Holaaaa :D Aquí os traigo un nuevo cap. Como avisé, ya queda poco, así que la historia tendrá un episodio más y el epílogo. Espero que os guste. (una pregunta que quería haceros: ¿conocéis a Rubius?)
Capítulo 12: El ataque.
Mortífagos. Había mortífagos por todas partes. Ron y Harry se encontraban delante mía, con sus varitas en mano y lanzando hechizos a diestro y siniestro. Había mortífagos, dementores, gigantes y algunas otras criaturas que no reconocí en Hogwarts. Cuando desperté por la mañana, Draco ya se había marchado, pero había dejado una rosa negra en la cama, que me hizo sonreír. Él solía decir que no era el tipo de chico que regalaban rosas y bombones, pero tal vez sí que lo fuera. Olvidando ese tipo de pensamientos, me centré en la batalla. Como bien había dicho Narcissa Malfoy, el colegio había sido invadido por mortífagos y otros monstruos del Señor Tenebroso, pero aún seguía sin saber como habían conseguido atravesar las murallas de Hogwarts. Fred y George se unieron al cabo de unos minutos a nosotros y, asimismo, lo hizo Percy Weasley, el otro hermano que había abandonado a su familia para ser un miembro del ministerio, no sin antes disculparse y demostrar que lo sentía profundamente. Un par de mortífagos aparecieron delante nuestra. Harry pronunción un fuerte y potente ¡sectusempra! El mismo que días antes había usado contra Draco. Yo, por mi parte, lancé un poderoso reducto que hizo que el mortífago cayera al suelo redondo. Un gritó resonó desde nuestra parte posterior, seguido de un claro e inconfundible ¡Avada Kedavra! Apenas nos dio tiempo a reaccionar, pero cuando nos dimos la vuelta, Fred caía al suelo como una mosca aplastada. Harry envió un Petrificus Totallus al mortífago, que cayó al suelo ruidosamente. Corrimos hasta Fred, quien se encontraba en brazos de un destrozado Percy y de un estupefacto George.
-¡Fred! - gritó Ron arrodillándose al lado de su hermano.
Mis ojos picaron con lágrimas y no pude contener que estas se deslizaran por mi rostro. Toqué con delicadeza el rotro de Fred, apartándole el pelo sudoroso de la frente. Estaba frío como un muerto. Y eso era porque prácticamente Fred estaba muerto. No podía creer que Fred, nuestro Fred Weasley, simpático, carismático, alegre, siempre con una sonrisa, estuviera muerto. En su rostro aún se apreciaba el fantasma de lo que sería su última sonrisa. Percy lloraba desconsoladamente a su lado, pensando de seguro en el todo tiempo que no había pasado con su hermano. Harry ya no estaba allí, pero alcanzé a verlo salir corriendo de allí. Abracé a Ron por unos segundos, sin darle apenas tiempo a protestar, y salí en busca de Harry. Tenía que ver a donde iba. Y entonces lo que vi me dejó helada. Luna Lovegood se encontraba en el suelo, bañada en un charco de sangre, de forma macabra, como en esas series que echan por la televisión, y una mirada perdida en su rostro. Ahogé un sollozo y me acerqué hasta ella, colocando su delicada cabeza en mis piernas. Acaricié su suave melena rubia, aunque ahora se encontraba sucia y ensangrentada, y lloré, porque Luna había sido una verdadera amiga para mi y la que me había ayudado con Draco. Porque ella no se merecía aquel final. Levantandome con el máximo esfuerzo, deposité un pequeño beso en la frente de Luna, y la acosté cerca de la ventana, lejos de su charco de sangre. Sacudiendo el pelo de mi rostro, eché a correr por las escaleras hasta ver la imagen de una camiseta azul subir las escaleras del despacho de Dumbledore. A medida que subía las escaleras, escuché una voz de forma indefinida. Pero, conforme me iba acercando, distinguí la voz. Era una voz muy conocida. Era la voz de Draco.
-¿No lo entiendes? - gritó. Por su tono pude notar que estaba llorando y que lo estaba pasando realmente mal - ¡Tengo que hacer esto! ¡Tengo que matarte! O él me matará a mi.
