Disclaimer: KHR! Akira Amano.

13 Canciones

N O T I n L o v e.

Estrés, es todo lo que pasa por su cabeza, la hace desplomarse en el balcón de su habitación cuando, por inercia, espera ver a Hayato aproximándose por las calles. Le añora, le extraña como jamás pensó extrañar a alguien. Y se da cuenta que sólo vive para esperar. Esperar sentada todas las tardes en aquél punto solitario y sucio que le llegue una razón para no pensar, para no saltar.

Pero la fría oscuridad que se agazapa sobre los cielos claros abriéndose paso a zarpazos, insuflando las promesas incumplidas, amargando los pocos recuerdos buenos, arruina todas y cada una de las tardes nubladas y asientan mañanas de hálito criogénico de aquel abril en que se obliga a sí misma a esperarle en la altura y resguardo de su balcón. Esperar a alguien que quizá nunca va a volver.

Se inyecta melancolía en la basílica hundiéndose más en su depresión y anhela, con la poca parte buena que queda de su alma, que los escasos sueños que le quedan no fallezcan, que las noches no sean tan frías y que su memoria no le sea tan cruel. Anhela dejar de morir lento. Anhela que la casa huela a tabaco. Anhela jamás haber conocido a Hayato.

Porque ello le estaba matando.

Detesta su cuerpo por moverse de una manera tan lenta, tan desesperada y, aunque quizá ese día se siente más jovial que de costumbre, la sonrisa que alguna vez fue eterna en su rostro sólo había dejado sus huellas oculta tras capa y capa de maquillaje y labial russian red de MAC.

Los brazos le hacen conspiración y su boca recibe gustosa un trago de licor amargo y tres aspirinas; y vuelve a sentarse en el balcón, ignorando que no ha comido ni cenado, que los parpados le pesan y que alguien toca la puerta.

Tsuna entra alarmado, casi demoliendo la entrada antes de recordar donde guarda la copia de la llave; la encuentra como siempre sentada en el balcón con la cabeza recargada en el marco, el cabello chorreándole, medio vestida y con cigarro encendido –que bien sabe no va a fumar– en los labios. Se le encoje el pecho y siente la respiración pesada. Se pregunta si acaso el pesar de su esposa muerta meses atrás lo hace ver igual.

Haru bufa al sentir un peso sobre sus hombros y mira con reproche a Tsuna sentarse a su lado, tirar el saco al suelo y recargar la cabeza en el extremo lateral del marco. Él le sonrió con cansancio.

—Pensé que tendrías frío. —Le dice con parsimonia y esa sonrisa solemne que ella tanto odia.

Haru trata de levantarse sintiendo la ira invadir su cuerpo, no quiere ser irrespetuosa pero la presencia de Tsuna realmente la molesta, ergo siente las piernas entumidas y cae al suelo. Su cuerpo está helado pero ella no siente frío. No siente nada.

Tsunayoshi no articula palabra, la mira desde su posición sin mover ni un músculo: Ella llora con amargura sin darse cuenta, como todas las noches, como todos los días y él juzga sin notar que por igual él llora con lágrimas presuntuosas y mudas.

La abraza y la aprieta más contra su pecho al sentir los manotazos y patadas de protesta que ella le brinda. La manta que antes puso sobre sus hombros está en el mármol del piso y la poca luz que dan las estrellas de aquella noche sin luna le permite ver mejor las quemaduras que el frio de las noches en vela ha dejado en la nívea piel descubierta de mujer.

—No estoy de humor. — Dijo molesta.

—Tú nunca lo estás.

Ella se muerde el labio con furia antes de abrazarse también a él y tiembla entre sus brazos cálidos. Se besan. Se arañan. Muerden. Golpean. Gimen. Gritan. Maldicen. Le hacen el amor a una persona que no es quien está en frente y, llegado el final, sollozan frente al balcón abierto y la noche serena.

Tsunayoshi suspira con culpa mientras se pone la ropa y, sin atreverse a mirarla, saca de la bolsa de su saco un sobre blanco sin remitente ni sellos. Haru lo mira sin entender mientras su cuerpo se aferra con pudor a la manta que había permanecido regada junto a su ropa. Él suspiró sin atreverse a decirle lo obvio: Que aquél sobre era su juicio y él mismo, su demonio. Pero eso es algo que ella ya sabe. Toca el sobre y sus ojos lloran con angustia, le mira con miedo sintiendo las sospechas siendo confirmadas y por fin en dos años deja de implosionar para aprender a explotar.

El sobre huele a Hayato, la letra es de Hayato y Dios sabe que jamás necesito aprender italiano para entender las palabras de aquel hombre. Porque ella le conocía del todo: su piel, su cuerpo, su tacto, se esencia, sus ojos, sus labios, su voz, su escrito.

Hayato no iba a volver.

Hayato había muerto en batalla hace más de un año.

Cause it's hot inside, isn't that enough. I'm not in love. We are not in love.


Doceava canción: Not in love- Crystal Castles.