-"Bien, ¿Quién va a leer?"- Pregunto Hermes, acallando los murmullos de la sala.
-"Yo quiero"- Dijo Will con una sonrisa idéntica a la de su padre.
-"Visitamos el emporio de gnomos de jardín"- Leyó el hijo de Apolo trayendo un ligero escalofrío a Annabeth y Grover.
En cierto sentido, es bueno saber que hay dioses griegos ahí fuera,
Todos los dioses sonrieron ante eso.
-"Me alegro de que te alegres de que estemos aquí"- Dijo Apolo con una sonrisa divertida, sin percatarse a tiempo del golpe que le llegó de parte de su querida hermanita.
Porque tienes alguien a quien echarle la culpa cuando las cosas van mal.
-"¡Ehhh!"- Dijeron todos los dioses, provocando la risa de todos los semidioses.
Por ejemplo, si eres un mortal y estás huyendo de un autobús atacado por arpías monstruosas y fulminado por un rayo —y si encima está lloviendo—, es normal que lo atribuyas a tu mala suerte;
-"Cosa de la cual él tiene el acaparamiento, no deja nada para los demás"- Dijo Thalía con una sonrisa divertida.
Pero si eres un mestizo, sabes que alguna criatura divina está intentando fastidiarte el día.
-"En eso tiene razón"- Dijeron todos los semidioses. Los dioses los miraron un poco culpables.
Así que allí estábamos, Annabeth, Grover y yo, caminando entre los bosques que hay en la orilla de Nueva Jersey. El resplandor de Nueva York teñía de amarillo el cielo a nuestras espaldas, y el hedor del Hudson nos anegaba la pituitaria.
-"Voy a tener que limpiar ese río"- Dijo Poseidón en un murmullo.
Grover temblaba y balaba, con miedo en sus enormes ojos de cabra.
-"No me extraña, nadie queda impune del ataque de las tres Benévolas"- Dijo Thalía con una mueca recordando cuando lucho contra ellas.
—Tres Benévolas —dijo con inquietud—. Y las tres de golpe.
Yo mismo estaba bastante impresionado. La explosión del autobús aún resonaba en mis oídos. Pero Annabeth seguía tirando de nosotros.
— ¡Vamos! Cuanto más lejos lleguemos, mejor.
-"Mandona"- Murmuro Connor pero Annabeth aun así lo escucho.
-"¿Qué?"- Pregunto la hija de la diosa de la sabiduría mirando con furia al pobre hijo de Hermes, el cual se había escondido detrás de su hermano mientras tartamudeaba.
— Nuestro dinero estaba allí dentro —le recordé—. Y la comida y la ropa. Todo.
-"Eso es muy alentador"- Dijo Dakota con una sonrisa y con los labios teñidos por su bebida.
— Bueno, a lo mejor si no hubieras decidido participar en la pelea…
-"¿Te estás quejando? Te salvó la vida"- Resopló Reyna.
Annabeth la miró con detenimiento antes de acordase de donde la había visto antes.
-"Yo te conozco, eres de la isla de Circe."- Dijo la hija de Atenea mirando al pretor.
-"Si, Percy no se acordó hasta que recupero los recuerdos."- Dijo Reyna con una sonrisa cariñosa al acordarse del hijo de Neptuno. Annabeth se dio cuenta de su sonrisa y sintió celos, pero decidió dejarlos de lado para disculparse con Reyna.
-"Lamento lo que paso"- Dijo la hija de Atenea acercándose a Reyna.
-"No te preocupes, Percy ya hizo más de lo necesario para recomenzarme."- Dijo la pretor con una sonrisa y estrechando su mano con la líder griega.
-"Si no te molesta la pregunta, ¿Cómo te lo recomenzó?"- Pregunto Thalía con un toque de curiosidad en su mirada.
-"¡Oh, no me molesta! Hizo que yo y mi hermana nos recontratamos, además de salvar el campamento y se ha convertido en un gran amigo"- Dijo Reyna con una sonrisa cariñosa, pero que por un momento no llego a sus ojos.
— ¿Qué querías que hiciera? ¿Dejar que os mataran?
-"Por supuesto, porque estando Percy delante no iba a pasar otra cosa"- Dijo Thalía sarcástica.
— No tienes que protegerme, Percy. Me las habría apañado.
-"Sabes que aunque se lo digas un millón de veces no va a dejar de intentar salvarte, ¿verdad?"- Dijo Katie con una sonrisa cariñosa en dirección a la hija de Atenea.
Annabeth le asintió devolviéndole la sonrisa con lágrimas en los ojos, de las cuales Thalía se dio cuenta. Se acercó y la abrazo, mientras Nico le cogía una mano con cariño.
-"Tranquila, sabes que él va a volver y que seguirá salvándote"- Le susurro la hija de Zeus, aunque todos escucharon.
Los cuatro héroes miraron al pequeño entre ellos con una sonrisa cariñosa. No había ninguna duda de que el sería un héroe aún más grande que ellos.
— En rebanadas como el pan de sándwich —intervino Grover—, pero se las habría apañado.
La risa de todos no se hizo esperar. Incluso Annabeth consiguió una pequeña sonrisa.
— Cierra el hocico, niño cabra —le espetó Annabeth.
-"Eso fue duro"- Dijo Gwen.
-"Lo siento Grover"- Le dijo Annabeth al sátiro, el cual solamente la abrazo como respuesta.
Grover baló lastimeramente.
—Latitas… —se lamentó—. He perdido mi bolsa llena de estupendas latitas para mascar.
-"Lo más importante, sin duda"- Dijo Hércules con sorna, aunque borro su sonrisa burlesca al darse cuenta de las miradas con dagas que le enviaban los griegos y algunos romanos a los que ya les agradaba Grover.
Atravesamos chapoteando terreno fangoso, a través de horribles árboles enroscados que olían a colada mohosa.
-"Pobres árboles, la contaminación cada día va a peor"- Dijo Deméter.
Al cabo de unos minutos, Annabeth se puso a mi lado.
-"Ya no aguantabas más lejos de él eh"- Le dijo Thalía con una sonrisa divertida a la hija de Atenea mientras el resto de la sala se echaba a reír y Annabeth se sonrojaba hasta la raíz del cabello sin dejar de mandarle miradas fulminantes a su mejor amiga.
— Mira, yo… —Le falló la voz—. Aprecio que nos ayudases, ¿vale? Has sido muy valiente.
-"Me sorprende que dejaras tu orgullo a un lado, los hijos de Atenea no solemos hacerlo. No cabe duda de que Percy te hizo bien desde el primer momento."- Dijo Malcom, sonriendo a su hermana, la cual le respondió la sonrisa.
-"No Malcom, no me digas que vosotros también aceptáis que vuestra hermana este con el estúpido e inútil hijo de Poseidón."- Se quejó Atenea, provocando que ambos campamentos, los cuatro héroes del pasado y algunos dioses la miraran mal.
-"Perdóname madre, pero tú no sabes lo que ha hecho Percy, quiere mucho a Annabeth y nos ha salvado la vida más de una vez, sin importarle la rivalidad entre su padre y tú. Poseidón acepta su relación, ¿Porque tu no?"- Dijo el hijo de Atenea sorprendiendo a todos, pero sobre todo a su madre, la cual respondió momentos después.
-"No permitiré que ninguno de mis hijos tenga una relación con él engendro de Poseidón punto final"- Dijo la diosa.
