"Estaba loca,

joder,

estaba loca.

Tenía en su cabeza una locura preciosa.

¿Cómo no iba a perder la cabeza por ella? "

Capítulo 12: Consecuencias

P.O.V Lexa kom TriKru

En muchas ocasiones había sentido miedo. Un miedo que colisionaba con los linderos del terror o quizás la fobia. La primera vez cuando era una niña de apenas cinco años. El día de la catástrofe. El día de la muerte de mis padres y el día que atacaron Polis tomándonos a mi y a Anya.

Pero los recuerdos más claros eran luego de esos acontecimientos. El miedo me abrazaba cuando los hombres de la montaña nos llevaban a aquellas celdas descoloridas y frías. Nos amarraban a las sillas y nos inyectaban distintas sustancias.

Las inyecciones dolían poco. Solo picaba ligeramente mientras la larga punta afilada atravesaba la piel. Eran los líquidos que contenían las agujetas los que causaban reacciones espantosas. La ocasión más espantosa la viví cuando tuve díez años.

Estaba sentada frente a otra nightblood cuando nos inyectaron. Mi cuerpo comenzó a temblar y sentí mucho calor, solté un jadeo y luché contra las cadenas que me mantenían fija a la silla logrando que cediesen ligeramente. No conocía que tuviese esa fuerza, debía estar recien adquiriéndola.

Cuando llevé la mirada hacia la otra chica me la encontré desfigurada y gritando. Ella intentaba lanzarse hacia mi mientras gruñía y yo espantada comencé a luchar contra las cadenas que me mantenían atada a la silla. Jadeé observando la sangre negra en el rostro de aquella que había dormido a mi lado durante cinco años.

Sentí la presión en mis muñecas. La sangre negra emanando rápidamente ante la fuerza de mi lucha. Grité al ver que a la otra niña había liberado una de sus llagosas manos mientras que yo solo conseguía lastimar mis muñecas.

-¡!Suficiente!- exclamó alguien y una bala atravesó a la niña deteniendo así sus movimientos y acabando con su vida. La sangre salió disparada en todas direcciones. Entonces me quedé quieta, con el pecho subiendo y bajando al ritmo de mi respiración accelerada.

La tierra era un lugar peligroso. Los hombres de la montaña que nos cuidaban solían comentar sobre una gran explosión que había acabaso con gran parte de la humanidad. En ocasiones me preguntaba si haber sobrevivido nos hacía especiales; pero terminaba pensando que simplemente eramos seres extraños.

Temía a las armas de los hombres de la montaña. Eran armas peligrosas. No eran como las espadaa o katanas. No. Una pequeña bala podía matarte más rápido que cinco cortes con una espada. Vi a muchos de mis compañeros morir con una bala en la cabeza o en el pecho. Era una muerte rápida en ocasiones; a veces se sufría demasiado.

Entonces estaban las bestias salvajes. También a ellas temía. Porque eran rapidaz y letales. No había ningún tipo de racionalidad en ellas. No las odiaba, las respetaba hasta cierto punto. Aun así, sentía miedo de ellas porque no podía defenderme contra su fuerza.

Los hombres de la montaña en una ocasión nos habían dejado amarrados a las afueras de Polis. Querían conseguir la piel de una extraña criatura que tenía preferencia por sangre negra. Eramos seis jovenes. Atados en distintos puntos a las afueras de Polis. Solo sobrevivimos dos. Aun puedo escuchar los gruñidos de la bestia y la sangre volando en todas dirreciones mientras despedazaba a sus víctimas.

-Déjame, Clarke.- le ordené a la rubia mientras el Pauna seguía intentando arrastrarme con él. Por supuesto que tenía miedo, mi cabeza reproducía las imágenes de todos aquellos que habían visto morir de forma sangrienta.

Miré hacia la rubia, pero esa había sacado un arma. Cerré momentaneamente los ojos. El disparo resonó en mis oídos. El pauna me soltó y con un poco de dificultad entré al refugio y ayudé a Clarke a asegurar la puerta. El golpe de aquel animal sobre la misma hizo temblar la puerta de metal.

-Estás herida.- señaló la rubia cuando me arrastré lejos de la puerta y me dejé caer en el suelo.

El lugar no era muy grande, pero estaba limpio por lo menos. Había una manta roja en una esquina sobre la cual no dudé en dejarme caer. Al resto del espacio no le presté mucha atención. Sentí a Clarke a mi lado y ladeé el cuerpo para mirarle. Mi pie dolía.

-Debiste dejarme.- susurré y ella cambió la mirada.

-Mi pueblo suele decir gracias cuando le salvas la vida.- comentó sin mirarme. Rodé los ojos y me acomodé dejando mi katana en el suelo a mi izquierda.

