RECOMPOSICIÓN (traducción)
por Ladywolvesbayne
¡Buen domingo, Spartans! ¡Atención! Hay mensaje para Fallen también; el pobre Jul no sabe lo que le espera, realmente xD a Once le gusta lucirse, después de todo a Cortana le gustaba demostrar que era la mejor de todas, ¿no? :P jajaja y es verdad, el Inquisidor SIEMPRE se lleva todas las miradas, más ahora con esa armadura dorada que tiene, que parece un pangolín xD Ha visto? El Jefe será inocente pero no idiota, enseguida captó la onda y parece que le gustó y todo xD a ver qué opinas de lo que sucede hoy -risa malvada- por otro lado, por ahora no habrá más interacciones de Cortana y sus "hermanas" aunque eventualmente todo empezará a cerrarse, no te preocupes. Muchas gracias por andar siempre por acá :)
Este es probablemente uno de mis capítulos favoritos de la historia, porque me gusta mucho cómo quedó. A ver si a ustedes les despierta lo mismo que a mí cuando lo escribí :)
11. OJOS AL FRENTE
11 DE AGOSTO, 2558
LOCACIÓN: UNSC INFINITY EN DESLIESPACIO
CUARTELES DEL PERSONAL CIENTÍFICO
3:53 AM hora estándar
Se despertó en una habitación muy brillante.
Cortana parpadeó varias veces, somnolienta y confundida, y frunció el entrecejo. El colchón era cómodo pero la almohada bastante dura. Algo olía a vainilla (sí, era definitivamente vainilla) y había demasiada luz solar. Era extraño. Sus cuartos estaban más o menos en el corazón de la nave, por lo que la luz solar directa nunca llegaría allí.
Verdadera luz solar, que se sentía cálida y acogedora. Maravillosa.
Movió las mantas y trató de bajarse de la cama, pero algo pesado la mantenía clavada al colchón. Con rapidez, sus dedos recorrieron el objeto y su corazón latió con más fuerza: era un brazo musculoso enredado en su cintura, dedos grandes extendidos suavemente sobre su vientre. El calor de esa palma ajena de pronto se sintió hirviente, un cosquilleo le subió por el cuerpo.
Entonces, vio el otro brazo. Su cabeza había estado descansando en su bíceps todo el tiempo.
Instintivamente supo que era un hombre.
Había un hombre. En su cama.
Cortana contuvo el aliento y sintió otro escalofrío, esta vez por la espalda. Miró detrás de ella, sólo para encontrar el contorno de un hombro masculino y fuerte. Se esforzó por recordar algo (cualquier cosa) que pudiera explicar la situación, y la vívida memoria de un beso secreto compartido lejos de las miradas indiscretas apareció frente a sus ojos. Se sonrojó violentamente, el bombeo de su corazón se volvió cada vez más rápido, a punto de saltar de su pecho.
—¿Jefe? —tuvo que preguntar, por si acaso.
La respuesta fue un gruñido profundo, soñoliento, que le puso la piel de gallina.
—Todavía es temprano, no te levantes. —dijo él, con la voz amortiguada por la almohada.
Ambos brazos se cerraron posesivamente alrededor de ella y obligaron a la mujer a quedarse quieta, abrazándola con moderada fuerza. Allí se dio cuenta de que los dos estaban desnudos, ya que percibía el suave tacto de sus pieles juntas. Algo estaba muy caliente; ¿qué se estaba quemando? Tal vez todo su cuerpo.
¿Cómo es que no se acordaba de haber pasado la noche con John?
Además, ¿de un beso de lo más ingenuo a pasar la noche? Pedazo de escalada.
Cortana salió de su ensimismamiento y enseguida se esforzó por voltearse. John cooperó aflojando su agarre en ella hasta que encontró una nueva posición cómoda, y luego la abrazó estrechamente nuevo. Cortana encontró sus ojos azul claro, sin rastro de duda, vergüenza o cualquier tipo de preocupación. No sonreía, sin embargo, ella podía sentir su satisfacción. No sabía qué hacer con sus manos o qué decir, más bien, no podía dejar de mirarlo con asombro. ¿Realmente había pasado?
¡Maldita sea, no se acordaba!
—Hey. —tartamudeó, todavía conmocionada.
—Hey. —respondió él, divertido.
Cortana sintió sus mejillas arder de nuevo. Colocó cuidadosamente una mano en su pecho, sólo para probar si era real o algún tipo de alucinación. El calor seco atravesó su palma directo hasta sus emociones alteradas.
