Día 15
Blanco.
Blanco.
Oscuridad.
Blanco de nuevo.
La oscuridad me abstraía del dolor pero lo blanco cuando debía significar lo bueno, era lo doloroso.
Hubo un rato de oscuridad profunda. Cuando volví en sí, me hallaba en el suelo, con las piernas desparramadas a ambos polos y moviéndome como si tuviese un ataque de epilepsia. Fruncí el ceño por ello. Yo no me movía.
Oh… El bebé.
Justo al darme cuenta que el bebé era quien me hacía mover de esa forma, el dolor volvió y con más intensidad. No pude evitar gritar.
—Ya sé… quieres salir… solo no me rompas —sollocé a medias. No podía ponerme de pie. Él no dejaba de moverse y perdía las fuerzas con cada salto de canguro y patada que daba.
Me arrastré con dificultad para llegar al lugar que me protegería de la nevada. Me estaba congelando no solo por la tormenta sino por él.
A mitad de camino perdí las fuerzas de los brazos.
— ¡Coño! —gemí. Me puse boca arriba y traté de respirar profundo. Me quité el sobretodo como pude y lo coloqué debajo de mí y extendido. Apenas saliera el bebé lo calentaría con esto.
Mis manos temblaban y la sangre en ellas me hizo marearme. Sentí el vómito subir y gruñí.
No había tiempo para debilidades.
Acostada, flexioné las piernas y respiré hondo antes de pujar. El bebé lo que hizo fue subirse. Y eso ayudó al vómito que detuve segundos atrás.
Cubrí el desastre con la nieve y volví a intentarlo. Pasó lo mismo.
— ¡SAL PERO NO ME ROMPAS! —bramé cuando él volvió a estirar lo que fuese dentro de mí. Quería atravesarme —. ¡Hay otra forma y mejor! —gemí cuando pude respirar de nuevo.
Entre sus movimientos erráticos, el dolor y el frío, perdía mi movilidad. Era como si algo me estuviese tornando más pesada.
Alcé con dificultad los brazos, los coloqué encima del vientre y decidí empujar pero eso me causó más dolor y nada de ganancia positiva.
Miré como pude a mí alrededor. No había nada ni nadie. La nevada se intensificaba con el pasar de los segundos.
El Novilunio se presentó en el peor momento. Porque la noche es oscura y llena de peligros…
— ¡LOKI! —grité en vano. Ansiaba que no estuvieran tan lejos o que ya estuviesen de vuelta. Volví a nombrarlo, una y otra vez.
Anhelé con todas las fuerzas que me quedaban que hiciera otra mágica aparición, como cuando Natasha me estaba torturando en la Tierra y él congeló casi todo para ayudarme.
Fruncí el ceño.
No, no más frío. Tenía que haber otra forma.
Mi garganta ardía. No dejaba de pujar con cero avance. El bebé estaba desesperado por salir y quedarse. Simplemente no dejaba de moverse.
Entonces lo escuché. Como si alguien hubiese pisado una rama cuando intentaba ser cauteloso. Deseé que hubiese sido así. Pero no, fue mi columna. De inmediato dejé de moverme. Aún así, podía sentir cómo salía la sangre a borbotones y se congelaba pegada a mis piernas y mi intimidad. El bebé no pareció notar que me había roto la columna. No pareció darse cuenta que estaba lastimando a su madre.
En buena hora me acordé de los vampiros diamantes y el monstruoso parto que tuvo la humana. Película más tonta y tan traumatizante en ese momento.
Lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas. Llevaba minutos, quizá horas intentando dar a luz a mi hijo y éste me arrebata de una patada las fuerzas que me quedaban, inmovilizándome. El dolor era intenso pero no tanto como las patadas y las contracciones… que ya ni sentía. Dolía la piel, la carne. Del resto no sentía ya nada.
Casi podía escuchar cómo se congelaban mis piernas, mis dedos. Las lágrimas no rodaban gran distancia, se congelaban a mitad de camino.
Miré al cielo negro. Las nubes se habían tornado oscuras. La nevada no dejaba de aumentar y el bebé ganaba más fuerzas con cada patada.
Que me atravesara, me daba igual. Ya no podía sentir nada.
Y fue cuando, mientras miraba el cielo, me di cuenta que era el final.
Había intentado ayudarme a mí misma con la telequinesis pero no funcionó. Las piedras estaban en el escondrijo. No tenía la suficiente fuerza para traerlas hacia mí.
No había rastro de los Lokis. Quizá habían perdido el rastro con la nevada… quizá algo los había atacado y luchaban contra ello. O quizá no volverían jamás.
Había fallado.
El único que seguía en pie con su cometido era mi hijo que no dejaba de moverse.
