Lamento la demora, aquí les va el chapter.
Capítulo XII
La niebla y Malina
1.-
El beso de Draco era todo menos frío. Hermione no pudo dejar de sentir una corriente poderosa que la recorrió completamente para luego explotar en el centro de su vientre. Su cuerpo la estaba traicionando terriblemente, y él lo había notado. La castaña sintió cómo el rubio sonrió mientras la besaba, y eso la movió a oponerse con más fuerza. Las manos de Draco agarraron las muñecas de Hermione, aprisionándolas arriba de su cabeza.
Ella era justo como él la recordaba. Suave; deliciosamente tersa.
Soltó su boca solo para recorrer el cuello de la castaña, pasando su lengua por él y mordiéndolo. Ella soltó un gemido, y a él no le importó en lo más mínimo si fue de placer o de dolor.
Rompió el beso sin separarse mucho de ella, aún sintiendo el fuego de su cuerpo ardiendo debajo del suyo. De repente, sintió un calor insoportable; era como si en cualquier momento fuera a prenderse en llamas. Casi podía sentir el dolor sobre su piel, y entonces lo comprendió; era ella. Era Niobe, era Hermione...ella lo estaba quemando.
Hermione abrió los ojos y se chocó con aquellos grises que siempre conseguían hacerla temblar. Draco la miró sin decir nada. Había algo en la mirada del rubio que aterró a Hermione. En él había un mar de confusión, algo de ira, furia, odio y a la vez...¿placer? La castaña sentía miedo. Aquel ser que la despreciaba por su sangre se acercaba a ella con un propósito; no era tonta, entendía que él la necesitaba para algo¿pero para qué?
El rubio no pudo desprender sus ojos de hielo de los pardos de Hermione. Le era imposible; en ellos vio nuevamente aquella mezcla de inocencia y de frivolidad a la vez. Era como si en el interior de la castaña coexistieran dos personas diferentes, una débil, y otra temible. Recordaba haber percibido esa letal mixtura antes, cuando combatió con Saskia y la derrotó sin ningún inconveniente. Sí, había algo oscuro en la mirada de Hermione.
Draco volteó su rostro y dejó salir un grito casi inaudible de rabia, como si hubiera cometido el peor de los errores. Se levantó con brusquedad y caminó hacia la puerta. No podía dejar que el fuego lo consumiera, no podía permitirlo. Paró justo antes de salir, y un tono fuerte y firme dijo:
-Te quiero esta noche en mi habitación. Sabes bien lo que te sucederá si no vienes.
Pues bien; él congelaría el fuego.
2.-
Agatha colgó alrededor de su cuello una estrella de cinco puntas con un diamante en el centro. Su cabello largo corrió por sus bellos hombros mientras se colocó la capa negra. El castillo estaba siendo cubierto por una neblina y la noche se acercaba. Su taza herbal ya no podía decirle más de lo que sus ojos podían ver; el momento se acercaba, sus poderes se estaban debilitando.
Lucharé hasta el final, con todas las fuerzas que me queden, se dijo a sí misma. Dos de sus guardaespaldas vigilaban la puerta de la gran habitación de la bruja medieval, mientras que una de sus criadas humedecía la frente de la joven recientemente encontrada. Al lado de la chica estaba un hechicero milenario. Sus ropas holgadas y sus gafas lo hacían ver bastante desaliñado, pero en sus ojos había algo de sabiduría inverosímil e inigualable.
-Majestísima.- dijo el hechicero a Agatha. – Esta chica está sufriendo una transformación.
-¿Transformación dices?- inquirió Agatha. – Por Merlín¿qué le ha hecho el bosque a esta pobre chica?
-Ojalá pudiera decirle más, pero no conozco todos los misterios del bosque. Solo sé que esta criatura ha dejado de vivir hace mucho tiempo, y sin embargo, respira.
-¿A qué te refieres?- dijo Agatha tomando un semblante de preocupación.
