Capitulo: 11 Oscuridad

Volví a mi apartamento sobre las cinco, mi tarjeta de crédito había sido levemente vaciada. Estaba imaginando lo agradable que sería vivir en nuestra casa mientras abría la puerta de mi apartamento. Edward estaba sentado en mi sofá."¡Ah, me asustaste!"Grité dejando caer las bolsas al suelo.

"Lo siento."Dijo con voz tranquila, de disculpa, no conseguía verle demasiado bien. Del ángulo de su cara, podía ver que los círculos bajo sus ojos eran más acusados. Sus mejillas estaban ligeramente hundidas.

Me senté a su lado, pero él no me miró."¿Qué tal te fue el día?"Dije acariciando su mano, que descansaba sobre su pierna mientras él se inclinaba hacia delante. No se apartó, pero tampoco me devolvió el gesto. Él mantuvo la mirada fija en nuestras manos apoyadas en su regazo.

Pasó un minuto."Edward ¿Cuál es el problema?"Mi voz se volvía desigual ante la inminente sensación de temor que se deslizaba sobre mí. Esto estaba mal. Nunca me había saludado de este modo, siempre estaba feliz cuando nos veíamos. De nuevo, no respondió; bajó la mirada.

"Edward me estas asustando ¿qué pasa?"Mi voz estaba quebrada, moví su mano para intentar conseguir alguna respuesta de él.

"Bella, me marcho. Me ofrecieron un traslado en el programa del Congenital Heart Instituye del Children's Hospital de Miami. Es el programa más prestigioso de mi especialidad en todo el país. Tengo que coger el avión mañana por la mañana."Su voz era suave y fría, como una piedra de granito que golpeaba mi cabeza. Sacudí mi cabeza para intentar despejarme, a lo mejor no lo había escuchado perfectamente.

"¿Qué quieres decir… te marchas? Vamos a irnos a vivir juntos en una semana."La incredulidad y el pánico salpicaban mi voz. Rápidamente reorganicé mis emociones y me di cuenta de que no había necesidad de que cundiese el pánico."Bien… déjame arreglar unas cosas con la universidad e iré contigo."

Sacudió la cabeza."No quiero que vengas conmigo."Cuando finalmente me miró lo hizo con una cara que no había visto nunca – Bueno, lo reconozco, que no había visto desde hace mucho tiempo – desde aquel primer día en el hospital. Sentí que mi corazón iba a salirse de mi pecho al latir con tanta fuerza. La adrenalina bombeaba por mi cuerpo, diciéndome que luchase. Sus ojos eran oscuros y cetrinos. No había ninguna emoción en sus rasgos hermosos.

"No lo entiendo ¿qué ha cambiado en la última semana?"La ultima de mis palabras estuvo próxima a quebrarse – mis cuerdas vocales luchaban por no hacerlo. Mis pensamientos se detuvieron por un momento, entonces comencé a hundirme a medida que sus últimas palabras cobraban significado."Espera ¿tu… no… me quieres?"

Él sacudió la cabeza despacio, como si quisiese demostrarme lo deliberado que era."Tengo que estar yo solo. Esta situación… no funciona para mí, y no puedo dejar pasar esta oportunidad."Sus ojos eran duros, el destello que había en ellos no parecía estar en ninguna parte, aunque lo buscase desesperadamente. Tenía que haberlo entendido mal, pero lo que veía, lo que tenía delante estaba segura de que no era mi Edward. No era el hombre con el que había compartido mi vida, por el que yo hubiese dado mi vida. Este no era el hombre con el que había compartido mi cuerpo, mi corazón y mi alma.

"¿Ya… no me quieres?"Murmuré, el dolor subía por mí como un geiser, intenté que bajase, para mantener algún control sobre mi respiración que se había vuelto un jadeo. Soltó un suspiro, sus rasgos se ablandaron infinitesimalmente, sus ojos aun estaban duros como el cristal."Siempre me preocupé por ti."

Bien, eso cambiaba las cosas. Y finalmente pareció que me golpeaba un camión Mack Trucks en el pecho – apretando dolorosamente a mi comprensión. En ese momento las lágrimas se derramaron por mi cara. Eso tenía sentido. Era solo cuestión de tiempo que se diera cuenta de que podía tener algo mejor que yo. Él no me amaba, posiblemente nunca lo había hecho. Se levantó del sofá, pero no podía mirarle. Sentí unos insoportables temblores traspasarme mientras colocaba una mano sobre mi hombro y se inclinaba para besarme la cabeza."Adiós, Bella."

Todo mi yo quería gritarle, para decirle que se detuviese, que era ridículo. Yo lo amaba y él me amaba a mí. Si alguna vez existiera algo como almas gemelas, nosotros lo seriamos. Pero, no lo hice, porque en lo más profundo de mi corazón, donde pensé que el suyo había estado junto al mío, sabía que este día llegaría.

