Capítulo 12.
Claro oscuro.
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Cuando alguien desea algo debe saber que corre riesgos y por eso la vida vale la pena.
Paulo Coelho
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Cayo al piso sobre sus rodillas, las punzadas en las caderas le hicieron recordar la noche anterior.
Todos aquellos movimientos y posiciones, para él desconocidas y extremas. Le causaban estragos en el cuerpo, no solo las caderas, la cintura y piernas también estaban resentidas; de tal modo, que, estas no resistieron su peso al ponerse de pie y querer dirigirse al baño.
Le tomo unos segundos lograr mantenerse de pie, los músculos adoloridos de sus muslos internos reclamaron. Aunque finalmente pudo entrar al baño y comprobar que verdaderamente se hallaba solo en la inmensa habitación de su esposo. O ahora ¿Pertenecía a ambos? Un tenue color rojizo se instaló en su rostro por un momento.
Decidió tomar un baño, se sentía pegajoso por el sudor nocturno y estaba seguro que no solo se trataba de sudor ¿Cómo podía ser solo sudor, si algunas partes de su piel estaban revestidas de costras trasparentes? Avergonzado pensó que en su cuerpo había una combinación de fluidos, suyos y del príncipe y que ahora secos, se sentían ásperos y tiesos.
¡Termine hecho un asco! Susurro con el rostro molesto y una leve mueca en su boca evidenciando su inconformidad.
Se aseguró de poner el seguro de la puerta del baño, no quería recibir una sorpresa o más intrusión a su intimidad y de alguna forma intuyo que Morinaga era esa clase de personas, que no se rendiría hasta conocer lo más recóndito en su cuerpo y ser. ¡Es capaz de invadir mi privacidad! Razono con claridad abriendo el grifo de la tina. El vaho del baño pronto se extendió dejándolo sentir una relajante sensación antes de sumergirse en el agua.
Cuando salió limpio y con una fragancia fresca, miro hacia ese enorme armario instalado a la derecha del cuarto. Se preguntó si encontraría algo suyo para ponerse ¡Que estúpido! Debió pensar en eso antes de bañarse. Para su sorpresa había varios juegos de ropa hechos a su medida y la cómoda era tan grande que entre algunos cajones encontró implementos íntimos a su medida. Razono que Morinaga había pensado en todo, él ni por un instante contemplo esos menesteres.
Cuando se decidió por unos pantalones formales color caqui y una camisa blanca, se sujetó el cabello en una coleta como acostumbraba y decidió que Morinaga lo esperaba para desayunar.
Si no está aquí, está en el comedor. Supuso con lógica.
Sentado en un lugar de la mesa, miraba hacia la puerta de la entrada al comedor, un comedor independiente como todo en ese piso, de uso exclusivo para ambos. Esperaba que Morinaga lo acompañara mientras aceptaba un plato de huevos, ensalada y pan tostado (no había ningún cuenco de arroz a la vista) el joven sirviente le deseo provecho y se dirigió a su puesto en la esquina del comedor. Souichi supuso que ese sería el encargado de vigilarlo cuando no se encontrara su cónyuge. Cosa que le incomodo, pues ignoraba aun donde se hallaba aquel que apenas el día de ayer no se separaba de él ni a sol ni a sombra.
Se tardó en llevarse la comida a la boca, seguía al pendiente de la llegada de Morinaga y lo acompañara. Mientras deducía aquello, tomo otra rebanada de pan tostado y bebió a sorbos su café negro que se enfrió rápidamente.
Mientras miraba de reojo a aquel lacayo, perfectamente parado y que lo miraba en momentos. Souichi también noto que, al extremo opuesto de la muy larga mesa (demasiado para dos perdonas, hasta para diez) había una servilleta color vino doblada armoniosamente, dedujo que era el asiento que ocupaba Morinaga.
Y, después de casi toda una hora de espera, Souichi finalmente dejó de esperar. Tetsuhiro no llegaba y él seguía solo.
Souichi observó el plato vacío, había terminado todo su desayuno. Amaba los huevos revueltos con jamón y el café, siempre los disfrutaba y se sentía lleno de energías al concluir, pero en esta ocasión, el sabor amargo en su boca que se intensificaba junto con sus sensaciones lo hicieron descubrir lo insatisfecho que estaba.
