Disclaimer: Resident Evil y sus personajes correspondientes son propiedad de Capcom.
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"Luz de Sol"
Por: Galdor Ciryatan
CAPÍTULO 12.- Separación
Corrían… Casi era de noche. Chris estaba empapado en sudor y no contaba ya con muchas balas en su arma (aunque tenían más munición, pero, indiscutiblemente, correr les había parecido más razonable), pero ya no importaba, el peligro había quedado atrás —al parecer—. Las decenas de zombies que hacía alguna hora o menos habían encontrado, no tuvieron las condiciones para correr por más de diez cuadras para alcanzar el alimento. Qué lástima; los humanos vivos habían sido más rápidos, obviamente, pero ahora se hallaban fuera de ruta, más que exhaustos y con menos balas.
Haciendo un recuento, se dirigían a la casa de Redfield (en busca de Claire) cuando llegaron al extremo de que: al mirar a la derecha, veían zombies; al mirar a la izquierda, veían zombies; al agachar la vista, veían un zombie arrastrándose. Gastaron balas inútilmente intentando limpiar su camino, pero finalmente tuvieron que desviarse. Ahora, Steve estaba que se moría, no aguantaba sus heridas, le hormigueaban y del dolor tenía entumidas algunas partes del cuerpo. A ratos no sentía, el agudo dolor era la anestesia que se mitigaba a sí mismo.
"Leon, necesito descansar" llamaba al rubio en cuyos hombros de apoyaba "De verdad…ya no puedo más".
"Tranquilo, creo que ya los dejamos bastante atrás".
— Chris, detente un segundo.
El de pelo castaño jadeaba mientras aún seguía trotando a la cabeza del grupo. Leon y Steve iban atrás (por las condiciones del pelirrojo).
— Para, ¿quieres?... Todos estamos cansados— le pidió Jill a Redfield—. Y así vemos qué vamos a hacer.
Si por Chris fuera, seguiría corriendo hasta dar con su hermana y salir de El Paso, pero si Leon y Jill le pedían que se detuviera…
En el acto, Steve se dejó caer de rodillas al suelo, muerto de cansado y aspirando enormes bocanadas de aire. Había perdido varias cosas: Noción del tiempo, sensación de dolor en las piernas —ahora solamente todo le hormigueaba— y una muñequera (la del brazo izquierdo) causa de que un zombie había intentado jalarlo hacia sí. Pero también había ganado algo: Un dolor de cabeza.
Lamentablemente, cuando tenía jaqueca a similar, no esplendía como a él le gustaba: No lo controlaba tan bien y a veces había demasiadas voces en su cabeza, voces que no buscaba, o incluso (en ciertas ocasiones) todo se apagaba y no podía captar ni un ápice de pensamiento.
Quería dormir… Tumbarse a mitad de la calle y quedar dormido para no sentir ni escuchar nada más que el jadeo del rubio a su lado.
— Bien… ¿Dónde estamos? — Chris trató de ubicarse pero sólo veía edificios de ladrillo, altos y viejos, sin siquiera reconocer uno. La calle era, ciertamente, estrecha y no había un solo señalamiento a la vista—. Oh no, creo que nos desviamos más de lo que pensaba— murmuró mirando en todas direcciones pero Jill alcanzó a oírlo.
— ¿Qué?... ¿Y en dónde estamos?
Él se encogió de hombros. Obviamente, no lo sabía.
El Solo continuaba andando, ocultándose en el horizonte y abandonando la ciudad antes de que la noche llegara y las criaturas más espeluznantes salieran de sus agujeros.
Billy se sentó en la acera, con la espalda contra un hidrante. Tenía las botas llenas de sangre y el cabello revuelto. ¡Cómo odiaba esa ciudad! Ahí había pasado los peores días de su vida. Si salía vivo, se mudaría más al norte, a Oregon, tal vez, o a Wisconsin; lo que fuese que estuviese un par de estados lejos de Texas.
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Era una zona de fábricas viejas y bodegas, eso ya lo tenían bien claro. El problema es que se hallaban aún demasiado lejos de la casa de Claire y ya oscurecía.
— ¡Si nos vamos ya llega…!
— ¡No! ¡No me estás escuchando! — le gritaba Billy—. No podemos andar por ahí a media noche. ¿Crees que es muy seguro?