-No les escuché agradecerte ayer.- comenté con claras intenciones de sonar cortante. El gesto de la rubia rápidamente le dejó en evidencia: mi comentario le habia dolido. Me arrepentí de inmediato, pero no dije nada.

El silencio era incómodo. Suspiré justo antes de mover mi pierna derecha, me dolió, pero no dejé salir ninguna queja. Me preocupaba no poder caminar hasta Polis cuando tuviesemos la oportunidad.

-Déjame revisarte.- se ofreció Clarke, giré el rostro para mirarle y fruncí el ceño. Aun en la semi oscuridad en la que nos encontramos, con únicamente la luz que se colaba por unos espejos del tamaño de manzanas en el techo de metal, podía observar el rostro cargado de preocupación de la rubia.

-No hace falta.- dije tercamente, estaba en mi faceta de comandante y estaba enojada con la rubia por salir corriendo detrás del moreno. Se había puesto en peligro y había desobedecido mis ordenes.

-No seas terca, como la novia de la comandante tengo derecho.- señaló extendiendo la mano hacia las ligaduras de mi pantalón.

-La armadura.- señalé. Ella bajó la mirada contemplando los pedazos de metal colocados estratégicamente sobre parte de mis piernas y rodillas.

-¿Cómo lo hago?- me interrogó moviéndose hasta estar de rodillas delante de mi.

-Las ligaduras.- expliqué extendiendo mi mano y señalándole donde estaba la ligadura del trozo de armadura que cubría mis rodillas.

Clarke se puso a trabajar de inmediato. La escuché susurrar algo entre dientes mientras trabajaba en la armadura en mi pierna lastimada. Mordí mi labio pensando lo peor, no me dolía lo suficiente como para pensar que tenia la pierna rota o desfigurada. Pero dolía lo suficiente como para preocuparme.

-Tranquila.- susurró ella acariciando la rodilla de mi pierna no herida. Bajé la mirada encontrándome con sus ojos azules. Clarke me miraba con cariño. ¿Era posible querer a alguien sin conocer del todo?

-Clarke. Con cuidado.- le pedí.

-Creo que solo tienes el tobillo lastimado.- me dijo.

-¿No es toda la pierna?- pregunté con duda.

-No. No tienes heridas en las piernas. Pero el tobillo esta bastante hinchado.- me dijo con seguridad. Suspiré aliviada. Entonces el dolor era solo eso.

-¿Puedes hacer algo?- interrogué. Mirando hacia ella, me había sacado las botas y yo ni cuenta me había dado.

-No tengo los instrumentos necesarios. Intenta no apoyarlo.- me indicó. Levantó entonces la mirada y me sonrió. La observé en silencio, preguntándome que fuerza del universo se había confabulado para juntarnos.

-Gracias.- susurré.

-Es mi deber.- susurró ella con una sonrisa y lentamente acomodó mi pie sobre el suelo. La ausencia de armaduras me dejaba un poco indefensa, pero dadas las circunstancias era preferible haberlas quitado.

Clarke entonces se levantó y se acostó a mi derecha. Ladeé el rostro para mirarle y ella estaba esperando mi mirada. Mojé mis labios sintiéndolos demasiado secos de momento y ella imitó mi movimiento antes de llevar una mano a mi mejilla.

-Lamento haberte desobedecido, Heda.- susurró mirándome a los ojos. Había real arrepentimeinto en su voz, pero por si tenía alguna duda sus ojos estaban justo delante de mi dando fe de sus palabras. En ellos pude comprobar que ella realmente lo lamentaba.

-No vuelvas a hacer algo así. Estás en problemas ahora.- le avisé totalmente seria.

-¿Vas a castigarme, Heda?- me preguntó con un tono juguetón que me tomó por sorpresa. Ella se acomodó sobe su costado y llevó una mano a mi barbilla.

-Los lideres saben de esto, Clarke. Pedirán que seas castigada.- murmuré con seriedad deseando que ella entendiese que esto no era un juego. La vida en la tierra era dura. El pueblo del cielo jamás lo entendería.

-Sé que habrán consecuencias. ¿Podemos hablarlo después?- me pidió, si me miraba de esa manera no podia decirle que no. Me sonrió y desató todas las cerraduras que pensaba habia colocado en mi corazón.

Sus delgados dedos recorrieron mi barbilla y luego con las yemas acarició mis mejillas. Me perdí en sus ojos azules, era como observar el cielo en un día sin lluvia. Había algo en los ojos de Clarke que me hacía sentir que podía relajarme junto a ella. Que podía bajar mis defensas y dejarle verme como en realidad yo era.

-Tus ojos son hermosos.- susurró ella.

Sonreí. Era interesante como parecía que estabamos conectadas a tal grado que llegabamos a conclusiones semejantes. No respondí con palabras, no estaba acostumbrada a hacerlo, pero mis ojos seguramente le dieron a la rubia la respuesta buscada.