-"No te preocupes por lo que diga ya nos encargaremos Percy y yo cuando él llegue. Gracias por intentarlo y por todo lo que dijiste."- Le murmuro Annabeth a su hermano el cual esbozo una sonrisa antes de responder:
-"Es lo menos que puedo hacer por ti y por Percy."
— Somos un equipo, ¿no?
-"El mejor"- Gritaron todos los griegos y luego se echaron a reír sorprendiendo a los romanos, los dioses y héroes.
Se quedó en silencio durante unos cuantos pasos.
— Es sólo que si tú murieras… aparte de que a ti no te gustaría nada,
-"Estoy seguro de no le gustaría nada, ni a él ni a nadie."- Dijo Nico con una sonrisa sarcástica mirando a la hija de Atenea.
Supondría el fin de la misión. Y puede que ésta sea mi única oportunidad de ver el mundo real. ¿Me entiendes ahora?
-"Eso es un poco egoísta de tu parte Annie"- Dijo Thalía frunciendo el ceño.
-"Si lo sé, lo siento"- Dijo Annabeth avergonzada ante las miradas de incredulidad de los demás.
La tormenta había cesado por fin. El fulgor de la ciudad se desvanecía a nuestra espalda y estábamos sumidos en una oscuridad casi total. No veía a Annabeth, salvo algún destello de su pelo rubio.
— ¿No has salido del Campamento Mestizo desde que tenías siete años? —le pregunté.
-"Eso es mucho tiempo"- Murmuró Leo.
—No. Sólo algunas excursiones cortas. Mi padre…
—El profesor de historia.
—Sí. Bueno, no funcionó vivir con él en casa. Me refiero a que mi casa es el Campamento Mestizo. En el campamento entrenas y entrenas, y eso está muy bien, pero los monstruos están en el mundo real. Ahí es donde aprendes si sirves para algo o no.
-"Me sorprende de que te abrieras tan rápido con él."- Dijo Thalía sorprendida.
-"Ya sabes que con él uno no puede evitar sincerarse, decirle todos sus problemas, aunque sea muy perjudicial para él"- Dijo Annabeth.
-"¿Por qué perjudicial?"- Pregunto Piper.
-"Porque eso aumenta el número de problemas y responsabilidades que reposan sobre sus hombros"- Dijo la hija de Atenea.
Me pareció detectar cierta duda en su voz.
— Eres muy valiente —le dije.
-"Awww"- Dijo Afrodita –"Cree que eres valiente."
— ¿Eso crees?
— Cualquiera capaz de hacerle frente a una Furia lo es.
-"Cualquiera capaz de derrotar a un monstruo lo es"- Dijo Hazel.
— Aunque no veía nada, tuve la sensación de que sonreía.
-"Me alegro de que el sesos de algas sea capaz de animarla."- Le dijo Thalía a Nico el cual asintió con una sonrisa entre cariñosa y divertida, recordando cada una de las veces que su primo, su hermano había sido capaz de animarlo cuando nadie más podía.
—Mira —dijo—, quizá tendría que decírtelo… Antes, en el autobús, ocurrió algo curioso…
Fuera lo que fuese lo que iba a decir, se vio interrumpido por un sonido agudo, como el de una lechuza al ser torturada.
-"¡¿Qué?!"- Dijo Atenea un poco indignada.
— ¡Eh, mi flauta sigue funcionando! —exclamó Grover
La sala estalló en carcajadas, y el pobre Grover no pudo evitar sonrojarse tanto como un tomate mientras miraba a la diosa Atenea con una sonrisa de disculpa.
—. ¡Si me acordara de alguna canción busca sendas, podríamos salir del bosque! —Tocó unas notas, pero la melodía no se apartó demasiado de Hillary Duff.
En ese momento me estampé contra un árbol y me salió un buen chichón.
Los mestizos no paraban de reír mientras muchos de los dioses tenían sonrisas divertidas en sus rostros.
Añádelo a la lista de súper poderes que no tengo: visión de infrarrojos.
-"Nadie tiene visión infrarroja, sesos de alga"- Dijo Annabeth con una sonrisa cariñosa.
-"Pero ese sería un gran poder, imagínate todas las bromas que podríamos hacer por la noche"- Dijeron los Stoll con una sonrisa.
Tras tropezar, maldecir y sentirme un desgraciado en general durante aproximadamente un kilómetro más, empecé a ver luz delante:
-"¡No! ¡No vayas hacia la luz!"- Gritaron los Stoll. Algunos se echaron a reír mientras Katie les daba a ambos un golpe en la parte posterior de la cabeza.
Los colores de un cartel de neón. Olí comida. Comida frita, grasienta y exquisita.
-"¿Cómo puede ser la comida grasienta exquisita?"- Pregunto indignada Deméter.-"Lo único exquisito es la comida sana, sobre todo los cereales."
Reparé en que no había comido nada poco saludable desde mi llegada a la colina Mestiza, donde vivíamos a base de uvas, pan, queso y barbacoas de carne extrafina preparadas por ninfas. La verdad, estaba necesitando una hamburguesa doble con queso.
-"Oh, eso me recuerda que cuando mi querido primo ausente llegue iremos a comernos una hamburguesa con queso a uno de los jardines del Olimpo para ponernos al día y hacerle pagar por el sufrimiento de nuestra querida Annie."-Dijo Thalía señalándose a sí misma y a los otros consejeros de las cabañas que eran muy amigos del hijo de Poseidón, y para sorpresa de todos, incluyo a los héroes del pasado, y a Jason, Piper, Leo, Frank, Hazel, Reyna, Dakota y Gwen.
Seguimos andando hasta que vi una carretera de dos carriles entre los árboles. Al otro lado había una gasolinera cerrada, una vieja valla publicitaria que anunciaba una peli de los noventa, y un local abierto, que era la fuente de la luz de neón y el buen aroma.
-"Ojalá no nos hubiéramos encontrado con ese local"- Murmuró Grover, aunque solo lo escucharon Nico y Thalía, los cuales se miraron nerviosos, esperando que su primo no saliera herido de esta.
No era el restaurante de comida rápida que había esperado, sino una de esas raras tiendas de carretera donde venden flamencos decorativos para el jardín, indios de madera, ositos de cemento y cosas así. El edificio principal, largo y bajo, estaba rodeado de hileras e hileras de pequeñas estatuas. El letrero de neón encima de la puerta me resultó ilegible, porque si hay algo peor para mi dislexia que el inglés corriente, es el inglés corriente en cursiva roja de neón.
-"La verdad es que a veces es exasperante tener dislexia."- Refunfuño Annabeth, junto con toda la cabaña de Atenea.
Leí algo como: «moperio de mongos de rajdín elatida MEE».
-"Ese es un gran nombre para un local"- Se rio Leo.
— ¿Qué demonios pone ahí? —pregunté.
— No lo sé —contestó Annabeth.
-"Oh"- Dijeron Will, Leo, los Stoll, Nico y Chris –"Annabeth no sabe algo, este es el fin del mundo."- Y cuando acabaron se echaron a reír, acompañados por casi toda la sala.
Le gustaba tanto leer que había olvidado que también era disléxica.
-"A veces todos nos olvidamos que los hijos de Atenea tienen dislexia e hiperactividad. Todos pueden leer y estar sentados dibujando por horas."- Dijo Katie.
Grover nos lo tradujo:
—Emporio de gnomos de jardín de la tía Eme.
