi hermano confiaba en él. -Bella movió la cabeza sin poder creerlo.- Mike era su amigo.
Edward se contuvo para no decirle a Bella que era demasiado ingenua. La estudió de cerca, mientras ella estaba acurrucada en la silla de cuero negro que estaba junto a él. Se había cambiado de ropa mientras esperaba a que llegase la pizza. El corto vestido que revelaba esas bellas piernas ya había desaparecido. En su lugar, se había puesta unos pantalones vaqueros y jersey de punto, que destacaba la generosidad de sus senos, la pequeñez de su cintura, que se estrechaba sobre sus muslos. En ella había algo tan fresco y atractivo que hacía que Edward pensara en sus helechos.
Edward volvió a concentrar la atención en la pantalla. -Me sorprende que Emmett no despidiera a Mike en cuanto se enteró de todo esto.
Bella frunció el entrecejo. -Quizá porque no tenía la certeza absoluta de la culpabilidad de Mike. Tal vez estaba buscando pruebas.
-No necesitaba más pruebas que esta lista de nombres y fechas -dijo Edward ausente-. Es obvio que Emmett ya contaba con la mayoría de las pruebas.
Bella lo observó detenidamente. -No pareces tan sorprendido por esta noticia tan desagradable sobre Mike.
No lo estoy. - Edward hizo aparecer otra de las hojas del archivo de Emmett.- Muchos de estos datos se relacionan con lo que Carlisle y yo hemos descubierto en estos últimos días.
-¿Tú y Carlisle ya lo sabíais? ¿Y no me dijisteis nada?
-Iba a decírtelo en cuanto llegase a casa esta noche -se defendió- Tenía pensado contarte toda la historia, con una copa de vino tinto por medio. Pero tú no estabas aquí esperándome. Si recuerdas bien, sabrás que primero tuve que rastrear tu paradero.
-Oh, no -se quejó ella-. No te ampares en esa excusa patética para disculpar tu tendencia a la introspección. Debiste de haber tenido una fuerte corazonada aun antes de partir para California.
Me enteré en el trayecto hacia el aeropuerto. Carlisle me informó.
-¿Pediste a Carlisle que investigara a Mike Newton? -Bella dirigió una mirada fulminante a Carlisle, quien no apartaba la vista de la pantalla.- ¿Sin consultar conmigo primero?
-Le pedí que investigara a Embry y a Quil -explicó Edward con toda su paciencia-. En ese procedimiento, se encontró con ciertas sorpresas relacionadas con el último viaje que hizo Mike Newton a California. Newton mantuvo reuniones muy interesantes en los últimos tiempos en habitaciones de hoteles con gente importante que representa a la competencia de Swan.
-Yo debí haber sido informada de todo esto -declaró Bella, obviamente enfurecida.
-Ahora se te está informando -señaló Edward.
Ella entrecerró los ojos para mirarlo. - Edward, éste es otro ejemplo de la falta de comunicación que tienes con los demás. Lo que es más. Creo que esta vez, fue a propósito.
-Bella, sé razonable. Yo mismo acabo de enterarme.
-Debiste haber sabido algo cuando me llamaste anoche.
-No quería hablarte de ese tema por teléfono.
Apretó los labios en señal de desaprobación. -Ya te he dicho que quiero estar muy bien informada sobre todo lo que se relacione con la empresa de mi hermano.
-Sí, ya lo sé. Su adorada empresa siempre ocupa el primer lugar, ¿no es así? Ya conozco cuál es mi papel en todo esto. Se supone que debo salvar Swan. Bueno, estoy haciendo todo lo que puedo, créeme.
- Edward, yo no quise decir que no estés esforzándote lo suficiente, sino que, a veces, eres muy poco comunicativo.
Edward la miró. -Desde el principio, Bella, te dije que tendrías que confiar en mí.
Bella dirigió una mirada avergonzada hacia Carlisle, quien seguía, estoicamente, con la vista fija en el monitor, ignorando la pelea. -Hablaremos de esto en algún otro momento -murmuró ella.
