La historia y los personajes no me pertenecen, es una adaptación del libro "La Bella de la Bestia" de Hannah Howell con los personajes de Naruto de Masashi Kishimoto.

Capítulo 11

— ¡Ya es suficiente!

Hinata pestañeó, asombrada por permanecer aún sentada. No la habría sorprendido que Naruto la levantase de su asiento de un tirón. Los oídos le zumbaban, eso sí, tras el violento trueno que emergió de los poderosos pulmones de su marido. Deseó que su capacidad auditiva se restableciese cuanto antes para poder escuchar con claridad lo que él tuviera que decirle una vez que se quedaran solos.

— ¿Algo te ha molestado, mi señor? —le preguntó en un tono de voz tan calmado, y por tanto provocativo, que la mitad de la gente que estaba en el salón la miró como si estuviera irremediablemente loca.

— ¡Naruto! —vociferó él mientras se ponía de pie y daba un golpe sobre la mesa con los puños, haciendo temblar los platos.

—Como quieras... Naruto. —Hinata se mordió el labio y dejó escapar un ligero grito de temor cuando el marido la levantó de la silla de un tirón y puso su cara a un centímetro de distancia de la de ella.

—Si dices una vez más «como quieras» te juro que voy a tener que estrangularte. Ven conmigo —le dijo entre dientes. Y puesto que empezó a arrastrarla detrás de él, Hinata no tuvo más opción que obedecerlo.

— ¿Ya hemos terminado de cenar?

—Sí, ya hemos terminado.

Justo antes de que Naruto la obligara a cruzar la puerta del salón, Hinata pudo guiñarle un ojo a Sakura. Era difícil no reírse ante la mezcla de sorpresa y preocupación que vio en las caras de todos los presentes, salvo Sasuke. Era obvio que el buen hombre luchaba desesperadamente por no reírse hasta que Naruto saliera de la sala. Hinata escuchó su explosión de carcajadas, fuerte y claramente, en cuanto Naruto cerró la puerta detrás de ellos. La portentosa maldición que soltó su marido le dijo que él también la había escuchado. La joven tenía la esperanza de que el camino hacia su habitación no fuera tan largo como para apaciguar la gloriosa furia de su marido.

Mientras maldecía y arrastraba a Hinata con él, Naruto luchaba consigo mismo para controlar su temperamento en erupción. El autodominio total parecía lejos de su alcance.

Cuando llegaron a la habitación, entraron y cerró de un violento portazo; luego, se dirigió hacia la mesa, donde reposaba una jarra de vino. La furia siempre lo convertía en un hombre incapaz de hablar de forma fluida. En el fondo sabía que Hinata no se lo merecía, ni era razonable que volcase su ira en ella. Se sirvió vino en una copa y se lo bebió de un trago, tratando de contenerse. Cuando terminó de beber, lanzó la copa contra la pared en un débil intento por aliviar las emociones que le consumían por dentro. Lentamente se dio la vuelta para ponerse de cara a Hinata, y se sintió poco complacido al encontrarla sentada tranquilamente en la cama, mirándolo.

— ¿Acaso ya no soy más que un huésped en esta casa?

—Por supuesto que no. Tú eres mi marido y yo soy tu diligente esposa.

—Ah, sí, muy diligente. Y fría. ¿Así es como pretendes castigarme?

— ¿Crees que te estoy castigando?

—Sé que fallé cuando debí protegerte...

—Sí, es verdad. Lo de fallar lo hiciste bastante bien. —Hinata se irguió en la cama para mirarlo directamente a la cara—. También me insultaste. Siempre me comparaste con esa puta. —Se dio cuenta de que la ira de Naruto empezaba a desvanecerse, pero no le importó, puesto que la suya había empezado a entrar en erupción—. Llegué a nuestra cama nupcial siendo virgen, sin embargo no dejaste de pensar que la infidelidad y la desvergüenza corrían por mis venas. Esperaste, como un ave carroñera sobre un cadáver, convencido de que tarde o temprano me comportaría como la hermosa lady Shion.

— ¿Y por qué no habrías de hacerlo? —Naruto apretó con tanta fuerza el borde de la cama que sintió cómo las figuras talladas en la madera se le grababan en la palma de la mano—. En cualquier lugar en el que hubiera hombres, siempre se arremolinaban en torno a ti, como abejas alrededor de una olorosa flor. Siempre acosándote con sus lisonjas y sus palabras de amor.

—Sí, así es... Y siempre me dejaste a su merced.

—No parecías ansiosa de que te rescataran.

—Entonces, nunca miraste con atención, marido.

— ¡Naruto! Maldita sea, ¡llámame por mi nombre y déjate ya de esas tonterías de llamarme «mi señor» o «marido»!

—Como quieras —soltó Hinata, provocándolo a propósito. Entonces tuvo que mantener el equilibrio, porque Naruto golpeó el poste de la cama y la hizo tambalearse.