— ¡¿Y tú crees que quiero dejar que mi hermana pase otra noche sola en un lugar así?!
— ¡Ni siquiera sabes si está sola!
— ¡Podría estarlo y eso no me deja tranquilo!— vociferó Chris.
La verdad es que Billy creía que la chica en cuestión, fuese quien fuese, ya estaría muerta. Las 'cosas' que había visto en El Paso no dejaban mucho margen al "Está viva por suerte". Una persona…Una sola persona, no tenía muchas posibilidades. Pero un grupo…tal vez. Y con suerte en exceso (la suerte de Leon, It, Ada y Steve) se podía evadir a la muerte un tiempo, aunque tentarla no era buena idea.
— ¡Tu hermana…— "seguro está muerta!"… No… Billy no era así. No podía decirle eso a Redfield.
— ¡No hables de Claire! No la conoces.
La discusión se prolongaba. Suerte que ninguno de los dos traía arma o ya se habrían matado.
Los demás estaban sentados en la entrada de una pequeña bodega… "Índigo"-algo se llamaba, y la fachada era azul. La rampa de acceso para discapacitados tenías marcas de sangre y, ahí enfrente, en el cajón azul, había un auto abandonado. Al costado de éste era donde Chris y Billy reñían.
Jill cuidaba la ametralladora de Redfield (de loca se la iba a dar) y Ada tenía, en su mano izquierda, la M1911 y, en la derecha, su Browning H P (igual, de loca le entregaba su arma a Billy).
Y es que la discusión ya hasta rayaba lo cómico: Dos hombres 'maduros' peleando como niños sobre un asunto serio, y cuando alguien más intentaba entrar en la pelea simplemente era desoído como si no existiera.
Por eso estaban sentados como espectadores, hastiados de la riña pero incapaces de irrumpir en ella para terminarla.
"Podríamos seguir buscando a Claire" se dirigió el rubio al huérfano sin quitar la mirada de la discusión "si se callaran ya y nos pusiéramos en marcha".
Leon no esperaba una respuesta muy profunda a su comentario, sino únicamente un simple asentimiento por parte de Steve…pero ni siquiera eso obtuvo.
"…".
"¿Steve? ¿Me oíste?".
El policía rubio giró la cabeza hacía el joven… Lo encontró durmiendo recargado en la fachada del lugar, un poco atrás y a su derecha, casi junto a la rampa para discapacitados. El muchacho tenía la espalda encorvada, las rodillas un poco elevadas, los dedos de sus manos entrelazados y descansando sobre su vientre, la boca abierta —respirando por ella— y la cabeza ladeada contra el muro. Parecía que dormía tan a placer, despreocupado.
¿Qué? ¿La discusión lo había arrullado? ¿Cómo podía estar tan a gusto?
Leon temió que Steve despertara sobresaltado por los gritos de aquellos hombres en el estacionamiento y digamos que le pareció muy factible que se le moviera el mundo y se 'deslizara accidentalmente' por la rampa para discapacitados… Vamos, que tuviera un despertar accidentado por dormirse cerca de un lugar no muy horizontal.
El rubio se sentó junto a él y le rodeó los hombros atrayéndolo hacia sí, dejó su rifle a un lado y por un momento se dedicó exclusivamente a contemplar su rostro sucio y su cabello desordenado. Tenía los labios entreabiertos y el aire que llenaba sus pulmones se colaba a través de ellos… Por Natura, ¡era verdad!... Era un ángel, ni más ni menos. Un ángel, remilgoso, sin religión, sin familia, sin un Dios, fastidioso, pero un ángel.
Leon juraba que no podría verse mejor más que con alas y una aureola.
— Mmmh…— Steve se removió bajo el brazo de Leon y buscó más del calor que siempre procuraba.
Nadie los veía, los demás estaban embelesados en la discusión, y el rubio le lamió una mejilla a Steve. Éste pareció dar un pequeño jadeo o suspiro, fuera porque sintió el gesto de Leon o porque tenía una pesadilla, mas luego volvió a callar por un rato hasta que pareció querer pronunciar algo entre sueños…
—…a…mad…— susurraba.
Leon le escuchaba sin descifrar el mensaje… De hecho, era el único que le escuchaba: Jill estaba cuatro metros a la izquierda, del otro lado de un bote de basura y cenicero; It y Ada se hallaban aún más allá y los gritos de Chris o Coen opacaban cualquier murmullo o sonido de Steve.