—Nope, es real. —murmuró para sí misma.
—Sé que es difícil de creer, pero por favor, inténtalo. —resopló John, una leve sonrisa en sus labios.
—Jefe, ¿qué es esto? —dijo Cortana, incapaz de procesarlo.
—Yo lo llamo dormir de más.
Su respuesta fue tranquila, contenta.
Después de un breve momento, John se acercó para darle un beso. Ella no rechazó el avance; de hecho, Cortana fue lo suficientemente rápida para responder y encontró su boca casi al instante. Esa vez fue muy diferente, nada se sentía extraño o gracioso sino intenso y serio, como si hubieran descubierto la manera de hacerlo correctamente en el correr de una noche. Se sentía bien, muy bien. Mucho más que bien, se sentía caliente y sexy.
¿Sexy? ¿De dónde salió eso?
Cortana suspiró con un gemido cuando sintió manos ásperas dirigiéndose hacia la parte baja de su espalda, un escalofrío de puro placer estalló a través de su piel. John la besó en el cuello y ella se derritió. ¿Qué clase de brujería era esa? Se tomó un momento muy largo para apreciar mejor la sólida presencia de la musculatura contra su vientre y sus pechos. Al final, la necesidad de respirar fue más fuerte y ella se echó hacia atrás.
—Oh Dios. —murmuró Cortana, con éxtasis.
—Te equivocas, no soy Dios. —gruñó él, clavándole los dedos en la carne del...
Los ojos de Cortana se abrieron de golpe en la oscuridad de sus aposentos privados y se sentó en su cama, donde estaba sola. El sudor rodó por su piel caliente. Sin cálida luz del sol, ni aroma de vainilla. Sin beso y sin manos ásperas. Sin Jefe.
Ella lo comprendió inmediatamente.
—Fue un sueño. —suspiró, un poco molesta— Un sueño, nada más.
¿Como podía ser un sueño y sentirse tan real? Tal vez era una de las ventajas de ser humano, las sensaciones eran genuinas incluso durmiendo, increíblemente vívidas y llenas de emoción. Tal vez algo estaba mal con ella. Pensó que debería sentir vergüenza, pero la sensación no estaba allí; ¿era normal que la gente tuviera esa clase de sueños? Cortana nunca se preguntó eso, como IA sus intereses eran ilimitados, pero ella prefería aprender sobre cosas que pudieran ser útiles tanto para sus propósitos como para los de su SPARTAN. Salió de la cama y empezó a pasear nerviosamente por la habitación.
No podía quitarse de encima el calor que aún le cosquilleaba en la piel.
—Sólo fue un sueño. —murmuró, cerrando los ojos.
Entonces, ¿por qué era tan decepcionante?
Se vistió enseguida y salió de la habitación, vagando por el pasillo.
Aún era temprano, la mayoría de los corredores estaban vacíos y sólo se cruzó un puñado de soldados de guardia. La mayor parte de la Infinity estaba dormida; viajaban por el desliespacio, después de todo. Cortana suspiró de nuevo, necesitaba una distracción. La memoria de Once y las otras dos chicas apareció en su mente. Ella todavía no estaba lista para enfrentar a las otras dos, aunque su 'hermano' insistió en ello y por un lado odiaba defraudarlo. Dos y Doce dormían en cuartos cerrados en la bahía médica. Nadie tenía permiso de entrar en la bahía médica después de los horarios de visita, la Dra. Quinn era muy estricta al respecto.
Cortana sacudió la cabeza, abrazándose a sí misma.
Su piel se sentía un poco espinosa bajo la ropa. Se frotó los brazos arriba y abajo, recordando de nuevo el hormigueo de las manos ásperas de su sueño. Deseó que no fuera sólo una sensación fantasmal.
11 DE AGOSTO, 2558
LOCACIÓN: UNSC INFINITY EN DESLIESPACIO
ARMERÍA PRINCIPAL
4:42 AM hora estándar
El Jefe Maestro quitó el seguro del rifle y apretó el gatillo, probándolo. El mecanismo sólo cliqueó ya que, como era de esperar, la cámara estaba vacía. Un gran cargador, también vacío, descansaba sobre su muslo en espera de ser rellenado. Miró dentro de la recámara con una linterna y vio una capa delgada pero inquietante de grasa mezclada con polvo. Eso podía atascar el rifle y conseguir que alguien se matara.
