¡Nuevo capítulo! Aquí está ya el #12, no digo más, ¡a leer!
— ¡Hermione Granger! —escucha una femenina voz gritar en cuanto cruza las puertas del edificio.
La castaña da un pequeño brinco a causa del grito, pero al ver el cabello azul de su alegre amiga sentada en el sofá de la sala de espera, una sonrisa se forma en sus labios.
—Carrie —saluda acercándose a ella.
—Llevo horas esperándote y tú paseando feliz —finge recriminar la peliazul, a lo que la castaña sólo sonríe.
—Bueno, si llevas horas aquí debes tener algo importante que decir —dice Hermione, sentándose junto a ella.
Carrie asiente y mira un segundo hacia la recepción, después vuelve su atención a la castaña.
—Pero vamos a tu oficina, ya sabes que existen personas a las que les gusta escuchar cosas que no le incumben —dice en voz alta, refiriéndose a la rubia recepcionista que las miraba con interés, queriéndose enterar de que decían.
Hermione mira a Lavender y después a su amiga, asiente y se levanta para dirigirse al elevador. Carrie camina junto a ella. Al entrar al ascensor, la peliazul mira a Lavender y le sonríe con fingida alegría. La rubia sólo rueda los ojos y abre la revista que tiene entre las manos, ignorándolas. Carrie ríe divertida y las puertas del elevador se cierran.
Llegan a la oficina de la castaña, ambas se sientan en el sofá frente a la ventana.
— ¡Conseguí el departamento frente al tuyo! —exclama Carrie sin contenerse más.
— ¿De verdad? —pregunta Hermione, sorprendida— ¿Qué pasa con la señora Longbottom?
—Pues es ahí donde viene lo interesante, y con interesante me refiero a que el destino me adora —dice Carrie llevando una mano a su pecho y con una sonrisa de suficiencia en su rostro.
—Y supongo que estás ansiosa por contarme —dice Hermione apenas, antes de que la peliazul hable de nuevo.
—Hagrid me contó que la señora Longbottom está algo enferma por lo que necesita cuidados especiales y atención las veinticuatro horas del día, así que su nieto la enviará a una clínica especializada o algo así —cuenta Carrie.
—Oh, pobre señora Longbottom —dice la castaña, preocupada, pero Carrie parece no escucharla por lo que sigue con su historia.
—Entonces Hagrid me dijo que podía tomar el departamento, pero… —toma aire, pues todo lo anterior lo había dicho sin pausas— resulta que el nieto de la señora Longbottom es quien pagaba todos los gastos y al parecer vendrá a vivir a Londres por cosas de trabajo, así que él ocupara el departamento…
— ¿Entonces cómo es que tú…? —pregunta Hermione, pero la peliazul no la deja terminar siquiera la pregunta.
—O lo ocuparía. Cuando Hagrid me contó le pedí el teléfono del nieto para hablar con él sobre mi situación…
— ¿Tu situación?
—Me dijo que no sabía si eso era correcto, ya sabes, dar datos sobre tus huéspedes, pero nadie le puede negar nada a uno amable chica de cabello azul así que terminó por dármelo. Llamé al nieto, su nombre es Neville por cierto, hablamos unos minutos, le dije que sufría de vértigo por lo que no podía ocupar el departamento del piso de arriba y él se escuchaba amable así que sin replicar ni una vez dijo que estaba bien. Neville ocupara el departamento de arriba y yo el de su abuela —termina Carrie y mira a su amiga—. ¿Verdad que el destino me adora?
Hermione sonríe, obviamente feliz de tener a su amiga de vuelta y ahora a sólo un pasillo de distancia.
—Sí, y a mí también debe adorarme porque ahora te tendré cerca para hacerme reír de nuevo —dice la castaña.
—Y yo te tendré cerca para darme sermones de responsabilidad cuando me descarrile demasiado —añade la peliazul.
Hermione niega con la cabeza y un tono se escucha en su móvil, revisa el mensaje y al leerlo un brillo aparece en su mirada; Carrie lo nota.
— ¿Qué pasa? ¿Algún mensaje de algún admirador secreto?
—Fui seleccionada —murmura sin despegar la vista de su móvil—. Fui seleccionada para el African Photo Fest —mira a su amiga, sin ocultar su felicidad.
Carrie tarda un poco en comprender pero segundos después sonríe y se abalanza sobre su amiga, abrazándola con fuerza.
— ¡Felicidades! —exclama Carrie sin separarse— Siempre supe que llegarías lejos.
—Gracias —dice Hermione, separándose y sin borrar la sonrisa.
—De aquí al estrellato, guapa —la peliazul asiente y se levanta—, pero primero tenemos que celebrar —dice tendiéndole una mano.
La castaña la mira y después su mano, conocía a Carrie lo suficiente para saber a qué clase de celebración se refería. Carrie parece leer su pensamiento, después de todo ella también conocía a su amiga, así que la levanta a la fuerza y comienza a arrastrarla hacia la puerta.
—No aceptaré un no como respuesta; acabas de terminar con Nathan, ahora estás soltera y sin compromiso por lo que tenemos que salir a divertirnos —llegan hasta la puerta, pero Hermione se detiene, una sombra se había instalado en su mirada.
Seguía siendo difícil recordar su rompimiento con Nathan. Carrie lo nota.