El rubio continuó poniendo atención al huérfano hasta que éste se estremeció y pronunció completa la palabra que sus labios entrecortaban…
—…madre…— y entonces volvió a quedarse en paz, durmiendo como bebé después de haber sacado eso de su pecho.
A Leon le pareció extraño que pronunciara es palabra pues sentía que no tenía nada que ver con Zahra. Lamentablemente, el rubio no sabía cómo comprobarlo, no tenía idea de cómo ver en la mente de Steve y de sus pensamientos no le llegaba ni un ápice. Tampoco quería despertarlo únicamente para preguntarle, hubiese sido egoísta y, ciertamente, le gustaba verlo dormir.
Su inconciencia tal vez despertaba aún más ese sentido protector que manaba de Leon y, le pesara a quien le pesara, el ocaso hacía al huérfano más atractivo a los ojos de Kennedy. ¿Irrelevante? Tal vez; pero a Leon le gustaba cómo la muerte de un Sol al final de la calle acentuaba y hacía más llamativo el cabello y las facciones de Steve. La piel de su rostro y sus brazos era más morena, pero Leon sabía que bajo la ropa era un tanto menos; había probado esa piel antes, la había olido y visto lo bastante cerca como para deducir que el joven no solía o no gustaba de tomar el Sol. Y esto a su vez le hacía querer creer que el cuerpo del muchacho no había sido visto por muchos ojos, lo cual era una estupidez pues Leon estaba bien enterado de la promiscuidad del pelirrojo. Aunque, se vale soñar, ¿no?
Pero he aquí, en este punto de historia, que todos los sueños de Leon, Chris y Jill, se dispararon hasta las nubes impulsados por esperanza hueca…sólo para caer de nuevo y hacerse trizas.
El inconfundible ruido de las hélices de un helicóptero fue lo que quebró la discusión entre Billy y Chris antes de que ésta alcanzara su momento más álgido… Ahí, los sueños y esperanza parecieron tambalearse en incertidumbre.
— Es… ¿un helicóptero? — No podía creerlo: que estuvieran buscando sobrevivientes y que los hubieran hallado, porque eso tenía que ser: Búsqueda y rescate.
Leon despertó al pelirrojo cuando la esperanza empezó a crecer ante la idea de ser salvados. El ruido de las aspas se acercaba con una lentitud tortuosa al tiempo que Coen y Chris quitaban la vista del otro para elevarla al cielo enrojecido.
Jill se puso de pie casi en un salto, llena de alegría, cuando el helicóptero emergió de detrás de una vieja fábrica…pero no le desconcertó en lo más mínimo que la aeronave no portara símbolos del estado de Texas o menos aún de los Estados Unidos o de algún cuerpo de rescate, porque en verdad lo único que tenía era el logo de una compañía sin vela en un entierro así…aparentemente.
Steve, por su parte, a pesar del dolor de cabeza y la confusión de haber despertado por los zarandeos de Leon, logró reconocer el símbolo a los costados del helicóptero con una facilidad asombrosa… Lo había visto bastantes veces como para no olvidarlo en años…pero…lo había visto en hospitales, en los cuales excursionaba con frecuencia por sus intentos de partida. ¿Qué hacía el logo de una compañía de medicamentos sobre un helicóptero que sobrevolaba una ciudad caótica?
— Umbrella… — murmuró. Le era desconcertante. Ver ahí un helicóptero de la AFI pidiendo indicaciones para llegar al bosque de Chapultepec le hubiese parecido mil veces más cuerdo.
— ¡Hey! ¡Aquí! — gritaba Jill. En ella, la esperanza y los sueños casi llegaban al pico.
Y ¿cuándo fue el declive? ¿Cuándo se precipitó todo buen presentimiento al carajo?... Cuando el helicóptero quedó tres cuartos de perfil, la puerta se abrió y un hombre que asía una ametralladora asomó de él; cuando empezaron a llover balas; cuando Billy gritó y cayó al piso al tiempo que la palabra Umbrella rondaba su aturdida mente… Ahí, todo pensamiento positivo se fue al diablo.
Chris arrastró a Coen jalándolo de los brazos, intentando alejarlo de las ráfagas de balas, entretanto el hombre de cabello largo se quejaba y su cuerpo dejaba un rastro escarlata en el estacionamiento.