-De acuerdo. Lo apuntaremos junto con los demás temas que tendremos que tratar en esa reunión, bastante interesantes, por cierto.
-Ni te atrevas a intimidarme, Edward Cullen. No te dará resultado.
-Si tú lo dices. - Edward frunció el entrecejo, pensativamente, mirando la pantalla.- Esta parece ser la última anotación de tu hermano.
Bella se acercó más, para leer por encima del hombro de Edward- Tiene fecha de una semana antes de su desaparición.
HA HABIDO UN CAMBIO EN EL ESQUEMA. SOSPECHO QUE NEWTON TIENE UN NUEVOCONTACTO EN SEATTLE. NO RELACIONADO CON LA GENTE DE CALIFORNIA, POR LO QUE CREO. ESTO ES ALGO NUEVO Y NO ME GUSTA. AQUÍ HAY OTRA COSA, ADEMÁS DE ESPIONAJE INDUSTRIAL NORMAL. NEWTON ESTA MAS NERVIOSO QUE HACE UNAS SEMANAS. Y HAY MUCHO DINERO POR MEDIO. DEMASIADO. VERIFIQUÉ LAS CUENTAS BANCARIAS DE NEWTON. LE PAGO BIEN, PERO NO HASTA ESE EXTREMO. PODRÍA DESPEDIR A ESTE HIJO DE PUTA AHORA MISMO Y TERMINAR CON ESTO DE UNA VEZ POR TODAS. PERO PREFIERO ENTERARME BIEN DE SUS NEGOCIOS ANTES DE DARLE EL ADIÓS DEFINITIVO.
CULLEN, SI ESTÁS LEYENDO ESTO ES PORQUE BELLA ENCONTRÓ EL DISKETTE Y TE PIDIÓ AYUDA. SIGNIFICA QUE POR UNA U OTRA RAZÓN, YO YA NO ESTOY EN ESCENA. NO SÉ QUÉ DECIRTE, PORQUE NO TENGO MÁS DATOS FEHACIENTES SOBRE LAS ACCIONES DE NEWTON; SÓLO EVIDENCIAS DEL DINERO QUE SE ESTÁ LLEVANDO Y UNA FUERTE CORAZONADA DE QUE TODO ESTO ES MUCHO MÁS SERIO DE LO QUE CREI EN UN PRINCIPIO. TÚ Y YO SABEMOS QUE LAS COSAS PUEDEN LLEGAR A SER MUY COMPLICADAS CUANDO HAY TANTO DINERO DE POR MEDIO.
SI BELLA ACUDE A TI, AMIGO MÍO, TENDRÉ QUE PEDIRTE QUE CUMPLAS ESA PROMESA QUE ME HICISTE HACE CINCO AÑOS. CUIDA DE BELLA Y DE ROSALIE POR MÍ Y ESTAREMOS EN PAZ. ¿TRATO HECHO? A PROPÓSITO, TE ACONSEJO QUE MANTENGAS A BELLA FUERA DE TODO ESTO. COMO LA CONOZCO, SÉ QUE EMPRENDERÁ UNA FEMENINA CRUZADA UNILATERAL PARA BUSCAR LA VERDAD Y LA JUSTICIA. TÚ QUERRÁS MANEJAR ESTO CON TUS MÉTODOS PROPIOS Y LO MÁS PROBABLE ES QUE ELLA NO ESTÉ DE ACUERDO.
Bella giró la silla para mirar de frente a Edward. -¿Qué rayo quiso decir Emmett con esta última frase? ¿Y qué es eso de la promesa que le hiciste hace cinco años? ¿Qué fue lo que le prometiste exacta mente y por qué?
Edward borró la imagen de la pantalla. La intensa luz que provenía de la lámpara halógena que estaba sobre el escritorio proporcionaba un círculo luminoso sobre aquél, dejando el resto del recinto en sombras.
Tomó otra porción de pizza y deliberadamente empezó a comer mientras contestaba. -Ya te conté lo del incidente que se suscitó cinco años atrás.