—Vamos, Hermione, no te pongas así.
—Lo siento, Carrie, pero no tengo ganas de celebrar.
—Está bien, no saldremos a celebrar pero que te parece si me ayudas a mudarme. Mis últimas cosas llegaran de Paris hoy y necesito que alguien me lleve al aeropuerto a recogerlas, ¿qué dices? ¿Quieres gastar tu gasolina por mí? —dice Carrie levantando una ceja— Vamos, mi hermano también irá, Leo te agrada y tú a él, nos la pasaremos bien.
La castaña lo piensa un poco pero termina por ceder y sale de Potter's Gallery con su peliazul amiga colgando de su brazo, suben a su auto y avanzan rumbo al aeropuerto Heathrow de Londres.
¨ ° º O º ° ¨
— Harry, ¿podemos hablar? —pregunta Nathan.
—Ya lo sé —responde el ojiverde.
— ¿Cuándo te lo contó?
—Al día siguiente.
Un suspiro escapa de sus labios, había querido ser él quien le contara lo ocurrido a su jefe, pero después de todo, Hermione era su mejor amiga desde mucho antes de siquiera conocerse. Por eso le preocupaba lo que Harry pudiera decirle. Y como buen jefe perceptivo, el azabache supo enseguida sobre sus preocupaciones, ni siquiera tuvo que preguntar.
—Está bien —dice Harry, mirándolo con comprensión—. Hermione está bien, siempre fuiste bueno con ella así que no tengo nada que recriminarte.
—Gracias —dice Nathan—. Aunque hubiera preferido escuchar que está desecha por nuestro rompimiento.
—Lo está, claro que está triste por haber terminado pero tú la conoces, es demasiado fuerte para demostrarlo —asegura Harry.
—Hey, ¿de qué tanto hablan? —pregunta Padma, entrando al cuartel con una taza de café en su mano derecha.
—Terminé con Hermione —dice Nathan, ellos eran sus compañeros, sus amigos, así que debían saberlo.
— ¿Terminaste? ¿O ella terminó contigo? —pregunta Dean, quien había llegado tras Padma.
—Ambos estuvimos de acuerdo en dejarlo —aclara el ojiazul.
— ¿Terminaste con Granger? —pregunta Astoria, llegando segundos después de los morenos, un brillo especial aparece en sus ojos al preguntar.
Nathan la mira, no quería darle esperanzas de volver a estar juntos así que piensa antes de responder.
— ¿Terminaste con ella? —repite la rubia.
—Volveremos, lo sé —dice Nathan, tratando de convencerse y así matar las ilusiones de Astoria.
—Con Draco Malfoy detrás de ella, lo dudo —susurra Padma a Dean, aunque Harry la escucha.
—Sabía que era ella la chica de Weasley magazine —dice Dean, Harry también escucha eso.
El ojiverde se acerca a ellos y los mira con los brazos cruzados, serio.
—Más vale que esa información no salga de aquí, el mundo no tiene porqué saber que ella es Hermione —advierte el jefe, a lo que ambos asienten.
Justo en ese momento, Tonks entra agitada por la puerta.
—Voldemort dará un nuevo golpe —asegura la detective mirando a Harry, quien al escucharle deja de lado el hecho de que ella llevaba días sin presentarse en la estación.
—Habla —ordena el ojiverde.
— ¿Recuerdan la exposición que hace el señor Lovegood en "El Quisquilloso"? —dice Tonks, todos asienten, a excepción de Astoria— Pues mi informante me dijo que ahí piensa atacar esta vez.
—Pero esa exposición es de jóvenes artistas, sus obras no tienen mucho valor —dice Harry, sabia de ese tema, no por nada sus padres habían sido reconocidos en el mundo del arte.
—Pero alguno de ellos puede volverse muy famoso y su obra valdría mucho —opina Tonks, igual familiarizada con ese mundo gracias a su pareja: Remus Lupin, pintor.
—Son cerca de quince expositores, casi cincuenta obras, ¿cómo sabrá cuál robar? —inquiere el jefe.
—No lo sé —concede Tonks.
Nadie dice nada por varios minutos, cada uno trataba de responder la pregunta que el jefe había hecho.
—De cualquier forma —habla Harry de nuevo—, más vale prevenir que lamentar así que todos iremos a esa exposición. Yo hablaré con Luna, le diré que llevaré a algunos amigos y los pondrá en la lista de invitados. Debemos pasar desapercibidos así que ya saben cómo deben vestir —concluye, mirando a cada uno de sus compañeros y da media vuelta, dirigiéndose a su escritorio.
—Har… jefe —llama Astoria— yo no sé cómo debo vestir para este tipo de…
—Padma te puede ayudar con eso —responde Harry, sin mirarla.
—De acuerdo —dice la rubia, no le sorprendía su actuar, después de lo que pasó le sorprendería que siguiera tratándola con tanta confianza como en un principio.
¨ ° º O º ° ¨
Su traje gris hecho a la medida quedaba perfecto para la ocasión. Una última mirada al espejo, un rocío de su perfume preferido y listo. Sólo faltaba una cosa. Mira hacia la cama, sobre el edredón color verde escuro descansaba una pequeña caja negra; la mira unos segundos antes de acercarse a ella y abrirla. Una nota blanca doblada por la mitad cubre el contenido de la caja; toma la nota y la abre mirando lo que tiene plasmado: la imagen de una serpiente saliendo de la boca de una calavera.