— Billy— murmuró Ada al verlo herido.
Una fuerte ráfaga de viento se dejó sentir apenas Coen hubo sido arrastrado detrás del auto en el cajón para discapacitados, una tan fuerte que dobló las rodillas de Steve cuando él y Leon se dirigían a un costado de la bodega (fuera del alcance de las balas), tan salvaje que el helicóptero se sacudió por unos inciertos segundos y el hombre de la ametralladora se tambaleó, dejando de disparar y sujetándose a la puerta con vértigo…pero, curiosamente, no era un ráfaga tan fuerte para evitar que Ada tomara la M1911 de Billy y que una bala de ésta fuera a parar a la mano con la que el hombre del helicóptero se sujetaba de la puerta… O tal vez, eso no era algo que el viento quisiera evitar.
Ni tarda ni perezosa otra ráfaga llegó y el helicóptero volvió a tambalearse sin darle tiempo al hombre herido a casi nada, quien en medio de un grito se desplomó de la aeronave.
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Norman era un gran piloto, de hecho, llevaba dos años trabajando para Umbrella y nunca había existido una sola queja de su desempeño; pero cuando la nave se sacudió —y cabe destacar que la puerta del lado de Jack estaba abierta— éste último no pudo evitar gritarle.
— ¡Cabrón! ¡Ten cuidado con esta cosa! — vociferó luego de dejar de disparar y sujetarse fuertemente a la puerta con su mano enguantada.
— ¡No soy yo! — se justificó Norman estabilizando el helicóptero.
— ¡Bah! — espetó Jack.
A su lado iba sentado Abraham (quien en verdad no le profesaba mucha simpatía): — Cierra el hocico, es el mejor piloto que tenemos.
Norman no le prestó atención al cumplido de Abraham… Miraba hacia abajo, donde una mujer de vestido negro comenzó a alzar un arma en dirección a ellos; y entonces, a Norman le se le ocurrió la brillante y fugaz idea de mover el armatoste que mantenía el culo de los tres lejos del piso y de los zombies a ser que acaso aquella mujer tuviera intenciones de disparar. No obstante, el balazo vino primero y otra sacudida hizo que Jack cayera al tiempo que la mano le sangraba y un grito de horror le traspasaba los labios.
Con la caída…se le rompió el cuello.
— ¡Vámonos! — vociferó Abraham, quien no había movido un solo músculo para evitar que Jack se desplomara con todo y su ametralladora.
— ¡Vámonos ya! — insistió— ¡Seguiremos buscando en otra parte!
Norman miró a través del cristal del helicóptero por un segundo… La mujer continuaba ahí…
"Bah, todos sabían que Jack era un antipático".
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A Steve le temblaban las piernas aún diez minutos después de lo ocurrido causa de la sospechosa retirada de los hombres —porque lo que ellos buscaban no estaba ahí—, como si haberles disparado intentando darles muerte hubiese sido un juego; causa también de ver el logo de una importante farmacéutica estampado en los costados del helicóptero; de escuchar los disparos mezclados con el ruido de las hélices y después el golpe seco del cuerpo de Jack; le temblaban las piernas sólo de ver la sangre de Billy empapando su ropa y marcando el estacionamiento como una señal de un ritual satánico… Bueno, tal vez era una gran exageración (puesto que Coen sólo había recibido tres roces); pero a decir verdad, Steve le tenía gran pavor a la sangre…
La primera vez que se cortó las venas lo encontraron inconciente en el piso de su departamento, pero el desmayo no fue por falta del líquido granate, de eso nada; se había asustado tanto al verse empapado de rojo que perdió el conocimiento. Si bien Steve no se andaba con niñerías, tampoco era un super-hombre; tenía sus fobias y sus miedos.
Aquella vez en la estación de policía, cuando los ojos ámbar lo perseguían, había llegado a agradecer la oscuridad en un momento de locura porque de haberse podido ver el cuerpo ensangrentado quizás hubiera caído desmayado…
— ¡Billy!
Ada se arrodilló junto a él… No iba a desangrase, pero haberlo visto caer en medio de los disparos fue bastante…mhmm…preocupante, a decir verdad.
