El rey David se quedo paralizado al ver la escena que ante sus ojos ocurría de manera inmisericorde. A lo lejos alcanzo a distinguir la figura de la princesa junto a la pulgosa Rubia que no se le despegaba a la Reina Regina, comenzó a caminar con sigilo para intervenir y tomar a Snow así fuera en contra de su voluntad, David lo sabía. El hecho de que si Su prometida se quedaba más tiempo con esa mujer nunca más la volvería a ver.

Como si sus pensamientos fueran proféticos, la figura de la sirvienta con la espada en mano se lo vino a comprobar, un escalofrió recorrió por todo su cuerpo al darse cuenta de las intenciones malvadas De Regina al haber mandado asesinar a su amada. Corrió hacia allá tratando de detener a la Rubia pero era demasiado tarde, se encontraba muy lejos y su princesa había expirado. La mujer que antes se aferraba al cuerpo de la princesa para que esta no se apartara de su fría espada, se alejo de su prometida aventando su cuerpo en un árbol cercano. David creyó ver un sentimiento de asco en el rostro de la mujer. Los instintos de venganza se apoderaron del Rey, emprendiendo una enloquecida carrera para alcanzar a la sirvienta y cobrar con su sangre la afrenta recibida.

Al llegar al lugar David se acerco a la pequeña princesa esperando que no fuera muy tarde para ella pero no pudo hacer nada. Ante él se encontraba el cuerpo ya sin vida de su prometida. Un rictus tranquilo adornaba su cara. Como si hubiera muerto feliz y sin rencores en vez de reflejar angustia o miedo. El rey sintió que enloquecía al ver muerta a la mujer que amaba. Se acerco a abrazar el cuerpo frio e inerte mientras sollozaba desesperado y gemía tratando de conseguir un poco de aire.

Era su culpa, por su culpa su princesa estaba muerta… si la reina Regina no hubiera estado enamorada de él, si él hubiese parado ese sentimiento, si hubiese llegado a tiempo para prevenir a su amada, si no la hubiera dejado irse de su lado. La princesa todavía seguiría viva. Las lagrimas de decepción por si mismo le corrieron dolorosas y desesperadas. La princesa, su princesa la cual debió haber protegido con su vida yacía ahora en sus brazos y el no pudo siquiera hacer nada. NADA.

No supo cuanto tiempo estuvo llorando abrazado al cuerpo de Snow cuando llegaron sus hombres desesperados a avisarle que la guerra estaba perdida, que el ejército de la reina Regina era muy numeroso y no tenia piedad alguna. Pero El rey no se movía, en su cabeza solo existía la determinación de seguir abrazando el cuerpo de su difunta amada, y proporcionarle un poco de calor del que ese cuerpo inerte ya no era capaz. A lo lejos escuchaba las noticias de sus soldados.

Que la guerra estaba perdida, bien, la guerra no tuvo ningún sentido para el al saber que su amada había sido asesinada.

Que su ejército estaba acabado, ni cien mil hombres ni cien mil toneladas de oro valían la pena proteger ahora que El había perdido Todo

Que el Rey Leopold había sido asesinado y que su cabeza colgaba ahora en la plaza mayor de la ciudad.

Que si no se iban rápido los soldados de La Tirana Reina se encargarían de que sus cabezas sufrieran las mismas suertes.

David pensó en el alivio que eso le traería a su alma, la muerte, al final acabar con todo para Reunirse con su amada sin más impedimentos. Un hombre se abrió paso entre los comandantes a base de empujones y con la misma violenta manera, jalo al Rey. Los demás se llevaron la mano a su espada para en cualquier movimiento en falso del atrevido, defender al Rey con su vida.

-su majestad…vámonos…si se queda aquí a morir no tendrá oportunidad de vengarse de la única responsable de la muerte de la princesa—exclamo Graham tratando de hacer entrar en razón a su alteza.

