Disclaimer: Los personajes le pertenecen a S. Meyer; la trama es mía.
¿Qué es belleza?
Capítulo 12: Diversión
Los últimos días de enero habían llegado y con ellos el fin de nuestros primeros parciales. Era todo un alivio poder respirar tranquila, sin la constante presión de saber que aún quedaban tareas por hacer y miles de folios por estudiar.
Por lo que había escuchado Rose y los demás tenían grandes planes para estos días de libertad, no había prestado demasiada atención pero si que había captado con total claridad la palabra fiesta en su discurso. Me temía que con estos planes Rose y Alice quisiesen ir de compras y así de paso echar un vistazo a ver que quedaba de las rebajas.
Casualmente uno de los días que salía de la biblioteca me encontré en uno de los tablones de los pasillos un anuncio más que interesante sobre becas para estudiar en países europeos. Siempre había pensado que cuando ahorrase lo suficiente me iría de viaje a algún país europeo, quizás a uno cálido; y que con el paso de los años, cuando estuviese más acomodada económicamente, volvería a Europa para conocer las principales ciudades. Una mujer independiente, algo a lo que yo aspiraba llegar a ser, no podía dejar de lado los viajes, el conocer nuevas culturas y poder empaparte de ellas. Parecía una buena opción.
Me fijé en los plazos de solicitud y en la documentación necesaria para solicitar tal beca. Muchas oportunidades sólo las tienes una vez en la vida.
-¿Qué haces por aquí?-me sorprendió Edward mientras salía de la oficina de secretaría.
-Vaya susto…-le contesté mientras me reponía del sobresalto.-¿Cómo es que te encuentro por todos lados?-dije más bien como pregunta retórica.
-Contesta tu primero.-me recriminó en tono juguetón.
-Salgo de hacer unos papeles.- algo más que obvio, ¿ qué iba a hacer sino allí?
-¿Hay algún problema?.-me preguntó preocupado.
-No.-contesté secamente sin saber que más decir y comenzando a mover nerviosamente los papeles que tenía entre mis manos.
-Tengo algo de prisa, he quedado con un amigo del Consejo de Estudiantes.-se excusó antes de irse, sorprendiéndome con su inmediata partida.
Él había acabado con sus exámenes antes que los demás, por eso no le había preguntado por ellos, pero sin embargo yo había terminado hoy y él no se había molestado en preguntarme. Irracionalmente me sentía descontenta. ¿Era asunto suyo saber cómo me había ido las cosas? no, ¿Tenía Edward alguna clase de obligación conmigo? Tampoco.
A veces me tenía que recordar a mi misma este tipo de cosas porque, más a menudo de lo que me gustaría, perdía un poco la perspectiva.
Siempre había sido una persona bastante objetiva y no iba a dejar de serlo ahora, no iba a dejar que los sentimientos nublasen mi mente, era adulta, responsable, una mujer de mente y no de sentimientos.
Un rato después me encontré con Rose en casa. Estaba colgada del teléfono con Alice, por lo visto maquinando su nuevo y, con toda seguridad, maléfico plan. A veces no entendía porque hablaban tanto por teléfono en vez de quedar directamente, se iban a ahorrar bastante en la factura del móvil.
-¿Qué te parece venir con nosotras de compras?.- me preguntó Rose tranquilamente un rato después de haber cortado su llamada.
Levanté la cabeza del libro que estaba leyendo, dejando por unos momentos de lado a Heathcliff y Catherine, y suspiré pesadamente, preparándome para la batalla que se avecinaba.
-Estoy entretenida leyendo Rose, no me apetece nada ir a un lugar plagado de gente a comprar cuatro trapos y acabar de mal humor al final de la jornada.- le expuse, sabiendo que de antemano ella ya conocía mi postura.
-¿Entretenida?¡Pero si estás leyendo un bodrio!-gritó Rose, pareciendo ofendida.- Me tuve que leer ese libro el último año de instituto y pensé que iba a morir en ello.
Esto iba a ser divertido, de una conversación o mejor dicho discusión sobre compras íbamos a acabar en una crítica a una de las grandes obras de la literatura.
-Se te olvida que estudio Literatura.-le recordé para picarla.-Y si, puede que sea una lectura pesada si lo comparamos con esas revistas tuyas de moda. No hay color.-la ataqué inconscientemente.
Su replica fue detenida por el sonido de la puerta pero aún así no me libre de su mirada, estaba que echaba fuego y realmente temía haberla ofendido, cuando esa no había sido mi intención, yo sólo quería replicarla pero no hacerla daño.
Por la puerta aparecieron los hermanos Cullen, Emmet quien no pudo dar un beso a Rosalie debido a su malhumor y Edward.
-¿Me has llamado tonta? Porque creo haber entendido eso.-me espetó molesta.
Vi las caras de sobresalto de Emmet y Edward y como el primero le susurraba a su hermano: "Tío hemos venido en mal momento, teníamos que haber jugado otra partida.". Se suponía que eso no lo debíamos escuchar pero por lo visto Emmet no entendía lo que implicaba la palabra susurrar.
-No es así Rose.- me disculpé.
-¿Me llamas a mí eso, siendo los protagonistas del libro un par de idiotas que no saben como llevar las riendas de su vida, que hacen todo lo posibles por hacerse infelices?.-contestó ofendida, gesticulando con las manos y moviendo su rubia cabellera. Tampoco era para ponerse a sí, ¿ me atacaba a mí o al libro?
Me incorporé del sofá, preparando mejor mi postura para la contienda.
-Tienes razón en algunas cosas, pero el hecho de que los personajes se equivoquen y no sean felices no quiere decir que sea un mal libro. ¿Cuántos personajes como Heathcliff has tenido la oportunidad de conocer?.-la pregunté para ver si así se percataba de lo que la quería decir.
-Heathcliff es estúpido.- nos interrumpió Edward.
De ahí en adelante todo se convirtió en una fiera y a la vez interesante discusión sobre el libro y sobre todo por el personaje de Heathcliff. Emmet nos abandonó desde el principio con una buena explicación: "Cuando me mandaron leerme el libro lo intenté-al mirarle con caras de incredulidad él se defendió.-¡En serio, me leí el primer capítulo! Pero era infumable así que me descargué vario trabajos de Internet, me los leí y discutí con mi madre sobre el libro. Soy un genio, entre los trabajos y las ideas de mi madre me quedó un trabajo de sobresaliente.- se vanaglorió, orgulloso de sí mismo."
Rose dejó el barco un rato después y al final se convirtió en un mano a mano entre Edward y yo. Él no soportaba ni comprendía a Heathcliff, mientras que yo no le defendía pero no podía negar la atracción que sobre mí ejercía, esa capacidad para amar y odiar con tanta intensidad, la profundidad de sus pasiones, la corrupción de su alma, la sed de venganza… al fin y al cabo su propia locura.
De poco me sirvió toda la discusión anterior porque finalmente me fui de compras con las chicas, eso sí, con la condición de que al volver veríamos la última versión cinematográfica del libro.
La tarde de compras fue como siempre y para no variar una pesadilla. Las tiendas estaban abarrotadas de gente, sobre todo de mujeres, ¿ tanto era el vicio femenino por las compras?.
También y para no romper con la tradición, apenas quedaban tallas más allá de la cuarenta en las tiendas. Era algo que nunca había conseguido entender: si las tallas cuarenta y cuarenta y dos son las que antes se agotan en las tiendas, ya que hacen muy pocas, ¿por qué no hacen más prendas de esas tallas?
Cada pantalón que encontraba era de las tallas treinta y cuatro y treinta y seis… no me desesperé, ya estaba demasiado acostumbrada a este tipo de cosas, la experiencia me había curtido. En algún momento de mi adolescencia había salido medio llorando de las tiendas por no encontrar ropa de mi talla, me seguía doliendo pero la diferencia estaba en que ya no lloraba, o al menos no muy a menudo.
oOooOOoooOOO
Eran las nueve de la mañana y una rubia con cara de desquiciada no hacía más que gritarme, ¿estaba soñando? Comencé a dudarlo en el momento en que me sentí zarandeada. No, aquello era tan real como la vida misma, Rose me estaba intentando despertar pronto en los días de vacaciones.