Me vino a la mente eso que descubrí hacía más de un año. El hecho de que mi madre, mi verdadera madre, había regalado el poco calor que poseía en mí, para mantenerme a salvo. Ahora entendía su desespero. Así me sentía yo.
Solo que yo no podía moverme.
Había fallado.
No servía para las promesas. Siempre fue mi problema ya que, o alguien me traicionaba, o simplemente no era apta para hacerlo. Y esa vez fue un poco de ambas.
Quise golpearme por ser tan idiota, pero ya mi cerebro no daba órdenes. Me había petrificado en el sentido literal de la palabra. Respingué y gemí apretando los dientes, con tanta fuerza y dolor que el bebé dejó de moverse por unos segundos.
—Te fallé… a ti… y a tu… padre…
Loki. ¿Cómo iban los Lokis a seguir con la misión sin mí? No les había comentado con exactitud qué hacer. ¿Estaría Heimdall observándome? Si lo estaba, entonces se había rehusado a ayudarme.
¿Por qué no avisarle a Thor de mi condición? ¿O al menos activar el Bifrost y llevarme a Asgard? Donde de seguro Sigyn al verme no dudaría en ayudarme con sus poderes. Ja… Los míos eran simples trucos en comparación con los suyos… y los de Loki.
Rayos, Loki. Iba a morir. Yo iba a morir. Estaba haciéndolo. Ambos, de hecho.
Cerré los ojos y dejé que las lágrimas siguieran congelándose casi en mis párpados.
—Perdóname… —dije a duras penas. No podía ver ya nada. No escuchaba ni mi voz.
Mi mano se había, creo, congelado sobre mi vientre, que seguía inflándose y tomando formas nada atractivas.
—Perdónenme ambos —dije hacia mi Loki, el que yacía en Asgard, esperando a que lo salvara… Y a mi hijo. No le había puesto ningún nombre.
Miré los copos de nieve caer, hasta que sin avisar, la oscuridad volvió y para no irse nunca más…
— ¡Sigyn! ¡Sálvala, Sigyn! —exclama la pelinegra con todas las fuerzas que posee. La mencionada coloca sus manos sobre las de la mujer en llanto, para ambas hacer más presión en la herida de la niña. Su niña. Sigyn cierra los ojos con mucha fuerza mientras pronuncia unas palabras a una velocidad inverosímil.
La niña posa su mirada en la de la pelinegra.
—Mamá…
El rostro de la mujer se relaja por escasos segundos. La niña la ha reconocido. Intenta sonreír, pero está segura que es una mueca espantosa ya que le tiemblan los labios.
—Te amo, hija —solloza.
La mirada esmeralda de la niña sigue fija en la mujer, idéntica a ella. A los pocos segundos se da cuenta que ya no es con intención. Se ha ido.
— ¡LISBETH!
Volver a la vida es terrible. Duele. Duele mucho.
Los ojos de Loki B estaban desorbitados mientras sujetaba mi rostro con manos temblorosas.
—Loki…
— ¡Despertó! —exclamó apenas hablé. Miré a Loki N quien alzaba mis piernas con manos firmes.
—Bien. Lisbeth, debes ayudarme.
—Mi… mi columna…
—Rayos… —susurró Loki B al detallarme mejor.
—Contén la respiración —me pidió Loki N. Obedecí a medias. Apenas estaba volviendo a vivir y ya el dolor se apoderaba de mí de nuevo.
Todo se restableció en mí, como si necesitara una actualización o algo así. El dolor, el calor que emanaba de Loki B. ¡Oh, calor!
Me aferré a los brazos de Loki B como pude y lamenté mancharlo con mi sangre. Él se veía más pálido de lo normal.
—Gracias —jadeé. Loki N asintió una vez y dejé de verle el rostro cuando se asomó por… por mi zona —. Oye… —no puede evitar decir.
—No hay tiempo para delicadeces, el bebé muere.
Todo se congeló en ese instante. Mis fuerzas habían vuelto. Ya no tenía excusas para darme por vencida. Él no moriría y su padre tampoco.
—Entonces prepárate —le advertí mientras me acomodaba en los brazos de Loki B.
—Tú vas a tener que ayudarla dándole ánimos, ¿vale? No sería cómodo el tener a dos desmayados aquí.
Loki B asintió tragando fuerte y me miró con dulzura.
—Todo estará bien.
No supe explicar qué fue lo que sentí, pero le creí completamente.
—Lisbeth, estoy listo. Vamos, ¡puja!
Hice puño las manos y evité gritar para concentrar todas mis fuerzas en empujar. El bebé ya no pateaba tanto. Loki N tenía razón.
—Vas muy bien, Lis. No te rindas —me susurró Loki B al oído y besó mi frente sudorosa.