El rey David se levanto en automático. Sabiendo que su espía tenía razón, y que si moría hoy, el día de mañana no tendría la oportunidad de dictaminarle la misma suerte a su ahora enemiga, Regina

-debemos enterrar a mi amada—

-mi rey no hay tiempo—apuro un soldado—debemos huir, si no también nosotros moriremos—

-que así sea, yo no dejare que el cuerpo de mi amada sea profanado—

-mi rey, vamos, la reina Regina ha mandado matar a todos los que interfieran, el rey Leopold ha caído—

Una oleada de ira invadió al joven rey, la reina era la culpable de todo esto, había mandado destruir todo por un simple capricho. Muchas vidas habían sido perdidas. Se giro al ver la ciudad en llamas. Todo por culpa del deseo enfermizo de una reina cruel. David apretó los puños mirando a la princesa.

-vámonos, tenemos que reorganizarnos. La reina Regina no se quedara riendo de esto….vengare a mi amada que descansara en las criptas de mi palacio, donde descansan todos mis antepasados, pues será coronada Reina como muestra de que mi amor por ella supera aun a la muerte—sentencio el rey subiendo a su caballo.

-los hombres cubrieron el cuerpo de la princesa con una blanca manta y la subieron con cuidado a uno de los animales. El pequeño pelotón comenzó la retirada del lugar. El rey David lloraba Desconsolado, pero tenía que hacer un sacrificio, el vengaría a Snow. Mataría a la reina Regina costara lo que costara y así fuera lo último que hiciera, porque estaba dispuesto a morir y dejar la vida si le hacía pagar a la que antes fuera la Reina que lo subyugara a él y a su padre, no tenía miedo, ya no más. Le había otorgado a la tirana monarca su Reino, sus tierras, su oro, todo se lo entrego, se hinco ante ella otorgándole poder sobre el, y por su cobardía ahora las consecuencias estaban desencadenándose, no más.

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-¡no más! esto tiene que acabar ya—una mujer se encontraba en el centro de una mesa redonda gritando enfurecida para que todos en la taberna la escucharan. Los caballeros asintieron. Y las mujeres murmuraron aprobando las palabras de la chica –la reina Regina nos ha mantenido subyugados desde hace mucho tiempo…¡basta!—

-el pueblo está de acuerdo, pero como conseguiremos, apoyo, armas. Dinero—

- algunos comerciantes están hartos de los impuestos que cobra la reina, nos han mostrado su apoyo incondicional—

-el pueblo unido podrá enfrentar al ejército, la mayoría de la tropa se encuentra en el país del rey Leopold, es el momento para atacar, es ahora o nunca—

-deberíamos contactar al rey David, el también creo que querrá formar parte de la venganza, su prometida ha sido asesinada por capricho de la reina, no creo que esté contento—opino otro de los hombres.

-contactaremos con él podemos pactar la vida de la Reina, y con el rey Rumpelstiltskin, el también tiene que cobrarse muchas que le debe su alteza—

-¿Cuál será su precio? Ese hombre nunca hace nada sin un beneficio, nos cobraría mucho, hasta podría conquistarnos—

-le entregaremos el país del rey Leopold si es necesario, y también la garantía de que nunca intentaremos conquistar su pueblo, si a cambio nos deja tranquilos, el objetivo es derribar la monarquía y crear una republica libre y soberana. Donde podamos elegir a nuestros mandatarios, y así poder evitarnos de nuevo el terror al que nos ha sometido la reina maldita—

-cuenta con ello...rubí—

Rubí la viuda del tesorero sonrió ante el apoyo.

-es momento de atacar, demostrarle a la reina Regina que no puede contra el pueblo ni aunque tenga a mil de sus sirvientes lambiscones para protegerla—

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Los días habían pasado tensos en el reino, un aire de quietud extraña se habia apoderado de la ciudad y se respiraba el olor del miedo. Emma podía sentirlo.

Un anciano llego en uno de esos tantos días a la corte. Su andar jorobado y sus ropas andrajosas causaron repulsión entre los lores, la reina Regina ladeo la cabeza divertida ante el extraño caminar del viejo.