Guarda la nota en su pantalón y su mirada se dirige a la caja. Estira su mano y toma el objeto. Negra y un tanto pesada, fría pero le produce un cosquilleo al sentirla entre sus dedos. Quita y pone el seguro un par de veces. La carga con uno de los cartuchos que hay en la caja. Se la coloca detrás del pantalón y la cubre con su saco, como suelen hacerlo en las películas, y sintiendo ese frío peso en su espalda, sale de su dormitorio esperando no tener que usarla.
¨ ° º O º ° ¨
Amaba el arte, le gustaban las exposiciones, pero simplemente odiaba el tener que vestir "formal" para ese tipo de evento. No siempre era así, muchas expos solían ser casuales, los fines de semana mientras paseaba por el centro de Londres; pero aquella era especial, a la que acudía gente especial, o mejor dicho, más importante. Por lo que ahí estaba, con ese vestido blanco que un diseñador francés había hecho exclusivamente para su amiga Carrie, por suerte o por desgracia, ambas tenían casi la misma complexión así que le sentaba muy bien, al menos eso habían dicho Carrie y su hermano Leo cuando se lo había probado días antes en el nuevo departamento de la peliazul.
Era un vestido precioso y ella no podía negarlo, pero de saber que terminaría usándolo en la exposición Lovegood, se habría guardado sus comentarios. Era de un color blanco brillante, largo hasta el piso con una abertura que iba del muslo hasta el fin, estaba ajustado en la parte de arriba y mostraba su estrecha figura a la perfección. Su cabello estaba rizado y ordenado, se veía elegante. Al cruzar la entrada, sola además, llamó la atención más de lo que hubiera querido. Sin querer seguir sintiendo esas miradas sobre ella, buscó a alguien que conociera. Su jefe estaba metros más allá, mirando una escultura que parecía tener la forma de un ángel, con la cabeza baja y las alas caídas, sus brazos abrazaban su cuerpo y estaba arrodillado, desamparado.
—Un buen trabajo, ¿no, señor Black? —pregunta Hermione, deteniéndose a su lado.
—Podría ser mejor —asegura sin despegar sus ojos de la escultura—. Hermione, hija, te ves hermosa —halaga, mirándola.
La castaña no puede evitar sonrojarse un poco.
—Gracias, señor Black.
—Es Sirius, querida, Sirius —recalca el señor Black, con una amable sonrisa.
Hermione corresponde a la sonrisa.
—Sirius —dice Hermione—, suena demasiado informal, señor.
—Suena bien para mí —asegura Sirius, tomándola del hombro, a lo que ella asiente aunque no muy convencida.
—Sirius —escuchan una voz detrás de ellos.
Al voltear, la castaña reconoce a Xenophilus Lovegood, un hombre mayor, con su cabello largo y canoso, más alto que Sirius y con un extravagante traje color amarillo canario. Cuando lo conoció por primera vez entendió la forma de ser de Luna, de tal palo tal astilla.
Junto a él había un hombre joven, de cabello oscuro a los hombros, vistiendo un elegante traje oscuro. Hermione lo reconoce de inmediato.
—Sirius, quiero presentarte a Cedric Diggory —dice el señor Lovegood, señalando al hombre a su lado.
—Es todo un placer conocerlo, señor Black —dice Cedric, extendiendo su mano, que es estrechada por Sirius.
—Lo mismo digo, Cedric, he escuchado maravillas sobre tu trabajo —halaga Sirius, a lo que Cedric inclina la cabezas como agradecimiento a sus palabras.
—Por eso mismo me atreví a presentarlo contigo —habla Xenophilius—, Cedric está por terminar una serie de cuadros y aún no tiene donde presentarlos, pensé que tal vez Potter's Gallery sería una gran opción.
Sirius abre los ojos un poco sorprendido. Todos sabían del reconocimiento con que gozaba Potter's Gallery y lo difícil que era presentarse ahí, por lo general, exponían trabajos realizados por sus trabajadores, quiénes eran los mejores en su campo: la fotografía.
Sirius conocía el trabajo de Cedric, había acudido a varias de sus exposiciones y aceptaba que sus cuadros eran buenos pero pensar en exponer los en Potter's Gallery era ir más allá. No tenía nada en contra del chico pero no le parecía lo suficiente para qué se presentara en su galería.
—Señor Black, sé que usted tal vez no crea que soy lo suficiente para exponer en su galería pero para mí sería un honor poder presentarme en ese lugar, sobre todo teniendo en cuenta que he aquí —dice señalando a la castaña que hasta entonces no había dicho nada— a mi nueva musa —los tres hombres la miraron—. La señorita Granger es la modelo de la pintura más importante, y por consiguiente más cara, de la colección. Si me permitiera exponer en Potter's Gallery la señorita Granger tendría que acudir de forma casi obligada, algo que probablemente no ocurriría de exponer en otro lugar.
Sirius mira a Cedric y después a Hermione, él conocía bien a la joven fotógrafa por lo que sabía que el pintor tenía razón. Hermione tenía que acudir al evento, con mayor razón si era la protagonista de la pintura más cara.
