¡Alguien ha pedido un capítulo calentito con doble de porno y algo de sadismo! Bienvenida al grupo, supersayana. La verdad, llegas cuando va a empezar la acción. Estaba un poco lento el fic, pero ahora es cuando empieza el sangrado. Sí, Love... Zelena es una pervertida, por supuesto... está todo sexy con su piel verde. ¡Espero haber calmado tus ansias con este cap! Al menos un poco XD
Zelena
Abrí los ojos gimiendo dulcemente, tumbada en la cama de aquella cabaña. El hechizo que me había lanzado la noche anterior no había desaparecido y Cruella había decidido alegrarme la mañana. Su lengua recorría mi falo golosamente. Yo me fingí aún dormida mientras ella seguía saboreándolo. Pero fui traviesa y en el momento en que iba a explotar la cogí de la cabeza y tiré hacia arriba para llenarle el rostro de mi curioso regalo.
_ Eres una puta._ Dijo, de mala manera, mientras cogía los restos de su cara y se los llevaba a los labios._ Me has engañado cómo has querido.
_ Vamos... no te deprimas, encanto._ Dije, guiñándole un ojo._ No he podido evitarlo.
_ Te perdonaré... cuando me hayas compensado._ Dijo ella, empujándome para que me volviese a tumbar en la cama. Sin darme más tiempo para pensar se deslizó sobre mí y se empaló de un sólo envite, gimiendo de puro goce._ La tienes enorme... especialmente para ser una mujer.
Atrapé sus pechos mientras ella comenzaba a cabalgar sobre mí, lanzando hondos gemidos. Me incorporé como pude y junté sus pechos, llevándome ambos pezones a los labios. La mordí con furia, sacándole un hondo grito de dolor. Cruella gimió, ofuscada, y se aferró a mí con fuerza, empalándose sin piedad alguna hasta que, una vez más, mi cuerpo no dio más de sí y la llené del fuego que recorría mis entrañas.
Agotadas, nos dejamos caer sobre la cama. El cansancio me haría tardar mucho más tiempo del debido en hacerme la pregunta clave, la pregunta obvia que debía hacerse... ¿Dónde estaba Maléfica?
Lacey
_ ¿La encontraste tirada sin más en el bosque?_ Pregunté, mientras echaba un vistazo a la rubia que yacía sobre la cama.
Ruby había hecho un buen trabajo en su oficio. Ella "cazaba" para mí. Buscaba a jóvenes almas descarriadas en el pueblo, quizá pacientes de Regina que habían salido antes de tiempo, como el caso de aquella joven. Luego ya me encargaría yo de convertirlas en sumisas y serviles fulanas como mis clientes deseaban.
_ De modo que... Emma Swan._ Dije, mientras revisaba su cartera. No había dinero ni tarjetas de crédito, de hecho, había poco más que un permiso de conducir y no llevaba llaves de un coche siquiera._ La clásica chica sin nada que perder... no creo que se resista mucho. En dos días la tendré comiendo pollas por cuatro perras... Venga Ruby, desnúdala.
Ruby no fue exactamente delicada a la hora de cumplir aquella orden. Hizo girones la camiseta de Emma y tiró de los pantalones hasta que salieran sin desabrocharlos. No quiero ni mencionar lo que hizo con las botas. Me acerqué a mi escritorio y saqué un frasco y una jeringuilla. No tardé en rellenarla. Aquel potente afrodisíaco había acabado con más mentes de las que pudiese contar. Regina no era la única que tenía trucos bajo la manga.
Puse a Emma boca abajo y le di un azote en el trasero para enrojecérselo. Eso la despertó y chilló, tratando de ubicarse. Pero Ruby la había sujetado con unas correas y no pudo rebelarse en demasía. Tenía la jeringuilla justo a un par de centímetros de su trasero cuando noté algo metálico y frío clavarse en mi cuello.
_ Dame esa jeringuilla, Lacey... o te vuelo la tapa de los sesos, y no estoy de farol.
Me giré, con las manos en alto, y me vi cara a cara con Regina. La pistola daba miedo, pero nada que envidiar a sus ojos. Ojos fríos, perversos y diabólicos. No, no estaba de farol, iba a disparar. Le dejé la jeringuilla en la mano y di un par de pasos atrás.