-dime hombre, ¿Qué puedo hacer por ti?— pregunto Regina. El hombre se inclino patéticamente.

-vengo a presentarle mis respetos a su majestad, y poner mis humildes servicios ante usted—

-tus servicios dices…- repitió Regina divertida. – dime anciano ¿Qué tienes tú que pueda yo desear? ¿la habilidad para causar vergüenza ajena?—

Todos en la corte rieron ante la broma de la reina. Quien miraba divertida. El anciano no se inmuto ante las burlas y prosiguió.

-soy un adivino y tengo el don de la profecía, vengo a ofrecer mis predicciones ante usted, pero a cambio quiero cobijo y su protección —todos estallaron en murmuraciones pero Regina soltó una carcajada complacida –

-bueno anciano me has dejado intrigada, adelante, di algo que no sepamos—

-usted hace tiempo mando a destruir todo un reino por culpa de un dolor en el corazón, una mujer fue sacrificada por poseer el amor de su persona más amada y por eso ordeno decapitarla—

-eso es algo que todo mi reino sabe, no es un cuento nuevo… así que puede irte en tu andar patético hacia la salida—siseo Regina molesta ante el engaño del farsante. Los guardias lo tomaron con fuerza pero el anciano no parecia preocupado.

-ah mi reina, todo mundo piensa que es fue un rey el causante de su dolor, un hombre que es protegido por un león legendario, pero yo sé bien quien es la persona que usted en realidad ama, no es un rey venido de un país lejano. A quien usted mas ama es una persona con una Nobleza en el alma extraordinaria, Nobleza que tambien lleva en su sangre, pero le fue arrebatada a la más tierna edad, una noche fue arrebatada de su cuna y de todo su poder —toda la corte se quedo en silencio, preguntándose por que la reina de pronto había palidecido de forma escandalosa. Regina alzo las cejas.

-bueno anciano me ha dejado intrigada… Emma—

-si majestad—

-preparen el mejor aposento para este hombre, será mi invitado de honor—

Las murmuraciones aumentaron mil veces mas ante la orden de la reina.

-ponte cómodo anciano, mis sirvientes están a tu disposición. Luego veremos que buenas nuevas me tienes—

El anciano fue llevado con gran ceremonia por los sirvientes. Emma se acerco hasta su reina.

-majestad ¿está segura de esto? Podría ser una trampa—

-oh vamos, es un pobre anciano, que podría hacernos. Además dijo algo que nadie sabía, eso tiene que valer—

-sobre el rey David—

-sobre la verdadera persona que amo emma —Regina miro a Emma a los ojos, la sirviente se sonrojo, había escuchado la frase del anciano "la persona que había nacido con derecho a gobernar un reino" esa sin duda no era ella. ¿quién era la persona que Regina mas amaba?.

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Regina llego a sus aposentos intranquila, el anciano sabia demasiado, un adivino según el.

¿Cómo podría el saber acerca del origen de emma? Habian matado a todos los sirvientes esa noche. la gente del reino no sabia acerca del nacimiento de la princesa por que sus padres temian por su vida, era un completo secreto.

Tenia que descubrir pronto lo que el anciano planeaba y quería de ella, ¿proteccion? Bien. lo trataría con todo lujo y esplendor si a cambio se callaba lo de emma. No quería perderla y sabia muy bien que si ella se enteraba de la verdad no podría jamás pedirle amor a su sirvienta.

Al terminar la cena la reina ordeno a todos que se retiraran y la dejaran sola con el anciano. Emma se disponía a retirarse pero la reina le indico que no lo hiciera.

-bien anciano, espero que estés cómodo en mi palacio—

-ciertamente si majestad—

-bueno puedes empezar, ¿Qué tienes que decir? , anciano muero por escucharte—

El anciano tomo la mano de la reina y presiono un dedo contra esta.

