Disclaimer: los Juegos del Hambre no nos pertenecen.
Historia para el foro "El Diente de León" – SYOT Colaborativo.
Capítulo 11: Brownies
Esta vez Morfeo no tuvo tiempo para disfrutar de su batalla contra Fobétor y los reveses que había asestado en su contra. Esta vez, Fobétor había ido muy lejos al convocar a Bughuul, y era hora de intervenir.
Así que Morfeo convocó a los Brownies, pequeños duendecillos que vivían entre la dimensión real y el Mundo de los Sueños. Desde el principio de los tiempos, los Brownies habían ayudado a los hombres mientras dormían en tareas sencillas; sin embargo, con su magia eran capaces de sellar un escudo protector para los humanos, en caso de que se vieran en peligro. Lo habían hecho únicamente una vez desde que el mundo era mundo.
Morfeo, confiado y seguro en su poder de convencimiento, solicitó a los Brownies su intervención en la batalla divina a favor de los humanos, ofreciéndoles una alianza. Los Brownies escucharon pacientemente a Morfeo, pero rechazaron su oferta. Ayudarían a los humanos dignos de su protección, pero castigarían a aquellos que lo merecieran, como venían haciendo desde el principio de los tiempos. Porque no todo es luz y oscuridad, porque no siempre el bien tiene que ganar, porque quienes son dignos estarán siempre protegidos y porque, a veces, el mal es la única respuesta.
Venus Andros, edad desconocida. Anfitriona de los 28° Juegos del Hambre
Peino mi cabello, distraída con los recuerdos de cómo hace años, cuando los Juegos del Hambre eran apenas un proyecto para castigar a los distritos, se suscitaron distintas opiniones sobre el lugar en donde deberían realizarse las entrevistas que darían a conocer un vistazo más "íntimo" de los niños que tomaríamos como retribución por todo el daño que nos habían hecho durante la guerra.
Algunos, consideraban que debíamos construir un plató exclusivo, ojalá en una zona distante que nos permitiera subir a los tributos en un aerodeslizador, de manera que en las horas que tardara su viaje, ellos pudieran sentir el miedo corriendo como algo vivo por sus venas.
Otros, como yo, éramos de la idea de que lo mejor era dejar el lugar cerca de donde vivieran sus últimos días de vida, de manera que, mientras intentaban, sin mayor éxito, el aprender a blandir espadas o a encontrar agua, supieran que el lugar en que tendrían su oportunidad para suplicar por ayuda, se encontraba cerca, pero que eso no significaría absolutamente ninguna diferencia.
Se suponía que las entrevistas serían un momento especial para cada tributo. Instantes cedidos por la buena voluntad del Capitolio para que pudieran mostrarse encantadores, valientes y fuertes, y convencieran a las personas con recursos de que les ayudaran a sobrevivir.
Por supuesto, eso solo estaba escrito en papel.
La primera vez que subí a este escenario, aún sentía la piel de mi vientre, el refugio en donde mi pequeño bebé debía sentirse seguro, como una tela demasiado estirada. Habían sido ellos quienes me habían hecho esto. Fueron sus armas las que se habían hundido sin piedad en mi abultado vientre de embarazada. Fue su crueldad, al dejarme ahí abandonada en medio de la nieve, la que había hecho que la vida de mi hijo se escapara con cada gota de sangre. Fue su indiferencia la que hizo que tardara demasiado en llegar al hospital. Fue su guerra la que hizo que los médicos, ocupados con los cientos y cientos de víctimas que seguían entrando, no se dieran prisa y sellaran mi destino.
No solo ese bebé, sino ningún otro, podría crecer jamás en mi interior.
Me lo he cobrado. He sido yo la que ha puesto a los Hijos de los Distritos en ridículo cada vez que he podido. He sido yo la que se ha regodeado con sus puntuaciones mediocres. He sido yo quien se ha encargado de anunciar, en vivo, el nombre de cada caído.
Me inclino sobre la mesa de maquillaje y me encargo de dar otra capa de labial negro a mi boca. Mi equipo de estilistas ha hecho un buen trabajo preparándome: cabello gris plata, con purpurina blanca sobre la frente y las cejas oscurecidas con sombras negras. Los párpados pintados de un color oscuro y las pestañas alargadas hasta lo imposible. El vestido plateado se ciñe a mi cuerpo, conservado en la plenitud de mis treintas gracias a la tecnología del Capitolio, y luego se abre a la altura de mis rodillas en una amplia cola de sirena.
—Venus, hoy estás tan encantadora como siempre.
—Y tú, Rowan Greyfox, sin duda eres tan peligroso como tu padre— respondo irguiéndome y besándolo en ambas mejillas. El labial ya se ha secado, así que no deja manchas en sus mejillas.
Él se ríe.
Siempre me he preciado de tener un buen ojo para evaluar a los Vigilantes de los Juegos. Sabía que Virgil, el primer Vigilante en Jefe en la historia de Panem, con su obsesión con los libros y la historia, no llegaría a durar mucho, aunque lo cierto es que casi nadie lo ha hecho.
Al final de todo, las únicas que hemos vivido los Juegos desde el principio hemos sido Antigone y yo. Pero tengo un buen presentimiento sobre este niño. Noto en sus ojos el mismo tipo de resentimiento profundo que veo en el espejo cada día. Sé que quiere hacer a los tributos pagar por su dolor personal, aunque aún no consigo descifrar que es lo que, siendo tan joven, les cobra.
—Bueno, a pesar de que tengo ciertas ventajas genéticas, me ofendería mucho si pensaras que a eso se limita mi ingenio. Créeme, soy distinto a mi padre.
Le sonrío.
—Por supuesto que lo eres. Sigo sin saber de qué irán los Juegos este año— le digo con voz acusadora, pero él no pica el anzuelo y me deja a oscuras—, pero a juzgar por lo duros que han sido para calificar, tengo confianza en que será algo digno de recordar por años y años.
Él me dedica una sonrisa ensayada, el tipo de sonrisa que hace que este muchacho sea la nueva obsesión del Capitolio. Guapo, brillante, misterioso y poderoso. Hay un montón de mujeres, de todas las edades, que ansía poder meterse en sus pantalones. Una lástima que yo haya renunciado a ese tipo de placeres hace mucho, mucho tiempo. Podría ser divertido.
—¿Tienes alguna duda sobre el reporte que te pasó Gemma sobre los tributos?
—En lo absoluto. Lo he estudiado con detenimiento. Me han gustado los puntos destacados. Supongo que te has encargado tú.
—Arah Ranghild se ha encargado de la estructura— dice con un gento displicente.
—Tiene buen ojo. De hecho, he oído cosas buenas sobre esa chica. Según entiendo, has logrado un buen equipo.
—El próximo año pienso reemplazar a una buena parte de ellos, pero hasta el momento han probado ser útiles. Los principales están bastante bien.
—¿En serio? ¿Hasta la chica del Clima?
Él me dedica otra sonrisa, esta vez algo críptica.
—¡Cuanta confianza! ¿Tan seguro estás de que Antigone continuará con este pequeño proyecto para la próxima edición? Bien podríamos tener un nuevo Vigilante en Jefe en un año.
—Confía en mí, después de las primeras doce horas de Juegos, estarán rogándome que continúe.
—Bueno, yo no confío en nadie. Pero podría hacer una pequeña apuesta.
Rowan niega con la cabeza.
—No sería capaz de apostar contra ti cuando sé que no tienes oportunidad de ganar.
—Rowan— nos interrumpe alguien—. Tendrías que haber estado en tu lugar hace dos minutos. El conteo regresivo ya ha empezado.
Él pone los ojos en blanco, pero noto como sus pupilas se dilatan cuando su mirada se posa en la chica con la cabellera plateada, que eleva su barbilla, orgullosa, cuando volteo a verla.
—Nos veremos en la cena después de las entrevistas, Venus. Espero que seas fiel a tus costumbres y los destroces por completo.
Me río.
—¿Cuándo ha sido de otra manera?
—No olvides anunciar quiénes han sido seleccionados para el proyecto de relaciones públicas— me ordena la chica. Y se marcha taconeando antes de que tenga tiempo de decirle que ella no puede darme órdenes.
…
Los tributos ya se están terminando de acomodar en sus lugares. Veo a una chica de cabello oscuro tropezar con sus tacones, desde mi lugar tras la cortina. Algunos miran hacia todas partes, sin disimular su nerviosismo. Otros se limpian el sudor con las mangas de sus camisas o con el dorso de la mano.
Las paredes del plató se abren, revelando el círculo de la ciudad, más iluminado que en un día de verano a pesar de que ya cae la noche, repleto de personas que tuvieron que acampar por horas para conseguir buenos lugares. Hay pantallas distribuidas por todas partes, para que nadie se pierda detalle, pero para estar propiamente en el estudio, debes tener un nivel de influencia que casi nadie alcanza.
Hay un balcón en donde se encuentran los Vigilantes, junto con la Presidenta Paylos. Los cinco Vigilantes Mayores comparten la primera fila con ella. Los otros se encuentran detrás. La Diseñadora de Arenas apoya su barbilla en una mano, jugueteando con un mechón de color lavanda mientras su mirada se pierde en la lejanía. El Ingeniero en Mutaciones escucha algo que la chica LaPelier murmura en su oído y una sonrisa burlona se dibuja en sus labios cuando ella le muestra algo en su tableta. Arah Ranghild les riñe y luego se inclina para escuchar algo que Rowan le susurra al oído, le dedica una mirada furiosa y le responde rápidamente. Él le sonríe y luego devuelve toda su atención a la Presidenta Paylos.
Bajo el escenario, los invitados prestigiosos ya han tomado sus lugares. Los estilistas están en primera fila, las cámaras listas para enfocarlos cuando sus tributos pasen a la Silla Caliente, como me gusta llamarla, para ser entrevistados.
El resto de los lugares están ocupados, en su mayoría, por equipos de televisión y aquellos que fueron lo suficientemente ricos para comprar un lugar. Aunque todo el mundo sabe que, además del dinero, debes tener relaciones envidiables con personas en posiciones de poder.
Hay pantallas que muestran lo que sucede en los repugnantes distritos, donde las personas se apretujan en sus plazas o en sus salas, tratando de ver lo que ha pasado con sus adorados niños. Los niños que, dentro de poco, tendré la dicha de ver en una caja de madera.
Espero la voz que anuncia mi nombre y me transformo en dueña del escenario. Sonrío, saludo y disfruto cada segundo, dichosa porque, por fin, tengo la oportunidad de verme cara a cara con aquellos pequeños monstruos. Bromeo con la audiencia, disfrutando del miedo de aquellos demonios que se esconden tras los rostros de niños y niñas. No me engañan. Cumplo con lo que me pidió Arah Ranghild y comunico quienes han ganado el honor de un encuentro frente a frente con los cinco Vigilantes Mayores. Los ganadores demuestran emoción, pero son las caras compungidas de los perdedores las que me hacen sonreír.