_ Vamos, Regina, cálmate... ¿Qué te pasa?
_ Qué ibas a destrozar a Emma... eso me pasa._ Dijo, muy seria. La rubia permanecía callada._ ¿Acaso te crees que es una más de las chicas que tienes en el club?
_ ¿Es paciente tuya? Vamos, Regina... no hace falta que dispares a nadie... sabes que soy tu amiga... Podemos hablar de negocios. ¿Cuánto quieres? ¿10... 20 de los grandes? Puedo pagar, lo sabes._ Dije, temblando.
_ No es una cuestión de dinero, Lacey. Emma se viene conmigo._ Dijo, podía ver como su dedo tamborileaba sobre el gatillo.
_ Vale... vale... llévatela si quieres... ya encontraré a otra que la sustituya._ Me di cuenta de que era un error decir aquello un segundo más tarde de lo debido.
El sonido de los disparos se me clavó en los oídos antes de que las balas impactasen sobre mis piernas y mi brazo izquierdo. Perdí las fuerzas al instante y me desplomé. Ruby no se quedó en silencio. Se lanzó sobre Regina, pero ella consiguió reducirla con sorprendente facilidad. La miró a ella y luego me miró a mí.
_ Vamos a ver qué tal te sienta que te den un poco de tu propia medicina._ Dijo la morena.
Sin pensárselo un segundo clavó la jeringuilla en la espalda de Ruby y vació su contenido. Ruby se cayó al suelo, desorientada. Regina desató a Emma, que estaba muda de puro shock, y se la colocó al hombro para acto seguido salir de la habitación. Yo sentía como empezaba a desangrarme.
El dolor era intenso, penetrante. Y lo único que podía mover era el brazo. Intenté alcanzar mi escritorio, e incluso rocé mi móvil. Pero este se deslizó por el borde del escritorio y se cayó al suelo, abriéndose y separándose todas las partes. Resultaba imposible volver a recomponerlo con una sola mano.
_ ¡Ruby!_ La llamé._ ¡Necesito una ambulancia... ayúdame!
Pero cuando se giró supe que no estaba entre sus planes. Sus pupilas se encontraban tremendamente dilatadas, y una sonrisa de perversa fascinación había aparecido en su rostro. Sabía lo que venía a continuación, pero dudaba que me gustase en lo más mínimo. Ruby se me lanzó encima, y, como un animal, arrancó mi camiseta con los dientes, abalanzándose sobre mis pechos.
Yo grité de dolor mientras ella los seguía mordiendo. Eran verdaderos mordiscos, no un jugueteo, y ella seguía mordiendo, dejando sus marcas por todo mi pecho. Intenté apartarla con mi mano sana, pero ella siempre había sido mucho más fuerte que yo. Era mi bestia, después de todo.
Había tanto dolor dentro de mí, que el placer quedaba en un segundo plano. Mi sangre había comenzado a formar un charco que manchaba mi pelo y mi ropa, pero Ruby estaba tan drogada que no parecía darse cuenta. Se deshizo de mi pantalón y descubrió con deleite que no llevaba ropa interior. Su lengua se coló dentro de mi sexo posesivamente, mientras me tomaba del trasero con ambas manos y empezaba a lamerlo con furia. Yo grité de puro dolor, sintiendo como mi consciencia comenzaba a embotarse.
Derramarme fue tremendamente doloroso, pero pareció satisfacer a Ruby. Que sin embargo quiso su parte y tomó mi cabeza con ambas manos para forzarme a lamer su sexo bajo la falda. Al ver que no cooperaba comenzó a usar mi nariz para darse placer en un acto de pura indecencia. Se derramó sobre mi cara sin aviso, y estuve a punto de ahogarme. Fue entonces cuando sacó su móvil y se decidió a llamar a emergencias, cuando pareció recuperar algo de cordura, al menos.
Regina Mills
Le coloqué mi chaqueta encima a Emma y la llevé a casa. Pero se mantuvo silenciosa durante todo el trayecto. Sin embargo, noté como su mano cogía la mía y la acariciaba cuando solté la palanca de cambios. Eso me reconfortó. El simple hecho de que no quisiera saltar del coche en marcha me animaba. Aparqué y miré la casa, y luego a Emma.