Este era el primer día de su vida como el esposo del príncipe más deseado en el país, y tomaba el desayuno totalmente solo. Algo irónico, considerando que siempre había visto a Morinaga detrás de él como un perro faldero (un enorme perro)
Le pareció triste pensar que el deseo de Tetsuhiro por tenerlo como esposo se debiera únicamente a lo que normalmente se espera de la pareja sexual: sexo y caricias. Y ahora se incomodó a un más razonando que después de la noche pasada, la noche de bodas, se encontraba unido a una persona que ni siquiera se complacía en él para eso.
"Morinaga puede tener a quien quiera"
"Tal vez ni siquiera disfruto estar conmigo"
Pensó con tristeza Souichi, por primera vez en mucho tiempo se sintió rechazado e inseguro.
Quizás había hecho algo mal la noche anterior. Quizá no le proveyó placer alguno. Quizá solo era un capricho momentáneo del príncipe.
El rubor alcanzó sus orejas y las sintió arder, probablemente estaban rojas mientras intentaba pensar en lo que podría haber hecho mal, de qué forma su noche de bodas podría haber sido correcta, no tenía ni la menor idea.
"No debí dejar que pasara" "Amor entre dos hombres, es imposible" …solo se trata de sexo para esos pervertidos.
Pero cada vez que intentaba pensar, no sabía que responder. Era totalmente ignorante en lo que tenía que ver con el sexo entre hombres. Y decidió enfadado que no tenía que preocuparse por eso. Si Morinaga no volvía a tocarlo, al final sería lo mejor.
" ¡Que se vaya al demonio! No soy su juguete, ni soy un marica que necesite que lo follen"
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Cuando llego la tarde y después la noche, todo parecía repetitivo, menos lo que comía. Morinaga seguía sin aparecer y al salir a caminar, no encontró a nadie que le diera información. En realidad, razono que no le importaba saber, pero si, estar al tanto que todo volviera a la calma en el castillo y que su familia estuviera bien.
Souichi había callado a cada pregunta que su madre le hizo con la mayor discreción posible, ya conocía a su hijo y sabía que se avergonzaba siempre al hablar de esos temas. Pero logro al menos saber que Tetsuhiro se había ido sin decir a donde.
- ¿El príncipe no vino contigo? Esperaba verlo y hablar con él para darle la bienvenida a la familia-
- Al parecer salió del castillo, no sé exactamente, pero supongo debía atender algo -
Hana san se sorprendió bastante al enterarse que después de la boda, el príncipe se fue sin decir nada o darle una explicación a su hijo. No pudo evitar sentirse irritada por el comportamiento de Morinaga.
Primero rogaba porque Souichi le correspondiera y ya que estaban casados, se desaparecía sin más. No se aventuró a preguntar más, sabía que pondría en apuros a su hijo si no sabía que responder.
Al menos se sintió tranquila al saber que Souichi no se lo tomaba como lo haría alguien que, estuviera enamorado. Lo que no sabía Hana es que su hijo no había dejado de pensar la mayor parte del día en el príncipe. Pero no era solo pensar en él, aunque no lo identificaba, estaba preocupado y ansioso por saber que pasaba.
Y cuando precisaba que el afeminado de Hiroto se apareciera, al menos para enterarse si aquel sujeto sabía algo, el muy bastardo no había ido en todo el día a visitarlo, ni siquiera para hacer sus estúpidas preguntas de: ¿Qué tal estuvo la noche de bodas? ¿Satisfizo sus deseos el príncipe? De todos modos, ni loco le contestaría nada.
Cuando Souichi vio lo evidente, que dormiría solo y nadie le daría información de nada; al menos no ese día. Hiroto llego como si acabara de correr mucho y contara con poco tiempo. Todavía respiraba agitado y sudaba a chorros.
-Souichi sama, pe perdón. Todo el día se me fue cumpliendo órdenes y atendiendo a Kunihiro sama junto con su esposo. Me disponía a venir desde temprano, pero me fue imposible ¿El lacayo que envié le ha atendido bien?
