¡Hola a todos!
Os cuelgo ya otro episodio, para compensar mi falta durante meses... No es muy largo, pero tiene bastante e introduce también lo que pasará a continuación...
También os aviso que he estado revisando la historia y he corregido algunos errores que he encontrado. Nada más.
Besos.
Mila
Capítulo 12. La prometida de Charlie
Arthur Weasley estaba más nervioso de lo normal. Era como la primera vez que Bill le había traído a Fleur a casa, solo que en ese momento sólo eran novios, no prometidos. Charlie había insistido, además, en ir a buscarla él mismo para hacer más amena la sorpresa. En ese momento, todos los que se albergaban en La Madriguera se encontraban en la mesa, con las criadas alrededor preparadas para servir, y unos deliciosos manjares para comer.
-Pst, eh. –susurró Fred a Harry, George y Ron. Estos se giraron para mirarle y el pelirrojo sonrió traviesamente- ¿cuánto os apostáis a que es un cardo?
Los otros tres rieron y empezaron las apuestas, cuando oyeron la puerta del salón abrirse y aparecer dos personas. Instintivamente, todos, curiosos, se giraron, y los tres Weasley y Harry se quedaron sorprendidos al ver que ninguno había acertado en sus suposiciones. Charlie aparecía de brazos con una hermosa chica alta, esbelta, rubia y de ojos azules que llevaba un vestido verde ajustado que le llegaba a las rodillas y maquillada levemente; una chica que parecía físicamente todo lo contrario que su pareja. Para acabar de rematarlo todo, sonreía cálidamente. Las chicas enrojecieron sus mejillas, envidiosas de tanta belleza. A Hermione la chica le resultó vagamente familiar.
-Sentimos el retraso –dijo Charlie, acercándose a las dos sillas libres- antes de nada, quiero presentaros a mi futura esposa, Daphne Greengrass.
A Hermione el corazón le dio un bulto al oír el nombre. Claro que sabía quién era, había oído su nombre y en especial su apellido, numerosas veces.
"Tenemos un grave problema", fue su pensamiento.
La cena ya había acabado y paulatinamente la gente iba levantándose de la mesa, excepto los anfitriones. Todos estaban encantados con la mujer que Charlie había llevado a casa; su aspecto la dejaba como una mujer refinada y difícil de conversar, pero había demostrado ser todo lo contrario.
Luna buscó a Harry con la mirada. Este estaba hablando con Ron pero, al sentirse observado, posó sus ojos sobre la rubia y sonrió. Esta le hizo una seña y se dirigió al jardín. Harry sonrió ampliamente.
-Ahora vengo, tengo que ir al baño… -y le dejó sin que el pelirrojo pudiera contestar, y extrañado porque su dirección era contraria al baño, pero no tuvo tiempo para pensarlo porque Hermione se puso delante de él, con cara de circunstancias.
-Ron, necesito hablar contigo.
Harry encontró a Luna delante de la piscina, sentada en la hierba y mirando al cielo. Este se sentó a su lado y le sonrió, aunque ella no sonreía.
-Hola, Luna…
Luna no dijo nada, tan sólo le sonrió tristemente. Harry supo en ese momento que algo iba mal. Intentó coger su mano, pero ella la apartó directamente y le dio la espalda.
-¿Qué pasa? –dijo, algo extrañado.
La rubia suspiró y tardó un minuto o dos a mirar a esos hermosos ojos verde oliva de los que se había encaprichado. Pero había tomado una dura decisión, y debía seguirla.
-Me cuesta mucho decirte eso, y más cuando ni siquiera ha empezado algo real entre nosotros, pero debo hacerlo.
A Harry se le oprimió el pecho. Su voz, lánguida y triste, y sus palabras, tenían un sabor a despedida y a ruptura. ¿Cómo era posible si apenas hacía un día que se habían besado?
-Ginny apenas me habla. Nunca he tenido la misma relación con ella que con Ron, pero sigue siendo mi prima y la adoro. Y hoy todo el día ha ido con un semblante triste, y sé que es por ti. No sé a ciencia cierta qué pasó entre vosotros dos en el pasado, pero lo que sí sé, por lo que veo, es que te quiere, y no quiero ser yo quien se interponga entre vosotros.
-Luna, no me digas eso. Ginny y yo estuvimos saliendo, pero rompimos por su culpa, y hace ya tiempo que me olvidé de ella. Me gustas tú, y me gustaría…
-Harry, no sigas –interrumpió- entre tú y yo hay mucha distancia entre medio, y aunque lo intentáramos, eso sería peor. A Ginny la tienes cerca, y si te hizo daño puedes perdonarla, y…
-Luna, ¿por qué me besaste anoche si ahora tienes intención de rechazarme? –notaba sus ojos cristalizados. No sabía por qué, pero todo le salía mal, sus relaciones siempre fallaban y era él quien acababa con el corazón roto, y no quería que pasara lo mismo con esa chica de ojos soñadores, con ella; no.
-No quiero rechazarte, a mí me gustas, pero es mejor así.
-Entonces, ¿ni siquiera vamos a intentarlo? ¿Estás segura?
Luna meditó la pregunta de Harry. Ese chico la volvía loca, había intentado ocultarlo desde el momento en que le había visto, pero acababa de salir de una larga relación, su prima lo estaba pasando mal por él y estaba segura de que ella lo pasaría mal en cuanto se acabara la semana. Lo mejor era evitarse el disgusto.