_ Aún puedes entrar si quieres... es el lugar más seguro de la ciudad... Quizá quieras pasar la noche en tu dormitorio... Yo... prometo que no te haré nada..._ Dije, en un susurro._ Pero dime... ¿Cómo has acabado así?
_ Mallory me atacó... ella y otras dos mujeres... Una que se llamaba Cruella... y otra... no sé su nombre... pero tenía la piel verde. Ellas sacaron algo de mí..._ Dijo, aún temblando, y dudaba que fuese sólo por el frío._ Algo dorado...
_ Magia..._ dije, mirándola._ ¿Cómo podías tener tú magia?
_ Ahora suena como si tú estuviese loca... aunque ya nada puede sorprenderme._ Dijo ella, apartando la mirada._ Alice dijo algo sobre que yo era... la salvadora, o algo así.
Eso que dijo cambió todo de una forma radical. Ella era la salvadora, y por eso estaba en el pueblo. De haberlo sabido el primer día, lo más probable es que la hubiese asesinado. Pero ahora lo cierto es que mis sentimientos hacia ella eran reales. Durante mucho tiempo me había dicho que era sólo puro sexo... y sabía que no era cierto.
_ Sé que sigue sin compensar todo lo que he hecho pero... me disculpo una vez más._ Dije, tomando su mano.
Emma me miró a los ojos, y sentí como un calor me envolvía. Mi mano estaba brillando. Más magia... de algún modo, Emma aún conservaba un poco para mí. Sentí como corría por mis venas, y separé la mano, quedándome un segundo embelesada mirándola, como si mi mano fuese algo completamente nuevo.
_ Parece que ellas no eran las únicas que buscaban mi magia._ Dijo Emma, apartando la mirada definitivamente._ Ahora tú también la tienes.
_ Emma... yo no sabía que...
_ Regina... ¿De verdad esperas que me fie de tu palabra?_ Volvió a mirarme, pero esta vez con decepción y rabia.
Suspiré y me bajé del coche. La ira me invadía. Noté como la magia acudió a mi mano y se formó una bola de fuego... algo que llevaba mucho tiempo sin suceder. Cerré el puño y miré a Emma, que se dirigía a la casa. El dolor que estaba sintiendo por su rechazo no dejaba de ser un arma que necesitaba para vengarla. Mi magia seguía sin estar en su máximo esplendor. Intuía por dónde empezar a buscar.
_ Regina..._ La voz de Emma me sacó de mis pensamientos._ ¿Dónde vas?
_ Voy a encontrar a las que te han robado tu magia, y las haré pagar.
_ ¿Nada de lo que diga va a lograr que te vengas a casa y lo olvides, verdad?
_ No._ reconocí. La escena que acababa de protagonizar junto con Lacey lo dejaba bastante claro.
_ Entonces... ten cuidado.
Anzu
Me desplomé en la sombra de aquel árbol. El amanecer había llegado y tal como había previsto, no había sido capaz de llegar a tiempo a ningún lugar. Mis colmillos estaban desplegados, pues ocultarlo era demasiado doloroso. La sed me consumía, y sacar un solo pie fuera de aquella sombra más de medio minuto podía suponer mi propia muerte. Esta vez estaba acabada. Era casi irónico morir de aquella manera después de todo lo que había vivido.
Y entonces, envuelta en una llamarada verde, apareció ella. Maléfica casi parecía un ángel después de todo aquel tormento. Pero no me quitaba de la cabeza que ella había participado. Y allí estaba, ella sola, con su sombrero azul colocado sobre la cabeza... torcido, como yo solía ponérmelo.
_ ¿Vienes a regodearte?_ Pregunté, mirándola._ Te juro que siento lo que ocurrió con la madre de Aurora hace todos esos años... porque cuando te saqué de aquel prostíbulo lo hice porque me importabas de verdad... no porque quisiera fastidiar a Regina. Lo hice porque te quiero, Mal.
_ Lo sé, Anzu... yo también te quiero._ Dijo. Me costó mucho alzar la cabeza para mirarla con incredulidad.
Maléfica se acercó, sacó un puñal de uno de sus bolsillos y se hizo un corte en el brazo. Cuando lo acercó a mis labios no pregunté. Mi instinto era demasiado fuerte. Sencillamente me acerqué y bebí la sangre que me estaba ofreciendo tan generosamente.
