Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, todo lo que no se reconozcan pertenecen a mi persona, gracias!
Ey, hola, ¿hay gente aún por ahí? ¡Hola!
Ya, ya sé, "por qué te demoraste tanto en actualizar?", "debería darte verguenza!", "crees que es tan fácil de venir, volver y aparecer!"
LO SIENTO!
De verdad que lo siento, lamento las tardanza y todo, pero no hay excusas, las excusas agravan las faltas! Así que no diré nada :X me mantengo en silencio hasta que llegue un abogado...Broma! jajaja
Bueno, eh... Yo de verdad que quería actualizar hace mucho, pero la inspiración no llegaba y de verdad tenía que esperar a que viniera para no entregarles algo tan flojo, y bien, esto salió, ¿qué les parece? A mi no me convence xd pero bueno, es a ustedes a quienes debería convencer y darme su aprobación.
De todas maneras, aquí viene el doceavo capítulo... ¿Doceavo es o no? Oh diablos no recuerdo, como sea.
AGRADEZCO DE TODO CORAZÓN A CADA UNA DE LAS PERSONAS QUE ME HA DEJADO UN COMENTARIO! Me alegran la vida chicas, en serio! :c Sin ustedes no soy nada.
Espero este capítulo no se les haga un asco y les guste, aunque no hay mucho y a la vez hay mucho, bueno, prometo que para el próximo no me demoraré mucho, en serio, y si lo hago, les doy el permiso de matarme :c jsjasjsa ya bueno.
Saludos! Espero disfruten la lectura.
Para hacerlo todo otra vez.
Día 0/Día 1.
Goku siempre había sido un hombre positivo, no había tenido una vida fácil, ni tampoco había tenido las mejores cosas. Sabía que siempre que se caía se debía levantar y nunca culpó a nadie por esas caídas, a Goku le gustaba caer para demostrar qué tan fuerte era en el momento en el que volvía a levantarse.
Pero en ese momento no podía dejar de pensar en que quizá, esta vez, levantarse iba a costar diez veces más. Y se sintió víctima de la situación, ¿por qué las cosas no podían seguir yendo como lo estaban haciendo?
Sintió como una mano tibia tocaba sus manos con suavidad y tuvo la repentina necesidad de alejar aquella piel de las suyas. No era la piel cálida y suave de ella, y si no era así entonces no le servía.
— Ey —Susurró una voz en bajo tono—, estará todo bien.
Goku no quiso levantar la vista para ver los ojos celestes de Bulma cargados de consuelo, no necesitaba de eso, no necesitaba que alguien más le hiciese darse cuenta de lo patético que podía verse en ese momento.
Solo se limitó a asentir, no quiso responderle porque de seguro que a su amiga no le gustará su respuesta.
Él lo sabía, nada estaba bien.
Suspiró.
Milk había entrado en aquella sala hace más de dos horas, ¿cómo es que nadie era capaz de salir a hablar con ellos y decirles cómo se encontraba Milk? Se estremeció al recordar como la había encontrado.
Aún le dolía el hombro.
Sus ojos negros se pegaron en el techo blanco de la habitación, sintiendo como una leve sensación de angustia se apoderaba rápidamente de su pecho. Palmeó el lado de la cama y al sentirla fría frunció el cejo en una mueca extrañada, ¿dónde había ido Milk?
Frotó los nudillos en sus ojos y bostezó, ¿qué hora era?
Se levantó de la cama y se colocó ropa interior, había aprendido —a la mala— que no era bueno salir desnudo de su habitación.
Pronto se vio cruzando el pasillo para ir hacia el baño, al intentar abrirlo se dio cuenta que este estaba cerrado con pestillo. Torció el gesto al sentir una extraña sensación implantarse de pronto en lo más profundo de sus entrañas.
Golpeó la puerta, una, dos y tres veces. Pero nadie contestó.
— ¿Milk? —Preguntó en un susurro quedo—, ¿estás ahí?
Nuevamente nadie le contestó.
Golpeó otra vez y dijo el nombre de su mejor amigo.
— ¡Krillin!, ¿estás tú aquí? —Nuevamente nadie le respondió.
Se comenzó a poner nervioso, odiaba el sentimiento de nervios.
— ¿Yamcha?
Nadie.
Golpeó aun más fuerte y pegó su oreja a la puerta, no se oía la regadera ni tampoco a alguien allí adentro. Silencio, era lo único que él podía percibir.