A cada lado de la entrada, como se anunciaba, había dos gnomos de jardín, unos feos y pequeñajos barbudos de cemento que sonreían y saludaban, como si estuvieran posando para una foto. Crucé la carretera siguiendo el rastro aromático de las hamburguesas.
-"Y después se queja de mí cuando hay enchiladas"- Dijo Grover con un resoplido provocando unas cuantas risas.
—Ve con cuidado —me advirtió Grover.
-"¿Hay monstruos verdad?"- Le preguntó Orión al sátiro el cual asintió con pesadumbre. Los cuatro héroes del pasado miraron al pequeño entre ellos que se estaba entreteniendo con unos cuantos juguetes.
— Dentro las luces están encendidas —dijo Annabeth—. A lo mejor está abierto.
— Un bar —comenté con nostalgia.
— Sí, un bar —coincidió ella.
— ¿Os habéis vuelto locos? — Dijo Grover—. Este sitio es rarísimo.
-"Deberíais hacerle caso"- Dijo Jake, de la cabaña de Hefestos.
No le hicimos caso.
-"Nunca hacen caso a nadie, sobre todo Percy"- Dijo Nico, él ya había sido testigo de la terquedad, la independencia y su total rechazo por las normas.
El aparcamiento de delante era un bosque de estatuas: animales de cemento, niños de cemento, hasta un sátiro de cemento tocando la flauta.
Grover bajo la cabeza con tristeza recordando a su tío.
— ¡Beee-eee! — Baló Grover—. ¡Se parece a mi tío Ferdinand!
-"Lo siento Grover"- Dijo Annabeth en un murmullo para que solo el sátiro pudiera escuchar.
-"No te preocupes, todos los buscadores sabemos los riesgos, y yo sabía que era muy probable que o volviera a ver ni a mi padre ni a mi tío así que me despedí de ellos adecuadamente"- Dijo Grover con una sonrisa triste y cariñosa, que Annabeth le respondió con un abrazo afectuoso.
Nos detuvimos ante la puerta.
— No llaméis — dijo Grover —. Huelo monstruos.
— Tienes la nariz entumecida por las Furias — le dijo Annabeth —. Yo sólo huelo hamburguesas. ¿No tienes hambre?
-"Maldita sea"- Gruño Atenea atrayendo toda la atención sobre ella –"Tu maldito hijo ya ha afectado al sentido común de mi hija. Ves que no es bueno que salgan juntos."- Dijo la diosa, ganándose miradas molestas de muchos de los mestizos presentes. Tanto los romanos como los griegos consideraban a Percy un líder y su héroe, por lo que esperaban que al menos tuviera un momento de felicidad con su novia.
-"Atenea más te vale controlarte cuando hables de mi hijo."- Dijo Poseidón con calma pero con un tono de voz tan helado e intimidador que a todos se le pusieron los pelos de gallina.
— ¡Carne! — exclamó con desdén —. ¡Yo soy vegetariano!
— Comes enchiladas de queso y latas de aluminio —le recordé.
-"Eso no es carne"- Dijo Grover
— Eso son verduras.
-"Que yo sepa las latas de aluminio no son verduras"- Dijo Nico con una sonrisa burlesca que el sátiro respondió sacándole la lengua con un mohín, provocando la risa de todos.
Venga, vámonos. Estas estatuas me están mirando.
Atenea y sus hijos intentaban averiguar que monstruo era el que viviría en lugar como ese, y todos tenían un presentimiento que esperaban no se cumpliera.
Entonces la puerta se abrió con un chirrido y ante nosotros apareció una mujer árabe; por lo menos eso supuse, porque llevaba una túnica larga y negra que le tapaba todo menos las manos. Los ojos le brillaban tras un velo de gasa negra, pero eso era cuanto podía discernirse. Sus manos color café parecían ancianas, pero eran elegantes y estaban cuidadas, así que supuse que era una anciana que en el pasado había sido una bella dama.
Atenea tenía la intuición de que había visto a esa mujer antes pero no se acordaba.
Su acento sonaba ligeramente a Oriente Medio.
— Niños, es muy tarde para estar solos fuera — dijo —. ¿Dónde están vuestros padres?
— Están… esto… — empezó Annabeth.
— Somos huérfanos — dije.
-"No me puedo creer que Percy dijera algo bueno por una vez"- Dijo Thalía con una sonrisa divertida.
-"Tu solo espera y veras"- Dijo la hija de Atenea con una pequeña sonrisa.
— ¿Huérfanos? — repitió la mujer —. ¡Pero eso no puede ser!
—Nos separamos de la caravana —contesté—. Nuestra caravana del circo.
-"Y ahí va toda mi esperanza"- Dijo la hija de Zeus con una mueca divertida.
El director de pista nos dijo que nos encontraríamos en la gasolinera si nos perdíamos, pero puede que se haya olvidado, o a lo mejor se refería a otra gasolinera. En cualquier caso, nos hemos perdido. ¿Eso que huelo es comida?
-"Va directo al grano"- Se rio Apolo junto a Hermes.
—Oh, queridos niños —respondió la mujer—. Tenéis que entrar, pobrecillos. Soy la tía Eme. Pasad directamente al fondo del almacén, por favor. Hay una zona de comida.
Le dimos las gracias y entramos.
— ¿La caravana del circo? — me susurró Annabeth.
-"No me puedo creer que dijera eso."- Dijo entre risas Nico.
— ¿No hay que tener siempre una estrategia pensada?
-"Como se nota que no hay un cerebro dentro se esa cabeza"- Se rio Thalía, a la que se unió toda la sala.
—En tu cabeza no hay más que algas.
-"Bien dicho hija, ahora ya sabes porque no puedes salir con él. No te haría bien"- Dijo Atenea.
Muchos de los mestizos iban a contestarle enfadados, sobretodo su propia hija, pero Will siguió leyendo para evitar que sus compañeros y amigos quedaran carbonizados por la vengativa diosa, aunque el mismo se tuvo que morderse la lengua.
Él y Percy se habían hecho muy amigos, en sus constantes visitas al hospital del campamento y en sus ratos libres, y no podía evitar sentirse apenado por que la diosa no lo aceptara. Por los dioses, Percy era lo mejor que le podía pasar a cualquier chica, vale que fuera problemático, pero siempre iba a estar segura y nadie le haría daño si estaba con Percy.
El almacén estaba lleno de más estatuas: personas en todas las posturas posibles, luciendo todo tipo de indumentaria y distintas expresiones.
Atenea se agarró fuertemente a los reposabrazos de su trono mientras la preocupación por su hija aumentaba a más no poder. Ella ya había descubierto que monstruo era la tía Eme.
Pensé que se necesitaría un buen trozo de jardín para poner aquellas estatuas, pues eran todas de tamaño natural. Pero, sobre todo, pensé en comida.
-"Estúpido niño, va a provocar que maten a mi hija"- Maldijo Atenea para sí misma, sin dar valor a que su hija también podría haber sabido quién era el monstruo.
Vale, llámame imbécil por entrar en la tienda de una señora rara sólo porque tenía hambre,
-"Imbécil"- Dijeron los semidioses para luego echarse a reír, aliviando un poco de la tensión que se estaba generando.
Pero es que a veces hago cosas impulsivas. Además, tú no has olido las hamburguesas de la tía Eme.
-"Eso es una buena excusa"- Dijeron muchos de los chicos, incluidos algunos de los dioses.