Se quitó el guante derecho; la tarea necesitaba precisión.
Luego, sacó un cepillo cilíndrico y lo utilizó para limpiar el interior de la cámara. Sopló en el agujero para despejar la vista y volvió a intentarlo. A veces, simplemente había que hacerlo a la manera de la vieja escuela, que en realidad era la forma en que había aprendido a hacer un montón de cosas.
La Infinity todavía estaba lejos del planeta de origen de los Sangheili, la mayoría de la tripulación que no se encontraba congelada estaba haciendo guardias, juegos de guerra o actividades de apoyo. Y puesto que él todavía estaba a otros ochenta minutos del final de su segundo turno, John decidió unirse a los oficiales de artillería y volver a comprobar el arsenal. No tenía prácticamente nada más que hacer, de todos modos, Cortana estaba dormida. No había más guerra (bueno, al menos, no el tipo de guerra que necesitaba SPARTANS para ganarse) y a veces sentía ansioso por bajar a tierra, aunque fuera para una misión de reconocimiento. Los viejos hábitos nunca morían.
Sin embargo, lo que sentía no era sólo la fuerza de la costumbre.
Le recordó a sus muchas conversaciones con la Dra. Waters.
—Señora. —saludó él, automáticamente. Ella lo superaba en rango.
—No admito rangos dentro de las paredes de mi oficina, John. ¿Puedo llamarte John? Como no hay apellidos registrados en el archivo...
Él dudó, pero bajó el brazo rápidamente.
Pocas personas lo llamaban por su nombre de pila, siendo la Dra. Halsey y Cortana las primeras en la lista más corta del mundo. Era un nombre que nunca había reconocido verdaderamente como propio, pero con el tiempo se acostumbró y lo hizo como tan suyo como su número de serie. Treinta y pico de años de combate casi sin interrupciones cambiaron muchas cosas, tanto dentro como fuera de su cabeza.
—John está bien. —aceptó, asintiendo con la cabeza.
—Maravilloso. Mi nombre es Selena Waters. Es un placer conocer a uno de los hombres más famosos en la historia de la UNSC. —compartieron un apretón de manos respetuoso— Puedes llamarme Selena si eso te hace sentir más cómodo.
Cómodo. Ahora, esa palabra era completamente alienígena para el Jefe.
—Dra. Waters. —estableció él, serio.
La mujer rubia señaló un sofá grande en el que John se sentó, ella se sentó al otro lado de la oficina en una silla acolchada, junto a una pequeña mesa con una lámpara de lava (una antigüedad). La Doctora era mayor de la juventud que aparentaba, según John sabía— Voy a ser muy honesta contigo, John: nunca tuve la oportunidad de tratar a un SPARTAN de tu clase antes, así que supongo que esta va a ser una experiencia interesante para los dos.
Él respiró hondo, pero no dijo nada.
El Jefe bajó el rifle cuando estuvo satisfecho con el mantenimiento. A continuación, tomó el cargador y un pequeño paquete de municiones; volvió a llenar el cargador de a un proyectil de enorme calibre por vez.
Las diez o doce primeras sesiones semanales fueron difíciles. La Dra. Waters parecía centrada en hacer preguntas cuyas respuestas eran o bien clasificadas o incómodas, algo que siempre hacía a John pensar dos veces muchas cosas antes de hablar. En primer lugar, porque no se fiaba de la mujer. En segundo lugar, porque era muy reacio a hablar sobre sus experiencias personales con alguien que no conocía o en quien no confiaba. Y tercero, porque él preferiría perderse en algún lugar de la selva amazónica, haciendo algo tan tonto como pescar pirañas, si eso era lo que la UNSC quería que hiciera.
Pero la UNSC quiso que hiciera eso: sentarse en un sofá y hablar.
A veces, pensó en irse para siempre. ¿A quién le importaría, de todos modos?
Quizá no era el último de su compañía, pero sin duda estaba agotado de muchas, muchas maneras. Cuando no pudo hacer nada para salvar a Cortana, supo una parte de él estaba acabada, que acababa de enfrentar la mayor falla de su carrera. Protegió a la Humanidad una vez más, sí, salvó a cientos de millones de personas anónimas; pero no pudo salvar a alguien cercano a él. Esa certeza le hizo preguntarse acerca de su propia fiabilidad como soldado. Es cierto su misión no era llevar a Cortana a la Tierra con la Dra. Halsey, pero era algo que él prometió hacer. Algo que necesitaba hacer.