— ¡Está bien! —vociferó él—. Es cierto que pensé eso que dices. Así ha sido mi experiencia con las mujeres hermosas de buena cuna. Dicen palabras dulces y hacen promesas con su charla y hasta con su cuerpo, para desdeñarlo a uno un momento después. Luego se entregan, encantadas, a otro hombre. Y después a otro. Por esa razón estaba aterrado cuando me dijeron que tú serías mi esposa. Por Dios bendito, vi ante mí un futuro de lucha contra cortesanos aduladores, años y años espantando hombres de tu cama. Esperé el desdén y la burla de la sociedad. —Cerró los ojos brevemente y sacudió la cabeza, en un intento vano de poner en orden la tormenta de sentimientos que se estaba desencadenando en su interior. Rabia, dolor y un temor que le carcomía las entrañas lo desgarraban por dentro. No sabía cómo arreglar las cosas—. En el jardín, esa noche —continuó—, me vi atrapado entre el presente y el pasado. Y mi estupefacción fue aún mayor por cuanto acababa de descubrir que me había liberado de lady Shion, de esa garra asfixiante que me tuvo preso durante tanto tiempo. Tú rompiste el lazo que me ataba a ella. Pero entonces te vi allí... —Se detuvo, después suspiró con fuerza y continuó—. No sé si fue un segundo o una hora lo que me quedé paralizado antes de que mi nebuloso cerebro se aclarara. Entonces supe que lo que había visto no era real, pero fue demasiado tarde. Para entonces ya te habías librado del individuo aquel. En mi vida me había sentido tan avergonzado. ¿Por qué saliste con él al jardín? —dijo de pronto, casi en un susurro.

— ¿Sigues buscando un pecado que nunca existió? —Soltó Hinata al tiempo que saltaba de la cama—. Salí con ese gusano porque estaba aturdida, era fácil que cualquiera me manejase a su voluntad.

—Ese gusano está muerto.

Hinata se impresionó un poco ante el frío pronunciamiento de su marido, pero volvió a centrarse con rapidez en el tema que le interesaba.

—Verás, fue fácil manipularme porque acababa de ver a mi marido salir del salón con el brazo sobre los hombros de otra mujer.

Lentamente, inició los preparativos para acostarse. Naruto había dicho casi todo lo que ella necesitaba escuchar.

Hinata era consciente de lo mucho que excitaba a Thayer verla desvestirse. Pensó que el deseo que le despertaría verla desnudarse podría hacerlo más locuaz. Todavía necesitaba oír algunas cosas.

—Esa puta taimada me dijo que estaba un poco mareada y que necesitaba aire. —Naruto gruñó para sus adentros cuando se dio cuenta de lo que Hinata estaba a punto de hacer.

—Es un truco muy viejo.

—Ya lo sé, pero quería probarme a mí mismo que ya no me importaba nada, que podía acompañarla sin alterarme.

—Podrías haber buscado un momento más oportuno para hacer esa prueba —le reprochó, mientras, ya en ropa interior, empezaba a soltarse el pelo—. Mordiste el anzuelo como un novato. Shion sabía que si me veías abrazándome con otro hombre, condenarías primero y razonarías después. Qué bien te conoce.

— ¿Todo fue una trampa? —Preguntó Naruto, con voz ronca por la sorpresa—. ¿Estás segura?

—Bek me lo dijo. La escuchó hablando con ese hombre antes de que se fueran. Lo prepararon a conciencia.

—Pero ¿por qué? ¿Con qué propósito? Lo que ella quiere es un marido, y yo ya estoy casado.

—Un amante rico y generoso la ayudaría a recuperar su menguada fortuna y a entretenerse mientras encuentra un esposo adecuado. Además, le calentaría la cama.

Fue bastante precisa al explicar lo satisfactorio que resultas en el lecho. Si yo te daba la espalda, Shion estaba segura de que volverías a ella.

—Y a pesar de conocer sus planes me dejaste solo.

Hinata lo miró a la cara reflejada en el espejo, mientras terminaba de peinarse.

—En ese momento me importaba poco cómo calentaras tu cama o en qué barrizal decidieras meterte. Así como los animales se van a su madriguera cuando están heridos, yo quise irme a casa para lamerme mis heridas.

—No me acosté con ella, aunque me tentó.

—No me cabe ninguna duda de que lo hizo.

—No me acosté con ninguna mujer. Me pasé las noches, muchas de ellas ahogado en vino, con la cama vacía, tratando de aplacar el miedo de que las cosas ya fueran siempre así. —Naruto se acercó a Hinata y tomó un mechón de su pelo entre los dedos—. No tomé a nadie, ni siquiera cuando regresé de las incursiones, con la sangre todavía hirviendo. Sí, y fue en esas ocasiones cuando lady Shion me tentó dolorosamente. Pero mi rechazo fue tajante, incluso grosero.

Hinata lo miró, emocionada por las palabras que acababa de pronunciar. Parecía un niño que acerca la mano con cautela a un dulce, temeroso de que le den una palmada en los nudillos. No estaba muy segura de cómo decirle a su marido que tal timidez era innecesaria.