De la atención no tenía ni la más mínima queja, es más, el pensó que era suficientemente capaz de atender sus necesidades por sí mismo, todas esas ceremonias de sentarse y esperar varios platos ordenados específicamente y todos esos cubiertos que eran tan innecesarias y ni siquiera sabía en que se diferenciaban; solo lo desesperaban al máximo de su paciencia. Aun así, se tranquilizó cuando respondió, Hiroto no era un mal tipo y debía aguantar sus ganas de desquitar su frustración con él.
- Todo ha ido bien. No puedo quejarme de la comida ni de ningún servicio, pero ¿Dónde se supone que esta el príncipe? -
Aggg! Se sonrojo. De ninguna manera debí preguntar eso, se regañó así mismo.
-Quiero decir, no es que necesite verlo o algo parecido -
Sí, eso estuvo mejor. No quería que nadie, mucho menos Hiroto que por obvias razones le debía lealtad al príncipe, le comunicara que estaba ansioso o preocupado por esa situación. Que muy en el fondo se sentía el abandonado al siguiente día de la boda, porque al final, eso era.
Hiroto de inmediato se acercó para darle un recado, recado que debió dar desde la primera hora de la mañana y por apuraciones de otro tipo, no había cumplido.
- El príncipe me pidió que le informara que el martes cenarían juntos y hablaría con usted de algo importante, creame…él lo menos que quería era dejarlo solo -
Uhhh! Eso es dentro de tres días. Conto Souichi mentalmente. Además, el que Morinaga lo dejara solo y le trasmitiera un mensaje tan simple mediante otra persona, hizo que se diera cuenta de que, en efecto, para el príncipe no fue importante la noche anterior. La situación era peor de lo que pensó, si Morinaga se había ido sin hallar tiempo para comentarle a su propio esposo sobre una cena y charla, entonces, en verdad el príncipe tenía muy poco interés por su ahora esposo, eso, o simplemente no le importaba.
"Solo fingió el infeliz"
Respiró hondo, deseando alejar la desilusión. Luego, escucho continuar hablar a Hiroto.
- ón el príncipe, también me pidió que le recordara que la cena será la primera como cónyuges y espera tanto ese momento -
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Dentro de su mansión más lejana al castillo, el príncipe se quejaba, no paraba de quejarse.
- ¡Mi padre no piensa que en arruinarlo todo! Siempre es así ¡Maldición, mil veces maldición! -
Habían pasado dos días y Morinaga no había podido volver aun al castillo.
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Por otro lado, Souichi ya estaba cansado, cansado de muchas cosas.
Al dar vueltas y vueltas en el patio con el perro, concluyo que Tetsuhiro probablemente lo estaba manipulando, a él y su futuro. Si el príncipe pensaba que se daría los grandes viajes socializando con personas tan desocupadas como los de la clase alta, para crear convenios y acuerdos que nunca cumplirían. Si se pensaba que estaría disfrutando de distracciones, manteniéndolo a él seguro en el castillo y regresando a follar cuando se le diera la gana, estaba más que equivocado. Souichi decidió, que no sería engañado y menos usado.
Estaba harto de la decepción y la rabia que se instalaba en su pecho cada vez que se abría la puerta y veía que simplemente Tetsuhiro no llegaba. En su mente, los mismos pensamientos se repetían y repetían vez tras vez.
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El príncipe Tetsuhiro, contrario a lo que Souichi podría pensar que, Morinaga estaba entretenido o disfrutando, mientras él estaba limitado en sus actividades. El futuro rey de plata, se enfrentaba a una situación que le angustiaba y lo hacía sentir culpable. Por dos días consecutivos, rechazo a cada mujer que su padre le escogió, nada menos que doce posibles concubinas. Todas ellas hermosas, saludables y muy ilusionadas de tener la oportunidad de ser elegidas por el apuesto príncipe.
Precisamente este viaje al otro día de su noche de bodas, había sido por lo que discutieron Tetsuhiro y el Rey de plata, su padre. Ni Kunihiro, ni nadie en el castillo sabían que asunto se arreglaría en ese viaje y menos el porqué de este, mucho menos Souichi, nadie le comento que escucharon una pelea verbal entre el monarca y su hijo menor.