-Me refiero a que, lo que corre por sus venas ya no es sangre, y que su corazón ha dejado de latir. Sin embargo, sus pulmones funcionan, y recargan aire extra que ningún humano podría obtener con un solo respiro. Literalmente Majestísima, esta chica está hecha de aire.
Agatha fijó sus ojos negros en Elisa.
-Le agradezco su ayuda Yoglan, cuidaré de ella hasta que despierte, y lo mantendré informado.
El hechicero Yoglan caminó acompañado por una criada a la salida de la habitación. Agatha se mantuvo en silencio, observando a la chica que reposaba sobre su cama.
-Te vi, bella mujer de cabellos blancos, mucho antes de que hubieras nacido. Y como las hierbas nunca mienten, debo asumir que me queda poco tiempo...
3.-
Harry cabalgaba lentamente a la cabeza del grupo. Los seis amigos avanzaban en silencio, imperturbables; o al menos así querían aparentarlo. Ron había notado desde hacía ya algunas horas que una neblina se avecinaba, y sabía que los demás lo habían notado también. Conforme pasaba el tiempo, la neblina subía y ya no se podía ver el suelo. El pelirrojo se colocó al lado de Luna, para mantenerla vigilada.
-Voltea a la derecha Harry.- dijo Luna mientras tarareaba una canción.
-¿Por qué?- dijo el moreno.
-Porque a unos cinco metros hay un pozo sin fondo y si continuamos caeremos.
-Es una buena razón.- dijo Fred.
-El ojo de Dragón no se ha encendido.- dijo George mirando el cuello de su hermano.
-Dudo mucho que un ojo pueda ver peligro con esta neblina.- argumentó Ron.
-Opino lo mismo que Ron.- dijo Harry. – Confío más en los instintos que últimamente Luna ha desarrollado que en el objeto que nos dio Agatha.
Harry abanzó a la derecha, seguido por George, Fred y Ron. Luna no volteó ni continuó, se quedó estática. A unos metros Ron giró para observarla, y los otros lo imitaron.
-Luna¿qué estás esperanddo?- dijo Fred.
-Un momento...- dijo George tomando un semblante pálido. - ¿En dónde está Ginny?
Luna volteó y los miró fijamente con sus ojos grandes y azules.
-Oh, oh...- dijo como una niña que acaba de cometer un error. – Ginny está acercándose a los árboles de tronco torcido...
4.-
Hermione se sentía bien, pero sus fuerzas fueron decayendo en cuanto la luz del sol se fue poniendo. Pronto oscureció, y el llamado de Draco se le hizo cada vez más poderoso. Tenía que ir, no le quedaba opción alguna. ¿Qué querría? Era imposible adivinarlo. ¿Por qué la había besado tan ferozmente? Nadie lo sabía. ¿Estaba jugando? Claro, no podía ser otra cosa. Ella era una asquerosa esclava, y quizás era así como los Malfoy se divertían. Entonces¿la estaba usando para divertirse¿y qué debía hacer ella¿reclamarle¡Como si pudiera! Jamás, tendría que soportar ser utilizada. Solo Draco podía ayudarla a recuperar la memoria, y por lo tanto, ella estaba en sus manos.
- ¿Por qué tiene que ser así?- susurró para sí misma.
Draco Malfoy era un joven sumamente atractivo, inteligente, talentoso y millonario; entonces¿por qué era tan vil y cruel¿qué le había hecho el mundo a él para que guardara tanto odio hacia todo y hacia todos?
-No, no odia a todos.- se dijo, recordando la pequeña caja que había encontrado poco tiempo atrás.
Él guardaba fotos y recortes de Narcisa, su madre. ¿Significaba eso que, quizás, después de todo, había algo de bondad en él? Draco Malfoy era un misterio, un enigma temible y a la vez impresionantemente interesante. Hermione no quería admitirlo, pero en aquel mundo de oscuridad, en donde ella no recordaba a nadie a quién querer...él era la única persona a la cual le debía más que un favor, y por la que estaba empezando a sentir más que respeto.
El reloj tocó la media noche. Hermione tembló de pies a cabeza, pero sabía perfectamente lo que debía hacer.
