Los personajes no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi, sin embargo la historia sí.
-Diálogos.-
:-:-:-:-:-: Cambio de escena.
La Burla
Capitulo Doce.
-Padre, confieso que no me caso por amor.- El sacerdote escuchó la aseveración en silencio, el susurro de su joven oveja logro romper el mutismo que reinaba en el pequeño confesionario de madera.
Si bien era cierto que en aquel tiempo era extraña la pareja que se comprometía por amor y por amor se casaba, escuchar aquello de esa joven tan frágil le hizo doler el corazón.
A lo largo de su sacerdocio solo una pareja de alta cuna le había hecho ver un matrimonio concertado y repleto de amor y si a ciencia cierta no recordaba los nombres de ellos, aquella unión tan especial lo había marcado puesto que vio a la mano del señor bendecirlos con tan singular regalo, por ello se condolió de esa pequeña quien siempre había sido tan noble.
-Y dime hija… ¿Vuestro futuro marido sabe de tu sentir?- Le pregunto desde el otro lado de la malla de madera.
-No Padre, no lo sabe… pero él tampoco me ama.-
Kagome elevo el rostro permitiendo que el anciano padre observara sus claros ojos chocolate, su cabello cubierto por aquella mantilla de encaje blanco marfil cubría lo obscuro de ellos.
-¿Y cómo, puedes decirme, estas tan segura?- Y así, la joven oveja comenzó a contar la historia que le carcomía el corazón de a poco desde que había aceptado ser la esposa del Duque de Wethimburg, desde aquella tarde hacía dos semanas.
El tiempo había volado para ella, o así lo sintió; después de haber pedido su mano ante los ojos brillosos de codicia de su padre, InuYasha había salido de su vida con la misma fuerza con la que entró dejándola con un sentimiento muy extraño, no supo que era pero no le gustaba. Habían estado en el pequeño salón en aquella tarde poco soleada, el Duque había dicho al Barón el deseo de tomar como esposa a su hija y este ambicionando el poder que conllevaría no dudó en brindar su bendición a tan deseada unión, se sirvieron copas de champan salidas de quien sabe donde para asombro de ella quien conocía la cada vez más precaria situación en que se encontraban sin embargo ¿Qué objetar? Simple y sencillamente actuó como se esperaba de su persona, con la actitud hueca y vacía de una muñeca de porcelana siempre sonriente, escondiéndose de nuevo en su máscara cada vez más reforzada, omitiendo pensar en todo y todos.
En el transcurso de esa noche solo dio vueltas y vueltas en su cama, se sentía confusa y sólo recordar las sensaciones que le habían recorrido aquella tarde aumentaba esta confusión ¿Qué había sido aquello? ¿Qué eran aquella marejada de sentimientos que había despertado un simple beso en ella? Pero no había sido simple, había sido tan avasallador como un tifón en primavera, inundándolo todo y ahogando todo lo que había a su paso.
El Duque se había presentado aquella mañana con una delicada flor blanca, la sonrisa que había adornado su rostro había hecho que su corazón se adormeciera en un compás tranquilizante y el extraño sentimiento chispeo en el apagándose poco a poco.
Había ido a despedirse puesto que se marchaba al día siguiente muy temprano, necesitaba revisar unos asuntos y empezar a ordenar su mansión debido a que se había acordado realizar la ceremonia ahí ante el alivio de su padre, quién en esos instantes no podía costearse una boda como la de un Duque; mientras caminaban en el pequeño jardín de la casona empezó a comentarle todo aquello prometiéndole que estaría al pendiente de todo cuanto necesitara, el acuerdo fue sin ninguna queja, ni siquiera cuando se puso tan solo tres semanas de distancia para la boda y sin que hubiera anunciación antes del compromiso, a ella no le interesaba eso ¿Para qué? Su única amiga era Sango y en cuanto la pudiera ver le comentaría todo, no necesitaba tener a la gente rondándole tratando de saber hasta el último detalle de su compromiso con el caballero a un lado de ella, además, ella más que nadie deseaba terminar con aquella farsa cuanto antes, deseaba extender las alas y volar con lo más preciado que tenía y entre más lejos de su padre mejor.
El Barón había vendido lo último de sus posesiones y una modista había pasado a tomar medidas bajo el escrutinio de su madre quien con amenazas logró sonsacarle el juramente de su silencio, el Duque había dicho que no necesitaban una ceremonia de compromiso ya que deseaba contraer nupcias cuanto antes, solo los invitados más allegados y algunos personajes de la corte dado que en esos momentos había una tención constante en el reino ante un derrocamiento, por un pequeño instante se preguntó cuál era la premura no obstante lo ignoro enseguida, entre más rápido mejor se dijo.