Ese era el tercer día y Tetsuhiro quería regresar antes de la cena, eso había prometido y solo le dio tiempo de dejarle ese recado con Hiroto. Entonces se enfrentó de nuevo con su padre.
- ¡Ya tengo a la persona que quiero y deseo conmigo, nunca hablaste de que debía tomar concubinas! -
El rey había previsto todo, lo había arreglado todo. Ni siquiera se lo había consultado, pero parecía que ninguno de sus hijos había pensado nunca que, a pesar de dejárseles casar con varones, la línea familiar debía seguir.
- Eso lo tengo bastante claro, y yo te concedí tu deseo de desposar a un hombre. Sin embargo, la corona debe tener un sucesor, alguien que gobierne cuando tú ya no seas capaz de hacerlo. Bajo esas circunstancias, solo con una mujer se puede conseguir. Por lo que escoge la que sea, todas son bellas y están en perfecta salud. Acuéstate con alguna las veces que sea necesario, que quede encinta y que crie a tu heredero…luego, si no quieres volver a tomarla, pues no lo hagas -
- No me gustan las mujeres, amo a Souichi más de lo que piensas, mucho más. Hacerle esto es violar nuestros votos y nuestra unión. Lo único que deseo ahora es regresar al castillo y estar con él, no viendo a un harem enorme escogido por ti -
- ¿Ese es el problema? ¿Que las escogí yo? Entonces escoge la que quieras, si no quieres una de estas, busca por ti mismo, pero asegurate de darme un nieto, solo eso te pido ¡Presentame un heredero para la corona! -
Si su padre se contentaría con que tomara la que él quisiera y su único requisito era que se le presentase un nieto, tal vez podría idear algo. Lo más probable era que no, no al menos sin mentir. Pero lo que ahora quería Tetsuhiro era regresar y ganar un poco de tiempo, lo que menos pensaba era hablar de esto con Souichi, aun así, con tal de quitarse de encima a su padre unos días, dijo:
- Dame unos días, lo hablare con mi esposo y entonces decidiré. Pero por hoy, esto es todo, regreso al castillo. No pude siquiera explicarle nada a Souichi -
Souichi, Souichi…, al monarca ya comenzaba a molestarle ver a su hijo enfocado más en su relación amorosa que en los asuntos importantes del reino. Su disgusto, recaía también en él, ya que fue el mismo rey quien escogió a quien sería su esposo varios años atrás. Si hubiera sabido que ese joven rubio sería tan importante para Tetsuhiro, si hubiese sabido como interferiría, hubiese estado más atento y escogido a otro que no supusiera una amenaza para la sucesión del poder.
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Al mismo tiempo que Tetsuhiro emprendía su viaje de regreso al castillo, Hiroto trataba con ahínco de convencer a Souichi de que aguardara un día más antes de llevar a su familia a su hogar.
- Recuerde Souichi sama que hoy cenara con el príncipe y si se va, tal vez llegue tarde ¿No podría esperar un solo día mas? -
Podría, pero no quería hacerlo. Necesitaba hablar con tranquilidad con su madre de la dolorosa situación en la que se encontraban, si, para Souichi, un problema de algún miembro de su familia, era un problema que debían sufrir y enfrentar todos juntos. Así fue educado por sus padres y eso había sido suficiente para que el asumiera el cuidado de sus hermanos.
- Debo llevarlos a casa hoy, hay un asunto que debemos arreglar y ya lo hemos aplazado demasiado con todo lo que ha sucedido. Desde la boda de Kunihiro sama han permanecido aquí -
Hiroto sabía que Tetsuhiro seria a él a quien pediría cuentas si algo le sucedía a Souichi o a algún miembro de su familia. Sin embargo, podía ver la ansiedad en el rostro del rubio.
- ¿Me asegura que llegara antes de la noche? Souichi sama sabe que el príncipe puede ser bastante severo si yo permito este viaje y usted no regresa. En realidad, debería ir con ustedes, pero si dejo el castillo, también me las veré con el rey y él no se tentará el corazón. Me advirtió que yo estuviese a cargo de todo en el servicio -
Souichi negó con la cabeza, si había planeado quedarse con su familia, estas últimas palabras de Hiroto le quitaron las ganas, a pesar de todo, ese sujeto a veces entrometido y confianzudo le caía bien y no le gustaba la idea de que fuera castigado por su terquedad.
