Sé que es ha pasado muy poco desde que actualicé, pero tómenlo como una dosculpa por haber tardado tanto
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-- Me pregunto cuanto mas va a tardar Harry. – Decía Hermione nerviosa, frotando con impaciencia la mano de Draco.
-- Tranquila, seguro que sale de un momento a otro. – Le respondió el rubio.
Hacia ya un rato que Fleur y Krum habían perdido la batalla en el laberinto, y toda la escuela se encontraba a la espera de los dos campeones restantes.
Los minutos pasaban, y ni Harry ni Cedric daban señales de estar por salir, tampoco se oía ningún ruido proveniente del laberinto. Algunos alumnos habían optado por irse, y otros conversaban para pasar el rato.
-- Gracias a Merlín que esta es la última prueba, este año ha sido un caos con el torneo. – habló Ron.
-- Es cierto, he aprendido un montón de cosas ayudando a Harry pero ya he tenido suficiente. – Contestó Hermione. – Espero que el próximo año sea mejor.
-- Al menos estaremos menos ocupados. – pronunció el rubio abrazando a la castaña. – así podremos pasar mas tiempo juntos. – Ambos se miraron y sonrieron.
-- ¿lo prometes? – susurró Hermione.
-- Lo prometo, de echo… --
Pero no alcanzó a terminar la frase, una oleada de aplausos, y gritos inundó el lugar. Todo el mundo se puso de pie para recibir a los recién llegados. Los tres Gryffindor no dudaron en seguirlos, y buscaron con la mirada a su amigo.
Harry y Cedric estaban tirados en el suelo, de inmediato Dumbledore y algunos profesores se acercaron a ayudarlos.
-- No puedo ver nada. – Se quejó Ron. Que se giró para mirar a su amigo y preguntarle si alcanzaba a distinguir a Harry, pero Draco tenía la cara pálida, como si hubiera visto al mismísimo Voldemort.
—¡Harry!, ¡Harry! – Habló Dumbledore.
El chico aún tenía los ojos cerrados y el traslador en la mano. Harry soltó la Copa, pero agarró a Cedric aún con más fuerza. Levantó la mano que le quedaba libre y cogió la muñeca de Dumbledore, cuyo rostro se desenfocaba por momentos.
—Ha vuelto —gritó Harry—. Ha vuelto. Voldemort.
—¿Qué ocurre? ¿Qué ha sucedido?
El rostro de Cornelius Fudge apareció sobre Harry vuelto del revés. Parecía blanco y consternado. Desde las gradas Hermione sujetaba con fuerza el brazo de Malfoy.
--¿Qué ocurre? – Preguntó con preocupación, pero el rubio no respondía, seguía viendo con terror la escena. --¡Draco!
—¡Dios... Dios mío, Diggory! —exclamó Fudge.—. ¡Está muerto, Dumbledore!
Aquellas palabras se reprodujeron, y las sombras que los rodeaban se las repetían a los de atrás, y luego otros las gritaron, las chillaron en la noche: «¡Está muerto!», «¡Está muerto!», «¡Cedric Diggory está muerto!».
-- ¿Qué han dicho? – Habló Ron. – Hermione…
La castaña apenas y podía contener las lágrimas, seguí a aferrada al brazo de Malfoy.
Draco quien había podido escuchar todo lo que Harry dijo se quedó helado, si estaba consternado por la muerte de Diggory aquello no era nada comparado con lo que había venido después. Ha vuelto. Pensó, casi de inmediato pudo imaginarse todo lo que se vendría, el próximo año no sería tan tranquilo como creyó.
Ahora, después de tantos años de dementores, trolls, y arañas gigantes, sentía que la vida de sus amigos peligraba enserio, y no solo ellos, de toda la escuela, Hermione, pensó, era ella quien mas le preocupaba.
Posó la vista a las gradas que estaban a su derecha, se encontró con los ojos azules de Theodore Nott que estaba de pie junto a Luna, su mirada denotaba la misma preocupación que él.