¿Qué diría ella si lo viera así?
Eso fue lo que lo mantuvo en ese sofá durante más de diez meses, en realidad: no quería volver a fracasar. Si simplemente desaparecía, como había deseado hacer en un principio, sólo hubiera sido otro fracaso. La única manera de ganar era soportar toda la terapia y volver al trabajo, lo antes posible. Convencerse de ello fue difícil también, pero poco a poco empezó a ver la luz al final del túnel.
No estaba hecho para renunciar. Así que no se iba a dar por vencido.
Sin embargo, ciertas verdades eran dolorosas y difíciles de aceptar, incluso para un SPARTAN.
—Dime, John; la Guerra Humano-Covenant terminó. Nos llevó mucho tiempo y hemos perdido tantas vidas, pero acabó. ¿Has pensado en qué vas a hacer de ahora en adelante?
—¿Qué quiere decir?
—No hay más guerra.
—El Covenant no está neutralizado del todo, aún. Iré donde me necesiten.
La Doctora sonrió, despacio. Ella enredó perezosamente un mechón de su cabello suelto (rubio, en largos rizos impecables) con la punta de la pluma, mientras lo miraba con fijeza. Su rostro era ilegible.
—No estoy tratando de hacerte sentir inútil, John pero la mayoría de los soldados que llegan con vida a tu edad eligen entre un rango bien comisionado y merecido o el retiro. Tal vez, convertirse en instructores de campo y entrenar a nuevos reclutas. ¿Has pensado en el retiro?
—Míreme, Doctora. —dijo él, con frialdad— ¿Qué otra cosa puedo hacer?
Ella puso la pluma en la mesita, junto a la tableta. Aún así, la Doctora le dio un breve vistazo a las cicatrices paralelas en el dorso de las manos de John, con cuidado.
—¿Qué te gustaría hacer?
Estuvo a punto de responderle algo relacionado con Cortana o sus compañeros de equipo, pero el Jefe optó por callarse y repensar. La terapia era sorprendentemente difícil. La Doctora sabía bien que él le estaba dando respuestas evasivas (cincuenta por ciento de su charla era humo y espejos, de todos modos, pero el cincuenta por ciento que era verdad importaba mucho) y sin embargo ella nunca lo presionó.
Él no contestó a esa pregunta.
—Con tu historial militar podrías ser fácilmente un gran entrenador. Eres toda una leyenda, John; ¿a quién no le gustaría estar bajo tu mando? O podrías tomarte un descanso, la Humanidad sabe que lo necesitas.
—Yo no necesito un descanso. Necesito un propósito.
La Doctora parpadeó un par de veces, sorprendida. Era difícil para ella también comprender cuán profundamente enterrado estaba el entrenamiento de los SPARTANS, especialmente para un SPARTAN segunda generación, pero estaba llegando al fondo del pozo, poco a poco.
—Tengo un amigo en la UNSC que se encarga de todas las delegaciones K-9. Puedo hablarle para que te acepte en el programa, siempre están buscando candidatos idóneos para los perros tácticos mejorados que crían y entrenan. ¿Te gustaría a darle una oportunidad, si te consigo un lugar?
—No entiendo, ¿quiere conseguirme un perro?
—¿Es así como lo ves?
—Así es como suena. —John se encogió un poco de hombros.
—¿Sabes? Hay un montón de estudios e investigaciones que demuestran la eficacia de las terapias basadas en animales, sobre todo en los trastornos de estrés postraumático como el tuyo."
—Entonces, usted cree que necesito un perro.
—Bueno, tú mismo dijiste que necesitabas un propósito, ¿no es así?
Y así fue como conoció a Charley. Al principio, la perra era la cosa más molesta con la que había tenido que lidiar en su vida: era joven e indisciplinada; le importaba más pasar el tiempo durmiendo, escondiéndose de él, ladrando y masticando cosas que entrenando. Era increíblemente ruidosa. Pero, con paciencia, se las arregló para dar forma a una cachorra de seis meses de edad en un activo de alto valor, la mejor de su camada. Ella creció mucho, además; pasó de una criaturita descuidada a un animal del tamaño de un león adulto en menos de un año.
Hacia el fin de su período de permiso (tal vez por generosidad) alguien le preguntó si prefería permanecer en el programa K-9 y seguir siendo el entrenador de Charley. La perra estaba a punto de ser trasladada a la unidad permanente de la Infinity, por lo que John aceptó y ahora allí estaban, juntos.