—Está bien, la exposición se hará en Potter's Gallery —cede Sirius—. Pero yo no soy quien organiza ese tipo de eventos así que, Cedric, tendrás que pasar uno de estos días para hablar con Lavender, es nuestra recepcionista pero siempre es ella quien hace esas cosas.
—Por supuesto, señor Black —dice Cedric.
—Bien, iré con mi protegido de este año, es un gran fotógrafo, su nombre es Colin Creevey, no duden en admirar su trabajo—dice Sirius y se aleja.
—Yo iré a seguir con mi buen papel de anfitrión —dice el señor Lovegood y también se va.
Cedric mira a Hermione sin decir nada, sólo con una divertida sonrisa en su rostro.
—Me alegrará tenerte en la presentación de mi obra —dice Cedric.
— ¿Que te hizo pensar que no iría? —pregunta las castaña, cruzándose de brazos.
—Tal vez tu obvia reserva a acudir a eventos públicos —responde el pintor, encogiéndose de hombros.
—Estoy aquí, ¿no? —dice ella, irónica.
—Sí y eso me alegra, más porque te ves realmente hermosa.
Hermione siente como sus mejillas se tiñen de rojo en segundos, si se había sonrojado con el cometario de su jefe, las palabras de ese atractivo hombre frente a ella tenían más efecto. Desvía la mirada hacia la izquierda incapaz de verlo a los ojos, tratando de controlar el calor en su rostro. Siente los vellos de su nuca erizarse, pero sabe que eso no es por Cedric, sólo una persona le provocaba aquello. Sus ojos lo buscan entre la multitud casi de forma inconsciente, él estaba ahí y por alguna extraña su cuerpo lo sentía.
— ¿Me buscas a mí, Granger? —escucha su voz a su espalda, lo cual le provoca un respingo con un ligero saltito por la sorpresa, no lo había sentido acercarse.
—Malfoy —dice Hermione volteando—, ¿qué haces tú aquí?
—No sólo a ti te gusta el arte —responde el rubio, neutro, serio, algo andaba mal—. Además, sabía que morías por verme —y ahí estaba, era el engreído de Malfoy de nuevo.
—No tenías que venir sólo por mí, habría sabido cómo sobrevivir —dice Hermione.
—Seguro, sobretodo teniendo en cuenta todos los amigos que pareces tener —se burla Draco, mirando hacia ambos lados de ella.
La castaña ni siquiera se había dado cuenta de que Cedric ya no estaba. ¿La habría dejado sola con toda intención de que Malfoy se acercara? Había dicho cosas muy poéticas y confusas respecto a ellos, pero en su cita para pintar ninguno parecía recordar ese episodio con el rubio. ¿Se habría alejado sólo por qué sí? No, él no era así, tal vez Malfoy lo haría pero Cedric no.
—Ahora veo porque estás sola, ¿siempre te vives soñando despierta? —dice Draco, llamando su atención—, ¿soñabas conmigo? —insinúa alzando una ceja, Hermione sólo frunce el ceño.
—Primero, no estaba soñando, y segundo, soñar contigo no sería un sueño, sería una pesadilla —responde la castaña.
—Una pesadilla, si, por supuesto —dice el rubio, sarcástico—. Aquella mañana después de la fiesta Weasley revisé si aún dormías y ¿sabes qué? Dormías como un angelito —una sonrisa ladina se forma en su rostro— y por la noche que pasamos puedo asegurar que soñabas conmigo.
—Púdrete, Malfoy —exclama Hermione, llamando la atención de varios a su alrededor.
— ¿No sabes otro insulto? —dice él, divertido y satisfecho, ella estaba haciendo justo lo que quería: llamar la atención y que la gente lo viera ahí.
—No quiero gastar mi ingenio con alguien como tú que no es capaz de entenderlo —responde la castaña, sonriendo satisfecha.
—Vamos, Granger, sabes que puedo contigo —asegura el rubio —, y no sólo me refiero a entender tus ofensas —guiña un ojo y se acerca a ella—. Lindo vestido —murmura en su oído.
Una corriente recorre la espalda de la castaña, lo cual contrarresta su impulso racional de alejarse. Mira al rubio a los ojos, esperando a que diga o haga algo más pues ella estaba en blanco. Siente un frío repentino en su espalda y se percata de que una mano de él está en ese lugar, ¿esa temperatura baja era su temperatura corporal normal?
—Quiero que recuerdes que estuve aquí —dice Draco, acercándola lento a él.
— ¿Qué? —pregunta la castaña.
Draco termina por juntar sus cuerpos, siente como ella se estremece al contacto y parece contener la respiración, pero también se percata de que no busca alejarse; estaba haciendo justo lo que quería. Se separa lo suficiente para verla a la cara, toma su barbilla y, con una última mirada al fondo de la sala, a cierta mujer mayor que él que lo vio en ese instante, se inclina sobre la castaña y la besa.
Hermione no hace nada por evitarlo, pues al sentirlo tan cerca no puede negar que también quería besarle, de hecho quería volver a besarlo desde el primer beso, sólo porque quería saber si aquello que había sentido no había sido sólo cosa de su imaginación.
Sus labios se mueven lento, pero en una sincronía casi perfecta. La mano en su espalda sólo la había rodeado más pero la mano en su barbilla había bajado por su cuello y lo acariciaba con suavidad. Ella no se mueve, pero cuando sus manos quieren rodear su cintura el rubio se detiene y se separa.
