The Well of the Madness

El amor y la locura son los motores que hacen andar la vida.

Marguerite Yourcenar


ADVERTENCIA: ESTE CAPITULO CONTIENE ESCENAS NO APTAS PARA MENORES DE 18 AÑOS!

N/A: Es mi primer lemon! Solo díganme si no les gusta y lo reescribiré si?


CAPITULO 11: Amor

Sin demasiado esfuerzo ambos traspasaron los muros del Villete. Y en el tiempo calculado estaban en la carretera. Luego de aproximadamente una hora la mismísima plaza central de Seattle se extendía ante ellos. Bella miraba de reojo al chico a su lado cada tanto pero el no parecía cansado ni nada por el estilo al contrario la sonrisa en su rostro crecía a cada paso.

Edward la pillo mirándolo y le sonrió. Bella se sonrojo pero de todos modos no pudo dejar de devolverle la sonrisa. La mano de Edward tomo la de Bella y ella se sintió protegida. Como siempre que estaba con el.

—Tienes hambre? — pregunto Edward.

—Claro — respondió ella sonriendo.

Edward la llevo hasta un hermoso puesto de tacos donde se podía ver la plaza central perfectamente desde uno de los balcones de la planta alta.

—Como te sientes? — pregunto Bella.

Como si pudiera vivir para siempre — respondió el.

Terminaron de almorzar y caminaron por la zona mientras Edward le mostraba diferentes lugares y le contaba las historias de cada lugar. Bella parecía hechizada y le encantaba verlo a hablar de esa manera. Incluso sonreír cada vez que sus miradas se encontraban. O simplemente reír cuando hablaba del medico que encontraron teniendo sexo con una enfermera en el hospital donde el trabajaba. Bella simplemente lo escuchaba mientras una sonrisa se extendía por su rostro cada vez que el hacia lo mismo.

Luego fueron al departamento de Edward. Todo estaba exactamente como lo había dejado. Se sintió en casa por fin. Durante estos días no se había dado cuenta de cuanto había extrañado este lugar realmente.

Bella estaba sorprendida. Edward parecía del tipo de persona ordenada que no deja a nadie tocar sus cosas. Sus Cd's estaban perfectamente ordenados según una clasificación que no llego a distinguir. El perfecto piano de cola en un rincón de la sala, los libros de la biblioteca, las películas y Cd's todo hablaba de ese hombre, de su personalidad y carácter.

—Este lugar parece como si hablara sobre ti.

—Si? Y que dice?

Bella lo miro durante uno momento pensando que era una broma. Pero luego vio la sincera curiosidad en su mirada y comenzó a hablar.

—En primer lugar. El color blanco simboliza la luz, la bondad, la inocencia y la pureza. Se le considera el color de la perfección. En cambio, el color negro simboliza el poder, la elegancia, la formalidad y el misterio. Es el color más enigmático y se asocia al miedo y a lo desconocido. — dijo mirándolo mientras Edward le devolvía la mirada con una sonrisa bailando en su rostro.

Se sentó sobre la mesada de la cocina mientras se preparaba para seguir.

—Además, los libros por ejemplo; hablan de que eres una persona culta y le gusta la lectura. El piano; es arte, pasión y hobbie. Los Cd's; la forma en que eres la única persona que sabe exactamente donde va cada uno, es impresionante. No lo se, es como si todo aquí gritara tu nombre. Me gusta — termino.

Edward sonrió y se acerco a la mesada de la cocina donde Bella estaba sentada. Había estado queriendo hacer esto todo el día. Pero no sabía como ella lo tomaría. Ella había tomado la iniciativa la vez anterior pero el estaba demasiado sorprendido como para disfrutar de de el contacto de sus labios con los suyos. Pero esta vez no dejaría pasar la oportunidad.

Sus movimientos eran lentos y medidos dándole la oportunidad de detenerlo en el momento que ella quisiera. Y justo cuando estaba a punto de juntar sus labios por segunda vez en el día, vacilo. Vacilo, mientras una de sus manos se situaba en la cintura y la otra en su mejilla. Vacilo, calculando su reacción. Pero supo exactamente que había obtenido su aprobación en el momento en que ella cerró suavemente sus ojos en busca de aquel encuentro.

Y el no la hizo esperar. Sus labios se juntaron en una danza única y conocida por ambos. En una competencia donde no había ganadores, ni perdedores. Solo estaban ellos dos. Dos locos jugando al amor.