—Bueno, bueno… Y ha llegado la hora de que nuestros valientes tributos de este año nos muestren de qué están hechos— el elogio suena falso para todos, porque yo lo he decidido así. Es muy divertido usar palabras agradables que nadie cree, excepto los pequeños brutos que esperan su turno para ser humillados.
—¡Empecemos! —digo sentándome en mi silla con el aire de una reina y llamando al primer tributo—. Del Distrito 1, ¡Amber Thousen!
La chica se levanta y veo lo desesperada que está por parecer confiada. No me sorprende pues, tratándose de un distrito profesional, su puntaje fue absolutamente mediocre. Trae un vestido de fantasía de color aguamarina, con zapatos de tacón que simulan cristales de hielo y una corona hecha con su propio cabello rubio. Su maquillaje es suave, romántico. Se presenta a sí misma como una dulce y delicada princesa. A pesar de su pobre desempeño, hay vítores y gritos de apoyo.
No por mucho tiempo:
—Bueno, bueno, Amber —empiezo diciendo con una sonrisa que le infunde confianza, porque se sienta más erguida en su asiento y levanta el rostro, con una recién adquirida seguridad—, déjame decir que tienes una apariencia fantástica esta noche.
—¡Muchas gracias, Venus!
—¿Por qué me las das? No es como si tú hubieras hecho algo para lograrlo —replico con frialdad—. Después de todo, ya Panem pudo ver que, cuando podías demostrar de lo que estabas hecha, pasaste por los pelos ¿no? Un siete, si mal no recuerdo.
Es automático: su sonrisa decae en una milésima de segundo y la veo aferrarse con ambas manos a sus faldas. Cuento mentalmente, uno, dos, tres… he llegado hasta diez cuando ella, por fin, consigue reponerse.
—Bueno, las notas son solo un referente, además, aquellos con los puntajes más altos no siempre ganan los Juegos —dice con dulzura, sonriendo—. Tengo la confianza de que, más allá de mi calificación, conseguiré ser memorable.
Suelto una risita.
—¿En serio? ¿Has analizado las estadísticas últimamente? Te diré que, por lo general, aquellos con puntuaciones realmente mediocres no suelen ser… memorables. Puedes ser memorable de dos maneras: ganando los Juegos o teniendo una muerte épica. De esas que las personas recuerdan por mucho, mucho tiempo por lo cruentas que resultan. Me pregunto ¿en cuál grupo crees que vayas a estar? Porque verás… a mí no se me permite apostar… pero, si pudiera, no tengo duda de en cuál te pondría yo —refuerzo el mensaje con una sonrisa y ella se estremece de manera visible.
Conversamos un poco más, sus respuestas se vuelven más acartonadas y cuando le pregunto sobre sus despedidas, murmura algo sobre su hermana y su padre y luego me muestra un montón de pulseras que trae alrededor de una de sus muñecas, repentinamente animada.
—Ya decía yo que era un accesorio que no le pegaba ni con cola a tu atuendo— digo con una sonrisa—. Me disculpo contigo, Allysha —digo volteándome hacia la audiencia y las cámaras enfocan rápidamente al estilista de Amber—. Debí haberte dado más crédito y saber que un complemento de tan mal gusto no sería cosa tuya.
Después de eso la chica deja de esforzarse. La alarma suena, anunciando el final del tiempo de Amber y el siguiente es Schuyler.
Me quedo mirando su traje y él se ríe:
—Seguro que te estás preguntando quién es el genio detrás de este increíble estilo ¿verdad? —dice mientras me muestra unos tenis rojos y una gorra con incrustaciones de piedras semipreciosas de color rojo—. Me he dejado la chaqueta detrás de mi asiento, tendrás que disculparme, pero no me iba nada bien.
—En realidad, Schuyler…
—Llámame Sky…
—Bueno, bueno… Justo cuando pensaba que no podías tener un nombre peor, me sales con esto… Pero bueno, Sky, en realidad estaba pensando en hacer una nota mental para que despidan a Mitra por haber permitido que algo de tan mal gusto viniera a arruinar una noche como esta— en la multitud, veo a la estilista abanicándose, haciendo que sus bigotes de gato se sacudan—. Creo que luces absolutamente ridículo con esa gorra. Aunque claro, esto es solo un ejemplo de que la clase y el buen gusto no pueden enseñarse, especialmente cuando las personas en cuestión carecen de las bases y la inteligencia para apreciar lo que una impresión puede lograr.
Él abre la boca para replicar algo, sin abandonar su sonrisa estúpida, pero yo continúo hablando:
—Dime ¿te sientes orgulloso de representar al Distrito 1? — pregunto con una sonrisa maliciosa—. Después de todo, eres muy afortunado, es un gran honor poder participar en los Juegos
Me responde con una sonrisa:
—Muy orgulloso, sí. Estoy seguro de haré un buen trabajo representándolos, igual que Amber.
—¿En serio? Porque después de ver sus puntuaciones, francamente creo que el distrito entero debería sentirse avergonzado. El año pasado, por ejemplo, sus voluntarios obtuvieron diez y once puntos. Ahora que lo pienso, tanto tú como tu compañera fueron elegidos—agito la cabeza, como si sintiera pena—. Bueno, creo que entonces sus puntuaciones no son para sorprenderse.
Su sonrisa deja de aparecer después de eso.
La chica del Distrito 2 opta por un enfoque seductor, con un ajustado vestido rojo y un escote de escándalo:
—Arya— digo estudiándola de arriba abajo—. Sin duda Rush sabe calar la esencia de las personas ¿no? Es decir, basta una mirada para determinar que te vio madera para trabajar en el Barrio Rojo de Great Mall— también conocido como el lugar en donde se lleva a cabo la profesión más antigua del mundo, aunque ella seguramente no lo sabe.
Ella no parece inmutarse, infla el pecho y me dedica una sonrisa, asegurándose de girar la cabeza para que quede a la vista un lunar encima de su boca.
—Pues, lamentablemente, no he podido hacer mucho turismo desde que llegué hasta aquí. Pero confío ir a conocer ese lugar algún día, cuando gane, lo pondré en mi lista. Aunque claro, no para trabajar— agrega después.
Le sonrío, segura de que no ha captado la broma que he hecho a su costa. Resulta evidente que la chica tiene madera de prostituta, no he tenido que leer el informe de Gemma para darme cuenta de ello.
—Si resultases vencedora, ¿qué harías? ¿Tienes algún plan de futuro dispuesto?
—Muchos, en realidad. De hacer cosas buenas y malas— dice confidente.
Decido no picar, no me interesa mostrarla como una criatura polifacética.
—¿Qué planeas hacer con el dinero? Después de todo, es más de lo que la mayoría logrará ver en toda su vida ¿no? Sin duda mucho más que lo que una chica como tú— digo despectiva—, podría ganar.
Ella me dedica una sonrisa depredadora:
—Sin duda me quedaré con la mayor parte, pero también tengo en la mira un proyecto o dos con mi distrito, específicamente con el orfanato.
—¡Oh! Muy altruista de tu parte. Aunque claro, supongo que, para poder decirlo, tendrías que pasar de las palabras a las obras. He visto tu calificación, por cierto. Algo baja para tratarse de uno de los distritos que siempre es favorito. Yo siendo tú, no tendría muchas esperanzas.
—En lo absoluto, me contuve bastante porque no me gusta la idea de mostrar toda mi mano antes de tiempo— replica con un guiño y se levanta meneando sus curvas en cuanto suena el aviso de que su tiempo se ha acabado.
—Sí, eso es lo que dicen todos para tratar de cubrir su mediocridad— replico antes de continuar con las entrevistas.
El siguiente es el muchacho con los dos nombres. Decido reservarme el dato para el último minuto. Rowan me ha dado información confidencial y estoy segura de que será interesante molestarlo al final. Con algo de suerte perderá los estribos y le mostrará a todo el mundo lo bestiales que pueden ser estos cachorros de monstruo.
—El hombre del momento. Te has ganado la puntuación más alta que han otorgado nuestros exigentes Vigilantes. ¿Te sientes orgulloso de ti mismo?
—Solo estoy haciendo lo que mi distrito se merece— dice tomando una postura desenfadada en su sillón, con su traje semiformal destacando sus rasgos—. El Dos es uno de los más nobles y orgullosos distritos que tiene Panem y, por si no lo has notado, el ser un buen representante me viene de familia —dice abriendo los brazos—. Estoy seguro de que conseguiré ser el segundo Orhan en traer la corona a nuestro distrito, donde pertenece.
—Ahora que mencionas a Keb, me han pasado una información muy interesante sobre él. He oído que intentó matarte en cuanto se subieron al tren hacia acá— le digo muy suavemente, pero entonando cada palabra con claridad—. ¿Por qué crees que haya pasado eso? ¿Crees que se sintió celoso por tus posibilidades?
Su expresión se rompe por unos segundos hasta que se recompone y esboza una amplia sonrisa:
—En lo absoluto. Creo que a mi tío lo han traicionado los nervios. Ambos estábamos preparándonos para que yo fuera voluntario, pero al final el destino decidió por mí— otra sonrisa—. No hay duda de que era mi lugar.
El reloj gigante con que controlo el tiempo por tributo marca que quedan treinta segundos de nuestra entrevista:
—Sí, claro, ninguna duda— le digo—. Después de todo, no dejaste nada al azar.
—Estaba preparado para ser voluntario— asiente él.
Le dedico una sonrisa comprensiva:
—No, no… No me refería a eso. Quiero decir que por eso fue que decidiste matar al sobrino de Keb ¿no? No estabas dispuesto a que nadie pudiera robarte la gloria.
Su ceño se arruga:
—Me temo que estás confundida. Yo soy el sobrino de Keb. Soy Geb Orhan.
Coloco una mano de largas uñas sobre una de sus rodillas, en un movimiento calculado.
—No, no lo eres— le digo justo cuando el tiempo llega a su fin.
Y a él no le queda más remedio que volver a su sitio.
Min baja las escaleras a grandes zancadas. Quiere huir de mí, pero no puede huir de la cámara que lo persigue como si fuera su misma sombra y proyecta su imagen en las gigantescas pantallas.
—¿Estás bien, Min? —pregunto haciendo ahínco en su nombre—. No tienes por qué guardarnos secretos. Puedes contarnos tus travesuras en confianza. ¿Qué más da? Así el resto de tributos se enteran de a quién se están enfrentando y se van haciendo a la idea que la posibilidad de caer muertos a tus manos podría ser más amplia de lo que creen.
Consigo hacer que varios palidezcan ante mis palabras, Lily se echa a un lado en su asiento pegándose a su compañero de distrito. Min por su parte no contesta, pero comienza a jalarse del cabello y murmurar cosas, gesto que vale más que cualquier explicación y que ya ha sido inmortalizado para todo el país.
Lo he expuesto, a él y a su nula cordura.