- Tengo que ir.
5.-
Ginny no sabía en qué momento se había alejado del grupo, solo sabía que ya la luna había aparecido, que la niebla había subido a tal nivel que no le permitía ver absolutamente nada, y que estaba empezando a sentir frío.
La pelirroja avanzaba lentamente con su corsel, la niebla le nublaba toda la vista y le impedía observar lo que se encontraba cerca. No hay nada peor que no saber lo que hay alrededor, por eso para los niños, la oscuridad es el elemento más peligroso que existe.
-¡Freeed!...!Geoooorge!... ¡Ronaaaald!...!Lunaaa!... ¡Haaaary!..- gritaba escuchando su propio eco. - ¿En dónde están?
Ginny volteó la cabeza bruscamente cuando escuchó una rama romperse a sus espaldas. El corsel se mantenía estático.
-¿Hay alguien ahí? – preguntó con voz baja pero firme.
No hubo respuesta.
La pelirroja se bajó del corsel y caminó lentamente hacia donde había escuchado el sonido. La niebla no le dejaba ver nada, pero pronto pudo ver lo que el manto de nubosa no le permitía. Un árbol no muy grande con tronco torcido estaba a unos metros de ella.
Un árbol...quizás solo el viento provocó el sonido.- se dijo en voz alta mientras se acercaba. Con su mano derecha acarició el tronco. – Es increíblemente suave...
De repente algo sucedió. Ginny no pudo separar su mano del roble, y aunque lo intentó desesperadamente le fue imposible. Su mano, blanca y tersa, tomó forma de madera mientras que su brazo lentamente se convertía en parte del tronco.
-¡No!- gritó Ginny aterrada.
Pero entonces, el tronco cambió de color. Su tonalidad antes fuerte y vigorosa, palideció como si se tratara de un humano. Escupió la mano de la pelirroja mientras Ginny caía al suelo aterrada. Sus ojos miel observaron al árbol palidecer como si estuviera enfermándose, y luego torcerse aún más de lo que ya estaba.
La pelirroja se arrastró para alejarse del horrible árbol, pero pronto se vio obligada a detenerse. Una terrible punzada en el centro de su cabeza la hizo retorcerse del dolor y gritar agudamente mientras se sostenía la cabeza en el suelo. Imágenes sin sentido llegaron mezcladas en su cabeza: un campo lleno de lirios rojos, sangre, calaveras, gritos, y unos ojos miel...un rostro familiar...rizos pelirrojos, ella misma...sonriendo, riendo a carcajadas..Y una voz...
"He vuelto"-¡Noooooo!- gritó desesperada. Y abrió los ojos. Harry la apretaba contra su pecho con fuerza mientras sus ojos verdes se clavaban en los de ella.
-Soy yo, tranquila; todo estará bien.
6.-
Draco estaba sentado en el borde de la ventana de su cuarto, observando la neblina que cubría el bosque aquella noche. Sus ojos grises brillaban con el plateado reflejo lunar, y su piel, blanca como la de un ángel, parecía más perfecta de lo normal. ¿Ser atrevería a no venir? No, no era tan tonta como para desafiarlo de tal manera. Esperaría unos minutos más; y si no aparecía, él iría por ella personalmente.
Pero entonces el sonido de la puerta entreabriendose lo sacó de sus pensamientos.
Hermione asomó sus ojos marrones por la apertura de la puerta, y vio al rubio sentado, majestuosamente, frente a la ventana. La habitación estaba oscura, la única luz que penetraba era la de la luna por medio de los cristales de las ventanas.
-Entra.- dijo Draco secamente.
La castaña entró y cerró la puerta. Se mantuvo allí, estática, mirando hacia abajo. Draco la observó desde la ventana. Cuánto la detestaba; era tan insignificante. Entonces¿por qué la quería tener cerca de todo momento? Necesitaba observarla, tenerla bajo su comando. ¿Qué era lo que le atraía tanto de ella¿Era acaso el deseo indomable de poseerla por completo?