- Lo hare, llegare antes de la cena, no necesita preocuparse -
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Fue muy difícil llegar a estar de acuerdo. Kanako había pasado por una extensa gama de emociones, de la tristeza a la rabia, de la rabia al odio. Ya no sabía si ese odio se extendía hasta el ser vivo que crecía en su vientre. La realidad es que estaba asustada, tenía miedo y no tenía idea de que haría.
Hana les pidió a sus hijos varones salir y hablar con ella a solas. Cuando paso casi una hora, por fin abrieron la puerta para que entraran. Ni Souichi ni Tomoe preguntaron nada, se limitaron a mirarlas con ternura. La madre de los Tatsumi, por fin hablo con ellos.
El tiempo había pasado demasiado rápido y Souichi recordó que debía regresar antes de que anocheciera, cosa que ya parecía difícil; pues el sol comenzaba a ocultarse. Pero para él había valido la pena el viaje, Kanako lucia más tranquila y eso se debía al apoyo incondicional que le brindaron todos.
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Tetsuhiro tenía ya dos horas de haber llegado al castillo con su padre y los hombres que les escoltaron. Su impaciencia podía notarse e Hiroto ya estaba muy nervioso esperando en la entrada principal que llegara el auto que había llevado a Souichi y su familia de regreso a su casa.
Ya había oscurecido desde hacía más de treinta minutos. Pero se agito en cuanto vio a lo lejos unas luces que claramente pertenecían a los faros de un auto.
El auto aparco donde siempre lo hacía y Souichi descendió de él.
Hiroto podía reclamarle su tardanza, pero estaba tan aliviado de ver que había regresado, que desapareció el breve enfado que sintió. Para él ya era suficiente con el simple hecho de ver que Souichi regreso, aun guardaba sus reservas de que el podría irse y ya no regresar, pues nunca le pareció que estuviera de acuerdo con la boda.
- ¡Vamos! ¡Apresúrese! El príncipe lo espera -
"Así que ya regreso el bastardo" pensó irritado Souichi.
Ambos caminaban por el pasillo, pero de la nada llego aquel lacayo que estuvo atendiéndolo o más bien vigilándolo como creía Souichi. Hizo una reverencia y se dirigió al rubio.
- El rey ordeno que en cuanto llegara, vaya ante él. Es importante y no puede hacerlo esperar -
Hiroto miro con desconfianza al servidor, sabía que era un fiel lacayo del rey. No le cuadraba que ni siquiera permitieran que Souichi se encontrara primero con el príncipe. Eso no le gustó nada.
Souichi lo siguió, ya sabía que cuando el rey decía: ahora, era hacerlo sin ninguna dilación.
Llegaron hasta la sala donde estaba el monarca, quien se movió para servirse una copa, pero no le ofreció ninguna a Souichi. Lo invitó a sentarse, mientras él se acomodaba en un enorme sillón de piel. El rey tomó un largo trago y, se movió relajado, apoyo el tobillo en la rodilla contraria, bajó el vaso para mirarlo con los ojos entrecerrados. Lo vio sin perderse un solo detalle: una bella figura delgada, una larga cabellera casi tirando a rubio y unos rasgos elegantes.
"Con razón tiene a mi hijo comiendo de su mano" fue lo primero que dedujo el rey.
Souichi noto ese escrutinio y poso las manos a los costados, contuvo el estremecimiento que sintió y le sostuvo la mirada por unos segundos, luego recordó que se hallaba frente a la presencia del rey e inclino levemente el rostro.