-¡En una hora nos vamos así que prepárate!-dijo mientras se iba y azotaba la puerta al salir.
Me llevó unos instantes darme cuenta de cual era el motivo por el que me había molestado: hoy íbamos al zoológico de San Francisco a pasar el día. Ese era nuestro estupendo plan, bueno al menos no era tan malo como me había imaginado.
Un rato después aparecí en la sala, ya ocupada por el resto y sus mochilas.
-¿Has cogido tú cámara Bella?-me preguntó una muy contenta Alice, saltando del sofá y acercándose a mí.
La contesté que sí en medio de un gruñido, molesta por haber tenido que madrugar y por tener tanto público a esas horas de la mañana.
Por casualidad o no, acabé con Edward sola en su coche, ya que en el de Emmet no entrábamos todos y ni Rose ni Alice querían dejar a sus parejas y hacerme compañía. No pude evitar el bufido de enfado que salió de mí, ¿tanto las costaba? Rosalie sabía que la presencia de Edward me intimidaba bastante. Me sentía terriblemente inferior a él y cuanto más lo pensaba peor me sentía. Éramos como dos calcetines desparejos, no casábamos.
Como estaba un poco más gruñona que la mayor parte de los días, me tomé la libertad de poner la música muy alta, cortando así cualquier intento de Edward de entablar conversación. Todo el camino transcurrió en absoluto silencio por lo que asumí que Edward había entendido mi indirecta.
Después de sacar las entradas y de colocarnos bien las mochilas entramos al zoo, con tan mala suerte de que en la entrada había una chica haciendo encuestas y decidió que yo era una buena opción para ello. No me quedó más remedio que acceder y quedarme allí un rato. Como suponía que la cosa se iba a alargar más de la cuenta les pedí a los demás que fueran tirando y cuando acabase ya les alcanzaría. Para mi incomodidad y sorpresa, aceptaron con la condición de que alguien se quedase conmigo, como si fuese un bebé que necesitase vigilancia continua. Fue Edward quien se ofreció a esperarme. Muchas veces me sacaba de quicio, desterrando lo peor de mí, pero otras veces me hacía sonreír tontamente con sus detalles, tan caballerescos como impropios en esta época.
Quince minutos después y un centenar de preguntas más tarde, por fin fui libre. Y si antes de venir ya estaba algo irritada, ahora mucho más. Tanto que sólo avisé a Edward tirándole de la manga y haciendo un simple gesto con la cabeza.
-¿Si no querías venir por qué aceptaste hacerlo ayer?-me preguntó Edward unos minutos después, incómodo por mi prolongado silencio.
-No es eso.-me excusé mientras pensaba mi respuesta.-El zoo me gusta, es como revivir mi infancia.-no puede evitar acordarme de mis padres al mencionar mi niñez.-Simplemente es que hoy me he levantado con el pie izquierdo.-zanjé el tema de forma brusca.
-Te levantas más días con ese pie que con el derecho.-bromeó Edward intentado superar la tensión del momento, pasando por alto de nuevo mi malhumor.
Desde que le había contado todo lo de mi padre, multitud de sentimientos contradictorios se habían hecho presentes en mí. Odiaba que el conociese mis puntos vulnerables, me detestaba a mí por no haber sido capaz de asumir sola la situación o al menos haberme apoyado en Rose y no en él. ¿ Por qué tenía que haber entrado él en mi cuarto?, ¿por qué esa noche estaba en nuestro apartamento?
-Pues si tanto te molesta ya sabes donde está la puerta-le contesté enfadada, el vaso ya estaba peligrosamente lleno y sólo faltaban unas gotitas para que se desbordase y al parecer Edward tenía todas las papeletas para lograrlo.
-Mira, entiendo que estés de malas pero no siempre tienes que pagarlo conmigo. A veces no pareces ser más que una niña de cinco años que se enfada por nada.-me contestó Edward ahora sin ningún atisbo de humor en su voz.-Hay momentos en los que me cansas.-terminó con un suspiro como si de verdad estuviera ya harto.
Y maldita sea, me hizo sentir culpable. Él no parecía estar mal esta mañana y ahora por mi culpa tenía una horrible mueca de enfado, ensombreciendo sus atrayentes facciones.
Era cierto que no tenía sentido del humor pero tampoco era muy inteligente hacer un chiste cuando estaba enfadada. Edward no tenía muchas luces.
La culpa era mía, pero él también había estado algo desafortunado.
Todo esto demostraba que yo no estaba preparada para interaccionar con la gente, no sabía como dar las respuestas acertadas y como comportarme por lo que finalmente siempre acababa yéndome mal y para colmo, Edward siempre parecía estar ahí para soportarme.
Después de caminar un rato más en silencio y con el ceño fruncido tuvimos que llamar a Alice para ver donde se encontraban y eso que todavía era pronto y no había mucha gente por el zoo.
Por lo visto había una tienda de regalos cerca de la entrada y Alice había querido pasarse por ella. Pobre padre, al final de mes sus tarjetas estarán bailando.
-¿Se ha muerto alguien?-preguntó Emmet probándose algunos sombreros graciosos.
Ninguno de los dos le contestamos sino que decidimos dar una vuelta por la tienda para ver si veíamos a los demás.
-¿Qué has hecho Bella?-me sorprendió Rose desde atrás.
-¿Por qué supones que he hecho algo malo?-la cuestioné por su tono de voz.
-Tengo ojos en la cara y al parecer Edward y tú no estáis muy contentos. Cuando os dejamos estabais bien, bueno tú algo gruñona, pero bien.-me explicó ahora ya si enfrente mío.
-A veces tu cuñado me enerva- comencé a explicarle lo que había ocurrido, que en realidad no había sido mucho. Cuando terminé Rose sonreía tímidamente.
-¿Por qué siempre la tomas con él? Sabes perfectamente que has metido la pata y también sabes de sobra que le debes una disculpa.-me aconsejó.
Tenía toda la razón, me había confundido pero por alguna extraña razón que escapaba de mi alcance, a menudo me enfadaba con Edward por pequeñeces como esas. ¿Qué me había molestado en sus palabras? En ellas sólo había verdad.
Al salir de la tienda, Alice ya había pasado varias veces su tarjeta, desde mi punto de vista gastando dinero en cosas tontas, camisetas con dibujos de animales, sombreros, poco prácticos pero muy graciosos….
Yo también aproveché la estancia en la tienda y compré una pluma con imágenes de una selva. Pedí a una de las dependientas un pequeño papel en el que escribí una breve disculpa y se lo di a Edward, bueno, en realidad se lo metí discretamente en el bolsillo de la sudadera, esperando que antes o después lo encontrase.
Era una cobarde por no dar la cara y disculparme directamente; pero era la forma más fácil para mí.
Nos pasamos toda la mañana de allí para acá, visitando leones, monos, jirafas… lo mejor fue la Gruta del Osos, era una maravilla. Lancé tantas fotos que perdí la cuenta, suerte que mi tarjeta de memoria fuese tan amplia…Pero a pesar se ser la dueña de la cámara no puede evitar salir en algunas de ellas, Alice era implacable en eso.
A Edward ya se le había pasado el enfado, sin darme cuenta se me había acercado por detrás y me había susurrado al oído con tono de risa: "Estas perdonada, gruñona". Provocando un vergonzoso estremecimiento en todo mi cuerpo.
Comimos en uno de los restaurantes de la zona. El tiempo de descanso fue corto, aún teníamos que ver el zoo para niños y varios espectáculos acuáticos, que resultaron ser muy entretenidos, bueno, todo menos aquel húmedo beso de una foca, ¿era cosa mía u olía a pescado? Todos se rieron de mí a carcajada limpia cuando nada más desaparecer la foca y su cuidador me froté vigorosamente la mejilla con la manga de mi sudadera.