-Querido Draco...-esa era la voz de Dumbledore.
Me congelé. ¿La misión de Draco era matar a Dumbledore? No, no podía serlo. Draco no era un asesino, yo lo conocía. Me escondí detrás de una columna y pude ver perfectamente a Draco, vestido de negro hasta el cuello, como un capo de la mafia. Sostenía su varita en alto, pero pude ver como la iba bajando poco a poco, con miedo. En ese mismo momento, llegó Bellatrix y un par de hombres que desconocía. Bella se acercó de forma repulsiva a Draco, como una serpiente que se acerca a su presa y le susurró algo al oído que no pude distinguir. Entonces me acordé. La serpiente. Tenía que matar a Nagini. Por nada del mundo quería irme de allí sin saber de Draco, pero tenía que. Por Fred. Por Harry. Por Ron. Por Draco. Por nosotros. Pronuncié un Accio Espada de Gryffindor y rezando porque los presentes no se dieran cuenta, la espada llegó a mis manos. Casi me hundo cuando se depositó sobre mis manos, pues sabía que las espadas pesaban, pero no que pesaran tanto. Corrí escaleras abajo, no sin antes haber escuchado un claro Avada Kedavra y rogé porque no fuera Draco el que lo había pronunciado o porque él no fuera el atacado. Atravesé el Gran Comedor como alma que lleva el demonio y salí al jardín. Dislumbré de forma pasajera los cientos de magos que había allí reunidos, tanto buenos como malos, peleandos todos. Pude ver también que Lupin y Tonks habían caído en la batalla, lo que hizo que me diera aún más prisa en encontrar a Nagini, aún sabiendo que mi vida podría acabar ahí. Ataqué a unos cuantos mortífagos que se interpusieron en mi camino y pude localizar a Voldemort. Se veía totalmente satisfecho, pero algo nervioso. Nagini estaba a su lado. Lucius Malfoy se encontraba allí y se veía hecho un desastre. Su habitual impecable pelo rubio platino como el de Draco estaba revuelto, sucio y con manchas de algo que parecía ser sangre. Sus pantalones estaban rasgados y le faltaban las mangas a su camiseta. Se arrodillaba ante el el Señor Tenebroso y le pedía algo que no comprendí. Entonces, aprovechando la confusión de la batalla y a Voldemort hablando con Lucius, me acerqué por detrás sin que me notaran. Fue entonces cuando noté a Snape salir corriendo del colegio, seguido de Draco, de Bellatrix y de los otros dos hombres. Y se dirigían a Voldemort. Este también los notó, porque colocó ambos brazos en sus caderas y se irguió de forma orgullosa. Y entonces levanté la espada con toda la fuerza que tenía y le corté la cabeza a Nagini. Voldemort profirió un grito horrible y cayó al suelo. Aproveché esa confusión para salir corriendo de allí, pero un poderoso sectusempra me pilló de lleno. Caí de espaldas al suelo, golpeando fuertemente la cabeza contra este. Todo mi cuerpo ardía de una forma dolorosa y notaba como me desangraba poco a poco. Alcé un poco la cabeza para ver como mi camiseta se empapaba de sangre, manchando el verde césped de un rojo escarlata. Unos pasos se acercaron a mi y pude escuchar la loca risa de Bellatrix Lestrange.
-Vaya, vaya, mira lo que hemos cazado por aquí. La noviecita de Draco – rió Bella – Draco, cariño, mira lo que he cogido.
Draco se acercó despacio hacia nosotras y pude ver la sorpresa en su rostro cuando me vio.
-¿Qué coñ...
-¡Cuida tu lenguaje, Draco querido! - replicó Bella – Ese no es el lenguaje de un Malfoy. Ahora que has fallado tu misión de matar a Dumbledore, podrás al menos enmendarla. ¿Verdad que si, mi querido Señor Tenebroso?
-Me parece una buena idea, querida Bellatrix – respondió la fría voz de Voldemort – Yo tengo que encargarme de ese Harry Potter. Mátala, Draco. Y ese será mi perdón por tu error.