—Entonces debes de estar hambriento —susurró, y se sonrojó ante sus lúbricos pensamientos.

—Hinata... —Naruto la abrazó con cautela y gruñó cuando ella no opuso resistencia—. Hinata... —murmuró, y la besó.

/

Tras la explosión de pasión, amor y placer, todavía entrelazados íntimamente, Hinata sonrió. Se debatía entre la satisfacción y la sorpresa. Se maravillaba ante la velocidad con la que Naruto se había quitado la ropa. Para ser un hombre tan grande, se movía con increíble velocidad. Sus ropas yacían en el suelo, esparcidas por toda la habitación. Habían hecho el amor con increíble frenesí. Ambos llevaban demasiado tiempo ayunos de sexo, hambrientos del otro, como para tomarse la cosa con calma.

Hinata se sentía un poco vapuleada, pero demasiado satisfecha, demasiado contenta como para que le importara lo más mínimo.

Naruto se separó finalmente de ella, se recostó a su lado y la abrazó con fuerza, al tiempo que hundía la nariz en su pelo. Su mujer todavía lo amaba, y no sólo físicamente, lo había podido sentir a pesar del vértigo de la pasión. No se había consumido la llama, como él temía.

—Ay, Hinata —murmuró con la voz todavía un poco inestable—. Tenía miedo de que te hubieras enfriado también en la cama.

—No. —Lentamente, introdujo los dedos en los rizos rubios del pecho de su marido—. Aunque si no hubieras dicho todo lo que necesitaba escuchar, podría haber mostrado mucha frialdad. Pensé en esto durante todo el tiempo que estuvimos separados. Acabé entendiendo lo que te había pasado, pero necesitaba que habláramos sobre ello, pues temía que de lo contrario la herida se podría infectar.

Necesitábamos hablar para dejar atrás el malentendido definitivamente.

—Sí. Aunque tenía la esperanza de que lo dejáramos todo atrás, y no volviéramos a darle vueltas nunca más.

—Eso me temía. —Hinata se sonrojó ligeramente al sentirse asaltada por un leve remordimiento al recordar sus planes.

Naruto examinó el ruborizado rostro de la mujer y se preguntó si la idea, o mejor dicho, la sospecha que estaba tomando forma en su cabeza sería demasiado descabellada.

—Pero la ira dio rienda suelta a mi lengua.

—Me he dado cuenta de que eso suele suceder. Cuando te enfadas, hablas más.

Naruto se movió lentamente para que ella quedara acostada a su lado, entonces arrugó la frente al ver el dejo de culpa que asomaba en los hermosos ojos de su mujer.

—Me hiciste enfadar a propósito.

—Naruto... —Se detuvo. Quería negarlo todo, pero ya no se sentía capaz de mentirle.

—Eso fue lo que hiciste. —Sacudió la cabeza—. ¿No pensaste que podría llegar a irritarme demasiado?

—Sabía que no me harías ningún daño.

La confianza que había detrás de las palabras de Hinata conmovió profundamente a Naruto.

—Pero estuve cerca de perder los estribos.

—Siempre estás cerca y nunca haces daño.

— ¿Los hombres nunca nos vamos a poder librar de los manejos y los trucos de las mujeres? —Naruto suspiró y descansó la cabeza sobre los senos de Hinata.

Hinata sonrió ligeramente por el comentario.

—Necesitábamos hablar del asunto.

—Sí, así es. —Le acarició un pezón, y observó, excitado, cómo se iba endureciendo.

— ¿Dónde te hirieron? No he visto ninguna nueva señal en tu cuerpo, salvo las cicatrices que ya tenías, aunque puede que con la pasión se me haya pasado algo por alto.

—No me hirieron. —Naruto se movió y repitió la operación sobre el otro pezón.

— ¿No te hirieron? —Hinata se quedó mirando a Naruto estupefacta, sin poder hablar—. ¿Y te atreves a quejarte de los ardides de las mujeres?

—Es que me acordé de cómo te pusiste cuando me hirieron aquella vez, y entonces tuve la esperanza de que se repitiera tu reacción. Quería derribar ese muro que habías levantado entre los dos o, por lo menos, abrirle alguna grieta.

—Era un muro débil, que no estaba pensado para durar. Ah, Naruto... —Hinata suspiró de placer cuando él le pasó la lengua sobre el pezón.

—Pasé cada noche recordando tu sabor. Dulce. Miel sedosa deleitando mi lengua.

Hinata hundió los dedos en el pelo de él y apretó el abrazo mientras Naruto jugueteaba con su lengua más y más sobre los pezones endurecidos.

— ¿Otra vez? ¿Tan pronto?

—Sí, pero esta vez despacio, recreándonos. Quiero saborearte como se saborea un buen vino.