Aunque (también a decir verdad) el prófugo solamente tenía un ligero roce cerca del hombro, uno en el tobillo (fue lo que lo hizo caer) y el más considerable en el brazo izquierdo.
Aún así, a Chris le asombró la suerte de ese hombre al revisarlo y corroborar que sus heridas eran superficiales. ¡Diablos! ¿Cómo alguien tenía una puta suerte así, eh?
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/.-. Billy's POV .-./
Decidido… Me marchaba esa misma noche. Herido o no, iba a irme. ¡No dejaría que Umbrella continuara jugando con las vidas de las personas, que matara a los pocos sobrevivientes que habíamos ahí como un juego de tiro al blanco! ¡No dejaría que se llevaran de ahí a Birkin con vida, que lo sacaran de esa ciudad como si nada hubiese pasado!
Tenía que encontrar primero a Birkin y matarlo para que todo conocimiento del virus muriera con él, para que Umbrella no continuara con sus experimentos…
Por eso estuve tantos días oculto en la ciudad en lugar de huir… ¡Dios, por eso estaba ahí! ¡Por eso! ¡Para matar a William y que Umbrella se olvidara de él y de su proyecto! ¡Para que no vieran futuro en esa endemoniada idea de revivir a los muertos!
Después de todo, Umbrella nunca le había dado tanta importancia a lo que investigaba Birkin, se trataba de una prueba piloto, de un "¿qué tal si…?" y nada más. Por eso creí que no mandarían a nadie a rescatar a Birkin, porque pensé que no les importaba… Pero ahora que las cosas se han salido de control…
Espero estar a tiempo… Espero que no sea tarde… Espero poder matar a Birkin yo mismo.
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— Tenemos que quedaros aquí hoy— decía Ada—. Ya oscureció y Billy está herido… Tiene que descansar— Exageraba, ambos los sabían… Recién había caído la noche y Coen ya estaba puesto de pie.
— Pero Claire…— Comenzó a protestar Chris.
— Ella tiene razón— habló Leon—. Y todos estamos cansados. Mira a Steve… No puede dar un paso más. Si quieres tú y yo vamos a buscar a Claire…pero que los demás se queden a descansar. Si la encontramos volvemos aquí, pero…
Era utópico… Era darle a Chris esperanza hueca y él lo entendía porque un mensaje subliminal venía implícito: "No será fácil encontrar a tu hermana con vida. Soy tu amigo y puedo acompañarte hasta el final del camino pero creo que no conduce a ninguna parte. No caminaremos para simplemente encontrarla y volver…".
— No… Déjalo así… Claire estará bien— dijo apático y con la mirada ida.
No lo creía en realidad, no como se oía… Tal vez el "Estar bien" no tenía que ser referente a este mundo, ¿verdad? Quizás la resignación le comenzaba a invadir de a poco.
¿Es difícil resignarse? ¿Es difícil en realidad?... ¿Era esa sensación la que anegaba a Chris o era la confianza de que Claire sí estaría bien?
Tal vez la madre de todos estaba sonriendo.
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La Luna, a pesar de no estar llena, brillaba en el cielo de la noche como la sonrisa del gato de Cheshire.
— ¿Qué vamos a hacer cuando salgamos de aquí? — se dirigió Leon a sí mismo.
Se hallaba en compañía de It y miraba con curiosidad a través de la puerta, hacia la Luna o, en su defecto, hacia el estacionamiento y al cadáver que ahí yacía.
Lo habían registrado. Le quitaron la ametralladora y revisaron su ropa pero no encontraron nada realmente útil. No le dieron ningún entierro digno, nada, ni un adiós. No llevaba consigo identificaciones o similar; en su uniforme, el bordado "Umbrella" no despejaba muchas dudas. Simplemente…lo habían dejado ahí.
Ahora estaban dentro de la bodega, se disponían a pasar la noche ahí. Leon hacía la primera guardia; estaba sentado en el piso, justo frente a la doble puerta de cristal, con las piernas estiradas cuan largas eran e It descansando las cabeza sobre una de ellas… Parecía dormir, mas sólo tenía los ojos cerrados.
A la espalda del rubio se hallaba el mostrador, en el cual se recargaban tanto él como su rifle.
It suspiró.
— ¿Sabes? Cuando nos vallamos de aquí o alguien nos rescate, voy a comprarte una pizza tamaño familiar para ti solo… ¿De qué la quieres? Carnes frías, seguro ¿eh?
