Sasuke Uchiha POV
Después de la conversación con Naruto, no pude pegar ojo en gran parte de la noche por estar dándole vueltas al asunto. Tenía mucho en lo que pensar... Me sentí feliz por la noticia. ¡Podría volver a ver! Podría ver de nuevo esos hermosos ojos azules que tenía Naruto, su radiante sonrisa, su cuerpo de escándalo... Podría ver los rostros de mis adorados hijos, por fin podría observar las muecas que siempre me imaginaba que ponían cuando hablábamos, podría comprobar cuánto habían crecido en estos años... Deseaba con todas mis fuerzas ver de nuevo pero... no me gustaba el precio que debía pagar por ello, no quería usar a mis hijos para conseguirlo. Creí que lo mejor sería esperar, Itachi ya había comprobado que su teoría era cierta y que mi Rinnegan se estaba recuperando, a un paso muy lento pero lo hacía, por lo que llegaría un momento en el que volvería a ver.
Sentí el brazo de Naruto rodearme la cintura pegando su cuerpo desnudo al mío y apoyando su cabeza sobre mi pecho.
- Deberías intentar dormir un poco – murmuró Naruto adormilado – Puedes pensar detenidamente los pros y los contras mañana.
- Lo sé, pero no puedo evitarlo – le contesté en un susurro.
- Ven aquí – me dijo dulcemente.
Naruto se separó de mi cuerpo, sentí cómo tomaba mi cabeza con suavidad y la apoyaba sobre su pecho, justo encima de su corazón. Podía oír sus latidos acompasados mientras notaba los dedos de mi esposo acariciar mi cabello logrando que me relajase. Naruto estaba consiguiendo que dejase mi mente en blanco y que, poco a poco, me hundiese en el mundo de los sueños pero antes de hacerlo, capturé su cuerpo entre mis brazos con la intención de no soltarlo en toda la noche. Amaba a este revoltoso e hiperactivo hombre con todas mis fuerzas, me alegraba de haber luchado por él y haberle protegido porque si no lo hubiese hecho, ahora mismo estaría perdido sin él.
A la mañana siguiente, me levanté con cuidado de no despertar a Naruto y me fui a la cocina a prepararle un delicioso desayuno. En cuanto pude conciliar el sueño, dormí de maravilla con mi rubio entre mis brazos y ahora me encontraba con las pilas recargadas, aunque sabía que debía pensar con detenimiento todo el tema de la cura para mis ojos, pero no tomaría la decisión solo, lo consultaría con Naruto, era conveniente que decidiéramos juntos. Estaba cocinando, cuando sentí unos brazos rodearme por detrás y un cuerpo musculoso pegarse a mi espalda.
- ¿Qué tal has dormido? - me preguntó Naruto mientras me daba cortos besos alrededor de mi cuello.
- Contigo como almohada, de maravilla – le respondí divertido.
Noté cómo se formaba una sonrisa en la boca de Naruto ya que sus labios seguían pegados en mi nuca, lo cual me hizo sonreír a mí también.
- Quizás deba cambiar de trabajo y dedicarme a cobrar por ser la almohada de la gente si se me da tan bien.
- Jamás permitiría que otra persona te tocase, tú eres mi almohada personal – le seguí el juego.
- Pues entonces tendré que empezar a cobrarte por ello.
- Ya te he estado pagando, ¿Para qué crees que han servido nuestras sesiones de sexo? - le pregunté con una media sonrisa.
- ¿Para tener grandes momentos de pasión y disfrutar del placer de unir nuestros cuerpos en uno solo?
- Te equivocas, sólo era un mero medio para usarte como almohada después.
Escuché a Naruto estallar en carcajadas y no pude evitar reírme con él, aunque no lo hice de forma tan escandalosa.
- Un Uchiha contando chistes... eso no se ve todos los días – dijo cuando pudo calmarse – Tenías tu sentido del humor bien escondido.
Naruto me giró la cara para poder darme un casto beso en los labios antes de separarse de mí. Oí que movía una de las sillas y supuse que se sentó en ella mientras esperaba a que terminase de preparar el desayuno.
- ¿Qué quieres hacer, Sasuke? - me preguntó con un tono serio y supe que se refería al tema de mi ceguera.
- Creo que lo mejor es esperar a que mi Rinnegan se recupere por sí solo – le contesté tras una breve pausa.
- ¿Estás seguro? No sabemos cuánto podría tardar, ya han pasado cinco años y apenas ha mejorado – me dijo preocupado.
Podía notar la inquietud en la voz de Naruto, sabía que le preocupaba que tuviésemos que esperar toda una vida para que recuperase mi vista pero no quería usar a mis hijos como cobayas para conseguirlo. Ya había pasado muchos años así, sin poder ver, me había acostumbrado a ello y supongo que podía aguantar todo el tiempo necesario si al final mis ojos se curaban y no tenía que involucrar a nadie en el proceso.
- Lo sé, Naruto. Sé que la recuperación es lenta y que con la idea de mi hermano se podría acelerar pero no quiero meter a los niños en esto.
- También estoy preocupado por ellos, pero Itachi dijo que sólo necesitaríamos extraerles un poco de sangre. Él no habría sugerido involucrarlos si supusiese un riesgo para sus sobrinos y ten por seguro que yo tampoco accedería a que les hiciesen algo peor, que los tratasen como ratas de laboratorio para experimentar con ellos. Jamás los pondría en peligro, son mis hijos y les quiero – me comentó muy serio.
Me giré para poder hablar cara a cara con Naruto, aunque no pudiese ver, era mejor discutir el tema sin estar dándole la espalda a mi esposo.
- Se nos ha presentado la oportunidad que estábamos esperando. ¿No crees que si hay alguna posibilidad para que puedas volver a ver deberíamos considerarla al menos? Sé que es egoísta de mi parte pero necesito que tus ojos se curen, sé que puedes manejarte bien con tu ceguera pero...
Naruto se había levantado y se había acercado hasta donde estaba mientras me decía todo aquello. Dejé los utensilios que estaba usando en aquel momento sobre la encimera y tomé las manos de Naruto entre las mías.
- Debes dejar de culparte por lo que ocurrió, fue mi elección, yo decidí forzar mi Sharingan y mi Rinnegan para protegerte y lo volvería a hacer. No quiero vivir sin ti, prefiero estar ciego y contigo a mi lado que ser capaz de ver... y lo único que vea es que te he perdido.
- Yo también te amo, teme.
Naruto se abalanzó sobre mí y nos fundimos en un necesitado beso. Nos dejamos llevar por nuestros más profundos sentimientos y solamente nos separamos cuando el aire empezó a escasear en nuestros pulmones.
- Ayudaré a Itachi a encontrar otra forma de acelerar el proceso de regeneración pero no quiero tener que pedirle a Yumiko ni a Natsume su sangre para poder ver de nuevo.
- ¿Por qué no? - escuché que preguntaba una voz infantil.
Habíamos estado tan sumidos en nuestra conversación que no sentimos cuando nuestros hijos volvieron de casa de Itachi.