-el destino majestad…es inevitable, las profecías son creadas para cumplirse. Desde que llegue aquí he visto una nube oscura, una sombra que se cierne sobre su reino. Es demasiado tarde para hacer algo—

-¿pero de que estás hablando?— pregunto la reina con sorna.—mi reino como puedes ver es glorioso, cubierto de oro y victorias. Soy la soberana de mas de siete reinos, temida por mis enemigos y respetada por mi pueblo—

-la corona habrá caído majestad, estaba predicho que así fuera…en su futuro solo veo un rio de sangre. Su sangre.—

-pero que tontería estás diciendo— Regina retiro la mano molesta.

-usted lo sabe, lo siente desde hace tiempo, sabe que su final está cerca—regina guardo silencio y el anciano soltó una mueca burlona. –una princesa ha causado su condena majestad, y solo otra princesa puede detener la calamidad.—

-no hay ninguna otra princesa.—

-¿esta segura majestad?, ¿se ha olvidado de esa pequeña bebe cuyos padres fueron asesinados?—

Regina desvió su mirada hacia Emma que se encontraba con el rostro confundido. Volteo a ver al anciano mientras se levantaba de su asiento.

-será mejor que se retire, prescindiré de sus servicios, ordenare que lo hechen del reino si regresa será asesinado- el anciano asintió con la cabeza.

-le agradezco su hospitalidad, mañana me iré pero… ¿se ira aquel destino conmigo? ¿o se quedara aquí para cumplir su condena?—

Regina asintió y camino a paso apresurado hacia su habitación. Estaba angustiada, lo que había dicho el anciano era cierto, desde hace tiempo se sentía intranquila, sabía que pronto el rey David iba a tomar venganza. Pero había algo mas…el anciano había hablado de su destrucción. ¿será que por eso se sentía con una opresión en el pecho? No volteo cuando Emma la llamaba, apresuro el paso. No quería hablar con ella. No quería contarle la verdad acerca de sus orígenes. ¿Qué pensaría Emma de ella cuando se enterara que su propia madre había matado a sus padres?

-su majestad, espere—

Se acerco a la puerta. Pero Emma la hizo voltearse bruscamente.

-Regina ¿Qué pasa?—pregunto Emma con cara de pocos amigos- ¿Quién es esa princesa a la que se refería ese anciano?—

-no se dé quien hablaba, seguro es un viejo loco— Regina la empujo y se dispuso a cerrar la puerta de su cuarto pero el pie de Emma se interpuso, la sirvienta empujo la puerta con cara de enfado.

-claro que lo sabes, esa persona es la que tu realmente amas según él, ¿Cómo no podrías conocerla?—

-¡TE DIGO QUE NO SE DE QUIEN HABLA EMMA!—

El rostro de la sirvienta se descompuso, bajo la mirada y se volteo.

-no sabía que usted amaba a otra persona. Durante un breve momento yo…. – Emma alzo la cabeza, las lagrimas se asomaban por sus ojos y apretó los puños para contenerse—durante un momento pensé que yo le importaba…creí que esto que sentía era correspondido, por eso yo…- la voz de Emma se quebró-…olvídelo, soy una tonta— Emma dio la media vuelta para irse Regina se dio cuenta de la tristeza que embargaba a Emma al creer que estaba enamorada de otra mujer, una angustia embargo a la reina. Emma creía algo que era mentira. Pero admitir sus sentimientos significaba decirle toda la verdad, pero ella ya no podía callarlo más. Se acerco a Emma y la detuvo en un abrazo. Una cosa era perder a Emma por que esta creyera que habia otra mujer. Tenia que darle a su sirvienta el derecho a escoger si seguía con ella por voluntad o no.