El beso se volvió más ferviente a cada segundo y en el momento en que sus lenguas salieron al encuentro un gemido salió de los labios de Bella. No habían vuelto a hablar de aquel beso en Villete. Pero sin embargo ella no había podido sacárselo de la cabeza en todo el día. El hecho de que Edward haya estado tomado de su mano y acariciando su mejilla tampoco ayudaba a su autocontrol. Pero ahora no necesitaba más que esto para saberlo. El sentía el mismo deseo que ella en estos momentos. Y esta era su última oportunidad.

No sabía si estaba bien o si era correcto pero en ese momento sus instintos la dominaron por completo. Sus cuerpos estaban creando un roce delicioso. Las manos de Bella viajaron por sus hombros hasta su espalda baja mientras que las de Edward jugaban con el borde de su blusa hasta que finalmente se decidió a quitarla del camino. Bella agarró el cuello de su camisa tirando de él hacia ella.

Edward se tensó más aún cuando Bella pegó su pecho al suyo y lo sintió en todo su esplendor contra él. Sintió como su miembro latía fuertemente en su pantalón provocándole una tirantez que ya hasta le dolía. Su respiración se hizo desacompasada cuando Bella empezó a restregarse contra él y tuvo que cerrar los ojos fuertemente.

Ella sintió que hacía bien su trabajo cuando sintió como el miembro del hombre golpeaba contra su muslo. Eso no solo la hizo sonreír sino que se mojó completamente. Y acto seguido enterró su cara en su cuello.

Edward no pudo reprimir un gemido gutural que escapó de su garganta. Los labios de Bella en su piel le hacían sentir como nunca se había sentido; le gustaba. Echó la cabeza hacia atrás en un movimiento involuntario mientras ella recorría toda su mandíbula con húmedos besos. El calor empezó a concentrarse en su cuerpo calentándolo como nunca antes había estado.

Bella soltó, uno a uno, los botones de la camisa que él llevaba puesta acariciando la piel que iba siendo expuesta. Estaba maravillada; ese hombre tenía un pecho que daba ganas de comérselo a bocados. ¡Era la tentación en persona!

Edward estaba reaccionando a sus caricias. Lo sintió tragar duro y siguió el recorrido de la saliva de él por la garganta con la lengua humedeciendo toda la piel a su paso. Luego le dio un leve mordico. Edward no pudo soportarlo más.

Con un movimiento casi brusco, la rodeó con sus brazos y la elevó sujetándola por el trasero haciendo que tuviese que enredar sus piernas alrededor de su cintura y los brazos en su cuello. Ella gritó mientras volaba por el aire para luego sentir la mullida cama bajo su espalda. Tenía a Edward encima de ella sujetándose con sus brazos para no apoyar todo su peso sobre ella. Sus ojos estaban oscurecidos, eclipsando casi por completo sus hermosos orbes esmeraldas. Se quedó hipnotizada mientras él la traspasaba con la mirada y empezó a faltarle el aire.

Llegado a ese momento Edward se dio cuenta de que ya no podría parar; había intentando soportarlo pero al final había sucumbido al deseo, al fin y al cabo solo era un hombre. Así que decidió que si iba a ir al infierno, ¿Qué más daba que fuera ahora?

Edward se puso de rodillas en la cama y tiró de ella para sentarla encima de sus muslos. Entonces fue él el que enterró la cara en el cuello de ella y empezó a besárselo. Bella ladeó la cabeza inconscientemente para darle mayor acceso. Se mordió el labio reprimiendo un gemido.

La larga melena caoba de Bella le cayó por la espalda rizándose en las puntas a la altura de sus omoplatos. Edward enterró su mano en la cabellera y se la llevó a la nariz para aspirar profundamente; y ahí estaba otra vez, ese aroma que lo aturdía y lo encendía al mismo tiempo.

Ella no sabía lo que le pasaba; era como si fuera un títere en sus manos. Ya que ella no podría hacer nada aunque quisiera ya que su cuerpo no respondía más que positivamente a sus caricias; Edward podría hacer lo que quisiera con ella y Bella no se quejaría.

Edward la rodeó con los brazos y se dedicó a lamer, besar y morder toda la extensión de su cuello y hombros mientras Bella suspiraba completamente derretida. Sus manos se posicionaron una en su espalda y otra en sus omoplatos y la pegó a él. Las llevó al enganche del sujetador y se lo desabrochó sin muchos problemas. Entonces, lentamente, fue bajándole un tirante mientras iba besando el hombro que este iba dejando atrás. Cuando se lo hubo quitado, repitió la misma operación con el otro. Con las sujeciones fuera de juego, lo único que mantenía el sujetador en el cuerpo de Bella era el pecho de Edward pegado al suyo y él pareció entenderlo rápidamente porque se separó de ella haciendo que cayese a su regazo y lo lanzó lejos.

