Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.
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¡Hoooola! Os dejo el nuevo capítulo es cortito, pero cierra definitivamente un capítulo en la vida de Edward y Bella.
Os quiero agradecer una vez más todo el apoyo y cariño que me dais ¡SOIS AMOR!
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CELEBRANDO
BPOV
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El caos de la librería se había convertido en mi pequeño oasis. Me sentía muy bien cuando iba a ver el local y como iban avanzando las obras. Jacob y Alice insistían en que mejor no me acercara mucho por ahí, con mi suerte acabaría con una viga cayendo cuando pasase por debajo. Tener amigos para eso… A pesar de sus bromas yo no podía evitar ir. Me sentía feliz. Ver cómo iba tomando forma, como iba volviendo a la vida ese lugar ponía una sonrisa idiota en mi cara.
Era la hora de plegar de los chicos y yo seguía sentada en la vieja oficina de la Sra. Williams. Estaba bastante intacta estructuralmente y era dónde trabajaba. Llevaba unos días organizando ideas sobre posibles actos que podríamos hacer. Jacob me quería matar por trabajar allí. Alice me decía que me había vuelto loca. Papá insistía en que acabaría con una viga en la cabeza. Mike se quejaba que lo tenía loco con tanta idea disparatada. Pero a mí, todos ellos, me daban igual. Yo, como siempre, a la mía.
-Bells nos vamos – anunció Jacob asomando la cabeza por la puerta del despacho con esa sonrisa deslumbrante en la cara.
Nunca habíamos tenido mucha relación. Nos llevábamos bien, nuestros padres eran amigos íntimos, pero yo no era una gran fan de La Push y él no era un gran fan de salir de allí, así que nos veíamos en las pocas ocasiones que nuestros padres imponían su voluntad. Aun así, en el momento que le pedí el favor de intentar sacar adelante el proyecto lo antes posible, no puso ningún impedimento. Tanto él como Alice estaban haciendo milagros.
Jacob estaba diferente. La última vez que lo vi teníamos dieciocho años y él estaba intentando arreglar la vieja camioneta de papá. No pudo hacer mucho con ella, acabo en el desguace igualmente. Siempre fue un chico musculoso, pero ahora estaba más formado y compensado. Supongo que era más hombre y no un chaval en edad de crecimiento con un exceso de gimnasio. Pero si algo no había cambiado era su humor y su sonrisa traviesa. Siempre que estaba alrededor de alguien contagiaba su positividad. Era reconfortante.
-Gracias Jacob por todo, una vez más. Nos vemos mañana. – le dije apartando la vista de todos los papeles que tenía delante.
-¿Cierro la puerta? – preguntó.
Estos últimos días aprovechaba al máximo estos momentos de intimidad para acabar de dar unos retoques a mi novela nueva. Me había dado cuenta que me era imposible concentrarme en mi antigua habitación. Siempre me invadía la nostalgia y la tristeza. A Jacob y papá no les hacía mucha gracia que me quedara sola en un despacho al final de la tienda, y más en el estado en el que estaba todo, así que Jake cerraba la puerta con llave y así nadie podía abrir desde fuera, pero yo sí podía salir.
-No, estoy esperando a alguien. Debe estar a punto de llegar. Gracias – dije con una sonrisa.
No estaba muy seguro de irse, se lo podía notar perfectamente, pero aun así no dijo nada y me dejó a solas. Jacob era todo lo contrario que Edward. Un libro abierto, en cambio Edward era un libro cerrado con miles llaves. Me ponía de los nervios.
Edward, volvió a mi mente una vez más. Abrí un cajón del viejo escritorio y comprobé por enésima vez ese día que seguía allí el sobre. Esa mañana me habían llegado los papeles del divorcio. Sólo quedaba firmarlos, al no tener nada en común, ni hijos y no querer nada el uno del otro todo había sido muy rápido y sin complicaciones.
-¿Se puede? – escuché la voz de mí casi ex marido desde la otra sala.
Salí a buscarlo intentando poner una sonrisa en mi cara y aparentando normalidad a pesar de lo nerviosa que estaba.