John y la Dra. Waters tuvieron algunas conversaciones acerca de Cortana, pero ninguno de ellos excavó muy profundo en el tema. A la mujer no parecía importarle mucho el asunto; lo abordó como otra vida perdida en el cumplimiento del deber, un evento como cualquier otro en el ejército. John hubiera querido rebatir su idea con mucho vigor, pero la Doctora estaba a cargo.
El Jefe metió el cargador en el rifle y lo golpeó con el talón de la mano hasta que oyó el sonido familiar de la traba. Preparó un proyectil en la recámara y apuntó. La mira estaba desbalanceada. Ese rifle estaba tan jodido que dudaba seriamente que le hubiera salvado la vida a algún Marine en el último tiempo.
—Creo que quiero viajar un poco. Nunca estuve tanto tiempo en la Tierra antes.
—¿Dónde naciste, John?
—No recuerdo. —no estaba acostumbrado a mentir, pero lo hizo de todos modos.
La Dra. Waters anotó rápidamente algo en su tableta. Él ya no estaba nervioso acerca del mero hecho de verla escribir. En realidad, ya no estaba nervioso acerca de nada relacionado con la Doctora, sus preguntas o su tratamiento; John sentía respeto por el trabajo de la mujer.
—Bueno, la Tierra es la joya de la corona de las colonias —dijo la Dra. Waters, y dejó a tableta a un lado— Creo que tu idea es magnífica, hay muchos bellos lugares para visitar. ¿Cuánto tiempo piensas viajar?
—Tengo dos meses más de licencia.
—¿Vas a llevar a tu amiga contigo?
—No creo que eso sea posible. Los perros no tienen licencias.
La mujer sonrió más ampliamente.
—Así que… ¿Este es el adiós, John?
—... usted tiene que darme el alta, primero.
—Sabes que ya lo hice. Eres un hombre muy callado, pero eres ágil de mente y listo como un zorro, estoy segura de que ya se te informó acerca de mi reporte final. No teníamos cita hoy, sin embargo, llegaste de todos modos y puntual como siempre. ¿Hay algo que quieras decirme?
John se removió en su asiento.
—Gracias, Dra. Waters. —dijo John, educadamente— Por todo.
Después de un breve momento, la mujer se levantó de su silla y John la siguió, de inmediato. Ella le dio la mano, mirándolo a los ojos.
—Entonces me alegra informarle que le doy el alta, Jefe Maestro. El mérito es todo tuyo. Y acerca de los perros que no tienen licencias... habla con el Sargento Reynolds el próximo lunes. Si resulta que llegas a visitar París, consideraría el favor pagado si me traes una de esas pequeñas torres Eiffel de plástico. Ya sabes, para mi escritorio.
—Por supuesto, señora.
Compartieron otro apretón de manos firme y tranquilizador. Luego, se saludaron con gran respeto.
Esa fue la última vez que la vio en persona, sin embargo, no sería la última vez que John oyera acerca de ella. El Jefe Maestro emprendió sus planes de viajar y la Doctora dejó el planeta unas semanas más tarde. La Dra. Waters era una consejera de mucho nombre dentro de la UNSC, asignada siempre a los casos más particulares, y por lo general derivaba de una estación a otra atendiendo a sus numerosos pacientes. Fue por órdenes de Lord Hood que ella puso en espera la mayor parte de sus actividades para estar cerca del héroe de la Humanidad.
Y el héroe, silenciosamente, estaba agradecido por ello.
John cogió algunas herramientas y procedió a alinear de nuevo la mira del rifle. Tardó menos de cinco minutos en lograrlo, y cuando lo hizo, levantó el arma y apuntó. Apretó el gatillo.
La ronda golpeó el centro de la diana holográfica.
Ahora el Jefe se sentía más a gusto, y no sólo acerca del rifle.
12 DE AGOSTO, 2558
LOCACIÓN: UNSC INFINITY EN ÓRBITA SOBRE SANGHELIOS
CONTROL DE NAVEGACIÓN - PUENTE
10:13 AM hora estándar
Los cuatro pequeños cargueros Sangheili se acercaron despacio, como se les había instruido. Su deber era adherirse a la Infinity y transportarla a través de la atmósfera para atracar sin inconvenientes en un puerto espacial de la capital del Estado de Vadam. La nave era demasiado grande para maniobrar sola en el espacio aéreo ya abarrotado de Sanghelios. Hubiera sido más fácil renovar los suministros en órbita pero tomaría más tiempo, por lo tanto, la Almirante decidió ir hasta el final e intentar un aterrizaje.
