Diciembre I
o
El de las muy malas noticias
I
A Nicole Williams le exasperaban muchas cosas. Principalmente el sonido del despertador por las mañanas, cuando estaba teniendo un grato sueño en el que sólo ella era la protagonista, que se veía interrumpido por un estridente sonido que se colaba por sus oídos cambiándole la cara, e interrumpiendo uno de esos tantos sueños, y recordándole que le esperaban un seguido de clases de las cuales la mayoría eran mortificantes.
Entonces, ese viernes se levantó con la alegría propia que le recordaba que a la mañana siguiente podría dormir hasta el mediodía. Mas cuando se irguió sobre el colchón, recobró el sentido, y pese a ser viernes, el primero de Diciembre, con las Navidades tan próximas, su decaimiento fue inminente.
Inspeccionó la habitación –sobretodo las camas de sus compañeras– y no se sorprendió al encontrarse la cama de su derecha completamente vacía, y hecha, como si nadie esa noche la hubiera deshecho, aunque ella sabía que esa noche Charlène había dormido ahí.
Su relación se encontraba pendiente de un hilo que estaba a punto de desprender lo que fuera que colgara de él. Sabía Nicole que la culpa principalmente había sido suya, pero también lo había sido de su amiga Charlie –quizás no en la misma medida.
A su otro lado Lily se levantaba con una sonrisa en los labios, dispuesta a parlotear ya por la mañana. Viéndose Nicole indispuesta para cualquier tipo de conexión humana a esas horas, y ella con esa actitud, decidió salir pronto de la cama, y sin apenas dirigirle la palabra al resto de las chicas bajó a prisa a desayunar.
Mientras terminaba sus tostadas recibió de nuevo carta de su hermano, y dejando el plato a un lado leyó:
«Querida mocosa,
No me puedo creer que hayas suspendido pociones. Bueno, en realidad sí que me lo creo, eres tan inútil… Pero te quiero, ya lo sabes.
Siento que no te estén yendo bien las cosas con las chicas, pero ya verás, saldréis de esto, porque sois amigas. Además, creo que Lily también está algo preocupada por ti y por Charlie, quizás debierais hablar, porque esto no son más que peleas estúpidas. Pero bueno, ¿qué voy a saber yo de esto? Además, es tu vida mocosa, tú sabrás lo que haces.
Papá no está bien, y Amanda está histérica. Menos mal que Erica ya ha empezado el colegio, sino no sé lo que haría. Esta casa es de locos. He estado pensando en largarme, ¿sabes? Pero luego veo a papá, duro como una piedra y sé que por dentro está tan mal. A veces creo que aún está triste por mamá. Supongo que la echa de menos, pero es injusto, ¿a caso no lo hacemos tú y yo también? Es demasiado egoísta, ¿no crees?
Sigue buscando trabajo, pero el mercado no anda muy bien, menos para un contable, que los hay a mares. Me da la sensación de que Amanda se ha caído de la nube en la que ha vivido siempre con papá, y se está dando cuenta de que las cosas no andan bien, y si la conocemos bien, ambos sabemos que le va a dejar, y eso lo va a matar, lo sabemos los dos.
Por favor, necesita una de tus dosis de amor fraternal de hija, siempre has sido su favorita, le recuerdas a mamá. Así que ahora que llega la Navidad, y aunque sé que tienes los EXTASIS este año, por favor, ven a casa, le harás bien y pondrás el orden que falta en casa.
De mí te puedo contar poco, ya sabes que ando liado con la Orden, pero te aseguro que las cosas marchan bien, y que te prometo que acabaremos con esos mortífagos. Realmente no puedo decirte esto, pero sé que te preocupas (y te mataré si se lo cuentas a Lily, ya sabes como es), así que sepas que esta noche vamos a hacer una redada en casa de los Lestrenge. Tienen planes en Hogwarts aunque no sabemos exactamente el qué. ¿Qué querrá Voldemort de los estudiantes? Si sabes algo dímelo. No te preocupes de verdad, además voy con Fabian y Gideon.
Te quiero mocosa (pero no te lo creas demasiado),
E. Williams
P.D. Te juro que te dejaré muda si te atreves a decirle a Lily que he salido de misión esta noche. Te lo juro.»
Todas las cartas de Elliott le dejaban un sabor agridulce en la boca. Siempre habían tenido buena relación y se habían cuidado el uno al otro. Le sorprendió que él mencionara que se parecía a su madre. De ella siempre oyó buenas cosas, porque tampoco la recordaba demasiado.