-Estoy aquí. – exclamé llamando la atención de Edward que miraba todo asombrado.
La antigua librería era bastante ancha, pero si algo destacaba era su longitud desde la puerta de entrada hasta el final, dónde estaba el almacén y el despacho. También era muy alta. Por eso Alice había dividido la planta en dos niveles para la reforma. La parte izquierda quedaría al mismo nivel que la entrada y estaría llena de estanterías con libros. La derecha en cambio, estaría un poco elevada y allí habría una pequeña zona dónde tomar un café, poder trabajar tranquilamente o leer.
-Lo recordaba más pequeño. – me dijo con una sonrisa. Llevaba una bolsa un tanto oculta en las manos.
-Eso es porqué nunca pasabas del mostrador, que antes estaba en el medio del local. – le expliqué.
Edward solía venirme a buscar muchas tardes, antes de irse a la universidad, cuando me tocaba cerrar la librería. Para tranquilidad de papá, Carlisle, Esme, la Sra. Williams... Eran un poco paranoicos. Se solía quedar sentado en el taburete que teníamos en el mostrador hablando conmigo, o incluso haciendo caja mientras yo me encargaba de todo lo demás. Recoger, dejar lista los pedidos del día siguiente preparada, ordenar…
Al parecer ambos nos habíamos quedado sumidos en nuestros recuerdos.
-Todo lo que me interesaba estaba en ese mostrador, no necesitaba ir más allá – me dijo guiñándome un ojo. – Bueno, explícame que vais a hacer aquí. – cambió de tema aunque no lo suficientemente rápido como para ahorrarme un sofoco.
Le estuve explicando un poco el proyecto y no sé si lo fingió o fue sincero, pero estaba realmente contento por lo que le mostraba e incluso me dio varias ideas para comentar con Alice.
-Aun me parece increíble que te hayas embarcado en algo así, aquí en Forks. – me dijo mientras me seguía al despacho. Era el único sitio en el que nos podríamos sentar sin tener que tirar la ropa a la basura después.
-Ya ves… este pueblo me trastoca. – dije riendo.
-El día que paseábamos parecías asustada de que te volviera a atrapar y ahora tienes un negocio, va a resultar que un poco trastocada sí estás. –siguió mi broma. Aunque su comentario había ido al centro de la diana.
-Y lo estaba, pero supongo que es una forma de demostrarme a mí misma que puedo más que mis miedos y que puedo hacer bien las cosas. Y esto siento que esto está bien, y que si no lo hiciera le estaría dando la espalda a la Sra. Williams que tanto cariño me dio. – me sinceré con él.
- Me parece un gran motivo – dijo mirándome fijamente. Siempre que hacía eso me eclipsaba. – ¡Por cierto! – Dijo sacudiendo la cabeza, como quisiese sacudirse algo de la mente – Creo que tienes una cosa para mi… - me recordó por qué habíamos quedado esta noche.
Saqué el sobre del cajón dónde se había pasado toda la mañana.
-Aún no los he leído. He pensado que sería mejor revisarlo juntos, así ahorramos tiempo, aunque no habría de haber mucho problemas… -le comenté a Edward.
-Perfecto – dijo cogiendo su silla y poniéndose a mi lado.
Efectivamente no había ningún error, así que los dos firmamos decididos. Nos habíamos reunido con los abogados en Port Angels hace unas semanas y les explicamos todo lo que queríamos y ellos hicieron su trabajo a la perfección. Aún recuerdo el estrés que pasé ese día intentando que nadie nos viera. Digamos que no he nacido para ser agente secreto…
-Ya somos, oficialmente, exmarido y exmujer. – dije intentando aparentar un tono solemne, pero fallé.
Estaba muy contenta para parecer seria. Estaba contenta porque sabía que después de muchos años estábamos haciendo las cosas bien.
– Mañana a primera hora lo enviaré para que se pongan en marcha. –le informé guardando los papeles en el bolso.
- Perfecto. Deberíamos celebrarlo – me sorprendió Edward.
-¿Cómo? – pregunté algo intrigada.
