Hermanos.

Salían de la parada de metro en Brixton, eran las diez de la noche, y la neblina de la tarde no se había disipado del todo aún.

-¿Cómo se llama el local?- preguntó Harry cogido a la cintura de Cris.

-Dogstar- respondió Lyra molesta, era la quinta vez que Harry hacía la misma pregunta.

- ¿Y dónde está?- volvió a preguntar guiñándole un ojo a Cris.

Lyra bufó más que molesta.

- ¿No me piensas contestar? Mira que llamo a Sirius y le digo que no me obedeces- canturreó el chico divertido.

Pero a Lyra no le hizo ni pizca de gracia, adelantó unos pasos y paró a su amigo con una mano.

- Te lo voy a explicar, Harry. Tú, no mandas de mí. Tú, no me conoces. Y lo que es peor para ti, yo a ti sí te conozco- bajó la mano, se dio la vuelta y comenzó a andar más rápido.

Todos tuvieron que aumentar el paso para no perderla.

- Será borde- maldijo el chico entre dientes.

-Harry- intentó disculparla su amiga- Lyra tiene poco aguante, pero es la mejor. Si te la ganas no encontrarás mejor defensora, pero si te enfrentas a ella perderás, te puedo asegurar que ese tal Voldemort- ahí Ron hizo un pequeño ruidito con la garganta, por lo que se llevó un codazo de Hermione- no le gana a borde.

Llegaron al 389 de Coldharbor Lane, justo a la puerta del local. Desde fuera parecía de todo menos un pub.

- Joder, esta entrada es peor que la del Caldero Chorreante- parecía que Harry quisiese sacar de quicio a su pequeña guía. La chica apretó la mandíbula con fuerza, impidiendo que las palabras hirientes que rondaban por su cabeza saliesen de su garganta.

Fred y George fueron los primeros en entrar al local, vieron una barra al final donde servían bebidas alcohólicas. La gente parecía mayor que ellos, pero nadie les pidió el carné en ningún momento, cada vez que Lyra pasaba entre un grupo de gente estos paraban de hablar y la señalaban con el dedo, hasta que un chico castaño y con grandes ojos color miel la detuvo. Lyra lo miró de arriba abajo y le plantó un profundo beso en los labios, descolocando al chico.

-Oh, lo siento- fingió el arrepentimiento- me confundí, pensé que eras otra persona.

La música sonaba alta, pero se oyeron las risas de las otras tres chicas que iban en el grupo. Lyra se giró hacia ellas y sonrió con suficiencia, para partirse de risa momentos después. Negó con la cabeza y se dirigió a unas escaleras de caracol. Las bajó seguida del resto del grupo.

- Hola, Reine- saludó la chica al barman levantando un brazo- ¡Diez!

Se apalancó en una mesa baja y arrimó diez sillas. Se sentó en una, siendo imitada por el resto de amigos. Harry se sentó justo al otro extremo, a un lado tenía a Ginny y al otro a Crisan. Lyra le sonreía, pero el chico no se molestaba siquiera en devolverle la sonrisa, no le había gustado la amenaza de su "hermana".

- De normal en estos sitios, lo primero es pillarla- explicó Lyra.

-¿Pillarla?- preguntaron los gemelos a la vez.

- Beber hasta reventar, no os preocupéis esta noche las rondas corren a mi cuenta, estamos celebrando el pase a cuartos- Lyra miró sorprendida a su amiga, acababa de meter la pata hasta dentro.

- ¿A cuartos de qué?- se interesó Harry acercándosele a la comisura de los labios.

- No digas nada más- le advirtió su pequeña amiga dorada a la morena.

- Lyra, no te metas en conversaciones ajenas- la regañó Harry.

- Lo siento harry, pero no puedo decirte nada más- se disculpó la joven.

Harry golpeó la mesa con fuerza, estaba harto de la actitud de esa niña, siempre hacía lo que Lyra decía.

-¿Tienes algún problema, Harry?- le preguntó su "hermana" con sorna.