El aroma era como el gas de la risa en la silla del dentista: provocaba que todo lo demás desapareciera. Apenas reparé en los sollozos nerviosos de Grover, o en el modo en que los ojos de las estatuas parecían seguirme, o en el hecho de que la tía Eme hubiese cerrado la puerta con llave detrás de nosotros.
-"Yo no me fije en eso, ¿Y tú Grover?"- Preguntó con sorpresa la hija de Atenea. El sátiro negó con la cabeza como respuesta.
Lo único que me importaba era la zona de comida.
-"Típico de Percy, lo único en lo que piensa es en comer"- Bufó divertida Rachel.
Y, efectivamente, estaba al fondo del almacén, un mostrador de comida rápida con un grill, una máquina de bebidas, un horno para bollos y un dispensador de nachos con queso. Y unas cuantas mesas de picnic.
— Por favor, sentaos — dijo la tía Eme.
— Alucinante — comenté.
— Hum… —musitó Grover —. No tenemos dinero, señora.
Antes de que yo pudiera darle un codazo en las costillas, tía Eme contestó:
-"Ehh, que intento salvarte la vida"- Se quejó Grover entre las risas de los demás.
—No, niños. No hace falta dinero. Es un caso especial, ¿verdad? Es mi regalo para unos huérfanos tan agradables.
-"La verdad es que no parecíamos nada agradables, parecíamos más vagabundos y delincuentes"- Dijo Annabeth.
—Gracias, señora —contestó Annabeth.
Me pareció que la tía Eme se ponía tensa, como si Annabeth hubiera hecho algo mal, pero enseguida pareció relajada de nuevo y supuse que habría sido mi imaginación.
— De nada, Annabeth — respondió —. Tienes unos preciosos ojos grises, niña. —
-"¿Cómo no te diste cuenta de que era un monstruo?"- Pregunto Thalía a su amiga la cual respondió un poco sonrojada:
-"Como dijo Percy, estábamos todos bajo su embrujo, que no dejaba pensar con claridad, él que mejor estaba era Grover"- Se defendió la hija de Atenea.
Sólo más tarde me pregunté cómo habría sabido el nombre de Annabeth, porque no nos habíamos presentado.
-"Lo ves"- Dijo Annabeth, a lo que Thalía solo le saco la lengua con un mohín.
Nuestra anfitriona se puso a cocinar detrás del mostrador. Antes de que nos diéramos cuenta, había traído bandejas de plástico con hamburguesas, batidos de vainilla y patatas fritas.
La mayoría de los chico se puso a babear, por lo que Hestia hizo aparecer a todos lo nombrado en el libro, y para Grover, una hamburguesa vegetal. Al instante todos sonrieron y gritaron:
-"Gracias señora Hestia/Vesta"-
Me había comido media hamburguesa cuando me acordé de respirar.
-"Chicos"- Dijeron todas las cazadoras y muchas de las chicas, las cuales veían a sus compañeros mestizos en la misma situación que la de Percy.
Annabeth sorbió su batido.
Grover pellizcaba patatas y miraba el papel encerado de la bandeja como si le apeteciera comérselo,
-"Claro, no me iba a comer la hamburguesa"- Dijo Grover un poco molesto.
Pero seguía demasiado nervioso.
-"Como para no estarlo"- Dijo Atenea en un murmullo, aunque muchos la escucharon.
— ¿Qué es ese ruido sibilante? —preguntó.
Yo no oí nada. Annabeth tampoco.
-"Bueno será porque tengo mejor oído que tú"- Dijo Grover
— ¿Sibilante? — Repitió la tía Eme—. Puede que sea el aceite de la freidora. Tienes buen oído, Grover.
— Tomo vitaminas… para el oído.
-"¡Vaya!"- Dijeron los Stoll sorprendidos –"Esa mentira es algo creíble. Estamos muy orgullosos de ti Grover"- Dijeron ambos en total sincronía, produciendo la risa en la sala.
— Eso está muy bien — respondió ella—. Pero, por favor, relájate.
-"Ves hasta la tía Eme sabe que está muy bien"- Dijo Connor, volviendo a provocar las risas de sus compañeros.
La tía Eme no comió nada. No se había descubierto la cabeza ni para cocinar, y ahora estaba sentada con los dedos entrelazados, observándonos comer.
-"Eso es un poco espeluznante"- Dijo Leo.
Es un poco inquietante tener a alguien mirándote cuando no puedes verle la cara, pero la hamburguesa me había saciado y empezaba a sentir cierta somnolencia, así que supuse que lo mínimo era intentar dar un poco de conversación cortés a nuestra anfitriona.
-"Increíble, no puede hablarle a un dios con respeto, ni siquiera a un titán o gigante pero si puede hablarle con educación a un monstruo"- Dijo Thalía con una sonrisa.
-"Espera ¡¿Qué?!"- Gritó Zeus. –"Como que no nos trata con respeto"- Rugió el rey de los dioses. Los amigos del hijo de Poseidón se miraron entre sí antes de que Annabeth se aventurara a contestar:
-"Señor Zeus, creo que será mejor que lo descubra usted mismo a lo largo de los libros"- Dijo nerviosa la hija de Atenea. Zeus no estaba muy contento pero se volvió a sentar en su trono, no sin antes mirar al pequeño hijo de su hermano, que estaba jugando tranquilamente entre todos los héroes del pasado, los cuales le miraban sonriendo contentos.
—Así que vende gnomos —dije, intentando sonar interesado.
-"Y fallando estrepitosamente, sonaba más adormilado"- Dijo con una sonrisa divertida el sátiro.
—Pues sí —contestó la tía Eme—. Y animales. Y personas. Cualquier cosa para el jardín. Los hago por encargo. Las estatuas son muy populares, ya sabéis.
— ¿Tiene mucho trabajo?
— No mucho, no. Desde que construyeron la autopista, casi ningún coche pasa por aquí. Valoro cada cliente que consigo.
-"Eso seguro"- Murmuro molesta y triste Annabeth, recordando todas las personas que Medusa había convertido en piedra.
Sentí una vibración en el cuello, como si alguien estuviera mirándome. Me volví, pero sólo era la estatua de una chica con una cesta de Pascua. Su detallismo era increíble, mucho más preciso que el que se ve en la mayoría de las estatuas. Pero algo raro le pasaba en la cara. Parecía sorprendida, incluso aterrorizada.
Los hijos de Atenea dejaron salir un jadeo al darse cuenta de cuál era el monstruo al que se enfrentó su hermana. Todos los demás se giraron para mirarlos pero ellos no les hicieron caso, dejando aún más confusos a los demás.
—Ya —dijo la tía Eme con tristeza—. Como ves, algunas de mis creaciones no salen muy bien. Están dañadas y no se venden. La cara es lo más difícil de conseguir. Siempre la cara.
— ¿Hace usted las estatuas? —pregunté.
—Oh, desde luego. Antes tenía dos hermanas que me ayudaban en el negocio, pero me abandonaron, y ahora la tía Eme está sola. Sólo tengo mis estatuas. Por eso las hago. Me hacen compañía. —La tristeza de su voz parecía tan profunda y real que la compadecí.
-"Solo Percy siente compasión por un monstruo"- Dijo Travis, sin darse cuenta de que ya muchos de los mestizos y dioses estaban pálidos y preocupados, al igual que Atenea, al comprender quien era en realidad la tía Eme.