Unos días atrás habían estado rodando las escenas de una película en el zoo, para lo que les había hecho falta una pista de hielo. El zoo había aprovechado la oportunidad y había mantenido la pista. Así que sin posibilidad alguna de negativa tuve que patinar, cosa que no hacía desde los once años, y eso con patines de línea no con esos de cuchilla y en aquella ocasión fue porque me obligaron en el colegio.
Con mucho miedo y agarrada a Emmet salí a la pista, rezando por no caerme y romperme la cabeza de un golpe. Emmet era casi tan malo como yo patinando, quizás por su robusta complexión, y más de una vez acabamos en el suelo. Al cabo de un buen rato ya no sentía el culo de tantos resbalones. El resto patinaban bastante bien, sobre todo Alice, que de pequeña había tomado clases de patinaje artístico, y que era en esos momentos un auténtico espectáculo sobre la pista.
Emmet le fue cogiendo el truquillo al asunto y acabó por abandonarme, era mas divertido intentar coger a Rose. Para mi suerte, Edward se compadeció de mí, agarró mi mano y no me dejó caer en ningún momento. Me puso bastante nerviosa sentir, en varias ocasiones, su mano sobre mi espalda, no porque fuese desagradable sino porque era extraño. Parecía dispuesto a no dejarme caer, dispuesto a caer él antes que yo,
En torno a las ocho de la tarde estábamos ya de camino al coche, más muertos que vivos y con los pies destrozados. Había caminado más en ese día que en el mes anterior, había sido una paliza de las buenas. No comprendía como Alice tenía aún fuerzas para dar pequeños saltitos, cargada, encima, con sus últimas compras.
De vuelta a casa no me molesté en poner alta la música, estaba tan cansada que me limité a cerrar los ojos y descansar un poco hasta que llegase a casa.
-¿Bella?-oía como una suave voz me llamaba a lo lejos.-Bella, despierta-repitió de nuevo aquella voz.
Poco después y tal como esa mañana, me sentí zarandeada, sólo que en este caso los movimientos eran mucho más suaves y cuidadosos.
Estaba tan a gusto tal y como estaba que no quería moverme ni un ápice. Y no fue hasta cuando sentí el avance de unas manos por mi cintura cuando me di cuenta donde estaba y de lo que estaba ocurriendo. Me había quedado dormida en el camino a casa y había estado tan profundamente dormida que Edward no me había logrado despertar y había optado por intentar levantarme él mismo para luego ¿llevarme en brazos?
Más rápido de lo que jamás hubiese imaginado teniendo en cuenta mi estado de somnolencia me eché hacia atrás, alejándome de su contacto y de paso golpeándome la parte baja de la espalda con la palanca de cambios.
-Veo que ya estás despierta.-dijo un divertido Edward mientras se apartaba de la puerta para dejarme salir, cosa que por unos minutos iba a ser imposible dada mi actual vergüenza. Espera que de igual que yo no podía ver su rostro, debido a la escasa luz, él no pudiese ver el mío.
¡Se había atrevido a tocarme la cintura sin mi permiso! No me gustaba que me tocasen y menos de aquella forma tan íntima. Él no tenía ese derecho, no tenía ningún derecho sobre mí, yo no le había concedido tales libertades, ¿o si? Le había permitido tocarme la mano, abrazarme… y él era cariñoso, eso lo había sabido desde el primer día.
¿Acaso él había pensado que me podía coger en brazos? No pesaba cincuenta kilos, para nada… no era tan ligera como su pequeña hermana que podía ser levantada con un simple suspiro.
Como pude salí del coche y me despedí torpemente sólo deseando irme de allí, impidiendo a Edward acompañarme hasta mi apartamento; estaba muy cerca y no había ningún tipo de peligro y lo más importante de todo: no quería estar a solas con él.
De camino a mi apartamento no pude evitar pensar en las chicas a las que Edward estaba acostumbrado a besar y a levantar. ¿A cuantas chicas habría sostenido entre sus brazos? Fuesen las que fuesen seguro que ninguna de ellas era como yo. Alguien tan atractivo como Edward no podía rebajarse a nada menos, la mujer que estuviese con él debía de ser lo suficientemente buena y hermosa para merecerse ese lugar. Con él no iban las mediocridades.
¿Cómo eran las mujeres que le gustaban a Edward? No le había visto estar con ninguna chica en especial, sólo en algunas ocasiones le había visto charlar con algunas compañeras de clase.
¿Por qué él no tenía novia? Si alguien como él no tenía pareja, ¿qué les esperaba a los demás?
Llegué un poco antes que Rose, seguramente ella se había estado despidiendo de Emmet y de ahí su retraso. Me despedí de ella y me metí en la cama, intentando alejar de mi mente los pensamientos que me decían que no era más que una chiquilla irracional, con tontos arranques de carácter.
Por fin pude dormir la mañana todo lo que quise, nadie vino a molestarme. Nada más levantarme, cerca de las doce, decidí llamar a Charlie, ayer se me había hecho demasiado tarde para telefonearle. Tristemente no notaba ninguna mejoría en él, apenas me hablaba pero aún así era capaz de percibir el tono seco y vacío de su voz. Me sentía frustrada por no saber que hacer, intentaba animarle, contándole lo que iba haciendo día a día y hablándole de mis amigos, este fue el único tema que logró despertar un poco su interés. Así que todos los días le dedicaba unos cuantos minutos de la conversación con mi padre a contar las aventuras de mis amigos.
Aún no había sido capaz de llamar a Renne. Ella me había llamado pero no había querido contestarla, no me sentía bien y no sabía que decirla, además temía tener otro estallido emocional al hablar con ella. Renne no iba a eludir el tema como había hecho Charlie sino que ella me iba a preguntar directamente, cosa para la cual no estaba preparada. Aún así, no podía evitar sentirme culpable por dejarla de tal forma de lado, por lo que la mandé un correo electrónico contándola que estaba bien y que necesitaba tiempo para digerir la noticia y que esperaba que respetase al menos eso.
-Buenos días, Bella. ¿Has descansado?.-me preguntó Rose cuando salí a la cocina después de haberme duchado y arreglado.
-Tenía ganas de dormir más de doce horas seguidas.-la expliqué, dudando, ¿sólo me lo parecía a mí o me iba a decir algo que no me gustaba? Había algo raro en su expresión y en ese aparente tono cordial y desinteresado.
-Veo que todos hemos recuperados fuerzas.-concluyó.-Así que estamos preparados para una verdadera noche de fiesta.-dijo como si tal cosa.
¿Fiesta? Eso suponía ir a un bar de ambiente, estar rodeado de mucha gente, de tanta que resultaba imposible no rozarse, y estar expuesta ante cientos de miradas, aunque antes que todo eso estaba el asunto de arreglarse.
¿Qué pintaba yo en una fiesta? No recordaba la última vez que había asistido a una y tampoco tenía ganas de hacerlo ahora.
-Espero que lo paséis bien entonces.-contesté sin incluirme a mí para que ella captase el hecho más que obvio de que yo no pensaba salir con ellos.
-Lo vamos a pasar bien todos, hace mucho que no salimos de noche y nos desmadramos un poco-¿a quién se refería con todos?
-No creo que lo mejor sea desmadrarse pero allá vosotros.-la dije algo más contenta, deduciendo, ilusamente, que ella no me incluía en sus planes.
-Anda Bella, porque un día te sueltes un poco la coleta no va a pasar nada.-bromeó Rose.-Además ya nos conoces a todos y sabes que no somos unos borrachos fiesteros, es más nunca nos has visto a ninguno de nosotros con unas copas de más. Y me refiero a desmadrarnos en un buen sentido, salir a un buen local, tomar algunas copas, bailar, reírnos e irnos a la cama muy tarde y algo "contentos".-me explicó como si fuese la cosa más normal del mundo.
-Si te quieres emborrachar no es mi problema, yo soy abstemia.-sólo había probado el alcohol en unas navidades, cuando Charlie me dio una copa con un poco de Champán para que lo probase; y no me había gustado nada.
