JACOB BLACK
Llevábamos casi media hora hablando de la conversación que tendría con Jake. Alice me decía que fuese sutil, que no le presionara. En cambio, Edward insistía en que no me entretuviera y le dijera lo que pasaba sin rodeos. ¿Mi propuesta? No ir a verlo, no quería ver a Jacob, no ahora. Mis quejas fueron inútiles, los dos estaban decididos en que debía ir verlo y no tuve más remedio que hacerles caso. Edward se ofreció voluntario para acompañarme y obviamente, le dije que sí.
- ¿Estás preparada? – me preguntó concentrado saliendo de la casa.
- Supongo – susurré.
- No pasará nada, Bella- dijo mientras levantaba su mano izquierda y ésta se dirigía a mi mejilla, la dejó caer justo cuando estaba a punto de tocar mi rostro. Por miedo, supongo.
- Eso espero- dije mirándole a los ojos.
- Ya sabes que no somos bienvenidos por los Quileutes, sinceramente, no sé cómo podremos entrar en la reserva sin que nos ataquen -me miró-. Quizás si les dices que conoces a Jacob te dejan pasar, a mí seguro que no me dejan ni mirar desde fuera – susurró él mientras ya nos adentrábamos en el bosque, nos esperaban muchos quilómetros por correr.
- Si tu no me acompañas, yo no hablo con Jacob – le dije muy segura, no estaba dispuesta a entrar en la reserva de esos chuchos sin nadie cubriéndome las espaldas. Edward sonrió.
- No dejaré que te hagan daño, Bella – susurró él mientras empezábamos a correr.
- ¿Sabes que si cruzas la línea y entras romperás el tratado, verdad? – le pregunté mientras corría entre los árboles.
- Lo sé, es más, toda mi familia lo sabe y está de acuerdo en romperlo si es necesario – dijo. Su respuesta me heló la sangre, no podía permitir que se pusieran en peligro por mi culpa. Paré en seco, Edward también paró y vino hacia mí preocupado.
- ¿Qué pasa? – preguntó.
- ¡No! No estoy dispuesta a hacer esto, os pondréis en peligro por mi culpa y no puedo permitirlo. No, no, no… - dije desesperada dando media vuelta.
Edward me cogió del brazo y me bloqueó contra un árbol, sus manos estaban a los dos lados de mi cabeza, no podía salir. Pasaron cinco segundos y me puse nerviosa, estábamos muy cerca el uno del otro y me miraba directamente a los ojos.
- No tienes porqué preocuparte, Bella. No va a pasar nada – susurró.
Se acercó unos cuantos centímetros más, nuestros labios casi se rozaban, me empecé a poner aún más nerviosa, él sabía que lo deseaba, me moría por presionar mis labios contra los suyos pero era él quien tenía el control, me tenía totalmente expuesta e indefensa… y de repente, se alejó. No podía creer que me hubiese dejado así, ¿estaba jugando conmigo? Me costó reaccionar, todos mis sentimientos y emociones se amplificaban al ser el monstruo que era, así que tuvieron que pasar tres segundos hasta que pude volver a ser la misma de siempre.
- Vamos antes de que me arrepienta – dije mientras veía de reojo como él sonreía.
No dijimos nada más en todo el trayecto, estaba enfurecida, no entendía la reacción de Edward, me había dejado ahí expuesta con el deseo a flor de piel y estaba bastante segura que él sabía que me hubiese encantado llegar al final. Pero nada, él se había alejado y además sonriendo.
Tardamos un cuarto de hora en llegar a la reserva de los Quileutes, sabía perfectamente que habríamos tardado más de una hora y media si hubiésemos ido en coche. Todo parecía marrón aunque la reserva estaba rodeada por un sinfín de árboles, se podían ver a lo lejos casas por doquier y también podíamos oír el mar de La Push no muy lejos de ahí. Empecé a andar recto sin interrumpirme, Edward caminaba mi lado, andamos como veinte metros hasta que vi de reojo que él ya no me seguía, me giré, estábamos a dos metros de distancia. Lo intuía, lo sabía, miré el par de metros que nos separaba y después su rostro, a partir de aquí los fríos no eran bienvenidos y muchísimo menos los Cullen.
- No – dije involuntariamente, no quería seguir sin él. No podía.
- Shh… Bella, escucha, están viniendo – me dijo Edward. Presté atención, podía oír como alguien se acercaba, un oído humano no hubiera oído absolutamente nada.
Me quedé parada, no respiraba, estaba nerviosa. ¿Nos atacarían? Sam salió de entre las casas, me sorprendí, ¿lo había reconocido?, de pequeña solo hablaba y jugaba con Jacob pero me acordaba de su aspecto y nombre, mi padre me había hablado de Sam un par de veces. Jacob apareció a su lado y se me puso la piel de gallina, había crecido mucho, era incluso más grande que Sam, iba con una camiseta negra pero aun así sus músculos sobresalían. Tardaron diez minutos en situarse delante de nosotros.
- ¿Qué haces aquí, Bella? – preguntó Jacob mientras esbozaba una cálida sonrisa. Su voz también había cambiado, era mucho más grave comparada con la que yo recordaba.
- ¿Podemos hablar contigo? – le pregunté, se sorprendió al oírme. Supongo que mi voz también había cambiado.
- Depende, ¿quién es? – preguntó señalando hacia Edward.