— Milk —Dijo seguro completamente, ahí adentro estaba su chica y no se encontraba bien, lo podía sentir—, ¡Milk responde! —Gritó.
Golpeó más fuerte, causando que la puerta se remeciera levemente.
— Si no me contestas abriré la puerta a la fuerza, ¿me has oído? —Gritó.
Fue entonces cuando los nervios lo carcomieron con mucha más velocidad. Realmente Milk estaba mal.
Dos, cuatro, seis… Se lanzó directamente hacia la puerta del baño con fuerzas, golpeando su costado izquierdo en la madera. Diez veces y la puerta cedió, dejando resentido el hombro de Goku.
Pero su hombro no era nada en comparación al temor que sintió al ver a su chica en el suelo del baño, con un charco de vomito a su lado izquierdo, mezclado con sangre oscura que se esparcía desde su nariz.
— ¡MILK!
Se pasó una mano por su cabeza, sintiendo como en sus paredes cerebrales todavía hacía eco el grito de terror que había soltado al verla.
Bulma acarició su espalda y volvió a susurrar.
— Ya pasará —Prometió la chica.
Goku se levantó del asiento, mareado y comenzó a dar vueltas por la sala, bajo los atentos ojos de Krillin, Vegeta, Yamcha y Bulma.
No quería devolverle la mirada a ninguno de ellos, no podía hacerlo.
Fue entonces cuando salió un hombre sin cabello con un blanco bigote, vestía una bata blanca y tenía grandes anteojos que cubrían gran parte de su rostro.
— ¿Familiares de Ox Milk? —Preguntó el doctor.
Goku fue el primero en llegar a él, detrás de él fueron Krillin, Bulma y Yamcha, los cuatro muchachos miraron expectante al médico.
Él suspiró.
— ¿Quién es familiar de la señorita? —Preguntó con voz cansada. Bulma respondió.
— Él es su novio —Puso una mano encima del hombro de Goku y el médico miró fijamente a los ojos negros e imperturbables del joven.
— Le hicimos un escáner al cerebro —Comenzó a decir, Goku torció el gesto, obviamente completamente confundido. Él odiaba el hospital y todo lo que tuviese que ver con él, odiaba a los doctores y por sobre todo a las agujas así que nunca antes había pisado uno y no entendía nada de la "jerga" de los médicos.
— No entiendo, ¿qué le hicieron? —Preguntó, completamente confundido.
Él médico hizo una mueca de extrañeza hacia el chico y Bulma colocó ambas manos en los brazos de su amigo.
— Yo te lo explicaré luego, siga por favor, doctor —Pidió ante la mirada molesta del muchacho de alborotados cabellos negros.
— Bueno —Continuó—, le hemos realizado algunos exámenes a la chica, hay un problema con su cerebro pero no podemos analizarlo bien porque ella en este momento se encuentra en estado de coma —Soltó para luego añadir—, lo siento mucho.
Bulma dio un paso hacia adelante, con sus redondos ojos azules bien abiertos.
— P-pero, ¿cómo? Quiero decir, ella ayer en la noche estaba bien… Digo —Se mordió el labio inferior y miró fijamente a su mejor amigo, él la miró aun completamente confundido, Bulma suspiró y bajó su cabeza, como si pronto se fuese a arrepentir de sus propias palabras—, escuche —Le dijo al doctor—, hay… Algo que no le hemos dicho —aseguró—, Milk parecía estar enferma estos últimos días, como si… Como si no recordara algunas cosas, quiero decir, como si estuviese a veces completamente confundida, como si estuviese perdiendo su memoria.
El doctor la miró fijamente por unos minutos y frunció el cejo.
— ¿Ella ha tenido alguna clase de golpe en la cabeza en este último tiempo? —Preguntó, preocupado y sus ojos detrás de los lentes se pegaron instantáneamente en Goku.
El moreno bajó la vista al suelo y susurró con voz pesada, como si en verdad no le gustase para nada tener que decir lo que estaba a punto de decir.
— Creo que ella tuvo un accidente cuando era pequeña —Dijo.
Los ojos de todos los presentes, incluso de Vegeta, se pegaron en el rostro imperturbable del muchacho.