Pero ya le he dado demasiada pantalla, le he hecho un favor en realidad. Aquí nadie es más que nadie hasta que no vuelvan con la victoria. Y por eso, como si nada más que de una chiquillada se tratase, presento a la chica del Distrito Tres.
—¡Oh, miren eso! —digo sonriendo con condescendencia mientras Lily baja las escaleras ataviada en un vestido rosa pastel con falda de tul—. ¡Pero si es una linda hadita!
—¡Buenas noches, Venus! —exclama orgullosa, como si se creyera mi mejor amiga o algo.
Veamos cuánto de ese entusiasmo le queda al final.
—Un hadita en los Juegos del Hambre, cielos... Te van a comer viva, tesoro —digo con preocupación fingida—. ¿Cuántos... minutos crees que va a tardar alguien en aplastar tus delicadas alitas?
Ella abre la boca pero ningún sonido sale de ella. Su mirada se desvía involuntariamente hacia un lado. El momento en que un tributo piensa su respuesta a mi ataque de un modo en que no ofenda al resto del Capitolio pero no le deje mal a él. Lo he visto tantas veces a lo largo de mi carrera que ya he perdido la cuenta.
—La fortaleza viene en muy diferentes formas y yo no tengo ningún plan de dejar que nadie me coma viva —dice al fin.
Asiento.
—Eso es verdad. Pero también lo es que la prueba no es que te saliera demasiado bien precisamente, así que ese plan va a tener que ser sobresaliente.
—La prueba me sirvió para darme cuenta de mis errores y aprender. Confío en mis habilidades y confío en mi alianza.
—¡Oh! Es un buen tema ese. Tu alianza. Parece que te has aliado con un par de guardaespaldas cuyas habilidades suplan tus carencias. ¡No tienes un pelo de tonta!
—¡No, no es eso! —se defiende.
—¡Me dejas mucho más tranquila! Pero ten cuidado, porque cuando los números comienzan a disminuir y las alianzas se rompen, el primero en caer es el eslabón débil —ella se muerde el labio sin contestar—. Pero como eres una chica lista seguro que ya has pensado en eso también y tienes una solución. Dime Lily ¿de qué manera te vas a deshacer de tus aliados cuando dejen de serte útiles? ¿a cual de ellos vas a apuñalar primero mientras duerme?
Mira aterrada por un segundo hacia los tributos, como asegurándose que la confianza entre ellos sigue intacta. Mi sonrisa se vuelve más amplia.
—No voy a traicionarlos ni voy a colgarme de su talento. Yo soy tan capaz como ellos y voy a aportar equitativamente... Y cuando llegue el triste momento de separar nuestros caminos, espero que todo se haga de forma justa.
Niego con pesar.
—Veo que no has entendido aún cómo se juega a esto.
El tiempo se acaba y la gente comienza a aplaudir. Lily compone una dulce sonrisa, los saluda y les lanza un beso antes de volver a su sitio, pero sus apretados puños me cuentan otra historia. Tampoco entiende que le aplauden porque les ha entretenido haciendo el ridículo, no porque la quieran.
La pobre no tiene ni idea de nada.
Adler viene cuando lo llamo pretendiendo que nos creamos que es un asesino a sueldo. Pero ese traje de malote no le va a servir de nada cuando yo lo haya expuesto ante todos. Cuando toma asiento, clava sus ojos en los míos y yo le sostengo la mirada por unos segundos en los que el público permanece expectante.
Le va a costar caro haberme desafiado.
—Dime Adler, ¿por qué nos engañas?
—No engaño. Quizá es sólo como otros me perciben —responde impávido.
—Es un hecho —digo mirando al público—, que el Distrito Tres es la decepción de cada edición. Y su incompetencia se hace aún más evidente al estar atrapado entre dos distritos cuyos tributos tienden a ser medianamente decentes. Así que lo preguntaré de nuevo. ¿Por qué nos engañas con un atuendo que no va a cumplir las expectativas que intentas crear?
—Las vivirá. No te quepa duda de eso.
Mi enojo aumenta peligrosamente. Detesto a los contestones.
—¿Lo hará? ¿En serio? Yo por mi parte ahora tengo muchas más dudas que antes. ¿Quieres saber por qué?
—Sí, por favor. Esta noche trabajaré en ponerle remedio a lo que quiera que sea.
Hay un silencio.
—Precisamente es algo que no está en tu mano arreglar —digo tratando de conservar la calma. Mi sangre hierve por dentro, cómo voy a disfrutar cuando la suya sea derramada—. Nadie te quiere, Adler. Es posible que te hayas hecho ilusiones porque inexplicablemente a algunos frikis les ha hecho gracia tu peinado de marginal, pero no te engañes.
—Desconocía que entendías de afecto —replica él.
—Pero no estamos hablando de mí aquí. ¡Estamos hablando de ti y de cómo nadie en tu vida te ha querido, de cómo las personas que se interesaron por ti sólo lo hicieron por mera lástima, por ser chusma que nadie quiere igual que tú y de cómo la Arena será en ese sentido un reflejo de tu vida! —la alarma suena en mitad de mi discurso pero yo sigo adelante porque este es mi show y aún no me he quedado a gusto con él—. Ahora fuera de mi vista. Y llévate tu aura de fracaso contigo.
Muevo mi mano como un abanico para que se esfume y finalmente él lo hace aunque no todo lo rápido que a mí me gustaría.
Ningún tributo con soltura en la lengua puede rivalizar con mi experiencia. Ninguno con mi desdén tampoco.
—Pasemos al siguiente. Bounder Leger, veamos si el Distrito Cuatro puede deshacer este entuerto.
El desastre amarillo comienza a bajar, alza sus manos al aire incitando al público y hace una reverencia cada dos escalones, agarra un peluche en forma de corazón que alguien ha tirado, lo besa y lo vuelve a lanzar. Se sienta de una forma muy indecorosa, apoyada en el respaldo con las piernas separadas.
Los que ríen están bien arriba en los tipos de tributos que me repulsan.
—Por favor. Qué espectáculo más bochornoso —digo haciendo un mohín—. ¿No te ha enseñado Muscly Rot etiqueta básica? Es cierto que no es la mente más despierta del lugar, pero eso no lo excusa de no avisarte que ya no estás en la taberna de mala muerte que regenta tu familia.
Bounder se cruza de piernas.
—No es una taberna, es un restaurante y es uno de los más famosos del distrito.
—No está bien decir mentiras —canturreo—. En el Distrito Cuatro no hay restaurantes, sólo tabernas llenas de marineros borrachos que apestan a alcohol y pescado. A parte de eso, ustedes también producen bebidas alcohólicas. ¿Me equivoco?
—Mi familia posee varias hectáreas de viñedos en el interior del distrito y unas bodegas. Correcto.
—Eso explicaría por qué es tan famoso. En un lugar abarrotado de bebedores debe ser como una máquina de hacer dinero.
—Bueno, el dinero es dinero venga de donde venga.
Su sonrisa se hace más amplia y yo me doy un minuto de plazo para borrársela de su vulgar cara.
—Hay algo que no comprendo. ¿Por qué estás tan alegre? Hasta ahora lo único decente que has hecho ha sido sacar un nueve, porque tu falta de refinamiento y tu look que parece sacado de alguna serie de dibujos animados para niños pequeños está gritando al mundo que nadie te tome en serio.
—El nueve me vale —dice asintiendo—. Y la reacción del público es lo que me basta para saber que les gusto.
—No seas ilusa, no les interesas tú sino la perspectiva de espectáculo que puedas darnos. Y ahora mismo ellos lo único que ven es una cría mostrándose risueña e insolente justo en la víspera del día en que su vida estará en peligro mortal constante. Jamás he visto a nadie tirar por la borda la ventaja de una puntuación alta con una actuación tan lamentable.
Bounder se pone en pie con su cara tan roja como su pelo y sus puños apretados. Disimuladamente presiono el botón de seguridad camuflado en mi asiento y los Agentes que están en un extremo dan un paso al frente.
—No moriré... Viviré. Es más seguro que te sobrevivo a ti, vieja operada.
Tras eso vuelve a su asiento sin esperar a que suene el timbre y yo me volteo a mirar a la cámara con una sonrisa complacida.
—¿No les decía? Una salvaje sin educación ni modales que seguro eructa en la mesa y se hurga la nariz. Que pase Yuta Sils ahora.
Dos cosechados en el Distrito Cuatro. Esto está tocando fondo.
—Buenas noches —dice educadamente mientras alisa la patética capa de superhéroe que lleva puesta.
—Estoy triste Yuta, porque contigo se acaban mis esperanzas de ver al menos a otro profesional preparado en un distrito que hasta ahora nos ha mandado material pasable... Pero en su lugar me llegas tú. ¿Qué diablos pasa este año?
—Ojalá hubiera sido así. Eso significaría que yo no estaría aquí.
—Pero la cuestión no es lo que hubiera sido sino lo que es. ¿Sabías que tu cuota de apuestas está en el vagón de cola? ¡287/1 ni más ni menos!
Yuta mira al suelo y yo comienzo a impacientarme. No les concedemos dos minutos para que puedan expresarse por última vez para que los malgasten mirando las musarañas.
—N-no. No lo sabía —murmura—. Imagino que voy a hacer a alguien muy rico si gano.
—En el muy improbable caso de que eso llegue a ocurrir, sí. Dime una cosa. ¿Sabes por qué cosechamos niños de 12, 13 y 14?
—Porque lo dice el Tratado de Traición —contesta.
Y yo siento ganas de gritarle que vuelva a su sitio porque soy alérgica a la estupidez.
—Me refería a la razón por la que está escrito ahí. Te lo contaré, nadie de esas edades ha ganado si exceptuamos a Lectro y Shadow, pero ambos tuvieron más cantidad de suerte concentrada que en una alineación de planetas. Esos niños sólo están ahí para hacer los Juegos más injustos, como la vida misma. Como cuando ustedes decidieron volverse contra nosotros. Que muera un niño de 12 se siente más terrible que la muerte de uno de 18. Que muera un bebé mucho más que la de ellos dos juntos. Y tú estás aquí nada más y nada menos que para hacer bulto, pues tanto yo como el resto del Capitolio sabemos que vas a morir. No importa cuántas capas de superhéroe te pongas. ¿Algunas últimas palabras pues?
Él juguetea con sus dedos, cabizbajo. Al igual que Lily parece estar conteniendo su rabia con todas sus fuerzas.
—Entiendo... Tal vez haya otra alineación de planetas. ¿Por qué no? —el timbre suena y él se levanta.
—Quien no se consuela es porque no quiere —digo a los espectadores que ríen con mi comentario.
En cuanto Mana Prescott se pone en pie sé que voy a detestarla con toda mi alma. Blanco. Lleva un vestido blanco como la nieve en la que me desangré aquel día. La nieve sobre la que vi la vida de mi hijo extinguirse sin que yo pudiera hacer nada. Siento que mi ánimo comienza de nuevo a verse afectado. No puedo dejar que nadie lo note.