-¿Por qué no me sorprende?-repuso divertida.-No te preocupes, nadie te va a obligar a beber, te tomas un refresco y punto.-habló ahora sí asumiendo que yo iba a ir con ellos.
-Gracias por la invitación pero no voy a ir. No me gustan ese tipo de locales y los ambientes que hay en ellos.-le contesté tranquila, mirándola fijamente a los ojos para que captase mi determinación.
-No me vengas con cuentos. Te pasas la vida aquí metida o sino en la biblioteca. No te estoy pidiendo que salgas todas las noches o que te emborraches, sólo que por unas horas cedas y salgas a un sitio de moda, con gente joven y con la posibilidad de pasarlo bien.- ¿no había cedido ya en muchas cosas?
Otra vez volvimos a discutir, se estaba volviendo ya en una costumbre. Accedí a salir con ellos, con la clara promesa de Rose de que nadie me iba a obligar a beber alcohol ni a bailar y que pasado un tiempo si quería me podía ir.
Escapa de mi comprensión porque al final siempre acabo cediendo.
Después de comer y de leer un rato abrí mi armario para encontrarme con otro quebradero de cabeza, ¿qué ropa me iba a poner?
No tenía nada que mereciese la pena, todo era ropa práctica y no creía que fuese adecuado salir con unos vaqueros de diario. Así que dada la situación me vi obligada a pedir ayuda a Rose, que se mostró encanta; no obstante me advirtió de mi necesidad de comprar una cuentas prendas para poder salir, sugerencia a la que yo hice oídos sordos.
Revolvió todo mi armario y al final encontró algo decente, sacó cosas de las que ni siquiera me acordaba. En realidad iba bastante sencilla: llevaba unos pantalones negros ajustados, no me gustaban mucho pero al menos el color disimulaba un poco mi sobrepeso, una chaqueta de punto larga y de color negro también y una camiseta gris, muy simple y cómoda. Rose se empeñó en dejarme un cinturón ancho y de color gris que colocó por encima de mi cadera, me negué a ponérmelo en la cintura, la parte de mi cuerpo que más odiaba era mi tripa y si resaltaba mi cintura hacía más visible mi tripa. No tenía tacones, tampoco me hacían falta, así que opté por unas manoletinas grises y un pequeño bolso del mismo color, adornado con un lazo que también me dejó Rose, al igual que un largo collar de grandes bolas negras con rayas blancas y pequeños aros plateados. Por lo visto los pocos complementos que tenía no valían la pena.
Curiosamente lo que más me gustaba de mi imagen eran mis uñas. Nunca me las pintaba ni me las cuidaba pero hoy Rose había decidido variar eso y me había limado y pintado las uñas de negro. Puede que fuese una tontería pero me hacía sentir más femenina, eran las mujeres las que se pintaban las uñas. Sí, definitivamente y de forma totalmente absurda, me sentía más mujer gracias a mis uñas.
Lo único bueno que había en mí era mi pelo, lo podía rizar o alisar con la misma facilidad, y en esta ocasión Rose optó por hacerme unas suaves ondas, que aunque me costase reconocerlo no me quedaban nada mal. Me negué a que me maquillase y sólo me puse un poco de gloss, no me apetecía ir como una puerta.
Si Rose vestida normal era muy bella, la Rose arreglada era un mujer de portada de revista. Ella también se había rizado el pelo, parecía una leona con tanto volumen, quizás a otras las habría sentado mal pero no a ella, la daba un toque indómito. Se había maquillado, no grotescamente, sino de una forma sencilla, resaltando sus rasgos. Y en cuanto a la ropa…con su cuerpo cualquier cosa la sentaba bien. Llevaba una falda roja que la llegaba a la cintura y caía un poco más arriba de su rodilla y una camisa de manga larga negra, por dentro de la falda, tacones de infarto, con los que cualquier persona se torcería un tobillo. Completaba su atuendo con un bolso de mano negro.
A su lado me sentí pequeña, más que de costumbre. No había punto de comparación entre nosotras dos, ella era todo lo que una mujer quería ser o poseer y en cambio yo era todo lo que la gente despreciaba. Día a día las diferencias eran notables, pero en estos momentos estaban multiplicadas por cien. Me daba vergüenza de mi misma, me había arreglado y aún así no dejaba de ser una gorda campesina frente a una mujer de bandera.
Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.
Me sentí aún peor cuando vi a los demás arreglados, Alice iba preciosa con un vestido azul zafiro, que resaltaba aún más su belleza; y los chicos aunque sencillos, estaban atractivos.
Yo era el eslabón débil de la cadena, lo que fallaba en la foto. Era algo obvio a los ojos de cualquiera. Cuando estábamos en casa las cosas eran fáciles porque ellos ya me conocían y no había nadie más, pero ahora…
-Estas muy guapa Bella.-me dijo Alice cuando los chicos se fueron a por los coches. Estaba segura de que me lo dijo por compromiso, como también se lo había dicho a Rose…
Me miró con una mezcla de cautela y desafío, esperando mi respuesta o más bien mi ataque. Por lo visto ella ya me conocía bien.
-Te cuesta aceptar un cumplido, ¿verdad?-me preguntó ante la ausencia de respuesta.
-Mucho.-musité, reconociendo la verdad a regañadientes.
-No te fías de que te diga la verdad, ¡menos mal que he sido yo quien te lo ha dicho! Si hubiese sido un hombre…-no tenía que contestarle.
-Tú también estás muy guapa.-la dije de vuelta esquivando sus últimas palabras.
Poco después llegaron los demás con sus coches. Hoy conducían Jasper y Emmet. Decidí irme con el segundo y Rose, no me apetecía recibir más falsos halagos de Alice o cualquier clase de mirada que seguramente me iba hacer sentir incómoda.
El camino fue más corto de lo que me hubiese gustado y en pocos minutos llegamos a un lugar abarrotado de gente llamado Wish. Por lo visto era uno de los lugares más visitados de todo San Francisco. Fantástico…
Me puse detrás de Rose, en un vago intento de pasar desapercibida ante semejante cantidad de gente.
Nunca me había gustado conocer extraños, especialmente cuando eran del sexo opuesto, y al pensar que iba a estar rodeada de tantos… no podía evitar sentirme incómoda y molesta, a la espera de peligro.
Cuando conseguimos sentarnos en una mesa no pude evitar echar un vistazo alrededor. La luz era de un color rojo oscuro, bastante inquietante para mí. Todo el lugar estaba formado por sillones de cuero negros y altos taburetes, más típicos de un bar que los sillones. El lugar no tenía mal aspecto, un poco aterrador quizás, pero aún así no estaba del todo mal. Me hubiese asustado más si me hubiesen llevado a uno de esos lugares con tarimas y bailarines semidesnudos, habría echado a correr.
-¿No es para tanto, verdad?-me preguntó Rose, sentada a mi lado, interrumpiendo mi para nada disimulado escrutinio.
-No, hay cosas peores.-me limité a responder mientras algo sorprendida veía como un par de chicos se besaban acaloradamente en la barra.
-Aquí viene todo tipo de gente, heteros, gays, trendies…-me dijo Alice, refiriéndose a lo que estaba viendo en la barra, ¿pensaría que soy homófona?-Es un sitio tranquilo, tiene muchísima afluencia por la tarde, de noche es más tranquilo.
Pronto una simpática camarera vino a tomar nota de nuestras bebidas. Yo no tenía ni idea de que pedir, estaba fuera de mi hábitat natural. No creo que pedir un zumo sonase muy bien en un lugar como ese.
-¿Qué te parece un cóctel suave Bella?-intervino Rose en mi ayuda.
La mire detenidamente, para que entendiese que no quería mucho alcohol, no creía ser resistente a él. Después de esto, Rose pidió a la camarera que se acercase y la susurró algo al oído, a lo que la camarera contestó con un leve asentimiento y una sonrisa. Era muy atenta y nada estirada como pude pensar antes de entrar.
-¿esto no está un poco dormido?-se quejó Emmet.
-¿ya quieres bailar hermano? Ahórranos ese bochorno por un rato-se burló Edward.