Hinata gimió y se arqueó contra él cuando Naruto se llevó el pezón a la boca y lo lamió lentamente. Con suavidad, mordisqueó la suave piel de su esposa y luego alivió con lengüetazos húmedos y tibios el ardor placentero que causaba. Cuando empezó a chupar suavemente, Hinata jadeó. Saboreó primero un seno y después el otro. Le acarició el cuerpo entero con las manos para excitarla del todo.

— ¿Entonces soy un vino?

—El más delicioso que haya probado jamás. Ninguno se puede comparar a ti.

—Qué halagador...

Naruto frunció el ceño y puso las manos alrededor de la cintura de Hinata.

—Al parecer, has engordado.

—Así es, he engordado.

—Has estado demasiado inactiva por las noches —bromeó él, y luego le dio un beso en el estómago. Hizo una pausa al darse cuenta de que ya no estaba tan plano como solía.

La pasión de Hinata empezó a menguar mientras se preparaba para contarle a Naruto que pronto serían padres.

—Creo que el verdadero problema es que estoy demasiado ocupada por las noches.

— ¿Qué quieres decir? —Naruto presionó suavemente los dedos contra el estómago, y lo encontró extrañamente duro.

Hinata sonrió ligeramente. No le pareció que fuera nada romántico que un hombre le presionara el cuerpo para lograr establecer qué era lo que tenía de diferente.

—Ten cuidado —le dijo arrastrando las palabras—. No querrás hacerle un moretón.

— ¿Hacerle un moretón? ¿A quién? —Naruto se sentó lentamente con la mirada fija en el estómago de Hinata—. ¿Hay un bebé dentro?

—Sí. —Hinata trató de esconder lo divertida que le parecía la reacción de Naruto ante la noticia, pero fracasó.

—Voy a ser papá.

—Tú ya eres papá.

—Sí, pero no estuve presente cuando Bek nació.

— ¿Adónde vas? —le preguntó Hinata cuando Naruto saltó de la cama y se puso encima una bata.

—Por los clavos de Cristo, mujer, tengo que decírselo a alguien —bramó al tiempo que salía de la habitación.

—Espero que el pobre Sasuke esté despierto —se dijo Hinata, y se rio cuando la puerta se cerró detrás de él. Entonces se levantó de la cama. Podía escuchar los pasos de su marido resonando por el pasillo.

Naruto entró a la habitación de Sasuke como un rayo y lo sacudió hasta despertarlo

— ¡No es momento de dormir!

— ¿Problemas? —le preguntó Sasuke sentándose en la cama de un brinco.

—No. —En su exaltación, Naruto sacudió a su desconcertado amigo una vez más—. Voy a ser papá.

—Ya eres papá. —Sasuke observó a Naruto con un poco de preocupación.

—Quiero decir con Hinata. Hinata va a tener un hijo mío. —A Naruto le sorprendió que su cuerpo pudiera albergar una emoción tan grande como la que lo embargaba en ese momento, al pensar en que compartiría un hijo con Hinata.

— ¡Felicidades! —Sasuke le sonrió, entendiendo finalmente el extraño comportamiento de Naruto, que le pareció muy divertido—. ¿Cuándo?

— ¿Cuándo? —repitió Naruto, mirando a su amigo sin entender qué quería decir.

—Sí, te pregunto qué cuándo nacerá el bebé.

—Santo cielo. —Naruto se llevó la mano a la frente—. Me olvidé de preguntárselo. —Entonces salió como una exhalación de la habitación, sin prestar atención a las carcajadas de Sasuke.

Hinata aprovechó el breve momento de intimidad para lavarse y ponerse la ropa de dormir. Justo cuando se estaba sirviendo una copa de vino, Naruto apareció en la habitación. Aunque le pareció muy divertido lo desencajado que estaba él, trató de disimular.

— ¿Cuándo? —Naruto se preguntó si era prudente que Hinata estuviese fuera de la cama, y perdió el hilo de sus pensamientos.

— ¿Cuándo qué, Naruto?

— ¿Cuándo nacerá nuestro bebé?

—Ah. En cinco meses.

Se rio al ver que Naruto salía otra vez corriendo de la habitación.

—Cinco meses —anunció Naruto entrando de golpe en el aposento de Sasuke.

Después gruñó y se sentó en la cama de su amigo—. Por las barbas de Cristo, cinco meses. Me voy consumir de tanto esperar.

—La mayoría de los hombres tiene que esperar los nueve meses completos. — Sasuke se rio ante la expresión de horror dibujada en la cara de Naruto.

—Santo Cristo, ¿crees que Hinata ha contado mal el tiempo?

—No, de ninguna manera. Lo que pasa es que ya lleva cuatro meses de embarazo, eso es todo. Casi la mitad de la espera ya pasó. Tienes que estar agradecido y contento por ello.

—Sí, por supuesto. —Entonces Naruto recordó que Hinata estaba de pie la última vez que la había visto, y se levantó de un salto—. Hinata debería descansar, tiene que cuidarse.