—Sabía que me deseabas, castañita, pero no creí que tanto —dice Draco, sonriendo ante todo lo que había conseguido. El beso, la foto, una coartada.
—Eres un idiota —suelta Hermione, él sólo rueda los ojos.
Pero antes de que el rubio diga algo, una rubia llega frente a ellos.
—Espero no interrumpir nada —dice la rubia.
Hermione la reconoce, era Astoria Greengas, la compañera de Harry que venía de América; y por la escena en la cafetería también debía conocer a Malfoy.
Astoria vestía un vestido azul, con escote medio y tiras que se unían en la nuca, era largo y aunque tenía una caída libre de la cintura para abajo, en la parte de arriba era un poco ajustado y estaba al descubierto parte de su abdomen. La castaña se da cuenta de que es bastante delgada, no demasiado para parecer con problemas alimenticios pero si lo suficiente como para llamar la atención de cualquier hombre que pasara cerca. A eso se incluía ese curioso tatuaje que se mostraba gracias al descubierto de su abdomen, parecía ¿una serpiente?
—De hecho sí, pero ya que lo hiciste, ¿qué haces aquí? —pregunta Draco.
—Un amigo me invitó, su nombre es Nathan —miente la rubia—, tal vez tú lo conozcas —se dirige a Hermione—, es compañero de Harry en el departamento de Policía.
La castaña contiene la respiración al escucharla, pero se limita a asentir con la cabeza y morder su labio para no decir nada, pensando que la rubia no sabía de su relación. Draco por su parte sonríe para sí, al parecer Astoria iba en serio con eso de querer al policía de quinta para ella.
—En ese caso deberías estar con él, ¿no crees? —dice Draco, alzando una ceja.
Astoria sonríe.
—Claro, tu novia y tú deben querer estar solos —dice la rubia.
—Así es —responde el rubio, tomando a Hermione de la cintura.
La castaña tarda en reaccionar pero al sentir su mano se separa y lo mira con el ceño fruncido.
—Estás loco —exclama Hermione—, tú y yo no somos nada.
—Aún está en proceso —dice Draco a Astoria, ella lo entiende.
—Entonces será difícil, ¿no? La última que pasó por un proceso antes de aceptarte fui yo —recuerda Astoria.
—Pues ya lo sabes, sólo las importantes lo valen —dice Draco, Hermione no puede evitar mirarlo con cierta sorpresa al escucharlo.
—Bueno, no los molesto más, un gusto volver a verte, Draco —dice la rubia—, y, Hermione, no caigas tan pronto, entre más difícil más le gusta —guiña un ojo y da media vuelta para irse.
La castaña le sonríe sin saber porque, esa rubia parecía tener una historia bastante… interesante con Malfoy, era seguro que habían tenido una relación, pero algo decía que fue importante. Admite, sólo para sí, que le gustaría conocer esa historia.
—Astoria —la llama Hermione, lo que sorprende un poco a los tres, la rubia se vuelve—, ¿tu tatuaje es una serpiente?
—Oh, no, es un dragón —responde Astoria con una sonrisa.
—Hace años que no lo veía —habla Draco, con la vista clavada en el dibujo.
—Pues yo lo veo a diario —dice la rubia, mirándolo también—. Y es cuando entiendo porque tú preferiste en la nuca.
Draco se lleva una mano al lugar mencionado, Hermione recuerda la mañana en su departamento y los tatuajes que vio: una serpiente en su espalda y una estrella en su nuca, bastan unos segundos para que ate cabos, comprendiendo. El tatuaje de uno representaba al otro, Draco significaba dragón y Astoria debía significar estrella o algo así. ¿Tan importante había sido su relación como para tatuarse y así recordarla siempre? O tal vez creían que estarían siempre juntos así que… ¿por qué no?
Sus cavilaciones se vieron interrumpidas por el rubio que golpeaba su cabeza como si tocara una puerta.
— ¿Hay alguien ahí? —preguntaba el rubio, al tocar.
— ¿Quieres dejar de ser tan infantil? —recrimina la castaña, alejando su mano.
El rubio sonríe de lado, divertido; antes de que diga algo alguien los interrumpe de nuevo.
—Draco, cariño, veo que traes compañía esta noche —habla una mujer mayor que ellos, con cabello rubio, corto y con rizos demasiado apretados; su traje de falda poco más arriba de las rodillas, ajustada al igual que su saco verde olivo, no eran para nada agradables a la vista.
—Rita, no creí que fueras alguien de arte —dice Draco, obviamente la conocía.
—Oh, querido, el arte no es lo que me importa —dice Rita, restándole importancia con la mano—, este evento es del señor Lovegood por lo que su hija, actriz, invitó a sus amigos y conocidos, también famosos, no podía perdérmelo.
—Claro, siempre supe que eras una mujer… superficial —habla Draco, se notaba que no le agradaba esa mujer.
—Sólo sé lo que quiero, cariño —responde Rita, sonriendo y guiñando un ojo—. Por ejemplo, Draco Malfoy con nueva pareja —mira a la castaña—, parece la chica de Weasley Magazine —la examina de arriba abajo— y si este es el segundo evento al que vienes con ella me atrevo a pensar que Draco Malfoy comienza a pensar en sentar cabeza —termina mirando al rubio, con suspicacia. Hermione trata de replicar pero el rubio lo hace primero.