-Tus labios son todo una tentación. Tan suaves.- susurró nuevamente, su mirada bajó a mi boca y sus dedos trazaron mi labio superior y luego el inferior.

Cerré los ojos y suspiré. Clarke suspiró después y se comenzó a mover. Abrí los ojos para encontrarme con su rostro aun más cerca. Pensé que me besaría, pero ella solo pasó una mano sobre mi estómago y se acercó mas hasta recostarse sobre mi pecho.

-¿Crees que se halla ido?- me preguntó la rubia.

-Sigue ahí. Tendremos que esperar bastante para que se vaya.- susurré recordando al pauna. No era la primera vez que escapaba de uno, fácilmente podríamos estar aquí hasta la noche.

-Entonces descansa.- me dijo en un susurro.

No sé porqué, pero le obedecí sin rechistar. Su cuerpo semi cubriendo el mío me brindaba un sentimiento de protección que no había experimentado desde hace mucho tiempo. Ella suspiró y yo suspiré.

...X

En algún momento habia quedado dormida. Desperté un poco asustada, sintiendo mi corazón acelerarse ante el pensamiento de que estaba en peligro. Hubiese dado un salto, pero sentí un brazo sobre mi estómago.

Ladeé el rostro y sonreí. Mi sonrisa se volvió una pequeña carcajada al percatarme de que tenía mi mano libre, aquella que no había colocado sobre mi cabeza, cubriendo uno de los pechos de la rubia. Clarke se había movido hasta estar tendida boca arriba con un brazo cruzando sobre mi. La rubia seguramente se percató del temblor de mi cuerpo, producido por la risa, porque abrió los ojos, ladeó el rostro y me miró.

-¿Siempre amaneces de buen humor, Heda?- me preguntó con una pequeña sonrisa. Apreté divertida su pecho y ella miró hacia abajo para luego volver a levantar la vista.

-No sé como llegó ahí.- expliqué sin poder esconder mi sonrisa. Estabamos en una posición bastante extraña. Ambas boca arriba, con el único contacto de nuestras manos. La mano de ella sobre mi torso descuidadamente y la mía apretando uno de sus pechos.

-¿Eso es lo que hacia falta para que rieses? Puedes tomarlas ambas si eso te hará mas feliz.- me dijo Clarke risueña. Solté una carcajada a la vez que me cubría los ojos con la mano que habia tenido sobre mi cabeza.

-Creo que ya es seguro salir.- susurré cuando dejé de reír. Volví a mirar a la rubia y ella levantó una de sus cejas.

-¿Me devuelves mi teta?- me interrogó. Le solté de inmediato, un poco sonrojada y ella rodó los ojos sin dejar de sonreír.

-Con mi pierna así nos tomará tiempo llegar a Polis.- le advertí sentándome, la rubia se puso de rodillas delante de mi.

-Te colocaré la bota en el pie bueno.- me avisó colocándome el zapato.

Seguí el movimiento de sus manos en silencio. Ella me colocó la bota y luego se levantó. Intenté ponerme en pie sin apoyar la pierna, pero Clarke me interrumpió en el proceso.

-Déjame ayudarte.- se ofreció sujetándome del brazo derecho. El dolor ahora era soportable, o quizas ya me había acostumbrado al mismo.

-Mi katana.- le indiqué señalando mi arma. Clarke me obligó a apoyarme de la pared y se arrodilló a por mi arma.

-¿Podrás llevarla?- me cuestionó.

-Soy, Heda, Clarke. Se necesita mas que lastimarme un tobillo para conseguir que no pueda llevar armas.- le aseguré tomando mi katana y asegurándola sobre mi espalda.

Clarke me obligó a apoyarme de ella y me rodeó con una de sus manos, la cual acabó en mi espalda baja para darme apoyo. Le miré y pocos segundos después ella también buscó mi mirada.

-Aún entra sol por esos cristales. Debe estar iniciando el atardecer.- le comenté mientra dabamos pasos cortos hacía la puerta. No se escuchaban ruidos afuera, el pauna seguramente ya no estaba.

Clarke me apoyó de la pared cerca de la puerta y luego se encargó de abrirla. La rubia no estaba en las mejores condiciones físicas, le costó empujar la puerta para que abriese lo suficiente. Luego se volvió a mi, me apoyé de ella y comenzamos a caminar.

-¿Para dónde?- me preguntó la rubia, se veía perdida y no era de sorprender.

-Noroeste.- ordené cojeando estúpidamente, comenzaba a frustrarme un poquito el paso al cual íbamos. Seguramente si no estuviese lastimada todo sería mas rápido y seguro.

Estuvimos andando un rato. Clarke estaba esforzándose más que yo. Respiraba aceleradamente y miraba de vez en cuando hacía el sol. Seguramente tenía miedo de que la oscuridad cayese sobre nosotras. Yo estaba mas tranquila porque sabía que no lograríamos llegar a Polis antes del anochecer.