-Bueno… pues he traído un poco de comida mejicana y dos cervezas. Podríamos improvisar una cena de despedida a este matrimonio y brindar. – me dijo sacando todas las cosas de la bolsa que traía.
- Normalmente la gente celebra que se casa, no que se divorcia – comenté mientras cogía mi primer taco. ¡Qué buena pinta tenían!
-A nosotros la boda no nos trajo nada bueno, en cambio, tengo mucha esperanza puesta en este divorcio – dijo con una sonrisa contagiosa – Además, estoy seguro que hay mucha gente que celebra los divorcios…
Estuvimos hablando un rato más. Antes de despedirnos Edward me sorprendió una vez más.
-¿Tienes mucho sueño? – aunque, sorprendida, negué con la cabeza – Creo que nos falta algo más por hacer aún. Sube al coche. – me dijo con una sonrisa traviesa.
Y a pesar de todas las reticencias que tenía con él, le hice caso. Porque las pocas veces que nos dejábamos llevar volvía a sentir un calor interior que solo sentía cuando estaba con él. Hay veces en las que solo quieres eso.
-¿Vamos a la Push? – dije al ver que cogía la carretera de la Push.
- Ya verás. – no dijo nada más.
Condujimos en un silencio tranquilo y cómodo, nada que ver con ese primer viaje en coche a mi vuelta. Llegamos hasta una zona acantilada, preciosa. Recordaba haber ideo varias veces de joven cuando venía de visita, pero claro era de día y yo podía ver el terreno, ahora era de noche y lo más seguro es que acabara estampada contra el suelo o recreando la trágica muerte de Mufasa en el Rey León.
Edward me estiró la mano para que la cogiese y caminara más segura. Yo me aferré con tanta fuerza que no sé cómo no le arranqué el brazo.
-¿Qué hacemos aquí Edward? Sabes que no soy la reina del equilibrio… - dije intentando que no cundiera el pánico.
-Solo queda una cosa de nuestro matrimonio… - me explicó mientras sacaba una cajita de su bolsillo – Los anillos. Los podríamos arrojar al océano.
Y yo flipé. ¿Los había guardado durante todos estos años?
-¿Los tenías guardados? – me salió sola la pregunta. Si es que con el impacto del descubrimiento no podía filtrar bien lo que decía.
-Sí – no dijo nada más, pero tenía la sensación de que había más - ¿Qué te parece? – me preguntó devolviéndome al presente.
-Nunca he sido muy buena en baseball, pero estoy segura que puedo hacer este lanzamiento – intenté bromear con él.
Contamos hasta tres y los lanzamos a la vez. Nos quedamos mirando hacia abajo. Viendo cómo, ahora sí, desaparecía las últimas lastras de nuestro pasado.
Edward sacó un sobre pequeñito del bolsillo, lo hizo una bola y lo lanzó.
-Eso contamina ¿sabes? – dije un poco indignada.
-Es tu nota. Ahora sí que ya no queda nada. – dijo serio. Bastante más de lo que había estado en toda la noche.
¿Edward guardaba todo lo de esa noche, acaso? Dios mío… ¡La nota!
-Bueno… Supongo que se acabará disolviendo. – dije un poco arrepentida de estar contaminando el océano. - Espero que no haya mucha gente como nosotros suelta. – comenté aún no muy convencida.
-Ya no hay más excusas para no comenzar de nuevo. – me dijo otra vez más animado.
-Exacto. Fuera pasado, hola presente. – intenté sacar hierro al asunto de la nota.
En silencio nos volvimos hacía el coche y pusimos rumbo a Forks. Edward tatareando bajito las canciones de mi emisora de radio preferida y mis zapatos mojados por la humedad de La Push manchando la cara tapicería del coche de Edward.
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NA:
C'est fini este matrimonio y como dice Edward tenemos puestas muchas esperanzas en el divorcio jajaja Ahora sí se abre una nueva etapa para ellos. Veremos que hacen este par. Una vez más espero vuestras apuestas.
Nos leemos en el próximo,
Saludos!