Aproveché que toda la atención estaba puesta ahora en Edward para mirarle bien. Antes con la vergüenza y las prisas no lo había hecho.
Estaba más o menos como todos los días, parecía haberse echado espuma o algún tipo de loción en el pelo por el brillo que este desprendía. Pero aún así seguía igual de rebelde, me daban ganas de meter la mano entre sus mechones y ver si de verdad eran tan indomables como aparentaban. De todas formas creo que el pelo le queda mejor así, no me gustaría verle muy repeinado, no le quedaría bien. Gran parte de su atractivo estaba en su cabello.
Iba vestido de oscuro, lo que resaltaba su palidez. Siempre me habían gustado los hombres vestidos de negro, les daba un aire misterioso y atrayente. Llevaba las mangas remangadas hasta los codos, debido al calor de local, dejando a la vista sus brazos. Para reforzar la imagen tenía un par de botones desabrochados, dando la imagen más atrayente.
No era un conjunto casual, saltaba a la vista que todo había sido cuidadosamente pensado, la apertura de la camisa llevaba los ojos hacia su pecho, centrado la atención en él. Si en una mujer el dejar dos botones abiertos era para llamar la atención, ¿por qué no iba a ser igual en los hombres?
Edward llamaba la atención, mucho más que Emmet y Jasper, no sólo porque estos dos iban del brazo de sus parejas sino porque había algo en él que le hacía destacar. No era una sola parte de él sino todo el conjunto, todos y cada uno de los aspectos que le formaban física y emocionalmente. Ahora sabía eso.
A medida que fue pasando la noche me fui sintiendo un poco más cómoda, seguramente me estaban afectando el par de deliciosas cócteles que me había tomado, según Rose con muy poco alcohol. Quizás tuviese razón pero para una persona como yo, una gota significaba mucho.
Cuando la medianoche se fue acercando el lugar se fue llenando de gente. Entraron espectaculares mujeres, más desnudas que tapadas, con impresionantes vestidos y cinturones, porque aquello no eran faldas. Todas me parecían espectaculares. Mientras que yo me tapaba todo lo que podía y tenía que suplir mi falta de atractivo con ropas y complementos, la mayoría de las mujeres optaban por enseñar mucho y así llamar la atención.
No me pasaron inadvertidas las miradas que algunas mujeres lanzaban a nuestra mesa, ninguna se acercó y creí entender la causa. En la mesa éramos tres chicos y tres chicas, seguramente pensaban que éramos parejas. Si supieran…
-¿Podemos ir a bailar ya Rose? Se me ha quedado el culo plano de estar tanto tiempo sentado.-se quejó Emmet.
-Vamos al baño y a la vuelta movemos el cuerpo.-le contestó Rose mientras Alice se levantaba para ir con ella.
Rose me pidió ir con ellas así que hice lo mismo que Alice.
-¿Queréis que os acompañe?-se ofreció Edward.-No vaya a ser que pase algo.-dijo preocupado.
Parte de la noche había estado callado. A veces le pillaba mirándome fijamente y luego apartaba la vista. Me pase parte de ese tiempo nerviosamente esperando el momento en el que se levantase y se fuese con una de las tantas bellas mujeres que abarrotaba el local o a la espera de que alguna atrevida se acercase a él.
-Si chicas, y acordaos de no coger piruletas de gente extraña.-se burló Emmet de Edward.-No las va a pasar nada, hombre.
-Por lo menos él se preocupa por nosotras, podías copiar un poco.-le contestó Rose a modo de reproche.
Edward era demasiado atento para los tiempos que corrían, incluso su hermano se burlaba de él.
Después de hacer algo de cola para entrar al baño las chicas se retocaron el maquillaje y salimos de nuevo.
-¡Vaya bellezas amigo!-escuché de pronto.-¡La rubia está para comérsela!Y bueno, la pequeñita también tiene un buen polvo-continuó aquel hombre.
-Hasta la gorda puede servir-dijo el otro con voz pastosa.
-Has bebido demasiado John, ¿la has mirado bien? Al lado de este par de diosas sólo parece más fea y gorda, se ha equivocado de amigas.-dijo entre risas.-o quizás la rubia y la pequeña están con ella para pareces más buenorras. Ya sabes como son las mujeres de retorcidas…-terminó el que parecía estar menos borracho.
Era raro que hasta ahora nada hubiese pasado, lo más normal era que algo como esto hubiese ocurrido antes.
Miré a mis amigas, yo estaba asustada mientras que ellas parecían enfadadas y sin un ápice de temor. Puede que ya se hubiese enfrentado a situaciones como esas.
-Mirándome así rubia sólo me pones más cachondo.-continuó el mismo tipo.
-Vete a la mierda cerdo.-gritó Rose, dejándome anonadada.
¿Y si ese par de tipos nos hacían algo?
-Tranquila rubia, guarda ese genio para la cama. Ahí es donde quiero que saques las garras.-guaseó el tipo aún sin acercarse a nosotras pero manteniéndome en tensión.
-Piérdete-sentenció Alice mientras nos cogía a cada una por un brazo y nos alejaba rápidamente de allí.
Temblaba de miedo. ¿Qué podría haber ocurrido?
Como pudimos volvimos a nuestra mesa. Algo en nuestra cara debió alertar a los chicos.
-¿Qué ha ocurrido?-gritó Edward con cara de preocupación mientras se acercaba hacia nosotras que ahora nos habíamos sentado juntas en una de las esquinas del sofá.
-Un par de gilipollas nos han molestado al salir del baño-contestó Rose aún enfadada.
-¿Qué le han hecho a Bella?-dijo Edward fuera de control al ver mi palidez y mis tenues temblores.-¿qué te han hecho?-me gritó ahora a mí cogiéndome por los brazos.
Aún no salía del susto. Nunca en mi vida me había pasado algo como esto.
-Nada en especial. Ya sabes estaban pasados de copas y no han sido muy amables. A Rose le ha tocado la parte lasciva y a Bella la hiriente.-explicó Alice.-Pensándolo mejor, todo ha sido ofensivo sólo que de formas distintas.
-¿Dónde están?¡Les voy a partir la cara! A ver si son tan hombres como para meterse conmigo. Se les va a pasar la borrachera de un solo golpe.-bramó Edward ahora totalmente fuera de control.
Emmet le cogió por los hombros y le inmovilizó. Estaba empezando a dar un espectáculo.
-Tranquilízate hombre, la vas a asustar más-le dijo Emmet.
-¿no tienes sangre en las venas?, ¿¡Un par de cerdos el han dicho barbaridades a tu mujer y no haces nada!-le contestó Edward, todavía alterado.
-Ya Edward. Siéntate y párate a pensar un poco. No es la primera vez que esto nos pasa y nunca te habías puesto así. Vamos a ir donde ese par de piltrafillas pero no en busca de peleas sino a dejarles claro quienes son nuestras mujeres y que deben ser respetadas. Pero nada de golpes-sentenció un serio y tajante Jasper con voz dura, consiguiendo aplacar a Eward.
-Si podemos evitarlo…-musitó por lo bajo Emmet, haciendo alusión a lo último dicho por Jasper.
-Os dije que no deberían haber ido solas, mirad lo que ha pasado-les reprochó un poco después más calmado pero aún rabioso.
-Tienes razón pero lamentarse no sirve de nada. Ahora vamos donde ese par de imbéciles.-le contestó su hermano.
Edward soltó mi mano y me dio un abrazo, demasiado fuerte casi ansioso. Desde que se había calmado no me había soltado.
-No te quiero dejar sola-me dijo al oído en voz baja.-¿Y si vuelve a pasar algo?
-¿por qué no te quedas aquí conmigo entonces?- con él allí me sentía seguro. No quería que le pasase nada, temía por él.
-Tengo que limpiar tu nombre, nadie se mete contigo-dijo con determinación aún en mi oído.
-Pero contigo aquí me siento segura.-le dije como una pobre niña de preescolar.