—No se atreva, señorita Skeeter, porque se equivoca —aclara Draco—, esta señorita sólo es una antigua compañera de colegio
— ¿Y puedo al menos saber su nombre? —pregunta Rita, mirando a Hermione.
—No hace falta —dice Draco—. Ella y yo estamos aquí para conocer a las nuevas promesas en pintura, escultura, fotografía, así que no tenemos tiempo para ti, Rita, con permiso —toma a la castaña de la cintura y se alejan de la mujer.
Pero Rita Skeeter sabía lo que quería y también como conseguirlo, tenía una foto de un beso y ahora una de él tomándola como si fuera suya; unas pocas palabras de farándula y aquello sería un bombazo para su programa. Draco Malfoy tiene nueva pareja y parece que es "la indicada", una nota de Rita Skeeter.
Lejos de ella, de hecho ya en otro salón, Draco y Hermione se detuvieron frente a un cuadro. Era una pintura de una gardenia. La flor cruzaba desde el interior de una casa, subiendo el muro y cayendo como espuma hacia la calle, su color era de un vivo rosa fucsia; y aunque tenía pintado al fondo un paisaje de una espesa arboleda, la gardenia acaparaba toda la atención.
—Nunca he sido muy afán de los cuadros de naturaleza —suelta el rubio.
—A mí me gustan, pero prefiero la fauna —opina la castaña—. Malfoy, ¿por qué a esa mujer le dijiste la verdad? —pregunta con curiosidad, dirigiendo su atención del cuadro al rubio.
— ¿Querías que le dijera que si somos pareja?
— ¡No! —responde ella enseguida— Pero a Astoria le dijiste que…
—Si tú eres cargante, esa mujer lo es diez veces más —interrumpe él— así que no cooperaré a su circo.
Hermione rueda los ojos al escuchar lo primero, no le ofendía, o no más de lo que le ofendían sus insultos desde su primer día en Hogwarts.
—En fin, no te molesto más, castañita —dice Draco, sonriendo de lado.
—Es Hermione, o más bien, Granger para ti —dice la castaña, cruzándose de brazos, mirándolo mal.
— ¿Aún después de lo amable que me he portado contigo, no me permitirás llamarte de forma más… amigable? —dice Draco, como burlándose de ella.
— Creo que tu definición de amable y la mía son muy diferentes.
El rubio sonríe pero no dice nada más, sólo da media vuelta y se aleja de la castaña. Cruza varias salas antes de salir por una puerta de servicio y dirigirse a su auto. Al subir, una sonrisa se forma en su rostro; la noche había comenzado bien, así que tal vez no acabara tan mal.
¨ ° º O º ° ¨
La mansión Lovegood se alzaba frente a ellos. Era muy diferente a la mansión Malfoy con su arquitectura del siglo XIX. La casa de los Lovegood era más moderna, minimalista, aunque de menor tamaño. Era bastante funcionalista, varios prismas rectangulares uno sobre otro, paredes blancas, demasiadas ventanas, un gran jardín que rodeaba toda la propiedad bien iluminado y un portón negro que Draco podía apostar estaba abierto.
— ¿Listo para esto, Malfoy? —pregunta el moreno de ojos verde limón, mirándolo con brazos cruzados y una seriedad que no había visto nunca en él.
—Por supuesto —responde el rubio, seguro de sí mismo.
Los cinco hombres se colocan las máscaras de calavera para evitar ser reconocidos, además de guantes negros para evitar dejar sus huellas en lo que tocaran, Crabbe y Goyle incluían un gorro negro como típicos ladrones a su atuendo. Caminan sobre el césped, directo a la entrada.
—Pucey —llama Draco a uno de ellos—, la energía.
Uno de los hombres, poco más alto que el rubio, de complexión un tanto débil, ojos azules y cabello oscuro; entiende la orden y se aleja hacia el lado izquierdo de la casa. No pasan más de dos minutos cuando las luces del jardín se apagan. La energía se había ido. Pucey aparece de vuelta segundos después.
—Entremos —ordena Draco.
El portón no tenía cerrojo, justo como él creía, conocía al señor Lovegood, sabía que si bien no era un inocente, si era muy confiado. Aunque también sabía que los objetos de verdadero valor que Lovegood conservaba no estaban tan a la mano. Entrar a la casa era fácil, llegar a la galería privada era punto y aparte.
El vestíbulo era tan amplio como cualquier otra habitación, el piso de mármol blanco y las paredes de un suave color crema mantenían el espacio iluminado aún sin ninguna luz encendida. El rubio sigue el camino sin detenerse a mirar nada, no era la primera vez que estaba en esa casa; sus compañeros, por el contrario, parecían encantados con lo que veían. Zabini sentía tanta fascinación por el arte como Voldemort, razón por la que tenía la posición que tenía, así que no era sorpresa que se detuviera a mirar los cuadros y adornos. Pucey era más bien el hábil con las máquinas así que no tenía ni idea de arte, sólo sabía que aquel sofá parecía cómodo, así que ¿por qué no sentarse? En cuanto a los gorilas de Crabbe y Goyle, sólo estaban ahí por si necesitaban fuerza de más, no eran muy inteligentes pero si eran conscientes de que ese jarrón blanco con detalles verdes y azules que estaba sobre aquella mesa del centro, debía valer unos cuantos miles.