- Acuéstate.
Repentinamente la castaña levantó la mirada y clavó sus ojos marrones en los grises que la miraban desde lejos.
-¿Perdón?- dijo asombrada.
-Que te acuestes.- dijo Draco con severidad mirando hacia su cama.
Hermione bajó la mirada sin comprender en lo absoluto lo que el rubio pretendía. Caminó hacia la cama y se sentó primero en ella. Su cuerpo temblaba, había algo que no le agradaba de todo aquel asunto.
-Quiero que te acuestes, no que te sientes.- ordenó Draco.
Hermione se fue acostando poco a poco, hasta que todo su cuerpo por completo estuvo reposando sobre la gran cama del mortífago.
Desde allí, Hermione solo podía observar el techo. Pero aún así escuchó la voz de Draco.
-Ahora respóndeme Niobe¿te sientes protegida junto a mí?
-No siento nada.- respondió ella friamente.
Un silencio se esparció por la habitación. Hermione permanecía estática sobre la cama, mirando al techo. Entonces escuchó nuevamente la voz del rubio, pero esta vez provenía de un sector mucho más cercano a donde ella se encontraba. Tuvo que haberse movido ya de la ventana.
-Qué sucedería si te digo que me cansé de ayudarte a recordar tu pasado sin pedir nada a cambio – demandó el rubio.
-Te diría que me digas qué quieres de mí.- respondió ella.
Hermione sintió que Draco se había subido a la cama. Sin embargo, ella no movió la vista del techo. Su corazón bombeaba con rapidez y sentía que pronto explotaría en mil pedazos.
Pronto sintió el calor del aliento del rubio en su cuello, y luego ascender hasta su oído.
-Y si te digo que a cambio de mi ayuda, quiero tu cuerpo.
Ni todos los sabios del mundo mágico podrían haber convencido a Draco de que escucharía por boca de Hermione Granger lo que escuchó.
- Te diría que lo tomaras.
Draco no pudo decir nada, aún no podía creer lo que ella le estaba diciendo. Hermione se mantuvo en silencio y mirando al techo, dentro de sí estaba convencida de que lo màs importante era descubrir su pasado; poco le importaba ya lo que le sucediera. Lo que no conseguía comprender era por qué un mortífago joven y letal como Draco quería poseer el cuerpo de una sangre sucia. ¿Por qué quería tenerla precisamente a ella?
Pero mientras Hermione analizaba su situación, Draco la observaba en la oscuridad con un placer egoísta y macabro. No podía creerlo; Hermione Granger estaba en su cama, y él podría hacer lo que quisiera con ella. La fiel amiga de Potter y Weasley le pertenecía, y ¿qué podía ser más placentero que destruirla para así destruirlos a ellos? Lo había decidido en la tarde, cuando la besó y una viva llama intentó quemarlo: tenía que poseerla totalmente, convertirla en su esclava de todas las maneras posibles. Draco tenía tantos deseos de destrucción que no conseguía pensar en otra cosa que no fuera herir a Hermione.
Y lo haría, apagaría esa llama peligrosa de una vez por todas.
Antes de que Hermione pudiera prepararse sintió la fuerza de los labios del rubio sobre los suyos. La lengua de Draco penetró en su boca con furia, dejándola lanzar un gemido mientras él paseaba sus manos por su cuerpo. Su mano derecha irrumpió en la apertura del kimono, tocando así los muslos de la castaña, y subiendo.A Draco le importaba poco que fuera virgen, mucho menos le importaba saber si ella estaba disfrutando: lo único que quería era tomar todo lo que pudiera de ella, y así, dejarla sin nada. Hermione arqueó su espalda al sentir el cuerpo del rubio sobre ella, sus manos seguían tocándola toda, intentando encontrar aperturas en el kimono que le permitieran más contacto. Pronto sintió la erección del rubio golpear su pelvis, y un electrizante sentimiento llenó su vientre de algo extraño. Lujuria.