- Tú, eres mi problema- le contestó señalándola con el dedo.

-¿Yo soy tu problema? Vaya, vaya, así que el gran Harry Potter tiene problemas con una chica dos años menor que él, y que además es hija de su padrino, al cuál considera él mismo como un padre, y por lo tanto ella puede ser considerada como su "hermana" porque el sentimiento entre padrino y ahijado es complementario- se mofó la niña.

Harry avanzó hacia ella decidido. Ella se puso en pie para enfrentarlo, el chico le sacaba media cabeza, pero Lyra no se subestimó, conocía ambos límites, y si ninguno de los dos los sobrepasaba aquello no pasaría de un reto de miradas.

Hermione y Luna se intentaron levantar para detener la discusión pero los pequeños Weasley se lo impidieron.

- Son hermanos, deben resolver sus diferencias sin que nadie interfiera- le explicó Ginny a Luna, su mejor amiga.

Crisan miraba la escena divertida, había visto a Lyra machacar a tipos que le sacaban casi un metro por encima de la cabeza, Harry no era rival para ella, no llevaba la varita encima y en esas condiciones estaba en desventaja, y suerte tenía, porque de llevar la varita Lyra era capaz de dejarlo Petrificado toda la noche y él ni siquiera llegar a darse cuenta de lo que estaría ocurriendo.

- Vamos, Lyra, deja al chico tranquilo- le pidió su amiga.

- ¡Tú no te metas!- le espetó Harry muy molesto.

-¡A mi amiga no le grites!- se enfureció la chica.

Harry levantó la mano para abofetear a su "hermana" por semejante falta de respeto y se vio inmovilizado en el suelo con la cabeza sobre la tarima. Y un peso sobre su columna.

- Pídele disculpas- siseó la chica.

Harry no entendía qué había ocurrido, la niña era mucho más pequeña que él.

- No todo es fuerza, la habilidad es un arma muy poderosa- explicó Hermione ante la mirada de desconcierto que tenían todos- Lyra, ¿Cuánto tiempo llevas practicando Defensa Personal?

Ron miró a su amiga sin entender.

- Toda la vida- le explicó su amiga Crisan- Vamos, Lyra, a mi no me ha molestado, no tienes porqué ponerte así.

Lyra la miró sin comprender, cómo le gustaría llevar su varita en aquellos momentos y lanzarle un potente legeremens.

- Iros a la mierda, un poquito, hacedme el favor- respondió la chica de mala gana.

Pero se levantó de encima de Harry y se sentó de nuevo en la silla que había ocupado momentos antes. Se bebió su vaso de un trago y pidió dos más, que se los terminó antes de que Harry se hubiese sentado de nuevo en la silla. Crisan miraba a su amiga sin comprender lo que estaba haciendo, se iba a pasar de rosca y no iba a poder disfrutar la noche. Aunque sabía que Lyra era una esponja acababa de pedir cinco chupitos de tequila, a nadie le sentaba bien mezclar distintos tipos de alcohol y Lyra parecía haberlo olvidado. Una sonrisa apareció en el rostro de la joven, su boca comenzó a soltar frases inconexas.

- Nací el 31 de Julio de 1982- intentó levantarse pero se volvió a sentar llevándose una mano a la cabeza- mi madre era auror del departamento, jefa de aurores, con tres años comenzó a entrenarme porque sabía que aunque Lord Voldemort- Ron crispó y se llevó una mala mirada de la borracha- había desaparecido, él volvería a resurgir. Yo soy inmune a la maldición asesina.

La cara de desconcierto era todo un poema.

- Harry, creo que sería mejor llevarla a casa, no está muy bien- le advirtió Crisan a su nuevo amigo. Lyra acababa de desinhibirse del todo.

Se levantó tambaleante y subió las escaleras. Se subió al primer cubo que vio, había un chico bailando seductoramente, ella lo imitó en sus movimientos, dejando caer seductoramente su cazadora desde sus hombros.