- Natsume, ¿desde cuándo estáis ahí? - pregunté sintiendo la presencia de mi hija a su lado.
- No nos cambies de tema, papá – me dijo enfadada Yumiko - ¿Por qué no quieres nuestra ayuda? ¿No nos consideras fuertes para aguantar lo que sea necesario?
Me sorprendió que mi hija se enfadase tanto, creo que había herido su orgullo de alguna forma... supongo que había heredado parte del carácter propio de los Uchiha y sonreí por ello.
- No te rías de nosotros – exclamó ofendida y pude imaginármela con los pucheros que solía poner Naruto cuando éramos niños.
- No lo hago, Yumi. Creo que sois lo suficientemente fuertes para aguantar todo lo que se interponga en vuestro camino pero no quiero poneros en peligro ni que os sintáis utilizados.
- ¿Qué tendrían que hacernos? - preguntó Natsume curioso.
- Sólo os tendrían que extraer sangre – le respondió Naruto con suavidad.
- ¿Nos desangraríamos? - volvió a preguntar Natsu.
- No, sólo necesito un poco de sangre, aún no sé con exactitud cuánto pero creo que dos o tres viales será suficiente – intervino mi hermano que apareció de repente en la cocina – Lo siento, cuando iba a traerlos he tenido que cambiarle el pañal a Fugaku en el último momento y estos dos se han adelantado mientras lo hacía – se disculpó.
- No pasa nada, Itachi – le tranquilizó Naruto.
- Entonces no hay peligro para nosotros ni tampoco nos vamos a sentir que nos estás utilizando, papá – oí que me decía Yumiko.
- Queremos ayudarte, papi – me dijo Natsume con voz lastimera.
- Me parece que no tienes otro remedio que aceptar, teme – me dijo Naruto divertido.
Creo que mis hijos me estaban manipulando con su dulzura para que accediese, me estaban haciendo chantaje emocional y parece que Naruto también se había dado cuenta porque se estaba divirtiendo con la situación.
- ¿Estáis seguros? - les pregunté y ellos me contestaron con firmeza que sí – Parece que habéis ganado esta batalla – les dije con una pequeña sonrisa en mi boca – Está bien, lo haré.
Los pequeños gritaron de alegría antes de abalanzarse sobre mí para abrazarse a mis piernas, me agaché para alzarles entre mis brazos y ellos apoyaron sus cabezas sobre mis hombros. Pronto sentí varios pares de brazos más rodearme y supe que Naruto, Itachi y el pequeño Fugaku se habían unido al abrazo colectivo. Tras varios minutos en esa posición, nos fuimos separando poco a poco. Itachi fue el primero en alejarse junto con mi sobrino.
- Debes estar haciendo un gran esfuerzo para aguantar tantos abrazos al mismo tiempo, hermanito – se burló Itachi.
- Me habéis atacado sin piedad, no me ha dado tiempo a reaccionar – le contesté siguiéndole el juego sin borrar la sonrisa de mis labios.
Tras mi hermano, fue el turno de Naruto de separarse de mí, oí que se volvió a sentar en la silla y aproveché para dejar a mis hijos en el suelo.
- ¿Habéis desayunado? - les pregunté y ellos me contestaron que sí – Entonces tu padre y yo nos tendremos que comer todas las tortitas que estoy preparando.
- Podemos hacer hueco en el estómago para tus tortitas, papá – comentó feliz Natsume.
- Sí, tus tortitas son las mejores del mundo – exclamó Yumiko.
- ¿Puedo unirme a vosotros? - oí que preguntaba Itachi.
- Por supuesto – le respondió mi esposo.
Todos se sentaron alrededor de la mesa mientras terminaba de preparar las tortitas. Tras tomarnos el desayuno, Itachi se quedó para hablar con nosotros sobre el plan que tenía para curar mis ojos y después nos dirigimos al hospital de Konoha. Allí, mi hermano fue a hablar con Ino primero, supongo que la puso al corriente de todo porque fue ella la que vino para sacarles sangre a mis hijos. Primero se llevó a Natsume siendo acompañado por Naruto e Itachi y yo me quedé fuera con Yumiko y Fugaku.
Después de varios minutos regresaron y cuando Yumiko se levantó ilusionada de su asiento, pude oír cómo mi hermano se disculpaba con ella porque creía que con la sangre que le habían sacado a Natsume tenían suficiente.
- Pero quería ayudar a papi – oí que protestaba Yumiko.
- Yumi, está bien, no pasa nada. Ya me ayudarás en otra ocasión – intenté animarla.
- Si necesitamos más, tú serás la primera a la que se lo pidamos, ¿de acuerdo? - le dijo Itachi.
- Vale... - la escuché aceptar desilusionada.
- Ven aquí – le dije mientras abría mis brazos para cogerla.
Yumiko se lanzó hacia a mí y la alcé mientras la abrazaba. Sentí que Naruto se acercaba a nosotros y noté el chakra de Natsume con él, por lo que supuse que también lo llevaba en brazos.
- ¿Qué tal te ha ido, Natsu? ¿Te ha dolido? - le pregunté preocupado.
- Un poco cuando me han pinchado con la aguja pero nada que no pueda soportar, papi – me contestó orgulloso.
- Se ha portado como todo un campeón – dijo Naruto feliz.
- Gracias Natsu – le agradecí sincero – Y a ti también, Yumi.
- ¿Por qué? Al final no he podido hacer nada – me contestó triste.
- Has hecho mucho, te ofreciste voluntaria para ayudarme y me convenciste para que lo aceptara. Si no fuese por ti, no estaría aquí en este momento.
Yumiko me abrazó con más fuerza, creo que había conseguido animarla después de todo. Itachi e Ino se acercaron a nosotros y nos explicaron que se pondrían de inmediato a trabajar en el suero y que en cuanto lo tuviesen preparado nos avisarían, por lo que volvimos a casa llevándonos a Fugaku con nosotros ya que Itachi no podría cuidar de él mientras trabajaba.
Después de varios días, Itachi nos citó de nuevo en el hospital, pero esta vez dejamos a Tai a cargo de los niños en casa. Una vez en la consulta, oí cómo mi hermano e Ino preparaban todo el instrumental necesario y se colocaban unos guantes de látex.
- Te pondremos el suero directamente en los ojos para que actúe con más rapidez, después te los taparemos con una venda y, tras una semana, comprobaremos si ha habido algún progreso. Si vemos que así ha sido, te volveremos a administrar el suero hasta que veas perfectamente – me informó mi hermano.
- ¿Y si cuando lo reviséis no ha habido ningún cambio? - preguntó nervioso Naruto que estaba a mi lado agarrando mi mano con fuerza.
- Entonces aumentaremos la dosis y volveremos a esperar otra semana, después comprobaremos de nuevo los resultados – le contestó Itachi.
- Pero, ¿y si...?
- Naruto – le interrumpí – no te preocupes, todo saldrá bien – traté de calmarle mientras entrelazaba nuestras manos y le daba un pequeño apretón.