Aun más, nunca entendí como me dejó amarle. Solo sabia una cosa – en el hoyo de mi estómago, en el centro de mis huesos, lo sabía desde mi cabeza hasta la punta de mis pies, sabía que había un profundo vacio en mi pecho – era como si el amor que te hubiesen dado tuviese poder para romperte.

En cuanto la puerta se cerró con un ruido ensordecedor, me derrumbé en el sofá, doblé las piernas en posición fetal, con mis brazos apretando fuertemente alrededor de mi cuerpo con la esperanza de mantener el dolor lejos de la superficie pero era demasiado tarde. Ya estaba allí. Desgastaba el interior de mi pecho hasta mi medula, torciendo sus fuertes tentáculos alrededor de mi corazón y apretándolo, cortando el oxigeno de mis pulmones hasta que la oscuridad me tragó.

"Bella, Bella, despierta."Alguien me sacudía por mis hombros. Vete.

Cuando no lo hizo, yo misma me obligué a volver a la consciencia. "¿Alice?"Mi garganta quemaba por haber estado tanto tiempo sin hablar.

"Bella ¿qué diablos ha pasado?"Su voz se elevó frenética.

"¿Qué quieres decir?"Intenté incorporarme, pero perdí el equilibrio. Me llevó varios intentos, mis músculos estaban atrofiados, inútiles.

"Tu profesor me ha llamado y me ha dicho que no has ido a clase ¡En tres días! No has devuelto mis llamadas, tienes un aspecto horrible ¿Dónde está Edward?"Me encogí – mi cara se contorsionó por el dolor.

"Se ha ido."Agité mi mano, sin mantener contacto visual mientras miraba a mí alrededor. Estaba en mi cama. Había ropa tirada por todo el suelo. No recordaba haberla puesto ahí. Alcé una mano para acariciar mi cabeza para encontrar mi cabello grasiento y lleno de nudos.

"¿Qué significa que se ha marchado? ¿Ha tenido que marcharse de viaje?"Sacudí mi cabeza.

"Me dejó, se trasladó a Miami."Me esforcé por soltar esas palabras. Quemaron mi garganta como el fuego, dejándola sin protección. Alice estaba de pie, examinándome, aparentemente tratando de aceptar lo que había dicho – tan inverosímil como eran.

Soltó un gran suspiro."Bella."Dijo con voz más suave, mientras se sentaba a mi lado."No lo entiendo. Se suponía que os ibais a vivir juntos este fin de semana."Sacudí mi cabeza de nuevo tratando de luchar contra la agonía que crecía dentro de mí. Nunca imaginé que existiese un dolor como ese en el mundo y ahora parecía que pasaría toda la eternidad aguantándolo. Me rodeé el pecho con los brazos intentando protegerme de todo y comencé a mecerme sobre la cama, deseando volver a la tranquilidad de la inconsciencia.

Ella tomó mi mano dejándome expuesta."¿Qué te dijo? ¿Por qué no me llamaste?"Ahora las lágrimas corrían por su rostro. Quise llorar con ella… pero no me quedaban lágrimas. Las lágrimas habían desaparecido, hace días que se secaron como mi corazón.

"No importa lo que él dijese, no me ama… y estoy segura de que nunca lo hizo."Murmuré.

"¡Eso es una locura!"Su respuesta fue un grito incrédulo."Todos vimos el modo en que te miraba, como te amaba ¿qué demonios cambio eso?"Dijo intentando luchar.

Me encogí. No tenía nada en mí por o que luchar y francamente no me importaba - él no me amaba."Alice, no puedo hablar más de ello. Necesito dormir." Cada vez necesitaba la mayor cantidad de las defensas naturales de mi cuerpo – me sentía como si pesase mil libras. Me eché hacia atrás sobre la cama tirando de la ropa de cama sobre mí. Sentí que Alice se levantaba, queriendo decir algo más, peleando. Cerré los ojos e hice todo lo posible por hacer que desapareciera, el dolor, el amor, las heridas, el deseo, la traición, todo. Fuera. Quería volverme insensible.

Había dormido durante días, o tal vez solo fueron horas, era difícil de saber. La verdad es que tampoco importaba. Escuché la voz desvanecerse en mi inconsciencia. Susurrando. Puse el edredón sobre mi cabeza para sofocarlo, pero todavía se escuchaba algo.

Alice estaba hablando por alguien, supuse que por teléfono."No es normal, Charlie y… y me asusta."Dijo en un susurro frenético."No es normal en absoluto. No es como si la hubiese dejado sino como si hubiese muerto."Sentí que la oscuridad me envolvía una vez más.

