Como siempre me he retrasado unos días, pero es que había escrito un capitulo demasiado largo y quedaba algo raro, así que he decidido dividirlo en dos, el siguiente aún no está terminado, pero le queda poco. Trataré de actualizar lo antes posible, pero no digo un día porque luego no lo cumplo.
Siento el retraso.
Muchas gracias a Bea y NereaCullen por sus comentarios y también a todas las lectoras. Muchas gracias de verdad!
Los personajes no me pertenecen, son de S. M.
Capítulo 10.
~ Adivina quien viene a cenar ~
Jasper había venido a buscar a Alice a las once de la mañana para coger un vuelo a Alabama donde pasarían el fin de semana de Acción de Gracias con la numerosa familia de Jasper.
Alice se había pasado los últimos tres días de lo más nerviosa, no dejaba de dar vueltas por la casa, probarse distintos modelitos y ensayando frases de cortesía.
Yo había intentado tranquilizarla, pero nunca había sido muy buena en ello, cuando Alice se ponía nerviosa no se podía hacer nada, excepto quizá emborracharla, y temía que ni siquiera aquello pudiera hacer que se relajara.
Sabía que Alice no tendría ningún problema, ella era encantadora, le gustaba a todo el mundo y no conocía a nadie que pudiera decir algo malo de ella, así que seguro que la querrían al instante, sobre todo si se parecía a Jasper.
En cuanto la puerta del piso se cerró me di la vuelta en la cama, intentando dormir un para de horas más, pero estaba segura de que no podría.
Era el día de Acción de Gracias y yo no tenía nada que agradecer, al contrario, parecía que tenía todo por lo que lamentarme.
Había decidido pasar aquel día como cualquier otro, aunque levantándome algo más tarde. Incluso puede que hasta intentara ordenar mi cuarto que comenzaba a ser vergonzante, el habitual desorden se había convertido en un caos.
Me levanté a la dos y me duché, en cuanto salí de la ducha el móvil comenzó a vibrar sobre la mesita de noche. En la pantalla apareció el nombre de Rosalie.
"Ey Rose, ¿cómo va eso?" le pregunté nada más descolgar el teléfono.
Intenté sonar lo más animada posible, sabía el motivo de su llamada.
"Bien, bien, ¿y tú?" pareció dudar durante un momento "¿Qué planes tienes para hoy?"
"Pues no tenía pensado hacer nada especial. Adelantar algunas cosas de clase y..."
"Oye, ¿sabes que puedes venir a cenar con nosotros?"
Sacudí mi cabeza aunque ella no pudiera verme. Los Hale me caían muy bien, lo último que quería era pasar la noche con ellos.
"Rose, no te lo tomes como algo personal, pero prefiero pasar el día sola"
"Entonces, ¿qué tal si comemos juntas?"
"Claro"
Estaría bien salir aunque fuera un par de horas, tenía la sensación de que solo salía del apartamento para ir a la facultada o para trabajar. Me sentaría bien. Ya recogería mi habitación otro día.
"¿Te parece bien que nos veamos en ese sitio de la Quinta Avenida, el Dewey's Flatiron, en una hora?"
"Perfecto, allí te veo"
Por suerte Rose había escogido un sitio que aunque era bastante conocido era también muy informal, no tendría porque arreglarme mucho.
Ya hacía mucho frío, pero al menos no llovía. Cuando entré en el restaurante diez minutos antes de la hora, suspiré aliviada, la calefacción estaba encendida y no había mucha gente, a pesar de ser festivo, pero pensé que mucha gente se habría ido fuera de la ciudad para pasar esos días o estaría en su casa preparando la cena.
Rosalie no tardó mucho en llegar, con una gran sonrisa en su cara y las mejillas sonrosadas, también me di cuenta de que llevaba la misma ropa del día anterior. Además en sus ojos había un brillo que nunca le había visto.
"Rose, ¿tienes algo que contarme?"
Su sonrisa se ensanchó aún más mientras se quitaba el abrigo y los guantes y se sentaba a mi lado.