Draco mordió el cuello de la castaña mientras seguía explorando aquel cuerpo que tanto deseaba. Sí, tenía que tomar todo lo que pudiera, todo. Hermione corrió sus manos por la espalda atlética del rubio, pero entonces él las apartó tomando las muñecas de la castaña y colocándolas arriba de su propia cabeza, aprisiónandolas.
-No te atrevas a tocarme.- dijo el rubio mientras seguía besando el cuello de la castaña.
No, ella no tenía derecho a tocarlo en lo absoluto. Solo él tomaría; y la función de ella era únicamente dejarse tomar.
Draco arrancó el kimono de Hermione, dejando el cuerpo de la castaña completamentee expuesto. Cada centímetro de la piel que él tocaba era una llama ardiente de fuego que lo quemaba. Hermione observó cómo él se despojaba de su capa de mortío, y luego de su camisa. La piel blanca de Draco brillaba como la de un ángel, y en aquel momento no le habría sorprendido para nada que le salieran alas de la espalda. El rubio no despegaba sus ojos grises de ella, quería recordar cada centímetro del cuerpo que ahora le pertenecería para siempre. Era hermosa, y eso por alguna extraña razón lo enojaba. No quería que fuese hermosa, quería que fuera repugnante, justo como él la consideraba.
Justo antes de penetrarla le susurró al oído:
Siempre mía.
7.-
Luna tarareaba una canción sobre su corsel seguida muy de cerca por Ron. La neblina no les dejaba ver nada, pero esto parecía no importarle en lo absoluto a la rubia. Era como si esa clase de problemas terrenales no estuvieran a su altura. El bosque era aún más peligroso y tenebroso que nunca en aquella oscuridad. Era imposible ver más allá de lo que permanecía cerca, y aquello significaba una desventaja terrible en comparación con las otras criaturas monstruosas que podían estar escondiéndose tras la neblina.
-No puedo creer que nos hayamos separado de los demás.- dijo Ron molesto. – Ahora no solo hay que encontrar a Ginny, sino a Fred, George y Harry.
-Los encontraremos.- dijo Luna sonriéndole.
-No comprendo cómo puedes estar tan tranquila.- dijo Ron
Pero Luna no respondió, sus ojos se quedaron fijos en un punto lejano, como si pudiera ver algo impresionante.
-¿Luna?- preguntó Ron extrañado.
La rubia se bajó de su corsel y corrió a través de la niebla.
-¡Luna no!- gritó el pelirrojo.- ¡Diablos!
Ron se bajó de su corsel también e intentó seguirla, pero la neblina provocó que la perdiera completamente de vista.
-¡Lunaaaaa¡Maldición!
8.-
Harry abrazaba a Ginny contra su pecho mientras sus ojos verdes se mantenían clavados en el roble de tronco torcido. Recordaba perfectamente las palabras de Luna. Ahora más que nunca confiaba en sus predicciones.
-Creo que los árboles de tronco torcido se tragan a las personas.- dijo el moreno. – A eso se refería Luna todo este tiempo.
Ginny sollozaba silenciosamente, aún aterrada por las imágenes recientemente vistas. Era Samantha, lo sabía; era Samantha anunciando su llegada.
Ginny empujó a Harry se levantó sola, secándose las lágrimas antes de que el moreno pudiera verlas. Sacó una flecha de su arco y la lanzó al árbol ya de por sí lastimado. Varios gritos se escucharon cuando la flecha atrevesó la madera.
-Asquerosa naturaleza, nunca me gustaste.- susurró para sí misma.
Al voltearse se encontró con los ojos severos de Harry, que brillaban como esmeraldas debajo de algunos mechones negros.
-O eres ingenua, o eres estúpida.- dijo el moreno acercándose a ella. - ¿En qué estabas pensando alejándote de nosotros? Mucho peor con lo que nos dijo Agatha hoy.
Ginny lo miró sumamente molesta.