-Caminar de noche es peligroso, Clarke.- le dije cuando el sol comenzó a decaer.

-¿Cuánto falta para llegar?- me preguntó frunciendo el ceño.

-No mucho, pero a este paso nos cogerá la noche. - expliqué.

-Déjame cargarte. Podremos ir mas rápido.- pidió mirándome a los ojos. Negué sin siquiera evaluar su propuesta.

-No estas capacitada para llevarme en brazos. Además soy Heda no pueden verme llegar así a Polis.- le advertí sin pizca de broma. La rubia rodó los ojos.

-Te quitaré la armadura del pecho que es lo mas pesado que traes.- anunció ella.

-Clarke dije que no.- le advertí.

-Lexa no seas terca. Te dejaré en el suelo cuando estemos llegando a la muralla y no tendrás que entrar como princesa en mis brazos.- ofreció ella. Escuchamos ruidos y supe que ella tenía razón de cierta manera: era peligroso pasar la noche fuera de Polis.

-Está bien. Esconde mi katana en aquel árbol. Enviaré a alguien a por ella mañana.- le ordené, ella obedeció de inmediato y mientras ella iba a hacerlo yo quité con rapidez las ligaduras que mantenían la armadura de mi torso y la dejé caer sintiéndome insegura.

-¿Lista?- me preguntó la rubia.

-Si no puedes con mi peso nos quedaremos aquí.- le advertí.

-Lexa...no te ofendas pero, eres bastante delgada para ser Heda.- me dijo con un tonito burlón mientras sonreía y para demostrar su punto me tomó en brazos.

-No te confíes, Klark. Así como me vez puedo cargar el triple de mi peso.- le advertí mientras ella comenzaba a andar. Yo simplemente me sujeté de su cuello y fijé mi mirada en el camino que cruzabamos.

-¿Cuánto queda?- preguntó Clarke luego de un rato, tenía la respiración acelerada y comenzaba a caminar mas lento.

-Solo un poco. ¿Quieres descansar?- cuestioné, yo era delgada, pero ella no era muy fuerte tampoco así que seguramente ya estaba sintiendo los embates de mi peso.

-No. Es de noche y quiero llegar.- sentenció dando por terminado el tema.

-Te espera un castigo cuando lleguemos.- le recordé.

-¿Me asesinaran?- me preguntó luego de unos segundos.

-Jamás permitiría eso, Clarke.- le aseguré.

-Confío en ti, Lexa. - susurró ella mirándome a los ojos.

-Bájame. Polis está detrás de esos árboles.- susurré.

Tomarme en brazos al parecer había sido sencillo, pero devolverme al suelo fue toda una hazaña. Luego de tambalearse en varias ocasiones, la rubia logró dejarme sobre mis pies sin que me lastimase. Me apoyé de su costado y comenzamos la caminata nuevamente.

Las murallas de Polis se alzaron cuan altas. Un séquito de diez guerreros estaban delante de ellas. Al vernos me reconocieron de inmediato y se acercaron. Anya estaba entre ellos.

-¡Heda! Estabamos preocupados.- dijo Anya llegando delante de nosotros y casi arrancándome de los brazos de Clarke para que me apoyase de ella.

-Estoy bien. Tranquila, un pauna nos atacó.- expliqué para calmarle. Entonces me percaté de que el resto de guerreros tenían sus espadas en dirección a la rubia del pueblo Celeste.

-¿La llevamos al calabozo, Heda?- preguntó Costia, no le había prestado atención en un principio. ¿Había estado ahí en todo momento? Definitivamente necesitaba recostarme.

-No, llévenla a su habitación. Mañana nos reuniremos.- expliqué.

-Pero...- comenzó a decir Anya.

-Es mi última palabra.- les avisé y comencé a andar cojeando.

Estaba exhausta. Mi único deseo era darme un baño, llamar a un curandero y dormir. Si fuese posible, dormiría hasta que los hombres de la montaña se extinguiesen, pero claramente no lo harían así que dormir hasta la mañana siguiente sería suficiente.

Al final conseguí por lo menos algo de descanso. Me encontraba tendida en mi cama mientras la curandera con más experiencia en Polis revisaba mi pierna. No pude evitar pensar en Clarke. En el cuidado que habíamos tenido al quitarme la armadura, en las caricias sobre mis piernas mientras buscaba el origen de mi dolor.

-Estará bien en unos días, Heda.- me avisó la anciana.

Estaba lista para verla abandonar la habitación y dormirme cuando una cabellera rubia hizo aparición. Anya tenía cara de pocos amigos. Despidió a la curandera y se detuvo al lado derecho de la cama. Nos miramos en silencio durante algunos segundos.