-¿Ese asunto con el traficante de armas? ¿Veltore, Viltiri o algo así?
-Vulturi -corrigió Edward, tras otro bocado de pizza. Permitió que los recuerdos de lo que había sucedido en aquel depósito de la isla refrescaran su memoria-. Esa noche le dije a tu hermano que estaba en deuda con él por haberme ayudado a descubrir esa maniobra y a detenerla. También le dije que si alguna vez yo podía hacerle un favor a él, no tendría más que decírmelo.
Bella se quedó mirándolo durante un rato muy pensativa.
-Entiendo. -Se dejó caer más sobre su silla.- Como aparentemente Emmett quería que fueras tú el encargado de manejar las cosas aquí -dijo ella cautelosamente -¿qué propones que hagamos ahora?
A Edward no le gustó la expresión de sus ojos. -Bella, tu hermano no quiso decir que no confiara en ti.
-¿No crees que ya lo sé? Pero tampoco dudes ni por un instante de que él estaba convencido de mi capacidad para hacerme cargo de todo.
-¿Y por qué tendría que creer lo contrario? -le preguntó Edward con toda calma-. No has tenido más
experiencia en el espionaje industrial que en el manejo de una empresa de la envergadura de Swan. Hiciste lo correcto al poner todo en mis manos.
Bella se mordió el labio inferior. -¿De verdad? Por alguna razón, todo está complicándose.
-Sé que estás molesta, pero no es el momento para pensar tanto las cosas.
-Lo sé. -Bella lo miró a través de sus pestañas bajas.- Estamos juntos en esto, ¿verdad?
-Sí. - Edward se preguntaba en qué estaría pensando Bella en esos momentos. Quizá ya empezaba a arrepentirse de haberse casado con él.
-¿Entonces qué harás con Mike Newton? –le preguntó-. ¿Vas a despedirlo?
No creo. No, todavía - Edward miró a Carlisle.- Siempre es mejor conocer a tu enemigo antes de tomar decisiones. Haremos lo que Emmett había planeado. Daremos a Newton la cuerda suficiente para que él mismo se ahorque y en el proceso, tal vez nos enteremos de quién es su nuevo cliente aquí en Seattle. Esa información nos puede ser útil en el futuro.
Bella se pasó la mano por el cabello, creando estragos en su cabello de color castaño rojizo. Me resulta difícil todavía pensar en Mike Newton como en un enemigo.
-No tienes mucha experiencia identificando enemigos.
Bella lo miró con una expresión extraña. -¿Sabes algo, Edward? Hay veces en que me doy cuenta muy claramente por qué pones tan nerviosa a la gente.
-Pero no te pongo nerviosa a ti, ¿verdad, Bella?
No. -Hubo un toque desafiante en el monosílabo.
Edward miró a Carlisle y en silencio, le indicó la puerta. Carlisle puso de pie y sin decir ni una sola palabra, se fue del cuarto. Edward dejó que los sumiera el silencio cuando la puerta se cerró detrás de Carlisle.
Bella empezó a inquietarse en menos de un minuto. Cambié posición, colocando un tobillo sobre la rodilla. Con las uñas de su mano derecha, tamborileaba una melodía sin sentido sobre el posabrazos la silla. Luego, con una sutil exclamación, se puso de pie súbitamente y se dirigió hacia el jardín de rocas.
-¿Debo entender que encargarás al robot la vigilancia de Mike Newton?-le preguntó, de espaldas a él.
-Carlisle es muy bueno en los trabajos de vigilancia.
-Indudablemente utiliza todas sus habilidades para el trabajo que hace para ti, ¿verdad? -La voz de Bella sonó quebradiza- Tiene mucho de qué ocuparse ya con el tema de tu familia, además de tener que seguir de cerca a tus competidores.
Bruscamente, Edward se dio cuenta del rumbo que estaba tomando la línea de pensamientos de Bella. -Yo no encargué a Carlisle que te vigilara mientras estaba fuera de la ciudad.
-Obviamente supiste dónde localizarme.