-Mira Harry, yo no me desaparecí porque me pareció divertido vagar sola por un bosque asesino. Sí, me encanta arriesgarme a la muerte como ya lo sabes, pero esta vez, no lo hice por placer.- dijo la pelirroja sarcásticamente mientras se daba la vuelta, pero Harry la tomó por el brazo y la obligó a voltearse, quedando ambos tan cerca el uno del otro que pudieron sentir sus alientos mezclarse.
-Deja el sarcasmo Ginny, no te queda bien. Te lo dije antes de entrar al bosque, te dije que no quería que vinieras. Debiste escucharme desde un principio, ahora eres una carga más que soportar en este camino.
-En todo caso no seré tu carga.- dijo Ginny soltándose con brusquedad. – Tú y yo ya no tenemos nada desde hace un año¿recuerdas? Deja el peso de la carga sobre los hombros de mis hermanos.
-¿Nunca vas a madurar verdad?- le dijo Harry enfadado
Ginny caminó nuevamente hacia él cortando todo tipo de distancia, sus narices se rozaron.
-Ya maduré Harry; maduré cuando me dejaste sola. Qué lástima que nunca te diste cuenta.
9.-
Fred y George cabalgaban juntos con sus corseles, gritaban los nombres de sus amigos para intentar encontrarlos, mas con la neblina les era imposible. Ya llevaban una hora perdidos, y estaban comenzando a desesperarse.
-¡Maldición! Tenemos que encontrar a los demás ahora mismo.- dijo George molesto. Su cabello pelirrojo estaba disperso con algunos mechones cayendo por su frente. – ¿Qué sucede Fred?
Fred se había detenido bruscamente, y miraba a un punto fijo en la niebla. En su rostro había entre emoción y melancolía. Tardó unos minutos en responder a su hermano.
-George, creo que esta no es una neblina normal….
George cabalgó al lado de su hermano, y entonces, ya cerca de él, pudo ver que al frente, no muy lejos, en la neblina se levantaba la imagen clara de Molly Weasley, sonriendo y llamándolos.
-No es mamá, es un truco del bosque.
-Es la niebla.
-Nos hace ver lo que queremos ver, lo que más extrañamos. – dijo George por fin comprendiéndolo todo. – Fred, tenemos que encontrar a los demás ahora mismo. Ellos no lo saben, podrían confundirse…
-Y no quiero saber qué sucede si nos acercamos a esas alucinaciones.- argumentó Fred temeroso.
-Yo menos.
Pero no pudieron ver a Ron, que caminaba no muy lejos de donde ellos habían estado, buscando a Luna entre la niebla.
-Maldito bosque.- dijo mientras caminaba.
Fue entonces cuando, atravesando la neblina, vio a Luna tirada en el suelo, con su cabello rubio esparcido sobre la tierra como un manto dorado.
-¡Luna!- gritó Ron corriendo hacia ella.
El pelirrojo tomó a la rubia entre sus brazos, y unos minutos después Luna abrió los ojos, mostrando la belleza pura de su color azul.
-Ron..- dijo con una voz débil.
-¿Qué te sucedió Luna?
La rubia levantó su mano y acarició la mejilla de Ron, sus ojos azules seguían fijos en los de él. Sonrió dulcemente.
-Ron¿me quieres?
La pregunta golpeò al pelirrojo con fuerza. La miró extrañado y le costó responder.
-Sí, ya sabes que te quiero.
Luna sonrió y se inclinó levemente, acercándose con lentitud a los labios de Ron. El pelirrojo no se movió, sus ojos estaban fijos en los labios de la rubia.
-¡No!- gritó una voz a lo lejos.
Ron volteó y vio a la verdadera Luna a unos metros. Cuando regresó la mirada se dio cuenta de que lo que tenía al frente era un espectro. La criatura gritó agudamente, obligando a Ron a taparse los oídos.
-¡Vete ya!- gritó Luna corriendo hacia Ron, y en cuando se acercó, el espectro huyó lejos.
-¿Qué fue eso!- exclamó Ron.
-Es la niebla, nos hace ver cosas que deseamos o queremos para engañarnos.- dijo la rubia. – Lo supe en cuanto vi a Hermione por la niebla. Supe que no era ella.