Algunas adaptaciones técnicas serían necesarias para el proceso. El equipo del Dr. Glassman estaba literalmente en llamas, trabajando sin parar para hacer la tecnología alienígena compatible con los sistemas de la nave. Las estructuras de suministro de energía Sangheili eran diferentes, ya que sus reactores y destilerías eran mucho más avanzados; pero gracias a la tecnología Forerunner de la Infinity, algunas otras cosas eran mucho más fáciles. Mucha gente se preguntaba qué tipo de comida consumían los Sangheili, o si el sabor de su agua sería bueno. La tripulación estaba intrigada.
Con anhelo en sus ojos dorados, el Inquisidor miró el paisaje rojizo de su tierra natal y suspiró, cliqueteando sus mandíbulas en un acto de meditación.
No había estado en casa en un largo tiempo.
—Mis tripulantes no tienen permitido dejar sus estaciones durante lo que dure el reabastecimiento, Inquisidor. No hay nada de qué preocuparse. —dijo el Capitán Lasky, en tono conciliador— Sabemos que Sanghelios no es la Tierra, y no queremos tomarnos ningún tipo de ventaja que pudiera provocar malestar entre los suyos.
Las pantallas superiores de la sala mostraron diferentes entradas de vídeo de las cámaras montadas en los Broadsword que los escoltaban. Había un montón de civiles Sangheili en las calles, mirando al cielo. La mayoría parecían curiosos, sorprendidos. Tanta emoción hizo que el estómago de Lasky se retorciera un poco.
—Vadam una vez fue mi dominio.—comentó el alienígena— Ahora que soy el Inquisidor, mi pueblo me respeta aún más; si digo que los humanos son bienvenidos a quedarse en mi territorio, entonces así es. Pero me parece que su resolución de no hacer contacto a mayor escala es más que adecuada. Las cosas aún están… doloridas, diría, entre ciertas facciones.
—No le causaremos ningún problema, usted tiene mi palabra.
—Si fuera tan fácil, el Demonio está aquí. Dondequiera que él esté, la destrucción por lo general le sigue.
—Podemos decir que es increíblemente afortunado en muchos niveles. —se rió el Capitán, entre dientes.
—No, Thomas Lasky. Usted me miente.
El rostro de Lasky se puso pálido.
—Señor, yo... —comenzó, nervioso.
—Espera un ataque. —insistió el Inquisidor, grave.
Lasky apretó un poco los labios, inquieto. Ya habían implicado la posibilidad de hostilidades en otra charla, pero esta vez el alienígena sabía que le estaban ocultando algo. La expresión en el rostro del Capitán era concluyente.
—Sí, así es. —respondió— Es una oportunidad en un millón, tenemos inteligencia que sugiere que podríamos o no ser emboscados. Las probabilidades son cincuenta-cincuenta, mucho más de lo que me gustaría.
—Dos de las mayores flotas de este lado de la galaxia contra un solo individuo no parece una gran amenaza. Pero vi con mis propios ojos lo que ese constructo dañado puede hacer, no me la tomaría a la ligera tampoco.
—Quiero aclarar que nunca tuve la intención de mentir. No estaba en libertad de discutirlo, es todo.
—Su oficial superior debería haber considerado compartir esta información.
—Sí, debería, Inquisidor, pero ella es alto rango y yo no le digo qué hacer.
—Entonces, comuníquele de mi parte que supuse que trabajaríamos juntos. No podemos proteger a su gente durante el tiempo que estén aquí si no sabemos cuáles son los planes. Espero que se me confíe, al menos, con lo básico.
La expresión del Capitán era algo tímida. El Inquisidor entendió.
—Está absolutamente en lo correcto. —suspiró Lasky— Voy a tratar de así sea, señor.
El líder Elite volvió a cliquear sus mandíbulas, asintiendo con la cabeza. No podía esperar a salir de la nave y estirar las piernas en el suelo, respirar el aire de su propio mundo y escuchar las voces que cantaban en las calles. Tal vez incluso comer algo que no había estado en almacenamiento durante un largo período de tiempo, y dormir un poco. Oh, sí; dormir.
Dormir tendría que esperar, tenía prioridades que atender.