Todos la habían seguido, dejando atrás aquél brebaje con sabor a fresa. Fred no podía encontrar a Lyra cuando su hermano gemelo le señaló el cubo. Lyra no se estaba cortando ni un duro, el beso que le había estampado a aquel chico no tenía ni punto de comparación con lo que le estaba haciendo al bailarín que había osado a subirse a su cubo. Y no era deleite, le estaba dando una paliza en toda regla, el chico cayó sobre la gente y Lyra tuvo sus cinco minutos de gloria hasta que un hombre corpulento y con muy malas pulgas la bajó y la sacó a la calle.

- ¿Qué se supone que estabas haciendo?- le preguntó su padre claramente malhumorado.

Lyra sonrió, parte del alcohol lo había quemado entre el baile y la pelea.

- ¿Bailar?- cerraba los ojos intentando enfocar la silueta de su padre.

Eran las cinco de la madrugada y Sirius había tenido que preparar una poción de rastreo para localizar a los chicos, y no había nada que odiase más el señor Black, que preparar pociones de madrugada. Pero ver a su hija contoneándose delante de cientos de chicos con las hormonas desbocadas había colmado su paciencia, y encima iba borracha, como Harry, y bueno, del resto ya se encargarían sus respectivos progenitores, a él sólo le interesaban dos en aquellos momentos.

Lyra vio como Crisan era custodiada por los otros señores Black, y éstos la regañaban con fuerza, arrancando las lágrimas de la niña. Erythenia le acababa de soltar una bofetada en plena calle, sin importarle guardar las composturas. Seguramente mañana tendría que acudir a la carrera ella sola, porque Crisandela Alice Black preferiría estar muerta que levantar la tempestad en su casa.

La señora Longbotton también abofeteó a un chico moreno de quince años y se lo llevó de la oreja. La señora llevaba un estrafalario sombrero con pluma de halcón en la cabeza. Lyra no pudo evitar partirse de risa mientras señalaba el sombrero de la vieja, cayó al suelo con lágrimas en los ojos.

- Creo que estás demasiado borracha para aguantar un sermón, pero mañana me conocerás, o sí, ya lo creo, mañana me conoces señorita Black- la dejó tirada en el suelo y se dirigió hacia Harry, el chico tragó con fuerza, nunca había visto a Sirius resoplar tantas veces seguidas.

Harry se encogió de hombros cuando su padrino estuvo delante, agachando la cabeza en pose de arrepentimiento.

- Se supone que tú eres el mayor y la debes proteger- le soltó malhumorado.

-¡Se acabó!- gritó enfurecida la chica a espaldas de su progenitor.

Sirius se giró algo sobresaltado por el grito, se suponía que en aquellos momentos el único que tenía derecho a saltarse las normas era él.

- A mí no me grites, jovencita- le amenazó con el dedo en alto.

- No me das miedo, ninguno de vosotros me dais miedo- lo enfrentó la chica, una cabeza y media más baja que su padre- Eres un cerdo, has avisado a los padres de Crisan.

Sirius abrió la boca descomunalmente, él había sido contestón de joven en su casa, pero su hija lo doblaba en arrogancia, por más que él hubiese sido tachado de rebelde, él nunca llegó a insultar directamente a ninguno de sus padres, ni a Orion ni a Walburga, y allí estaba aquella canija llamándole cerdo, sí, tal y como sonaba la palabra.

- Cierra la boca, Lyra- le aconsejó su padre dándole de nuevo la espalda para regañar a su ahijado.

-¡NO SE TE OCURRA DARME LA ESPALDA!- el grito fue callado por un único sonido. Lyra se llevó la mano a la mejilla y la última parte de su borrachera se desató. Comenzó a llorar sin remedio, abrazada a sus propias rodillas, sentada sobre el sucio asfalto.

Harry no se atrevía a hablar ni siquiera para defenderse.

- A casa los dos- dijo mientras sujetaba los brazos de ambos y los tres se desaparecían.