Capítulo 11: Juramento de sangre

Antes de empezar a buscar una nueva tripulación, Maxi tenía una última cosa que hacer respecto a su hermano. Enterrarlo.

Le organizó un funeral al que asistieron todos los habitantes de la aldea, que no eran muchos.

Fue un entierro corto, sencillo y emotivo. Cada uno de los asistentes dejó una flor sobre la tumba de Kyam, pero Maxi era más que eso.

Se arrodilló frente a la lápida de su hermano, con la espada que éste usaba en vida en la mano. Con ella, se hizo un corte poco profundo, pero largo, en la palma de su otra mano, derramando su sangre sobre las flores que habían dejado los demás. En ese momento, Maxi prometió acabar con la vida de Astaroth y con Soul Edge. Había hecho un juramento de sangre.

Maxi se había quedado solo en el cementerio, pero de repente escuchó una voz siniestra a su espalda.

- Vas a ir en busca de Soul Edge, ¿verdad? – dijo la oscura voz.

Maxi se giró para ver quién le hablaba. Pero no pudo verle el rostro, ya que una capucha lo cubría.

- Eso no te importa. ¿Quién eres? – gritó Maxi.

- No lo hagas. Lo único que conseguirás es una lápida al lado de la de tu hermano. – aconsejó el hombre con calma.

- ¿Y qué si es así?

- Y yo me cuidaría la herida que te has hecho. Podría infectarse.

Maxi miró su ensangrentada mano y, cuando levantó la vista, el encapuchado había desaparecido.

...

Pero las palabras de un desconocido no calmarían las ansias de venganza de Maxi. Así que se dirigió a la taberna del pueblo, con la intención de reclutar unos cuantos hombres.

Aunque la tarea no sería nada fácil.

Soul Edge era el arma más temida del mundo, así que pocos se atrevían a ir en su busca. Y la mayoría de los que lo hacían, eran marineros acabados que no tenían nada que llevarse a la boca y cuyo único deseo era morir con dignidad.

Tras pasar cinco largas horas en la taberna y reclutar a sólo tres hombres, que se unirían a los 13 que ya componían la anterior tripulación del pirata, Maxi estaba a punto de desistir y lanzarse a la mar con lo poco que tenía.

Fue entonces cuando un hombre con traje de ninja y una máscara que ocultaba su rostro se dirigió a él.

- ¿Eres tú el que busca una tripulación?

- Lo era. Pero aquí sólo hay cobardes y suicidas.

- Yo no soy un suicida. Y mucho menos un cobarde.

- ¿Te estás ofreciendo a unirte a mí?

- Me estoy ofreciendo a ayudarte. Mejor dicho, a que nos ayudemos.

- ¿Quién eres? ¿De dónde has salido?

- Me hago llamar Yoshimitsu. Y, como tú, busco destruir Soul Edge.

- ¿Por qué?

- Yo pertenecía a un clan ninja. Un clan muy poderoso. Pero una noche, un guerrero cubierto por una armadura azul llegó a nuestra guarida, asesinando a la mayoría de nosotros. Afortunadamente, yo fui de los pocos que consiguieron escapar. Pero muchos amigos y compañeros murieron a manos de ese guerrero. Y el arma que utilizó para matarlos...no era otra que Soul Edge.

- ¿Estás diciendo...que alguien ya la ha encontrado?

- Eso parece. Pero eso no impedirá que personas de todo el mundo vayan detrás de la espada.

- Y...¿por qué quieres unirte a mí?

- Dicen que la unión hace la fuerza. Y sé que tus intenciones son nobles. No como otros, que sólo buscan la espada para conseguir poder.

- Bueno, está bien. Pero antes necesito ver qué sabes hacer. No puedo aceptarte sólo por oír tu historia.

Maxi nunca pudo saber cómo, pero aún no había terminado la frase y Yoshimitsu había conseguido tirarlo al suelo e inmovilizarlo.

- ¡Vale, vale, estás admitido! – gruñó Maxi con la cara pegada al suelo.

Yoshimitsu lo soltó y sin decir nada más se marchó de la taberna.