— Eso me lo dijo ayer —Respondió a la pregunta mental de muchos en aquella sala—, yo… Ella dijo que un día iba con su madre y que tuvieron un accidente, su mamá murió y ella quedó en coma como por meses, cuando despertó el médico le dijo que estaría bien pero luego de un tiempo ella comenzó a olvidar cosas y se sentía desorientada la mitad del tiempo —Continuó sin detenerse en ningún minuto—, luego dijo que se desmayó y la llevaron al hospital, en donde pasó dormida su cumpleaños, luego cuando despertó ella creía que volvía a tener doce años.
Krillin abrió completamente sus ojos y tartamudeó en su puesto, mirando aun a su mejor amigo.
— Cuando… cuando la encontraste ella dijo que…
— Sí —Contestó Goku sin devolverle la mirada al calvo—, cuando la encontré perdida en la calle ella dijo que lo último que recordaba era que estaba a la espera de su cumpleaños, de su cumpleaños número 13.
El médico abrió sus ojos tantos que Bulma estaba seguro que de un momento a otro estos se le saldrían de las cuencas.
— Entonces… —Susurró él—, necesito a algún familiar de ella, alguien que la conoce desde el accidente o algo así, ¿no tiene padre? —Preguntó mirando detrás de los chicos, como si estuviese esperando que el papá aparecieras en medio de la habitación.
Eso no pasó.
Sin embargo, desde el final de aquel pasillo se vio una figura impotentemente alta y maceteada.
— Sí lo tiene —Dijo el hombre con voz ronca—, Ox Satán, yo soy su papá, ¿dónde está Milk?
[*]
— Me costó llegar aquí.
El doctor estaba sorprendido, no solo por la altura del gran hombre, si no porque no parecía espantar a nadie y además, el hecho de que parecía bastante tranquilo luego de haber visto a su hija con tubos puesto en sus narices para ayudarla a respirar.
— ¿Qué le sucedió? —Preguntó con curiosidad.
El hombre grande jugueteó con sus dedos, parecía completamente avergonzado.
— Bueno, me descuidé por un momento, nunca pensé que Milk perdería el conocimiento y despertaría tan pronto —Aseguró y parecía avergonzado al no haberse dado cuenta de aquello—, ella desapareció por meses, ¡estaba tan asustado!, pero me alegró que esté bien.
Una genuina sonrisa se apareció por la cara del hombre.
— ¿Bien? —Preguntó el médico con incredulidad—, señor —dijo como quien no quiere la cosa—, su hija está en coma.
El hombre soltó una ligera risa y el médico se preguntó si no estaría bien internar a ese hombre por ser tan mal padre.
— Créame, esto sucede a menudo, a veces no tanto, pero ya han sido quince veces con esta que he pasado por esto —Respondió—, Milk tiene una extraña enfermedad cerebral —Dijo—, el doctor que la estudiaba dijo que no había nombre para su enfermedad, solo amnesia crónica, pasa un tiempo y ella comienza a olvidar algunas cosas, luego se desmaya y entra en un estado de "coma" por algunos días, luego ella despierta y vuelve a creer que tiene doce años —Contó.
Miró al médico que lo miraba completamente anonadado y elevó sus manos.
— No me malinterprete —Pidió Ox Satán—, no es que no me preocupe o me guste ver a mi hija así, pero creo que si yo no me acostumbro a eso mi hija menos lo hará y debo hacérselo ameno, ¿entiende? Lloré casi todos los días los primeros cuatro años, pero después me di cuenta que siendo tan pesimista solo lograba herir más a Milk y como puede darse cuenta ella está tan herida que no puedo darle más sufrimiento.
El doctor asintió y miró fijamente al gran hombre.
— Señor Ox Satán —Dijo luego de poder entender más o menos lo dicho por él—, ¿puede usted decirme bien qué sucede con ella? Tengo entendido, por lo que me ha dicho, es que solo se ha visto con un doctor del hospital regional, no quiero menospreciar a mis compañeros regionales pero aquí tenemos mejores implementos y más tecnología para ayudar mejor a su hija y para hacerlo necesito entender toda la historia, además, obviamente, de los papeles y todos los exámenes que su hija se ha hecho desde el accidente.
Ox Satán asintió.
— Siempre los traigo conmigo, cuando supe que venía a la capital porque aquí se encontraba mi hija, pues, los traje por cualquier eventualidad —Respondió el hombre y sonrió—. Para serle sincero, doctor, quería traer a mi hija aquí para ver si había alguna solución a su problema, me gustaba mucho su doctor regional, pero necesitaba conocer el pensamiento de otro profesional, usted me entiende.