—Me han dicho que eres la elegida del experto en mutaciones para la cita de esta noche. ¿Asustada?
—No. ¿Por qué debería estarlo? —contesta encogiéndose de hombros.
Ahogo una risa y miro al público buscando complicidad.
—No sé, tú le escribiste. Pensé que al menos tendrías una ligera idea de con quién estabas tratando pero veo que te has lanzado a la piscina a ciegas. Mal hecho.
La chica desvía la vista un instante hacia el balcón de los Vigilantes. Parece que logré ponerla nerviosa.
—Dudo que sea peor que el lugar donde voy a estar mañana. Sobreviviré.
—Yo no estaría tan segura —sentencio—. Dicen que al señor Bluesteel le gusta mucho... Juguetear con la ingeniería genética. Pero bien visto tal vez hasta salgas beneficiada. Podría implantarte unos tentáculos venenosos, un criterio aceptable a la hora de vestir o tal vez un poco de sentido común.
—Mmm, tentáculos... —murmura pensativa.
—Eres más necia de lo que pensé si aún te queda nervio para bromear sobre el tema.
—No estaba bromeando en absoluto —dice muy seria.
—Más te vale, porque si Bluesteel no te deja hecha un fenómeno, la señorita LaPelier lo hará.
—¿Quién es esa? —dice levantando una ceja.
—Dejaré que lo descubras tú misma en su debido momento. Será más divertido. Pasemos ahora a otros asuntos. Pareces muy decidida por tu negro futuro, pero si ganas las posibilidades de que acabes mutilada, loca de remate o ambas a la vez son bastante altas. ¿Qué parte de ti estarías dispuesta a renunciar a cambio de ganar?
—Todo depende de cómo se me presenten las fatalidades. Una vez lleguen los conflictos decidiré sobre ellos incluyendo los sacrificios que tenga que hacer. Soy más de lo que muestro. Cuando la oscuridad me envuelva, sabré seguir las señales.
Otro tributo de esos que responden con ambigüedades. ¿No comprenden que así aburren a la audiencia y me aburren a mí?
—Se me acaba de ocurrir un juego, cada vez que un tributo mencione que tiene un as en la manga, dar un trago a la bebida. No hay manera de comprobar eso hasta que no estés ahí afuera así que no. Eso no me vale.
—Puedes comprobarlo por ti misma si apagan las luces —dice.
La realización atenúa las luces e inmediatamente su vestido comienza a brillar. La audiencia exclama al unísono al ver que por unos instantes, el mayor foco de luz procede de su tela.
—Cuanto mayor es la oscuridad, más brillaré. Así como mi...
—¡Luces por favor! —ordeno, todo vuelve a la normalidad, ella parece contrariada—. Tenemos poco tiempo, ya has tenido tus cinco segundos de protagonismo con tu vestido que otros hicieron y no tú. No eres una luciérnaga, Mana. No pretendas brillar como una.
Suena la alarma y mientras la veo alejarse mi vista no deja de clavarse con desdén en ese endemoniado vestido blanco.
El comando de la amapola. Así se hacían llamar y venían precisamente del Distrito Cinco. Se pusieron ese nombre porque decían que la sangre de los opresores quedaría derramada por el suelo como el color de los pétalos de una flor. Respiro hondo para apartar ese pensamiento de mi mente y concentrarme en mi afición favorita.
La culpa fue suya, por usar una flor tan débil como símbolo. Esta vez será al revés.
Esta vez las luciérnagas se comerán las amapolas.
Dejo pasar unos segundo antes de llamar al siguiente tributo. Mazer camina con seguridad hasta el asiento frente a mí. Va entero de negro y con toques dorados, con cuero aquí y allá; hace buena combinación con su piel clara y el marco grueso de sus lentes.
Tiene buen aspecto. Es mi trabajo hacer que eso sea lo único bueno que tenga.
—Bien, bien… Hola, Mazer. ¿Cómo estás?
Esa pregunta tan normal lo descoloca por un instante. Si supiera que esto no ha hecho más que empezar.
—Como siempre —responde, críptico y con apenas un amago de sonrisa.
—¿Como siempre? Permíteme que lo dude, mentirosillo. No creo que nada en estos días haya sido "como siempre" para ti. Ni para ninguno de los tributos.
—Eso no me cambia a mí.
Hay un murmullo en el público. Está gustando el chico este, con su aire misterioso, seguro, y esa pinta de intelectual. Es una combinación inusual y está claro que la calificación que consiguió contribuye al interés que despierta. No dejaré que se vaya dejando una buena impresión.
—Conseguiste un 9. ¡Sorprendente, viniendo del Distrito Cinco! Aunque, bueno, hace poco alguien de tu distrito tuvo una buena calificación y murió la primera noche aplastado por una avalancha, así que no significa nada… Pero adelante, cuéntanos cómo conseguiste esa puntuación.
—Me lo guardo para los Juegos. —Esperaba esa respuesta, sonrío con malicia.
—Bueno, Niño Explosión, no creo que sea un secreto realmente. —Frunce el ceño y eso me hace sonreír más.
Oigo un nuevo murmullo en la multitud. También entre los demás tributos. Espero que mis palabras les den qué pensar, si es que tienen algo de cerebro en esas cabezas llenas de aire.
No hay nada memorable en la entrevista de Mazer, sigue con respuestas cortas que aburren mortalmente y con pausas para parecer interesante. Si no disfrutara tanto averiguando la forma de hacerles perder el control, me estaría echando una cabezadita.
—… ay, ¿qué has dicho? —pregunto, con fingida pena y con un falso bostezo—. Es que me ha entrado mucho sueño.
Se tensa su mandíbula, pero responde completamente controlado.
—He dicho que sí.
—¿Sí a qué?
—A que tengo una alianza.
—Cierto, cierto. Ya se nos acaba el tiempo, ¿no se les ha hecho un poco eterno? —Alguien del público ríe y contagia a más personas—. Antes de despedirnos, Niño Explosión, tengo una última pregunta. —"Y no te va a gustar" quisiera añadir—. ¿Cómo crees que se sentirán tu madre y tu hermano perdiendo a otro miembro de la familia? ¡Más aún! ¿Crees que podrán sobrellevar verte morir, como pasó con tu hermana? Himmel nos dio un muy buen espectáculo en ese sentido.
No consigue responderme. Aprieta los dientes, creo que se muerde la lengua literalmente. Oh, vamos, fierecilla, di algo. No hay forma de que quedes bien.
—Una conocida mía cuenta algo muy interesante, ¿sabes? —digo, en tono confidencial—. Dice que las cosas que pasan son un pago, que a los hijos a veces les toca pagar las deudas morales de sus padres. Me pregunto si con Himmel y contigo muertos, quedará ya saldada la deuda de tu padre el traidor.
La mirada que me echa haría que cualquiera de estos estúpidos tributos temblara. Pero a mí me llena de energía, de fuego, de odio. Reaviva mi llama porque veo que de verdad estoy haciendo daño a estos estúpidos.
Y no hay nada que pueda disfrutar más.
El siguiente tributo que llega a mi encuentro, Rail, es todo un espectáculo. Al menos parece que por un rato no habrá otra princesita en mi escenario. Será divertido jugar con esta chica, especialmente porque es la elegida de Rowan.
Lo primero que hace es mirar al público y saludarlos. Algunos le devuelven el gesto, escucho a alguien gritar su nombre también. Después me mira con los ojos delineados que le dan un toque felino y sus labios, de un color intenso, me enseñan una sonrisa traviesa. Esta tonta no sabe con quién se está metiendo.
—¡Miren a quién tenemos aquí! Rail, la elegida de Rowan Greyfox —exclamo.
Enseguida todas las cámaras del plató enfocan en dirección al balcón de los Vigilantes. Rowan esboza una sonrisa misteriosa, que hace delirar al público femenino y masculino aquí presente. Hace un gesto con la mano para que continuemos con el show.
—Qué look tan atrevido, ¿no creen? Eso de dejarte despeinada no me parece un acierto… Pero, claro, así debes de sentirte más cómoda, ¿verdad? Al menos será la primera vez en tu vida que no tienes piojos, ¿o no han conseguido quitártelos? Espero que sí, teniendo en cuenta que tu cita de esta noche es con el hombre más importante hoy por hoy. No quieres darle una mala impresión. Aunque todo el Capitolio se pregunta ¿qué es lo que vio Rowan Greyfox en ti para elegirte? Eres la tributo en la que todas las cámaras están posadas. Un gran peso con el que lidiar.
Su gesto, cuando levanta una ceja, parece más feroz por el atuendo que lleva. Aunque se esfuerza en que también sea sexy. Los estilistas son imbéciles, puedes vestir a una rata con encaje pero nunca será más que una rata.
—¿Hemos venido a hablar de mi aspecto? ¿de mi cita? Vaya, Venus, creía que eras más que eso.
Muy bien, que la rata juegue con fuego, acabará con los bigotes y la cola achicharrados, antes de que me la coma de un bocado.
—Quizá a ti no te importe, pero en el Capitolio valoramos mucho la imagen y definitivamente tenemos una obsesión con nuestro nuevo Vigilante —hago un gesto con la mano para dirigir las miradas al balcón de los Vigilantes, Rowan sonríe ampliamente ante la mirada furiosa de Ranghild—. Bueno, ¡Hablando de imágenes! Tenemos una fantástica de Rail, seguro que a más de uno le dará un paro cardíaco al verla. ¿Quieren verla?
El público se emociona, aunque no necesito de su aprobación. En la pantalla deja de aparecer el escenario y vemos una fotografía enorme de la rata que es este tributo. Demacrada, sucia y con la mano en el bolsillo de una mujer.
—Vaya, parece que has sido traviesa —digo, sonriendo.
—Mucho —me responde, sin perder el gesto atrevido—. Mira si lo he sido, que estoy aquí por voluntad propia.
—Oh, sí. Creo que a todos nos sorprendió. Al ver tu Cosecha solo pude preguntarme cómo alguien puede ser tan estúpido.
—Bueno, tengo mucho para mostrar en los Juegos, pero la estupidez no es una de esas cosas. Les dejaré…
—Ya has enseñado más de lo que deberías por lo que sé. Las tetas, para ser exactos. A veces creo que ya he visto toda la vulgaridad posible de los distritos, y entonces llega un tributo y va un paso más adelante.
—¿Tanto te escandaliza, Venus? No me avergüenza enseñar ninguna parte de mi cuerpo. —Guiña un ojo al público y parece gustar especialmente en el sector masculino.
—Si al menos tuvieras algo que mostrar… Pero creo que nadie tiene ganas de vomitar. Y no pasarás el Baño de Sangre por enseñar las tetas, te lo aseguro.
El tiempo de Rail se acaba y se marcha con paso firme. Maldita infeliz, no la he destrozado todo lo que querría. Creo que disfrutaré especialmente cuando la vea morir.