—No deben saber que estuvimos aquí —recuerda el rubio—, no muevan nada, lo que está aquí carece de valor comparado con lo que hay en la galeria —mira a Crabbe y Goyle, que parecían dispuestos a robar el jarrón— así que vamos por lo que venimos.
Draco se encamina hasta las escaleras. Éstas se abrían desde el primer piso hasta la planta baja, dejando una pared justo en el medio, la pared era color crema como todas las demás y estaba completamente vacía, a excepción de un perilla negra justo en el centro. Draco se acerca y gira la perilla a la derecha, una especie de puerta secreta se abre hacia adentro. Los otros cuatro miran el espacio que da paso a otra habitación.
—Creí que sería más difícil —dice Blaise, entrando a la pequeña galería tras el rubio.
—Esta es la galería pública, su galería privada está… más abajo —aclara Draco, ignorando todo igual que antes y dirigiéndose a un lugar en específico.
Tras un tapiz que parecía ser del siglo XVII, el rubio descubre otra puerta de madera color chocolate. La abre sin mayor problema y revela unas escaleras que llevan hacia abajo, como una entrada al sótano.
—Goyle, tú irás primero —ordena el rubio, a lo que el otro obedece—. Después tú, Pucey —el otro hombre baja las escaleras.
—Yo te sigo —dice Zabini, señalando la abertura, antes que el rubio lo mande a él.
—Bien —acepta Draco—. Crabbe, la puerta sólo se abre por fuera así que tú te quedarás aquí, mantén la puerta, ¿de acuerdo?
Crabbe asiente y se coloca entre la puerta y la abertura, como guardaespaldas cuidando una entrada por la que su cliente acaba de entrar.
Draco baja seguido por Blaise, al llegar se encuentran con un corredor bien iluminado y un par de cámaras que, gracias a un generador independiente, seguían funcionando aunque la energía se hubiera ido en toda la casa. Por eso el rubio había insistido en que usaran máscaras.
Siguiendo por el pasillo llegaron hasta dar con pared, o mejor dicho, hasta encontrarse frente a una puerta de acero que ocupaba toda la pared, medía unos 2x2 metros y podía deducirse que no era nada delgada.
—Vaya que Lovegood sabe cuidar sus tesoros —dice Blaise, mirando la puerta y después al rubio, esperando el siguiente movimiento.
Draco saca una tarjeta de su saco. Justo en la pared de la derecha, muy cerca de la puerta había un control de acceso, con su teclado numérico y un lector tarjeta, además de una pequeña pantalla. Pasa la tarjeta por el lector, en la pantalla empieza a correr una serie de números hasta que se detiene en el primer valor "9". El procedimiento se repite otras tres veces, formando un código de cuatro dígitos al final: "9472". Una lucecita verde se enciende justo a un lado de la pantalla y se escucha como la puerta se abre justo por el centro.
—No eres el único con contactos —dice el rubio, mirando a Zabini.
Los cuatro miran el nuevo pasillo que se acababa de abrir frente a ellos. Tenía el mismo ancho que en donde se encontraban, pero las paredes eran de color azul y en el piso parecía haber luces cuadradas en lugar de azulejo.
Goyle da un paso hacia el interior pero Draco lo detiene, le quita el gorro negro de la cabeza y lo lanza al interior, se escucha un pitido y ven como un dardo sale volando de una de las paredes, dando justo en el gorro.
—Son tranquilizantes, te dejarían inconsciente por al menos diez horas —explica Draco, ante la expectativa de sus compañeros.
—Pucey, ahí —señala la parte baja de la pared izquierda— está la caja de controles, quita la energía de este pasillo para poder pasar.
Pucey se apresura hacia la caja, que si bien estaba oculta ante los ojos que pasaban de largo, si te fijabas bien podía ver cómo estaba cubierta por una tapa del mismo color que la pared. Al abrirla frunce el ceño.
— ¿Qué pasa? —pregunta Draco, notando su gesto.
—Esto…
— ¿Puedes o no?
—Por supuesto que si—responde Pucey, cómo ofendido de que lo dudara—, pero tomara tiempo.
— ¿Cuánto? —urge el rubio, estaban tan cerca y él quería salir de ahí cuanto antes.
—Sólo más de lo planeado —dice, comenzando a trabajar.
— ¿Cuánto? —repite Draco.
—Unos quince o veinte minutos.
El rubio suelta un bufido.
—Hey, no sé porque te preocupas tanto, Draco, no es cómo que los Lovegood vuelvan pronto esta noche —habla Zabini, cuando le había dicho que la fecha se adelantaría se preguntó porque y no tardó en enterarse de la exposición en "El Quisquilloso".
Draco no dice nada, sólo lo mira con cara de pocos amigos y se recarga en una de las paredes, impaciente.
Pasan dieciocho minutos hasta que Pucey es capaz de cortar la energía del pasillo, incluyendo las cámaras, luces y del sistema de seguridad que lanzaba dardos contra cualquiera que no fuera uno de los Lovegood y quisiera pasar por ahí.