- De acuerdo, hay que ser positivos y si tú dices que saldrá bien, te creo – me dijo Naruto lleno de confianza.
- Bien, empecemos – dijo Itachi.
A continuación, oí a Itachi pedirle a Ino que le pasase el vial con el suero y un cuentagotas, tras unos segundos me pidió que me quitase la bandana que llevaba puesta alrededor de mis ojos y que los abriese para poder echarme aquel líquido en ellos. Sentí cómo caían varias gotas en mis ojos, aunque más en el derecho, donde sólo tenía mi Sharingan. Supuse que tenía sentido si con él ni siquiera había tenido una experiencia parecida a la que había tenido con mi ojo izquierdo. Durante todo el proceso, Naruto no me soltó la mano ni un segundo y yo tampoco lo hice. Era su manera de apoyarme en ese momento tan decisivo e internamente se lo agradecí aunque ya tendría tiempo de agradecérselo de otra forma cuando estuviésemos completamente solos en casa.
Tras terminar, me vendaron los párpados cubriendo parte de mi cabeza también y me advirtieron que no me quitase la venda en ningún momento ni que abriese los ojos aunque los tuviese cubiertos. También me advirtieron que no podía mojar la venda, al menos por la parte que cubría mi rostro, por lo que pensé que debería tener cuidado cuando me lavase el pelo o la cara. Ino nos dio un par de indicaciones más y salimos de allí regresando a casa junto a nuestra familia.
La semana pasó con gran rapidez y antes de que nos diésemos cuenta, estábamos de nuevo en aquella consulta del hospital. Me sentaron en una camilla y pude notar un peso extra a mi lado, supe que se trataba de Naruto en cuanto tomó mi mano entre las suyas y me dio un dulce beso en ella.
- Todo va a salir bien – me dijo intentando aparentar seguridad pero sabía que estaba muy nervioso, puede que incluso más de lo que estaba yo.
- Sí, Naruto, todo irá bien – le respondí sonriéndole tratando de transmitirle confianza.
- Bien, vamos allá – oí que decía Itachi frente a mí.
Supuse que estaría sentado en un taburete para estar a mi altura y poder proceder correctamente con la retirada de la venda. Escuché un sonido metálico y creo que había sido producido por unas tijeras al ser levantadas de la bandeja donde se encontraba porque, al segundo siguiente, sentí el característico frío del acero del que estaban hechas sobre mi rostro cortando la venda que cubría mis ojos. Tras rasgar la tela con las tijeras, Itachi retiró la venda de alrededor de mi cabeza por completo mientras permanecía con los ojos cerrados. Escuché otro sonido que pude reconocer como el de unas cortinas cerrándose y después oí que le daban a un interruptor, supuse que sería el de la luz. Debían estar atenuando la luz que había en la habitación para que no me deslumbrase y me hiciese daño cuando abriese los ojos.
- Quiero que abras poco a poco tus ojos para que se vayan acostumbrando a la luz, ¿de acuerdo? - me pidió mi hermano.
- De acuerdo – asentí.
Mentiría si dijera que no tenía miedo en ese momento, porque estaba aterrorizado pero no lo demostraría, no sólo por mi carácter que me lo impedía sino también por Naruto, no quería que lo pasase peor de lo que ya lo estaba pasando. Tenía miedo de que todo fuese un absoluto fracaso, de que no hubiese funcionado y hubiésemos puesto todas nuestras esperanzas en una posibilidad muy remota. De verdad ansiaba que todo saliese bien, quería poder ver a mi familia, ver sus amplias sonrisas y sus rostros felices, no quería que todo el esfuerzo de mis hijos, de Naruto y de Itachi fuese en vano... pero el miedo me carcomía y las dudas de si habíamos hecho bien en arriesgarnos tanto acudieron a mí.
- ¿Sasuke?
La voz preocupada de mi esposo me llegó desde mi derecha. Había estado tan sumido en mis pensamientos y en mi miedo que no me había percatado de que había pasado varios minutos sin moverme.
- Estoy bien, Naruto. Solamente necesitaba prepararme mentalmente pero ya estoy listo – le dije.
Saqué mi carácter Uchiha y afronté la situación intentando no dejarme dominar por el miedo. Poco a poco fui abriendo mis ojos y sentí que Naruto se había levantado sin soltarme la mano y pensé que se habría colocado al lado de Itachi para observarme mejor.
- ¿Y bien? - me preguntó mi hermano cuando tuve los ojos completamente abiertos.
Cuando mis párpados se terminaron de alzar pude reconocer el rostro preocupado de Naruto frente a mí aunque lo veía borroso. Una pequeña sonrisa se dibujó en mi cara antes de hablar.
- Dobe, había echado de menos esos hermosos ojos azules que tienes pero prefiero verte sonreír que con esa cara angustiada.
En cuanto solté aquellas palabras, el rostro de Naruto cambió a uno de felicidad y sus lágrimas comenzaron a caer. Hizo un amago de abrazarme pero se contuvo, creo que no sabía si era buena idea y miró a Itachi transmitiéndole su duda. Mi hermano asintió con la cabeza y lo siguiente que pude ver fue una mancha que se abalanzaba hacia mí y me estrechaba entre sus brazos. Pronto sentí los labios de mi rubio sobre los míos besándome desesperado y yo le correspondí con gusto. Nos tuvimos que separar cuando escuchamos un carraspeo por parte de mi hermano.
- Naruto, creo que es conveniente que lo revise – dijo divertido.
- Lo siento – se disculpó separándose avergonzado mientras se limpiaba las lágrimas.
- ¿Ves bien, Sasuke? - me preguntó Itachi,
- Veo borroso pero puedo distinguir vuestras caras y las formas – le informé
- Es una gran mejoría – me dijo sonriendo – Ya nos imaginábamos que no recuperarías la visión de forma perfecta pero creíamos que verías manchas sin poder distinguir qué era cada una.
- ¿Cuál es el siguiente paso? - le preguntó Naruto ansioso.
- Volveremos a administrarle la misma dosis que la otra vez y le volveremos a vendar, pero en esta ocasión esperaremos menos tiempo para comprobar los resultados. Debido a la gran rapidez con que las células de sus ojos se están regenerando, creo que dos días será suficiente. Pero recordad que debéis volver seguir las recomendaciones que os dimos la primera vez – nos informó Ino.
- Claro – respondió mi esposo entusiasmado con una gran sonrisa de felicidad.
Después de la charla, volvieron a repetir el proceso de la semana anterior. Tras dos días de espera, volvieron a revisarme y me dieron una última dosis más pero esa vez sólo tuve que reposar tan sólo un día hasta que al fin pude ver perfectamente. El milagro que deseé se había obrado, ahora podía saber después de cinco años cómo eran los rostros de Natsume y de Yumiko y pude comprobar que habían salido tan guapos como Naruto y, para qué negarlo, como yo también. Ahora podía ver cuánto había crecido mi hijo mayor, estaba hecho todo un hombre para la corta edad que tenía y vi la cantidad de piercings que se había hecho desde la última vez que le había visto. También pude conocer al pequeño Fugaku, se notaba que había heredado todas las características físicas de los Uchiha y pude ver a mi hermano después de tanto tiempo, pero sobre todo, ahora era capaz de volver a disfrutar del bello rostro de la persona que más amaba en el mundo... Mi Naruto.