El albino movió el rabo y continuó acurrucado.
— Quién sabe, tal vez y sí no rescate alguien. ¿Crees que los de Greenpeace vengan por ti? — le preguntó.
Su mascota abrió lo ojos y lo miró. Parecía sonreír, parecían hacerle gracia sus comentarios. Pero lo más extraño era que daba la impresión de entender lo que el rubio decía.
— Sí… Seguro Greepeace viene por este cachorro. Con un poco de suerte podrían confundirte con un lobo. ¿Por casualidad no estás en peligro de extinción? Porque creo que así se darían más prisa en venir.
La mascota bostezó y se echó de lado con la espalda al mostrador y la cabeza sobre el muslo de Leon. Volvió a suspirar.
El policía le acarició el cuello mientras miraba la Luna a través de las puertas de vidrio.
Un día más ahí, una noche más…
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Ada, sumida en total reflexión, se hallaba en la parte trasera de la bodega, sola. ¿Cómo hacer para que Billy se fuera en busca de Birkin sin levantar sospechas?... Eso le aquejaba un poco, al igual que la 'condición' de Coen (otra exageración). Hey, él estaba bien.
"¿Y si voy con él?" se preguntó, pero de inmediato acalló esa idea. Ella debía quedarse y salir de la ciudad con todos los demás; era lo que la madre de todos quería y mandaba. Además, debía limar asperezas con Steve. Considerando que eran de los poco sobrevivientes, resultaba muy difícil seguir evitándose. Ella y él tenían que hablar, sostener una charla y que la mujer sacara de su pecho eso que llevaba tiempo molestándola, que le dijera a Steve las cosas que sabía y que siempre le ocultó por creerlo demasiado inmaduro.
A fin de cuentas, ¿quién era ella para negarle algunas verdades que le concernían?
Bah, daba igual; lo había hecho porque mucha información de 'esa' clase en una cabecita así de inestable no hubiera dado como resultado algo bueno. Pero pronto hablarían, sí, y Steve se daría por enterado de un par de cosas relevantes.
Billy llegó a donde estaba Ada. Ambos se miraron largo rato sin decir una palabra hasta que la mujer rompió el silencio
— Debes irte— le dijo y evadió su mirada.
Él no respondió. ¡Por supuesto que ya lo sabía!...pero… ¿lo aceptaba, le gustaba?
— Encontraré una manera para que te den por muerto. Será fácil
"Wow, qué alegría me da oír eso" pensó con sorna.
El hombre de cabello largo dio unos pasos hasta la pared y se recargó en ella. Sus heridas, vendadas, ya no dolían.
— Billy— le llamó al ver que no respondía—. Billy…— "Por Natura, di algo o te haré marchar a punta de cachetadas".
— Billy…
Se estaba exasperando…
Ella se acercó a él caminando a trancos.
— ¡Di algo o márchate de una vez! — vociferó.
Ada estaba algo desconcertada, enfadada quizá, y se inclinó para tomar al hombre de su ropa y exigirle una respuesta. ¡Él no podía simplemente decir "No" y acobardarse! ¡No podía dar marcha atrás justo ahora!
No obstante, antes de que ella lograra aprisionar la playera de Coen entre sus delgados dedos, él tomó su muñeca con fuerza suficiente para detenerla y desconcertarla aún más pero sin llegar a lastimarla.
De nuevo, la asiática murmuró el nombre del otro mientras, esta vez, se miraban cara. Cabe destacar que por la posición de Ada, Billy hubiese podido tener un panorama de las mil maravillas; cúlpese al escote de ella. No obstante, eso no le importaba gran cosa al prófugo, sonreía, de hecho; pero porque había logrado hacer enfadar a Ada y ver esa expresión en una mujer así valía oro.
— ¿Crees…— comenzó a decir Billy antes de liberarla con delicadeza—crees que podamos salir de aquí con vida y…que nos volvamos a ver?
El gesto de enfado abandonó a Ada y le siguió uno que nunca solía tocar su piel: El sonrojo; uno diluido mas nítido y que Billy supo captar y apreciar.
— Huh…— Ella no sabía qué responder, volverse a ver no era algo que estuviera en sus planes. Allende, creía que Coen desvariaba, que estaba diciendo tonterías. Se irguió completamente y le dio la espalda. Acto seguido, ignorando su comentario: — Vete ya… Se hace tarde.