-Aunque me pese estáis cerca de la barra por si pasa algo. Por favor, no te muevas de aquí y llámame en cuanto notes algo raro. En cinco minutos estoy contigo de nuevo.-me contestó antes de apretarme nuevamente contra él y luego soltarme para incorporarse.
En cuanto me dejó y le perdí de vista me sentí sola, desprotegida. Añoraba esa seguridad y calidez que minutos atrás me había proporcionado.
-Tres Long Island ice tea*, por favor.-pidió Alice a la camarera.-A ver si se nos olvida esto.-nos dijo a nosotras.
Cuando di el primer trago me ardió la garganta y estuve a punto de escupirlo.
-¿Qué es esto?-chillé.
-Lo que nos hacía falta.-repuso Rose algo divertida con su copa medio vacía.-Nada de caras largas desde ahora.
-Ya veras que rápido se nos sube a la cabeza.-rió Alice, ¿tan rápido estaba haciendo efecto?
Decidí probar suerte y bebérmelo. Me sentía mal, con miedo, asustada, me sentía poca cosa en medio de tanto cuerpo y lujo y Edward no estaba.
En cuanto acabamos con ellos pedimos otra ronda, que llevábamos a medias para cuando los chicos llegaron.
-No me jodas !están borrachas!-dijo Emmet nada más llegar y echarnos una ojeada.
Nuestra respuesta fue una nueva oleada de estrepitosas carcajadas.
-No pensé llegar a ver esto, por lo menos no tan pronto-dijo un incrédulo Jasper.
-¿otro cóctel?-sugirió Rose un rato después, mientras agitaba la mano para llamar la atención de alguno de los camareros.
-Ni se te ocurra-dijo rápidamente Emmet.
-¿Cómo has dicho?-intentó asustarle Rose, fallando estrepitosamente en el intento.
-Cariño, ya estas demasiado achispada. Una copa más y estarías borracha. Imagínate como te vas a poner más tarde.-le contestó suavemente Emmet.
-¡Mandilón!-le gritó su hermana para deleite de Eward, Jasper y mío.
Alice y yo volvimos a reírnos como locas. Pobre hombre, como se arrastraba por Rose, le tenía en un puño.
Retiré mi atención de la pareja y me centré en Edward, más guapo que un rato antes.
-¿Tienes mal el reloj Edward?-le dije mientras me miraba sorprendido
-¿Por qué lo preguntas Bella?-me contestó no muy convencido, dudando de mis facultades mentales.
-¡Has tardado casi un cuarto de hora! Aunque después de la primera copa ya no te echaba de menos…-lo pensé un poco mejor- Bueno, eso quizás sea mentira, digamos que te echaba menos de menos.-ni yo misma entendí lo que había dicho.-Has limpiado mi honra noble caballero, quizás te merezcas uno de mis pañuelos.
-Ahhh-fue la gran aportación de Edward, descolocado por mi razonamiento y mis estupideces.
-¡Baile!-chilló de repente Alice.
Sin pensármelo dos veces me levanté de mi asiento como si hubiese sido impulsada por un resorte.
Las tres nos dirigimos a la pista, seguidas por el trío de hombres que tenían unas caras de lo más raras.
-¿Por qué no nos vamos a casa, Bella?-me dijo Edward.
-No seas aburrido y baila conmigo Edward. Que la gente me tenga envidia por una vez-reí.
-Bella…-insistió Edward-Mañana te vas a avergonzar, vamos a casa.
-Te he dicho que no, si no quieres bailar conmigo bailo sola, ya ves tú que problema-le contesté enfadada.
-Lo que tú quieras-se rindió Edward.
oOooOOoooOOO
Me sentía como un saco de patatas que acababa de ser arrojado al suelo. Me dolía todo el cuerpo, incluso algunas partes que no sabía ni que existían.
Aún sin abrir los ojos sentía como mi cabeza estaba a punto de explotar. Tenía la boca pastosa y el mal aliento era más que evidente.
Y al abrir los ojos la situación no fue mejor, incluso empeoró. Me sentía medio mareada y todavía no me situaba.
Intenté hacer memoria, rememorando los acontecimientos de la noche pasada, pero mi mente parecía dispuesta a no dejarme ir más allá del segundo Long Island ice tea.
Santa mierda, ¿qué había pasado?
Para mejorarlo todo sentía unas horribles nauseas. Me levanté corriendo hacia el baño pero no vomité. Por lo visto no me quedaba nada en el estómago.
Mierda, mierda y más mierda.
¿Qué había pasado?
Desesperada me dirigí hacia el cuarto de Rose, tenía que saber que era lo que había pasado. De cualquier forma tenía que confiar en los chicos, ellos no habían bebido casi nada, estaba totalmente sobrios, tenían que llevar los coches; y seguramente habían cuidado de nosotras. Estaba segura de haber estado siempre con ellos. Pero el problema estaba en lo que había dicho o hecho con ellos. ¿De cuántas formas había sido capaz de avergonzarme?
Interrumpí en su habitación sin preocuparme por llamar a la puerta. Mala idea por supuesto. En la cama estaba Rose y Emmet. Con las mismas me di la vuelta, en la cocina encontraría algo para mi dolor de cabeza y el mal sabor de boca se quitaba con un cepillado.
¿Estaría Alice despierta?
¡Dios santo, me había emborrachado por primera vez en mi vida! la primera vez que bebo y que me emborracho. No podía ser más penosa… bueno, me quedaba el consuelo de saber que había sido la única, mis dos amigas también se habían puesto demasiado contentas.
-¿Ya estás despierta?-me asustó la voz de Edward desde detrás, tanto que no pude evitar dar un bote.
-¿Qué haces tú aquí?-no entendía nada.
-Digamos que anoche a ciertas damas se las pasó la mano con el alcohol.-respondió divertido. Que pena que yo no estaba para chistes.
-Veras…-comencé dubitativa.-Esto me da mucha vergüenza…-no me quedaba más remedio que preguntarle a él.-yo… yo no me acuerdo de nada, bueno de algo sí, pero a partir del momento en que quisimos ir a bailar mis recuerdos desaparecen-que bochorno… la tímida y remilgada Isabella Swan estaba pidiendo explicaciones a un hombre la mañana después de su primera borrachera.
Edward se rió.
-No se que te parece tan gracioso. No me acuerdo de nada, me siento como la mierda, me duele la cabeza y me siento culpable, mucho, más de lo que te imaginas.-ahora también me sentía sucia, seguro por el calor de la noche pasada y mi ausencia de ducha. La peste de mi pelo a humo no dejaba lugar a dudas, aún no me había duchado.
Y sí, me sentía culpable. Había hecho algo malo, muy malo. No porque había bebido sino porque había perdido el control.
-Tienes resaca, Bella. Todo el mundo se ha emborrachado alguna vez, digamos que es uno de los ritos de iniciación en nuestra sociedad-me explicó.
-Sólo quiero saber que es lo que hice, tomarme algo para la cabeza e irme a la cama, así que aligera.-cada vez me dolía más la cabeza.
-Te lo resumo: estabais borrachas así que fuimos a la pista de baile con vosotras para vigilaros. Un rato después os convencimos para ir a otro lugar, cuando en verdad nos veníamos para casa. Alice vomitó en la calle y tu en la puerta de casa.-Dios…-No estabais como para dejaros solas, eso explica mi presencia aquí, la de Emmet en el cuarto de Rose y la de Jasper en su habitación con Alice.-terminó eludiendo muchos datos.
Estaba segura de que se dejaba algo en el tintero, no podía haber sido todo tan sencillo.
-Pero…¿no hay nada más?-pregunté temerosa.
-¿Te parece poco? Tuve que limpiar la puerta…-contentó él, contento de burlarse de mí.
No había caído en eso, él tuvo que limpiar los restos que había dejado en la puerta. Que mortificada estaba, que vergüenza…
-En serio Bella, no tienes de que preocuparte, no hiciste nada malo. Hiciste lo que haría cualquier borracho, vacilar con tus amigas, soltar alguna que otra tontería, reírte hasta por los codos, potar y luego dormirla-me dijo como si fuese lo más normal del mundo. Quizás fuese normal para el noventa por ciento de la gente pero no para mí. Yo nunca perdía el control, siempre era consciente de mis actos.