Minato Namikaze POV
Desde que había descubierto el sello, había preferido no hacer muchas misiones con el equipo, mantenerme un poco al margen y tratar de averiguar qué ocurría con esto, hasta fui a la biblioteca a buscar información para quitarlo, pero no había visto nada como esto. El clan Uzumaki era especialista en sellos y sé que mi mujer era una Uzumaki, lo vi en aquella foto, quizá ella podría haberme ayudado a quitármelo, pero ahora mismo, estaba bastante solo y perdido.
¿Por qué me había revivido? No lo sabía. Aún seguía aquí sentado bajo la ventana mirando el techo sin encontrarle sentido alguno a mi vida. ¿Por qué volver aquí? Yo ya había muerto. Lo peor de todo… es que me estaba enamorando de Itachi Uchiha, es que se me caía la baba con el pequeño Fugaku y yo podría desaparecer en cualquier momento ¿Era justo enamorar a Itachi? ¿Era justo para ellos dejarles estar a mi lado sabiendo que desaparecería en algún momento cuando no le sirviera de nada a la persona que me había devuelto la vida?
Las últimas misiones que había hecho realmente no habían estado muy concentrado, algunas veces hasta Itachi tuvo que ponerse en medio para salvarme de algún ataque y es que mi concentración disminuía pensando en todo esto. ¿Para qué nacíamos los Ninja? Éramos simples armas en manos de otros.
- ¿Minato? – escuché que llamaban desde la calle y agaché un poco mi cabeza evitando que me vieran por la ventana - ¿Minato? – volví a escuchar que me llamaban.
No quería contestar, sé que Itachi pasaba todos los días a comprobar que estaba bien y que con estas últimas misiones le había preocupado pero yo siempre sonreía y le decía que todo estaba bien, que estaba un poco desentrenado, que me había afectado lo de mi clan o cualquier otra excusa. No quería hacer daño a nadie estando cerca de ellos, así que hasta que supiera cómo quitar este sello no me acercaría.
En parte me daba miedo también que al quitar el sello… muriese al momento sin una habilidad que sostuviese todos estos años que yo había estado muerto. No me moví hasta que dejé de escuchar la voz de Itachi y volví a mirar al techo pensativo ¿Qué debía hacer? ¿Y si estaban todos en peligro por mi culpa? Eso no me lo perdonaría, quizá debería largarme de aquí, poner distancia de por medio y no volver hasta que el Ninja que me hubiera revivido me matase, esperar mi muerte en silencio… eso es lo único que podía hacer ahora.
Me quedé toda la mañana aquí encerrado y al final, me decidí a dar una vuelta por el clan por la tarde. Caminé sin tener un destino fijado, sólo caminaba y pensaba hasta que llegué al parque de los Uchiha. Estaba vacío, para lo grande que era que sólo vivieran dos familias aquí, este parque supongo que se quedaba bastante solitario. Caminando rodeando el estanque, me crucé con Naruto y sus hijos que jugaban con un balón.
Sasuke estaba allí con ellos sonriendo, sentado en uno de los palos del muelle mientras Naruto jugaba con los niños. Me detuve al verlos, hasta el pequeño Fugaku estaba allí corriendo con sus cortas piernas detrás del balón que Naruto llevaba en los pies mientras todos trataban de quitársela. Sonreí al verles como una gran familia, yo ni siquiera sé si pertenecía a ella.
Iba a marcharme cuando empezó de nuevo ese dolor de cabeza y tapé con mi mano el sello sabiendo ahora donde estaba. Traté de luchar contra él pero no había forma, escuchaba esa voz viperina dentro de mi cabeza ordenándome secuestrar a uno de los niños, ni siquiera me pedía uno concreto, cualquiera de los cuatro y yo no quería hacerlo, eran mi familia, pero ese intenso dolor hacía que perdiera mi voluntad.
Miré fijamente a los niños de nuevo, miré la sonrisa de Naruto pero yo no podía ver a mi hijo, no veía a mis sobrinos, sólo una misión que llevar a cabo y caminé decidido hacia ellos. Ninguno de ellos sospecharía lo que iba a hacer y con mi velocidad podía fácilmente coger a un niño y llevármelo de aquí. Tardarían un poco en reaccionar y nadie sabía en cual de mis sellos aparecería así que el plan era perfecto, sólo acercarme y coger a uno.
Natsume consiguió quitarle el balón finalmente a Naruto desviándolo hacia los árboles donde yo estaba, pero fue Yumiko quien vino hacia mí corriendo con una sonrisa para recuperar el balón mientras Naruto cogía en brazos al pequeño Fugaku y sonreía a Natsume y a Tai. Miré a Sasuke que no se había movido nada, parecía que intentaba ver algo a través de sus vendas pero no estaba seguro y es que sabía algo de lo del suero que Itachi le estaba dando, al parecer iba poco a poco recuperando la vista aunque aún le faltaban unas dosis para curarse del todo.
Me acerqué hacia Yumiko que acababa de coger la pelota en sus manos y sonreía dándose ya la vuelta para volver al juego. Estiré la mano para cogerla cuando alguien tocó mi hombro y aquella voz viperina se marchó devolviéndome a la realidad ¿Qué estaba haciendo? Ahora hasta casi podía recordar lo que hacía ¿El sello se debilitaba? Me miré la mano viendo cómo temblaba y es que no podía evitarlo, tenía miedo cada vez que me controlaban y más ahora que cada vez parecía tener menos tiempo, mi desaparición llegaría pronto.
- ¿Vienes a jugar con nosotros Minato? – me preguntó Itachi sonriendo y yo sonreí tratando de fingir tranquilidad cuando no la tenía.
- Claro – le dije sonriendo.
Itachi caminó delante de mí y yo aproveché para levantar la manga de mi camiseta azul, la que siempre había llevado incluso antes de mi muerte. La piel del brazo empezaba a estar reseca, sentía que me quedaba poco tiempo y entonces tomé la decisión más dura que pude tomar, estar lo poco que me quedaba con ellos, con mi familia, dejarles un buen recuerdo de mí antes de irme para siempre, dejarle a Itachi el recuerdo del mejor Minato que pudiera sacar aún bajo este control. Con Itachi allí me sentía algo más seguro, no creo que quisieran controlarme, no me había pasado a su lado, quizá quien estuviera detrás de esto… tenía miedo a Itachi y no quería ser descubierto por él o sus ojos.
Naruto al verme llegar a la espalda de Itachi sonrió y me lanzó el balón para que me uniese a todos ellos. Yo miré primero el balón y después a los niños. No podía creerme que hubiera estado a punto de secuestrar a uno de ellos, era increíble el control que tenían sobre mí, ya no era seguro quedarme mucho más tiempo y lo sabía.