Annabeth había dejado de comer. Se inclinó hacia delante e inquirió:
— ¿Dos hermanas?
-"Ya era hora"- Dijo Reyna sin dar importancia a las miradas molestas de los amigos de Annabeth –"Percy dijo que eras muy inteligente"- Añadió la pretor con un poco de burla a lo que Annabeth hizo caso omiso y le indico a Will que siguiera leyendo, a lo el hijo de Apolo acepto encantado.
— Es una historia terrible. Desde luego, no es para niños. Verás, Annabeth, hace mucho tiempo, cuando yo era joven, una mala mujer tuvo celos de mí.
-"Si claro"- Dijo la diosa de la sabiduría con burla –"¿Por qué iba a tener yo celos de esa impertinente?"-
Yo tenía un novio, ya sabéis, y esa mala mujer estaba decidida a separarnos. Provocó un terrible accidente. Mis hermanas se quedaron conmigo. Compartieron mi mala suerte tanto tiempo como pudieron, pero al final nos dejaron. Sólo yo he sobrevivido, pero a qué precio, niños. A qué precio.
-"Un precio que se tenía merecido"- Dijo molesta Atenea. Los semidioses que todavía no se habían percatado de que la tía Eme era Medusa se quedaron de piedra, nunca mejor dicho, al descubrir al monstruo que era esta mujer tan amable.
No estaba seguro de a qué se refería, pero me apené por su desdicha. Los párpados me pesaban cada vez más, mi estómago saciado me provocaba somnolencia. Pobre mujer. ¿Quién querría hacer daño a alguien tan agradable?
-"Nunca he visto a alguien que tenga tanta compasión por un monstruo"- Dijo Leo intentando aligerara un poco la tensión de la sala, aunque solo consiguió unas cuantas sonrisas.
— ¿Percy? —Annabeth me estaba sacudiendo—. Tal vez deberíamos marcharnos. Ya sabes… el jefe de pista estará esperándonos.
-"Eso, has caso a Annabeth"- Dijo Katie preocupada.
Por algún motivo parecía tensa. En ese momento Grover se estaba comiendo el papel encerado de la bandeja de plástico, pero si a tía Eme le pareció raro, no dijo nada.
-"No creo que le pareciera raro, ya tenía estatuas de sátiros"- Dijo Grover apenado.
—Qué ojos grises más bonitos —volvió a decirle a Annabeth—. Vaya que sí, hace mucho que no veo unos ojos grises como los tuyos.
Se acercó como para acariciarle la mejilla, pero Annabeth se puso en pie bruscamente.
-"Ni se te ocurra tocar a mi hija"- Dijo con furia la diosa de la sabiduría.
— Tenemos que marcharnos, de verdad.
— ¡Sí! —Grover se tragó el papel encerado y también se puso en pie—. ¡El jefe de pista nos espera! ¡Vamos!
Yo no quería irme.
-"Percy"- Gritaron Nico y Thalía al mismo tiempo –"No es momento para ser terco."
Me sentía ahíto y amodorrado. La tía Eme era muy agradable y quería quedarme con ella un rato.
-"Por los dioses, que vamos a hacer con este imbécil"- Murmuró con un bufido la hija de Zeus provocando la risa de su primo.
—Por favor, queridos niños —suplicó—. Tengo muy pocas ocasiones de estar en tan buena compañía. Antes de marcharos, ¿no posaríais para mí?
-"Ugh, mala señal"- Dijo Perseo, recordando todas las estatuas que habían en la antigua guarida de medusa, cuando el acabo con ella mientras dormía, el problema era que su pequeño primo, al que le había cogido cariño, no se encontró con ella cuando estaba en brazos de Morfeo.
— ¿Posar? —preguntó Annabeth, cautelosa.
—Para una fotografía. Después la utilizaré para un grupo escultórico. Los niños son muy populares. A todo el mundo le gustan los niños.
Annabeth cambiaba el peso del cuerpo de un pie a otro.
—Mire, señora, no creo que podamos. Vamos, Percy.
-"Por favor Annie dime que se van a ir sin ningún problema del sesos de alga"- Dijo Thalía con una mueca mirando a su mejor amiga.
-"Thalía, conoces a Percy, así que no preguntes estupideces. Sabes que va a causar problemas."- Dijo Annabeth un poco divertida.
— ¡Claro que podemos! —salté.
-"Recuérdame que en cuanto llegue le dé un golpe que le deje sin sentido, por estúpido."- Dijo la hija de Zeus, aliviando un poco la creciente tensión de la sala.
Estaba irritado con Annabeth por mostrarse tan maleducada con una anciana que acababa de alimentarnos gratis.
-"Si Annabeth, como puedes ser tan maleducada con alguien que intenta convertiros en estatuas."- Dijo Travis, haciendo desaparecer momentáneamente la preocupación y sustituyéndolas por unas sonoras risas.
— Es sólo una foto, Annabeth. ¿Qué daño va a hacernos?
-"Mucho, pero que mucho daño"- Murmuró Leo para si mismo recordando cuando se había topado con cierta diosa a la que le habría gustado verlo como una escultura de hielo.
— Claro, Annabeth — ronroneó la mujer —, ningún daño.
A Annabeth no le gustaba, pero al final cedió. La tía Eme nos condujo de nuevo al jardín de las estatuas, por la puerta de delante. Una vez allí, nos llevó hasta un banco junto al sátiro de piedra.
-"Una pregunta, ¿Si os convertía en estatuas allí, no os iba a poder mover del banco no?"- Pregunto Chris con curiosidad.
-"Supongo que no le importaba perder un banco con tal de convertir a dos semidioses y un sátiro en sus próximas víctimas, sobretodo siendo hija de Atenea."- Dijo Annabeth con una mueca de desagrado.
— Ahora voy a colocaros correctamente —dijo—. La chica en el medio, y los dos caballeretes uno a cada lado.
— No hay demasiada luz para una foto —comenté.
-"Eso es lo único que se le ocurre decir."- Bufo Nico con exasperación.
— Descuida, hay de sobra —repuso la tía Eme—. De sobra para que nos veamos unos a otros, ¿verdad?
— ¿Dónde tiene la cámara? —preguntó Grover.
-"Gracias por señalar lo obvio chico cabra, aunque dudo de que el sesos de alga haya podido entender lo que está pasando"- Dijo Thalía con una mueca.
La mujer dio un paso atrás, como para admirar la composición.
—La cara es lo más difícil. ¿Podéis sonreír todos, por favor? ¿Una ancha sonrisa?
Grover miró al sátiro de cemento junto a él y murmuró:
— Se parece mucho al tío Ferdinand.
-"Oh, cuanto lo siento Grover"- Dijo Piper. El sátiro solo le respondió con una sonrisa triste de agradecimiento.
— Grover —le riñó tía Eme—, mira a este lado, cariño.
Seguía sin cámara.
-"Por lo menos se está dando cuenta de que algo pasa"- Dijo Teseo mirando con preocupación a su hermanito, que estaba sentado en la falda de Perseo, el cual lo abrazaba con nerviosismo y preocupación.
— Percy… —dijo Annabeth.
Algún instinto me indicó que escuchara a Annabeth, pero estaba luchando contra la somnolencia surgida de la comida y la voz de la anciana.
-"Es un embrujo bastante fuerte"- Se quejó Will.