-Los líderes han hablado conmigo.- me avisó.

-¿Una reunión sin Heda? ¿Debo preocuparme?- pregunté acomodándomelos sobre las suaves mantas. Se sentía bien estar sobre una cama.

-30 azotes o la muerte. Clarke lo toma o lo deja.- habló con seriedad Anya. Me quedé totalmente sorprendida ante aquellas palabras.

¿El consejo acababa de decidir en mi ausencia? Mi rostro debió mostrar molestia, porque Anya se cruzó de brazos. Entiendo que ella esté furiosa, pero al tomar decisiones sin mi cosentimiento estaban restándome autoridad.

-Sal.- ordené con gesto serio.

-Lexa...- comenzó a decir Anya, pero inconsciente liberé una nube de feromonas a la vez que gruñía como animal salvaje.

-¡Sal!- grité.

Anya no se atrevió a contradecirme. Se inclinó un poco delante de mi y sin decir más se fue alejando basta la salida. Inhalé profundamente intentando tranquilizarme, ahora sentía una sobrecarga incómoda sacudir mi cuerpo. Por suerte estaba lo suficientemente extenuada para ignorar el calor que se extendia por mis musculos.

Dormir. Dormiría y luego mañana me haría cargo de la situación de Clarke. Reunirían al consejo a primera hora en la mañana, ellos se irían en la tarde asi que debía actuar con rapidez.

Clarke debía ser castigada, me habia desobedecido imprudentemente y nos habían puesto en peligro a ambas al hacerlo. Pero 30 azotes me parecía una exageración, ya ni hablar de condenarla a la muerte. Me pregunto si Anya está detrás del castigo.

...X

El sol apenas habia salido y yo estaba sentándome en mi trono con el traje de Heda. La curandera había venido muy temprano a decirme que no debía utilizar zapatos asi que iba descalza. Aun así, no creo que nadie se atreviese a hacer un comentario al respecto.

Clarke llegó al salón del trono seguida de Titus. Indra ya estaba a mi derecha, preguntándome como me sentía o si necesitaba algo. En silencio negaba con mi mirada fija en la puerta evaluando a cada lider que entraba y tomaba su lugar.

-Estamos todos. Abriremos la sección.- anuncié poniéndome de pie.

Todo el mundo se inclinó. Al sentarme ellos se volvieron a enderezar y guardaron silencio a la espera de mis palabras. Recorrí el lugar con mi mirada, deteniéndome a evaluar cada rostro en silencio: como un cazador.

- Clarke del pueblo Celeste ha desobedecido en el día de ayer a Heda saliendo de Polis cuando le estaba prohibido. Además su pueblo ha introducido armas de fuego a Polis cuando les fue avisado que no debían hacerlo. Por lo mismo, Clarke Kom Skaikru debe ser castigada. Como lideres y participantes de la coalición les otorgo el derecho a seleccionar el castigo que debe ser aprobado por mi antes de llevarse a cabo.- hablé desde mi trono, cruzada de piernas. Al terminar de hablar descansé una de mis manos en el reposabrazos.

-¡La coalición ya ha elegido el castigo!- anunció Nia, era la lider mas agresiva y terca del grupo. Con gusto la asesinaría para que otro tomase su lugar.

-No he estado presente en ese momento. ¿Alguien me pone al corriente?- cuestioné con frialdad. Mi voz cargada de sarcasmo. Mi mirada se desvió momentáneamente a Clarke, estaba tensa y observando todo con la barbilla levantada en señal de orgullo.

-Clarke kom Skaikru deberá ser azotada 30 veces o morir.- anunció Nia.

-¿Quién a propuesto tal castigo?- interrogué entre dientes.

-Yo lo he hecho, Heda.- anunció Anya hablando por primera vez desde el inicio de la reunión. Nuestras miradas se cruzaron y entonces yo me puse de pie.

-Entonces he aquí tengo algo que anunciar.- les avisé y luego moví mis manos con rapidez sobre mi cuerpo.

Mi ropa comenzó a caer al suelo. Capa tras capa, iniciando desde el manto rojo. Podía sentir las miradas de cada uno de los lideres, la mirada de Clarke e Indra. Pero mis ojos estaban fijos en Anya. Toda mi armadura quedó en el suelo, únicamente me cubría el fino pantalón de tela negra y la camisa del mismo color que vestía bajo las capas de armadura.

-¿Qué ocurre, Heda?- preguntó uno de los lideres.

Me giré sin responder y tomé un jarrón con agua que reposaba junto al trono. Ante las miradas confundidas lavé mi rostro deshaciéndome de la pintura de guerra que solía portar como la comandante. Delante de ellos me manifesté como Lexa y al clavar mis ojos en Anya vi como ella entendía lo que estaba haciendo.