-Entonces ¿La decisión está tomada? ¿No hay ninguna forma de que des marcha atrás? Preguntó el venerable hombre con pena en el corazón por aquella joven con un futuro incierto y con un riesgo grande al que se sometería.
-Si padre, la decisión está tomada…-
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InuYasha observó el inmenso valle ante él montado en el imponente corcel gris plata, su mirada perdida en el horizonte veía con orgullo lo grande de sus tierras mientras su mente se perdía por otros rumbos.
La chica había aceptado ser su esposa, en aquella tarde mientras la tenía turbada y sonrojada recargada en el tronco de árbol le preguntó la idea que le había rondado la cabeza. Su mirada color canela lo observó con algo de turbación y el pudo ver que la confusión la envolvía lentamente, tras varios instantes de silencio ella asintió.
-Sí, estaría encantada de ser su esposa.- Le susurro y él vio que todo el color la abandonaba, era como si una máscara le hubiera cubierto las facciones, toda la inseguridad y la turbación que la había inundado hacía unos segundos tras su beso se esfumó como la niebla y sin duda aquello le provoco una punzada, no supo si de desconfianza, de decepción o de pena. Se acercó a la chica sutilmente y tomó una de sus manos siempre enguantadas, quería tratar de entender esos cambios tan repentinos en su actitud, se dijo que no porque le importaran si no porque debía entenderla si pronto sería su esposa.
-Dígame my Lady ¿Alguna vez se ha enamorado?- Pregunto observando el opacado brillo de esos ojos, la chica los abrió con sorpresa y giró el rostro ocultándoselos. -¿Qué siente por mi my Ángelo? Sé que es muy pronto y que hasta hacía algunos meses no nos conocíamos pero ¿Siente algo por mí?-
Kagome bajo la vista y se observó los puños apretados, ¿Se atrevería a decir la verdad? No, no podría, el futuro Souta y su libertad estaba en juego, aun así, con todo debía de ser lo más sincera posible dentro del espacio de su libertades, era algo que necesitaba para no sentirse tan falsa como los que le rodeaban.
-No mi Lord, no me he enamorado.- Las palabras la hirieron profundamente y se sintió de lo más sucia ante la mentira tan grande que había dicho, sin embargo era por el bien de su hermano. –My Lord, usted es una persona admirable, me inspira respeto sus conocimientos y si usted me deja conocerle, es innegable que mis sentimientos cambiaran. -¿quién puede resistírsele? Quiso preguntarle sin embargo se calló las amargas palabras. Aunque el nudo de falsedad le ahogaba, Kagome se dijo que trato de ser lo más sincera dadas las circunstancias, no había mentido con respecto al respeto, el joven hombre tenía un conocimiento excepcional por lo que había dejado entrever en sus charlas y Kagome, siempre en busca de más conocimientos, era una cualidad que admiraba y valoraba profusamente.
-My Lord.- Susurro tratando de obtener valor y elevando la mirada para verlo directo. –Mi intención no es cuestionarle, no obstante, me gustaría preguntarle ¿Está usted seguro de querer que sea yo su esposa?- Pregunto omitiendo el hecho de que era eso precisamente lo que había hecho. Necesitaba darle la oportunidad al Duque de que viera en lo que podría caer, darle la opción que le era negada a ella, dejarle la decisión, no quería sentirse una completa farsante, por lo menos quería darle eso.
Aquella pregunta tomó completamente desprevenido a InuYasha, la chica se veía resuelta ahí frente a él con el rostro serio y pareciendo que la respuesta fuera de suma importancia, frunció el seño ante eso, seguramente necesitaba escuchar lo ansioso que podría poner a un hombre enamorado, sin embargo él no lo era.
-My Lady, por supuesto que lo deseo, que hombre no desearía contraer nupcias con una joven bella y exquisita como usted.- y aquello termino de sacar el aire de los pulmones de Kagome, está bien se dijo, ella siempre había sabido que el hombre solo la quería por la imagen de muñeca que se necesitaba en las altas cortes, por lo menos ella le dio el derecho de negarse, era algo que le habían negado a ella.