-Pero no porque Carlisle estuviera persiguiéndote mientras yo estaba. Me enteré porque llamé por teléfono a Zafrina, tu ayudante. Ella suponía que tú habías salido corriendo tras ese elefante.
Bella lo miró inmediatamente, sus ojos buscando los de él en la oscuridad. -¿Es verdad?
Tal vez no sea tan comunicativo como a ti te agradaría, en ocasiones, pero nunca te he mentido y jamás lo haré.
Ella se quedó mirándolo fijamente durante un minuto y, luego algo en su interior pareció relajarse.
- Te creo. -Volvió a darse vuelta para examinar el jardín de rocas.
-¿Qué sucede, Bella?
-Todo está mal. Ya me he preocupado demasiado por Emmett. Pero pensé que estaba manejando bien las cosas. Pensé que estaba mando todas las medidas necesarias para mantener toda esta situar hasta que Emmett volviera.
Edward miró la pantalla borrada del ordenador. -¿Te refieres que al casarte conmigo, creíste, que habías dado los pasos necesarios para proteger la empresa de Emmett y a su hijo?
-Exactamente. Y ahora surge todo este asunto de Mike Newton. -Miró en dirección al ordenador.- Está sucediendo algo más de lo que nos temimos en un principio, ¿no?
-Tal vez.
-¿Qué quieres decir con tal vez? -Bella hundió la puntera de su zapato en la arena color gris perla, borrando así las líneas cuidadosamente trazadas.- Esas notas que Emmett escribió para nosotros nos dan una nueva perspectiva sobre su desaparición, ¿no crees?
-No necesariamente. No sabemos si existe conexión alguna entre el espionaje industrial que Mike Newton estaba realizando y la desaparición de tu hermano. De hecho, me parece bastante imposible que la haya.
-¿Por qué? -preguntó ella, obviamente buscando algo que la reconfortara.
Edward se encogió de hombros. -Para empezar, el espionaje industrial es un delito de guantes blancos. Rara vez se le relaciona con un asesinato. Y eso es lo que te asusta, ¿verdad? ¿La posibilidad de que hayan asesinado a Emmett?
Bella se estremeció visiblemente. Es una posibilidad que jamás había considerado hasta que vi ese diskette.
-Los Mike Newton de este mundo, por lo general, no son asesinos.
-¿Qué te hace estar tan seguro de ello?
Edward se puso de pie y se paró justo detrás de ella. -Confía en mí, Bella, en todo esto. Newton es un mentiroso y un ladrón, pero lo más probable es que no sea un asesino.
-Oh, Dios, espero que tengas razón. -Se volvió para mirarlo a los ojos. Los de ella, estaban bañados en lágrimas. Pero Emmett estaba lo suficientemente nervioso como para haberse tomado la molestia de dejarnos este diskette.
-Sí.
-Debió de haber pensado que había algún peligro. Te pidió específicamente que cuidaras de mí y de Rosalie si algo le sucedía a él.
-Sí.
Bella se secó los ojos con el dorso de la mano. -¿Y eso es precisamente lo que tú estás haciendo, no?
-Estoy haciendo todo lo que puedo, Bella.
-Eres un buen amigo, Edward -murmuró dijo que lo serías. También dijo que eras peligroso, pero confió en ti.
Con mucha dulzura, Edward le tomó la barbilla con el borde de su mano. -Tú y yo somos mucho más que amigos ahora, Bella. Somos amantes, que casualmente, están casados.
-Supongo -dijo ella, apesadumbrada.
-Yo tengo la certeza de ello. -Bajó la cabeza y rozó los labios con los suyos, buscando en ella la respuesta que sabía positivamente estaba en condiciones de ofrecerle tan abiertamente.
-¿Qué vamos a hacer? -Le rodeó el cuello con los brazos lo estrechó con todas sus fuerzas.
Edward sentía que las lágrimas de ella le humedecían la camisa. Lágrimas por Emmett, pensó. Se preguntó si Bella alguna vez ser capaz de llorar por el hombre con el que se había casado. El hombre que, casualmente, era su amante.