Querida por todos, nació en el seno de una familia más bien aristocrática en Francia, siempre tuvo buena relación con los suyos, pero desistió de las apariencias cuando en las vacaciones de verano que pasó en Londres cuando cumplió la mayoría de edad, se enamoró perdidamente de un muggle. Edna Leveque inicialmente no entendió los sentimientos que su hija profesaba a un cualquiera, ella que merecía al hombre de más alto linaje que se fuera capaz de imaginar, pero finalmente acabó por comprenderla, y aceptar el matrimonio.
Nicole jamás conoció a su abuela, pero de ella se sabían grandes cosas, y muchos magos se sorprendían al saber que de los Leveque había descendientes. Nicole y su hermano pero, siempre habían vivido en la otra cara del mundo, y no habían sido bendecidos con el conocimiento de ese otro, especial, mágico, que se les había ocultado por demasiado tiempo.
Con el tiempo que se le había echado encima, Nicole decidió dejar sus reflexiones para la hora de pociones, porque de todas formas, no había manera posible que el profesor Slughorn la aprobara con su desastroso toque para las pociones, pero sí podía evitar al menos llegar tarde.
Cuando se adentró en el aula sólo había sitio libre al lado de Charlène O'Connor y James Potter.
En un día normal se hubiera sentado con la chica pero por aquella vez, llena de orgullo, resentimiento y dolor, decidió sentarse al lado del capitán de su equipo de quidditch. Haciendo caso omiso a los consejos que su hermano le había hecho en la carta. James no objetó nada hasta que pasados cinco minutos apareció Sirius Black y lo miró con una ceja alzada.
–Jimmy, ¿en qué quedamos sobre el lema "colegas antes que las tías"?
–Lo siento Canuto, Williams tiene cara de mala uva y no he tenido valor de decirle nada –se excusó encogiéndose de hombros.
–No tengo cara de mala uva Potter.
–Lo que digas Williams –dijeron los dos al unísono, como si fueran la misma persona.
–¿Y ahora dónde me siento Williams? –se quejó Sirius, mirando fijamente a Nicole.
–El sitio de O'Connor está libre –dijo James. Nicole alzó los ojos y los fijó en la rubia que hablaba con un Hufflepuff.
–Está bien por hoy Williams, pero te aseguro que me debes una, nena.
Y fue a sentarse con Charlène que lo miró sorprendida, pero no rechistó.
Nicole, que seguía con la carta de su hermano en la cabeza, no pudo evitar no prestar atención a la clase, como en el desayuno ella ya había anticipado. Sin embargo, sí que se fijó en Sirius y Charlie, que parecían pasárselo en grande realizando la estúpida poción. Ella los conocía a los dos, y sabía que tanto el uno como el otro estaban flirteando, riéndose el uno del otro.
Sintió una punzada de dolor en el pecho, porque no entendía cómo Charlène podía actuar de aquel modo con él, después de que no sólo le rompiera el corazón a ella, sino también a su hermana. También estaba dolida porque desde luego, a Charlène parecía importarle bien poco que ellas dos no estuvieran en su mejor momento, o que su propia hermana, estuviera siendo acosada.
–Oye Nicole –interfirió la voz de James entre sus pensamientos, haciéndola volver a la tierra.
–¿Si? –dijo volviendo la mirada y apartándola del lugar donde estaban Sirius y Charlène.
–¿Estás bien? Pareces algo… distraída.
–Sí, es sólo que hoy no es mi mejor día.
James volvió a concentrarse en el cuchillo, con el que estaba partiendo varias judías soporíferas para añadirlas al caldero donde se cocía el futuro Filtro de los Muertos. Nicole lo observó un segundo. James era un buen chico, idiota a veces, pero buen chico por norma, quizás él pudiera ayudarla.
Cuando el chico, con la lengua fuera, iba a clavar el cuchillo en una de esas judías, la voz de Nicole a su lado lo alertó.
–James –él se volvió, con el cuchillo en la mano–, ¿puedo hacerte una pregunta?
–Claro, ¿qué pasa?
Nicole se giró un segundo y observó de nuevo a la pareja y James captó hacia donde se dirigía su mirada.
–¿Sabías lo de Sirius y Charlie el año pasado? –preguntó al fin.
–Sí, la verdad es que sí. ¿Charlie no os lo dijo? Siempre pensé que las chicas hablabais sobre estas cosas.
–Sí bueno, solíamos hacerlo.
–Charlie le pidió que no lo supiera nadie, quizás creyó que se os podía escapar.
–Pues creyó mal –dijo Nicole algo irritada. James no contestó. Minutos después volvió a preguntar: ¿Cómo diablos lo hicieron? Que no se enterara nadie, digo.
–Nicole, somos los Merodeadores, tenemos nuestros recursos –se rió.