- Edward Cullen – susurré con auténtico miedo. Un feroz gruñido salió de entre los labios de Jacob y Sam, me puse a la defensiva. Me coloqué delante de Edward y fulminé a los dos hombres lobo con la mirada.
- No ha cruzado la línea, está en su territorio – dije intentando calmar el ambiente.
- ¿Qué queréis? – preguntó Jacob tenso.
- Creemos que los Volturis me quieren matar y no sabemos el porqué. Seré sincera con vosotros, Alice Cullen, la hermana de Edward, puede ver el futuro pero el problema es que no puede ver el mío y eso nos lleva a vosotros. Ella puede ver de todo, menos los de vuestra especie. Si no ve mi futuro significa que vosotros intervendréis y estamos aquí para preguntar si sabéis algo del tema – dije mirándoles de hito en hito.
- No sabemos nada, pero estamos dispuestos a ayudar – me dijo Jake sonriendo. Sam le golpeó el brazo.
- ¡Joder, Jacob! Mírala bien, mira lo que es, es una de ellos, no seas idiota – susurró mirando a Jake.
- Gracias igualmente, ya nos vamos – dijo Edward con voz dura detrás de mí.
- Creo que Bill aún tiene el teléfono de casa de tu padre, os llamaremos si sabemos algo o si cambiamos de idea. Pero que quede clara una cosa, esto lo hacemos por ti, Bella, no por los Cullen – me dijo Sam mirándome a los ojos. Asentí y me di media vuelta. Estuvimos andando durante cinco minutos sin decir nada, notaba a Edward tenso.
- ¿Por qué no me lo dijiste, Bella? – me preguntó parándose y mirándome fijamente. No tenía ni idea de a qué se refería.
- ¿No te dije el qué? – pregunté confusa. Empezó a andar otra vez, estábamos a punto de llegar al bosque.
- Ese perro está enamorado de ti – musitó entre dientes. Me quedé perpleja.
- ¿Cómo querías que te lo dijese si ni siquiera yo lo sabía? – pregunté enfadada.
No respondió y siguió andando como si nada. No entendía por qué se había puesto así, no era mi culpa, yo no había decidido que Jacob se enamorase de mí. En un segundo lo alcancé y me puse delante de él, le miré a los ojos pero no se inmutó.
- Edward, no te entiendo. ¿Crees que yo le he obligado? ¿Crees que es mi culpa? ¿Qué te he hecho? ¿Por qué te pones así? – le pregunté.
- Tenemos a un Quileute de nuestra parte, eso nos ayudará – dijo mirándome a los ojos.
- No me has respondido- susurré.
- No hace falta que te conteste. Es solo esta situación, me pone nervioso, no entiendo por qué te buscan justamente a ti. Si me quisieran a mi estaría más tranquilo – me dijo, se deshizo de mi mirada y empezó a correr.
Le seguí, no tenía ganas de seguir hablando, estaba harta ya. Aún no había asimilado lo de Jacob y que Edward estuviese cabreado no me ayudaba mucho. Llegamos a Forks más rápido de lo esperado ya que los dos estábamos enfadados y decidimos ir a cazar, estábamos hambrientos. Oí como un ciervo comía hierba a pocos metros de nosotros así que en un visto y no visto fui hacia él y clavé mis dientes en su cuello, le maté en poco más de un minuto, estaba muy hambrienta.
- Quiero más – le dije a Edward que me observaba desde un árbol no muy alto. Un puma salió de la nada directo hacia él e hice lo mismo, salté, lo atrapé, le clavé los dientes y tardé poco en acabar con su vida, su sangre calmó por fin mi sed.
- Gracias – dijo él mientras bajaba y se ponía a mi altura.
- No tienes porqué agradecérmelo, no te he salvado, solo te he robado el postre – le dije guiñándole el ojo.
Sonrió y volvió a ponerse delante de mí justamente como se había puesto cuando íbamos hacia la reserva, contra un árbol, sus brazos bloqueándome la salida y además estaba muy cerca de mí. Reí por dentro, ¿creía que esta vez volvería a caer en su trampa? No iba a ser así. Me abalancé encima de él y lo besé con todas mis ganas, sabía que él no se lo esperaba pero no tardó en devolverme el beso, me volvió a bloquear en ese árbol pero este se derrumbó con la fuerza con la que Edward me besó, la naturaleza no estaba preparada para esta clase de deseo. Sonreí y me volvió a besar, esta vez en el suelo, parecía que tuviésemos quince años y estuviésemos borrachos, él siempre me sorprendía. No sé cuanto tiempo estuvimos besándonos pero se me pasó muy rápido. Cuando nos dimos cuenta, ya era de noche y sabía que Charlie estaría preguntando por mí.
- Edward, es muy tarde – le dije suspirando.
- Te acompaño a casa – me dijo mientras me ayudaba a levantarme.
Tardamos poco en llegar a casa de mi padre y Edward me dio un seco beso en la mejilla para despedirse. Entré en la casa y me senté en el sofá pareciendo cansada. Charlie ya había cenado así que se sentó a mi lado y miramos una película juntos, él se durmió al minuto diez de película y lo llevé a su habitación, ya me inventaría una explicación por si me preguntaba mañana como había llegado hasta ahí. Me duché, me puse el pijama y me tumbé en la cama, no sabía por qué albergaba esperanzas de ver a Edward antes de que amaneciera. Supongo que era demasiado positiva.
Siento si es muy corto pero he estado ocupada últimamente, espero que os guste!