Regulus Gold es todo un espectáculo visual, pero en el mal sentido. Desde que lo vi por primera vez he tenido que contener las arcadas. Y teniéndolo delante… voy a divertirme con esto.
—Necesito unas gafas, hay demasiado azul y naranja. —Parpadeo repetidamente y me pongo la mano a modo de visera—. ¿Alguien puede apagarlo? —Se oyen risas—. Tu estilismo está completamente pasado de moda. Es lo que tiene querer parecer un capitolino cuando no lo eres.
—Es una pena que no te guste, a mí en cambio mi pelo y mis ojos siempre me han recordado a los colores tan bonitos que se usan aquí. Donde nací y me crie.
—Dejemos ese tema aparcado un rato. —Recalco la palabra aparcado, porque no pienso olvidarlo—. Me ha dicho un pajarito que tu distrito está esperanzado de que este año les des la victoria… ¿Nos podrías dar una anticipo o una pista de esas habilidades que creen que tienes? La audiencia está como loca por descubrirlas.
—Y yo estoy deseando mostrárselas, solo hay que esperar un poco más —responde, y sonríe al público seductoramente.
—Eres un digno hijo de tu padre, está claro —digo, despectivamente.
Charlamos un poco acerca de la diferencia de vivir en el Capitolio y después en el distrito. Se desvive para halagar todo lo posible al público y nuestras costumbres, para mostrarse encantador. Yo tengo ganas de arañarle esos horribles ojos naranjas. Me da tanta rabia… un indigno que gozó mucho tiempo de lujos que no le correspondían, de patrocinadores que sé que tendrá, cuando no es más que otra escoria de los distritos.
—Bueno, detente un rato —le interrumpo, en medio de un monólogo sobre el apoyo que ha recibido y blablablá—. Volviendo al tema de antes… Tu vida es digna de ser una serie dramática y lacrimosa de las que echan por las tardes, cuando todo el mundo tiene mejores cosas que hacer.
—Yo no me quejo de nada de lo que he vivido, he disfrutado del amor de…
—Sí, sí, ya me sé ese discurso. Pero, en serio, pareces un personaje de una teleserie barata. Solo te falta un hermano gemelo que resulte ser malvado, o quizá él sea el bueno.
—Bueno, es cierto que mi historia tiene mucho detrás, eso solo me ha hecho más fuerte —dice Regulus, con una sonrisa.
—Y, aquí entre nosotros, dime lo que todos se están preguntando, ¿te consideras capitolino?
—Como dije antes, nací y me crié aquí, viví unos años maravillosos con mi madre.
—Ahí quería yo llegar. —Me cuesta contener la sonrisa perversa. Quiero que esté confiado—. ¿Cómo era tu madre?
—La persona más bella que existe, por dentro y por fuera.
—¿Ah, sí? Qué curioso. Como buen capitolino, tendrías que sentirte asqueado por tener parentesco con una avox. Que, por si te falla la memoria, significa que es una traidora. Me parece que te esfuerzas mucho pero nunca llegarás a ser uno de nosotros. Y el apoyo a las traiciones contra el Capitolio debería ser castigado, espero que los Vigilantes recuerden esto.
Miro a Rowan y su séquito, todos están atentos a mí, hasta el extraño Ingeniero en mutaciones y la Diseñadora de Arenas. Por la sonrisa que el Vigilante en Jefe me dedica, sé que recordará esta entrevista.
Regulus parece haber perdido su fachada de príncipe encantador. Qué pena. Parece que he tocado fibra sensible al hablar de su madre. Su tiempo termina, pero se marcha enfurecido y da una patada a su asiento.
La siguiente llega junto a mí y dedica una sonrisa a la audiencia. A ver cuánto le dura la simpatía.
—Más cuero —digo, con tono de cansancio—, parece que los estilistas este año andan copiándose ideas unos a otros.
Ese top y esas mangas doradas, las botas de cuero con tachuelas… sentarían bien a una capitolina, pero desentonan con Kenley. Disfraces, solo disfraces, eso llevan los tributos. No entiendo la estúpida manía de intentar hacer que se vean bien. No son como nosotros, nunca lo serán.
—¿No tienes nada que decir? —pregunto, intentando hacer que se irrite.
—No entiendo de estilo, aunque aprendo rápido —dice, de nuevo sonriente.
Soy buena leyendo a la gente, es parte de mi trabajo. Soy la mejor interpretando a los tributos, abriéndoles las entrañas para verles los puntos débiles. Y esta chiquilla está actuando, es un papel. Sus sonrisas le cuestan horrores.
Destrozaré su teatrillo de poca monta.
Uso el método que tan bien he perfeccionado, buscando que se relaje. Charlamos de cosas que no importan, porque la vida de está miserable no me podría ser más indiferente, ni cómo es la relación con su madre o su mejor amigo. Pero demuestra ser más avispada, o al menos haber tomado nota de la entrevista con Regulus, porque no baja la guardia.
Lo único medianamente inteligente de lo que son capaces los tributos: desconfiar.
—Hablemos de algo más serio, ¿te parece bien?
—Claro. —Otra sonrisilla forzada.
—Realmente no me importa si estás de acuerdo. Dime, Kenley, debes sentirte muy triste con lo que ha pasado, ¿verdad? No me refiero a ser cosechada, sino a lo que no podrás hacer por estar aquí hoy.
—Bueno… está claro que hay muchas cosas que sueño…
—No, no hablemos de abstractos. Hablemos de algo específico. Por lo que sé, hay un hijo de carnicero con el que estabas prometida, podrías haber parido todos los cerditos malolientes que consiguiera engendrar.
Su actuación cae por completo, a mí se me escapa una risita satisfecha.
—No es de tu incumbencia.
—¡Qué maleducada! Creo que es mejor que tus posibles hijos se perdieran a una madre como tú. Si es que puedes tenerlos… ¿no te preocupa que falle algo en ti? A tu edad ya deberías haber tenido el periodo. —Boquea como un pez fuera del agua y aprieta los puños—. ¡Pero tranquila! Ya no tendrás que preocuparte por si tienes algo malo dentro, en unas horas o días ya no quedará nada de ti.
El tiempo llega a su fin. Se marcha con pasos tan confusos como ella misma se siente ahora. Vuelvo a reír.
—¡Kenley! —la llamo, en tono divertido—. Recuerda dar un buen espectáculo al morir, algo que sea más memorable que esta insulsa entrevista. Que baje el siguiente.
Qué ridículo está Brandon, no sé por qué se empeñan en usar viejos simbolismos. Un traje blanco, con una rosa cerrada, porque es un niño. ¿Creen que eso va a atraer patrocinadores? No pagarán para llenarle la barriga a este insignificante niño que morirá pronto.
De los veinticuatro que hay hoy aquí, solo uno volverá, y apostaría mucho porque no será este niño. Aunque, si de mí dependiera, no volvería ninguno.
Y morirían de la forma más cruel y lenta posible. Tengo esperanzas en el grupo de Vigilantes de este año, espero que nos hagan disfrutar.
Resulta que no tengo que esforzarme apenas con Brandon. Se muestra con aire elegante y solemne, pero apenas puede mantener la compostura. ¡Me odia! ¡Nos odia a todos! Lo veo en sus ojos… y me hace sonreír.
—¿Cómo te describirías en tres adjetivos? —pregunto, sin saludarle siquiera.
—Introvertido, reservado… —Trata de infundir respeto, qué risa—. Desafiante.
—Desafiante —repito—. No te veo esa pinta, es curioso. Parece que o bien nos estás enseñando de ti lo que te han dicho que enseñes, o bien te has descrito como te gustaría ser. Pues tienes poco tiempo para cambiar, la verdad.
—Te equivocas —dice, simplemente. Sin argumentos. Esta partida está ganada desde antes que empezara.
—Dime, ¿estás asustado? Por eso de tu muerte inminente y tal.
—No. —Le tiembla la voz.
—¿No? Qué bien, no querríamos que estropearas por el miedo ese traje tan elegante y que parece robado del Palacio Presidencial. ¿Alguien ha comprobado que no falte nada en el armario de la presidenta Pylos? ¿No les parece un poco de mujer?
—No. No es de mujer —replica, enfadado.
—No te sulfures, ¿qué importa que hagas el ridículo ahora? Mañana lo harás de nuevo, pero ya por última vez, ¡qué alivio! ¿Verdad?
—Cállate.
—Por dios, otro maleducado. Hago un llamamiento a los escoltas y mentores, enseñen modales a estos animales, en el Capitolio no tenemos por qué perder el tiempo soportándolos.
—¡Basta ya! —me grita.
—Relájate, ¿es que no sabes comportarte? No lo juzguen con dureza, amigos capitolinos, este animal se ha criado entre la inmundicia y todo se acaba pegando.
La gente se ríe a carcajadas, sobre todo porque Brandon se ha puesto rojo de rabia, y es entonces cuando estalla. Yo me recuesto en el asiento, disfrutando del espectáculo, y de la soga que va a echarse al cuello.
—Todos ustedes se creen mejores que nosotros, ¡están muy equivocados! —chilla, completamente fuera de sí—. Ustedes son los animales, un rebaño sin cerebro que disfruta viéndonos sufrir. ¡Ojalá algún día alguien les haga pagar por todo esto!
Se pone en pie, mientras los insultos salen uno tras otro de su boca. Se queda callado de pronto, quizá consciente de que ha metido la pata hasta el fondo.
Yo aplaudo, y las palmadas retumban en todo el lugar porque es lo único que se escucha.
—¡Bravo! Así es cómo te has asegurado de no tener ningún patrocinador. Un aplauso para Brandon, que acaba de reducir aún más sus posibilidades en la Arena. Creo que muchos disfrutaremos especialmente cuando lo veamos perder.
El chico vuelve a su asiento todavía mascullando algo, pero han apagado su micrófono. El público no me ha hecho caso, son gritos indignados lo que lo acompañan hasta su sitio.
Para mí, el mejor sonido del mundo. El Capitolio, unido en el odio a los distritos.
Con una sonrisa dibujada en los labios, veo a Adeline descender por los escalones fingiendo una seguridad que por supuesto no tiene.
La aborrezco. Desde que la vi en su cosecha la aborrezco, porque esa sucia pueblerina sí sabe lo que es tener un bebé entre sus brazos. A ella no se lo arrebataron como lo hicieron conmigo. La maldigo una mil veces mientras inconscientemente coloco mi mano sobre mi vientre, la dejo ahí por un fugaz segundo, pero es suficiente para revitalizar mi odio contra los distritos, ahora enfocado en esa desarrapada que intenta demostrar elegancia.
—¿No es maravilloso? —suelto la pregunta mirando a las cámaras—. Aquí tenemos otro intento de realeza, aunque evidentemente con elegancia y gracia se nace, no podemos esperar adquirirla con un par de consejos —digo con una risita y veo como el animo de esta chiquilla decae en cuestión de segundos.