-¡No! ¡Jok! ¡Beja, Lexa, dont dula op em! (Porfavor, Lexa, no lo hagas)- gritó Anya perdiendo la compostura totalmente. Levanté el mentón dándole a entender que mi decisión ya estaba tomada.

-Vida por vida. Clarke kon Skaikru está bajo la protección de Heda y al desobedecerla sus votos han sido pagados. Ahora en adelante deberá esforzarse si quiere que permanezca la alianza.- comencé a explicar. Podía sentir los ojos azules de Clarke clavándose sobre mi cuerpo a medida que yo me acercaba a los lideres.

-Ahora Lexa kon trikru quiere pagar su deuda para no deberle nada a la hija del cielo.- volví a hablar y los lideres parecieron comprender de inmediato. Los terrestres odiabamos deber nuestra vida a alguien, era normal tomar el lugar de otro para pagar un favor.

-¿Estas segura, Heda?- cuestionó uno de ellos.

-No me gusta tener deudas. Clarke del pueblo celeste debe ser azotada por las vidas que fueron arrebatas. Entonces tomaré su lugar y nuestra deuda quedará saldada. Nadie podrá protegerla si vuelve a fallarnos.- anuncié girándome para encontrarme con los ojos azules mas hermosos que yo hubiese encontrado. Ella negó con la cabeza, sus ojos suplicándome que no lo hiciera, pero le volví a dar la espalda.

-Beja, Heda...- comenzó a decir Anya. Levanté mi mano cortando sus palabras.

-Como la mejor guerrera de Polis, Anya dará el primer azote.- anuncié mirándola a los ojos. Estaba llorando y yo sentí un apretón en el pecho, pero el enojo seguía presente. Estaba furiosa con ella, porque Anya era la persona más importante en mi vida y me dolía que no pudiese entender los sentimientos que tenía hacia Clarke.

-Sadremos en la noche, Heda. ¿Cuándo se realizará la ceremonia?- preguntó Nia, parecía deseosa de poder dar uno de los azotes.

-Vayan a anunciarlo y preparen las cuerdas. Estaré afuera en un momento. Déjenme sola.- ordené yendo hasta mi trono.

Todo el mundo obedeció de inmediato. Estaba por relajarme en el asiento cuando escuché a Titus discutir en voz baja. Abrí los ojos y le vi luchando por sacar a Clarke.

-Déjala acercarse, Titus. - ordené, la rubia no se iría sin hablar. Era terca y yo sabía que nos metería en muchos problemas.

-¡No hagas esto! No podría soportar la culpa. Déjame pasar por mi castigo, me lo merezco.- suplicó dejándose caer de rodillas delante del trono.

-No hay vuelta atrás, Clarke. La proxima vez piensa antes de actuar.- le dije con voz dura. Ella sollozó un poco, entonces me percaté que lágrimas bajanban por sus mejillas.

-¡Por favor, Lexa! No hagas esto.- suplicó.

Recorrí el lugar solo para corroborar que estabamos solas y luego estiré mis manos para levantarla. Clarke no se resistió, quedó parada delante de mi mirándome con sus ojos azules bañados en lágrimas.

-chil au daun (Tranquila)- susurré como hace muchos años, pero las lágrimas seguían bajando por sus mejillas.

-Por favor...- suplicó una vez más.

-Ya es tiempo. No tienes que estar presente.- le dije levantándome de mi trono. Ella me sujetó del brazo derecho con las mejillas mojadas.

Nos miramos a los ojos en silencio. Ella con tristeza y yo con determinación. Esto lo hacía porque era ella: era Clarke...mi Clarke. Cerré los ojos por un momento y luego me acerqué y atrapé su boca. Ella respondió sorprendida en un principio y luego me devolvió el beso.

Sus labios eran suaves. Sus caricias eran un contraste exquisito; parecía ansiosa por atrapar mis labios. Atrapaba intensamente el inferior y lo soltaba con pereza, como si desease quedarse con el. Me dejé llevar por el sentimiento de seguridad que sus labios me proporcionaba. Era una mezcla de suavidad y ansias que me gustaba.

-Asi sobrevivimos. Las leyes deben cumplirse.- susurré sobre sus labios. Sabiendo lo que venía, mi cuerpo tembló y la ausencia de mi traje de Heda debió hacerme lucir totalmente frágil.

-La vida es mas que sobrevivir. Debería ser más.- susurró Clarke, seguía llorando porque sus lágrimas mojaban sus labios y tambien los míos cuando volví a besarla antes de dirigirme a la salida.

Me detuve en la puerta y le miré. Ella llegó a mi lado en pocos pasos y me abrazó. Sentí que el frío se borraba de mi cuerpo. Me sentí cálida y segura. Como si sus brazos alrededor de mi cuerpo fuese todo lo que necesitaba.

-Por favor, déjame recibir mi castigo.- pidió nuevamente.