"Primero pidamos"
Estudiamos la carta durante unos minutos aunque siempre que íbamos a ese sitio sabíamos que tomar, una grasienta hamburguesa doble.
"¿Y bien?" le pregunté una vez que pedimos y el camarero hubo traído nuestras bebidas.
"He pasado la noche con Emmet"
Me había imaginado eso, pero se me hacía incomprensible como habían sido capaces de aguantar tanto tiempo, sobre todo por la forma en la que Rosalie hablaba de él.
"¿Y?" la animé para que me contara más.
"Fue todo distinto" se quedó callada durante unos segundos se sonrojó como si estuviera recordando aquella noche "Fue muy cariñoso y delicado, lo había preparado todo. Creo que..."
Rosalie se interrumpió pero yo sabía que era lo que iba a decir.
"¿Crees qué?"
"Es una tontería, es imposible. Solo hemos estado juntos unos dos meses"
"Rose, has pasado mucho tiempo con él, estáis siempre juntos. Además yo nunca te había visto así"
"¿Así cómo?" parecía asustada por mis palabras.
"Tan feliz"
Quizá Rosalie aún no estuviera preparada para decir que estaba enamorada de él y lo entendía, siempre lo había pasado muy mal y había construido una especie de muro que no dejaba que nadie traspasara. Pero ahora todo era distinto. Rose se comportaba de forma muy distinta, estaba alaegre y ya no actuaba como una bruja con los desconocidos, además se mostraba más inclinada a hablar de sentimientos que antes, cuando parecía que lo único que le interesaba de los hombres era el sexo.
"Cuéntame más" le animé.
"Preparó una cena en su apartamento, pero la verdad es que la comida estaba horrible" Rose se rió "No le dije nada pues sabía todas las molestias que se había tomado"
Eso era exactamente a lo que me refería, normalmente lo que Rosalie hubiera hecho sería tirarle la comida a la cara y amenazarle con denunciarle por intento de envenenamiento para luego no volver a verlo nunca más.
"Después me dijo que era la chica más especial que había conocido. Dios Bella, si hubieras visto sus ojos"
Sonreí y asentí como si supiera lo que quería decir aunque en realidad no lo hacía.
"Y bueno, una cosa llevó a la otra" continuó "Nunca nadie había sido tan tierno conmigo, tan dulce. Cada poco me preguntaba si estaba bien, porque te lo juro Bella, nunca he visto nada igual, si hubieras visto su po..."
"¡Rose!"
Y ahí estaba mi amigo, las viejas costumbres nunca mueren. Miré hacía lo lados, pero por suerte el restaurante estaba prácticamente vacío.
"Oh, vamos Bella" bufó "Estoy segura de que con Edward no te dedicas a jugar al ajedrez"
"No, pero no me gusta ir por ahí hablando de eso"
"No es como si lo publicara en el USA Today, aunque estoy segura de que les gustaría saberlo" se rió "Venga, somos amigas y las amigas se cuentan esas cosas"
"Yo nunca lo he hecho y no lo haré. Es algo muy personal"
Por suerte el camarero llegó en ese momento con los platos, sabía que Rosalie insistiría hasta que le contara algo.
"Dime, ¿qué tal es?" Por lo que me ha contado Em debe saber un par de truquitos"
"¿Qué te ha contando" soné más ansiosa de lo que pretendía, pero me moría por saber más cosas de Edward.
Rosalie le dio otro mordisco a su hamburguesa y no habló hasta que terminó de masticarla, lo que hizo con extrema lentitud. Me estaba poniendo de los nervios.
"No me ha dicho mucho, solo que se ha acostado con muchas tías y que ellas luego se arrastran detrás de él para tener algo más. Algo les tendrá que dar"
Aquellas palabras rescataron un temor que llevaba persiguiéndome la última semana. Según las normas de Edward tan solo nos quedaba una última noche juntos y eso lo detestaba.
Ahora cobraba sentido lo que me había dicho la primera noche que pasamos juntos; yo no tendría suficiente. Pero tenía que asumirlo, no quería ser una de esas chicas que lo perseguían para conseguir un polvo. Eso resultaba patético.