Después todo había ido como él había querido, ninguna replica o queja habían salido de ella a pesar de que él había puesto una fecha por demás inmediata para la boda sin dejarle prepararse con semanas de anticipación como era la costumbre, ignorando también el anunció de su compromiso en una fiesta ostentosa como las jóvenes de la edad deseaban. Aquello le provoco un fruncimiento de seño ¿Acaso ella no deseaba anunciar que se casaría con el hombre que toda madre de familia deseaba para su hija? Después, cuando la observó fijamente la mirada de ella se increpó con la suya y sintió que algo de tensión lo abandonaba, la chica se puso de lo más roja, se dijo que tal vez era por los nervios que la chica no objetaba nada.
Se despidió de ella tranquilamente besando su mano enguantada, cierto que deseaba volver a besar esos labios de melocotón no obstante los padres no los habían dejado ni a sol ni a sombra lo que provocó en él una turbulenta sensación de fastidio, así fue como se marchó directo a su mansión solo llevándose el recuerdo enmaderado de unos ojos nocturnos.
Lo primero que hizo cuando llego fue reunirse con sus abogados, Miroku y Mioga ya lo estaban esperando y él les puso al tanto de sus planes, quería complacer la última voluntad de su padre se dijo y les dijo tratando de convencerlos y convencerse a sí mismo, por ello la premura y sólo por ello. Le dijo al anciano todo cuanto preguntó sobre el título de los padres. Miroku, que escuchó todo lo dicho por InuYasha en silencio, espero pacientemente a que este contestara todas las preguntas que el anciano abogado le hacía, una vez que éste término y salió del estudio se acercó al escritorio.
-¿Qué diantres crees que haces?- le cuestionó al hombre sentado sin amedrentarse ante la imponencia de este. –Cumplir la última voluntad del viejo ¿Qué más?- Contestó con desgana y comenzó a revisar los papeles sobre la mesa.
-No te hagas el imbécil conmigo, sabes muy bien a lo que me refiero. ¿Te casas con la doncella? Y qué me dices de su padre, se le nota la ambición a cien metros a la redonda ¿Has terminado de investigarle siquiera? - Le pregunto molesto oliéndose algo muy malo en todo eso ¿Por qué un padre de una estirpe "tan antigua" como le había contado InuYasha que eran, querría casar a su hija con un bastardo? y la chica ¿Por qué la premura? Algo apestaba y no podía creer que su amigo se volviera tan estúpido y no lo sintiera.
-El vejete no me interesa, que tengo que saber, es un imbécil que vendería a su madre si se le presentase la oportunidad, acaso olvidas que lo conozco mejor que muchos, no necesito ser un genio para saber que lo que más ambiciona es lo que la mayoría de los padres hace: estatus y posición, no olvides que soy un Duque, alguien quien está cercano al trono, el sueño de muchos; ahora- Dijo ensombreciéndose el rostro y mostrando una sonrisa que le hizo ponerle los cabellos a Miroku –la chica es ideal para mis planes, la pequeña venganza del bastardo sin nombre de años atrás.- Terminó, Miroku no supo que responder ante eso, su amigo la había pasado mal durante su infancia y juventud pero ¿Eso sería todo? ¿Por qué la premura? La pregunta lo rondaba como zopilote, dejó al Duque con los asuntos decidido a investigar por su cuenta porque todo aquello le apestaba, había algo que se le escapaba a su amigo y su sexto sentido lo hacía prevenirlo.
InuYasha mientras tanto se había sabido desde el primer momento que Miroku reaccionaría así, se conocían el uno al otro mejor que hermanos, no obstante lo dejo ser, era bueno saber que tenía a alguien en el mundo incondicional que no lo juzgaba por donde venía y que no lo respetaba por lo que tenía, si bien él también sentía algo oculto, no iba a dar marcha atrás; tendría a la chica y era algo que no permitía a discusión, se sabía que estaba obsesionado, aquellos sentimientos que lo envolvieron por un simple beso no hicieron más que aumentarlo y se dijo que después de que se saciara de ella, no sería más que otro de sus caprichos olvidado en un roncón, siempre era así y esta vez no sería la excepción, y así, las semanas pasaron faltando solo una para la pronto venida de su futura esposa… la futura Duquesa de Wethimburg.
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Kagome salió de la abadía sintiéndose más tranquila, si bien el padre le había tratado de convencer hablando con ella, simple y sencillamente no pudo seguir su concejo, no estaba en sus manos y aunque lo estuviera no daría marcha atrás, no cuando la libertad estaba tan próxima.