— Ada. — Había algo en su forma de pronunciar aquella palabra, algo que había cambiado desde que se conocieron.
De improvisto, ella sintió las manos de Billy que apenas se aventuraron a rozar la piel de sus antebrazos.
— ¿Crees que pueda ser así? — habló cerca de su oído, en voz baja—. Ada…
¿Por qué diablos tenía que pronunciarlo así?... Como si se conocieran de tiempo o fueran amigos… Como si doliera la separación o…posiblemente…sólo como una pequeña posibilidad:… Como si la idea de no volver a verse fuera lo que preocupara en mayor importancia.
Al diablo… Sin girarse para verlo a los ojos, la mujer tomó una de las manos de Coen y habló intentando no mentir, tratando de poner un poco de honestidad en cada palabra:
— ¿Y tú crees…que si te digo que sí podrás irte y…tal vez volver?
Billy asintió en un murmullo y acercó más su cuerpo al de ella.
¿Quién podía saberlo? Quizá él se iría y volvería, quizás no era el clásico hasta nunca sino más bien el ameno hasta pronto, quizás ella de verdad creía eso, quizás quería que así fuera…
¿Quién podría saberlo? Tal vez no era el fin de una efímera relación… Tal vez…
Y no era el frío, de eso nada, no era la falta de más compañía ni los traumas psicológicos sufridos lo que provocaron ese acercamiento entre ambos; no fue el hecho de saber que se marcharía solo lo que hizo que Billy acercara más y más su cuerpo al de la mujer y que la abrazara con austeridad, por el simple gesto, porque era un abrazo y punto, porque sentía que quería hacerlo y que podía, que ella se lo permitiría. Y a decir verdad, así fue. Ada permaneció quieta y en silencio, sin reproches ni reclamos, con su cabeza inclinada hacia atrás apoyada en el pecho de Billy.
Hacía tanto tiempo que ella no se sentía así, tantos años sin que un hombre la tocara de aquella forma. La recorrían sensaciones conocidas y nostálgicas pero tan empolvadas que parecerían nuevas. No sería mentira decir que hace más de veinte años un hombre no se acercaba a ella así… Veinte años… Tanto tiempo sola; tantas noches desde aquélla en la que ella misma decidió que sería mejor estar sola… Sin esposo, sin prole, sin compañía alguna para poder recorrer cada trecho del camino sin tener que cuidar de alguien más.
— Vete— dijo por no primera vez en la noche y Billy se separó de ella apenas un ápice tan pequeño que ni la luz ni el viento podrían marcar la distancia entre ambos.
— Cuando esto termine…te buscaré.
Acto seguido, tomó el mentón de Ada para girar su cabeza hacia sí y plantarle un beso en la sien. La mujer sólo atinó a cerrar lo ojos, dejar que el momento pasara y luego apartarse de él con cierta brusquedad al tiempo que volvía a pedirle que se fuera ya, a lo que él finalmente accedió sin más protesta que un espero verte pronto.
Ada le dio su Browning H P con todas las balas que traía y trató de sonreír mientras él salía por la pequeña puerta trasera de la bodega… Sin embargo, simplemente no pudo hacerlo… No pudo sonreír.
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Steve levantó el rifle y lo puso sobre el mostrador para luego sentarse donde había estado el arma: Junto a Leon. Desde su lado, It le dirigió una mirada al pelirrojo.
"Este muslo es mío". Y removió su cabeza sobre la pierna del rubio.
Steve no le dio importancia; abrazó a Leon de lado, por el cuello, y apoyó la cabeza en su pecho.
Por su parte, el policía no podía apartar la mirada de las piernas del joven: Heridas y vendadas al fin y al cabo, pero blancas, largas, de excelentes proporciones y suaves al tacto. Al final de su embelesamiento (luego de un rato muy considerable), pudo hacerle una pregunta:
— Steve… ¿Dónde diablos están tus pantalones?
— Me los quité, ¿no se nota? — respondió con ese tono burlón y sarcástico que tal vez nunca abandonaría por completo—. En la bodega hace calor— se quejó.
Kennedy únicamente suspiró resignado y lo abrazó. Al menos su playera azul-oscuro le cubría una parte de su santa anatomía; ya era ganancia, ¿no? Y es que tampoco llevaba nada de calzado.