Aquello me puso en un horrible estado de ánimo y Rosalie se debió notarlo.
"Bella, ¿estás bien?"
"Sí claro" sacudí mi cabeza como intentando alejar aquellos pensamientos de mi mente. "Es solo que estoy cansada, han unas semanas un poco agobiantes."
Rosalie sonrió.
"Sé lo que estás haciendo y no lo vas a conseguir"
"¿Qué estoy haciendo?" pregunté.
"Cambiar de tema. Por favor, cuéntame algo, me muero de curiosidad"
Quizá era mejor hablar del sexo que de lo que estaba pasando por mi cabeza.
"¡Está bien1" exclamé mientras me acercaba más a ella y bajaba el tono de mi voz para que nadie pudiera escucharme "Es genial. Quiero decir, nunca había sentido algo parecido. Creo que conoce mejor mi cuerpo que yo misma. Nunca en mi vida había disfrutado tanto"
Me sonrojé ligeramente al recordar las manos de Eward sobre mí, sus caricias. Todo.
"Eso es genial Bella" Rose volvió a sonreír, pero tan solo durante un momento, luego frunció el ceño. "¿Y ahora qué?"
"¿Qué quieres decir?"
"Tu me has dicho que tan solo se acuesta con alguien tres veces y vosotros ya los habéis hecho dos. ¿Estás bien con eso?"
Me encogí de hombros "No me queda más remedio"
"No es eso lo que te he preguntado.
Me miró fijamente a los ojos esperando por una respuesta, pero yo no sabía que decirle. Se le decía lo que realmente pensaba Rosalie me reprocharía que hubiera accedido a aquella especie de acuerdo, que yo no era así y que no estaba preparada para eso. Aunque sabía que era verdad, no quería darle la razón-
"Solo estoy disfrutando del momento, Rose" recé para sonar lo más convincente que posible "Por primera vez no quiero preocuparme de nada"
"Pero..."
"No Rose, sé lo que me quieres decir. Pero de verrdad, solo quiero disfrutar, disfruta un poco, después de todo creo que me lo merezco. No quiero tener que andar dándole en la cabeza vueltas a todo ni preocuparme"
"Está bien"
El resto de la comida estuvimos hablando de cosas sin importancia, como las clases y cotilleos de los compañeros y nuestros amigos. El tiempos se nos pasó volando, cuando nos dimos cuenta eran las cinco de la tarde y Rosalie había quedado con sus padres a las seis y media.
Yo volví al vacío apartamento, aunque me llevó casi una hora llegar hasta él, el desfile de Acción de Gracias de Macy's tenía a la ciudad paralizada. Puse la televisión, aunque realmente mi mente estaba en otra parte. Ese día los recuerdos me acosaban más que de costumbre, era una tontería, pero no podía hacer nada para evitarlo.
Me levante´y caminé por el piso, deteniéndome en una de las ventanas, desde ella podía ver los pisos de enfrente. En uno de ellos se veía el comedor, una numerosa familia estaba sentada a la mesa, hablando y riendo, parecían pasar una buena noche.
Una lágrima descendió por mi mejilla. Me alejé de la ventana, debería haber pasado ahí unos diez minutos, si me descubrían mirando pensarían que era una especie de loca.
Me hice un sandwiche para cenar, de pavo, la tradición era la tradición y lo tomé mientras veía unos de los capítulos de Acción de Gracias de Friends, ese en el que salía Brad Pitt. Jennifer Aniston me caía bien, no entendía como la había dejado por Angelina. Simpatía de despechadas, pensé con amargura.
Después de terminar la cena cogí la manta de cuadros y me tumbé en el sofá. Compré una película cualquiera de la televisión de cable y la miré sin mucho interés. No sabía por qué pero estaba muy cansada, miré el reloj, solo eran las nueve de la noche, pero mis párpados me pesaban mucho y cuando cerré los ojos no me opuse a ello.
En mi sueño se coló un inquieto sonido, era muy persistente lo que hizo que me revolviera en el sofá, abrí los ojos y vi como mi móvil brillaba y vibraba sobre la mesita del salón. Estaba muy desorientada y lo cogí sin mirar siquiera quien me llamaba.