- Me informaron que te encargaste de llevar a nuestra nueva familia de regreso, porque eso somos ahora: Una nueva familia, pero la próxima vez que salgas y no cuentes con el permiso de mi hijo o el mío, no seré tan comprensivo. Entendido esto, todo está bien, pero no es ese el motivo por el que te mande llamar -
Souichi no respondió, ni pregunto nada. Se instaló un silencio en la sala y cuando el rey termino de beber su copa, continuo:
- Mi hijo Tetsuhiro y yo salimos unos días, pero eso ya tú lo sabes. Lo que no se es, si él te menciono a que se debía el viaje, porque tuvo tiempo suficiente para hacerlo. De hecho, le hable de este viaje días antes de su boda, él debió informarte -
Por la expresión del rostro de Souichi, el rey supo entonces que de verdad su hijo le había ocultado eso, pero eso ya lo sabía Tetsuhiro mismo lo menciono en la tarde. El rubio se limitó a dar una breve respuesta, la única que tenía:
- No se me informo -
La falta de información, duro muy poco. Cuando dejo aquella sala, Souichi ya había escuchado bastante.
Los planes hechos con antelación, la necesidad de un heredero y lo engañado y usado que se sentía al enterarse de todo. Lo peor, era que no sabía cuál sentimiento se anteponía a todos los que sentía, ¿Decepción? ¿Enojo? Y una extraña tristeza.
Lo primero que quería hacer, era encerrarse el solo en una habitación. Pero ya no tenía una, ahora debía compartirla y se sintió tan ajeno de ese lugar. Necesitaba un lugar que fuera su refugio, donde pudiera pensar y tener algo de privacidad ¿Que más le quitaría el príncipe? Todo lo decidían otras personas concluyo Souichi con rabia e impotencia.
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El príncipe había llegado tarde a la sala donde segundos atrás habían hablado su padre y Souichi. No sabía exactamente para que mando llamar a su esposo, pero para lo que sea que fuera, el quería enterarse y estar presente. El rey muchas veces actuaba más estricto y duro de lo necesario y no permitiría que hiciera eso con su amado.
Cuando Hiroto le dijo que su padre mando llamar a Souichi, se sintió nervioso. Si su esposo se enteraba por otra fuente lo que debía haberle dicho el, entendía que la respuesta del rubio sería más severa.
Ahora se arrepentía de no haberle dicho todo él mismo antes de la boda ¿Cómo iba a reaccionar su esposo? No muy diferente a como lo hubiera hecho si se lo decía antes, pensó con tristeza Tetsuhiro.
Vio que la sala estaba vaciá y salió a paso veloz de regreso al comedor, tal vez había ido ahí, aunque lo dudaba, ya que seguramente Souichi estaría lo suficientemente molesto para no desear permanecer en una cena romántica ni de ningún tipo.
No lo encontró en el comedor y fue a su habitación, para entonces el príncipe ya estaba algo temeroso y preocupado de que su esposo hubiese salido del castillo.
Souichi estaba en la habitación, fumando un cigarrillo; algo extraño para el príncipe. No lo vio antes fumar desde que podía recordar.
Cuando sus ojos se encontraron, la mirada de enfado en Souichi era clara. Y lo peor sucedió, el rubio se encamino a la puerta para salir, sin dirigirle una palabra. En un abrir y cerrar de ojos, Tetsuhiro ya estaba delante de él, bloqueándole el paso. Sin dudarlo y con entereza avanzo despacio, con la cabeza inclinada y una mirada directa. Souichi retrocedió hasta que sintió que el respaldo del sofá choco con sus caderas, por reflejo y para no perder el equilibrio poso ambas manos en ese respaldo.
- ¿Que sucede? Déjeme pasar -
Tetsuhiro coloco las manos a los lados de las suyas, reteniéndolo por completo y se inclinó hacia él. Souichi sintió su tibio aliento sobre su sien y entonces sus ojos se miraron de frente. El príncipe tomo su mentón y le hablo a escasos milímetros de sus labios.
- Lo lamento, lo lamento, lo lamento de verdad. Me fui sin decirte nada y sé que estas molesto, pero eran asuntos que requerían resolverse ya -
El antiguo Souichi resurgió. El inocente e ignorante esposo en asuntos románticos y sexuales que se cedió días atrás, desapareció en segundos, dando paso al joven irritable e infranqueable que conoció.
De un solo movimiento fuerte y acertado, retiro uno de aquellos brazos que lo cercaban y puso distancia entre ellos. Sus facciones se endurecieron y la mirada calcinante se clavó con rabia en el príncipe.