—Las mujeres son más fuertes de lo que parece, amigo mío. No necesitan que las mimemos tanto como creemos, ni siquiera cuando están embarazadas.

—Tal vez. —Naruto caminó hacia la puerta de la habitación, sin saber muy bien si estaba de acuerdo o no con su amigo—. Necesito más información sobre estos temas.

— ¿Todo está arreglado entre ustedes, entonces? —le preguntó Sasuke justo antes de que Naruto saliera de la habitación.

—Sí, ya estamos como antes. Que duermas bien, Sasuke. Nombres —murmuró mientras azotaba la puerta detrás de sí y se apresuraba hacia su propia habitación—.

Tengo que pensar en nombres.

Hinata sonrió ligeramente cuando Naruto hizo otra entrada abrupta. La mujer bebió un trago de vino mientras lo observaba caminar de un lado a otro, hablando consigo mismo. Se había imaginado una escena tierna cuando le hablara del hijo que estaba en camino, pero la emoción atolondrada de la que estaba haciendo gala su marido la complació sobremanera. De repente Hinata se preguntaba si habría interpretado mal el atolondramiento de aquel hombre. A lo mejor no estaba así a causa de una inesperada felicidad, sino de un disgusto.

— ¿Te han sentado mal las noticias? —le preguntó Hinata finalmente.

— ¿Que si me han sentado mal? —Naruto se dio la vuelta para mirarla de frente—. No, no, por supuesto que no. Deberías estar sentada. —La tomó entre sus brazos y la llevó en volandas hasta la cama. Hinata sonrió de placer y alivio.

—Soy bastante fuerte y saludable, Naruto. Hasta los malestares desaparecieron enseguida.

— ¿Malestares? —La miró horrorizado—. ¿Estuviste enferma?

—Al principio, todas las mujeres sufren de náuseas —le dijo dándole un beso en la mejilla—. Pero pasan pronto. Ya no las tengo, y fueron sólo accesos suaves.

—Ah, por supuesto. No estoy pensando con claridad. ¿Pero ya te sientes bien?

—Muy bien. No necesitas mimarme demasiado.

—Va a ser difícil que me contenga. ¿Sientes ya a nuestro hijo? —susurró poniendo suavemente la mano sobre el abdomen de ella.

—Sólo un poquito. Dudo que tú puedas notar su presencia todavía. Yo apenas siento una especie de burbujeo.

— ¿Adónde crees que vas? —le preguntó Naruto al ver que la muchacha empezaba a ponerse de pie.

—Voy a poner mi copa sobre la mesa. Ya he terminado el vino.

—Yo lo haré —le dijo su marido volviendo a sentarla en la cama y arrebatándole la copa—. Tú te vas a acostar ya.

En cuanto Hinata se hubo metido entre las sábanas, el marido estuvo a su lado, abrazándola, protegiéndola. La atrajo hacia sí con tanta delicadeza, que la joven tuvo una incómoda premonición de lo que podrían ser los próximos cinco meses.

Casi con desesperación, buscó la manera de convencerlo de que no era necesario interrumpir el contacto carnal. Naruto la miró.

— ¿Cómo te sientes ante la idea de ser madre?

—Estoy encantada, aunque ésa parece una palabra demasiado fría. El embarazo se confirmó hoy. Natsu lo corroboró, aunque ya lo sospechaba. Casi no he tenido tiempo de hacerme a la idea.

—Un hijo. —Naruto se rio suavemente—. Por Dios, es difícil de creer, sin embargo, es maravilloso.

—Tú ya eres padre. Bek es tu hijo.

Naruto le acarició el pelo, le dio un beso en la frente y respondió a su mujer con tono cariñoso.

—Te preocupa que aleje a Bek de mí, pero tus temores son infundados. Él es mi hijo y es algo que nunca podré olvidar, que no quiero olvidar. Pero esto es diferente.

La madre de Bek trajo a mi vida más dolor que placer, e intentó incluso deshacerse de él. Intentó asesinarlo cuando Bek apenas había saboreado un soplo de vida. No supe nada durante su crecimiento en el vientre de la madre ni tuve noticia alguna de su existencia cuando nació. En cambio, la gestación de este hijo la voy a compartir.

Esta vez ni me lo regalarán por sorpresa, ni una mujer capaz de derramar veneno en la cuna de su hijo recién nacido me dirá que haga con él lo que quiera. Yo amo a Bek, y él lo sabe. Sabe que haré todo lo que pueda para asegurarle un buen futuro.

También lo reconoceré como mi hijo frente a todo el mundo, sí, igual que lo he hecho hasta ahora. Él sabe que nunca podrá heredar de mí. Aunque es joven, ya entiende perfectamente todo lo que significa ser un bastardo. Ha visto que sólo se reconoce abiertamente a unos pocos, y ni siquiera suele hacerlo quien los ha concebido.

Sabiendo lo mala que podría ser su suerte, Bek reconoce la suerte que ha tenido conmigo. La única amargura que tal vez pueda llegar a sentir alguna vez sería la que le produzca su madre. Pero creo que incluso ese sentimiento se ha ido diluyendo. Tú le ayudas a que sea así al preocuparte por él.