"¿Sí?" mi voz era baja y ronca por el sueño.
"¿Bella?" apenas podía oír la voz masculina del otro lado, había mucho ruido.
"Sí, ¿quién es?"
"Edward" hubo un silencio "¿Estás bien?"
Me incorporé en el sofá intentando despejarme.
"Sí, es que me he quedado dormida, ¿qué hora es?"
"Casi las once" oí unas risas y voces cada vez más ruidosas "Espera un momento"
Supuse que estaba yendo a un lugar más tranquilo, donde pudiera hablar conmigo.
"Bella, ¿sigues ahí?"
Me sorprendí pensando en lo atractiva que sonaba su voz por teléfono.
"Sí"
"Bien, ¿qué haces durmiendo la noche de Acción de Gracias?"
No tenía escapatoria, cualquier cosa que respondiera sonaría muy triste. Sola en Acción de Gracias. Sí, sin duda se compadecería de mí.
"Um, es que no me apetecía hacer anda. Solo quedarme en casa"
"Vaya" ahí estaba la compasión, pero en un momento su voz volvió a ser alegre "Yo estoy en una especie de fiesta, si quieres puedes venir"
"La verdad Edward" me froté la frente mientras miraba mi pijama "Estoy cansada, creo que seguiré durmiendo un rato más"
"¿Estás segura? Te aseguro que lo pasaremos bien"
Su voz había descendido una octaba, haciendo que sonara de lo más sexy. Pero incluso la promesa de sexo no me animaba a levantarme del sofá. Me apetecía compadecerme de mí misma aquella noche.
"Estoy segura, pero muchas gracias"
"De todas maneras, te llamaba para otra cosa, ¿te apetece ir mañana de excursión conmigo?"
¿Una excursión? No entendía nada, solo teníamos sexo, un sexo estupendo pero eso era todo. Igual lo que quería era cumplir alguna fantasía suya.
Pero no me dio tiempo a pensar en nada más, me descubrí respondiendo.
"Claro"
"¿Sí?" parecía sorprendido.
"Si"
"¿Puedes estar en mi piso a las diez y media?"
"Ok, entonces nos veremos mañana"
"Claro, oye, ¿Bella?"
"Dime" empezaba a temer que fuera a pedirme algo más.
"Que descansases"
Sonreí, Edward era muy dulce "Gracias. Buenas noches"
"Buenas noches"
Esa noche apenas pude pegar ojo y por primera vez no fue por las pesadillas sino porque iba a ver a Edward.
A la mañana siguiente me sentía una estúpida, con todos aquellos nervios flotando a mi alrededor, igual que si volviera a tener 16 años y fuera a mi primera cita.
Por suerte sabía como iba a acabar el día, por lo que en teoría aquella expectación no debería existir, pero aún así las mariposas volaban en mi estómago. Deseaba a Edward, llevaba toda la semana fantaseando con él, así que cogí uno de los conjuntos que me había comprado con Alice.
Era ropa interior negra, no tenía nada especial pero el corpiño relazaba un montón mis tetas y llegaba hasta prácticamente por debajo de mi ombligo. Las braguitas eran mínimas, quizá fueran a resultar algo incómodas. Yo siempre había sido muy tradicional.
No sabía a qué clase de excursión se refería Edward pero si quisiera ir al campo o un sitio por el estilo suponía que me lo habría dicho, por lo que decidí ponerme unos vaqueros y las converse y una camisa azul encima.
Me miré en el espejo y me quedé un poco sorprendida. Aquel corsé hacía que mis tetas parecieran muy firmes e incluso grandes. Me decidí a desabrocharme otro botón de la camisa que mostrara mejor el resultado.
El piso de Edward tan solo se encontraba a veinte minutos de mi apartamento pro lo que decidí ir andando. Mis tripas rugieron y me paré en una cafetería a coger un café y un bollo.
Justo a las diez media estaba en la puerta de su piso, pero no me acordaba de que piso era.
Saqué el móvil y le llamé, por suerte no tardó en contestar.
