Ninguno de los personajes me pertenecen son todos de J.K.R.
Cap.10 – Algo más.
Dos meses. Habían pasado dos meses desde que Lucius y ella se entregaran a las mieles de la pasión por primera vez.
No sabía cómo actuar y ni que sentir.
Buscaban cualquier momento y cualquier lugar para estar juntos. Lo cual era una tarea que se volvía cada vez más difícil porque Draco era bastante suspicaz y últimamente la monopolizaba al máximo.
Después de ese tiempo ya debería estar cansada de la situación, la novedad de entregarse al señor Malfoy había pasado, sin embargo cada vez lo deseaba más.
Para su consternación habían más cosas del hombre que disfrutaba.
Ahora sabía que su color favorito era el azul, pero que en ella prefería el vino tinto. Sabía que a comparación de Draco el fue el mejor estudiante de su generación, y que su unión con Narcisa había sido algo arreglado por sus familias.
Le sorprendió esto, ya que había sido obvio que ese par se idolatraban mutuamente, el amor había venido después de varios años.
Su carácter era fuerte y soberbio. Y la forma en que la miraba la dejaba sin habla.
Pensó en Draco y en lo que el pensaría de la situación si se enterara. Seguramente la odiaría y la tildaría de zorra.
La idea de perder la amistad de Draco le resultaba insoportable.
Tantas cosas en su cabeza la tenían bastante estresada, al punto de que se había desmejorado bastante.
Lo que necesitaba era relajarse y ese fin de semana lo haría, sus padres l habían regalado un viaje a. Le encantaba el lugar ya que no lo había visitado desde hace años.
Sonrió dulcemente el viaje se suponía que era una segunda luna de miel para ellos, sin embargo los planes cambiaron por que tenían un importante congreso de odontología el cual odiarían perder. Al menos seria en América y sus padres si viajarían después de todo.
Ahora si lo que deseaba era un relajante viaje.
A Draco no le hizo gracia que viajara sola, ya que el no podría acompañarla debido a su trabajo.
No entendía a su amigo, sabía que los slytherin eran ambiciosos pero lo de Draco era obsesión. Como si no tuviera ya suficiente dinero como para esta vida y la otra.
Lucius no dijo absolutamente nada acerca de su viaje, tan solo se despidió con un seco que tenga un viaje agradable señorita Granger.
No dejaría que le afecte se dijo una y otra vez. Sabía que el hombre había sido tan seco y cortante por la presencia de Draco. El caluroso abrazo de su amigo no se sintió tan bien.
Empezaba a pensar que esa horrible opresión en el pecho se debía a que se había traicionado a si misma permitiéndose sentir algo más que deseo carnal por Lucius…
El pequeño resultaba bastante entretenido. Un lugar lindo y tranquilo para vivir. Nada que ver con la ajetreada Londres.
A este punto ya no estaba segura de lo que quería de la vida.
Se había graduado con honores. Había continuado sus estudios en Aritmancia, Tranfiguraciones, pociones entre otras cosas. Era una gran investigadora y pocionista tenía un trabajo exitoso y gente que la quería y admiraba a su alrededor.
¿Porque no se sentía feliz?
Camino por horas hasta llegar a la pequeña y acogedora cabaña que sus padres habían alquilado.
Un lugar sencillo, precioso y solitario…
Era eso la soledad. Deseaba la compañía de alguien. Alguien que no era ni Draco ni Harry. Alguien que no era el idiota de Mclaguen que le enviaba ostentosos y repugnaste ramos de flores casi a diario.
El desfile de flores no había parado hasta que ella lo perdono y de muy mala gana acepto su amistad.
Como no, lo evitaba a toda costa y en cuanto se le presentara la oportunidad ya se cobraría una a una lo que le había hecho, o había intentado hacerle.
En fin ese alguien tampoco era Giny ni la cálida sonrisa de Luna. Tampoco era sus padres.
Por que tenía todo eso y no era feliz, de hecho cada vez se sentía más melancólica.
Tomo un baño relajante, pensando en todo y en nada a la vez.
Una sonrisa tonta ilumino su rostro cuando recordó la vez en que ella y Lucius habían compartido una cena agradable en la intimidad de su alcoba, y para el postre el había decidido cubrirla de chocolate y probarla hasta el cansancio…
Salió de la bañera con los ojos brillantes porque resulta que Lucius adoraba tomar largos baños con ella, mientras besaba su cuello y le decía lo bella que era…
Se sentó en su cama y tomo un precioso cepillo para el cabello elegante de color negro, cuya base de plata tenia grabada una serpiente elegante regalo de… De Lucius.
Cerró los ojos con fuerza mientras cepillaba el cabello que tanto le gustaba a le tocar. Casi sentía sus dedos acariciando su cabellera con dulzura. Lo miraba en ese instante con esa sonrisa que le robaba el aliento mientras sus manos colocaban un mechón de cabello detrás de sus orejas y posteriormente acariciaban su rostro para seguir con el resto de su cuerpo.
Abrió los ojos cansada al notar que llevaba más de cuarenta minutos cepillando su cabello que ya se encontraba seco y brillante.
La habitación entonces quedo a oscuras y ella se acostó en la enorme cama que no ayudaba con su nostalgia.
Aspiro el aroma, miel algo de flores pero nada más…
No había nada más y entonces se dio cuenta en ese instante que nada ni nadie podría llenar ese vacío.
Porque en ese instante lo supo, ella se había enamorado de Lucius Malfoy, con sus altanería y arrogancia, con esa sensualidad arrolladora y esa dulzura escondida ella lo amaba.
La certeza la hizo sonreír al tiempo que derramaba un par de lágrimas antes de sucumbir ante el sueño.
Su noche estaba agitada ya que su mente era un caos y no encontraba la paz.
Suerte para ella que en mitad de la noche una imponente figura masculina se deslizo bajo sus sabanas y la rodeo entre sus brazos.
La miro sonreír en sueños y su viejo corazón se hincho de algo parecido a la alegría.
Para empezar no sabía por qué había dejado la soledad de su mansión para buscar a esa niña a la que tomaba cada vez que quería pero que no era capaz de desechar.
Lucius Malfoy acaricio el jone cuerpo de la impura, deseaba desnudarla y enterrar en su dulce carne. El por qué aun no se cansaba de ella era un misterio.
Estaba a punto de despertarla pero se veía tan linda dormida, tan… Frágil que tan solo se quedo a su lado hasta que el calor tranquilo de ese joven cuerpo lo llevo a un relajante sueño de los que hace tiempo no tenía.