–Si tú lo dices… De todas formas Sirius es un imbécil, no sólo dejó tirada a Charlie, sino que luego se fue con su hermana.
–Primero, desde tu punto de vista puede que sea un imbécil, aunque a veces lo sea, pero joder, se enrolló con dos hermanas –Nicole rió, sólo un poquito– y segundo, fue Charlie la que lo dejó tirado a él.
–¿Qué?
–Sirius se planteó tener algo serio con ella varias veces, pero por otro lado ¿si ella ya le daba todo lo que él quería, para que se iba a atar a algo más serio? Ella, cuando acababa el año, le dijo que él le iba a hacer daño y que prefería que fueran amigos. Sirius lo entendió y aceptó.
–No me creo que Sirius fuera tan indulgente…
–Bueno, Sirius es Sirius, pero te puedo asegurar que ese año cambió mucho. Que le dejaran a él le puso los pies en el suelo, aunque sólo fuera una milésima de segundo, y ese verano se largó de casa.
–¿Crees que fue por ella que cambió?
–No lo sé Nicole, la verdad. Tú y yo sabemos que ese año Charlène no fue la única.
Nicole volvió de nuevo la cabeza hacia donde estaban los susodichos y suspiró resignada. Charlie se estaba riendo con Sirius como hacía mucho tiempo que no hacía.
–Creo que a Charlie aun le gusta demasiado Sirius… –susurró Nicole, poniendo un brazo sobre la mesa, observando de nuevo a James, que había vuelto a su tarea con el cuchillo.
–¿Sólo crees? –se rió el chico
–Y parece que a él también ella… Me cabrea que sólo hace una semana que lo ha dejado con Ciara, y a ninguno de los dos parece importarle una mierda los sentimientos de ella.
–Bueno, ya sabes, a Sirius le gustan todas, quizás alguna más que otra, pero al caso es lo mismo. De todas formas creo que ahora son amigos, él y Ciara, y la está ayudando. ¿Sabías que la acosaban?
–Sí, algo había oído –enrojeció Nicole de vergüenza.
Su conversación se interrumpió debido a que el pobre y pequeño Peter Pettigrew no había tenido mayor y mejor idea que lanzar un bote de Fluido Explosivo de Erumpent sobre sus cabezas, cosa que había desequilibrado su caldero y se había derramado por el suelo.
El resto del día para Nicole fue tranquilo. Se sintió bastante satisfecha y saber que no tenía que madrugar al día siguiente, le hizo acostarse en la cama algo más contenta, si es que era posible.
A Nicole Williams le exasperaban muchas cosas. La segunda de ellas era que la despertaran los sábados por la mañana, cuando todos sabían que a ella le gustaba retozar sobre la cama hasta que fuera la hora de comer.
Así que no extrañaría a nadie, que pese a siendo la Jefa de Gryffindor, y su profesora de Transformaciones, que la profesora McGonagall la despertara a altas horas de la madrugada del sábado, no le hizo ninguna gracia.
Mas, cuando la profesora le dijo que debía apurarse, que debía levantarse y vestirse para ir a hablar con Dumbledor, se le cayó el mundo a los pies.
Porque no hizo falta que le dijeran las malas noticias para que ella supiera que todo tenía que ver con su hermano y la maldita redada en la que había participado esa noche. Así que salió escopeteada con el corazón latiéndole con fuerza, siguiendo a la profesora McGonagall muy de cerca.
Lily se irguió sobre la cama en cuanto oyó el portazo y revisó la habitación. Parecía que Nicole se había levantado, ya que su cama estaba vacía. Pensó que quizás se había ido al baño. Intentó esperarla despierta, pero el sueño le pudo, y enseguida volvió a los brazos de Morfeo.
Lo que pensó Lily que le preguntaría mañana, no pudo hacerlo. Ya que Nicole se había ido, según McGonagall, por problemas familiares. Así que sin preocuparse mucho decidió esperar a su vuelta para hablar seriamente, no sólo del portazo, sino de Charlène.
El problema es que ella aun no sabía que Nicole Williams no volvería hasta después de las vacaciones.
N/A: Aquí de nuevo. ¿Qué os ha parecido el capítulo? Sinceramente disfruté escribiéndolo. Como es obvio, está dedicado a Nicole, y a cómo ve ella las cosas, así que os habéis podido meter un poco en el personaje. A partir de aquí las cosas van poniéndose cada vez un poco más calientes. (Aunque debo decir que sigo con mi bajón de inspiración, menos mal que aun tengo unos cuantos capítulos escritos.) Agradecer los review, los fav y follows y feliz domingo. Viva la vida, Clara