Pude ver que Draco prefería morir antes que matarme a mi. Y de verdad temí que se matara a sí mismo cuando sacó la varita de su bolsillo. Para ese momento, yo ya era muy poco consciente de la realidad, pues apenas quedaba sangre en mi cuerpo.
-Oh, espera un momento, querido Draco – Bellatrix se acercó a mi y, pronunciando unas palabras que desconocí, cerró mis heridas – Es mejor que dure si la vas a torturar. Es ahora, Draco. Usa un Cruciatus.
Draco levantó la varita y, evitando mi mirada, dijo:
-¿Preparada para morir, Granger?
-No lo sé, Draco – alcancé a responder, y sabía que no debía hacerlo, pues Draco no me haría daño, pero sentí una urgente necesidad de pronunciar esa pregunta - ¿Estás preparado para matar a la única chica que te ha hecho sentir vivo?
-No – respondió rotundamente. Y gritó ¡crucio!
Me preparé mentalmente para recibir el dolor, pero nunca llegó. En cambio, fue Bellatrix quien lanzó el grito y cayó al suelo retorciéndose de dolor. Draco alzó una mano y me ayudó a levantarme.
-Es ahora, Hermione. Tienes que irte de aquí. ¡Ya!
-¡No! ¡No te dejaré aquí!
-¡Vete antes de que Bellatrix se levante! - cuando yo negué con la cabeza, Draco se exasperó – Hermione, por el amor de dios, ¡vete!
Me dio un empujón, aún sosteniendo la varita hacia Bella, quien se retorcía en el suelo de dolor.
Salí corriendo de allí y alcancé a ver a Ron y a Harry aún peleando.
-¡Harry, Ron! - grité.
-¡Hermione, por el amor de Merlín, estás viva! - respondió Harry con notable alivio.
-Harry, Ron, he matado a Nagini.
-¿QUÉ HAS HECHO QUÉ? - gritó Ron - ¿PERO TÚ ESTÁS LOCA?
Miré sorprendida a Ron, tanto por su reacción como porque me hablara.
-No. Y sé dónde está la diadema de Ravenclaw. Está en la sala de los menesteres, Harry. Tenemos que conseguirla.
Subimos corriendo la escalera hasta toparnos con la ya conocida puerta de la sala de los menesteres. Harry cerró los ojos y pensó en algo, haciendo que la puerta se abriera al cabo de unos segundos. Entramos corriendo y rebuscamos en todos los lugares posibles. Entonces, Harry profirió un grito de júbilo y supe que la había encontrado. Esquivando un par de objetos que había en el suelo, me acerqué hasta él y vi la diadema. Era de color plateada y tenía una enorme piedra de color púrpura en su centro. Nos disponíamos a salir cuando la voz que menos quería escuchar en ese momento, resonó por toda la habitación.
-¿Vas a algún lugar, Potter? - pero Draco se congeló al verme allí a su lado. Tensó la mandíbula, pero mantuvo su varita en el aire - ¿Qué coño haces aquí, Hermione?
-Tengo que ayudar a Harry, Draco – respondí.
Noté que Harry guardó la diadema en un bolsillo de su chaqueta y comenzó a retroceder. A espaldas de Draco se encontraban Crabbe y Blaise, ambos con sendas varitas en sus manos. Crabbe pronunció algo que no pude reconocer y llamas sin control comenzaron a brotar de su varita. Draco retrocedió hacia atrás, al igual que Blaise y nosotros. Ron, Harry y yo echamos a correr en dirección a la salida, pero el fuego se había convertido en algo más que solo fuego. Lenguas de ardientes llamas brotaban de lo que parecía un dragón, o dos, hecho de fuego. Ron encontró unas cuantas escobas apoyadas en un armario y las usamos para elevarnos del suelo e intentar escapar. Fue entonces cuando vi a Draco y a Blaise subidos en una pila de libros y supe que no podía dejarlo allí por nada del mundo. Retrocedí esquivando las llamaradas y me acerqué hasta donde estaban ellos, agachandome lo suficiente para que Draco subiera a mi escoba. Sus manos se agarraron a mi cintura con mucha fuerza, haciendome incluso daño, pero lo ignoré. Su cabeza se situó en mi hombro y su pelo platino rozaba mi rostro. Harry dio un golpe con su varita y abrió una especie de puerta entre las lenguas de fuego, haciendo que pudiéramos salir de aquella habitación. Aterrizamos en el suelo con un fuerte golpe, y Harry aprovechó el momento para apuñalar la diadema con el colmillo de basilisco anteriormente recogido. Un grito sordo rompió el silencio de la habitación mientras humaredas de algo negro salían de la diadema, deslizandose como serpientes. Harry se tocó la cicatriz y se cayó al suelo, retorciéndose de dolor. Ron acudió en su ayuda, y yo me levanté sobre mis rodillas. Vi que Blaise ya no estaba con nosotros, así que supuse que había muerto junto a Crabbe. Draco seguía allí, sentado en el suelo y mirando a la nada. Me acerqué paulatinamente hasta él y acaricié suavemente su rostro.