Me fui a la cama después de haberme tomado algo para la cabeza. Edward fue bastante amable conmigo y me repitió que no había hecho nada malo. Aún así no pude creerle, algo en mí me decía que había pasado más de lo que me quería contar, no podía dejar de pensarlo.
Me desperté horas después, ya mucho mejor que por la mañana. Edward me había dejado algo para comer en la mesa, una sopa que tenía una pinta deliciosa. Que detallista y considerado…
Después de tomarme una ducha y de comer, busqué a Rose. Ella también tenía una horrible resaca, no era la primera, pero no era como si estuviese acostumbrada a emborracharse.
Contrastamos versiones y eran más o menos similares, lo malo era que en la pista de baile nos habíamos separado y yo me había quedado al cuidado de Edward así que Rose no sabía nada sobre esa parte.
Ella también tenía lagunas pero no tan fuertes como las mías. Se acordaba más o menos de todo, como Alice que tiempo después vino para amenizarnos la tarde.
Aunque me sentía culpable y abochornada, mi primera, y esperaba que única borrachera, había sido toda una experiencia. Pero aún así no más alcohol, me lo podía pasar bien sin necesidad de beber.
oOooOOoooOOO
Los días comenzaron a pasar como por arte de magia. Retomamos las clases en febrero, después de nuestros cinco días de descanso por los exámenes.
Me propuse encontrar un nuevo empleo, algo que no me quitase mucha horas ya que este semestre se avecinaba mucho más complicado que el anterior.
A finales de febrero nos llegó un correo de una profesora. Nos contaba que una amiga suya tenía un hijo en el instituto que necesitaba clases de lengua y literatura. Me puse en contacto con la madre del niño, concertamos una entrevista y para mi total sorpresa conseguí el puesto.
¿Tan poca gente se había presentado? Al fin y al cabo el anuncio lo habíamos recibido los noventa alumnos que teníamos clase con la profesora Smith.
Me sentí bastante nerviosa, me iba a enfrentar a un adolescente. Tuve momentos de arrepentimiento, no en vano se decía que los adolescentes eran muy crueles, yo misma lo había experimentado en carne propia.
Mi alumno era un chico de dieciséis años, bastante rebelde y pasota. No hacía las cosas porque era un vago redomado, no quería molestarse en estudiar y mi tarea era esa, ayudarle a estudiar, bueno a eso y también a mejorar su ortografía que era una acometida contra la vista.
No me parecía ser la profesora de aquel chico, al menos no los primeros días. A penas le llevaba tres años. Los primeros días fueron muy duros, me ponía de los nervios y pasaba de lo que yo le decía. Pero poco a poco y con mucha paciencia conseguí abrirme un hueco en su coraza, llegar a él y captar su atención. Le encantaba la música y ataqué por ahí. Después de eso descubrí que Adrián era un buen chico si sabías por donde llevarle.
Era su profesora pero también su amiga, sí, era raro pero a mí me funcionaba.
Así que estaba contenta con mi trabajo, iba tres días a la semana durante dos horas a su casa, que para más suerte estaba bastante cerca de mi apartamento. De esta forma tenía tiempo de estudiar y ganarme algo de dinero para ir ahorrando. No me podía quejar de mi suelo, cobraba bastante más de lo esperado, según la madre de Adrián, era un chico bastante difícil de tratar, ella sabía la paciencia que hacía falta para estar con él y no quería perderme, ya había tenido que despedir a varios profesores.
-¿y si les gustas?-me preguntó a finales de marzo Rose.
-deja de decir tonterías, tiene sólo dieciséis años.-expliqué.
-¿es que con dieciséis años no te puede gustar alguien?-negué con la cabeza-¿no? Estás bastante equivocada Bells, con dieciséis años yo ya amaba a Emmet.
-Mírame Rose-la insté a que lo hiciera para luego continuar con mi razonamiento.-Es un adolescente, ellos buscan chicas guapas, que no den muchos problemas. Yo no entro en ese molde.
-Pero puedes ser una de sus fantasías, una chica mayor, universitaria y encima su profesora particular-bromeó.
Un gruñido nos sacó de nuestra conversación. Edward y Emmet regresaban con nuestros pedidos. Habíamos salido ese sábado solo nosotros cuatro. Jasper y Alice celebraban su aniversario.
-Así que Bella, ¿eres la fantasía de un puberto?-Emmet no había parado de gastarme bromas desde mi borrachera.
-No digas tonterías-le intenté callar.
-Oh… no amiga, tú no sabes todas las cosas que pasan por la mente de un chico a esa edad-continuó con su broma.-Si no pregúntale a Edward.-esto último de dejó inquieta: ¿preguntarle a Edward?
Sorprendentemente Edward se mantuvo callado, con el ceño fruncido y cara de molestia.
-¿Qué te ocurre Edward?-le pregunté cuando ya no aguantaba más su silencio. Ese no era el Edward al que estaba acostumbrada.
Durante este tiempo Edward se había vuelto muy cercano, por así decirlo la borrachera nos unió. Él había cuidado de mí cuando yo no tenía un novio que lo hiciese. En muchos sentidos había estado mal, había sido como traspasar una barrera que no nos correspondía ni a uno ni a otro, él no era mi novio y por tanto yo no me merecía esa clase de protección, y por otro lado él se había tomado demasiadas atribuciones en ese aspecto. Debería estar molesta por ello, pero no lo lograba, me había sentido bien con sus cuidados y su preocupación.
A veces venía a casa a ver une película, a que le cocinase algo o a que le revisase algún escrito, como si yo fuese alguna doctora en letras, pasábamos mucho tiempo juntos.
Día a día iba conociendo más de él y nunca dejaba de sorprenderme. Se parecía muy poco a la mayoría de los chicos, sus modales eran más típicos de los caballeros de Regencia que de un hombre de nuestro siglo. Me gustaba que no fuese como el resto.
Pero aún conociéndole más todavía existía algo que me inquietaba: su pasado. Melanie había hecho sus apariciones esporádicas para molestarme e inquietarme acerca de Edward, según ella, él antes no era tan santo, le gustaba rodearse de féminas e ir a muchas fiestas.
No podía evitar tener dudas. No le pregunté ni a las chicas ni a él sobre esto. Era algo que debíamos aclarar Edward y yo. Confiaba a en él y no creía que fuese una mala persona. Él no podía ser el típico chico.
Por otro lado, ciertos sentimientos extraños iban naciendo en mí. Por ejemplo, odiaba ver a Melanie cerca de Edward, una combinación de rabia e impotencia se adueñaba de mí en esos escasos momentos. Estaba tan acostumbrada a ver a Edward sólo con Alice, Rosalie y conmigo que no me gustaba verle con otras chicas. La mayoría no eran buenas para él. Edward se merecía algo especial, no cualquier mediocre.
Antes me molestaba que Melanie se acercase a él porque era mala persona, egoísta y falsa pero ahora esa molestia tenía otras causas, no quería que ella como mujer, y no como persona, estuviese rondándole.
No me gustaba esos sentimientos, ¿desde cuando yo era posesiva con alguien? no había sido nunca alguien con este tipo de sentimientos y no me explicaba como a veces, involuntariamente, se me escapaba el mío de los labios.
Aún recordaba el día en el que Jennifer, una de nuestras compañeras de clase, la única que compartíamos este semestre, se había apresurado a buscar a Edward como pareja para un trabajo.
-Bien clase, tenéis hasta la semana que viene para darme las listas con las parejas.-se despidió el profesor Banner.
Edward y yo estábamos recogiendo los apuntes cuando un carraspeo nos hizo levantar la vista.
-Hola Edward, ¿cómo estas?-dijo Jennifer, ignorándome por completo.
-Bien, ¿y tú?-contestó Edward con cortesía.