Se enreda con el borde de su vestido lo que la hace trastabillar ligeramente. Se recompone enseguida.
—Lo ven. Gracia y elegancia —reafirmo señalándola —¿Estás bien, Adeline? Ten más cuidado al caminar con esos tacones.
—Gracias, Venus. Lo tendré en cuenta, pero estoy bien y muy contenta de…
—Puedes de verdad sufrir un accidente ¿sabes?. Caer y romperte el cuello, aunque claro, posiblemente eso también lo hagas en la Arena. Olvida mi consejo, no sirve de mucho dadas las circunstancias —interrumpo y eso es suficiente para tenerla en el lugar que quiero—. Te ves espléndida. Algunos de nuestros diseñadores tuvieron un excelente gusto a la hora de vestir a los tributos. Es una lástima que no todos puedan lucirlos con verdadera belleza. El blanco es tu color, el color de la pureza, como la niña que gritaba tu nombre en la Cosecha. ¿Quién era? —pregunto, conociendo de antemano la respuesta.
La veo dudar. Busca a alguien entre el público que le de una respuesta. No encuentra a nadie.
—Es mi… es mi hija —contesta tímidamente—. Debo volver a casa junto a ella, es mi motivación para ganar —el público comienza a suspirar y a soltar grititos emocionados.
—Es la mejor motivación, sin duda. Quizá al ganar puedas por fin liberarte verdaderamente y nos des una exclusiva contándonos el origen de tu hija —dejo el comentario en el aire.
Me satisface la expresión horrorizada en su rostro. Tributos estúpidos, ¿de verdad creen que pueden esconder sus sucios secretos del ojo vigilante del Capitolio? Si esta chiquilla supiera que ya estamos preparando un programa con los por menores en la vida de los tributos, estoy segura que enloquecería.
—Tengo entendido que el traje que llevas esta noche está inspirado en la tecnología textil de tu distrito. A mí me parece un traje igual a todos los demás, pero puedo estar equivocada.
—S… sí —responde tratando de serenarse y poniéndose de pie—. Si fueran tan amables de bajar un poco la intensidad de las luces puedo mostrarles lo que el Ocho es capaz de hacer.
Doy un leve asentimiento para que se bajen las luces. El vestido comienza a brillar a medida que el público comienza a silbar y a aplaudir. Entonces pasa algo que estaba totalmente fuera del guión. Adeline comienza a cantar con voz suave, delicada. Canta una nana infantil lo que me provoca repulsión, ira y odio.
—Suficiente. Suficiente —la corto y hago una señal para que vuelvan a encender la luces a su máxima intensidad—. Adeline, esto no es Panem got Talent, lástima que el truco de las luces ya lo vimos antes —digo con falsa tristeza. —Casi no nos queda tiempo y hay que continuar.
Ella asiente y vuelve a sentarse. Una sutil sonrisa baila en sus labios al ver la reacción del público a lo que acaba de hacer. No lo permitiré.
—Hay una pregunta que siempre ronda la cabeza de todos en el Capitolio —sonrío ampliamente cuando la veo temblar, presintiendo que lo que viene no es bueno—. Dime Adeline, si pudieras elegir ¿cómo te gustaría morir?
En ese momento la alarma suena anunciando el fin de su entrevista. Suspira aliviada como si de verdad se hubiera salvado.
—Bueno, Adeline, mañana nos dirás la respuesta desde la Arena, o mejor aún, nos lo puedes demostrar en directo —ella empalidece y se retira a su lugar con rapidez al caer en cuenta del trasfondo de mis palabras.
Enseguida su compañero se pone de pie en un acto de caballerosidad. Le tiende una mano para ayudarla a llegar a su lugar antes de bajar a mi encuentro.
—¿Vieron eso? Tenemos a un caballero guerrero entre nosotros —exclamo al darme cuenta de la fragilidad emocional de este niño—. Jordan, saluda a toda esta gente que ha venido hoy a verte.
—Hola. Gracias por venir —su respuesta es formal y seria.
—Pensándolo bien, no únicamente han venido a verte a ti, si no a todos los demás también. ¿Qué te hace pensar que mereces el favor de esta buena gente?
—No creo merecer el favor de nadie por nada en específico. Todos tenemos nuestras motivos para querer ganar, en mi caso se trata de mi familia. Tengo hermanos pequeños a los que quiero proteger, a los que quiero darles una vida mejor. Si alguien aquí en el Capitolio quiere ayudarme será por eso, por ayudarme a regresar con mi familia —no titubea al hablar.
—Tenemos con nosotros a todo un guerrero. Hasta te han vestido como tal, esa túnica de dios guerrero te sienta bien, después de todo tienes el cuerpo y el rostro para llevarla. Es un total desperdicio que no sepas sacarle provecho. Un verdadero Vencedor primero piensa en ganar para él, la familia se beneficia después, pero lo primero es ganar por ti.
—Si no los tuviera a ellos tal vez ni siquiera tendría ganas de vencer, ¿sabes? Funciona de los dos lados. Como con las alianzas, hay que confiar en que las motivaciones de tus aliados son igual de poderosas que las tuyas, así el equipo tiene una misma meta.
El público aplaude ante las palabras de este chico. Algunos incluso comienza a vitorearlo. Perfecto.
—Por supuesto, tener una alianza sólida, en la que puedas confiar es vital. ¿Qué harás cuando lo inevitable pase y tengas que tomar la vida de tus aliados?
—Prefiero no pensar en eso de momento. Las cosas irán pasando y se acomodarán…
—Claro. Ya veo, después de ver tu gesto de galantería con tu compañera de distrito no me quedó la menor duda de que en tu alianza eres el eslabón débil. Tómalo como un consejo, Jordan, la debilidad, la duda te hacen un inútil. Ningún inútil ha ganado los Juegos antes.
La alarma suena en el momento adecuado. La gente que antes vitoreaba, ahora aplaude como gesto protocolario.
—Fue un placer conocerte. Cuando entres a la Arena serás un vencedor o un inútil, sé en que grupo estás, sólo tienes que probar mi teoría.
Al igual que los tributos anteriores a él, simplemente se retira, con la moral por los suelos y con nula esperanza.
Hago un mohín de disgusto cuando veo a la chica del Nueve descender las escaleras enfundada en ese ridículo traje inspirado en conejos.
—Pero que tenemos aquí ¿una amante de los conejos? —me burlo.
—Podría decirse, sí —contesta levantando su mano para saludar al público, que responde con efusivos aplausos—. Los conejos son lindos, rápidos y audaces. Aunque la verdad es que no sé, Venus. Puede ser que yo sea como un conejo: puede resultar bonito incluso inofensivo. Pero déjame decirte que los conejos muerden a pesar de su dulzura, y esta conejita no caerá sin pelear. Así que ¿por qué no tratar de imitar a los conejos? —murmura con dulzura.
—Tal vez porque son una plaga, pero mejor aún, porque son animales que pasan la mayor parte de su tiempo escondidos en una madriguera, porque cuando sienten peligro se quedan inmóviles esperando encontrar el mejor momento para huir antes de confrontar y finalmente, porque se asustan con mucha facilidad ante cualquier cosa que les parezca extraña.
—Tonterías, esos son los conejos domesticados. Los salvajes son otra cosa, ellos son…
—Desde luego, he pasado por alto por el hecho de que tú misma, Riley, te has comparado con los conejos. Al decir que eres como ellos, entiendo que quieres decir que actuarás como ellos también. A nadie en el Capitolio, especialmente a ningún patrocinador, le gustan los tributos que se esconden, huyen y se asustan.
—No, no. Me refiero a que seré audaz como ellos y que cuando tenga que hacerlo, le hincaré los dientes a quién sea —su réplica viene cargada de resentimiento. Ya no más niña dulce y afable.
—En realidad solo basta con verte, llevas zapatillas de conejo, suéter de lana e incluso tienes un conejo en el bolso. Miren querido público, como he dicho, el conejo se ha ocultado en el fondo de la bolsa, asustado y temeroso.
—A veces la evasión y la estrategia funcionan, Venus —espeta dando sus últimas patadas de ahogado—. Esconderse y planear los pasos a seguir no es una mala idea en el contexto general de los Juegos.
—Hasta que el cazador se canse de esperar y salga a buscar a su presa. Cuando los días comiencen a transcurrir en la Arena, alguno de ellos —señalo a los tributos en sus butacas— tal vez se convierta en un cazador, las presas fáciles serán las primeras en la lista.
—Oh, Venus. No tienes que tomarte todo tan literal, es simplemente una metáfora —se ríe, pero en sus ojos veo la rabia que siente hacia mí.
—Una metáfora, por supuesto. Aunque si yo estuviera en tu posición me aseguraría de emplear metáforas más útiles que el compararse con un conejo. A menos que sea este una mutación creada aquí en el Capitolio.
Abre la boca para replicar, pero la alarma la interrumpe.
—Todos estamos deseosos por verte mañana en la Arena, Riley. Quizá este año, la temporada de caza de conejos se abra con unos meses de anticipación —la veo apretar los puños, pero se retira tragándose su impotencia.
Es el turno del chico que de la noche a la mañana pasó de ser un tributo más, a uno medianamente interesante únicamente porque fue el elegido por Vanille LaPelier para una cita.
—Hola, Venus. Antes de que comencemos. ¿Harías algo por mí? —murmura con un sonrisa traviesa en los labios—. Se buena, recuerda que, como bien nos has ido recordando a todos, mañana podría ser mi último día.
La gente en el plató enloquece ante la osadía de este chico. Empiezan a gritar mi nombre, en un coro de voces.
—Depende, Milo. ¿Qué es lo quieres de mí?
—Sólo quiero que chasquees los dedos para mí —su voz juguetona me hace pensar que algo trama.
—¿Quieres que chasque los dedos? ¿Para qué? Aunque tienes pinta de ser un avox de primera línea, no lo eres aún.
—Te va a gustar, de verdad. Vaya que eres difícil. Estaba convencido que mis pecas lo valían casi todo por aquí en el Capitolio. Lo único que pido es que chasquees los dedos muy cerca de mí. ¡Ayúdenme! —le pide al público que no duda en volver a corear mi nombre para que ceda ante la petición de este molesto chiquillo.
Extiendo mi mano a la altura de su hombro y chasqueo mis dedos. Al instante su traje negro con flores blancas, pasa a ser rojo con destellos brillantes. El público no cabe en euforia. Vuelvo a chasquear los dedos y el traje vuelve a cambiar, esta vez por uno con un estampado multicolor.
—Puedes hacerlo cuantas veces quieras, Venus. Es increíble ¿no?
—Tu estilista se ha lucido, sí. Incluso ha adaptado tu traje para que combine con tu defecto genético —digo cuando chasqueo los dedos y el traje cambia a uno blanco con puntitos negros.
El chico me mira sin comprender. Varios en el público tampoco parecen entender.
—Tus pecas no son más que un defecto genético. Son prueba de que hay mutaciones genéticas dentro de ti.