— Lo hago, señor, lo hago —Respondió el doctor mientras recibía los papeles que el gran hombre le tendía.
[*]
No quería entrar, realmente no quería estar en aquel lugar, sin embargo, no podía salir de ahí. Tenía que verla, aunque precisamente no quería verla así.
Había un delgado tubo que se aferraba a su nariz, lo que la enfermera le explicó le proporcionaba aire a sus pulmones, una aguja penetraba su piel en el dobladillo de su brazo, con otro tubo que le proporcionaba suero. Menuda idiotez. Esa cosa líquida imposiblemente te podría mantener con vida y sin hambre, ¿qué demonios? Este lugar era una mierda.
— Acércate —Susurró la enferma detrás de él, Goku se llevó una mano hacia su nuca y sonrió levemente, nervioso. La vieja enfermera le sonrió de vuelta—, ve junto a ella y háblale, dicen que están escuchando aunque parezcan dormidos.
Él la miró con extrañeza y genuina ingenuidad, sin embargo, asintió y se acercó a la vacía silla que se encontraba a un lado de la pelinegra de lisos cabellos.
Tenía los parpados cerrados, la piel pálida estaba extremadamente sin brillo o color y sus labios, antes siempre de un rosa natural, estaban pálidos. Se sentó en la silla y con una suavidad infinita tocó los dedos de sus manos.
Estaban tibios.
La enfermera cerró la puerta tras de sí, dejando a ambos jóvenes completamente solos en aquella blanca habitación.
Suspiró.
— Ey, Milk… —Susurró con suavidad, apenas rozando sus dedos—, ¿puedes oírme realmente? —Preguntó, curioso.
No hubo movimiento, no hubo respuesta, no hubo nada.
Se sintió frustrado, sin embargo, no lo expresó.
Volvió a suspirar.
— Despierta, ¿bueno? —Pidió con lentitud, en un susurro, como si irónicamente tuviese miedo de despertarla—. Eres la chica más fuerte que he conocido en mi vida, no puedes quedarte aquí en esta cama durmiendo, porque tú no eres así. Te levantas temprano, haces el desayuno, comes, te bañas, te vistes, me levantas, me ves comer, me acompañas a mi trabajo, te ríes de lo poco que sé manejarme con niños, luego me preguntas si quiero luchar contigo y yo acepto, me ganas porque haces trampa y luego me besas.
Tomó aire y lo retuvo en sus pulmones, sintiendo como estos ardían por su falta.
— En un principio me ponía nervioso, no me desagradaba pero no me era agradable tampoco, porque era una emoción diferente y… Me molestaba, pero no del modo que pudiera decirlo como malo, más bien de un modo que… Un modo que incomodaba, porque la piel te suda, el corazón te late a mil por horas y sientes que algo te está dejando sin aire, el estómago te duele y no es por hambre… Y son emociones extrañas, y… Lo extraño, cada una de ellas, porque todas esas emociones solo logras hacérmelas sentir tú —Aseguró el muchacho de cabellos alborotados, elevó un dedo y acarició la punta de la nariz de la chica—. Te necesito conmigo, Milk, realmente te necesito conmigo. Eres… Lo más importante en mi vida. Despierta. Solo despierta…
No hubo reacción alguna por parte de la chica. Goku tragó saliva pesadamente, sintiendo como algo dentro de él ardía con fuerzas, como si un incendio se estuviese produciendo en sus entrañas, de una manera que pronto comenzaba a expandirse y atacar cada uno de sus órganos.
Era desagradable, era la emoción, que Milk le hacía sentir más "mal". No tenía apetito y eso en él era decir mucho…Y quería quedarse ahí junto a ella. Siempre le habían dicho que él era una persona bastante inocente e ingenua, pero sabía lo que sucedía ahora con ella, y pensar en que quizás jamás despierte, que desaparezca, le producía un pánico que le quitaba el aire. Él no creía poder sobrevivir si Milk lo abandonaba.
Suspiró y se pasó una mano por su rostro completamente agotado. Todo el mundo sabía que el peor miedo de Son Goku era aquel maldito lugar, el hospital, realmente lo odiaba y se encontraba ahí desde muy temprano, quería irse de aquel lugar, pero no se iría sin Milk, no lo haría.
— Ey —Susurró una voz tras de él, Goku (quien jamás mantenía la guardia baja) se sobresaltó y se giró con rapidez, levantándose de la silla y botándola sin querer.