Ron no dijo nada. Se levantò bruscamente y luego miró a la rubia.
-Eso es ridìculo, para qué te vería a ti..
Luna lo miró y sonrió.
-Si tú no lo sabes, no esperes que yo lo sepa.
10.-
Hermione sintió un dolor profundo cuando Draco la penetró, y aún más cuando lo sintió moverse dentro de ella. Sin embargo, el sentimiento poco a poco fue cediendo, y pronto ya no hubo más dolor. Muy por el contrario a lo que ella esperaba, una explosión de placer llenó cada parte de su cuerpo. Y por alguna extraña razón sintió que aquello lo había vivido antes de alguna manera, y aunque sabía que aquello era imposible porque era virgen, era como si el cuerpo del rubio y su cercanía le fuera familiar. Sin duda alguna estaba loca, aquello era simplemente imposible.
Draco sentía un placer inexplicable cada vez que entraba en ella. Sabía que la estaba burlando, que la estaba destruyendo sin que ella lo supiera. Estando con ella, derrotaba a Potter, a Weasley y a todos a quienes siempre odió. Con un gemido terminó encima de ella, y aspiró su aroma, el olor a triunfo antes de quedarse profundamente dormido.
11.-
Harry y Ginny caminaban sin decirse nada el uno al otro. La niebla no había cedido en lo absoluto y el frío comenzaba a golpear sus cuerpos con fuerza.
-Necesitamos encontrar un lugar para dormir. – dijo Ginny.
-Primero tenemos que encontrar a los demás.- dijo Harry
-Pero estàn perdidos.
-Y lo seguirán estando si dejamos de buscar.- argumentó el moreno.
-¡Ginny¡Harry!- dijo Luna apareciendo entre la niebla seguida de Ron. – ¡Por fin los encontramos no puedo creerlo!
-¿Estás bien Ginny?- preguntó Ron
-Sí estoy bien, no pasa nada. ¿En dónde estàn Fred y George?
-Se perdieron también.- dijo Luna. – Escuchen, la niebla, es peligrosa. Nos hace ver lo que más queremos ver para atraernos. Así que no crean en nada de lo que ven por favor.
-Eso es un complicado.- dijo Ginny pasando su mano por el cabelllo rojo sangre.
-Allí estàn.- dijo Harry caminando a travès de la niebla.
El moreno llegó a un claro, y allí vio a Fred y a George. Los gemelos se voltearon y miraron aliviados al resto del grupo.
-Al fin.- dijo Fred suspirando. – Estaba comenzando a aterrarme. Un momento¿son ustedes verdad?
-Sí, somos nosotros. – dijo Ron.
-¿Ya descubrieron que la niebla crea alucinaciones?.- preguntó Fred.
-Sí, ya lo descubrimos.- dijo Ron mirando a Luna y provocando que ella se sonrojara.
Los seis amigos se montaron en los corseles que quedaban. El de Ginny se había perdido al igual que el de Luna así que ambas tuvieron que subirse en el caballo de otro. Ginny se subió al de George, y Luna al de Ron.
-Tengo una pregunta hermanito.- dijo Fred
-Dime. – respondió George.
-Yo vi a mamá, pero¿quién era esa chica de cabello negro y ojos azules que viste entre la niebla¿La conozco?- inquirió en tono burlón.
-No, y nunca lo harás.- dijo George con una seriedad poco característica de él.
Fred no siguió preguntando, sintió muy dentro de sí que el recuerdo de aquella chica, fuera quien fuese, lastimaba a George de una forma bastante peculiar.
12.-
Hermione abrió los ojos con la luz del sol brillando sobre su rostro. Al principio no pensò en nada, pero pronto recordó lo que había sucedido la noche anterior, y que estaba en la cama de Draco Malfoy. Se sentó en la cama con brusquedad: no había nadie. Tomó su kimono y se lo colocó debidamente. Necesitaba salir de allí inmediatamente, por alguna razón no quería ver a Draco.