- Venga Naruto, aún tenemos tiempo para ganaros en un partido – dijo Itachi sonriendo dándole un beso a su hijo.
- ¿No teníais hoy una misión?
- Sí, salimos en unas horas – le comentó Itachi – y tú pedazo gandul – dijo hacia su hermano – baja de ahí y ven a jugar, somos impares sino para los equipos.
- ¿Equipos? – preguntó Sasuke mirándonos a todos – esta bien, hasta ciego puedo ganarte.
- Ya será menos Sasuke… será medio ciego – le sonrió Itachi – vamos que voy a enseñarte como un buen hermano mayor cómo se juega a esto.
- ¿Y los equipos? – preguntó Naruto pero Fugaku vino corriendo hacia mí agarrándose a mi pierna.
- Nato mío – escuchamos de Fugaku y su padre empezó a reírse.
- Creo que tenemos al primer equipo – dijo Itachi divertido.
Yo sonreí cogiendo en brazos a Fugaku mientras éste se agarraba a mi cuello. Creo que con Fugaku todo en mi desastrosa vida me parecía maravilloso, su sonrisa, sus ganas de jugar, todo de él me gustaba y cuando miraba a su padre, no podía evitar sentir que le amaba, le quería a él, quería esta familia y tendría que aprovecharla mientras pudiera, supongo que la echaría de menos cuando desapareciera ¡Si es que se puede echar de menos al morir!
Jugamos el partido y yo ayudé a Fugaku cogiéndolo de las manos para que chutase un balón, aunque claro Naruto se dejó marcar esa vez haciendo sonreír a Fugaku que se lo pasaba en grande corriendo como podía por la hierba detrás de la pelota. Cuando terminamos de jugar, acompañé a Itachi a su casa ya que Fugaku quería cenar con los dos. Lo duchamos antes que nada jugando con él en la bañera como una auténtica familia, supongo que como lo que yo no pude hacer con Naruto por mi temprana muerte y tras cenar, lo acostamos. No podía dejar de ver cómo Itachi le leía un cuento antes de dormir allí en la cama tumbado con él mientras yo me sentaba en una silla sonriendo y lo veía cerrar sus hermosos ojos a la par que Itachi sonreía.
- Ey Minato – me llamó Itachi cuando acabó de contarle el cuento - ¿Qué te ocurre últimamente?
- ¿A qué te refieres con eso? – le pregunté acercándome a Fugaku y dándole un beso en la frente.
- Estás raro últimamente.
- Oye Itachi… ¿Crees que hay algo después de la muerte? – le pregunté y él se sorprendió.
Se acercó hacia mí soltando mis manos del cuerpo de su hijo y las cogió entre las suyas sonriendo con calma mirándome fijamente.
- ¿Por qué preguntas eso? ¿Acaso crees…que vas a morir? Minato… yo no dejaré que mueras.
- No puedes impedirlo Itachi, yo ya estoy muerto. Sabes que es así.
- No lo permitiré. Créeme que no dejaré que te ocurra nada.
- No podrás hacer nada Itachi.
- Lo haré, haré algo para salvarte – me dijo uniendo sus labios a los míos.
No podía evitar llorar, las lágrimas salían en silencio y aunque mis labios rozaban los suyos, no podía evitar que siguieran cayendo. Me gustaban sus labios, me gustaban sus besos y el roce de su mano en mi mejilla tratando de calmarme.
- Ven conmigo – me dijo Itachi cogiendo mi mano y obligándome a acompañarle.
Me llevó hasta el aseo y entramos en él. Vi cómo Itachi encendía el agua caliente y mientras esperábamos empezó a quitarme la camiseta con calma. Sentía sus delicadas manos recorrer mi cintura, arrastrando mi camiseta hasta que la sacó por encima de mi cabeza.
Le besé de nuevo, necesitaba volver a sentir sus labios, los adoraba, creo que desde nuestro primer beso accidental me había vuelto adicto a sus besos, a la lengua de ese chico que exploraba toda mi boca sin compasión alguna, de ese chico dulce que me atrapaba en estos sentimientos que ya no podía controlar. Amaba demasiado a este chico, a su hijo… a Fugaku le quería como si fuera mío propio.
Su mano se colocó en mi nuca profundizando el beso y nos metimos en la ducha. El agua cayó sobre nosotros pero yo sólo pensaba en cómo mi espalda tocaba el azulejo y el cuerpo de Itachi me presionaba contra él.
Itachi metió sus dedos en mi boca para que los lubricase mientras sus manos seguían rozando mi pecho, mientras bajaba hacia mi miembro y me masajeaba dándome placer. Entró en mí con cuidado y me agarré a sus hombros con fuerza para evitar caerme o resbalarme en la ducha.
Gemí sintiendo su miembro en mi interior, moviéndose dentro de mí y escuchando cómo gemía Itachi. Cogió mi nuca y me tensé al darme cuenta de que mi sello estaba ahí, pero intenté no demostrárselo, sólo… quería disfrutar de este chico hasta que mi muerte llegase, nada más. Itachi se corrió en mí sin poder aguantar más y yo terminé pocos segundos después en su mano entre jadeos que ya no podía controlar.
Descansamos unos segundos antes de terminar de ducharme y nos preparamos para la misión. Nos tocaba irnos y Kakashi junto a Shikamaru seguro que ya nos esperaban en la entrada de la Villa. No tardaron en tocar a la puerta y fue Ino quien con su agradable sonrisa vino a ser la niñera de Fugaku mientras estuviéramos en la misión.
Kakashi Hatake POV
Shikamaru y yo llevábamos esperando un rato a que Minato y... su niñera llegasen. Nunca me había caído mal Itachi, siempre había pensado que era un gran ninja y que no se merecía todo lo que le tocó vivir... todos los sacrificios que hizo por la aldea y, aún sigo pensándolo pero... no me gustaba que siempre andase alrededor de Minato, aunque fuese su misión y, mucho menos desde que se besaron... por mi culpa. ¡Estaba cabreado conmigo mismo! Si no me hubiese levantado en aquel momento, los labios de Minato nunca habrían tenido ningún tipo de contacto con los de Itachi. Lo peor es que creo que si no hubiese sido por eso, nunca se hubiesen fijado el uno en el otro. Había ido alguna vez al barrio Uchiha a escondidas y había visto la forma en la que se miraban y se trataban... algo pasaba entre ellos pero no pensaba rendirme. Quería a Minato, siempre lo había hecho, fue mi maestro y lo conocía mejor que nadie así que no me iba a dejar vencer por un crío.
La llegada de Itachi y Minato, me hizo salir de mis pensamientos. Se acercaron a nosotros y nos dijeron que ya podíamos ir hacia nuestro objetivo. Itachi fue el primero en ponerse en marcha pero antes de hacerlo, vi cómo en un movimiento rápido, acarició la espalda de Minato bajando por todo su brazo hasta rozar sus dedos. Eso me enfureció, estaba tocando a Minato con mucha confianza y no me gustaba que lo hiciera. ¡Minato era mío! Salí tras Itachi y me posicioné a su lado, dejando a Shikamaru y Minato varios metros atrás. Quizás no era una buena posición estratégica para la misión pero acabábamos de salir de Konoha por lo que dudaba que nos atacasen en esos momentos.