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El verano estaba por terminarse, y para Draco ahora mas que nunca significaba una bendición, tal y como pronosticaba, su padre estaba al tanto del regreso del señor oscuro, y no solo eso, había estado presente en el cementerio la noche en que murió Cedric Diggory. Draco estaba aterrado por dentro, temía que en cualquier momento él apareciera en su casa, o peor aun, temía escuchar sobre algún ataque hacia sus amigos o a Hermione.
Su padre tenía mucho cuidado cuando hablaba de sus juntas con Lord Voldemort y los otros mortífagos, no decía nada sobre los planes que tenían, su madre trataba de mantenerse al margen, sabía que ella no apoyaba del todo a su padre, pero tampoco se mostraba abiertamente en contra.
Durante todas las vacaciones veía como los antiguos amigos de la familia entraban y salían de la oficina de su padre todo el tiempo, el señor Crabbe, el señor Goyle, Carrow.
Draco prefería quedarse en su habitación la mayor parte del día escribiéndole cartas a sus amigos, había estado especialmente ocupado en la seguridad de Hermione, a quien no pasaba un día sin que le enviara una carta preguntándole como estaban las cosas en casa, sabía que algo grande se avecinaba tanto él como los demás, Harry también se había pasado todo el verano preguntándole las novedades, pues para él era mas difícil enterarse de algunas cosas.
Al menos le iba mejor que a Theodore, con lo acontecido su padre estaba determinado a que pronto se uniera a los mortífagos, había doblado el número de horas que pasaba enseñándole a su hijo todo tipo de hechizos obscuros, y había también doblado la intensidad de sus ya conocidos castigos si no lo lograba.
En una ocasión, notó que el pelinegro cojeaba y cuando le preguntó que le sucedía se encogió de hombros.
-- Sabes como es mi padre.
Era el último día antes de regresar a Hogwarts, los tres Slytherin se encontraban hablando en la sala privada de Draco, en lo que parecía una reunión de emergencia antes de volver a clases, se habían asegurado de poner cualquier hechizo que los protegiera de que alguien pudiera escuchar su conversación.
-- ¿Qué rayos vamos a hacer Draco? –
Pansy se encontraba de pie frente a la chimenea con los brazos cruzados nerviosa. Theo se encontraba sentado el sofá de cuero negro frente detrás de ella cruzado de piernas pensativo.
-- ¿Qué quieres que te diga? – el rubio frente a él se masajeó la sien. – Ni yo mismo se. --
-- Sabes muy bien lo que viene con todo esto. – Advirtió. – No va a haber forma de que nos zafemos de esta. -- Draco estalló
-- ¡¿Crees que no lo se Pansy?!—Espetó. -- ¿Crees que no he visto a tu padre deambulando por esta casa casi a diario? ¿Crees que no ye visto los malditos moretones en los brazos de Theodore? ¿Crees que quiero convertirme en un jodido mortífago?
-- ¡No se trata de querer.! – Le respondió Nott.-- Eso es lo último que nos van a preguntar... si tu padre se entera de algo—Lo señaló con el índice.-- y ten por seguro que lo hará, sabes muy bien lo que va a pasar, sabes el peligro que corremos, y el peligro que correrá Hermione o Harry, o Ron.
-- o Luna. – Agregó Pansy. – Theo la miró.
--¡Lo se, lo se!—levantó las manos exaltado. -- ¡eso es lo que me ha tenido en vela todas las noches! – Se tranquilizó de repente. – Pero no tengo ni idea de que hacer. – Su compañero sonrió.
-- Afortunadamente para ustedes y para los demás, soy una persona muy precavida, y por tanto he pensado en este momento durante los últimos meses.
--¿Qué? – Dijo Pansy realmente sorprendida. Theodore Rio.
-- Mientras ustedes estaban embelesados con sus respectivas parejas yo me enteré por mi padre de ciertas cosas.