— Sólo será un momento —añadió tía Eme—. Es que no os veo muy bien con este maldito velo…
— Percy, algo no va bien — insistió Annabeth.
-"No me digas, no me había dado cuenta"- Replicó Octavian burlonamente. Los griegos le miraron haciendo que un escalofrío le recorriera toda la columna vertebral.
— ¿Que no va bien? — Repitió la tía Eme mientras levantaba los brazos para quitarse el velo—. Te equivocas, querida. Esta noche tengo una compañía exquisita. ¿Qué podría ir mal?
-"Todo"- Murmuro Perseo, afianzando su abrazo sobre su pequeño primo el cual le miro y sonrió, para después seguir mirando en todas direcciones de la sala con curiosidad.
— ¡Es el tío Ferdinand! —balbució Grover.
— ¡No la mires! —gritó Annabeth, y al punto se encasquetó la gorra de los Yankees y desapareció.
-"Para ti es muy fácil princesita"- Dijo con un bufido Clarisse.
Sus manos invisibles nos empujaron a Grover y a mí fuera del banco.
Estaba en el suelo, mirando las sandalias de la tía Eme.
Grover se escabulló en una dirección y Annabeth en la otra, pero yo estaba demasiado aturdido para moverme.
-"No sé cómo ha podido sobrevivir a todo lo se ha enfrentado"- Murmuro Thalía con una mueca.
-"Venga, sabes que tú tampoco eras buena cuando empezaste, y no te enfrentaste a Medusa cuando acababas de descubrir que eras un mestizo."- Dijo Nico. La hija de Zeus, muy a su pesar tuvo que darle la razón a su primo.
Entonces oí un extraño y áspero sonido encima de mí. Alcé la mirada hasta las manos de la tía Eme, que ahora eran nudosas y estaban llenas de verrugas, con afiladas garras de bronce en lugar de uñas.
-"Esa no es una visión muy bonita que digamos"- Murmuro Frank con una mueca.
Me dispuse a levantar la cabeza, pero en algún lugar a mi izquierda Annabeth gritó:
— ¡No! ¡No lo hagas!
-"Menos mal que estabas ahí Annie"- Dijo en un murmullo Nico. Annabeth le dirigió una mirada molesta, que perdía su efecto con la sonrisa que adornaba sus labios.
El sonido áspero de nuevo: pequeñas serpientes justo encima de mí, allí donde… donde debía estar la cabeza de la tía Eme.
-"Como es posible que no se dé cuenta todavía de que monstruo es. Ese es uno de los motivos por los que no dejo que mis hijos e hijas salgan con los engendros de Poseidón"- Murmuró Atenea, y para su suerte nadie la escucho.
— ¡Huye! —baló Grover, y lo oí correr por la grava, mientras gritaba « ¡Maya!», a fin de que sus zapatillas echaran a volar.
-"Maya"- Dijo Hermes, cuando sus zapatillas volvieron a levantar el vuelo.
No podía moverme. Me quedé mirando las garras nudosas de la anciana e intenté luchar contra el trance en que me había sumido.
— Qué pena destrozar una cara tan atractiva y joven —me susurró—. Quédate conmigo, Percy. Sólo tienes que mirar arriba.
-"La verdad es que parece muy persuasiva"- Murmuro Jason.
Me resistí al impulso de obedecer y miré a un lado. Entonces vi una de esas esferas de cristal que la gente pone en los jardines.
Se veía el reflejo oscuro de la tía Eme en el cristal naranja; se había quitado el tocado, revelando un rostro como un círculo pálido y brillante. El pelo se le movía, retorciéndose como serpientes.
-"Ugh, te imaginas los difícil que debe ser peinarlo"- Le murmuro una hija de Venus a otra.
Tía Eme. Tía «M»…
¿Cómo podía haber estado tan ciego?
-"La pregunta en realidad sería: ¿Cómo he podido ser tan lento?"- Dijo Nico con una sonrisa.
Piensa, me ordené. ¿Cómo moría Medusa en el mito? Pero no podía pensar. Algo me dijo que en el mito Medusa estaba dormida cuando fue atacada por mi tocayo Perseo.
-"Vaya, sí que sabía algo de mitología"- Dijo sorprendida Annabeth. Mientras Perseo le dedicaba una sonrisa radiante al niño sentado en sus piernas.
Pero en aquel momento yo no la veía muy dormida.
-"Y ahí va el momento inteligente de nuestro sesos de alga"- Dijo divertida Thalía.
Si quería, habría podido arrancarme la cabeza con sus garras en un instante.
— Esto me lo hizo la de los ojos grises, Percy —dijo Medusa, y no sonaba en absoluto como un monstruo. Su voz me invitaba a mirar, a simpatizar con una pobre abuelita.
-"Una pobre abuelita que quiere convertirte en una estatua"- Dijo Jake Mason.
—La madre de Annabeth, la maldita Atenea, transformó a una mujer hermosa en esto.
-"Se lo tenía merecido"- Dijo molesta la diosa.
— ¡No la escuches! — Exclamó Annabeth desde algún sitio entre las estatuas—. ¡Corre, Percy!
— ¡Silencio! — Gruñó Medusa, y volvió a modular la voz hasta alcanzar un cálido ronroneo—. Ya ves por qué tengo que destruir a la chica, Percy. Es la hija de mi enemiga. Desmenuzaré su estatua. Pero tú, querido Percy, no tienes por qué sufrir.
-"No te atrevas a tocarle ni un solo pelo"- Dijeron Poseidón y Atenea al mismo tiempo.
—No —murmuré. Intenté mover las piernas.
— ¿De verdad quieres ayudar a los dioses? — Me preguntó Medusa—. ¿Entiendes qué te espera en esta búsqueda insensata, Percy? ¿Qué te sucederá si llegas al inframundo? No seas un peón de los Olímpicos, querido.
-"El siempre tiende a ser un peón, pero no porque le guste, sino porque no le quedaba otra opción si quería salvar a todo el mundo"- Dijo Thalía con una sonrisa cariñosa al recordar todas las veces que su primo le había cuidado.
Estarás mejor como estatua. Sufrirás menos daño. Mucho menos.
— ¡Percy!
— Detrás de mí oí una especie de zumbido, como un colibrí de cien kilos lanzándose en picado.
-"¡¿Cómo que cien kilos?!"- Dijo Grover indignado provocando que la sala estallara en carcajadas a pesar de la tensión.
Grover gritó—: ¡Agáchate!
Me di la vuelta y allí estaba Grover en el cielo nocturno, llegando en picado con sus zapatos alados, con una rama de árbol del tamaño de un bate de béisbol. Tenía los ojos apretados y movía la cabeza de lado a lado. Navegaba guiándose por el oído y el olfato.
-"Vamos chico cabra"- Le animo Thalía.
— ¡Agáchate! —volvió a gritar—. ¡Voy a atizarle!
Eso me puso por fin en acción. Conociendo a Grover, seguro que no le acertaría a Medusa y me daría a mí.
-"Eso es una gran confianza"- Bufo entre molesto y divertido el sátiro.
-"Pero tú sabes que es verdad"- Dijo divertida Rachel.
Así pues, me arrojé hacia un lado.
¡Zaca! Supuse que sería el sonido de Grover al chocar contra un árbol, pero Medusa rugió de dolor.
-"Bien Grover"- Dijo Katie con una sonrisa.
— ¡Sátiro miserable! —masculló—. ¡Te añadiré a mi colección!