La semana siguiente pasó en el mismo estado catatónico. Alice venia dos veces al día para verme. Finalmente antes del viernes sucumbí y me duché. Mi cuerpo temblaba mientras lo frotaba con papel de lija bajo el agua caliente, pero no podía seguir oliendo a mí misma nunca más. Alice llamó a mis profesores y les dijo que tenía un caso grave de gripe. Afortunadamente les caía bien y no necesité un justificante médico. También habló con el propietario del piso que aun no se lo había alquilado a nadie, así que fui capaz de seguir con mi contrato.

"¡Bella!"Llamó cuando entró por la puerta del piso. Yo seguía en la cama."Tengo tu café latte favorito y donuts de The Grind. Hace una mañana preciosa de sábado."Cantó desde la cocina. No quería otra cosa que cerrar mis ojos de nuevo, pero Alice había sido más que paciente conmigo. De mala gana salí de la cama y caminé con pesadez hasta la cocina vistiendo unos pantalones de yoga llenos de agujeros y una camiseta.

"Hace mucho sol esta mañana."Sonaba entusiasmada. Fruncí el ceño dejándome caer en un taburete al otro lado de la encimera. Me miró con cautela mientras le daba un mordisco a un donut, mi cuerpo tomaba monótono cualquier tipo de alimento."Bella, hoy vamos a llamar a Edward y solucionar todo esto. Ya ha durado demasiado."

"¡No, Alice! No lo haremos."Contesté con voz severa."Ha terminado, él quiere seguir adelante. Ha pasado más de una semana y no ha llamado. Lo vi en su cara, está comprobado."Dije luchando contra el bulto que se volvía a formar en mi garganta. Vio la determinación en mis ojos, no dijo nada más sobre el tema.

Las semanas siguientes siguieron igual. Finalmente fui a clase por miedo de perder mi beca. También podría haber estado en Marte – era como si no estuviese presente. Amigos y conocidos de la universidad me preguntaron si me encontraba bien, habían oído que había estado enferma. Asentía y me obligaba a dar las gracias por su preocupación.

Las noches eran lo peor. Las pesadillas me consumían. Tenía la misma cada noche. Estaba sobre la mesa de operaciones, despierta, y Edward estaba sobre mí con su bata y la mascarilla. Sus hermosos ojos verdes estaban fríos. Ajustaba la luz sobre mi pecho que estaba desnudo, completamente expuesto. Sacaba un bisturí y rasgaba la carne de mi esternón – yo gritaba suplicando que parase. Intentaba luchar contra él, pero las enfermeras sujetaban mis brazos mientras él seguía cortando por la abertura de mis costillas. Mi garganta se secaba de tanto gritar. Una vez que mi pecho estaba abierto, metía la mano y sacaba mi corazón, lo apretaba fuertemente con sus manos y luego lo lanzaba al suelo y, a continuación, cerraba mi pecho rápidamente. Cuando lo hacía yo miraba hacia abajo para ver hilos saliendo de mi carne para mantener mi caja torácica unida. Me despertaba empapada en sudor, gritando con toda la potencia de mis pulmones mientras agarraba mi pecho, quitándome la camiseta de dormir para comprobar que todavía seguía intacto. Mis vecinos debían de pensar que era algún loco drogadicto con todos esos ruidos.

Una mañana, no estoy segura de qué día, oí que llamaban persistentemente a la puerta obligándome a abandonar mi nuevo mejor amigo, mi único refugio, mi cama. De mala gana me levanté y abrí la puerta para ver quien estaba interrumpiendo mi miseria. Miré a través de la mirilla y vi algo que hizo que mi estómago se sacudiese – mi madre. Entré en pánico durante un momento, a sabiendas de que tenía un aspecto espantoso, pero decidí que no había nada que pudiese hacer al respecto.

Abrí la puerta para dejarla pasar."Hola, mama."Dije con la mejor sonrisa que pude formar. Habían pasado más de seis meses desde que la había visto, la última vez fue en navidad, y debería haber estado contenta de verla. Pero no lo estaba.

Estuvo de pie en la entrada mirando el aspecto que tenía entonces lentamente entró en la sala de estar cerrando la puerta tras ella.

"Bella."Dijo suavemente mientras me daba un fuerte abrazo. No sentía nada con esos brazos rodeándome, como lo que yo necesitaba, fuerza y solidez, pero me proporcionaban su propia comodidad. La suavidad y el olor de Renée trajeron algo de calma a mi corazón.

"¿Mama, qué haces aquí?"Mi cara denotaba confusión.