--¿y por qué rayos no me lo comentaste? – Masculló Draco.
-- Por la sencilla razón de que no estaba seguro. En fin. ¿Quierenñ escuchar el plan o no?--
Draco conocía muy bien a su amigo, podía confiar en que tenía un plan bien pensado… por merlín que así fuera, porque parecía que se volvería loco si tenía que lidiar con aquello el solo.
-- ¿cuál es? – Preguntó al fin.
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Llegó por fin el día de regresar a clases, Hermione, Ron y Harry habían llegado juntos, debido a que el moreno se reunió días antes por problemas en el ministerio.
Draco y Theodore se encontraron con ellos en el tren. Las cosas habían estado tensas después del incidente en el laberinto, Harry había visto a los padres de ambos jurarle lealtad a Voldemort, eso no menguó su amistad. Confiaba en ellos lo suficiente como para saber que no lo traicionarían de ninguna manera. Pero eso no impedía que ambos sangre pura se sintieran culpables en cierta forma por la muerte de Cedric.
Los cinco se encontraban en el mismo vagón, Ron estaba junto a Harry, y Theodore estaba apretujado con Draco besuqueando a Hermione a un lado.
El tren comenzó la marcha en dirección a Hogwarts.
-- ¿Crees que él este planeando atacar Hogwarts? – Preguntó Hermione a Draco cuando salieron de la reunión de prefectos en el tren, ambos dieron seleccionados junto con Theodore y Pansy, fue cuando tuvieron la oportunidad de estar solos.
-- Tal vez. – Comentó. – Pero no creo que sea pronto. Acaba de volver, lo primero que va a hacer es reunir a sus antiguos aliados, luego trataran de reclutar a mas. – Hermione lo abrazó.
-- ¿Qué pasará contigo? ¿Te reclutarán a ti también?
-- Claro que lo harán, pero eso no significa que esté de su lado. –
Hermione lo abrazó aún mas fuerte y lo vio a los ojos.
-- ¿pero estarás bien verdad? ¿no te pasará nada? – Draco acarició su mejilla
-- No mientras tu estés a mi lado. –
Acto seguido besó sus labios con necesidad, quería recordar ese momento el resto de su vida. Luego se puso mas serio, tomó el rostro de la chica y la obligó a mirarlo a los ojos. – Escúchame con atención Hermione, sea lo que sea que veas o escuches no es verdad, todo lo que pudiera llegar a hacer o decir son para protegerte ¿me entiendes? – La castaña asintió levemente.
– No se avecina nada bueno, necesito que sin importar la situación medites bien las cosas. Pase lo que pase prométeme que tu vas a estar bien, trataré de estar siempre junto a ti pero sabes que será difícil, ya nos estamos arriesgando demasiado con dejarnos ver juntos. –
Hermione estaba a punto de estallar en llanto.
-- Te lo prometo, pero tu también prométeme que estarás a salvo, no soportaría que te pasara algo. No podría.
-- Te lo prometo.
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Neville Longbottom no era alguien muy popular, y eso todo el mundo lo sabía, era el objetivo predilecto de las burlas de Blaise y sus secuaces, en ocasiones de otros alumnos e incluso de algunos compañeros de casa. Pero Theodore Nott jamás encontró motivos para molestarlo o inclusive odiarlo, sólo era ese chico raro de Gryffindor a quien Draco y Harry siempre defendían… hasta que lo vio hablando cómodamente con Luna Lovegood.
Estaba de pie frente a ella, en uno de los pasillos del tren, traía consigo una planta extraña que Theo recordaba haber visto en algún libro, estaba muy seguro de que le soltaría aquel pus morado propio de la planta en cualquier momento, pero ese era el menor de sus problemas, sonreía como si la conociera de toda la vida, y Luna tan educada e ingenua como siempre no se daba cuenta de sus verdaderas intenciones.