- Deberías mantener las distancias con Minato – le advertí de forma seria.
- ¿Por qué debería hacer algo así? - me preguntó molesto.
Itachi mantuvo su mirada hacia el frente en todo momento, pero vi que fruncía el ceño ante mi advertencia.
- Porque Minato es el padre de tu cuñado, ¿acaso crees que es buena idea enredar la familia de esa manera? - susurré para que Minato no pudiese escuchar nada.
Parece que le di donde más le dolía porque se quedó callado con expresión seria.
- Puede que tengas razón, pero no es como si fuésemos una familia muy normal, también fui resucitado y ahora mi hermano pequeño es mayor que yo. Minato no aparenta ser el padre de Naruto ni el abuelo de mis sobrinos. Ahora tenemos más o menos la misma edad - me contestó tras varios minutos de silencio mirándome a los ojos.
- Eres un niño para él. Minato no tiene tiempo para estar cambiándole el pañal a un crío como tú – le dije mordaz.
Le vi apretar los labios del enfado que le habían provocado mis palabras y yo sonreí. Dicen que la verdad duele.
- Y tú eres un viejo que necesita la ayuda de un andador para moverse. Minato no tiene tiempo de estar limpiándote cada vea que te ensucias por culpa de tus incontinencias – me respondió con una sonrisa de prepotencia - No pienso alejarme de él, me gusta y yo le gusto a él, el que debería apartarse eres tú, no tienes ninguna posibilidad.
- ¿Que le gustas? Pues si fuese así no se hubiese acostado conmigo – presumí para hacerle daño.
Quería restregarle que Minato había sido mío, que había tenido su espléndido cuerpo entre mis brazos, que me lo había follado y él había disfrutado mucho conmigo. Y creo que lo conseguí porque vi cómo se sorprendía para después dibujar algunas muecas de enfado en su rostro. Puede que tuviesen una relación un poco más cercana ahora porque Itachi era el encargado de vigilarlo en el barrio Uchiha pero parece que no era lo tanto si Minato no le había contado nuestro encuentro. Sonreía satisfecho al haber logrado mi cometido.
- ¿Pero es que acaso aún se te levanta? Dudo que pudieras darle todo el placer que Minato se merece.
- Me funciona perfectamente y te puedo asegurar que lo disfrutó mucho, sus gritos y jadeos lo demostraron. Tengo mucha más experiencia que tú, sé lo que le gusta y lo que no, tú no sabrías cómo complacerle – le rebatí.
Le vi dudar por unos segundos, parecía estar debatiéndose consigo mismo aunque no sabía por qué.
- Sé perfectamente qué es lo que le excita, dónde acariciarle para que gima descontrolado, qué ritmo llevar para que se corra en abundancia... te puedo asegurar que a pesar de mi falta de experiencia, Minato se vuelve loco cada vez que está entre mis piernas.
Aquello me sorprendió muchísimo, creo que Itachi lo notó porque volvió a dibujar esa sonrisa de autosuficiencia cuando mis ojos se abrieron de par en par. No tenía ni idea de que se habían acostado juntos, las veces que había espiado a Minato no había visto ningún indicio de ello. Puede que Itachi me estuviese mintiendo en ese momento y por eso había dudado en si decirlo o no, estaría cavilando las posibilidades de que le pillase en esa mentira.
- No es cierto – le respondí – Minato no lo haría con un crío como tú, a él le gustan los hombres de verdad.
- Te puedo asegurar que le gustan los críos como yo y mucho, si no fuese así, no repetiría cada vez que puede.
Eso me enfureció, no podía creer que Minato hubiese estado más veces con Itachi que conmigo. ¿Por qué? ¿Qué tenía ese Uchiha que no tuviese yo? Levanté mi puño con intención de golpearle pero la voz de Shikamaru a nuestras espaldas me detuvo.
- Creo que los dos sois unos críos porque os estáis comportando como tal ahora mismo. Dejad de actuar como niños caprichosos y concentraos en la misión. ¡Ah! Y un consejo, no deberíais hablar así de la persona que decís querer y menos delante de ella – nos dijo antes de adelantarnos.
Sus palabras nos sorprendieron tanto a Itachi como a mí. Ambos volteamos nuestras cabezas hacia atrás y ahí vimos a Minato muy cerca de nosotros con una expresión de tristeza en su rostro pero en cuanto se dio cuenta de que le estábamos mirando, intentó disimular con una de sus sonrisas pero sólo pudo dibujar una mueca extraña. Me sentí realmente mal por haberme dejado llevar de esa manera por mis celos y haber hablado así de él, como si fuese un trofeo.
- Minato... yo...
- Lo siento – se me adelantó Itachi.
Creo que él también se arrepentía por haber dicho todo aquello, habíamos estado tan sumidos en nuestra pelea que no nos percatamos del momento en que Minato y Shikamaru nos alcanzaron y escucharon cada una de nuestras palabras.
- Concentraos en la misión – nos dijo antes de adelantarnos y colocarse al lado de Shikamaru.
Después de eso, Itachi y yo no nos volvimos a dirigir la palabra hasta llegar a nuestro destino. Una vez allí, acabamos la misión con gran rapidez, creo que pagamos nuestra frustración con los enemigos. Cuando la terminamos con éxito, volvimos hacia la villa en completo silencio. Quería disculparme con Minato pero esperaría a llegar a Konoha para hablar con él tranquilamente.
Al llegar a la aldea, nos dirigimos al cuartel de los ANBU, vi a Minato cambiarse de ropa y salir de allí sin mirar a nadie de los presentes. Con gran velocidad hice lo mismo para ir detrás de él dejando a Itachi y a Shikamaru a cargo de realizar el informe de la misión, pero me sorprendió ver a Minato apoyado en la pared al lado de la entrada del cuartel como si estuviese esperando a alguien. Supuse que se trataba de Itachi ya que vivían en la misma zona pero me parecía extraño que no se hubiese quedado dentro con él si pensaba volver al barrio Uchiha en compañía de Itachi.
- Minato, si esperas a Itachi, ahora estará liado con el informe...
- No, te estaba esperando a ti – me interrumpió a la vez que se separaba de la pared y se giraba para mirarme.
Escuchar que me esperaba a mí y no a Itachi hizo que me sintiese muy feliz, seguro que quería desmentir lo que éste me había dicho durante nuestra pelea. Sabía que era imposible que se hubiese acostado con él, ese Uchiha sólo quería interponerse entre nosotros, crear una brecha y aprovechar para quedarse con Minato, pero le había salido el tiro por la culata.
- Siento mucho haber hablado de ti de esa forma, no era mi intención, me he dejado llevar por mis celos. ¿Podrás perdonarme? - me disculpé antes de nada, no quería que pensase que no me arrepentía por haberle tratado de esa forma a sus espaldas.