En la puerta de la habitación se encontraba el mismo hombre que había visto con anterioridad, se removió incomodo y lo miró con cierta desconfianza.
Tenía que entenderlo y al parecer Ox Satán lo hacía, ya que, lo miraba con una expresión de vergüenza que hasta él mismo se dio cuenta y que Goku se diese cuenta de algo era porque era demasiado evidente.
— Usted —Susurró el pelinegro, mirando, sin saber porqué de soslayo a Milk, casi como si pensase que en aquel preciso momento el gran hombre tomaría a la chica de cabellos negros y se la llevaría con él, alejándola del chico de cabellos alborotados.
— Ox Satán —Le dijo sonriéndole con vergüenza, el momento era más que incomodo, pero ambos parecían mantener la compostura por la chica que dormía plácidamente en la cama del hospital—, mucho gusto, chico.
— Son Goku —Respondió el moreno, odiaba que lo llamasen "chico" o "muchacho" —. Entonces…Usted es el padre de Milk.
Ox Satán asintió y llevó sus ojos oscuros al rostro de su hija quien se mantenía con los ojos cerrados, sumisa en un profundo sueño.
—Lo soy —Murmuró al tiempo que volvía a observar al muchacho de penetrantes ojos oscuros—, y yo creo saber quién eres tú.
Goku se volvió visiblemente nervioso, se removió incomodo en su puesto y dio un paso hacia atrás, no sabía porqué estaba así de nervioso, ¿sería porque quizás estaba por primera vez frente a un hombre tan intimidante? Y que además, no era cualquier hombre, si no su mismísimo suegro.
— Goku —susurró él.
— El novio de mi hija —añadió el gran hombre.
Las mejillas pálidas de Goku poco a poco fueron tomando un color carmesí, el chico se aclaró la garganta y bajó la vista hacia sus pies. Por mucho que él fuese inocente, sabía realmente que se encontraba frente al hombre que había hecho a Milk y él no podía evitar recordad (como todo un pervertido) una y otra vez el cuerpo desnudo de la pelinegra.
— Está bien —murmuró Ox Satán con la garganta apretada—, se ve que no eres un mal chico, estoy seguro que nunca te hubieses aprovechado de…esto.
El de cabellos revoltosos elevó su mirada y la pegó en el rostro del viejo hombre. Pudo verlo, sin siquiera preverlo, en los ojos de él los ojos de Milk, eran del mismo tono, profundos y brillantes, y sin poder evitarlo, un escalofrío le recorrió el cuerpo al darse cuenta que había una pisca de agotamiento, ese agotamiento que vio en Milk la última noche en la que hablaron.
— No sabía siquiera de esto —respondió Goku sintiendo que al decirlo el corazón se le estrujó—, si hubiese sabido…Yo…
— No hubieses podido hacer nada —le cortó Ox Satán—, yo lo sé y no tengo nada que hacer.
El muchacho se removió incomodo en su puesto, un vistazo le echó al cuerpo dormido de su chica y luego volvió a mirar a su suegro.
— Claro que sí —respondió el muchacho—, ¿es que ella vive engañada?
Ox satán suspiró con suavidad y a Goku realmente le molestó aquel gesto, sentía sin querer sentirlo, que el hombre realmente sentía "lastima" por él y aunque no supiese el porqué, quería que él se detuviera.
— No, ella no vive engañada —aseguró—, ella más bien…Tiene diarios, diarios que comenzó a escribir cuando se enteró de su enfermedad.
»Ella una vez que despierta hojea los diarios, no recuerda todo, pero… Al menos sí las cosas importantes, entonces, para cuando su cerebro le lanza esa información ella al menos ya la sabe y no es tan chocante, ¿me entiendes?
El muchacho ladeó su rostro hacia un lado y frunció sus labios.
— Algo —contestó.
— Mira, por ejemplo, Milk escribió en ese diario que su madre murió, obviamente ella se conoce mejor que nadie y sabe cómo decirse algo tan chocante, entonces, ella lo lee y lo mantiene en su retina y cuando lo recuerda no le resulta tan chocante —le dijo el hombre.
Goku instantáneamente recordó el momento en el que la chica recordó la muerte de su madre y los días de depresión que siguieron después de aquello, se estremeció sin poder hacer nada y apretó los labios.
— Lo entiendo —asintió el moreno.
Ox Satán bufó por lo bajo.