— Ponte algo en los pies, ¿quieres? Vas a enfermarte.
El pelirrojo agachó la mirada al mismo tiempo que encogía las piernas.
— Es que…mis tenis están ensangrentados.
— Oh, basta… No pongas esa cara.
Leon comenzó a acariciarle la espalda.
— Es que me da asco— habló en voz baja y con la miradas triste—. Me da asco ver sangre — se sinceró.
Mas no era "asco" la palabra correcta sino más bien "miedo" u "horror". Caso muy diferente en Leon; él no se asustaba cuando veía un poco de sangre. Inclusive, cuando desvirgó a Steve llegó a rasgarlo y hacerle sangrar; ambos vivieron un pequeño episodio de "shock", de eso no cabe duda, era inevitable, pero pasada la conmoción Leon le compensó… Había lamido toda la sangre de su piel en un acto dulce, amoroso y, más que nada, impulsivo y erótico. Leon no había resistido la tentación de probar la piel del joven de aquella forma, tan repentina, sintiendo su cuerpo estremecerse a cada roce de su carnosa lengua, y al final para poder disfrutar de un gemido ahogado cuando lamió su entrada lentamente…
— Basta— le reprochó un Steve sonrojado que no hacía más que atrapar sus pensamientos subidos de tono.
— Lo siento— se disculpó en el acto—. Estaba recordando y yo… No me di cuenta de… ¡Ejem! — se aclaró la garganta únicamente para callar y, sólo entonces, darse cuenta de que la mano que antes acariciaba la espalda del menor se hallaba ahora en su cintura.
— Lo siento— volvió a repetir en un susurro y se limitó simplemente a abrazar al pelirrojo.
Ok, ya era suficiente, ¡ya era demasiado, de hecho!... It se levantó como si algo le hubiera pinchado. Estaba bastante colmado de Steve, de su olor, de sus miradas. Bah, que lo partiera un rayo, él no se iba a ensuciar las patas con el huérfano. Se marchó de la recepción de la bodega, pero apenas se hubo ido, un grito agudo se dejó oír en derredor.
Parecía venir más de afuera de la bodega que de cualquier otra parte, mas aún así Leon y el pelirrojo se levantaron para dirigirse hacia la parte trasera del establecimiento. Y es que el grito, casualmente el de una mujer, se asemejaba mucho a la voz de Ada.
Al instante, Leon le preguntó a Steve por ella.
— No lo sé… Creo que estaba con los demás allá atrás— contestó, si no con un deje de fastidio, al menos con un poco de indiferencia por tratarse de Ada.
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La mujer de ojos rasgados volvió a gritar en un tono lleno de desesperación, casi parecía miedo.
Al entra de nuevo a la bodega, por la puerta de atrás (justo cuando Jill, Chris e It arribaban atraídos por los gritos), cerró de un portazo y se recargó en el helado metal a su espalda. Llevaba el vestido desgarrado, colgando jirones de tela negra salpicados de lentejuelas en su muslo derecho, jadeaba y tenía el cabello alborotado.
— ¿Qué pasa? —dijo Chris, algo conmocionado.
En eso, llegaron Steve y Leon.
— Billy…—comenzó a pronunciar Ada en medio de sus jadeos—. Billy…—su rostro se descompuso en algo que parecía tristeza y su respiración agitada asemejaba sollozos ahogados—. Se… Algo se lo llevó. — Agachó la mirada y con el puño golpeó la puerta a su espalda como un gesto de impotencia de alguien que ha fracasado.
En ese momento, It sintió gran admiración por ella… Era tan buena actriz… Las facciones de su rostro no delataban la mentira y, en realidad, se veía preocupada, lucía triste.
Lo que el perro-lobo ignoraba era que probablemente ella se había metido demasiado en el papel, que quizás parte de aquello no era una actuación, que tal vez sí sentía algo triste…
¡Bah! El detalle de haberse rasgado el vestido y desordenarse el pelo era lo que llamaba la atención del albino, lo importante, lo que le distraía de intentar escrutar el interior de la mujer en busca de mentiras (aunque de antemano estaba convencido de que todo era una farsa para que Billy partiera).
Qué buena actriz…
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CONTINUARÁ…
Galdor C.