Edward se quedó contemplándola de hito a hito; era absolutamente preciosa. Nunca había conocido ninguna mujer que lo atrajese de la manera en la que Bella lo hacía pero sinceramente, le encantaba.

Se aventuró a tocar suavemente la cúspide rosada que coronaba ese montículo níveo y gimió al mismo tiempo que ella cuando su mano hizo contacto con esa piel.

Bella había vuelto a echar hacia atrás la cabeza cuando Edward la había tocado; se sentía tan bien… Ese hombre…le hacía vibrar con solo rozarla. Mantenía los ojos cerrados por las sensaciones que la asaltaban pero no consiguió abrirlos cuando decidió hacerlo ya que segundos antes sintió las húmedas caricias de la lengua de Edward en el mismo sitio donde instantes antes estaban sus manos.

—¡Oh, Dios mío! — gimió sin poder contenerse.

Él gruñó y sin apartar su boca de ese manjar que estaba saboreando, sujetó a Bella por los muslos y la puso en la cama poniéndose sobre ella. La chica no pudo reprimir un sonoro gemido y se aferró a su cuello como si fuese la última cosa del planeta.

Mientras tanto, las manos de Edward bajaron hasta encontrarse con el borde de los jeans que Bella llevaba puestos y sin mucho miramiento tiró de ellos juntos con sus bragas de encaje para deslizarlas por sus largas piernas y quitárselas. Bella se dio cuenta que en algún momento Edward se había quitado los pantalones y que estaba simplemente con unos bóxers negros puestos.

Edward se puso a cuatro patas con una pierna a cada lado del cuerpo de ella mirándola fijamente. Ella lo contempló sin vergüenza alguna y se mordió el labio inferior con ganas de gemir solo por la vista; su pecho, como antes había comprobado, parecía esculpido en dura piedra y debajo de la única tela que portaba se le veía más que excitado.

Estaba a punto de devolverle el placer que le había otorgado cuando Edward acarició su intimidad con un dedo. Soltó un jadeo abrupto y todas las ideas se le fueron de la cabeza. Su cuerpo no le respondía y era incapaz de hilar ningún pensamiento lógico. La estaba derritiendo.

Edward en cambio no quería que las cosas fuesen de otro modo del que estaba yendo. Desde el momento en el que ella había empezado todo esto su cuerpo había reaccionado y la reclamaba como suya. Quería tocar todo ese cuerpo y recorrer cada centímetro de esa fuente de lujuria y sensualidad. Quería probarla entera…quería hacerla suya… Decidido, empezó a bajar los besos por su cuello pasando por sus pechos y su estómago...

Bella estaba extasiada; como si estuviera drogada. Sentía las caricias de Edward cien veces más intensas que lo que nunca había sentido. No había nada que pudiese convencerla de estar en otro lugar en ese momento; ese era su lugar feliz. No escuchaba nada, solo el sonido de los besos de Edward bajar por su ombligo.

Se acomodó encima de ella poniendo solo parte de su peso sobre ella. Bella tuvo que reprimir un gemido al sentir la erección que tenía en el vientre. De repente, sintió un suave beso en la nariz. Edward estaba agachado a la altura de su cara sonriendo levemente. Se acercó otra vez y esa vez besó su frente. Bella volvió a cerrar los ojos y entonces sintió sus labios en cada párpado. Edward estaba siendo extremadamente tierno y ninguno de los dos sabía porque. Ella estaba alucinando y él se sorprendía a sí mismo queriendo hacer eso con Bella tranquilamente y sin prisas.

Su boca se movió hasta su mejilla y empezó a darle pequeños y seguidos besos; Bella soltó una risita divertida. Estaba siendo tan dulce que deseó con todas sus fuerzas que la besase en ese momento.

Él se agachó lentamente rozando todo su cuerpo con sus manos y fue hasta sus pies. Suavemente, quito su zapato. Cogió su pie en sus manos como si fuese de cristal y se lo besó. Repitió el proceso con el otro zapato y luego ascendió. Atacó el lóbulo de su oreja mordisqueándolo y ella gimió suavemente gustosa. Desde luego estaba claro que ese era uno de los puntos más sensibles de toda la anatomía de la chica. De repente, él se susurró al oído algo que la dejó helada.

—Déjame hacerte el amor.

Abrió los ojos sorprendida mientras él seguía con su trabajo. ¿En serio había preguntado eso? ¿Le estaba pidiendo permiso? No…tenía que haber escuchado mal. Ningún hombre tenía la decencia de pedir permiso en estos días. Soltó un gemido poco audible cuando Edward se dedicó a lamer el otro lóbulo pero sus pensamientos seguían ahí.

— Por favor. — pidió él en un susurro bajando a mordisquearle la garganta y el mentón suavemente.