— ¡Ésa por el tío Ferdinand! —le respondió Grover.
La sala estalló en vítores para un Grover sonrojado a más no poder.
Me escabullí en cuclillas y me oculté entre las estatuas mientras Grover se volvía para hacer otra pasadita.
¡Tracazás!
— ¡Aaargh! —aulló Medusa, y su melena de serpientes silbaba y escupía.
-"Ugh"- dijeron muchas de las hijas de Afrodita/Venus.
— ¡Percy!:—dijo la voz de Annabeth junto a mí.
Di un respingo tan grande que casi tiro un gnomo de jardín con un pie.
La sala no pudo evitar a echarse a reír.
-"Se asusta de eso pero no de los titanes y gigantes que vienen a por él."- Se rio Travis.
-"¡¿Qué?!"- Gritó Poseidón. Los mestizos, sobre todo los griegos se miraron nerviosos entre ellos hasta que Annabeth se aventuró a contestar.
-"Señor Poseidón, seguro que esto aparecerá en los libros"- Dijo nerviosa la hija de Atenea. El dios del mar asintió, aunque no muy contento.
— ¡Por Dios! ¡No puedes fallar! —Annabeth se quitó la gorra de los Yankees y se volvió visible—. Tienes que cortarle la cabeza.
-"Annie está como la reina roja de Alicia en el país de las maravillas."- Le murmuró Connor a su hermano, el cual soltó una risita.
— ¿Qué? ¿Te has vuelto loca? Larguémonos de aquí.
-"Cobarde"- Dijo Hércules, sin importarle todas las miradas molestas que recibía.
— Medusa es una amenaza. Es mala. La mataría yo misma, pero… —tragó saliva, como si le costase admitirlo
-"Claro que si, por algo mi defecto fatal es el orgullo"- Murmuro molesta la hija de Atenea.
— pero tú vas mejor armado. Además, nunca conseguiría acercarme. Me rebanaría por culpa de mi madre. Tú… tú tienes una oportunidad.
— ¿Qué? Yo no puedo…
— Mira, ¿quieres que siga convirtiendo a más gente inocente en estatuas? — Señaló una pareja de amantes abrazados, convertidos en piedra por el monstruo.
-"Mmmm, Annie que casualidad que escogieras esa estatua precisamente"- Dijo sonriendo Thalía.
-"Fue una casualidad"- Se defendió sonrojada Annabeth
-"Si claro"- Dijo Nico con una sonrisa burlona.
Annabeth agarró una bola verde de un pedestal cercano.
—Un escudo pulido iría mejor. —Estudió la esfera con aire crítico—. La convexidad causará cierta distorsión. El tamaño del reflejo disminuirá en una proporción…
-"¿Quieres hablar en cristiano?"- Dijeron todos los mestizos menos los de la cabaña de Atenea.
— ¿Quieres hablar claro?
La risa en la sala no se hizo de esperar.
— ¡Eso hago! —
-"Si claro"- Murmuro Leo.
Me entregó la bola—. Bueno, ten, mira al monstruo a través del cristal, nunca directamente.
-"Ves que era muy fácil simplificarlo"- Dijo Nico.
— ¡Eh! —gritó Grover desde algún lugar por encima de nosotros—. ¡Creo que está inconsciente!
— ¡Groaaaaaaar!
— Puede que no —se corrigió Grover.
La risa volvió a sonar por toda la sala, eliminando parte de la tensión y preocupación de la estancia.
Se abalanzó para hacer otro barrido con su improvisado bate.
— Date prisa —me dijo Annabeth—. Grover tiene buen olfato, pero al final acabará cayéndose.
-"Lo siento Grover"- Se apresuró a decir la hija de Atenea.
-"No te preocupes, sé que es verdad"- Dijo el sátiro quitándole importancia con la mano y una sonrisa tranquilizadora.
Saqué mi boli y lo destapé. La hoja de bronce de Anaklusmos salió disparada.
Hércules gruño quedamente ante la mención de su espada en manos del que él consideraba era un patán e inútil hijo de Poseidón, que no podía competir con un hijo del rey de los dioses.
Seguí el ruido sibilante y los escupitajos del pelo de Medusa.
-"Ugh"- Dijeron muchas de las chicas.
Mantuve la mirada fija en la bola de cristal para ver sólo el reflejo de Medusa, no el bicho real.
-"¿Ha llamado bicho a Medusa?"- Pregunto entre risas Leo.
Cuando la vi, Grover llegaba para atizarla otra vez con el bate, pero esta vez volaba demasiado bajo.
Medusa agarró la rama y lo apartó de su trayectoria. Grover tropezó en el aire y se estrelló contra un oso de piedra con un doloroso quejido.
-"Auch, eso debió de doler"- Dijo Travis.
Medusa iba a abalanzarse sobre él cuando grité:
— ¡Eh! ¡Aquí!
-"Gracias por eso Perce"- Dijo Grover con una sonrisa cariñosa.
Avancé hacia ella, cosa que no era tan fácil, teniendo en cuenta que sostenía una espada en una mano y una bola de cristal en la otra. Si la bruja cargaba, no me sería fácil defenderme. Sin embargo, dejó que me acercara: seis metros, cinco, tres…
-"¿Por qué dejo que se acercara?"- Pregunto Rachel.
-"Para que su hechizo oral tuviera más efecto"- Respondió Annabeth
Entonces vi el reflejo de su cara. No podía ser tan fea. Aquel cristal verde debía de distorsionar la imagen, afeándola incluso más.
-"No, créeme. Era feísima."- Dijo Annabeth con una mueca.
— No le harías daño a una viejecita, Percy —susurró—. Sé que no lo harías.
Vacilé, fascinado por el rostro que veía reflejado en el cristal: los ojos, que parecían arder a través del vidrio verde, me debilitaban los brazos.
Desde el oso de cemento, Grover gimió:
— ¡No la escuches, Percy!
-"Tarde"- Murmuro Thalía.
Medusa estalló en carcajadas.
— Demasiado tarde.
Se me abalanzó con las garras por delante.
Todos estaban sentados en el borde de sus asientos.
Yo le rebané el cuello de un único mandoble. Oí un siseo asqueroso y un silbido como de viento en una caverna: el sonido del monstruo desintegrándose.
La sala se llenó de aplausos mientras muchos miraban sorprendidos al pequeño en brazos de Perseo, el cual estaba siendo mimado por todos los héroes del pasado.
Algo cayó al suelo junto a mis pies. Necesité toda mi fuerza de voluntad para no mirar. Noté un líquido viscoso y caliente empapándome el calcetín, pequeñas cabecitas de serpiente mordisqueando los cordones de mis zapatillas.
-"Puaj"- Dijeron muchos mientras el resto hacia muecas de asco.
— Puaj, qué asco —dijo Grover. Aún seguía con los ojos bien cerrados, pero supongo que oía al bicho borbotear y despedir vapor—. ¡Megapuaj!
Annabeth se materializó a mi lado con la mirada vuelta hacia el cielo. Sostenía el velo negro de Medusa.
— No te muevas —dijo.
Con mucho cuidado, sin mirar abajo ni un instante, se arrodilló, envolvió la cabeza del monstruo en el paño negro y la recogió. Aún chorreaba un líquido verdoso.
-"Ugh"- Dijeron algunas de las hijas de Afrodita/Venus, que estaban cogiendo un tono un poco verdoso.