Lo hice una vez más. Luego otra, y otra…
—Si tienes que abrirme como un pez, hazlo —le ordené a Loki N. Por primera vez, noté vacilación en sus ojos —. ¿Qué ocurre?
—No puedo hacer eso —dijo con firmeza y… dolor.
— ¿Por qué no?
—Porque no te perderé… perderemos —se corrigió al ver a su gemelo.
—Él tiene razón —dijo Loki B.
— ¿De qué lado están ustedes?
—Estamos del lado de tu bienestar.
— ¿Y el de su hijo? —bramé. Ambos se miraron apenados —. ¿Me perdí de algo?
—Cuando te encontramos, el bebé a penas se movía. Es muy probable que…
—Ni se te ocurra —le amenacé con toda la firmeza que pude. Loki N besó mi pierna a pesar de la sangre. Arrugué la nariz.
—No te perderemos, Lisbeth. Y debes admitir que las probabilidades de que el bebé esté muerto son…
—No, seguiré pujando, pero lo sacaré de allí y lo revivirás como lo hiciste conmigo.
—Con un bebé es más complicado de hacer. Mi trabajo es más de mente. La de un adulto está más desarrollada y la de un bebé ni siquiera sé si está estable, nunca lo está —comenzaba a desesperarse.
— ¡Deja de decirme cosas feas y ayúdame con nuestro bebé! —sollocé, sacudiéndome de la ira. Loki B apretó sus brazos a mí alrededor.
—Eso no ayuda, pierdes tu fuerza en pataletas —me susurró Loki B con ternura.
— ¡Bien, entonces sálvenlo! ¡Vamos!
Volví a pujar y pude notar una pequeña sonrisa en Loki N.
—Ya viene, Lis. Falta un poco.
Pujé de nuevo, conteniendo el grito.
—Ya tengo su cabeza en mis manos. Uno más.
Loki B estaba fascinado por lo que veía. Yo solo lo veía a él porque empujé con todas mis fuerzas, arqueándome.
—Oh… —el rostro de Loki B palideció.
— ¿Qué? —inquirí con el corazón en la garganta. Me senté como pude y contuve a medias el grito que se creó en mí cuando observé al bebé.
Era azul.
Y Loki N estaba tan azul como el bebé.
— ¿Está…? —se me quebró la voz.
Loki N me miró con los ojos desorbitados.
— ¿Qué me hizo? ¿Por qué ella…?
Fruncí el ceño.
¡¿Ella?!
—Es una niña, Lis —dijo Loki B como si hubiese escuchado mi pregunta mental.
Oh Sigyn, sí que era buena.
— ¿Pero está bien?
—No lo sé, no se mueve.
— ¡Pues has algo! —chillé. Me acerqué hasta ellos, obviando el dolor.
El rostro de la niña estaba inexpresivo. No se movía ni para respirar.
La sujeté con sumo cuidado. El contacto con ella ardía en extremo, pero no me importaba.
Recordé la primera vez que vi a Loki en su forma Jotun y se me aguaron los ojos. Creo que mis ojos estaban así por muchas otras razones.
—Vuelve, nena —sollocé. Besé su frente y como si lo que dije hubiese sido un hechizo, su piel comenzó a tornarse blanca como la mía y la de su padre en forma asgardiana. Tenía una pelusita de cabello negro azabache.
Cuando abrió los ojos, sentí la perfección.
—Vetr.
Ambos Lokis me miraron confundidos.
— ¿Invierno? —Dijo Loki N con el ceño fruncido —. ¿Así piensas llamarla?
—Estamos en esa estación, creo que se lo merece —sonreí. La bebé me observó con detalle. Sus ojos eran tan expresivos y grandes. Luego comenzó a llorar.
Suspiré aliviada.
—Bienvenida al Universo, Vetr Lokidöttir —dije con una sonrisa única.
¡Hola chicas! Espero que estén muy, muy bien :D
Pues sí que quise hacer algo bien angst para este cap, espero que haya funcionado :)
"Vetr" es Invierno en islandés, como Loki N pudo traducir jeje :P
Lo escrito en cursiva, ténganlo en mente en unos cuantos capítulos más adelante...
Oh, la canción que me motivó escribir esta escena (que de hecho se me ocurrió cuando escuché esta canción por primera vez a principio de año) se llama "2/1" y es de Brian Eno. Instrumental, como casi siempre suele ser mi colección de música de inspiración para este fic.
Ya falta poco para los 20 días que tiene Loki, y las sorpresas aún no se acaban. Lis aún no se ha escapado de las cosas inesperadas, ser madre no es un pase gratis a la paz...
¡Espero les haya gustado y por favooooooooor díganme si sí o no! Prometo no transformarme en Jotun o peor aún, Hulk... Jejeje.
¡Besos, l s quiero!