—Me gustaría pensar que ha nacido entre nosotros algún tipo de afecto.

—Claro que hay afecto. Nunca había estado lejos de mí. Siempre ha permanecido a mi lado, todos los días de su vida, desde que su madre me lo entregó.

—Sin embargo se vino conmigo —susurró Hinata, dándose cuenta de repente de lo que eso significaba.

—Sí. Y no me preguntó si podía hacerlo. Eso es bueno. He hecho cuanto he podido para no atizar su odio contra su madre, aunque quiero que sepa qué clase de mujer es. No quiero que piense de ella demasiado bien, porque si se engaña puede salir lastimado. Que te haya cogido tanto apego me hace pensar que su madre no le gustaría si la tratara.

—Bek ha escuchado muchas cosas sobre ella, y es muy probable que siga haciéndolo, no puede evitarse. Pero es un buen chico. En la corte, pensó ir a echar un vistazo, a comprobar por sí mismo cómo era.

— ¿En serio? ¿Y habló con ella?

—No exactamente. Sólo la observó, la siguió. Así fue como se enteró del plan que tenía para engañarnos.

Naruto suspiró, lleno de amor y compasión por su hijo.

—Es una lección difícil de aprender para un chico de su edad. Los muchachos no tienen mucha relación con su madre desde una edad temprana, pero ninguno quiere oír cosas malas sobre ella.

—No creo que su corazón albergue ningún rencor hacia su madre. No he visto que le torture ninguna amargura, aunque la verdad es que no hemos hablado mucho al respecto.

—Pues tal vez yo debería hablar con él.

—No le vendría mal.

—Ciertamente. Quizá debí comentarlo con él antes. Hinata, ¿tenemos una partera en Uzushiogakure?

—Sí, Janet. Y Natsu, que aunque es joven, no carece de conocimientos. —Hinata se acercó a él, con un movimiento que esperaba que fuese sensual y excitante—. Janet es muy buena en las curas y se ha convertido en una severa practicante de la religión de la limpieza.

Naruto asintió, apretando los dientes ante el deseo de tomar a Hinata entre sus brazos.

—Eso me tranquiliza un poco. Bueno, y ahora es mejor que duermas.

Hinata le echó un vistazo y vio que Naruto había cerrado los ojos.

Evidentemente, la sutileza no era suficiente para decirle que podían hacer el amor sin problemas. Entonces frotó la mejilla contra el peludo pecho de su marido, y lo acarició cerca de las caderas.

—Podemos pensar en algunos nombres por la mañana —dijo él, e hizo una mueca al escuchar la evidente excitación palpable en su voz. Entonces puso la mano sobre la de ella para detener la tentadora caricia. Hinata pasó la lengua sobre el castaño pezón de Naruto, hasta que se puso duro.

El caballero se estremeció, torturado por el deseo. No le cabía duda de lo que Hinata se traía entre manos, pero luchó por no prestarle atención.

—Nombres de niños, y de niñas también.

Hinata reprimió una sonrisa al ver cómo luchaba Naruto contra la pasión que ella sabía que sentía, que crecía dentro de él. Entonces le lamió el otro pezón hasta que también se puso duro. Con mucha delicadeza, se lo metió en la boca, y le encantó el suave gruñido de placer que emergió de la garganta de su marido.

Naruto metió los dedos entre el pelo de ella y trató de mantenerla quieta, pero su gesto sólo sirvió para que Hinata se empecinara aún más en su juego de seducción.

—Sólo rezo para que nuestro hijo, sea niño o niña, saque más de ti que de mí.

Hinata continuó dándole besos por el torso, hasta llegar a su tenso estómago, y no pudo contener del todo una risa suave cuando Naruto terminó lo que estaba diciendo en una nota alta y aguda. Seducir a su marido le estaba pareciendo de lo más divertido.

—Hinata —gruñó Naruto cuando ella empezó a acariciarle los muslos—, estás embarazada.

—Ya lo sé. ¿No recuerdas que fui yo quien te lo dijo? —Hinata usó la lengua para trazar círculos en la parte interna de los muslos de su hombre.

—Cielo santo —gruñó Naruto, sintiéndose incapaz de mantener la cabeza clara y los pensamientos en orden—. Tú eres tan pequeña y yo, tan grande.

—Eres grande, sí. ¡Tan magníficamente grande! —Sintiéndose cada vez más lasciva y audaz, Hinata deslizó la mano hacia arriba desde la parte interna de los muslos.

—Podría hacerle daño al bebé. —Cerró los ojos, retorciéndose de placer ante la caricia íntima de su mujer.

—Aunque hay mucho que todavía tengo que aprender sobre la crianza de un niño, hay una cosa que sí sé: son los tres primeros meses cuando hay mayor probabilidad de perder al bebé. Tu hijo lleva en mi vientre cuatro meses ya.