Cuando estaba a punto de salir la puerta de la habitación se abrió, y sus ojos marrones de chocaron con los grises del rubio. Draco la miró con un semblante indiferente, cerró la puerta tras de sí y caminó hacia su closet para sacar una capa de mortífago.
-Ve a la sala y quédate junto a Brena.- le ordenó el rubio sin siquiera voltear a verla. La trataba igual que antes, o quizás con más frialdad.
-Esta bien.- dijo ella.
Hermione caminó hasta la puerta y salió. Al cerrarla se apoyó en ella ya afuera y se tapó la boca para no gritar. Sí, tenía un grito ahogado en la garganta, y le dolía.
Trató de despejar su mente y tranquilizarse. Bajó las escaleras de marmol negro arreglándose el cabello en una rosca y cuando llegó a la majestuosa sala Malfoy vio a Brena parada en la eentrada.
-Hoy no va a ser un buen día.- dijo Brena mirando a Hermione.
-¿Por qué lo dices?
-Alguien va a venir a quedarse de huesped. Lucius mandó a algunos criados para que arreglaran una habitación en la plata alta, he visto a los amigos de Draco, Blaise y Jack pasearse discutiendo sobre algo o alguien. No sé quién es esta persona, pero parece importante.
-No lo comprendo¿para qué nos tienen aquí?- preguntó Hermione.
-Porque somos las esclavas personales de Draco. Supongo que por cuestión de protocolo y seguridad debemos resguardar la puerta.
Brena abrió la gran puerta de la sala que daba al patio exterior del castillo y se colocó en el lado derecho.
-Anda a la izquierda.
Hermione se puso al pie del lado izquierdo de la entrada.
-Quiero que te encargues de ella, será tú responsabilidad de ahora en adelante.- dijo Lucius bajando las escaleras seguido por Draco. Ambos, mortífagos, dejaban volar sus capas con elegancia.
-No tengo problema en encargarme de ella. Es una Malfoy, sabe estar a la altura.
Draco y Lucius atravesaron la sala y salieron por la puerta. Draco ni siquiera volteó a mirar a Hermione.
-Bueno.- dijo Brena.- Ahora sabemos que es una mujer, y que es parte de la familia.
Hermione miró hacia fuera. Draco y Lucius continuaban discutiendo.
-Puede ser que sea una Malfoy, Draco, pero no posee altura eso te lo aseguro. Olvida ya que es tu prima favorita y olvida esos lazos que te han unido siempre a esa mocosa. Las cosas han cambiado, y ella reniega de su apellido y por lo tanto, de su familia.- dijo Lucius molesto.- Si la traemos aquí, es porque lo que ya te expliqué. Hay que tenerla vigilada.
-Tendrá que entender en algún punto que esta guerra es necesaria.- dijo Draco. – Ella es inteligente, lo comprenderá en algún momento.
De repente, las grandes puertas que daban al bosque de Tirania se abrieron de par en par. Un carruaje negro con figuras barrocas entrò conducido por dos enormes pegasos. Hermione nunca había visto algo tan hermoso.
-Llegó.- dijo Brena observando con curiosidad.
Un hombre bajito y con barba bajó y abrió la puerta del carruaje. Lo primero que vio Hermione fue una mano exquisitamente blanca, con un anillo de brillantes, apoyándose en la mano del hombre para bajar. Luego pudo ver unas zapatillas negras y magníficas, que salieron para pisar el suelo fuera del vehículo. Los ojos marrones de Hermione brillaron cuando un enorme y hermoso vestido rojo color sangre cubría las zapatillas, y mostraba a una joven de no más de 16 o 17 años, de piel blanca como la leche, labios rojos, cabello negro y lacio hasta la altura de los hombros, y ojos grises que inevitablemente la identificaban como parte de la familia Malfoy. La muchacha miró la inmensidad del castillo que tenía al frente con el rostro totalmente inexpresivo, y luego posó la mirada en Lucius mirándolo con desagrado.
- Bienvenida, Malina.