Todo saldrá bien -murmuró él sobre el enmarañado cabello de ella-. Yo me haré cargo de todo.
-¿Como siempre lo haces? -Soltó una carcajada agónica, entrecortada y hundió el rostro en su pecho.- Trata de no ponerme demasiado nerviosa en el proceso, ¿sí?
Edward sonrió. -Lo último que quiero en este mundo es ponerte nerviosa, Bella. -La levantó en sus brazos y la llevó hacia la puerta.
Bella se acurrucó contra él, con los ojos cerrados, mientras desplazaba por el cuarto a oscuras. No protestó hasta que sintió que la acostaba sobre la cama.
Justo entonces, abrió los ojos, parpadeó incómodamente y sentó de inmediato. Levantó una mano, como para prevenirle. –Oh, no, Edward. Detente ahora mismo.
Edward sintió un escalofrío. Era la primera vez, desde que se había casado, que Bella no se derretía ante una caricia suya. -¿Sucede algo malo, Bella?
-Sí, creo que sí. -Lo miró especulativamente.- Bastante malo
Edward sonrió. -¿Estás en esa época del mes? Bella, eso no es problema.
-No, no es eso. Es otra cosa.
-Dime -la urgió con ternura, sentándose en el borde de cama.
Rápidamente, Bella buscó refugio en el otro extremo de la cama. Luego se levantó y lo miró. -¿Alguna vez te has puesto a pensar que eres tú el que gobierna las actividades en la alcoba y todo lo demás?
-No sabía que tuvieras quejas. -Volvió a ponerse de pie, sin quitarle la vista de encima.
-Creo que ha llegado el momento de que realicemos lo que en diplomacia internacional se denomina: "Un cambio en el equilibrio de poder".
Edward se quedó mirándola sin comprenderla. -¿Bella, estás tratando de insinuarme algo?
Bella lo observó desafiante, con una sonrisa algo incierta. -Dime. ¿Te daría miedo dejarme al mando de las cosas aquí, por un tiempo?
Edward sintió que el nudo que tenía en su interior comenzaba a desatarse en señal de alivio. Bella no trataba de alejarlo de ella. -No te tengo miedo, Bella.
-Demuéstramelo.
-¿Cómo? -Por lo general, a Edward no le agradaba lo impredecible, pero con Bella, le resultaba divertido.
-Para empezar, quédate exactamente dónde estás. -Rodeó la cama para pararse frente a él.- No te muevas.
-Si eso es lo que quieres. -La miraba con suma curiosidad. ¿Qué vas a hacer?
-Vamos a jugar. Primero, te desvestiré. -Se dedicó en primer término, a desabrochar los botones de su camisa. Evidentemente, los dedos le temblaban, pero ya estaba decidida.
-Está bien. - Edward buscó el dobladillo del jersey de Bella.
-Oh, no, no, no. -Bella retrocedió un paso y le abofeteó ligeramente la mano.- Tú no puedes tocarme. Es una de las reglas del juego.
-¿Dé modo que este juego tiene reglas también?
-Sí. -Se le acercó un poco más y siguió con los botones.
El sonrió, dispuesto a ser indulgente. Pero cuando las yemas de sus dedos se deslizaron hacia abajo, por su pecho, Edward respiró profundamente. -Bella...
-Se supone que no debes moverte, ¿lo recuerdas? Lo miró a través de sus pestañas bajas mientras le bajaba la camisa por los hombros.- Edward, siempre te he dicho que tienes una personalidad muy fuerte y dominante. Debes aprender a relajarte y dejar que otro asuma la responsabilidad, de vez en cuando.
-Pero a mí me gusta asumirla. Le acarició el cuello cuando su camisa cayó al piso, junto a sus pies. Especialmente, cuando tú estás involucrada.
-Ya lo sé. Y basta ya con eso. No tienes permiso para besarme todavía.
-¿Por qué no?