Theodore sintió entonces una oleada de sensaciones que no había experimentado hasta ahora, alegría al ver a la chica por primera vez desde las vacaciones, molestia por ver que otro chico fuera el objeto de sus atenciones… al menos momentáneamente, sentía la necesidad de ir, interponerse entre los dos y llevarse a Luna de ahí, él era demasiado racional como para saber lo que le estaba pasando, eran celos, estaba seguro, pero el que lo admitiera no significaba que estaba dispuesto a soportar aquella situación.
Avanzó hasta ellos apresurado.
-- Hola Theodore. – Lo saludó Luna, Neville puso cara de asombro al ver que la chica era amiga de un Slytherin.
-- ¿Cómo estas Luna? –
Preguntó de manera exageradamente educada. Tomo la mano de la chica y la besó.
Neville conocía tan bien como Theodore los protocolos de las familias sangre pura, sabía lo que ese beso en la mano significaba, el ojiazul contaba con ello.
-- El es Neville Longbottom, es mi amigo. – Dijo la rubia.
-- Un placer. – Saludó Theo, mirándolo con arrogancia.
-- No puedo decir lo mismo. –
Contestó Neville en voz baja pero fue suficiente para que el moreno lo escuchara. –Tengo que irme, te veré luego Luna. – Se despidió.
Acto seguido se giró y se marchó hacia su vagón. Theo rio para sí mismo, el que estuviera emparentado con los Lestrange no significaba que fuera igual que ellos… bueno tal vez conocía a la perfección cientos de hechizos prohibidos y estuviera mas que dispuesto a usarlos si era necesario, tal vez era inevitable que se uniera a las filas de Lord Voldemort en un ffuturo, pero no para los fines que los mortífagos tenían, y era evidente que él no lo entendía.
-- ¿Qué haces aquí Theo? – Preguntó finalmente Luna. Él le sonrió.
-- Te estaba buscando.
--Bueno, aquí estoy.
--Sí, lo sé Luna. – Sonrió. – Estamos por llegar a la estación, ¿puedo acompañarte hasta el castillo? – Preguntó.
-- Claro Theodore. – El moreno le ofreció el brazo para que lo tomara, y ambos se dirigieron al vagón para esperar su llegada.
Todos se habían reunido en el mismo vagón, para estar el último tramo del viaje juntos
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Por fin el tren empezó a aminorar la marcha y oyeron el habitual alboroto por el pasillo, pues todos se pusieron en pie para recoger su equipaje y a sus mascotas, listos para apearse. Como Draco y Hermione tenían que supervisar que hubiera orden, volvieron a salir del compartimento encargando a Harry y a los demás del cuidado de Crookshanks.
Salieron del compartimento y notaron por primera vez el frío de la noche en la cara al reunirse con el resto de los alumnos en el pasillo. Lentamente fueron avanzando hacia las puertas. Harry notó el olor de los pinos que bordeaban el sendero, que descendía hasta el lago. Bajó al andén y miró a su alrededor esperando oír el familiar grito de «¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí!».
Pero aquel grito no se oyó. Una voz de mujer muy diferente gritaba con un enérgico tono: «¡Los de primero pónganse en fila aquí, por favor! ¡Todos los de primero conmigo!»
Un farol se acercaba oscilando hacia Harry, y su luz le permitió ver la prominente barbilla y el severo corte de pelo de la profesora Grubbly-Plank, la bruja que el año anterior había sustituido durante un tiempo a Hagrid como profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas.
—¿Dónde está Hagrid? —preguntó Harry en voz alta.
—No lo sé —contestó Ron—, pero será mejor que nos apartemos, estamos impidiendo el paso.
Miró alrededor buscando a Draco o a Hermione, pues quería saber qué opinaban ellos de la presencia de la profesora Grubbly-Plank, pero ninguno de los dos estaba por allí cerca, así que se dejó arrastrar hacia la oscura y mojada calle que discurría frente a la estación de Hogsmeade.