— ¿Estás bien? —me preguntó con voz temblorosa.
— Sí —mentí, a punto de vomitar mi hamburguesa doble con queso—. ¿Por qué… por qué no se ha desintegrado la cabeza?
-"Un trofeo de guerra"- Respondió Ares con una sonrisa –"Y yo diría que uno de los más valiosos y útiles."
— En cuanto la cercenas se convierte en trofeo de guerra —me explicó—, como tu cuerno de minotauro. Pero no la desenvuelvas. Aún puede petrificar.
Grover se quejó mientras bajaba de la estatua del oso. Tenía un buen moratón en la frente. La gorra rasta verde le colgaba de uno de sus cuernecitos de cabra y los pies falsos se le habían salido de las pezuñas. Las zapatillas mágicas volaban sin rumbo alrededor de su cabeza.
Hubo algunas risitas en la sala.
—Pareces el Barón Rojo —dije—. Buen trabajo.
Sonrió tímidamente.
—No me ha molado nada. Bueno, darle con la rama en la cabeza sí ha molado, pero estrellarme contra ese oso no.
-"Obviamente"- Dijo Thalía con una sonrisa sarcástica.
Cazó las zapatillas al vuelo y yo volví a tapar mi espada. Luego regresamos al almacén.
Encontramos unas bolsas de plástico detrás del mostrador y envolvimos varias veces la cabeza de Medusa.
-"Fue un trabajo asqueroso"- Dijo Annabeth con una mueca de asco recordándolo.
La colocamos encima de la mesa en que habíamos cenado y nos sentamos alrededor, demasiado cansados para hablar. Al final dije:
— ¿Así que tenemos que darle las gracias a Atenea por este monstruo?
-"¡¿Cómo?!"- Dijo la diosa molesta.
Annabeth me lanzó una mirada de irritación.
— A tu padre, de hecho.
-"¿Por qué? No fue mi culpa"- Dijo Poseidón a la defensiva.
— ¿No te acuerdas? Medusa era la novia de Poseidón. Decidieron verse en el templo de mi madre. Por eso Atenea la convirtió en monstruo. Ella y sus dos hermanas, que la habían ayudado a meterse en el templo, se convirtieron en las tres gorgonas. Por eso Medusa quería hacerme picadillo, pero también pretendía conservarte a ti como bonita estatua. Aún le gusta tu padre. Probablemente le recordabas a él.
-"Eso es macabro pero cierto. Prissy y su padre son iguales"- Dijo Clarisse.
Me ardía la cara.
—Vaya, así que ha sido culpa mía que nos encontráramos con Medusa.
Annabeth se irguió e imitó mi voz en falsete:
-"Quién sabía que Annabeth podía ser graciosa cuando quería"- Dijo Travis con una sonrisa a su hermano.
—«Tan sólo es una foto, Annabeth. ¿Qué daño puede hacernos?»
— Vale, vale —respondí—. Eres imposible.
—Y tú insufrible.
—Y tú…
— ¡Eh! — Nos interrumpió Grover.
En ese momento la sala estaba llena de la risa de los mestizos y algunos de los dioses.
-"Grover, no deberías interrumpirlos cuando están coqueteando"- Dijo Afrodita con una sonrisa.
-"No estábamos coqueteando"- Se defendió Annabeth.
-"Si claro, y yo soy una Barbie"- Dijo Thalía con una sonrisa sarcástica.
— Me estáis dando migraña, y los sátiros no tienen migraña.
-"Oh Grover, vas a tener que acostumbrarte, porque así es como coquetean el sesos de alga y su listilla"- Dijo Nico con una sonrisa socarrona.
— ¿Qué vamos a hacer con la cabeza?
Miré el bulto. De un agujero en el plástico salía una pequeña serpiente. En la bolsa estaba escrito: «cuidamos su negocio.»
Me enfadé, no sólo con Annabeth o su madre, sino con todos los dioses por aquella absurda misión, por sacarnos de la carretera con un rayo y por habernos enfrentado en dos grandes batallas el primer día que salíamos del campamento. A ese ritmo, jamás llegaríamos a Los Ángeles vivos, mucho menos antes del solsticio de verano.
-"Triste pero cierto."- Dijo Jason con una mueca.
¿Qué había dicho Medusa? «No seas un peón de los Olímpicos, querido. Estarás mejor como estatua. Sufrirás menos daño. Mucho menos.»
Me puse en pie.
— Ahora vuelvo.
-"¿Qué va a hacer ahora?"- Dijo Nico divertido, sabía que su primo no iba a hacer nada bueno.
-"Nada bueno, eso te lo aseguro"- Dijo Grover con una sonrisa.
— Percy —me llamó Annabeth—. ¿Qué estás…?
En el fondo del almacén encontré el despacho de Medusa. Sus libros de contabilidad mostraban sus últimos encargos, todos envíos al inframundo para decorar el jardín de Hades y Perséfone.
Todos se giraron para mirar al señor del inframundo, el cual al notar todas las miradas se apresuró a defenderse:
-"¡¿Qué?! A Perséfone le gustan las estatuas realistas, pero siente mucha pena por las personas a las que han convertido en piedra."- Dijo el dios de los muertos para defender a su esposa.
Según una factura, la dirección del inframundo era Estudios de Grabación El Otro Barrio, West Hollywood, California. Doblé la factura y me la metí en el bolsillo.
-"Mira otra buena idea de nuestro sesos de alga, ¿Nico lo has apuntado?"- Dijo Thalía con una sonrisa divertida.
En la caja registradora encontré veinte dólares, unas cuantas dracmas de oro y unos embalajes de envío rápido del Hermes Nocturno Express. Busqué por el resto del despacho hasta que encontré una caja adecuada.
-"Oh, algo está planeando y no será nada bueno"- Dijo en un murmullo Rachel.
Regresé a la mesa de picnic, metí dentro la cabeza de Medusa y rellené el formulario de envío.
Los Dioses
Monte Olimpo
Planta 600
Edificio Empire State
Nueva York, NY
Con mis mejores deseos, Percy Jackson
La sala estaba en total silencio hasta que Zeus estalló:
-"¿Cómo se atreve?"- Dijo el rey de los dioses molesto.
-"Vamos hermano, al menos el muchacho tiene agallas y sentido del humor, déjale en paz."- Dijo Hestia con una sonrisa. Zeus todavía un poco enfadado volvió a sentarse sin apartar la vista del pequeño que estaba en brazos de uno de sus hijos.
—Eso no va a gustarles —me avisó Grover—. Te considerarán un impertinente.
-"La primera de muchas"- Dijo Annabeth en un murmullo con una sonrisa cariñosa.
Metí unas cuantas dracmas de oro en la bolsita. En cuanto la cerré, se oyó un sonido de caja registradora. El paquete flotó por encima de la mesa y desapareció con un suave «pop».
— Es que soy un impertinente —respondí.
-"Bueno, al menos lo admite"- Dijo Chris.
Miré a Annabeth, a ver si se atrevía a criticarme.
No se atrevió. Parecía resignada al hecho de que yo tenía un notable talento para fastidiar a los dioses.
-"Él es el mejor en eso, y aunque nos ponga todavía más en peligro, también echo de menos esa cualidad."- Dijo Annabeth con una sonrisa nostálgica y lágrimas sin derramar en los ojos.
—Vamos —murmuró—. Necesitamos un nuevo plan.
-"Bien terminado"- Dijo Will.