-Segura.
Harry, enfadado, se levantó y dio media vuelta sin dirigirle más la palabra, y Luna se quedó, delante de la clara agua de la piscina observando su reflejo del cual brotaban lágrimas de los ojos.
Harry, furioso, volvió al salón y se dirigió directamente hasta Ginny, que mantenía una animada conversación junto a Lavender y su hermano Fred.
-Estarás contenta, ¿no? –le dijo, casi gritando. Lavender y Fred se miraron, extrañados, y Ginny puso cara de desconcierto.
-¿De qué hablas, Harry? –preguntó, preocupada por el semblante furioso con el que la miraba directamente a los ojos.
-Mira, Ginny, ya me arruinaste la vida una vez. ¿Por qué no puedes dejarme en paz?
Y dicho esto, le dio la espalda y se fue. Fred, desconcertado, miró a su hermana, algo extrañado, antes de preguntar:
-¿De qué va todo esto?
-Hermione, si lo que me has contado es cierto, tenemos que advertir a Charlie inmediatamente… -dijo Ron, algo alterado. La castaña le había llevado a la habitación donde dormía y estaban ambos sentados en su cama.
-No lo sé. Ya hace tiempo de esto que te cuento, y no quiero tomar una decisión precipitada… yo hablaría antes con tu padre, porque si hablamos directamente con tu hermano y resulta que me equivoco, podría causar un daño irreparable en su relación.
Ron asintió, de acuerdo con las palabras de la castaña, y, tras un reflexivo silencio entre los dos, ambos percibieron por primera vez en los veinte minutos que llevaban juntos que estaban solos. La atmosfera se tensó de repente y ninguno supo qué decir.
-Este… -empezó el pelirrojo, buscando algo ingenioso que decir, pero no se le ocurría nada.
-¿De verdad te jodió la llamada de Draco? –Hermione lo dijo de un tirón, sin siquiera pensar. Los ojos azules de Ron la miraron directamente, desconcertados.
-¿De verdad quieres empezar otra vez esta conversación, Hermione?
Esta meditó antes de asentir, sin dudar. Ron profirió un bufido y se levantó de la cama.
-Pues no es justo que te conteste, joder. Siempre he sido yo quien ha hablado. Tú nunca has tenido el valor de decirme nada.
Hermione le miró, extrañada.
-¿A qué te refieres?
Ron la miró fijamente, acercándose a ella.
-Pues a lo que oyes. Las dos veces que nos hemos besado ha sido porque yo lo he empezado, y esas dos veces has sido tú lo que le has parado. Y encima después me pides explicaciones, actúas como si quisieras que siguiera detrás de ti, te molestó lo de Cho… cuando eres tú la que tiene novio, no yo. Hermione, esto no puede seguir así, porque cada vez que intento sacarte de mi cabeza, apareces con cualquier excusa para acercarte a mí. Si no tienes intención de romper con Malfoy, no me pidas explicaciones. Y si me las pides, dámelas antes tú a mí, porque creo que me las merezco.
Ron esperó una respuesta de Hermione, pero esta sólo abajó la vista avergonzada. Al ver que no tenía ninguna intención de contestar, soltó un bufido y salió de la habitación a grandes pasos. Cuando estaba a punto de cruzar el pasillo, una voz le detuvo:
-¡Ron, espera!
Hermione se acercaba a él corriendo y con los ojos cristalizados. Evitó mirarlos para no sentirse culpable.
-Perdóname. Sé que estoy siendo muy egoísta con todo esto. Pero si quieres una explicación, te la daré. No se me dan muy bien estas cosas, ¿sabes?, mi única relación ha sido con Draco. He intentado convencerme a mí misma de que le amo, pero no es así. Y si sigo con él es porque él me sacó del fondo de un pozo, y se lo agradezco… A veces creo que no me quiere, pero si lo hizo fue por alguna razón. Y cuando parecía que todo iba bien entre nosotros dos, apareciste tú. Te conocí por accidente pero no puedo sacarte de mi cabeza. Y soy muy egoísta, y no soy capaz de decirte cara a cara lo que siento por ti. Pero me siento tan feliz cuando tú me lo insinúas…
Ron observó a aquella chica. Un mechón de su castaño pelo caía rebeldemente por encima de su frente. Sus ojos le miraban fijamente, algo avergonzados por la confesión que acababa de hacer. Supo, entonces, que no necesitaba nada más. Se acercó a ella y le acarició suavemente la cara, memorizando cada lugar de ella. Sonrió, y ella también encorvó una tímida sonrisa. Y Ron, todavía agarrando su cara, se acercó a sus labios y la besó, dando rienda suelta a los sentimientos que llevaba días intentando reprimir. Sus lenguas encajaban perfectamente, felices, y en nada pensaban. No pensaban en cómo tan sólo dos semanas podían haberse enamorado así el uno del otro, cómo habían podido discutir y sufrir por el otro. No pensaban, tampoco, en las consecuencias que todo aquello traería a su familia, ni tampoco en que Draco Malfoy seguía en medio de lo que parecía imposible. Ron olía a vainilla, y Hermione a fresas. Y ese beso hacía que ambos sentidos se mezclaran. Vainilla con fresas…
-¡No puedo creerlo!
Sobresaltados, ambos interrumpieron ese beso para girarse, donde cuatro figuras les observaban con una mezcla de desconcierto, sorpresa y preocupación en sus rostros.