Allí esperaba el centenar de carruajes sin caballos que cada año llevaba a los alumnos que no eran de primer curso hasta el castillo. Harry los miró brevemente, se dio la vuelta para buscar a Ron y a Hermione, y luego volvió a mirar.
Los carruajes habían cambiado, pues entre las varas de los coches había unas criaturas de pie. Si hubiera debido llamarlas de alguna forma, suponía que las habría llamado caballos, aunque tenían cierto aire de reptil. No tenían ni pizca de carne, y el negro pelaje se pegaba al esqueleto, del que se distinguía con claridad cada uno de los huesos. La cabeza parecía de dragón y tenían los ojos sin pupila, blancos y fijos. De la cruz, la parte más alta del lomo de aquella especie de animales, les salían alas, unas alas inmensas, negras y curtidas, que parecían de gigantescos murciélagos. Allí plantadas, quietas y silenciosas en la oscuridad, las criaturas tenían un aire fantasmal y siniestro. Harry no entendía por qué aquellos horribles caballos tiraban de los carruajes cuando éstos eran perfectamente capaces de moverse solos.
—¿Qué crees que son esos bichos? —le preguntó a Ron señalando con la cabeza los horribles caballos, mientras otros alumnos pasaban a su lado.
—¿Qué bichos?
—Esos caballos…
—¿Qué caballos?
—¡Los caballos que tiran de los coches! —dijo Harry con impaciencia.
Estaban a menos de un metro de uno de ellos y el animal los miraba con sus ojos vacíos y blancos. Ron, sin embargo, miró a Harry con perplejidad.
—¿De qué me hablas?
—Te hablo de… ¡Mira!
Harry agarró a Ron por un brazo y le dio la vuelta, colocándolo cara a cara con el caballo alado. Ron lo miró fijamente un par de segundos y luego volvió a mirar a Harry.
—¿Qué se supone que estoy mirando?...
-- ¡Harry—Se escuchó la voz de Draco, quien caminaba junto a Hermione hacia él junto a Pansy, Theodore y Luna.
-- ¡Ahí estas! – Gritó Pansy abalanzándose hasta Ron para abrazarlo y darle un beso en los labios. – he soportado casi todo el viaje con estos dos. – La cara de pelirrojo se puso como un tomate, pero le sonrió.
-- Bueno… ya estas conmigo ahora.
Todos comenzaron a subir al el carruaje, eran tantos que Hermione dudaba que pudieran entrar todos, pero Harry se quedó parado, contemplando todavía a las criaturas que tiraban de el.
-- Se llaman Thestrals. – Luna interrumpió sus pensamientos. Cuando llegó hasta él.
-- ¿los ves? – Preguntó.
-- Claro, Theodore también. – El moreno asintió. – Estas tan cuerdo como nosotros.
La respuesta de Luna no fue del todo tranquilizadora, que ella también pudiera verlos no era muy alentador, podía confiar en el juicio de
Theodore, pero dado que se la pasaba todo el tiempo con Luna ya no sabía que pensar.
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Después de dar la bienvenida a los alumnos de primer año, de que el director explico la ausencia de Hagrid diciendo que oor motivos de salud había viajado a las costas para tomar baños en el mar.
Dicho esto prosiguió a oresentar a la que sería la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Obscuras, la susodicha en cuestión era una mijer bajita, regordeta que vestía de un rosa chillón que molestaba a los ojos, Harry la reconoció de inmediato.
-- Ella estuvo en mi audiencia. -- Comentó. -- Trabaja en el ministerio.
Draco y Hermione compartieron una mirada conplice.
-- No creo que sea coincidencia. -- Observó la castaña.
-- Vaya Vaya, -- Dijo el rubio en un tono casual. -- Así que el ministerio quiere interferir.
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Al terminar de celebrar el banquete la profesora McGonagall los reunió a todos los prefectos para dar su primer ronda, los dividió en parejas para que vigilaran el castillo.