¡No podía más! ¡Ella quería que le hiciese el amor! Quería sentirlo dentro de ella y lo quería en ese mismo instante.

Él ya estaba desesperado. No era solo el hecho de tener esa dolorosa erección en su entrepierna sino que quería hacerlo con ella; con Bella. Quería entrar dentro de ella y que ambos gimiesen al unísono. Quería hacerla gozar y que alcanzase el orgasmo con él dentro de ella. Quería que gritase su nombre mientras alcazaba el clímax. Pero sobretodo, quería que ella también lo quisiese y por eso mismo se lo había pedido; para que ella no tuviera que hacerlo por obligación.

Le sonrió al mirarla a la cara. Sus ojos estaban nublados por una fina capa de deseo que pasaba sobre ellos; él no era el único que quería eso. Solo un asentimiento por parte de ella basto para que Edward supiera que tenía su consentimiento.

Cuando por fin entró en ella, jadearon abruptamente. Eran perfectos el uno para el otro. Nunca habían encajado mejor con nadie. Él dejó caer un poco más de su peso sobre ella para que lo sintiera y ella se sintió estremecer. Empezó con un movimiento lento y acompasado que les arrancaba a ambos suaves gemidos.

Bella pasó las manos por los hombros de él para enredar sus dedos en el sedoso cobrizo de él. Era tan suave como se lo había imaginado y tenerlo dentro, más increíble de lo que había pensado. Sentía que esa vez no era como las otras — O mejor dicho la otra, ya que solo lo había hecho una vez con su único novio, Jacob Black. — Era como si Edward sacase lo mejor de ella. Se sentía querida y deseada de la manera más amorosa, cariñosa y romántica posible. Y eso no era algo que le pasase todos los días.

Edward tenía todos sus sentidos puestos en sentir una y cada una de las partes de su cuerpo que se rozaban con el de ella y en las sensaciones que sentía él mismo. Se sentía realmente completo. Era como si llevase toda su vida a la espera y busca de algo y ese algo era ella. Sentía que la estaba marcando como suya. Es más, la quería para él; quería que solo él pudiese tocarla.

"La burbuja" empezó a formarse debajo del estómago de Bella y también del de Edward. Los movimientos empezaron a ser un poco más rápidos pero nunca bruscos. Él quería que fuese sin prisas y disfrutando de todo el proceso y desde luego a ella le estaba gustando.

Bella se retorcía debajo de Edward incontroladamente; estaba sintiendo un placer casi desconocido para ella y no podía controlarlo. Pero lejos de disgustarle, a Edward ese movimiento le dio un placer extra al restregarse contra los puntos clave sin que siquiera lo supiera. Todo eso se concentró y supo que estaba a punto de explotar. Pero no quería hacerlo solo.

—Bella — susurró su nombre haciendo que a la chica le diesen escalofríos — Quiero que te vengas conmigo.

Ella subió las piernas para rodear su cintura en busca de más contacto. Intentando cumplir con su petición.

Pero él tenía otros planes; quería que se corrieran juntos y eso harían. Así que se levantó un poco de ella mientras seguía con su movimiento y metió una mano entre sus cuerpos en busca de la zona más sensible de ella. Cuando encontró esa perla, Bella dio un gritito sorprendida al sentir más calor de golpe en su cuerpo mientras echaba la cabeza hacia atrás.

—¡Oh, Dios! — gimió.

—Vente conmigo, Bella — pidió él.

Su movimiento acrecentó la velocidad y Bella se sintió tan cerca del orgasmo que pensó que se iría antes que él. Edward estimulaba el clítoris de ella para hacerla llegar a la cumbre con él mientras seguía moviéndose. Salía del todo de ella y luego la embestía de un solo golpe.

—Por favor — rogó de nuevo — Vente conmigo.

—Dios…estoy…cerca — susurró con voz entrecortada.

—Grita mi nombre, Bella — suplicó Edward. — ¡Oh, mierda, Bella!

—¡Edward! — Ella se sujetó a su ancha espalda y se empezó a convulsionar — ¡Edward!

Los dos empezaron a temblar y las burbujas se explotaron. Llegaron juntos al orgasmo gritando el nombre del otro y después, Edward cayó agotado encima de ella.


CAPITULO 11: Hola! Bueno este capitulo debo decir que me costo un poquito escribirlo. Jamás había escrito un lemon antes! Espero que les haya gustado! Y si no les gusto solo díganmelo y lo reescribiré ok?

Muchas gracias a Nia06 que ha dejado un comentario en el capitulo anterior! muchas gracias de verdad! Bueno… sin más que decir…

Besitos enormes y hasta la próxima!