— Mira chico —metió su mano en el bolso que llevaba colgando de su hombro y sacó un par de diarios—, estos son los últimos diarios que escribió Milk y quiero que lo leas —se los tendió—, no sé si a ella esto le molestará o no, realmente no lo sé, pero…Creo que tienes el derecho de saber lo que aquí dice, espero que no te lo tomes a mal.
Goku tomó los diarios y los examinó rápidamente con la mirada, eran de un color verde musgo, ambos, sin nada fuera de lo común, al menos por fuera.
Pegó nuevamente los ojos en el rostro del hombre y preguntó con voz ahogada.
— ¿Cuánto tiempo estará así?
El viejo hombre alto y corpulento se encogió de hombros.
— No lo sé —respondió—, hay veces que demora días, otras semanas y la vez más larga duró dos meses…
Una descarga eléctrica recorrió la columna del muchacho y sintió como si la bilis le comenzara a escalar por la garganta, tragó saliva pesadamente, pensando en qué iba a hacer si la chica estaba en esas condiciones por tanto tiempo, se agotó de tan solo pensarlo, viéndose cada día sentado en la silla que estaba a un lado de la cama de Milk, rogándole despertar, para que cuando lo haga, no lo recuerde. Al pensarlo le dolió como el infierno, pero sabía que cuando eso ocurriese le dolería aún más.
— ¿Se la llevará? —preguntó entonces, sintiendo como cada vez más se sentía debilitado, si creía que habría algo más doloroso que ella no lo recordase, sería que se la llevaran lejos de él.
Para sorpresa del muchacho, Ox Satán sonrió.
— Estoy en trámites con el doctor, él me dice que puede hacer un nuevo diagnóstico para mi hija para cuando ella despierte, así que creo que tendré que buscarme algún apartamento cerca para vivir por aquí —le respondió.
El corazón de Goku latió con fuerza en su pecho. Al menos, Milk no se alejaría de él de inmediato.
Por primera vez le sonrió al padre de la chica.
— Gracias señor Ox Satán —dijo.
—Solo Ox Satán, muchacho.
Palmeó la espalda de Goku antes de que este desapareciera por la puerta.
(*)
Había vuelto por primera vez en el día a su hogar, eran ya pasada la medianoche y sabía que sus amigos se encontraban durmiendo, Bulma fue la única que lo llamó para preguntarle si ya había vuelto y él le había dicho que sí, aunque mentía, porque cuando le contestó el teléfono él se encontraba aún en la sala de espera esperando que algún médico saliera a informarle que la chica había despertado.
Como era de suponerse, ella no lo hizo.
Llevaba sus cuadernos firmemente apretados bajo el brazo, sintiendo extrañamente como estos despedían casi calor propio, incluso podía a llegar a sentir el aroma de Milk impregnado en esos objetos sin vida.
Entró a su habitación y una sensación de ahogo lo embargó.
Jamás había pensado en lo triste que sería ver la habitación sin ella.
Suspiró y entró para luego cerrar la puerta, se sacó los zapatos y se recostó encima de las mantas para mirar el techo como si fuese el objeto más interesante en esa habitación, ambos diarios estaban reposando en su pecho y él no sabía si realmente quería leerlos, ¿no sería invadir la privacidad de la chica?
Conocía a Milk, oh, sí que la conocía y sabía que si él leía los diarios había una amplia posibilidad de que ella se molestaría, pero, ¿qué otra cosa podía hacer? Sabía que leyendo el diario muchas respuestas se le aclararían, conocería mejor a Milk y sabría de mejor manera como volver a enamorarla…
Aunque él tenía la gran esperanza de que ella al despertar lo recordara, aunque sabía que había una mayoritaria probabilidad de que eso no sucedería.
Entonces tomó uno de los diarios y lo abrió con tranquilidad, como si tuviese todo el tiempo del mundo para abrirlo, tragó saliva y comenzó a leer la primera página.
«Día 145.
Yay! Ya llevo 145 días sin tener ninguna crisis, creo realmente (aunque no pienso decirle a papá para no darle ilusiones) que mientras voy creciendo las crisis van siendo en tiempos más prolongados, quizás algún día deje de tener las crisis y vuelva a ser una persona normal con una memoria normal. »
Goku no pudo evitar soltar una ligera risilla al leer aquello, no pudo evitar leerlo con la voz de la chica y realmente se divirtió por eso. Era lo único, sin embargo, que decía esa página y con una sonrisa en sus labios corrió a la segunda hoja.
«Día 1.