Mientras caminaba Sango iba tras ella, desde hacía dos semanas era la primera vez que su padre le dejaba salir con su amiga y estar un rato a solas después de haberse convencido de que no haría nada estúpido, quiso que su amiga estuviera a su lado conversando animadamente como las jóvenes a su alrededor con sus amigas pero no se podía, y aunque a Kagome no le importaba que hablaran de ella sabía que en ese momento era mejor pasar desapercibida, ya de por si los rumores zumbaban a su alrededor como moscas tras correr como pólvora que el Duque le había estado mandando flores a su casa las pasadas semanas, aquello era como darle de comer a las hienas y el cotorreo se extendió como mecha encendida.
Iba tan sumida en sus cavilaciones que no se dio cuenta que el atardecer ya pintaba el ocaso, mientras paseaba en el parque adoquinado para ahorrarse camino pensó que aprovecharía la soledad de éste para hablar con Sango, necesitaba el apoyo de su amiga para lo que pronto vendría y en su casa hasta las paredes escuchaban.
- Madeimoselle Kagome.- Escuchó que la nombraban en un susurro tan suave que le paro el corazón en seco. Se quedo estática, lentamente elevo rostro encontrándose con unos ojos gris opaco y todo a su alrededor se detuvo confusamente.
-Lord Houyo.- se escuchó murmurar pero le pareció la voz de otra persona. Miles de emociones titilaron en su interior, la tristeza, la decepción, la ira, el rencor… todas ellas haciéndola vibrar y reflejándose en sus ojos, todas ellas clavándosele al hombre frente a ella quien aun suspiraba por el amor de la joven frente a él.
-Con su permiso lord.- Susurro Kagome sintiéndose demasiado dolida para hablar, sus heridas aun sangraban y ella necesitaba esconderse para lamerlas.
-Lo siento my lady…- Fue lo único que dijo el hombre mientras ella pasaba a su lado sin verlo dejándola de nuevo estática en el lugar, lentamente el dolor dio paso a la ira consumiéndola sabiendo de antemano hacia donde se dirigía esa única palabra.
-¿Qué siente Conde? ¿El haber llenado a una joven de ilusiones y promesas vacías? ¿El haberle mentido y dejarla en el olvido sin tener la decencia de dar la cara?- Pregunto con el acido goteando en cada palabra y la mirada oculta tras la sombra del flequillo, sus manos apretadas fuertemente en puños.
-My lady, si me permitiera explicarle, si me permitiera darle alguna explicación.- Exclamo girando con desesperación el joven sintiendo el aleteo de ilusión por volver a verla resquebrajarse ante sus palabras.
-Dígame señor, ¿Que sintió al jurar ante el altar amor mientras tenía a una tonta esperándolo repleta de él?- Le preguntó de espaldas, el dolor rezumando por sus poros sin embargo no lloro, había llorado lo suficiente y era hora de dejar todo atrás, era hora de dejar de esconderse, ella no había sido la que había fallado.
-¡Kagome, déjeme explicarle! ¡Mis padres me obligaron! era algo que ya se había previsto… yo intente negarme pero ellos se negaron a hacerlo… su padre… sus deudas… mil y un cosas atentaron contra lo nuestro…- Le dijo tomándola de los hombros y poniéndola de frente, el golpe amortiguado de la mano de ella en el rostro de él resumo por el parque mientras Sango se acercaba para auxiliar a su amiga. -¡Suélteme! ¡Usted no tiene ningún derecho a tocarme! Ya no ¿Qué me va a explicar? ¿Obligarlo? Obligar a un caballero, usted es hombre, alguien que puede tomar decisiones en un lugar donde solo la palabra de ustedes vale, usted pudo haberse negado, es un privilegio que no supo aprovechar, no, prefirió mentirme, hacerme creer que me amaba para desposar a otra, como se debió de haber reído de mis cartas desesperadas anhelando su regreso.- Le dijo con la voz a punto de quebrársele, sin embargo se dijo que ya no lo haría, ya no se dejaría resquebrajar por un amor débil y sin valor.
-Kagome, por favor entienda ¡Yo a usted le amo! ¡Lo que paso no fue culpa mía! ¡Déjeme resarcirme ante usted! Yo deseaba verla, cada una de sus cartas era correspondida con igual anhelo.- Le dijo el hombre desesperado sintiendo sus oportunidades escapársele.