-Draco...
-Pase lo que pase, Hermione, recuerda que te quiero – dijo. Y me besó. Fue un beso fugaz, pero intenso. Y Draco se levantó y se fue corriendo de allí. Supe en ese momento que posiblemente nunca volviera a verlo y que ese había sido nuestro último beso. El pensamiento hizo que tuviera ganas de vomitar y de llorar, todo a la vez. Pero, desgraciadamente, tendría más tiempo para esos temas después, pues ahora tenía que encargarme de los horrocruxes. Levantándome del suelo y sacudiendo el polvo de mis pantalones, me acerqué hasta Harry. Entre Ron y yo le ayudamos a incorporarse y salimos de aquel lugar. Escuchamos otro grito sordo proveniente de una sala cercana al pasillo donde nos encontrábamos, y echamos a correr.
-Has sido un siervo muy fiel, Severus. Pero tengo que hacer esto. Avada Kedavra – la voz de Voldemort resonó por toda la habitación y también lo hizo el hechizo, como un ruido sordo.
-¡Es Snape! - susurró Harry.
Levantándose, se adentró en la sala donde había estado Voldemort y se acercó a Snape, quien, milagrosamente, aún podía respirar. Hablaron algo que no pude entender y entonces Harry me pidió que le diera un bote. Busqué en mi bolso y encontré el pequeño frasquito donde había estado la esencia de díctamo que preparé con Draco en las clases de Pociones. El recuerdo parecía haber tenido lugar hacía años, cuando solo habían pasado unos meses en realidad. Harry recogió una lágrima de la cara de Snape y este dejó finalmente de respirar.
-Tengo que ir al pensadero – anunció Harry. Y dicho esto desapareció por la puerta.
El silencio se hizo totalmente insoportable entre Ron y yo. El pelirrojo no me miraba en absoluto y al cabo de unos segundos salió por la puerta, por lo que tuve que seguirle. Se sentó en la escalera principal, y supuse que esperaba a Harry. Manteniendo una distancia prudencial, me senté junto a él. Desde los dos metros a los que estaba pude ver cómo se tensaba.
-¿Dónde está tu querido Malfoy, Hermione? ¿Ha salido corriendo? Ya te avisé de que era un cobarde – dijo finalmente.
-No ha salido huyendo. Me salvó la vida después de que matara a Nagini. No sé donde está ahora, pero no es un cobarde – respondí con acidez.
-No, claro que no lo es. ¡La cuestión es que aún sigo sin ver que le ves a Malfoy! ¡Es un niñato engominado! - gritó.
-Lo es – admití – Pero es algo más que solo eso.
-Oh, me vas a decir que en el fondo es buena persona, solo que yo no he llegado a conocerlo, ¿verdad? Pues ahórratelo, porque no quiero ni pienso conocerlo.
-¿Pero por qué te comportas de esta forma, Ron? - exploté finalmente - ¿Qué es lo que más te ha molestado, que salga con alguien más o que ese alguien sea Draco? ¡Te recuerdo que tú estás saliendo con Astoria, y ella es una Slytherin también! ¿Por qué te cuesta tanto pensar que se haya fijado en mi? ¿Por que soy una mojigata asexual que solo sabe leer y estudiar? ¿Qué nunca podré ser atractiva para nadie? ¡Pues jódete, Ron! ¡Soy algo más que un bonito cerebro!