-no Emma, la persona que yo realmente amo, la persona de la que hablaba ese viejo…eres tú, tu, siempre has sido tú, maldita sea—

Emma soltó una carcajada hueca. Se giro a mirar a la reina

-yo no soy una princesa majestad….yo no soy de quien hablaban— Emma camino hacia la salida una cosa era que le consintiera todo a Regina, pero que pensaba la reina de ella ¿Qué era una tonta? ¿una tarada? Indignada se aparto pero la reina la detuvo de nuevo

-claro que si… claro que lo eres, TE MENTI ¿está bien? …todos te mentimos, Granny te mintió, mi madre te mintió, yo te mentí, no te encontramos en una carretera a la intemperie—

Emma se quedo estática ante la puerta, volteo a ver a Regina y vio sinceridad en sus ojos, la reina se llevo la mano a la frente.

-yo tenía cuatro o tres años no recuerdo, mi madre había sostenido desde hacia algún tiempo una guerra con la reina Cenicienta y su esposo…tus padres Emma. – Ante el silencio de Emma la reina continuo—cuando mi madre gano se encamino con el ejercito al palacio, dispuesta a derrocar a los reyes y reclamar el reino, mataron a todos los sirvientes, los torturaron para que hablaran. yo estaba ahí acompañando a mi madre. Nos dirigimos al sótano donde nos dijeron que se encontraba la familia real, ahí estaba un hombre y una mujer con su pequeña hija de un año, mi madre siempre había tenido la idea de que se tenía que matar a toda la corte para reclamar un reino, se llevaron al rey y a la reina. Mi madre pensaba lanzar a la pequeña al rio—

La voz de Regina se sentía ausente, arrepentida. Emma estaba mareada tratando de procesar la información.

-yo cuando vi a la bebe…. yo….no sé lo que sentí, tuve la necesidad de protegerla, de cuidarla, y eso hice…le suplique a mi madre que la conserváramos, la pedí como sirvienta, "una princesa derrocada para servirme" eso le había dicho a mi madre quien acepto encantada.—

-usted….su madre asesino a mis padres, ¿ellos no me abandonaron?—

-no Emma, mi madre….nosotras, te arrebatamos a tus papas. Mi nana no tenía hijos, era una mujer sola y ya grande ella decidió quedarse contigo, ser tu madre, con el tiempo la niña fue creciendo y como había dicho, se convirtió en mi sirvienta más leal, pero más que eso se convirtió en mi mejor amiga. ¿No lo entiendes? Emma la persona que más amo en este mundo eres tú. –

-yo… yo. - Emma se debatía entre varios sentimientos, la alegría por escuchar las palabras tan ansiadas en la boca de Regina, la tristeza por saber el destino de sus padres. Unos padres que había maldecido por su abandono, el coraje que sentía contra la reina Cora y contra Regina por haberle hecho tanto mal, la ternura por recordar a Granny, el hecho de que la anciana la amara como a una hija sin serlo siquiera y la angustia por saber el destino de Regina tan incierto—debo irme—Emma escapo dejando a la reina con la palabra en la boca.

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Al día siguiente el anciano no estaba, Regina lo había mandado buscar en todos los rincones del reino pero el hombre nunca apareció. La reina estaba molesta no solo por el anciano si no también por que Emma había salido desde muy temprano y no le había dicho a donde. La reina estaba furiosa. Y melancólica

Emma nunca la perdonaría, ella le había pasado por alto muchas, pero haberle ocultado sus verdaderos origines no era una de ellas. Se pregunto mil y un veces por que no le había dicho la verdad, tuvo muchísimas ocasiones, cuando eran niñas, cuando eran adolescentes, el día que estaba ensayando su discurso para ser reina…pero nunca se había atrevido y ahora pagaba las consecuencias de sus actos.

Se dirigió a la soledad del jardín, dando instrucciones de que nadie la molestara. Se acostó en el fresco pasto y decidió dar una pequeña siesta, estaba agotada. Quería evadir su realidad, quería ser otra persona sin preocupaciones, sin obligaciones, sin desgracias.