—Hay otra puerta igual a esta en el otro extremo del pasillo así que, Pucey, te quedarás aquí para restaurar la energía cuando pasemos los dardos y tengamos que abrir la puerta —dice Draco, Pucey sólo asiente y se separa de ellos, a la espera de la orden.
El primero en cruzar el pasillo de los dardos es Goyle, lo hace casi corriendo por miedo a caer inconsciente ante un disparo, después de él pasa Draco seguido de Blaise.
—La energía —dice el rubio en voz alta que Pucey logra escuchar.
Cinco minutos después todo vuelve a iluminarse, incluso la luz verde de la cámara que los grababa desde una esquina. Draco pasa la tarjeta por el lector y la serie de números comienza a correr de nuevo, formando otro código, esta vez de seis números: "210695". La puerta de abre. Los tres se impresionan ante lo que ven. Una habitación llena de cosas visiblemente caras estaba ante ellos. Había vitrinas con curiosos objetos dentro, mesas que debían valer lo mismo o más de lo que estaba sobre ellas, cuadros colgados en las paredes, muebles rústicos, un librero lleno de libros viejos, incluso una vitrina llena de joyería que brillaba ante la tenue luz que iluminaba toda la galería.
Y justo al fondo, dentro de una vitrina de grueso vidrio estaba lo que habían venido a buscar: La Espada del León. Era una espada de al menos un metro de largo, estaba dentro de su vaina que era de cuero negro. Pero aun así se podía ver su guardo que estaba hecho, según había investigado Draco, de oro; además de su empuñadura con pequeñas incrustaciones de oro y un rubí justo en la cabeza.
—El señor Riddle sabe lo que quiere —dice Zabini, admirando la espada.
—Goyle, la vitrina —ordena el rubio, y entre ambos levantan el vidrio y lo dejan sobre el piso, dejando la espada a su disposición.
Draco toma la maleta larga que hasta entonces Goyle había estado cargando y la abre, toma la espada con sumo cuidado y la guarda en la maleta. Goyle hace el ademán de cogerla pero el rubio la toma primero.
—Yo la llevo a partir de ahora —dice Draco, Goyle lo mira mal unos segundos pero la mirada que el rubio le lanza es peor, así que baja la cabeza con resignación—. Ahora hay que irnos —concluye, dejando una pequeña nota, sólo con el dibujo de una serpiente saliendo de la boca de una calavera, en el lugar donde segundos antes estaba la espada.
— ¿Cuánto crees que valga ese collar? —pregunta Blaise, mirando la vitrina con las joyas.
Los otros dos se acercan y ven a que collar se refiere. Dentro de una caja de terciopelo negra, abierta como si estuviera exhibiéndose para vender, o robar en este caso, descansaba un fino collar de plata. No era muy ostentoso y a comparación de las otras joyas que había a su alrededor no debía ser muy valioso. Unos cuantos miles, calculaba Draco. Es más, de no haber sido porque el moreno se los había señalado ni siquiera habría reparado en él.
La cadena era delgada, de hecho parecían dos cadenas que terminaban unidas. Tenían dos incrustaciones de diamante a lo largo de ella. Avanzando más al centro, las cadenas se convertían en una especie de metal más grueso que parecía doblarse en varios sentidos, dando una forma original pero extraña, parecían hilos entrelazados unos con otro, hilos hechos de plata con pequeños diamantes que los cubrían en todo su largo. Al llegar hasta el dije, estos hilos terminaban uno más largo que el otro y en la punta tenían una pequeña esmeralda en forma de gota cada uno.
Aunque tenía diamantes y esmeraldas, no valía más que, al menos, el 80% de las otras joyas. Aun así, Zabini abre la vitrina y lo toma. Lo mira unos segundos, como calculando su valor. Cierra el estuche y se lo tiende a Draco. El rubio lo mira con el ceño fruncido, él no pensaba robar nada más que la espada. No era porque fuera la persona más honesta del mundo, es más, de haber sido en otro lugar lo hubiera llevado sin problema, pero era la casa de los Lovegood, era la casa de Luna.
—Tu pago —dice Blaise—, para eso te uniste, ¿no? —suelta, como si algo supiera.
Draco entiende sus palabras, así que toma el estuche y lo guarda en la mochila junto a la espada. El moreno cierra la vitrina y después salen sin tomar nada más.
La salida fue más rápida, sólo volviendo sobre sus pasos. Cerrando puertas y saliendo de la casa. Al estar fuera, Pucey se encarga de reestablecer la electricidad. El jardín se ilumina de nuevo, ninguno dice nada, sólo se dan la mano como si acabaran de terminar un negocio y cada uno se va por su lado.
Draco guarda la maleta en la cajuela de su auto. Después sube al asiento del piloto, saca la pistola de la parte trasera de su pantalón y la mira unos segundos antes de guardarla en la guantera. Agradecía no haber tenido que usarla.
Pues aquí acaba el cap. Como ven el robo fue un éxito, aunque… ¿el señor Lovegood se dará cuenta? Dejaron la tarjeta para que supieran que Voldemort estaba implicado pero… ¿atraparan al rubio?
Y Hermione se está sacando de onda con lo que un simple beso de Draco la hace sentir, pero con lo cabezota que es… bueno, ya saben que no lo aceptara a la primera.
En fin, espero que les haya gustado y me dejen su opinión en un lindo review.
X. Yiriz