_ No podía salvarte estando con Cruella y Zelena... ellas nos habrían matado a las dos en el acto... debía jugar mi papel... y engañarlas._ Dijo, acariciando mi cabello con ternura._ Siento mucho no haber podido avisarte... y que hayas tenido que pasar por esto...
_ ¿Por qué has tardado tanto?_ Pregunté.
_ Zelena me hechizó... es igual que Regina... me utilizó._ Dijo, bajando la vista. Yo entendí, pero no quise decir nada al respecto.
_ Que encantadora reunión... ¿No crees, Cruella?
Ambas miramos al mismo tiempo a las dos recién llegadas, que habían aparecido silenciosamente y se habían quedado observando para asegurarse de la traición de Maléfica.
_ Tantos esfuerzos por proteger a una moribunda._ Se burló Cruella, con una sonrisa victoriosa._ No importa que te vacíes las venas por ella... morirá de todas formas. ¡Este es su final! ¡Y ahora también el tuyo!
_ Las leyes del vampirismo son claras._ Añadió Zelena._ Morirá de puro agotamiento por encontrarse en tierra sagrada.
_ Te voy a dar un consejo, Zelena._ Dijo Maléfica, tomándome por el mentón._ Nunca le recuerdes las reglas a mi chica... tiende a saltárselas.
Mal me dio un beso, lento y apasionado, que hizo que sintiese como todo mi cuerpo se calentaba de golpe. Cuando se separé, vi como un hilo de luz dorada salía de sus labios, colándose entre los míos.
_ Este es mi regalo para ti... por el que espero que puedas perdonarme.
_ ¡La muy zorra le ha regalado su parte de la magia de Emma! ¿Aún no entiendes que está muerta?
_ Veréis... Tengo un problema con eso. _ Dije, observando mi anillo, que parecía estar recargado._ Tengo la mala costumbre de sobrevivir.
_ Ahora pareces una vieja loca..._ Intervino Zelena_ Ten dignidad y acepta de una vez tu destino. Los vampiros vivís demasiado.
_ Vampiros... vampiros y sus reglas... no me lo dejáis de repetir._ Dije, sonriendo. Estaba moribunda y había conseguido asustar a Zelena._ Quizá no pueda romper las reglas del vampirismo... pero... ¿La magia de la salvadora has dicho? ¿No puedo romper entonces las leyes de la magia? Oh... probemos esto... ¡Es bueno! ¡Es magnífico!
_ ¿El qué? ¿Has perdido la cabeza del todo?_ Preguntó Cruella, aunque le temblaba el tono.
_ ¡Rompamos la regla número uno!_ Exclamé, lanzando una risotada, victoriosa._ ¡Y presta atención, porque esto va a ser histórico!
Zelena lo entendió en ese momento y su tono verde palideció. Hizo un gesto con la mano, y un gran ejército de monos alados hizo acto de presencia.
_ ¡Matadla! ¡Por lo que más queráis! ¡Matadla ya!
Zelena
Regla número uno... no se puede resucitar a los muertos. Actué lo más deprisa que pude, lanzado a mi ejército de monos contra Anzu. Supe que guardaba algo. Ella siempre guardaba algo. Hubo una explosión de luz, y acto seguido, gritos, miles de gritos de los primates. Y acto seguido un fuerte olor a carne quemada. Volví a abrir los ojos, y lo que me temía había sucedido.
Ceniza. Cuanto quedaba de mis monos era un montón de ceniza. Y de pie, en el punto donde segundos antes había una humana, había una mujer, una bruja... una bruja humana vestida con un sombrero ladeado. La mujer, de piel tostada, alzó sus ojos y me miró directamente. Y temblé... temblé de pánico.
Porque Anzu me daba muchísimo más miedo estando viva que siendo un vampiro... y eso era algo que no era capaz de entender. Tomó un anillo en su mano derecha. Un anillo completamente azul. El que, según sabía, había utilizado para transformarse en espectro... cuando más cerca habíamos estado de eliminarla usando a Úrsula como marioneta. Pero en aquella ocasión el anillo se convirtió en una espada, cuyo filo apuntó directamente contra mí.
_ ¿Querías matarme, Zelena? ¡Adelante! ¡Ven y hazlo tú misma!