- Sí, claro pero...
- ¿Pero?
- Necesito hablar contigo de algo. ¿Te importa que vayamos a un lugar más privado? - me preguntó con un deje de preocupación.
Supuse que tenía razón, éste no era un buen lugar para hablar de asuntos privados por lo que asentí y nos fuimos hasta un pequeño parque cercano. Nos dirigimos hasta unos columpios y nos sentamos en ellos. Era extraño, no recuerdo haberme subido en uno nunca siendo un niño y ahora como adulto lo hacía. Observé el rostro cabizbajo de Minato y no pude evitar pensar en el gran parecido que tenía con Naruto, me recordó a su hijo cuando se sentaba solo en el columpio que había en la academia.
- ¿Qué querías decirme? - le animé para que hablase.
- Yo...
Parecía que estaba reuniendo la fuerza necesaria para soltar lo que quería decir, lo cual no me gustó nada. Eso indicaba que lo que estaba a punto de contarme no era bueno, al menos no para mí, lo cual me entristeció. Ya me imaginaba lo que me esperaba.
- No tengo ninguna posibilidad contigo, ¿cierto? - le dije mirando hacia el cielo para observar las estrellas.
- Lo siento – se disculpó – no era mi intención darte esperanzas ni hacerte daño pero no puedo controlar lo que siento... estoy enamorado de Itachi aunque...
- ¿Aunque...? - le pregunté mientras giraba mi cara para mirarle, me había extrañado que dijese esa palabra.
- Nada, no importa... Lo que importa es que mereces encontrar a alguien que pueda amarte como te mereces. En estos días que hemos compartido misiones, he podido darme cuenta de que eres una gran persona, por eso odio estar hiriéndote ahora... debería haberte contado que empezaba a sentir algo por Itachi mucho antes... lo lamento de veras.
Vi que empezó a llorar y eso me partió el corazón. No soportaba verle de esa manera, Minato siempre tenía esa sonrisa tan hermosa, era raro verle de esa forma y no me gustaba nada. Me levanté del columpio y me aproximé a él para abrazarlo. Vaya ironía... Me estaban rechazando y era yo el que estaba consolando a la persona que lo había hecho.
- Está bien, Minato – traté de tranquilizar – Me hubiese encantado que me eligieses a mí, te hubiese hecho el hombre más feliz del mundo pero... supongo que no se puede mandar en los sentimientos – intenté convencerme y consolarme a mí mismo también.
- Lo siento... de verdad – me dijo entre sollozos.
Seguí abrazándole, quería calmarle pero también quería aprovechar la última ocasión en que podría tenerle entre mis brazos. No me apetecía soltarle por nada del mundo, quería estar con él para siempre, le había amado durante muchos años y creí que al recuperarle podría conquistarle y transmitirle todo lo que sentía por él pero... su corazón ya tenía dueño. Le abracé con un poco más de fuerza antes de soltarle y alejarme de él.
- No deberías disculparte por querer a otra persona... amar a alguien es algo bueno – le dije intentando sonreír.
- Espero que encuentres a la persona adecuada para ti que te ame como te mereces y tú la ames también.
- Ya la encontré pero no me ama a mí – fue lo que dije antes de irme de allí.
No había sido mi intención haber soltado esa frase porque estaba seguro de que había herido a Minato con esas palabras, pero creo que mi propio dolor había salido al exterior. No sabía cómo sentirme en aquel momento, amaba a Minato y no me gustaba verle llorar y menos por mi culpa, pero también estaba dolido porque no se daba cuenta que él era la persona adecuada para mí y yo lo era para él y eso me frustraba... estaba muy confuso.
No me apetecía volver a mi casa, no estaba de humor para estar solo por lo que me pareció una buena idea ahogar mis penas en alcohol. Me dirigí al bar más cercano y pedí una cerveza la cual no me duró demasiado tiempo, pedí otra más y también me la bebí con rapidez... creo que necesitaba algo más fuerte.
- Tráeme una botella de sake – le ordené al camarero.
Alguien se sentó a mi lado pero ni me molesté en tratar de ver de quién se trataba, no me apetecía socializar en este momento, solamente quería hundirme en mi propia miseria, quería intentar olvidar el dolor que sentía en ese instante y la mejor forma de haberlo era emborrachándome.
- Si sigues bebiendo de esa manera, vas a acabar desmayado en el suelo – me dijo la persona que estaba a mi lado.
Me costó un poco reconocer aquella voz, creo que el alcohol ya había empezado a hacer efecto y subirse a la cabeza, me encontraba un poco mareado.
- Quizás esa sea mi intención – le respondí a Iruka.
- ¿Y por qué quieres acabar así? - me preguntó.
- Para no sentir este dolor – le contesté mientras apretaba la parte de mi pecho donde se encontraba mi corazón.
No sé qué expresión tenía Iruka en su cara en ese momento porque había mantenido mi mirada en mi vaso lleno de sake, pero estoy convencido de que tendría una de lástima al darse cuenta de lo que hablaba y no me apetecía verla, no necesitaba la compasión de nadie.
- ¿Mal de amores? - cuestionó en un murmullo.
Asentí con la cabeza antes de beberme el contenido de mi vaso para después volver a llenarlo hasta arriba. Vi la mano de Iruka coger la botella en cuanto la dejé en su sitio y a los pocos segundos él volvió a colocarla donde había estado. Supuse que se había servido un poco para él y no me importó demasiado.
- ¿Minato? - susurró.
Aquello me sorprendió mucho. ¿Tan obvio era? Creía que jamás había dado indicios de mis sentimientos por mi antiguo profesor, pensaba que lo había ocultado muy bien.
- ¿Acaso tengo un letrero en mi frente que pone 'I love Minato'? - le pregunté sarcástico.
- No, siempre has sabido ocultar tus sentimientos pero... supongo que nos parecemos más de lo que piensas y por eso he podido ver a través de ti.
No sabía a qué se refería, no sé si era debido a todo el alcohol que había ingerido pero no lograba encontrarle sentido a sus palabras. ¿Que nos parecíamos? Le miré confuso y vi su mirada cabizbaja y su sonrisa triste... creo que entonces le comprendí... él también tenía un amor no correspondido.
- Así que a ti también te han partido el corazón – indagué en el tema.
No me contestó de inmediato, vi de reojo cómo se bebía el sake de su vaso y volvía a servirse.
- ¿Le has dicho lo que sientes por él? - me cuestionó ignorando mi pregunta.
- Se lo dije hace unas semanas pero hoy me ha confesado que está enamorado de otra persona. He perdido contra un Uchiha – le contesté con una amarga sonrisa.
- Lo siento.
- ¿Por qué? No has sido tú quien me ha rechazado. Supongo que Itachi tenía razón, soy demasiado mayor para él... sólo soy un viejo que ha dejado pasar otras oportunidades por amar a alguien que murió hace mucho tiempo atrás, por amar a un recuerdo que cobró vida y no se fijó en mí – me desahogué.