"Soy Bella, estoy abajo" dije prácticamente sin separar las palabras. Estaba más nerviosa de lo que imaginaba.
"Sube" oí el click de la puerta "El tercero"
Las piernas me temblaban, yo nunca había sido así no tendía porque me tenía que pasar con él.
Cuando llegué al rellano vi la puerta medio abierta y entré en el apartamento. Busqué con mi mirada a Edward pero no le vi en ningún lado. Cerré la puerta y su voz me llegó desde lo que era el baño.
"Ponte cómoda. Ahora salgo"
Recorrí insegura el apartamento y me senté en el sofá, cogí una de las revistas que había encima de la mesita. Pasé las páginas pero no le presté atención, no sabría decir de qué trataba esa revista.
"Quieres tomar algo? Puedo hacer café"
Edward estaba enfrente de mí y tan solo llevaba una toalla anudada a su cintura. Me quedé sin aliento.
"¿Bella?"
Y sin palabras. Además le estaba mirando fijamente.
"No, he cogido uno de la que venía" sacudí mi cabeza y me obligué a mirar a otro lado.
"Vale. Tardaré diez minutos, ¿vale?"
Antes de que pudiera responder desapareció por la puerta. Yo me levanté, no soportaba estar sentada sin hacer nada. Me volví a acercar a la estantería del salón para echar otro vistazo a sus libros.
Pero esta vez me fijé en algo más, había un par de fotos enmarcadas. En la primera Edward estaba con Emmet en lo que parecía una cancha de baloncesto, Edward sostenía una pelota y miraba sonriendo a la cámara, Emmet a su lado ponía una mueca. Los dos estaban algo distintos, supuse que la foto tendría varios años.
En el otro marcho había dos fotos en realidad, aunque los protagonistas eran los mismo: Edwar y una chica rubia. La primera foto parecía haber sido tomada en una fiesta de fin de año, lo deduje por los estúpidos gorritos que llevaban. Pero lo que me dejó impactada fue que se estaban besando.
En la otra foto, estaban en la playa sentados sobre la arena. La chica estaba entre las piernas de Edward, descansando su cabeza en su pecho y él con sus brazos la rodeaba. Los dos reían y en los ojos de Edward había un brillo especial, parecía tremendamente feliz. Pero esas fotos también parecían de ser de hacía mucho tiempo.
Eso era muy extraño. ¿Por qué estaban esas fotos ahí? ¿Edward tenía novia? Eso era poco probable, no andaría ligando por toda Nueva York, ella se acabaría enterando, a no ser que tuvieran una relación abierta. Descarté ese pensamiento, las fotos tenían pinta de ser de hacía unos cuantos años, si era su novia, las fotos deberían ser más recientes, ¿no?
Pero sino era su novia ¿qué pintaban aquellas fotos allí? Era raro, yo había eliminado cualquier rastro de Jacob. Quizás no lo había superado y por eso se comportaba de aquella manera, sexo sin ningún compromiso. Esa era la mejor explicación que se me ocurría y me molestó profundamente.
"¿Encuentras algo interesante?"
La voz de Edward sonó justo detrás de mí, ni siquiera me había dado cuenta de que había entrado en el salón.
Me di la vuelta, ligeramente sonrosada pues sin duda se había dado cuenta de que era lo que estaba mirando. Me sentí mal por ello, como si estuviera invadiendo su intimidad, pero sacudí ese pensamiento, esas fotos estaban a la vista de todo el mundo.
"Tienes muchos libros" le dije sin atreverme a mirarle.
"Si te interesa alguno, puedo dejártelo"
"No gracias" sacudí la cabeza "Todavía tengo mucho que leer"
"Vamos" me dijo sacudiendo las llaves.
En ese momento le miré y lo encontré irresistible. A la luz del día era mucho más guapo, su pelo parecía brillar con más profundidad y el verde de sus ojos se acentuó.
Llevaba puesta una camiseta de los Ramones y unos pantalones vaqueros que le caían ligeramente por las caderas.
"¿Bella?" me preguntó al ver que no me movía.
"¿Uhm?"