Draco puso una cara de tristeza cuando escuchó que iría con Padma, no le desagradaba pero esperaba tener mas tiempo a solas con ella.
Hermione por su parte iría con Theodore, lo cual era bueno porque él era el chico mas inteligente que conocía, y era bueno tener con quien conversar de aritmancia de vez en cuando. Pansy corrió con mucha suerte, ya que su ronda era con un chico Ravenclaw del cual no recordaba su nombre, pero le había dejado las cosas claras en cuanto estuvieron solos.
-- Mira. – Le dijo mientras caminaban por uno de los pasillos. -- Pienso aprovechar que estamos sin vigilancia para pasar un rato con Parvati. – Le dijo. – Yo no diré nada si decides ir a pasar el tiempo con Weasley. ¿tenemos un trato?
-- ¡Por supuesto! – Aceptó Pansy de inmediato.
La morena esperó escondida en uno de los pasillos a que el pelirrojo saliera de la cena, afortunadamente no iba acompañado, Harry se había quedado a conversar con Ginny. En el segundo exacto que pasó junto a ella lo tomó por el brazo y lo jaló hasta dentro de un aula vacía.
-- ¡Pansy! – Susurró. -- ¿qué rayos haces? Se supone que estas haciendo guardia, si nos atrapan…
-- Shh… -- lo silenció con el dedo índice en la boca. – Mi compañero esta haciendo exactamente lo mismo, tenemos mucho tiempo para nosotros.
-- Pero… tengo que ir a la sala común. – Contestó.
-- Oh vamos Ron, no te he visto durante todas las vacaciones. – Se acercó peligrosamente a él, dejándolo acorralado contra la puerta. Sin previo aviso le estampó un beso en los labios.
El semblante de Ron cambió totalmente, una vez que los labios de esa chica lo tocaban no podía negarse a nada. El Gryffindor le acarició la mejilla. Había algo en ella que simplemente lo volvía loco, su mal humor, su mirada furiosa cuando la hacía enojar, las miradas coquetas que le lanzaba entre clases…
– Te he esperado todo el verano. –
Habló en susurros, y acortó de nuevo la distancia para besarla, a Pansy le derretía la manera en que lo hacía, normalmente ella llegaba y le plantaba besos en la mejilla o los labios, pero él lo hacía muy diferente, de manera delicada y dulce, como si le tuviera devoción, solía acariciarle el cabello, tocar su rostro, o su favorita, cuando la tomaba por la cintura porque sus piernas comenzaban a temblar.
Pansy conocía a muchos chicos de su casa, la mayoría le coqueteaba pero nadie jamás la trataba como Ron lo hacía cuando estaban solos, era muy curioso porque frente a los demás parecía que era ella quien estaba embelesada, pues él era un poco mas penoso, por eso los momentos a solas eran lo mejor de estar en esa cárcel que llamaban escuela.
Harry y Ginny se querían pero no estaban muy apegados, ni si quiera eran pareja aún, Theo y Luna eran un caso especial. El de Draco y Hermione era perfecto si, pero no cambiaría el amor que había entre ella y Ron porque si bien no era como el de los demás estaba segura que era sincero, la quería aún con su actitud mandona e infantil, aún con la reputación de su familia y con todo y sus defectos.
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-- Necesitan copiar todo el texto las veces necesarias para garantizar que aprendan la lección, los TIMOS serán muy pronto, y no habrá muchas mas oportunidades de pasar el curso.–
Decía la profesora Umbridge quien había sido recientemente nombrada suma inquisidora tras la supuesta reforma educativa impuesta por el ministro de magia, en clase de defensa contra las artes obscuras, ya habían pasado algunas semanas ya desde el regreso a Hogwarts, y tal como Draco había predicho las cosas no iban muy bien.