- No eres un viejo, eres un hombre muy atractivo y más deseado de lo que crees, sólo que no te has dado cuenta de cómo te miran muchas mujeres y muchos hombres... Puede que sí tengas razón en una cosa... te aferraste tanto a los sentimientos que tenías por Minato que no te fijaste en las personas que deseaban que les dieras una oportunidad, pero ahora puedes cambiarlo. Puedes ir olvidándole poco a poco y así comenzar a fijarte en alguien más. ¿Quién sabe? Quizás encuentres lo que buscas más cerca de lo que crees – me dijo antes de levantarse pero le detuve agarrándole del brazo.
¿Olvidarme de Minato? No sabía si podía hacer algo así, había tenido durante demasiado tiempo estos sentimientos, ya eran parte de mí por lo que no sabía vivir sin ellos... pero quizás Iruka tenía razón y era momento de pasar página, de ver otras opciones. No sabía cuánto tiempo tardaría en hacerlo ni si al final lo conseguiría pero puede que mereciese la pena intentarlo... ¿Pero con quién? Entonces me fijé en el hombre que estaba frente a mí, jamás me había percatado en lo atractivo que era Iruka, con ese pelo y esos ojos marrones tan diferentes a los de Minato y esa cicatriz le hacía parecer más varonil. Recorrí su cuerpo con mi mirada y me gustó lo que vi, era fuerte con una espalda ancha y un trasero de escándalo... creo que me estaba comenzando a excitar.
- ¿Me ayudarías a olvidarlo? - le pedí con descaro sin pensar antes de hablar.
Me miró sorprendido con la boca abierta, creo que estaba meditando mi propuesta porque le vi dudar durante varios minutos entonces recapacité, no era justo pedirle a alguien algo así y menos a Iruka, que parecía que también le habían rechazado. Creo que mezclar el alcohol con un corazón destrozado no era una buena idea después de todo.
- Lo siento, no he debido decir algo como eso. Ha estado fuera de lugar, olvídalo, por favor – fue lo último que dije antes de levantarme y salir de aquel bar.
Apenas había dado un par de pasos fuera del local cuando oí unos pasos apresurados y sentí como alguien me daba la vuelta para besarme con fuerza. Abrí los ojos de la impresión.
- Acepto – me dijo Iruka tras separarse de mis labios.
Nos fuimos de aquel local con rapidez, caminando como podía por mi borrachera, besando todo lo que pude a Iruka y aunque puede que estuviera mal visto por la gente lo que estaba haciendo… no me importaba. Tampoco es que a estas horas hubiera mucha gente por la calle, de hecho, no nos cruzamos con nadie hasta llegar a la casa de Iruka.
Buscó las llaves en su bolsillo a ciegas, porque no dejamos de besarnos en ningún momento. Metía mis manos bajo su camiseta tocando su vientre, su abdomen, su pecho… sacándole gemidos mientras escuchaba ese ruido metálico que me indicaba cómo sus dedos buscaban las llaves. Finalmente abrió la puerta y entramos empotrándonos el uno al otro contra las paredes.
Iruka fue quien le dio una patada a la puerta cerrándola tras nosotros justo cuando caíamos sobre una alfombra del suelo. Nos miramos unos segundos fijamente a los ojos y volví a unir mis labios a los suyos con prisa y desesperación. Sentía cómo mi miembro se despertaba lentamente entre mis pantalones, cómo deseaba salir a jugar con este chico.
Levanté su camiseta a la altura de sus brazos y dejé sus muñecas retenidas por la camiseta sobre su cabeza mientras me deleitaba besando y mordiendo sus pezones, escuchando cómo gemía bajo mi cuerpo, cómo jadeaba con mis caricias.
Saqué uno de los kunais que llevaba en el cinturón y aunque Iruka me miró sorprendido, no dijo nada, dejó que cortase su pantalón haciéndolo tiras hasta que lo desnudé por completo. Cogí sus huevos en mi mano masajeándolos a la vez que metía su miembro en mi boca dándole aún más placer. Lo lamí, lo mordisqueé y lo succioné todo cuánto quise. Escuchar a Iruka disfrutando de lo que hacía era genial, por fin me sentía realizado, quería demostrarle a ese niñato de Itachi que yo no estaba mayor para esto, yo era capaz de hacer disfrutar a cualquiera.
Metí mis dedos en la boca de Iruka obligándole a lamer mis dedos para lubricarlos. Jugué a cogerle esa juguetona lengua con mis dedos mientras seguía lamiendo su miembro y cuando sentí mis dedos lo suficientemente mojados, los llevé a su entrada metiéndolos con cuidado para dilatarle. Iruka jadeó al sentirlos, se notaba lo excitado que estaba, todo él me daba acceso, se abría ante mí dándome paso y cuando metí la punta de mi miembro en él, suspiró soltando un leve gemido.
- Entra – me suplicó Iruka – por favor, hazlo ya.
Le agarré las piernas pasándolas por encima de mis hombros y entré en él buscando la mayor profundidad que pude encontrar. Me moví dentro de él, cada vez más rápido sintiendo su calidez, sintiendo cómo me daba cada vez más acceso para profundizar en él. Iruka cerró los ojos dejándose llevar por mi ritmo, jadeando como nadie lo había hecho antes estando conmigo y entonces al ver una fotografía nuestra en la mesilla me di cuenta… este chico había estado enamorado de mí y yo no lo había visto, por eso había aceptado ayudarme a olvidarme de Minato, por eso me estaba dejando entrar en él, por eso estaba disfrutando tanto conmigo, me deseaba desde hacía mucho tiempo.
Aquel pensamiento me animó más para darle placer, quería agradecerle que se hubiera fijado en mí, que hubiera estado a mi lado pese a estar en las sombras, que siempre me apoyase, quería que disfrutase de tenerme… supongo que yo también estaba disfrutando de saber que alguien en la vida me quería tanto, que alguien de verdad le habría gustado estar conmigo.
Acabé en su interior con ese pensamiento justo cuando Iruka también se corría encima de nuestros cuerpos. Salí de él despacio y es cuando le vi incorporarse terminando de deshacerse de la camiseta que apresaba sus muñecas y se acercaba a mi abdomen ahora lleno de su semen.
- Déjame limpiarte – dijo agachándose y pasando su lengua por mi abdomen haciéndome gemir.
- He estado un poco ciego – le susurré y él levantó la cabeza sin saber de qué hablaba – lo siento Iruka.
- ¿De qué hablas Kakashi?
- De eso – le dije señalándole con la cabeza la fotografía donde salíamos los dos sonriendo – no me di cuenta, lo siento si te he hecho daño, yo no…
- Shh – dijo colocando sus dedos en mis labios mandándome callar y entonces me besó de nuevo tumbándome en la alfombra nuevamente – descansa un poco abuelito – me sonrió – porque tenemos mucha noche por delante, sé que aún te queda mucha energía para seguir.
- No lo sabes bien – le dije sonriendo.