"Respira"
No me había dado cuenta de que mientras le observaba me había quedado sin respiración.
Se acercó a mí y me apartó un mechón de pelo que se había deslizado por mi cara. Se inclinó un poco me besó en los labios, yo respondí inmediatamente, había echado mucho de menos sus contacto. Abrí ligeramente para que deslizara su lengua. Nos besamos con urgencia y me pegué mucho más a su cuerpo mientras pasaba los brazos por su cuello. Estaba completamente excitada.
Pero Edward se separó de mi y yo creo que emití algún tipo de sonido de disgusto.
"Si no paramos, estoy seguro de que no saldremos de aquí en todo el día"
"A mi me parece un plan estupendo" le dije con una tímida sonrisa.
"Llegaremos tarde"
"¿A dónde?" aún estaba inquieta por sus planes.
"Ya lo verás"
Cogió mi mano y tiró de mí en dirección a la puerta. Antes de salir se puso uno chaqueta de cuero. Y en cuanto le vi con ella quise desnudarle.
"¿Por qué no me dices a donde vamos?"
"¿Importa?" arqueó una ceja mientras bajábamos en el ascensor.
"¿Sí?" pregunté insegura.
"Lo pasarás bien, te lo prometo"
Decidí confiar en él. A pesar de que prácticamente no le conocía lo hacía. No sabía que había en él, quizá fueran sus ojos.
Además me apetecía pasar más tiempo con él del que dura un polvo.
Cuando llegamos abajo Edward me cogió de la mano, su mano estaba fría pero agradecí su contacto.
"¿Qué ta lo pasaste anoche?" no me gustaban los silencios.
"Bien. Cenamos unos amigos y luego salimos. Tendrías que haber venido, lo hubiera pasado mejor" me sonrió y sentí un hormigueo que recorrió todo mi cuerpo.
"¿Estuviste hasta muy tarde? Se te pegaron las sábanas"
"No, es que no dormí en casa"
Me tensé inmediatamente. Anoche estaba segura de que me había llamado porque quería follar y ahora estaba segura de que como yo no había accedido había buscado a otra.
La historia de mi vida.
Pero no tenía derecho a enfadarme, Edward y yo no éramos absolutamente nada, no tenía derecho a exigirle nada.
"Me quedé en casa de Emmet" me dijo como si leyera mis pensamientos. Se paró obligándome a detenerme "Bella, ahora solo estás tú"
Me quedé literalmente sin palabras.
"Sube"
Le miré algo desconcertada y vi como rodeaba el coche que estaba justo enfrente de nosotros. Lo único que podía decir es que era gris, era malísima para los coches.
Edward se subió y so salí de mi estupor y me metí yo también, parecía que íbamos a salir de la ciudad.
"Mierda, ¡qué frío!" casi grité cuando me senté.
Edward se rió "Ahora pongo el aire"
En cuanto encendió el motor me pareció que el aire caliente golpeaba todo mi cuerpo. También comenzaron a sonar los primeros acordes de Kashmir de Led Zeppelin. Además de tener buen gusto para los libros también lo tenía para la música. Me dio la sensación de que lo tenía todo.
Observé discretamente como conducía Edward, sujetaba con sus largos dedos con firmeza el volante pero con mucha seguridad. Conducía bien a pesar del horrible tráfico de Nueva York, íbamos rápido, pero cuando frenaba no lo hacía con brusquedad, me hacía sentir segura.
No entendía porque ver a Edward conducir me excitaba tanto. Aunque bueno tenía la sensación de que todo en Edward me volvía loca.
Cuando cogimos la I95 tras cruzar el puente de Washington me atreví a pregutnar una vez más a donde íbamos.
"Edward" giró la cabeza en mi dirección durante un momento "¿A dónde vamos?"
"A Connecticut"
No iba a ser un viaje de media hora.
"¿Qué hay allí?"
Me sonrió durante un momento "Deja de preguntar, no te lo voy a decir. Disfruta del viaje"
Era frustrante que no quisiera responderme y Edward debió darse cuenta de ello.