Bueno…Primer día, ¿cuántos primeros días he tenido ya en total? No he leído todos los diarios, pero al ver que ya he escrito siete, quiere decir que he tenido bastantes, qué triste.
Como sea, leí la primera página del diario y bueno, según la cuenta, me tomó 145 días tener una nueva crisis, veamos cuánto tiempo demoro ahora y si demoro algunos días más, bueno, mi teoría no sería tan estúpida como ahora estoy pensando. »
Dio vuelta la página y la sonrisa de Goku se borró instantáneamente al leer la primera línea.
«Día 4.
¡Esto es un real asco! Es recién el cuarto día y me duele un montón la cabeza, ya recordé todo el día en cómo mi madre murió y siento como si mi rostro se estuviese incendiando, tengo nauseas cada dos minutos y estoy segura que los recuerdos se han pasado por mi cabeza tan rápido que apenas he podido darme cuenta de ellos. ¡¿Qué diablos está pasándome?! »
Dio vuelta la página.
«Día 1.
Mi teoría era una estupidez. Una basura, ¡ja! Vida irónica que me hace creer que cada año tendré las crisis en momentos más prolongado, ¡mentira! Tuve una maldita crisis en apenas cinco días, ¡cinco! Me siento triste, muy triste y ahora lo único que quiero es a mi mamá, pero no se lo diré a mi papá, porque de seguro eso lo pondrá más triste a él. »
«Día 21.
No había escrito en harto tiempo, pero es que no había tenido ganas. Aunque creo que ya lo superé. Otra vez. Han pasado 21 días y bueno, nada que tenga que recordar, solo una técnica que mi papá me enseñó en las artes marciales, aunque, creo que golpear a un hombre en sus "partes íntimas" sea un ataque de que se practique en las artes marciales…»
El corazón de Goku latía con tanta fuerza y su cabeza le palpitaba tan seguido que tuvo que cerrar el diario y colocarse una almohada en la cabeza. No podía seguir leyendo, sentía que con cada palabra algo se le clavaba en el pecho, algo frío y duro, como el hielo.
Suspiró con el cojín en su cabeza y luego, sin poder evitarlo, se durmió.
(*)
Observaba, sin verlos realmente, a sus alumnos hacer duelo entre ellos. Sabía que en realidad no estaban haciendo nada, pero no le importaba. Se encontraba hojeando los diarios y viendo de vez en cuando la hora, esperando que por un milagro el reloj se adelantara para que den las 12 y él pudiese salir hacia el hospital.
— ¡Señor Goku! —gritó un niño para luego echarse a llorar.
Goku despegó los ojos del reloj y de inmediato se acercó al pequeño castaño que lloraba en el suelo, al parecer, había tirado mal una patada y había caído de bruces al suelo.
— Está bien —le consoló el pelinegro—, solo resbalaste, sigue con el entrenamiento —le alentó.
El niño se pasó las manos por su rostro y continuó lanzando patadas al aire.
El moreno se fue hacia la esquina del lugar y volvió a abrir el diario que había estado leyendo con anterioridad.
«Día 103.
He estado yendo a las clases de artes marciales que mi papá me ha estado pagando, realmente al principio no había ido con ganas, ya lo había dicho antes, ¿para qué? Si después no recordaría ni las técnicas, escribiéndolo aquí no me haría saber cómo hacerlas, como sea… Estaba ahí, aprendiendo a concentrarme cuando pasó algo que realmente no me dejó concentrarme. Llegó un chico nuevo, bastante guapo y… ¡Me miró y me sonrió! Realmente, aunque suene estúpido, nadie me había mirado de esa manera y me gustó… Pero no me atreví a acercarme, ni a nada, realmente él me pone muy nerviosa. No sé qué hacer. »
Goku torció el gesto y sintió como algo pesado se instalaba en su estómago, sintió inmensas ganas de ir hacia el hospital en ese mismo momento, sin saber siquiera porqué. Respiró hondo e intentó controlarse, ¿qué tiene que Milk haya escrito en el diario sobre un muchacho? Nada, nada pasaba con eso.
Sin embargo, aun sintiéndose extraño pasó la página, no sin antes darles un vistazo a los niños que seguían en lo suyo.
«Día 121.
Su nombre es Mitchell. »
No había nada más escrito en esa página, dio vuelta la página y leyó.
«Día 1.