-¿Crees que no lo sé? ¡Claro que sé que eres mucho más! ¡Pero lo peor es que el chico que hayas elegido sea Malfoy! ¡Después de todo lo que nos ha hecho!
-¡Ha cambiado!
-¡Y un cuerno!
-¡El cuerno es el que te voy a clavar yo como sigas actuando así! ¡Admítelo de una vez, y punto!
-¿Quieres que acepte vuestra relación? - preguntó dejando de gritar finalmente – Muy bien. Acepto vuestra relación. Y lo digo en serio. Que seas muy felices y tengáis trescientos hijos. Eso si sobrevivimos.
Y dicho, esto se sentó de vuelta en las escaleras esperando a que Harry bajara.
Harry bajó al cabo de unos minutos, luciendo destrozado y cansado.
-¿Qué pasa Harry? - preguntó Ron anteponiéndose a mi.
-Tengo que entregarme – respondió él.
Abrí mis ojos con sorpresa y sentí como mi corazón comenzaba a latir desbocadamente.
-¿Qué? - pregunté con una vz chillona que no reconocí como mía – No puedes hacer eso.
-No lo comprendéis – suspiró Harry – Yo soy el último horrocrux. Voldemort tiene que matarme para que él finalmente muera. Y si yo soy el precio a pagar para que todo esto acabe, que así sea.
-Pero...-comenzó Ron, pero Harry le interrumpió.
-No, no hay vuelta atrás, Ron. Tengo que hacerlo.
Bajamos las escaleras en silencio hasta dónde la batalla estaba teniendo lugar. Allí, Harry se despidió de nosotros y se fue. Ron se fue por su parte a luchar, dejándome sola en medio de todo. Saqué mi varita y la sostuve en alto. Corrí por lo que antes había sido el patio de Hogwarts, buscando una cabeza rubia entre la multitud de personas, pero no la encontré. Un mortífago se paró delante mía pero, antes de que pudiera decir nada, lancé un reducto que hizo que cayera redondo al suelo. Dislumbré a Ginny atrapada entre varios mortífagos, intentando defenderse sola pero, cuando acudí a ayudarla, apareció Bellatrix, matando a los mortífagos. Supuse que a Bella le daba exactamente igual matar a la gente de su propio bando cuando ella quería conseguir algo. Se acercó peligrosamente a Ginny y mandó un Avada Kedavra que milagrosamente logró esquivar. Entonces, la señora Weasley apareció y se interpuso entre Bella y su hija.
-¡A mi hija no la toques, zorra! - girtó Molly Weasley, dejandome bastante impresionada.
Bellatrix rió de esa forma tan loca suya y puso cara de no haber roto un plato en su vida.
-¿Qué pasa? ¿Ha venido mami Weasley ha reunirse con su pequeño Freddie? - rió.
Y esa fue la gota que colmó el vaso, porque Molly se enfadó muchísmo y, pillando desprevenida a Bellatrix, lanzó un hechizo que la pilló de lleno. Bella se quedó congelada y, entonces, estalló. Solté un gritito de triunfo y Molly sonrió, abrazando a su hija. Salí corriendo de allí, matando mortífagos y buscando a Draco en cualquier lugar, necesitaba verlo. Pero la suerte parecía no estar de nuestra parte, como siempre, porque no pude encontrarlo. De repente, se hizo un silencio repentino que envió la peor de las sensaciones a través de mi columna vertebral. Los mortífagos se agruparon alrededor de Voldemort y, detrás de él, se encontraba Hagrid, llorando, y con alguien en sus brazos. Me congelé en el sitio y casi me caigo al suelo, de no ser porque Neville apareció a mi lado y me sujetó.
-¡Atención a todos! - gritó Voldemort - ¡Harry Potter ha muerto!
¿Qué os ha parecido? Por favor no me odiéis, tened compasión de mi :((( - Cris.