—Señor, todos los cargueros están asegurados y los motores funcionan en pasivo. Tocaremos tierra en cinco minutos. —informó Roland, su figura ámbar apareció en la esquina de la holo-mesa— ¿Debo hacer algún anuncio?
—La tripulación ya tiene sus órdenes, Roland. Gracias.
—Entonces concentraré mi poder de proceso en supervisar el reabastecimiento, señor.
—Que te diviertas. —sonrió el Capitán, satisfecho.
Cuando Roland desapareció, Lasky se inclinó para observar cuidadosamente en la pantalla holográfica las actividades en curso: había una miniatura ámbar de la Infinity y cuatro formas pequeñas de color rojo (los cargueros), el curso actual, el ángulo de aterrizaje previsto, la estación esperando para recibir la gigantesca estructura de la nave. Y el terreno áspero de la cima de la montaña donde la Infinity apoyaría su peso, claro. Era más o menos un puerto espacial estándar, tenía todas las comodidades para cualquier nave de similar tamaño incluyendo sub-estaciones de reparación, grandes ascensores de carga y conductos de combustible flexibles.
El Capitán se aclaró la garganta.
—Tenemos previstas algunas reparaciones menores, Inquisidor. No debería tomar mucho tiempo ni perturbar las actividades de sus agentes tampoco.
—Acerca de llevar a los civiles a un lugar seguro… —comenzó el Inquisidor.
El hombre levantó la cabeza, curioso.
—Por favor, continúe.
—Mi flota podría ayudarle. —dijo el alienígena, con confianza.
—¿Su flota?
—Puedo dejar a sus civiles en cualquier sistema planetario de su elección. Si se dividen los esfuerzos, aumentarán las posibilidades de supervivencia de su gente en un cincuenta por ciento. El enemigo está detrás de la Infinity después de todo, ¿no es así?
El Capitán Lasky frunció un poco el ceño.
—¿Por qué haría eso?
—Se me ocurre que sería un alivio para su tripulación. —insistió el Inquisidor, con cuidado.
—De hecho, sería una buena estrategia y es muy amable de su parte, Inquisidor, pero no está en mi poder tomar la decisión. Voy a discutir su propuesta con la Almirante Osman y le haré saber.
El líder Elite cerró los ojos por un momento, pensando.
—Muy bien, esperaré su palabra.
—De verdad queremos causarle los menos problemas posibles, señor. —repuso Lasky, con prudencia.
—Entonces, una última cosa… ¿me permitiría organizar un evento para nuestros diplomáticos, para que se presenten con su gente? Creo que sería adecuado tener una confrontación formal, ya que estamos apoyando su operación.
Los ojos de Tom se abrieron mucho esa vez.
—¡Por supuesto! Quiero decir, no queremos ofender a nadie.
—Bien. Enviaré los horarios una vez que el evento esté definido. Mientras tanto, voy a ordenar mis fuerzas de asalto que establezcan un perímetro defensivo alrededor de esta montaña y estén atentos.
El Capitán aceptó la gigantesca zarpa del alienígena y compartieron un apretón de manos.
—Gracias, Inquisidor.
—Espero que algún día usted pueda hacer lo mismo por los míos, Capitán. Nos veremos.
CONTINUARÁ
La única "acción" que Cortana va a tener por ahora es la de sus sueños, parece xD Así que, ¿qué tal la terapia? La Dra. Waters parece buena tía, la imagino como Natalie Dormer pero pasando de los 40 xD Esto es sólo un pequeño flashback para iluminarnos un poco, sobre todo acerca de cómo John se volvió a poner en cintura y los orígenes de Charley. Esta perra tiene un papel que jugar antes de que termine todo, así que no la olviden :) Otras cosas se van a joder de nuevo, así que abróchense los cinturones porque todavía no se termina... vamos a disfrutar de la tierra natal del Inquisidor. Sanghelios está tan subestimado, me alegro que Halo 5 vaya a tener algunas escenas allí.
¡Gracias a todos por estar aquí cada semana, me hace muy feliz entretenerlos!
Únase a nosotros para el próximo episodio, ¡fiesta en la Fortaleza de Vadam!... Es broma. Habrá una fiesta pronto, pero hay otras cosas primero. ¡Vamos a asegurarnos de nadie importante muera el próximo domingo!
¡No se olviden de contarme qué onda el capítulo de hoy! Su apoyo alimenta a esta pequeña bestia :)