"¿Cuál es el último libro que has leído?" me preguntó para que me olvidara del destino y para iniciar una conversación.
"Manhattan Transfer"
Nos pasamos la mayor parte del viaje discutiendo la visión de la sociedad de los autores americanos de principio de siglo. No era un tema de conversación muy normal, pero la conversación fue muy fluida. Edward era muy gracioso y extremadamente inteligente, tuve que darle la razón un par de veces y no me importó, cosa rara en mí. La verdad es que lo estaba pasando muy bien.
Pero me di cuenta con tristeza de que no sabía absolutamente nada de él, ni a que se dedicaba e incluso cuantos años tenía. Y tampoco es que tuviera muchas más oportunidades para conocerlo.
A las dos horas de viaje Edward cogió una desviación pero no me dio tiempo a ver a donde nos dirigíamos.
"Estamos llegando" me informó, pero ahora estaba serio, parecía preocupado.
Yo fijé mi vista en la carretera. Íbamos por una zona residencial con casas grandes y blancas con jardín.
De repente en nuestro carril apareció un coche blanco, iba en dirección contraria y venía directamente hacía nosotros.
Cerré los ojos con fuerza y me agarré al asiento clavando mis uñas en la tela, contuve el aliento y sentí un volantazo que hizo que me inclinara hacía la derecha y otro hacía la izquierda.
"¡Mierda! ¡Será hijo de puta!" gritó Edward.
Me atreví a abrir los ojos de nuevo y vi que estábamos de nuevo en el carril, solos, no había pasado nada.
Pero de todas maneras sentí el dolor en mi estómago y solté un grito ahogado.
"Bella, ¿estás bien?" Edward me miró pero yo tenía como una especie de niebla en los en los ojos que me impedía ver bien. "Estás muy pálida"
"Para, por favor" le dije en un susurro.
"¿Qué pasa?" se giró hacía mí y su voz estaba preñada de preocupación.
"¡Para!" le grité.
Edward condujo hasta un lado de la carretera y en cuanto hubo parado salí como pude del coche, tambaleándome.
Di unos cuantos pasos y me incliné, el dolor era insoportable y la primera arcada no tardó mucho en llegar.
Edward se puso a mi lado y me sujetó el pelo mientras yo vomitaba, debería haberme preocupado que me viera, pero no me importaba, solo era capaz de concentrarme en aquel dolor. Él no se alejó de mí, y no paró de decirme que todo estaba bien mientras me frotaba la esapalda.
Después de unos minutos el dolor remitió y me incorporé. Tenía lágrimas en los ojos y aún sentía que la sangre no me corría por el cuerpo.
"¿Estás bien?" me preguntó Edward.
"Sí" le miré y vi la preocupación todavía en sus ojos "Me he mareado"
Edward asintió y me rodeó con un brazo la cintura, ayudándome a caminar.
"Vamos, estamos muy cerca ya" me abrió la puerta del coche.
Me quedé parada, no pensaba volver a subirme.
"Edward... no puedo"
"Serán solo dos minutos. Te lo prometo" me dijo mirándome a los ojos.
"No puedo" sacudí la cabeza.
"Bella, estoy contigo. Estarás bien"
Accedí aunque mis piernas temblaban, Edward me ayudó a subir y cuando él arrancó el coche puso su mano en mi pierna y la apretó ligeramente, pero no la retiró de allí en lo que quedaba de trayecto y yo traté de concentrarme en su contacto.
Edward redujo la velocidad hasta parar enfrente de una enorme casa blanca y de piedra gris con un gran porche y un amplio y cuidado jardín lleno de numerosos árboles y flores de todos los colores.
"Edward, ¿qué hacemos aquí?"
Se desabrochó el cinturón y se giró en mi dirección, me miró directamente a los ojos.
"Te lo diré pero no quiero que alucines"
"Creo que ya he alucinado bastante por hoy. Además ya no puedes seguir escondiéndolo, tienes que decírmelo"
Edward tomó aire.
"Es la casa de mis padres. Vamos a comer con ellos"
¿Qué os ha parecido? No ha pasado mucho pero era necesario, poco a poco las cosas avanzarán