—No lo sabía —susurra pensativo—. Es una suerte que las mutaciones sean tan famosas por aquí en el Capitolio. Me han valido mi primera cita real —Milo giña un ojo en dirección al balcón de los Vigilantes—. ¡Y con que chica!
Observo a LaPelier sonreír alegremente ante el alago, mientras Bluesteel pasa su mirada de Milo a ella haciendo una mueca de disgusto. Interesante. Aparentemente los tabloides llevan algo de razón. Este chico Milo no sabe en lo que se ha metido.
—Eso he escuchado. Imagino que no tienes miedo a los novios celosos ¿no? Se rumorea que tu cita de esta noche tiene una relación con otro de los Vigilantes, uno que no te gustaría tener como enemigo. Pero no te preocupes, Milo, en el mejor de los casos, este Vigilante podría arreglar tu problema genético para que te veas como una persona normal en tu funeral.
—No te preocupes por mí, Venus. Yo sé perfectamente como manejar este tipo de asuntos —vuelve a guiñar un ojo, lo que hace al público enloquecer.
Su turno termina para dar paso a la otra madre en esta edición. Maldita, no permitiré que destaque a no ser que sea como la imagen de un bonito y futuro cadáver.
—Nuevamente con el tema de las princesas. Este año los estilistas han decidido convertirlas a casi todas en alguien de la realeza, pero como en todo cuento de hadas, el encantamiento tiene un límite antes de caducar, el tuyo será mañana cuando los Juegos den inicio. ¿Estás emocionada, Magdie? Porque yo si lo estoy.
—Muy emocionada Venus. Cada día que pasa, es un día menos para ver a mi familia de nuevo —contesta.
—Podría decirse. Sin embargo, yo no albergaría tantas esperanzas si fuera tú. Después de esa deplorable calificación que obtuviste no podemos esperar mucho de ti. Bueno, eso yo ya lo sabía desde que vi en la cosecha —me río y el público ríe conmigo también.
—No estés tan segura. Quizá no quise mostrar mis verdaderas habilidades —trata de mostrarse enigmática para ganarse al público de vuelta. Ilusa.
—O simplemente no eres hábil con nada. No te avergüences si así es, muchos de tus compañeros tributos tampoco lo son. Aunque yo me hubiera esforzado un poco más, después de todo, tienes un hijo con el cual volver. Una nota mediocre simplemente no te ayuda a estar más cerca de él.
—Yo soy como el concepto de mi vestido. Una torre difícil de derrumbar —contesta evadiéndome.
—Depende de los cimientos de dicha torre. Todo es cuestión de que el demoledor conozca el punto débil en los cimientos. ¿Cuál es el tuyo, Magdie? ¿Tu hijo? Apuesto a que es tu hijo, aunque mi apuesta no es válida, no se me deja apostar.
—Afortunadamente mi hijo está en casa, a salvo —responde aún manteniendo su pose orgullosa, como si quisiera mostrar que está por encima de todo.
—Sí, está a salvo gracias al manto protector del Capitolio. Tal vez mañana, en el Distrito Diez se geste una nueva semilla para los Juegos, un voluntario. Quizá cuando tu hijo vea que no tuviste el suficiente coraje para llevarte la corona, él en el futuro quiera tener éxito ahí donde tú fracasaste. Ojalá él nos de una mejor calificación que la tuya.
La chica se desmorona después de eso y yo sonrío satisfecha imaginando que ese asqueroso niño algún día pueda morir también en los Juegos.
El chico, Zachary, le dirige una mirada consternada a Magdie cuando se cruzan, antes de que ella llegue a su asiento. Dura apenas unos segundos, inmediatamente se recompone y adopta una expresión seria. Sin embargo dura lo suficiente para que yo lo note. Su molestia por lo que hice con ella, su congoja por saber que las cosas pueden terminar igual o peor que para su compañera de distrito.
Un poco de presión y puede terminar quebrándose.
—¿Qué es lo que tenemos aquí? —Digo señalándolo mientras él se sienta en su asiento sin mirar a nadie en particular—. ¿Acaso no vas a sonreír un poco a nuestro público que tan amablemente ha venido a verte?
Él se ruboriza y menea la cabeza, arrancando unas risitas de la audiencia. Reprimo un bufido. Si hay algo que no tolero es a aquellos chiquillos que intentan hacerse los misteriosos simplemente porque no saben cómo actuar.
—Tal parece que no —me lamento—. De todas formas es muy probable que no estén aquí exclusivamente por ti, sino por alguno de tus veintitrés compañeros, sobre todo teniendo en cuenta que tu calificación apenas si ha estado por encima de la media ¿no crees?
Él aprieta los labios durante un segundo antes de responder.
—Creo firmemente que las calificaciones no son un determinante de nuestras capacidades, de hecho estoy seguro que…
—¿Acaso estás desacreditando las evaluaciones de nuestros queridos vigilantes? —Lo interrumpo y señalo con un dedo el balcón donde los cinco Vigilantes están ubicados—. Porque podría ser lo último que hagas, querido. Es una pésima elección de estrategia, sobre todo teniendo en cuenta que uno de los Vigilantes, nada más ni nada menos que la Diseñadora de Arena se tomará la molestia de tener una cita contigo esta noche.
La audiencia emite un oh colectivo y luego se queda en silencio. La cámara enfoca a Cherise Rainbow, que no parece haberse dado por enterada de que hablamos de ella y juguetea con la manga de su vestido distraídamente. Zachary mientras tanto se atraganta con las palabras, al tiempo que su rostro se pone del color de la grana.
—Por supuesto que no —dice con una risa nerviosa— sin embargo…
—Sin embargo te has aventurado a decir que las calificaciones no son determinante de nada, desprestigiando de cierta forma el trabajo de quienes se han tomado la molestia de observar veinticuatro tediosas actuaciones y calificarlas —replico con frialdad—. Bueno, ya que en dos minutos has echado por la borda cualquier intento de congraciarte con los Vigilantes dime, ¿qué te ha parecido el Capitolio en estos días que estuviste aquí?
—Bueno, ciertamente es un lugar muy llamativo y lleno de vida…
Su respuesta es tan escueta que hasta da pena.
—Lleno de vida ¿eh? No es la primera vez que escucho estas palabras para hablar sobre la ciudad y sin embargo es curioso, porque tal parece que aquí todos rebosamos de la vida que a ustedes les falta. O que les podría faltar en apenas un día. Hablando de lo cual, ¿hay algo que quieras decirle a tu familia teniendo en cuenta que mañana hay altas probabilidades de que estés muerto?
Él aprieta los puños y se pone serio. Observo al público que lo mira expectante. Este podría ser el momento en que lo arruine todo o en que remonte su pésima actuación. Y no estoy dispuesta a dejar que suceda lo segundo.
Afortunadamente el tiempo está a mi favor, y cuando él se decide a abrir la boca para empezar a hablar, la alarma suena anunciando que su tiempo ha concluido.
—Bueno, tal parece que tendrás que ganar o tu familia tendrá que conformarse con el silencio. Me temo que esto último es mucho más probable Zachary…
Bethany se alisa las arrugas inexistentes de su insulso vestido antes de subir al escenario. Los idiotas de sus estilistas la han vestido como una hoja andante, haciendo que la niña grite Distrito Once por todos lados, como si eso la favoreciera. Camina con pasos cortos y sonríe, pretendiendo aparentar que no está aterrorizada por lo que viene. Pero yo veo más allá.
—¡Bethany! Luces espléndida, esa sonrisa combina a la perfección con tu vestido —comienzo y automáticamente ella sonríe. Niños estúpidos, nunca aprenden—. Creo que lo que más me sorprende, a mí y a nuestro selecto público por supuesto, es que seas capaz de sonreír de esa forma luego de haber logrado una puntuación mucho más que deprimente en las evaluaciones ante los Vigilantes. ¿Quieres contarnos qué sucedió?
Titubea unos segundos, pero cuando habla lo hace con seguridad.
—Bueno, lo cierto es que estaba algo nerviosa y no pude demostrar al cien por cien lo que soy capaz de hacer.
Fácil. Me lo está dejando demasiado fácil.
—¿Entonces tienes más cosas para demostrar? ¿O simplemente nos estás subestimando a mí y a nuestro público intentando que creamos que tu calificación mediocre ha sido meramente mala suerte en lugar de una falta absoluta de habilidad?
Ella niega con la cabeza repetidas veces.
—¡Claro que no! —exclama—. Es decir, sí, estoy segura que tengo mucho más para mostrar en la arena.
—Estoy de acuerdo —concedo—. Podrías mostrarnos una muerte llamativa, de esas que figuran en las noticias por algunas horas hasta que algún hecho infinitamente más interesante las sustituye.
Bethany empalidece y sus ojos empiezan a aguarse. Yo me río y le pongo una mano en el hombro. Disfruto cada segundo al sentir que ella se tensa. Me pregunto si será lo suficientemente valiente, o estúpida, como para apartarse.
—Más allá de tu baja puntuación ten por seguro que estarás en nuestras mentes al menos por unos minutos gracias a tu estilista. ¿Algo para decir sobre tu traje?
—Bueno, está inspirado en la industria del distrito y…
—Eso es más que evidente —la corto—. De hecho hubiera sido menos predecible si te hubiera dejado desnuda con un cartel que diga Distrito Once. Pero bueno, no se puede tener todo en la vida ¿no? Una puntuación alta, un vestido memorable, patrocinadores, una vida larga y feliz… Definitivamente no se puede tener todo.
La alarma anunciando el fin de su lamentable entrevista suena y ella se pone de pie como si tuviera un resorte.
— Bueno Bethany, estaremos deseando que permanezcas en nuestra mente por más de dos minutos, aunque lo cierto es que no estaría tan segura de ello. Te diría buena suerte, pero necesitas mucho más que eso.
Kinsey llega al escenario y la gente comienza a murmurar emocionada. No es gracias a él, claro, sino a la extraña y bastante cuestionable decisión de la segunda al mando de concederle una cita.
—¡Y aquí tenemos nada más ni nada menos que al elegido de Arah Ranghild! —Exclamo y él asiente levemente. La audiencia deja de murmurar para dar paso a chillidos emocionados. Todo este asunto de las citas se les antoja bastante interesante—. Dime, Kinsey, ¿por qué crees que la segunda al mando te ha elegido precisamente a ti?
—Lo cierto es que no lo sé —responde con franqueza—. Es algo que planeo preguntarle.
La gente enloquece con su respuesta y la cámara enfoca a Arah Ranghild, que observa la entrevista con la misma seriedad de siempre. A su lado Rowan Greyfox parece levemente molesto. Decido insistir un poco más con el tema.
—¿Ni siquiera tienes alguna pista? ¿Qué crees que puede tener en común alguien como tú con un Vigilante y, más aun, con la segunda al mando?
Él se lo piensa unos segundos, para finalmente dar una respuesta pésima.
—Bueno, ambos estamos aquí hoy ¿no?