El profesor Dumbledore no se aparecía casi nunca por los pasillos como lo hacía antes, la mayoría de los alumnos tachaban a Harry de mentiroso, pues el ministro de magia negaba la reaparición de Lord Voldemort, la nueva profesora Umbridge, tenia prohibido el uso de magia en sus clases, despreciaba abiertamente a cualquiera que fuera hijo de muggles o Harry, y tenía una exagerada preferencia a Draco y Theodore (cosa que a los dos irritaba demasiado)
-- Esto no puede seguir así. – Habló Hermione cuando los cuatro llegaron a la sala común de Gryffindor. – No podemos usar magia, y así no aprendemos a defendernos.
-- No entiendo que le sucede al ministerio, ¿qué es lo que quieren? –
Preguntó Ron que estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas. --¿acaso piensan que estamos formando un ejercito…
-- Eso… -- Lo interrumpió Draco. – Es precisamente lo que piensan.
-- Fudge debe ser un idiota si cree que Dumbledore quiere tomar el ministerio con un ejercito de estudiantes. – Se mofó Harry.
-- y no solo lo cree, esta completamente seguro. – El rubio continuó. – Se lo comentó a alguien en el ministerio y mi padre los escuchó, mamá me contó todo en una carta.
-- ¿Y que se supone que se supone que vamos a hacer? – El pelirrojo trago saliva mirando a Harry. – Quien tu sabes regresó, y pueden atacarnos en cualquier momento. –
Esta vez fue Hermione la que habló.
-- Tenemos que aprender a defendernos, si no nos enseñarán tendremos que aprenderlo por nuestra cuenta.
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Trataron de informar a cuentos compañeros pudieron para que se congregaran en el cabeza de puerco, ese viejo establecimiento era rara vez visitado por algún estudiante o maestro, era perfecto para una reunión clandestina. Muy distinto a las tres escobas, era un local limpio y acogedor. Cabeza de Puerco consistía en una sola habitación, pequeña, lúgubre y sucísima, donde se notaba un fuerte olor a algo que podría tratarse de cabras. Las ventanas tenían tanta mugre incrustada que entraba muy poca luz del exterior. Por eso el local estaba iluminado con cabos de cera colocados sobre las bastas mesas de madera.
Y Ahí estaban, Harry, Ron, Hermione y Draco esperando a que alguien llegara.
-- Bueno, ¿quién dijiste que iba a venir? —le preguntó Harry a su amiga.
—Sólo un par de personas —repitió Hermione. Consultó su reloj y miró nerviosa hacia la puerta—. Ya deberían estar aquí, estoy segura de que saben el camino… ¡Oh, deben de ser ellos!
La puerta del pub se había abierto. Un ancho haz de luz, en el que bailaban motas de polvo, dividió el local en dos durante un instante y luego desapareció, pues lo ocultaba la multitud que desfilaba por la puerta.
Primero entraron Neville, Dean y Lavender, seguidos de cerca por Parvati y Padma Patil con Cho y una de sus risueñas amigas.
A continuación, aparecieron Katie Bell, Alicia Spinnet y Angelina Johnson, Colin y Dennis Creevey, Ernie Macmillan, Justin Finch-Fletchley, Hannah Abbott y una chica de Hufflepuff con una larga trenza, cuyo nombre Harry no sabía; tres chicos de Ravenclaw que, si no se equivocaba, se llamaban Anthony Goldstein, Michael Corner y Terry Boot; Ginny (quien fue la encargada de correr la voz de la reunión), seguida por un chico alto y delgado, rubio y con la nariz respingona a quien Harry creyó reconocer como miembro del equipo de quidditch de Hufflepuff, Fred y George Weasley con su amigo Lee Jordan, los tres con enormes bolsas de papel llenas de artículos de Zonko, y por último Theodore Nott junto a Luna Lovegood y Pansy Parkinson, la morena no dudó en quitarse a todos de enfrente y sentarse junto a Ron.
Se escucharon susurros por roda la habitación, no era secreto que ambos slytherins eran amigos de Draco, pero no imaginaban que lo eran a tal grado de asistir a esa reunión.