-No, Klark. Y si interrumpes la ceremonia me veré obligada a aceptar tu muerte. Estarías desafiando abiertamente la decisión de Heda. No hagas todo más complicado.- susurré escondiendo mi rostro en su cuello.

-Lexa.- susurró ella abrazándome mas fuerte. Suspiré y justo cuando Clarke comenzó a aflojar el agarré la sujeté de la cintura y succioné en su cuello.

Ella tembló, yo me dediqué a succionar hasta estar segura de que había una marca allí donde habían estado mis labios. Entonces me separé, le miré a los ojos y salí de la sala del trono. Mis pasos eran lentos debido a mi cojera, pero me las arreglé para mantener los hombros rectos y el mentón levantado.

Afuera todos estaban reunidos. Podía percibir la tensión en el ambiente. Los lideres estaban frente al árbol que utilizabamos para asegurar a aquellos que debían pagar con sangre sus errores.

La ley de la tierre era dura. Nia estaba delante del grupo esperándome, las cuerdos estaban en sus manos y ella las acariciaba casi con reverencia. Nos miramos a los ojos y pasando junto a ella me detuve delante del árbol encarando al pueblo.

-La sangre pide sangre. Lexa kom Trikru tomará el lugar de Clarke del pueblo Celeste para saldar una deuda de honor. La sangre derramada en el día de ayer sera vengada en Heda.- anunció Indra lo mas alto que pudo. El silencio que siguió sus palabras fue tal que decidí darle la espalda a todos y fijar mi atención en el tronco.

-¡30 azotes son el precio a pagar!- anunció Nia y luego sentí que sujetaba mis manos para que las levantase y poder atarlas al árbol. Apoyé mi frente de la superficie sintiendo la incomodidad y cerré mis ojos buscando relajarme.

La cuerda raspaba contra mis muñecas y el tronco acrecentaba la sensación. Nia habia apretado mucho: se habia asegurado de que la incomodidad fuese grande. No dije nada, porque en su lugar yo hubiese echo igual.

Lo siguiente que sentí fueron unas manos más delicadas acomodando mi cabello. Ladeé el rostro y me encontré con Anya, sus ojos estaban conteniendo las lágrimas mientras sujetaba mi cabello en un moño alto con una cinta. Cambié el rostro y suspiré. Podía sentir mi cuerpo tensarse a medida que esperaba el primer golpe. No recibía este tipo de castigo desde hace años. Los hombres de la montaña lo habían puesto en práctica en dos ocasiones.

El ruido de mi camisa al ser rasgada con una daga me regresó de mis pensamientos. La tela cayó al suelo y el frío de la mañana caló en mi cuerpo. El sujetador negro seguramente no soportaría los treinta azotes.

-¡Blood must have blood!- gritó Nia, el pueblo regresó el grito, pero con menos entusiasmo.

Entonces sentí el ardor del primer golpe. El latigo quemó la piel desnuda de mi espalda y sentí las pequeñas espinas clavándose sutilmente. Apreté los dientes y mis puños: sintiendo como mis uñas se enteraban en mi piel.

El segundo golpe vino sin previo aviso. Fue mas débil que el primero, pero igual tuve que cerrar los ojos. Sentí mi cuerpo tensado y me concentré en no liberar ninguna feromona. El miedo solía activar ese extraño comportamiento que me hacía parecer más una bestia que una terrestre.

Los primeros diez latigazos fueron intensos, pero rápidos. Podía sentir la sangre comenzando a amontonarse en mi espalda al paso del tiempo. El sudor recorria mi frente y pronto el broche del sujetador cedió, unicamente los breteles impidieron que la prenda acabase en el suelo.

Era el latigazo número quince y mi cuerpo comenzaba a sentirse agotado. El único sonido que se escuchaba era el de mi respiración acompañado del horripilante sonido del latigo cada vez que era levantado y dejado caer sobre mi espalda.

Cinco más pensé mientras el látigo caía con fuerza golpeando mis hombros y desgarrando los breteles del sujetador. La prenta cayó al suelo y yo me curvé a la vez que juntaba mis labios. Ningún sonido había salido de mi boca y no tenía pensado dejar salir ninguno.

-El último siempre ha correspondido a Heda. Como la comandante a tomado el lugar de la líder del pueblo Celeste, haznos el honor de dar el último Clarke kom Skaikru.- escuché decir a Nia. Mi garganta estaba seca y en la posición que estaba tenía prohibido refutar aquella orden. Era tradición que aquel que fuese librado del castigo diese el último golpe.

-Yo no...- comenzó a decir Clarke.

-No te estamos preguntando, Skaikru. Es una orden.- la cortó Nia.

Escuché los pasos lentos de Clarke. Mi respiración se volvió aún más pesada y mi cuerpo se tensó el doble. Cerré los ojos con fuerza, el último golpe debía ser doloroso, un recordatorio claro para que la persona no cometiese el mismo error dos veces.