-También bien. Eres tan amable-dijo mientras hacia un ridículo movimiento de ojos.-Me preguntaba si querrías ser mi pareja para el trabajo del Banner-al terminar puso su manos sobre el brazo de Edward, deteniendo su acciones. Edward la estaba prestando tan poco interés mientras hablaba que a la vez continuaba recogiendo sus cosas, ella lo notó y no le gustó.
Jennifer siguió moviendo su mano hasta capturar la de Edward. En ese momento algo que se estaba cociendo a fuego lento en mí de repente hirvió.
"Mío" fue todo lo que pensé en aquel momento.
Me calmé cuando Edward, rápidamente pero aún así sin olvidar su, en ese momento, odiosa caballerosidad, aparó su mano de la de ella y la contestó que sintiéndolo mucho ya tenía pareja. Disfruté de la desilusión de la chica, no lo pude evitar. Pero no estuvo mal ya que ella no parecía avergonzada sino molesta por el rechazo. La diferencia era importante.
Finalmente su pareja fui yo, él no me había preguntado, lo había dado por supuesto, al igual que yo, sólo que para picarle un poco le mentí. Me gustaba verle frustrado de vez en cuando, se estresaba y para calmarse se pasaba la mano por su cabello. Todo un espectáculo para la vista, o sino preguntárselo a nuestras compañeras de clase a quienes se les caía la baba.
Pero volviendo al presente, esperaba la respuesta de Edward.
-Nada.-fue su extensa y esclarecedora respuesta.
-¿Eddie está enfadado? Pobrecito, llamamos a la profe Bella para que encuentre la solución a tu problema-metió baza Emmet, quien nunca se cansaba de molestar a Emmet. Pero esta vez noté un doble sentido en sus palabras que me inquietó.
Edward le lanzó una mirada asesina a su hermano antes de contestar.
-Vete a la m-antes de que terminase la frase le puse un dedo en al boca.
-La profe Bella va a sacar un látigo para azotaros a ambos-remarqué la última palabra.-si no os calláis y coméis.
-Esa es mi Bella-dijo Rose, divertida por mi dominio sobre el par de hombres de la mesa. Había aprendido algunos trucos para calmar a este par. Rose era todo un pozo de sabiduría en ello.
oOooOOoooOOO
-¿Cómo van las cosas con tu madre?.-me preguntó Edward mientras nos montábamos en su coche.
-No sé… digamos que estamos en una situación extraña.-no tenía muy claro en que lugar estábamos.
-¿Aún seguís con los correos electrónicos?-asentí.-No podéis seguir así, Bella. Debes enfrentar la situación y hablar con ella. Estás evadiendo el asunto y no creo que te haga bien ni a ti ni a tus padres.-por alguna razón Edward era la persona con la que hablaba sobre el tema de mis padres. Era muy comprensivo y me daba unos consejos estupendos.
-No sé como plantearlo. He dejado pasar demasiado tiempo, o por lo menos eso es lo que me parece ahora. Con mi padre no tengo opción, se niega en banda a hablar sobre ello.-le expliqué. Estaba preocupada por mi padre, no notaba mejora alguna en él y tenía muchas ganas de llegar ya a Forks.
-Con más razón tienes que hablar ya con Renne. Llámala y habla con ella, es tu madre y parece como si la estuvieses repeliendo. A pesar de lo que haya hecho no creo que se sienta muy bien con la situación actual.-Todavía no le había comentado a mi madre que iba a ir a visitar a Charlie, no sé como se tomaría este hecho. Quizás la molestase que no fuese a verla también a ella a Phoenix… aunque mi madre nunca había sido una mujer muy apegada.
Pasamos el resto de la tarde dando vueltas por el centro comercial, era el cumpleaños de Esme, la madre de Edward, y quería que le ayudase a escoger un regalo. No se que vio en mí para escogerme, Rose y Alice tienen mejor gusto que yo; pero éramos amigos y no me costaba nada ayudarle.
Como ya era tarde me invitó a cenar, opté por una pizzería. No estaba mal que de vez en cuando me diera un capricho. Desde hacía algún tiempo había decidido reducir mis dosis de comida basura para ver si así bajaba un poco de peso. Además aún seguía corriendo con Rose y haciendo yoga.
Estaba contenta porque ya había notado los resultados. No había perdido una talla pero estaba cerca, notaba como los pantalones bailaban en mi cintura y tenía que ponerme un cinturón siempre si no quería quedarme en bragas en mitad de la calle.
Rose y Alice me habían felicitado por mis progresos. Ya estábamos perdiendo la timidez en ese aspecto y me sentía más cómoda con ellas cuando hablaba de ropa, cuerpos… no era fácil, pero ellas eran buenas, no se burlaban de mí, ni de la gente con sobrepeso. Tenían una madurez que la mayoría de la gente no había alcanzado y que seguramente no alcanzaría en la vida.
A la mañana siguiente decidí seguir el consejo de Edward y llamar a Renne. La conversación fue bastante extraña, los comienzos fueron bastante incómodos. En ese momento agradecí el carácter decidido de mi madre, ella abrió fuego. Me contó varias cosas: la casa de Forks era para mi padre, ella no quería nada, tampoco quería ningún tipo de pensión ni quitarle nada a mi padre. Estaba siendo buena en eso. También me contó que Charlie no había respetado sus deseos y que había optado por darle la mitad de lo que costaba nuestra casa de Forks, no quería que comenzase de cero. Mi madre no tenía mucho dinero, había trabajado de forma intermitente durante estos años. Se la notaba agradecida con Charlie.
No pude evitar sentirme orgullosa de Charlie, pese al dolor y al abandono, no quería dejar desamparada a mi madre.
El asunto del divorcio estaba muy avanzado y apunto ya de convertirse en una realidad. No me costó asumirlo tanto como pensé, seguramente debido a que no me había hecho falsas ilusiones de reconciliación.
Cuando terminé de hablar con mi madre inmediatamente llamé a Edward.
Esa misma tarde debía coger mi vuelo a Forks, ya habían comenzado las vacaciones de Semana Santa e iba aprovecharlas para visitar a mi padre.
Me despedí de todos menos de Edward que era quien me llevaba al aeropuerto.
-¿Nerviosa?-me sorprendió que me supiese leer tan bien.
-Bastante, tengo miedo de lo que me vaya a encontrar de no saber como reaccionar.-le confesé asustada.
-Estoy aquí para lo que haga falta, ya lo sabes.-me apoyó, como siempre dejándome clara su presencia indiscutible a mi lado.
En el tema de mis padres las palabras de agradecimiento a Edward ya sonaban repetitivas. Me calmaba cuando me enfurecía con mi madre y me daba palabras de aliento para transmitir a mi padre. No sabía como agradecerle.
-¿Qué hay con lo de mis padres?-me preguntó cambiando de tema.
-No sé…-me había invitado a la fiesta de aniversario de sus padres y aún no le había dado una respuesta.
-Si de todas formas vas a ir a Chicago con Rose este verano, ¿ qué te cuesta ir unos días más?-estaba siendo bastante insistente, como si necesitase mi presencia allí. Me sentía presionada pero a la vez alagada.
-Vale, iré, pero deja el tema, ¿si? No quiero que tu hermana me atosigue más.-podía ceder en eso, él me había ayudado mucho.
-¡Menos mal!-suspiró-Ya me imaginaba en la fiesta con Melanie.-puso la misma cara que hubiese tenido al chupar un limón.
-Ja-ja… tienes muy mal sentido del humor-le contesté divertida.
-Sabes que te encanto.-me contestó.
No le contesté nada, ¿acaso tenía algo que decirle al respecto?
*Long Island ice tea, compuesto por: ginebra, vodka, tequila, ron blanco, triple seco, zumo de limón y refresco de cola.
Podéis tirarme todos los tomates que queráis…aunque antes me gustaría que supieseis que he estado mala, con otitis, y que he estado trabajando mañana y tarde, por lo que he tenido poco tiempo. Y bueno, este ha sido el capi más largo hasta ahora (tenerlo en cuenta…jeje).Ahora sí, ya podéis empezar a tirarme cosas XD
¡Gracias por todo el apoyo!
Besos