—Cuatro meses —repitió Naruto, diciéndose que tendría que poner fin al juego de Hinata de inmediato.

—Sí. Ahora, dime: ¿qué estábamos haciendo hace un mes, Naruto?

— ¿Hace un mes? —Luchó por pensar, por recordar, pero era difícil teniendo en cuenta que sus besos y las tibias caricias de su lengua se acercaban cada vez más al estandarte de su virilidad—. Ah, haciendo el amor. Jesús, se me hace difícil pensar cuando siento tu dulce aliento tan cerca de mis partes íntimas —murmuró con voz sorda—. Sí, sí, estábamos haciendo el amor. Dios santo, pude haberte lastimado.

—Pero no lo hiciste. ¿Y qué crees que significa, mi enorme y a veces estúpido marido?

— ¿Quieres decir que hacerte el amor no puede herirte ni a ti ni al bebé? — contestó Naruto con voz un poco atontada, al tiempo que se preguntaba si realmente acababa de escuchar a Hinata llamarlo estúpido.

—Muy bien, eres un chico muy listo, listísimo. —Se rio de forma compulsiva, pues ella también estaba alterada por el deseo.

— ¡Pardiez! —gritó Naruto cuando los labios de Hinata, y después su lengua, se hicieron cargo de las deliciosas caricias que había empezado con la mano—. Ay, pequeña, ésta es una dulce tortura. —Naruto olvidó todos sus bienintencionados propósitos de practicar la abstinencia y fijó la mirada en la hermosa cabeza que se movía entre sus muslos—. Verte así es tan embriagador como sentir tus dulces labios sobre mi piel.

—Me gusta darte placer, Naruto, sin embargo es difícil para ti decirme que no lo haga.

—Pero eres una dama de buena cuna, Hinata.

— ¿Y por eso he de negarme el regocijo de darle placer a mi marido?

— ¿Sientes regocijo al darme placer?

— ¿Acaso mi propio placer no intensifica el tuyo? —le preguntó Hinata mientras volvía a lamerle la parte interna de los muslos.

—Sí, diez veces más. ¿Realmente quieres saber lo que me produce más placer?

— ¿No te lo he dicho ya muchas veces? Claro que quiero. —Besó la erecta prueba de la excitación de su marido—. ¿No hablo con claridad? ¿No entiendes mi idioma?

—Entonces introduce mi pene en tu boca, cariño, y chupa —susurró Naruto, preparado para retirar su petición si a ella le parecía excesiva o repugnante.

— ¿Así? —Hinata obedeció sin vacilación la casi tímida petición de su marido.

— ¡Sí! —gritó con voz inestable—. Justo así. ¡Aprendes rápido! Es glorioso, absolutamente glorioso —susurró antes de caer en una incoherencia apasionada.

Luchaba por contener el orgasmo y disfrutar así las atenciones de Hinata el mayor tiempo posible—. Ay, Dios, ayúdame, ¡es suficiente! —gimió al fin. Agarró a Hinata por debajo de los brazos y la atrajo hacia arriba, sobre su cuerpo, hasta que quedaron cara contra cara.

—Ah, es maravilloso —logró decir ella entre jadeos, mientras se aferraba a los hombros de Naruto.

—Monta a tu hombre, mi pequeña esposa. Sí, amor, sí. Lo haces tan bien, que me harás perder la cabeza.

Hinata perdió el control que había luchado por mantener para seducir a Naruto.

Al ver que su hombre se entregaba totalmente, se intensificó su propio placer.

Cuando el climax se abrió paso por su cuerpo, sintió que Naruto se estremecía, vaciándose en ella como nunca, y los gritos de placer de ambos se fundieron en un solo aullido de éxtasis. Hinata cayó entre los brazos de él y sintió cómo la envolvía en un estrecho abrazo. Instantes después pudo recuperar el sentido y normalizar su respiración. Se quedó acurrucada sobre él, que no hizo ningún movimiento para poner fin a su íntima unión.

Finalmente, Naruto le dio un dulce beso en la cabeza.

—Veo con claridad que me he equivocado, sí. Incluso me he privado a mí mismo de cosas maravillosas por no vulnerar tu naturaleza delicada. Bueno, por creer que podía hacerte daño.

— ¿Eso era lo que pasaba, entonces? —le dijo besándolo lentamente en el cuello.

—Sí, me daba miedo mi propia fuerza, o tal vez temía ofender tu inocencia. Con frecuencia se dice que hay que proteger a las damas de actos que alimenten las bajas pasiones. Y puesto que no existe persona viva que pueda negar que tú eres una verdadera dama, las personas que sostienen lo de las bajas pasiones deben de estar equivocadas.

—Muy equivocadas, creo. Aunque me gusta pensar que lo que nos une a ti y a mí es mucho más que una baja pasión.

—Ah, sí, es mucho más que eso, pequeña —le olisqueó el pelo—. ¿Estás segura de que no te he hecho daño?

—Muy segura.

