Capítulo Doce
Al día siguiente, tampoco fui a la escuela.
No lograba sacar a la maldita Nora de mi cabeza, así que ir a la jodida escuela no iba a ayudar en nada. En cambio, fui a jugar al paintball con Rixon y otros caídos.
No me entretenían demasiado, pero al menos tenía que concentrar mi mente en otro objetivo. Como por ejemplo, las pelotas de mi mejor amigo que no tenían protección. No le dolía a él, pero era obvio que a su cuerpo sí, por lo tanto me partía de risa ver como su organismo se doblaba cuando lograba pegarle.
— ¿Qué has sabido de Dabria? —le pregunté a uno de los caídos, llamado, irónicamente, Ángel.
—Dicen que ha regresado al cielo. Me dijeron que los arcángeles estuvieron a punto de descubrir que se escapaba para venir a la tierra. No creo que quiera volver.
Mi teléfono comenzó a vibrar en mi bolsillo, y tomé unos segundos antes de meter la mano y sacarlo de allí.
—Patch—contesté.
—Sé que es tu día libre, pero en serio necesito que cubras a mi hermano. Ha tenido un problema con su apéndice y está en el hospital; él me pidió que te llamara. —dijo la voz al otro lado de la línea.
—Tamara. —la saludé. Me había acostado con esta chica un par de veces en el pasado, antes de obsesionarme con el cuerpo de Nora. Mierda, ¿Había dicho "Obsesionarme"? —No hay problema.
Colgué.
—Chicos, debo irme. Trabajo esta noche—informé, y busqué mi moto.
Cuando llegué al Borderline, expliqué lo que había pasado con el chico que había solicitado que lo suplantara. Mierda, odiaba trabajar. ¿Qué por qué no dejaba este jodido trabajo? Fácil: Nora casi siempre venía a él. Estaba seguro de que si Rixon entrara en mis pensamientos en estos momentos, se partiría de risa y comenzaría con ese montón de basura de que ella realmente me importa y todo eso. Bah. La chica me gustaba. Punto. Hasta ahí llegaba todo. O eso creía.
Me adentré en la cocina, buscando un par de pedidos para la mesa cuatro cuando sentí su presencia. La busqué con la mirada a través de la ventanilla del cocinero, pero no la vi. Rápidamente salí de allí con las bandejas en mano, y entregué la orden. Ahí si la vi.
Tuve que contener una carcajada al verla sentada en la barra con uno de los chicos que, si no ponía especial cuidado en dejar de mirarle las piernas, iba a arrancarle los ojos. Tenía una película estilo chabacano que le quedaba realmente horrible, y una minifalda que me obligaba a mantener mis ojos en ella.
Al parecer me estaba investigando, porque luego de que él le dijera que me encontraba en la cocina, se puso repentinamente nerviosa.
—Creo que dejé el coche arrancado. ¡Pero fue genial hablar contigo! —dijo, apresurándose en tomar sus cosas y levantándose del taburete.
Con paso rápido se encaminó al baño, y con una sonrisa maliciosa en el rostro se dirigió al baño. Lo cual era genial, porque si lograba matarla allí dentro, nadie lo notaría sino hasta dentro de un par de días, cuando tocara la limpieza. Pero… ¿Podría matarla finalmente?
Ya dentro del baño de damas, cerré la puerta detrás de mí, poniendo especial cuidado en que nadie pudiera abrirla. Nora se encontraba frente al lavamanos, con el rostro bajo. Inhaló un par de veces y luego esparció agua fría sobre su cara. Aun no sabía cómo me sentía con el hecho de que realmente estaba indagando en mi pasado. ¿Furioso? Era claro. ¿Complacido? Tal vez un poco. Eso demostraba que claramente estaba interesada en mí.
Cuando finalmente cerró la llave y miró hacia arriba, vio mi cara reflejada en el espejo. Gritó y me di media vuelta. No estaba sonriendo, ni tampoco parecía entretenido. Seguía sin descubrir cómo me sentía realmente. Y, seguía con mi lucha interna sobre matar o no.
— ¿Qué estás haciendo aquí? —Preguntó, jadeando.
—Trabajo aquí.
—Me refiero a aquí. ¿Es que acaso no sabes leer? El símbolo de la puerta…
—Estoy empezando a pensar que me estás siguiendo. —la interrumpí. —Cada vez que me doy la vuelta, tú estás ahí.