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Emma se levanto en la mañana con un propósito en la mente: proteger a la reina Regina de cualquier amenaza. El anciano lo había dicho solo otra princesa podría salvar a la reina. Y ahora resultaba que ella era una princesa. Después de mucho consultarlo con su almohada se dio cuenta de que no podría estar enojada con Regina. Nunca, ella siempre le había agradecido el hecho de que la rescatara fuera en una carretera o de su propia madre, daba igual. Le debía la vida a Regina, su vida, su alma, su lealtad y su amor eran para la reina. Fuera como fueran las circunstancias.

Se dirigió al cuartel y comenzó a empaparse de la situación, al llegar se encontró con el general, un tipo llamado claudius, que le abrió las puertas de par en par y comenzó a explicarle más o menos como se encontraban las cosas. El entrenamiento de los soldados, los levantamientos que habían ocurrido. El regreso de las tropas que habían marchado a la guerra. Emma ajusto la guardia real y ordeno que los soldados dieran continuas rondas por la ciudad reforzando la seguridad.

Ordeno Al General Hood que el y sus mejores cien soldados fueran al palacio el general pareció un tanto escandalizado de agregar más guardias al palacio pero Emma fue tajante.

-me parece algo exagerado señorita Swan. Pero por ser usted vamos a obedecer, ¿es por lo de la espadachína de roja armadura que está haciendo todo esto?—

-espadachína—pregunto Emma, Hood asintió.

-si una mujer que ha dado varios problemas, no la hemos capturado aun pero parece ser alguien de cuidado, corren los rumores que planea algo grande, estamos preparados para eso, no dará lata mucho tiempo—

-no sabía lo de esa mujer-

-es solo una mujer enojada y sin que hacer, no se preocupe, la capturaremos.- dijo Hood tranquilo.

-será mejor que mande cincuenta hombres más al palacio—ordeno Emma. –al llegar quiero que se dirijan a mí que yo misma les diré lo que quiero que hagan—

-muy bien, en unos días los mando para allá—

-perfecto Hood usted tambien—

Emma se dirigió a las caballerizas y ordeno a los jinetes hacer rondines a diario cada media hora. Y en cuanto vieran algo sospechoso les ordeno que llevaran al causante al palacio para que fuera interrogado. Los jinetes algo abrumados aceptaron la orden.

Se dirigió a la academia de arquería y ordeno reforzar los puestos de vigilancia, les indico los puestos que querían que ocuparan y ordeno que estuvieran cinco en cada puesto y lanzaran una señal al mínimo movimiento sospechoso o avistamiento de algún ejercito enemigo, cada puesto tocaría un cuerno y el puesto siguiente al escucharlo tocaría el suyo, todo hasta llegar a la ciudad y darles tiempo de prepararse para cualquier cosa. Y aposto otros arqueros en las murallas dándoles expresar ordenes de rociar cualquier ejercito sin contemplaciones.

Al llegar al palacio la reina Regina no se encontraba en el trono, pregunto dónde estaba y le indicaron que en el jardín pero que había dicho que no quería que se le molestase, a Emma no le importo esa orden, deseaba ver a Regina. Necesitaba hablar con ella. Su primer deseo al levantarse había sido verla pero tenía algo más importante que eso, la seguridad de su majestad.

Al llegar al jardín se encontró a la reina dormitando tranquilamente, Emma se sentó a su lado y tomo la mano de Regina entre las suyas. El rostro de Regina se ilumino ante el gesto y Emma sonrió. le acaricio el rostro a su reina. Mirándolo con cuidado. Viéndola de esa manera tan tranquila y sin preocupaciones Regina parecía un hermoso ángel. Esa era la expresión que quería para su reina. Siempre feliz, siempre llena de paz. Ella se encargaría de eso, le labraría un camino a la reina de felicidad, no importando por quien o que tuviera que pasar.

Regina se despertó y se encontró a Emma a su lado, una sonrisa alegre se dibujo en su rostro. Ahora entendía la razón de haber dormido tan tranquila. Ese era el efecto que tenia Emma sobre ella. Varias veces cuando eran niñas la princesa Regina iba con Emma y le pedía que durmiera junto a ella. La sirvienta se sentaba a su lado y le sostenía la mano hasta que Regina se dormía tranquilamente, segura de la protección de Emma. Ahora el escenario se volvía a repetir y sintió un brinco en su pecho.