—Eres tan pequeña... —murmuró Naruto.

—Igual que mi madre, quien, sin embargo, pudo parir bebés sanos sin ningún problema. No debes preocuparte por mí.

—Es una cosa más fácil de decir que de hacer —le contestó, saliendo de ella por fin.

Hinata trató de disimular un bostezo, pero no pudo.

—Cuando no esté tan cansada, tendré que soltarte un severo sermón sobre tales tonterías.

— ¿No me lo sueltas ahora? —Naruto se rio cuando ella negó con la cabeza. Se moría de sueño—. Tiemblo, al pensar en el momento de oírlo.

—No tengo duda de ello —murmuró al tiempo que se le cerraban los ojos.

— ¿Y me vas a llamar estúpido otra vez?

Lentamente, Hinata abrió un ojo y le echó un vistazo a su marido.

—Naruto, nunca te llamaría estúpido. Por favor, sería muy irrespetuoso por mi parte.

—Sí, lo sería —le sonrió—. Deben de ser imaginaciones mías. Sin duda, no me has llamado estúpido hace un rato.

—Sí, eso debe de ser. —Hinata cerró los ojos otra vez—. Todo irá muy bien, Naruto. Vamos a tener un bebé fuerte y hermoso.

—Duérmete ya, Hinata. Ya me dirás lo que tengas que decirme, no puede ser bueno para ti cansarte tanto.

—Tengo una pregunta más. —Hinata odiaba volver al tema de lo que había ocurrido en la corte, pero necesitaba saber otra cosa—. ¿Dijiste que Taruho es hombre muerto, o que está realmente muerto?

—Dije que está muerto. El muy imbécil regresó a la corte justo antes de que me fuera. Como no lo perseguí de inmediato, pensó que estaba a salvo. Lo reté a un duelo. Fue una pelea justa y él perdió. Aunque tardíamente, vengué el insulto que profirió a tu honor. ¿Te molesta?

—Lo que me molesta es que el honor mancillado requiera que se derrame sangre para limpiarlo. —Suspiró y se encogió de hombros—. Pero así son las cosas. —También pensó que Shion era la más culpable de los dos, pero sospechó que

Naruto ya lo sabía, y por eso no dijo nada.

—Ya hemos tenido suficiente conversación, Hinata. Duérmete. Necesitas descansar.

—No te preocupes por mí. —Hinata quería apaciguar el temor de Naruto, pero estaba demasiado adormilada para hacerlo bien.

—Duerme. No me preocupo —le mintió, con la esperanza de que pudiera esconder los miedos que ahora ocupaban el lugar de la alegría que había sentido por la noticia de la gestación de un hijo.

Naruto acarició el pelo a su esposa mientras se quedaba dormida entre sus brazos. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que ella había estado allí, sobre su pecho; habían transcurrido demasiados días en los que Naruto no había hecho sino preguntarse si la volvería a tener entre sus brazos otra vez. Por un rato, dejó la mente casi en blanco y sólo pensó en lo placentero que era tenerla abrazada.

A pesar de que trató de lograrlo con todas sus fuerzas, no pudo mantener a raya sus temores a todo lo que podría suceder. La preocupación que Hinata hubiera querido evitarle empezó a abrirse paso por su ánimo y hasta por su cuerpo.

Sentimientos encontrados lo asaltaron al pensar en el hijo que tendrían. Eran sensaciones contradictorias, y algunas, más intensas que otras. Estaba fascinado, encantado, pero también aterrorizado. Por un lado, daba gracias a Dios por tal regalo. Pero por otro, lamentaba lo fructífera que había resultado su unión, porque temía al futuro. No veía llegar el momento de abrazar a su hijo, y sin embargo, una parte de sí deseaba que no hubiera sido concebido.

La muerte pendía como una siniestra amenaza sobre la cuna del recién nacido.

Era imposible hacer caso omiso de esa realidad. Las palabras «muerto en la cuna» estaban talladas sobre demasiadas cruces y tumbas. El parto se llevaba a demasiadas mujeres, amadas y no amadas, bellas y no tan bellas. Incluso las más fuertes y saludables podían morir. También Hinata, pensó Naruto. Apretó más contra su cuerpo a la durmiente esposa, y sonrió ligeramente cuando ella pronunció su nombre en sueños.

La abrazó con fuerza y la acunó entre sus brazos, como si quisiera protegerla de una amenaza. Ninguna espada podría con el poder de su voluntad, pero sabía que tal pensamiento no era más que una tontería. Sin embargo, si la profundidad del sentimiento y el deseo de un hombre contaba para algo, entonces no existía nada más fuerte que su amor, nada capaz de llevarse a Hinata de su lado. Se dijo severamente que también aquello era una bobada. Por más que suplicara o se enardeciera, nada podría cambiar los designios de Dios. Lo único que podía hacer era esperar a ver cuáles eran esos designios. Sin embargo, sabía que la mera idea de un futuro sin Hinata era suficiente para robarle muchas noches de sueño.