Porque lo digo yo. Este es mi juego, ¿lo recuerdas? -Bella retrocedió un paso y analizó el pecho de Edward. Sus ojos se humedecieron con femenino placer. Extendió la mano para delinear la curvatura del hombro.
La expresión de sus ojos hizo que Edward ardiera en deseo. No había dudas al respecto. Definitivamente, Bella lo deseaba, con la misma intensidad del primer día. Edward sintió que su miembro se ponía duro al máximo, con demasiada rapidez. Pensó que cada vez se le haría más difícil controlarse en cuanto Bella estuviera cerca de él.
Instintivamente, avanzó un paso, pero se detuvo, obedientemente, cuando ella le negó con la cabeza y le obsequió con una sonrisa misteriosa.
-¿Y tú no vas a desnudarte? -le preguntó él, mientras ella forcejeaba con la hebilla de su cinturón.
-En su momento.
-Me parece que falta una eternidad. -Hundió el vientre cuando sintió el metálico deslizamiento de la cremallera. Maldición, ya había alcanzado la erección completa y Bella ni siquiera se había desnudado todavía.
Bella lo besó en los labios apasionadamente, pero antes de que Edward pudiera introducirle la lengua entre los labios, ella comenzó a moverse sinuosamente sobre su cuerpo, hacia abajo. Le rozó el pecho con los labios, después, el pezón derecho y por último, el ombligo.
Finalmente, la joven quedó de rodillas frente a él. Edward gimió al sentir que deslizaba las manos por el interior de su pantalón para bajárselo. Los calzoncillos siguieron el mismo destino.
Edward se estremeció, plenamente consciente de su erección. Sentía el cálido aliento de Bella sobre su piel. Cuando los dedos de ella lo rodearon con la delicadeza de una pluma, pensó que su deseo estallaría en ese preciso instante. Qué rayos estaba sucediéndole, se preguntaba.
-Eres hermoso. -murmuró Bella.
-Bella, esto ya ha llegado demasiado lejos. -Hundió los dedos en su cabello.- Vamos a la cama.
-Bien. –Se puso de pie lentamente. Tenía los ojos brillantes mientras corría el edredón negro y dorado.- Anda, acuéstate.
Edward trató de apoyarle la mano en la nuca, atraerla hacia sí y besarla ardientemente. Quería introducirle le lengua en la boca; su virilidad en aquel cálido y húmedo receptáculo. Era una locura. Una sola noche lejos de ella y estaba incontenible.
-Oh, no. Todavía no. En la cama. Puso las palmas de sus manos sobre el pecho de Edward y lo empujó hacia atrás.
Edward se dejó caer sobre las sábanas grises. Trató de alcanzarla, pero ella lo esquivó por el costado.
-¿Y tú? -le preguntó él, con voz ronca.
-Voy a desvestirme.
-Ya era hora -gruñó-. Yo te ayudaré.
-No. Tú observarás. -Cruzó los brazos por debajo del busto, tomó el dobladillo del jersey y se lo quitó, pasándolo por encima de la cabeza.
Edward sintió que la fiebre en su interior aumentaba unos cuantos grados al ver el diminuto corpiño de encaje negro que apenas lograba cubrirle los senos. Pensó que era la primera vez que la veía con ropa interior negra. La contempló, fascinado, mientras ella se ponía las manos en la espalda para desabrocharla. Al instante, los pechos quedaron libres de su confinamiento.
A Edward se le secó la boca. Esos senos lo hechizaban. Eran perfectos, elegantemente formados y con generosos pezones rosados. Recordó cómo sabían y, de pronto, no pudo contener la sed de ellos. Una vez más trató de alcanzarlos. Una vez más, ella lo esquivó.
-¿Te estás tomando tu tiempo con todo esto, verdad? -le preguntó él, con tono agónico.
Bella, que iba a bajarse la cremallera de los pantalones vaqueros, se detuvo. -¿No te gusta? -
Edward se quedó observando fijamente su busto. Su cuerpo ardía tanto en deseo que creía estar perdiendo la razón. -Me gusta mucho.