La audiencia ríe. Es patético realmente.
—Es cierto, ambos están aquí. La única diferencia es que tú puedes morir mañana mientras que ella continuará con su vida tal y como siempre. Es más, ¿te has parado a considerar que esta "cita" puede ser lo que te lleve directo al ataúd? Sólo piensa en lo que sucedería si haces algo que no le agrade a ella o a alguien de su entorno…
Kinsey abre los ojos asustado por dos segundos, y la audiencia hace silencio. Mejor. Mucho mejor.
—Realmente espero que no suceda eso Venus.
Ruedo los ojos. No sé qué es peor, si los tributos que se esmeran en agradar a la gente o aquellos que dan respuestas escuetas, esperando llamar la atención despertando la intriga del público.
—La verdad es que yo tampoco lo espero. Estoy segura que a nuestros Vigilantes se les ocurrirán formas muy creativas de deshacerse de tributos molestos, pero si por mí fuera preferiría verlos morir a manos de otro, algún miembro de su alianza quizás… La traición es moneda corriente en los Juegos. Dime, ¿estás dispuesto a matar a tus propios aliados con tal de conseguir la victoria?
Él empalidece. Una mirada al resto de los tributos basta para ver que hay algunos prestando más atención de la cuenta. Es gracioso como todos pretenden ser amigos hasta que alguien menciona la palabra traición. Pero no se puede esperar otra cosa, después de todo son la escoria de los distritos, llevan la traición en sus venas.
No obtengo respuesta. Meneo la cabeza con falso disgusto.
—Bueno, tal parece que tenemos a un tributo que no está dispuesto a luchar. Patrocinadores, ténganlo en cuenta. No les recomendaría que malgasten su dinero en este chico.
La alarma anunciando el fin de su entrevista suena y él regresa a su asiento con gesto contradictorio. Supongo que tendrá muchas cosas en las que reflexionar, y espero que sus aliados, si es que los tiene, también.
Teva, uno de los tributos más extraños que hemos tenido del Distrito Doce, llega luciendo un saco y unos pantalones y sonriendo con timidez. Es lo menos femenino que he visto en mi vida. Sin duda llamará la atención, comparada con todos los intentos de vestidos llamativos que hemos tenido antes.
—¿Cómo estás Teva?
Ella parece sorprendida por la pregunta tan simple, noto como se relaja un poco en su asiento. Sin embargo su respuesta es escueta, un simple "bien" que, aunque causa simpatía a una pequeña parte del público, no le servirá de mucho. Si eso es todo lo que obtendré de ella por las buenas entonces tendrá que ser por las malas.
Sonrío. Esto va a ser bastante interesante.
—Debo ser sincera Teva, la verdad es que cuando llegaste por un momento pensé que alguien se habría confundido el orden y nos había enviado al tributo masculino del doce. ¿Puedo preguntar por la curiosa elección de tu atuendo?
Su sonrisa no hace más que ensancharse, lo que hace que arquee una ceja, intrigada por su respuesta.
—Es simplemente una cuestión de comodidad —admite—. Lo mío no son los vestidos de princesa.
La audiencia ríe encantada con su respuesta.
—Te doy algo de crédito Teva —digo y el público suelta exclamaciones entusiasmado—. Creo que he visto suficientes intentos mediocres de princesas por hoy. Sin embargo hay algo rondando mi cabeza… ¿Es tu atuendo una simple expresión de comodidad o es la masculinidad lo que te resulta más cómodo?
Ella se ruboriza levemente, pero no pierde su sonrisa. Intento no resoplar irritada. Es evidente que meterme con su aspecto no la va a sacar de foco.
—No es algo que deba preocuparte —le digo con falsa ternura—. Aquí en el Capitolio es algo muy común, a diferencia de los distritos donde son tan retrógradas que cualquier cambio es mal visto. ¿Has pensado que vas a hacer si ganas? Las probabilidades son prácticamente nulas, pero algunos dicen que lo último que se pierde es la esperanza.
Los segundos pasan y ella no responde. Repito la pregunta y se sobresalta, aunque no deja de sonreírme, como si mis preguntas no le molestaran y yo le agradara.
—No, no lo he pensado. Intento vivir el momento, después de todo estos podrían ser mis últimos días.
La alarma suena y por primera vez lo agradezco, porque un minuto más y habría terminado clavando las uñas en el rostro andrógino de este tributo para intentar que reaccione un poco.
—Haces bien en recordarlo Teva; estos podrían ser tus últimos días.
Sin embargo si mi comentario le afecta ella no da muestras de ello, a diferencia de su compañero, que llega al escenario mortalmente serio.
—Con ustedes Hyden, el último tributo de la camada que tan amablemente nos han cedido los distritos este año —digo y la audiencia se ríe—. Hyden, ¿algo que decir a nuestra audiencia? Ten en cuenta que han pasado todo este tiempo sentados aguantando entrevistas, algunas más que decepcionantes —me lamento.
— Nada más que agradecerles por estar aquí —responde con seriedad.
La audiencia murmura decepcionada y yo hago lo mismo.
— ¿Nada más? Un agradecimiento es válido después de tan tediosa tarea, pero podrías ser un poco más expresivo ¿no? La verdad es que ya estoy cansada, así que te dejaré hablar a ti. Cuéntale a esta amable gente que ha venido a verte por qué deberías ser tú el próximo vencedor.
Tras unos segundos de silencio empieza un discurso monótono y acartonado sobre el honor que resultaría ser el vencedor, algo que ni la persona más estúpida del público creería. Complacida noto como la atención de la audiencia se dispersa. Siempre sucede lo mismo con el doce. Sus tributos nunca resultan particularmente llamativos y, después de haber escuchado las lamentables actuaciones de otros veintitrés chiquillos cualquier cosa resulta infinitamente más interesante.
Extiendo mi mano y miro mis uñas con desinterés. Cuento hasta sesenta y lo interrumpo.
—Ya, ya —me río falsamente—. Debías convencerlos, no hastiarlos hasta el punto de que quieran suicidarse.
Me mira enojado pero no se atreve a decir nada. Cobarde.
—Todavía nos queda tiempo para una última pregunta. Dime, Hyden, si pudieras elegir ¿cómo te gustaría morir? Y no vale decir "de anciano en mi cómoda casa en mi distrito" porque, en primer lugar nadie creerá que un lugar así pueda resultar cómodo y, en segundo lugar, ya estás aquí, y es más que probable que en poco tiempo estés muerto.
Silencio. No esperaba otra cosa. No es muy difícil descolocarlos y muy pocos tienen el valor de expresar su disconformidad con este hecho.
—¿Nada? Es una lástima porque a mí se me ocurren muchas maneras. ¿Qué opinan ustedes? —pregunto al público y ellos comienzan a gritar entusiasmados. Observo con malicia a Hyden, que aprieta los puños en su regazo, sin atreverse a levantar la vista del suelo.
Murmura algo que suena a "no me gustaría morir aquí" pero lo hace tan bajo que la audiencia no llega a escucharlo.
—¿Qué? Bueno, creo que a nuestro último tributo se le ha ido la voz amigos y no planea hablarnos más.
La alarma suena y él vuelve a su asiento arrastrando los pies, con la moral por el subsuelo espero. A medio camino hago que se detenga.
—Esperamos oír tu voz nuevamente en la arena Hyden. Y si son gritos estoy segura que será infinitamente mejor.
Su rostro se desencaja y todos somos testigos del terror de este chico. Sonrío complacida. Me pongo de pie haciendo que la cola de mi vestido roce el suelo y extiendo los brazos para hablarle a la audiencia.
—¡Estos han sido los tributos de los vigésimo octavos Juegos del Hambre! Apuesto a que no pueden esperar para verlos en la arena —exclamo y la gente empieza a chillar entusiasmada—. Lo sé, lo sé. Yo tampoco puedo esperar. Recuerden quedarse para ver el resumen de las entrevistas y más adelante estaremos con información exclusiva de uno de los sucesos más inesperados y al mismo tiempo emocionante de estos Juegos: ¡las citas de los vigilantes!
La gente aplaude entusiasmada y las luces se apagan dando paso al himno de Panem. Mi trabajo está hecho. He destrozado a la mayoría de ellos. He sacado a la luz penosos secretos, hurgado en heridas sin cerrar y pisoteado el escaso orgullo que podrían tener los repugnantes hijos de los distritos dejándolos expuestos tal como son, criaturas sin ningún valor que serán nuestra fuente de entretenimiento por escaso tiempo.
Y no podría estar más que complacida por ello.
¡Aquí tienen las tan esperadas entrevistas! Como han visto, Venus dista mucho de lo que conocemos con Caesar. La traición de los distritos aún está muy presente y mucha gente todavía tiene el deseo de venganza a flor de piel. Venus, sin duda, es una de ellas. Esperamos que su POV no se les haya hecho muy pesado y que haya cumplido con las expectativas.
Tratamos de incluir el enfoque de los tributos visto desde los ojos de Venus. Como es costumbre de Venus, ha socavado el espíritu de los tributos. No se lo tomen personal, es simplemente parte de la personalidad del personaje.
Venus viene de la pluma de Elenear28, Coraline T, AleSt, Alphabetta y HikariCaelum, en un POV escrito a diez manos.
La portada de esta semana es de Wenyaz.
Finalmente llegamos a la noche previa a los Juegos, y con ello a un capítulo previo el Baño de Sangre, es ahora cuando los reviews son de vida o muerte en el sentido literal. Quienes por el momento se encuentran a salvo (porque sus padres han comentado todos los capítulos publicados) son: Amber, Geb, Arya, Lily, Yuta, Bounder, Mazer, Regulus, Rail, Kenley, Adeline, Zachary, Magdie y Kinsey.
Si el nombre de tu tributo no aparece en la lista, empieza a preocuparte xD.
Es importante para los autores de cada capítulo el recibir feedback personalizado sobre su segmento. Por eso los animamos a dejar reviews no generales sino por personaje. Si quieres ver un ejemplo, abre los reviews de esta historia.
Los reviews con crítica constructiva son bien recibidos, pero si no tienes nada bueno que decir, por favor no digas nada. Muchos autores están empezando y quieren mejorar, no desanimarse.
Preguntas:
1. ¿Qué te pareció Venus? ¿Ha sido lo que esperabas?
2. ¿Cómo crees que tu tributo se siente después de su encuentro con Venus?
3. ¿Quién de las vigilantes (E, Cora, Alpha, Hikari o Ale) crees que narró la entrevista con tu tributo?
4. Bonus: ¿Te atreves a adivinar que parte del POV de Venus la narró cada una de las vigilantes. Si te atreves y aciertas al cien por cien, ganas dos puntos para tu tributo inmediatamente. Cada una tuvo un bloque de 5 tributos, únicamente una tuvo un bloque de 4. Es tu turno de adivinar.
Eso es todo por hoy. Esperamos sus comentarios.
Saludos, las Vigilantes.