—Quería invitar a Vee a salir. —Explicó—Estuvo en el hospital. —sonaba a la defensiva, lo cual claramente demostraba su culpa detectivesca. —Nunca pensé en toparme contigo. Supuestamente estás en tu noche libre. ¿Y de qué estás hablando? Cada vez que me doy la vuelta, tú estás ahí.
La observé de arriba abajo, sopesando seriamente que reacción tomar. Quizás pudiera dejarlo pasar, después de todo, jamás descubriría nada. No antes que la matara. Tal vez podría contarle todo, como último deseo. Miré su cabello falso.
— ¿Quieres explicar tu pelo chabacano? —le pregunté.
Se arrancó la peluca con frustración, y la arrojó sobre la encimera del baño.
— ¿Quieres explicar dónde has estado? Has faltado los últimos dos días a la escuela.
¿Acaso me extrañaba? Estuve tentado de preguntarle, pero en cambio dije:
— Jugando Paintball. ¿Qué hacías en la barra?
Provocando la muerte de uno de mis compañeros de trabajo con esa falda, lo más seguro.
—Hablaba con el Barman. ¿Acaso es un crimen?
Crimen si llegase a matarlo. Aún lo reconsidero.
Equilibrando una mano contra la encimera, levantó su pie para desabrochar un tacón de cuero de tiburón. Se inclinó ligeramente y tan pronto como lo hizo, un trozo de papel cayó al suelo. Se arrodilló para tomarlo, pero fui más rápido. La sostuve sobre mi cabeza para que no pudiera alcanzarla. Infantil.
— ¡Devuélvemela! —Me ordenó.
— ¿Tiene Patch alguna orden de restricción? —Leí— ¿Es Patch un delincuente?
— ¡Dá-me-lo! —Dijo entre dientes furiosamente.
Solté una risa por lo bajo, ante el descaro de la siguiente pregunta. Definitivamente estaba interesada en mí.
— ¿Patch tiene novia?
Puse el papel en mi bolsillo trasero, sintiéndome repentinamente complacido. ¿El enojo de sentirme acosado? Bueno, ahora formaba parte de la historia. Vi en los ojos de Nora que estaba dispuesta a tomar el papel, a pesar del lugar donde se encontraba, así que me eché hacia atrás en la encimera, nivelando nuestros ojos.
—Si vas a buscar información por ahí, preferiría que me preguntaras a mí. —le dije, y fue sincero. Las personas podrían darle la idea equivocada. Hablaran bien o mal de mí, nunca dirían la verdad.
—Esas preguntas eran una broma. Vee las escribió. Es su culpa.
—Conozco tu letra, Nora.
—Bueno, ok, está bien. —se quedó en silencio en lo que supuse sería un intento desesperado por pensar algo que la librara del atolladero, así que, mientras perdía el tiempo, preferí responder a sus preguntas.
—No tengo ninguna orden de restricción. —Dije—No he cometido ningún delito.
Levantó la barbilla.
— ¿Novia?
Sip, definitivamente interesada.
—Eso no es de tu incumbencia.
—Trataste de besarme. —Me recordó— Lo convertiste en algo de mi incumbencia.
Traté de reprimir una sonrisa mientras recordaba aquel momento. Vaya noche. Recordé cada detalle de ese casi-beso, incluyendo su gemido/suspiro.
—Ex novia. —Dije, después de un momento. Recordé a Dabria y a su, para mi felicidad, regreso al cielo—Pero ella no anda por aquí.
— ¿A qué te refieres con que no anda por aquí?
—Se ha ido. Nunca volverá.
O al menos eso esperaba.
— ¿Te refieres a que… está muerta? —Pregunté.
No lo negué. Ella era un ángel de la muerte, después de todo.
La puerta del baño de damas sonó cuando alguien intentó entrar, lo cual me recordó donde estaba.
—Necesito volver a trabajar. —Dije. Volví a escanearla completamente, y me vi atrapado de nuevo más debajo de sus caderas. —Falda mortal. Piernas de infarto.
Y salí de allí.
Visualicé a Nora un par de mesas más allá, lo cual me hizo preguntarme si era cierto lo que Nora decía, y realmente la culpa de todo la habría tenido Vee. Daba igual. No pude detallar muy bien al chico que la acompañaba, porque Frank me miraba desde la cocina con algo de enojo reflejado en sus ojos. Supuse que había visto a Nora entrar al baño, y a mí seguirla. Contuve el impulso de levantar mi mano y enseñarle el dedo del medio, y en cambio continué trabajando.
Me llevó toda la noche sacar la imagen de esas piernas de mi cabeza.