"Bella, he hablado con Alice y con tu padre… y me dijeron lo que ha pasado, con Edward."Me estremecí al oír su nombre."Cariño, lo siento tanto."Las lágrimas llenaban sus ojos.

"Mamá, está bien. No deberías haber hecho este camino tan largo."Intenté fingir mejor que nunca."Estoy bien, de verdad."Pero no podía mirarla a la cara mientras lo decía. Me volví para sentarme en el sofá, ocultando mi cara.

"Isabella Marie Swan, no estás bien ¡mírate!"Me sostuvo en sus brazos alejándome un poco para verme mejor."Solo eres piel y huesos."No respondí. No me preocupaba lo que pareciese.

Su cara se ablandó otra vez. Parecía estar reorganizando sus pensamientos para poder tratar conmigo."Bella, sé que no quieres hablar sobre ello. Desde luego no soy la mejor persona para asesorarte sobre las relaciones."Rio ligeramente. Durante mi niñez, Renée era una rompecorazones empedernida. Quedaba con un chico cada vez, pero cuando iba conociéndolos encontraba algo que no le gustaba y ponía fin a la relación. Entonces encontró a Phil, su marido, parecía haber encontrado todo lo que quería. Parecía contenta.

"Por lo que Alice me dijo, tu y Edward erais muy felices. Pero, Bella, cariño, no siempre puedes saber lo que le pasa por la cabeza a alguien y lamentablemente ellos no siempre permanecen en el futuro."Sabía que estaba hablando de su experiencia como rompecorazones."Sé que duele, pero si su corazón no estaba presente en vuestra relación, es mejor que lo averiguaras ahora antes de que os fueseis a vivir juntos."No tenía ninguna respuesta para eso.

Sabía que tenía razón, pero no disminuía mi agonía. No veía ninguna razón para levantarme por la mañana. No había nada en mi vida que me trajese alegría. Dejé que pasase el tiempo, distanciándome, para ayudar, pero no era así. Todos los días tenía el mismo insoportable entumecimiento.

Renée se quedó allí hasta el día siguiente, luego, tenía que coger el vuelo a Jacksonville. Le aseguré que haría todo lo posible por seguir haciendo mi vida. Me dijo que podría pasar un tiempo con ella y Phil si lo necesitaba. No dejó de repetir que el tiempo curaba todas las heridas. Toda yo quería creerla, pero esta herida era demasiado profunda, mi corazón estaba demasiado asustado.

Más tarde esa semana en mi puerta apareció Emmett con una caja llena de todas las cosas que había levado a su apartamento. Ni siquiera en mi interior, podía decir su nombre."Hola, Emmett, pasa."Dije abriendo la puerta para él.

"Hola, bella."Dijo sin su habitual voz jovial. Parecía que tenía un peso de mil libras sobre sus grandes y amplios hombros.

"Puedes poner la caja ahí."Señalé una esquina vacía de la sala de estar.

"Gracias."Dijo mientras depositaba mis pertenencias. Se levantó y se dirigió a mí con ojos tristes. No quería lastima. Cuadré los hombros."¿Cómo estáis Rosalie y tú?"Intente una sonrisa y una voz alegre. Me sentí incómoda.

"Estamos bien, gracias. No ha tenido que viajar tanto, por lo que ha sido genial. He estado realmente ocupado en mi trabajo ya que estamos en mitad de un proyecto de construcción."Encogió sus anchos hombros. Siguió mirándome con ojos compasivos. No podía soportarlo.

"Emmett, por favor deja de mirarme así. Estoy bien, de verdad."De nuevo traté de estirar las comisuras de mi boca. Mi piel se sentía tan apretada que parecía que podría desgarrarse en el movimiento.

"Independientemente de lo que digas, Bella. Tienes que cuidarte."Dijo poniendo su mano firme en mi hombro, casi me tira."Si necesitas algo, llámame. Tienes mi número de móvil."Rió un poco examinando mi cara. Estaba haciendo todo lo posible por contener el agujero que comenzaba a pudrir mi interior, tuve que envolver mis brazos alrededor de mi cintura para ayudarme. El gesto no pasó desapercibido para Emmett, pero di gracias de que no comentase nada.

"Adiós, Bella."Dijo cerrando la puerta tras él. Sentí que una ráfaga de aire me abandonaba para mi alivio mientras cedía a mi propia miseria de nuevo. Volví al sofá y miré la caja en el suelo. Agradecí que estuviese cerrada así no podía ver lo que había en ella. Cuando me derrumbé en el sofá, vi de reojo una bolsa en el suelo. Me estiré y la cogí, sin saber lo que era. Tan pronto como lo hice lo lamente. La bolsa contenía el cubre sofás rojo que había comprado el fatídico día. La miré un momento, y a continuación, salí corriendo hacia el baño y vomité.