-Me alegro. -Se movió a un lado y a otro, hasta que finalmente se liberó de los pantalones, quedando cubierta por un escaso triángulo de satén negro. Avanzó tentativamente un paso hacia la cama.
Edward percibió el tenue aroma de aquella excitación tan femenina. Todo su cuerpo se puso en tensión como respuesta. Arrancó los ojos de aquellas bragas de satén negras y los posó en los de la joven.
-Ven aquí -le ordenó, con la voz cargada de deseo.
Ella movió la cabeza y apoyó una rodilla sobre la cama. Le puso la palma de la mano sobre el rígido músculo del muslo y lo apretó -No, todavía no. Aún nos queda un largo camino por recorrer. Muy largo.
-Al diablo con eso. -Se estiró para alcanzarla.
Bella se alejó. -Este juego es mío, ¿lo recuerdas? Soy yo la que manda.
Edward soltó un improperio y se dejó caer de mala gana sobra las almohadas. -Bella, no creo poder soportar este jueguito tuyo durante mucho tiempo más.
-¿De verdad? Me sorprende en ti, Edward. -Se alejó de la cama y se dirigió hacia la cómoda laqueada en negro.- Fuiste tú quien me enseñó a jugarlo.
Edward frunció el entrecejo mientras miraba la pálida curvatura de los hombros y las nalgas de Bella. -¿A qué te refieres?
Se volvió hacia él sosteniendo dos cintas de satén que había extraído de uno de los cajones. Me has ido dando clases sobre este juego desde la primera noche que me hiciste el amor, aunque debo admitir que jamás me ataste a los postes de la cama.
-Demonios. -Finalmente, Edward se dio cuenta de lo que ella tenía en mente. Advirtió que lo que llevaba en la mano eran dos corbatas de seda. -No pensarás hacer esto en serio, ¿no? Se supone que soy yo el que tiene fama de raro.
-No te preocupes. Las corbatas son simplemente simbólicas -se apresuró a decir Bella-. Ambos sabemos que no podrían sujetarte si tú quisieras liberarte.
-Mira, Bella, yo estoy dispuesto a participar en juegos de alcoba, pero creo que esto está llegando demasiado lejos.
Bella caminó hacia un lado de la cama y le rodeó la muñeca izquierda con una de las corbatas. -¿No tendrás miedo de mí, verdad, Edward?
Los ojos de Edward se posaron sobre los de ella. Indudablemente ella no pensaba que él consentiría estar atado a la cama. La ira se apoderó de su ardiente cuerpo. Ya había soportado lo suficiente ese juego loco. Atrancaría esa estúpida corbata de su muñeca y luego tomara a Bella por el tobillo para arrastrarla hasta la cama. Le haría el amor, hasta que ella no pudiera pensar siquiera, ni mucho menos soñar con juegos y ataduras.
-¿ Edward? -Bella lo miró a los ojos y volvió a titubear.
Edward notó la señal de advertencia en su mirada. Bella sabía que ese jueguecito idiota había llegado demasiado lejos. Presentía que él tomaría el mando una vez más.
El siempre estaba al mando. Tenía que estar en ese puesto pues no confiaba en nadie en quien pudiera delegar.
Pero aunque Edward empezó a forcejear con la muñeca, algo dentro de él lo detenía. Una desconcertante sensación en su interior le hizo notar que aquello no era un simple juego para Bella. Ella trataba de hacerle entender algo que era realmente importante para ella.
Durante varios segundos ninguno de los dos se movió. Luego, lentamente, Edward se relajó contra las almohadas. -Si quieres jugar, Bella, adelante.
La sonrisa de ella fue radiante. -Esa es otra de las cosas que me gustan de ti, Edward. Te gusta el juego limpio.
Bella no perdió el tiempo. Unos pocos movimientos más y la muñeca izquierda de Edward estuvo asegurada a la columna de la cama. Luego se subió encima de él e hizo lo mismo con la muñeca derecha. Edward cerró los ojos y apretó los dientes cuando sintió el suave satén de las bragas sobre su órgano erecto. Sería una larga noche.