-Es muy tarde Señor, usted es un hombre casado y su esposa entregada le aguarda en casa, no pienso convertirme en la cortesana de nadie, fue su responsabilidad el decidir decir sí o no y no lo quiso, prefirió el estatus y poder al amor puro que le profesé; cada uno ha tomado caminos diferente, le ruego que por favor no se vuelva a acercar, soy una mujer comprometida y por respeto a mi futuro esposo espero que esta escena no suceda nunca más.- Sentencio la joven sintiendo que por dentro temblaba como una hoja a pesar de que su apariencia luciera serena, solo sus ojos la delataban.
-¿Comprometida?- Pregunto el conde sintiéndose por completo desolado y dejándose caer de rodillas, todo sueño de poder arreglar lo sucedido se había evaporado ante sus ojos. El dolor que sintió ante esto lo taladro tan hondo que fieras lagrimas se acumularon en sus ojos mientras caía de rodillas con la cabeza gacha frente a la chica.
-Si Conde, comprometida; en una semana me caso, mañana parto y es probable que nunca más os vuelva a ver así que mis felicitaciones por su nuevas nupcias, le deseo lo mejor, que su vida este repleta de bienaventuranzas y que su corazón se llene de amor hacia la esposa que ahora tiene, con su permiso.- susurro Kagome sintiendo que cada una de sus palabras eran verdaderas, no le deseaba ningún mal a la mujer que se caso con su prometido, ella no tenía la culpa de que ese hombre no tuviera suficiente fuerza para elegir por lo que no merecía el desamor del mismo.
El viento soplo meciendo su cabello mientras se alejaba del hombre arrodillado llorando, sentía tristeza pero también sentía que era libre, libre de un amor mal correspondido, y aunque su tristeza había amenazado con doblegarla, supo que era hora de seguir, no por él ni por ella si no por su hermano, tenía un deber para con él y nada ni nadie la apartaría de su meta, era una promesa hecha y ella era una mujer que cumplía sus promesas.
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Miroku caminó por el parque, había estado siguiendo a Kagome desde que ésta salió de la iglesia. Había llegado hacia tres días y se puso a investigar a fondo como un perro buscando su hueso, trato de encontrar el motivo del porque de su mal presentimiento, mientras la seguía no pudo pasar por alto que se iban adentrando en el parque lo que era extraño, a esas horas estaba casi desierto y a él aquello no le gustó.
Las jóvenes caminaban en silencio y él se dejo llevar por el cadencioso vaivén de las caderas de la doncella que la acompañaba, su vestido de algodón tenía una suave caía desde la cintura pegándose en el redondeado trasero debido al viento y a él le temblaron las manos, en ello estaba cuando de pronto noto que paraban en seco y un joven hombre estaba frente a la joven morena.
Sin que nadie lo viera se escudo en los árboles y se dispuso a escuchar la acalorada discusión que se iba produciendo, la cachetada opacada por el guante de la joven le hizo fruncir el seño y las palabras después terminaron de confirmar lo que su instinto le decía, la joven había escondido muy bien su amorío con el joven, no quiso seguir escuchando y se alejo justo cuando el joven imploraba perdón alegando el mismo sentir ante las cartas mencionadas, ya no le cupo duda que aquello no era más que una farsa para obtener poder o ¿Dinero? El joven había mencionado deudas del padre de ella ¿Con quién las había contraído? ¿A quién se le había pasado investigar? Aquello no iba ser del agrado de InuYasha y se sintió molesto con la joven que osaba jugar con el Duque, él conocía a su amigo y presentía que la chica para él era algo más que venganza, mientras se pasaba una mano por el rostro se dijo que debía partir de inmediato, las nuevas nada buenas no debían esperar no obstante antes tenía que hacer una visita a Naraku, InuYasha le había dado órdenes de que si el Barón tenía deudas él las liquidara y obtuviera los papeles, era extraño pero su amigo no estaba tan segado como creía, no obstante de lo que estaba seguro es que nunca se le paso por la cabeza la doble cara de la hija, aquello incluso a él lo tomó desprevenido, carajo odiaba ser el portador de mierda.
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Bien, se que no tengo perdón de dios, he tardado tanto que la verdad me avergüenzo de mi misma, es decir soy una persona muy impaciente esperando leer con ansias y lo más pronto posible las actualizaciones de mis historias favoritas y heme aquí, tardando más de cuatro meses en actualizar, es reprobable mi actitud, solo puedo decir que los exámenes no me dejan, mi cabeza duele y me he enfermado dos veces hasta quedarme afónica por lo que mis pensamientos he ideas me han revoloteado por doquier.
Ahora bien, este capítulo es más laaargo de lo que usualmente realizo por lo que espero que sea de su agrado.