Hola otra vez yo, 121 días duré la última vez. Cuando desperté mi papá me abrazó fuertemente, lloró y yo lloré y me pasó los diarios, leí el primero completo en el día y aproveché para escribir en este último que llevo para decir que esta vez el "transe coma" duró mucho más de lo que duraba. Dos meses, dos meses en coma…Tengo miedo. »
Y ese miedo invadió sin poder evitar al muchacho también, aunque se sentía ligeramente asteado, había esperado que la chica hubiese seguido hablando de Mitchell, quizás aquel día Milk se sentía realmente mal para escribir algo más y escribió su nombre para recordarlo.
Mitchell, pensó, ¿qué tan importante era ese Mitchell como para que Milk escribiese su nombre de esa manera?
Había notado que su nombre había sido garabateado a duras penas, como si a la chica realmente le hubiese costado escribir su nombre, de seguro que en aquel momento ella se sentía realmente mal.
Suspiró. ¿Debía preocuparse por este nuevo chico?
Quería darse cabezazos en la pared y salir de aquel lugar hacia el hospital ya. Realmente quería pronto que Milk despertase, que lo mirase y lo recordase, o que al menos sintiera lo mismo que sentía antes cuando lo mirase.
Al menos tenía esa esperanza, de que su rostro, al verlo familiar le recordase de inmediato todo lo que vivieron antes.
Volvió a suspirar.
— Realmente hoy estás más despistado de lo que siempre has sido, Goku —dio un respingo hacia atrás y se sintió completamente irresponsable al no haber notado siquiera la presencia del maestro Roshi en su espalda.
Apretó el diario fuertemente contra su pecho y miró a su maestro con el ceño fruncido, casi olvidando que aquel hombre era su jefe además.
— ¡Casi me mata del susto! —se quejó.
El viejo hombre sonrió.
— ¿Qué tienes ahí, Goku? —preguntó.
— Un diario —respondió el chico mirando de soslayo el cuaderno entre sus dedos, el maestro hizo lo mismo y luego hizo un ademán de quitárselo, pero esta vez Goku sí estaba atento y movió astutamente su brazo hacia atrás para esconder el cuaderno tras de su espalda.
— ¿Por qué no quieres mostrármelo? —preguntó nuevamente el hombre.
— Es privado —contestó frunciendo el ceño.
— Y eso te está distrayendo de tu trabajo, muchacho —alegó el anciano, Goku suspiró y bajó su vista hacia el suelo, el maestro notó por primera vez las marcadas ojeras que el joven chico tenía en su pálido rostro—. ¿Qué sucede, Goku?
— Maestro, sé que ya le he dicho esto varias veces pero… ¿Puedo tener este día libre? —pidió, el viejo frunció el gesto y el moreno se apresuró a volver a hablar—, realmente, realmente necesito el día libre.
— Está bien —respondió el viejo hombre.
Él sonrió enormemente y luego de hacerle una ligera reverencia al hombre se apresuró para ir por sus cosas y salir corriendo del lugar.
El maestro Roshi suspiró, Bulma ya le había advertido de todo.
(*)
Goku se demoró apenas diez minutos en llegar al hospital encima de su moto, se bajó y entró a la clínica con rapidez, esperando encontrarse con alguna buena noticia, sin embargo, al llevar al pasillo en donde se encontraba Milk se topó con el gigante padre de la chica.
— Hola —saludó el muchacho.
— Ey, Goku —le respondió el gigante hombre con una ligera sonrisa—, no pensaba verte por aquí tan luego.
— Sí bueno —se sonrojó—, pedí el día libre —se rascó la nuca con la mano que tenía desocupada (en la otra tenía el cuaderno) y miró al gigantesco hombre con una sarta de dudas implantadas en su cabeza—. ¿Cómo está Milk? —preguntó en primera instancia.
El hombre se relamió los labios y bajó un tanto su rostro.
— Aún ninguna noticia —respondió—, sigue sumida en el profundo sueño.
— Oh —susurró Goku sintiendo como su corazón se estrujaba un poco, tenía la esperanza leve de que ella hubiese ya despertado.
El silencio reinó por unos instantes y realmente no parecía ser tenso, sin embargo, Goku lo sentía como si pudiese ser cortado por un cuchillo. Finalmente carraspeó y dijo con voz aparentemente tranquila, aunque su corazón latía desenfrenadamente dentro de su pecho.
— Ox Satán… —el hombre lo miró con una casi tímida sonrisa—, ¿quién es Mitchell?