-¿dormí mucho rato?—

-no se, el tiempo se ha pasado muy rápido—contesto Emma. –Me entretuve viendo su rostro—

Regina rio. Y Emma sonrió.

-¿Dónde has estado?—

-fui a los cuarteles a reforzar la seguridad en el palacio— Regina borro la sonrisa de su rostro.

-¿pasa algo?—

-no, no pasa nada. Solo es cuestión de seguridad, me dejo algo inquieta lo que dijo el anciano—

-el cual ha desaparecido—

-que extraño—

-si, lo es… ¿en qué piensas?—

-el dijo que yo seré capaz de salvarla, y eso es lo que hare—

-Emma… si llego a morir—

-ni siquiera lo diga— corto Emma, Regina sonrió.

-escucha, si es mi destino morir no hay nada que se pueda hacer. Cumpliré mi destino y no habrá nada que puedas hacer al respecto, me gustaría que si llegase mi hora, me dejases partir—

-ni siquiera lo piense majestad, nadie le tocara un solo pelo mientras yo esté aquí, con mi vida yo jure protegerla, ¿se acuerda?—

-claro que me acuerdo, pero no soy tonta, la gente está comenzando a rebelarse en mi contra, solo quiero que sepas que eres la persona que más he querido. Tú me hiciste ser mejor persona— Emma se levanto furiosa con Regina. Se dirigió a ver el rosal que ya no tenía flores, el otoño lo estaba consumiendo.

-¿Por qué tenemos que hablar de esto? No tenemos la necesidad de platicar algo que no sucederá- espeto Emma, Regina se levanto y abrazo a Emma por la espalda.

-por que no sabemos si sucederá realmente, y quiero que lo tengas bien grabado siempre.—

- y yo quiero que tenga bien grabado que todos tenemos una misión en la vida, algo para lo que hemos nacido….quiero que sepas Regina que yo vine a este mundo para darte protección total—

-no—contesto Regina—tu viniste al mundo para que te hiciera la vida imposible, ¿sabes de qué me estoy acordando? De cuando te arroje al rosal ¿te acuerdas?—

La molestia de Emma se evaporo al recordarlo, soltó una carcajada.

-claro que me acuerdo, Granny estaba furiosa con usted, y se encaro ante la reina Cora que también se molesto con usted, al saber que iba a regañarla asumí la culpa diciendo una excusa tonta, ¿Qué había dicho?—

-que te ibas a resbalar en el barro y que yo por detenerte te había empujado sin querer, ¡Que excusa tan tonta!- Emma volvió a reír.

- ya, ya me acuerdo, Granny se enojo conmigo, y me tuvo que sacar las espinas con las pinzas del herrero—

-y después de horas tuvieron que usar cera, ¿te acuerdas?—

-claro que me acuerdo, aun me duele ¿sabia? Pero no podía permitir que la reina Cora la castigara—

- te amo—revelo Regina abrazando aun más el cuerpo de Emma, la sirvienta agarro las manos de la reina entre las suyas.

-yo también te amo Regina.— emma sostuvo a Regina entre sus brazos. Y la abrazo con fuerza.

-si el dia llega ¿me prometes que me dejaras partir? –

-lo prometo majestad, pero prométame antes una cosa. –

-lo que gustes—

-si el dia en que este usted amenazada llega, ¿me dejara hacer todo lo posible por mantenerla con vida sin importar el costo?—

-….—

-¡prometamelo!—

-bien emma, te prometo que si llega el dia en que mi vida este amenazada, yo, Regina te dejare hacer todo cuanto este en tus manos para salvarme, si no puedes, me dejaras cumplir mi destino—

-lo prometo majestad—

-lo prometo emma—

CONTINUARA…..