—Esto… —empezó Hermione hablando en voz más alta de lo habitual debido al nerviosismo—. Esto…, bueno…, hola. —Los asistentes giraron la cabeza hacia ella, aunque de vez en cuando las miradas seguían desviándose hacia Harry—. Bueno…, esto…, ya saben por qué hemos venido aquí. verán, nuestro amigo Harry tuvo la idea…, es decir —Harry le había lanzado una mirada furibunda—, yo tuve la idea de que sería conveniente que la gente que quisiera estudiar Defensa Contra las Artes Oscuras, o sea, estudiar de verdad, ya saben, y no esas chorradas que nos hace leer la profesora Umbridge —de repente la voz de Hermione se volvió mucho más potente y segura—, porque a eso no se le puede llamar Defensa Contra las Artes Oscuras
—«Eso, eso», dijo Anthony Goldstein, y su comentario animó a Hermione
—… Bueno, creí que estaría bien que nosotros tomáramos cartas en el asunto. —Hizo una pausa, miró de reojo a Harry y prosiguió—: Y con eso quiero decir aprender a defendernos como es debido, no sólo en teoría, sino poniendo en práctica los hechizos…
-- ¿por qué? – la interrumpió Michael Corner.
-- ¿Por qué? – Repitió Draco visiblemente molesto. – Porque quien tu sabes ha vuelto. --
La reacción de su público fue inmediata y predecible.
La amiga de Cho soltó un grito y derramó un chorro de cerveza de mantequilla; Terry Boot dio una especie de respingo involuntario; Padma Patil se estremeció y Neville soltó un extraño chillido que consiguió transformar en una tos.
Todos, sin embargo, miraban fijamente, casi con avidez, a Harry.
Después de aquello nadie puso objeción, Hermione informó que en cuanto encontraran un lugar adecuado en donde practicar se los informaría, acto seguido la castaña sacó un pergamino, tinta y una pluma para que todos anotaran su nombre.
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--¡Amo Harry! – Saludó con efusividad Dobby. El chico lo había ido a visitar a las cocinas por la mañana como lo hacía cada cierto tiempo desde que Dobby comenzó a trabajar en la escuela.
-- Hola Dobby.
Conversaron un poco acerca de el PEDDO, sobre Winky sus problemas… hasta que recordó que el elfo conocía muy bien el castillo, tal vez podría ser de ayuda.
-- quizá puedas hacerme un favor, Dobby —dijo Harry muy despacio. El elfo miró a Harry sonriente.
—¡Harry Potter sólo tiene que pedírmelo, señor!
—Necesito encontrar un sitio donde veintiocho personas puedan practicar
Defensa Contra las Artes Oscuras sin que las descubra ningún profesor, sobre todo — añadió, agarrando con tanta fuerza el libro que las cicatrices brillaron con un tono blanco y perlado— la profesora Umbridge.
Se había imaginado que la sonrisa del elfo desaparecería con rapidez y que Dobby agacharía las orejas o diría que eso era imposible, o como mucho que intentaría buscar algún sitio, pero se equivocó. Lo que no esperaba era que Dobby pegara un saltito, agitando alegremente las orejas, y diera una palmada.
—¡Dobby conoce el sitio perfecto, señor! —exclamó—. Dobby oyó hablar de él a los otros elfos domésticos cuando llegó a Hogwarts, señor. ¡Lo llamamos la Sala que Viene y Va, señor, o la Sala de los Menesteres!
—¿Por qué la llamas así? —preguntó Harry, intrigado.
—Porque es una sala en la que uno sólo puede entrar —explicó Dobby poniéndose muy serio— cuando tiene verdadera necesidad. A veces está allí y a veces no, pero cuando aparece siempre está equipada para satisfacer las necesidades de la persona que la busca.
Dobby estuvo encantado de mostrarle el camino hacia la sala de menesteres.