Escuché a Nia susurrar algo y supe que se lo estaba haciendo saber a Clarke. Seguramente la rubia estaría aterrada ante lo que tendría que hacer, pero yo era lo suficientemente egoista para preferir verla morir de culpa y no de dolor.

Claramente escuché el movimiento del látigo. Tensé mi esplada esperando el golpe. Fue tan doloroso como esperaba. Las finas espinas se enterraron en mi piel y volví a arquearme pegando todo mi cuerpo al tronco del árbol.

Inmediatamente sentí unas manos desatándome. Alguien me abrazó obligándome a apoyarme de aquel cuerpo caliente. Abrí los ojos con un poco de pesar, desacostumbrada a la luz. Entonces me encontré con los ojos color caramelo de Costia.

- its odon, Heda. (Ya terminó, comandante)- susurró ella con voz tranquilizadora y asentí antes de empujarle un poco para girarme a encarar a todos.

-La deuda con Skaikru ha sido completamente saldada. Ahora sus acciones caerán sobre sus hombres. Por cada hombre nuestro que caiga en sus manos, uno de los suyos caerá.- declaré yendo de rostro en rostro.

El pueblo celeste estaba amontonado a la izquierda. Parecían realmente aterrados ante lo que acababan de contemplar. Mi pueblo parecía orgulloso ante mis palabras y escuché el "Heda" retumbar en mis oídos cuando todos gritaron animándome.

En el recorrido mis ojos pararon sobre Clarke. Estaba de pie observándome con ojos humedecidos. El látigo estaba en su mano con residuos de sangre negra. Vi el fantasma de la culpa cruzando su mirada, pero decidí pasarlo por alto. Las decisiones que tomabamos traían consecuencias y no sé dónde quedaría nuestra relación luego de hoy.

-Vamos, Heda.- susurró Costia, me giré a mirarla y ella colocó una manta sobre mi pecho. Fue entonces que me percaté de que estaba desnuda de cintura para arriba. Miré a la castaña con agredecimiento y sujeté la manta con una mano antes de apoyarme de su cuerpo.

Busqué a Anya con la mirada cuando la recordé, pero no estaba entre la multitud. Conociéndola seguramente se había ido luego de dar el primer golpe. Cuando entramos al ascensor recosté mi cabeza del hombro de Costia.

-¿Anya?- cuestioné cuando estábamos por llegar a mi piso. Los golpes me hacían sentir insegura, necesitaba a la rubia, ella era lo mas cercano a una madre que tenía.

El ascensor se abrió, y como si hubiese invocado a una divinidad, Anya estaba ahí esperandome con la curandera a su lado. Tenía los ojos cristalizados y al verme las lágrimas recorrieron sus mejillas.

-Oh Leashy.- dijo cuando me solté de Costia, dejando la manta que me cubría por olvidada y me lancé hacia ella. Me recibió on brazos abiertos, acarició mi cabello y su pecho tembló con sus sollozos.

-yu ste hir, chof. (Estas aquí, gracias)- susurré. Anya besaba mi frente.

-Vamos a curarla, Heda.- interrumpió la curandera.

Giré el rostro para mirar a Costia. La chica estaba de pie en el ascensor sin saber que hacer. Ella cruzó miradas conmigo, la preocupación se reflejaba en sus ojos.

-chof, Costia. Puedes venir. - le invité antes de seguir hacia mi habitación ayudada por Anya.

Continuará...

(chof: Gracias)

¿Qué les ha parecido?

Heda-Syssi: *.* Gracias! :3

MariaD24: JAJAJA bueno Costia no es mala, quiere a Lexa pero ¿quién no? Esperémos que no llegues a pensar asi de Cos xD El adelanto no creo que te halla preparado para lo que le ocurrió a la pobre Lexi /

Panda97: Hola!! Que bueno volver a leerte y saber que te esta gustando el giro que ha tomado la historia. . Me encanta leer tus reacciones sobre los capítulos anteriores *.* Nos seguimos leyendo y besos!

Si te gusta la historia no olvides seguirla y dejar un comentario para animarme. El siguiente capítulo esta listo, lo subiré después de revisarlo.

Adelanto

-Clarke, bésame.- Me pidió en un susurro y yo sentí mi cuerpo temblar a medida que inclinaba el rostro.

Nuestros labios se tocaron y yo volví a sollozar mientras mis lágrimas comenzaban a caer. Quería separarme y salir corriendo. Tirarme en mi cama y llorar hasta que se me gastasen las lágrimas.

-chil au daun.- susurró sobre mis labios Lexa, no hizo falta traducción, me habia dicho aquellas palabras tantas veces que ya el significado estaba grabado en mi memoria. "Tranquila." Y escucharla decir aquello me relajó.

XOXO