"Maldito mentiroso" no puede dejar de ocultar cosas y solo decir lo que debe" se limitó a no decirlo. Pero no se mantendría callado.
- Si resolvió ese asunto "tan importante" debo entender que estoy libre para regresar a mi hogar -
Tetsuhiro se giró a mirarlo, aun no entendía porque ese cambio tan radical. Cuando termino de procesar las palabras que escucho, pregunto:
- ¿Regresar a tu hogar? Pensé que ya habíamos aclarado que este es tu hogar ahora y si eres mi esposo, por supuesto que no debes irte de aquí ¿Porque preguntas eso? Le di órdenes a Hiroto que te explicara que en tres días volvería y que él estuviera al pendiente de lo que necesitaras -
Souichi apretó los dientes, se preparó para una discusión inevitable.
- Y lo hizo, pero ese no es el punto. Acabo de enterarme que asuntos atendió, y si ya lo resolvió, yo estoy libre -
¿Porque esto? Se preguntó Tetsuhiro angustiado, todo estaba bien, si no como deseaba, al menos Souichi no lo había rechazado como hacia ahora. Empujándolo y mirándolo con rabia.
- ¡Eres mi esposo! Yo no accedí a lo que mi padre exigía de mi…no pienso hacerlo -
"No ahora, pero lo hará" razono Souichi. Quería gritarle que no le importaba, que ni siquiera le afectaba, pero tristemente en el fondo sabía que le resultaba doloroso. Y más doloroso decir lo que a continuación dijo, aunque su tono lo disfrazo.
- Lo hará tarde o temprano, es lo natural. Solo de esa forma se asegura de tener un sucesor y que el reino de plata se mantenga firme y estable...yo no soy necesario aquí y tampoco soy alguien a quien usted pueda tomar cuando le plazca -
Souichi no espero una réplica, se encerró en el baño simplemente diciendo que necesitaba refrescarse.
Tetsuhiro dejo la habitación recorriendo el pasillo con largas zancadas que repiqueteaban en el piso. Parecía ensimismado y no llevaba una dirección precisa. Fue cuando Hiroto apareció con su habitual sonrisa pensando que al fin ordenaría que se sirviera la cena.
Pero aun no decía nada su amigo y fiel servidor, cuando el príncipe simplemente se limitó a seguir su camino y a decir mientras negaba con una mano.
- No me digas nada, Hiroto. Ahora mismo no quiero escuchar nada -
Hiroto después de ver como se retiraba, giro su rostro con dirección a la habitación, sabía que Souichi estaba dentro ¿Que sucedió ahí para que su amigo y príncipe saliera así? Tenía que averiguarlo. Entro llamando al rubio.
Souichi salió del baño y vio a Hiroto de pie.
- Souichi sama haría bien en ir tras el príncipe y tranquilizarlo ¿Sabe? Él estaba muy angustiado cuando supo que el rey lo llamo y entonces me comento a que se debió el viaje, pero él no lo traiciono ni lo traicionaría nunca -
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Tetsuhiro estaba en un sillón en la sala de estar acariciando mecánicamente la cabeza de su enorme perro, tempestad. Estaba pensando, y sus pensamientos estaban dirigidos en cómo resolver ese molesto asunto con su padre. Sabía que lo que el rey exigía, era razonable, pero también sabía que no quería hacerlo. No deseaba tomar a otra persona íntimamente y mucho menos traicionar a Souichi y su enlace matrimonial. Le había costado mucho conseguir que su esposo cediera a su cercanía y todo esto estaba desmoronando lo construido.
Calculo el tiempo y pensó que Souichi ya se habría metido a la cama. Entonces ordeno al perro quedarse ahí, pues el can ya se disponía a seguirlo. Cuando vio que lo obedeció, tomo su camino de regreso a la habitación.
Miro a Souichi tendido sobre la cama, demasiado a la orilla del lado donde dormía. Decidió acercarse y meterse entre las cobijas. Su cónyuge se removió al sentir el movimiento en la cama, pero no se giró.
Tetsuhiro fue quien lo hizo dar la vuelta al acercarse demasiado y respirar cerca de su oreja que se tornó roja en segundos. Entonces a ver el rostro del rubio tan cerca y su boca abierta a punto de reclamar, se aventuró a besarlo.
Era imposible para Souichi pensar que un beso tan ligero y sencillo pudiera alterar todo su cuerpo. La cabeza ahora le daba vueltas y el príncipe solo le rosaba la barbilla y tocaba una de sus manos, pero sentía que le traspasaba hasta los huesos. La habilidad de esa boca ya la conocía, sus labios eran muy suaves y cálidos, le mordisqueaba el labio antes de pasar su lengua sobre la línea de su boca.
Souichi no tuvo tiempo de actuar como se suponía que tenía que hacerlo, enojado, frio y distante. En un rincón de su mente, pensó que tampoco quería actuar así. Entendió lo presionado que estaba Tetsuhiro "Es capaz de rechazar la corona por usted" le había dicho Hiroto minutos atrás. Y ahora al toparse con ese calor, con esa necesidad y pasión; menos podía rechazarlo.
El príncipe se hallaba en las mismas, no lograba recordar alguna vez en la que el deseo se apoderara de él y lo dejara sin aliento; lo único que deseaba era hacerlo suyo de inmediato.
Se escucharon muchos suspiros en la habitación. Souichi comenzaba a perderse en el deseo también y enterró las manos bajo los negros cabellos del príncipe, mientras este probaba con su boca su cuerpo. Tenían todavía muchas cosas que descubrir el uno del otro, los lunares, los músculos y sus zonas sensibles. El príncipe se puso rígido en varias partes del cuerpo y la vista de Souichi tendido abajo le provoco más. Vio esas estrechas caderas y los largos muslos. El lamio y su esposo se estremeció por completo, al notarlo, deseo hacerlo sudar y que temblara como el temblaba en ese momento.
- Mira como me pones -
Dijo cuándo acerco su miembro viril rígido al de su amor.
Souichi abrió mucho los ojos, parecía asustado y vio que la pasión oscurecía aún más la mirada del príncipe y la volvía vidriosa. En un segundo Tetsuhiro lo hizo volverse poco a poco hasta que quedo de espaldas. Lo cogió de las muñecas y disfruto en besar todo su cuerpo y vio que lo hacía delirar de placer. Lo acomodo nuevamente para encontrarse de frente y disfrutar de su rostro que ya se tensaba y se ponía rígido, quería llevarlo al límite con su boca. El rubio lograba ver esa melena negra metida entre sus piernas que subía y bajaba beneficiándose de su miembro. Después de unos minutos, Souichi casi gritaba al correrse, derramando su denso olor a semen en toda la habitación.
Tetsuhiro bastante acalorado y sin deseos de aguantarse más, lo vio tumbado sin fuerzas, entonces lo preparo cuidadosamente con un dedo tras otro y cuando lo sintió listo, lo penetro. Souichi estaba casi desmayado. Sensualmente, le dijo:
- Quiero que te corras una vez más y que me mires mientras lo haces -
El príncipe lo abrazo fuerte y aunque él mismo temblaba por la excitación y el esfuerzo, comenzó con movimientos despacio y deliciosos, enfocándose en cada empuje por tocar aquel punto de placer dentro de su esposo. Souichi jadeo abriendo los ojos cuando sintió que el placer comenzaba a llegar a él nuevamente. Se sujetó firmemente de las sábanas, retorciéndolas con sus manos. Tetsuhiro clavo su rostro en el hueco de su cuello y se quedaron dormidos profundamente.
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Souichi despertó primero, sentía mucho calor y supo entonces a que se debía. Se topó con Tetsuhiro aun dormido muy pegado a su cuerpo, su visión borrosa poco a poco distinguió ese oscuro cabello que se veía muy negro en contraste con el blanco brillante de la almohada. Se sorprendió cuando noto que ese rostro por el sueño dulcificaba sus duras facciones y le daba un aspecto infantil. Los edredones estaban en el piso y la sábana se había deslizado sobre el cuerpo del príncipe y dejaba al descubierto su ancho y musculoso pecho, así como los brazos. Se sonrojo al ver que, bajo la cintura de su esposo, se erguía firmemente un bulto.
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Como siempre, pueden comentar lo que deseen.
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Saludos.
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