Domo!
Aquí está el capítulo 11 ;D Bueno, no hay mucho que decir, mi vida es aburrida y no tengo mucho que contar xD Espero que les guste y disfrútenlo porque no quedan muchos capítulos y esta historia va cerca de su final. Hoy día habrá confesiones y una decisión inseperada (o esperada? no lo sé xD) Espero que les guste ^^
Inazuma Eleven no me pertenece, ni tampoco sus personajes, a excepción de algunos OC.
Ah, y OC como Tomoyo tampoco son míos, le pertenece a Dark-Mikami, o Mikami-chan como yo le digo ^^
Capítulo 11: ¿Qué somos?
Ninguno había hablado en toda la mañana. Estaban frente a frente tomando su desayuno, aunque un poco desanimes por lo ocurrido. Por suerte, era sábado, ya que si hubiese sido lunes, el peli plata habría tenido problemas al haberse quedado en casa de la peli negro. Tampoco la obligaría a ir a la escuela. La chica parecía completamente destruida por dentro, y no había pronunciado ni la más mínima palabra durante todo el día.
-¿Quieres ir al parque…?- ofreció Fubuki sonriéndole y extendiéndole una mano. La oji gris se limitó a verle de reojo para luego mover la cabeza en forma de negación. El chico se sentó junto a ella y le abrazó. No podía soportar ver a Mio tal y como él estuvo un gran periodo luego de aquel accidente. Era horrible observar como la chica estaba triste y él no podía hacer absolutamente nada.
-Fubu-kun…- dijo de repente.- ¿Podemos ir al hospital…?
Fubuki no estaba seguro de ello, ya que lo más probable era que su padre siguiera allí. Estaba seguro de que no soportaría ver llorar nuevamente a la peli negro… pero si eso era lo que quería, entonces no tenía nada más que hacer.
-Claro.- respondió fingiendo una sonrisa y ayudándola a levantarse. Por ahora, era lo único que podría hacer.
El peli azul iba junto a Hiroto y Midorikawa por las calles de la ciudad Inazuma. Kazemaru les había relatado todo lo sucedido el día anterior… exceptuando, claramente, las escenas como cuando la chica había caído sobre él. Hiroto se limitaba a mirar el paisaje mientras que Midorikawa sonreía feliz viendo a su nueva víctima a lo lejos. "Dios… así se parece a Rika…" pensó el pelirrojo con una gota en la cabeza.
-¡Kaze-chan!- exclamó la chica del relato a lo lejos. Midorikawa y Hiroto se sonrojaron de inmediato.
-Hola Tomoyo.- saludó Kazemaru sonriendo. La chica llevaba una blusa blanca con una falda hasta la rodilla de jeans.
-Hola…- saludaron los restantes levantando su mano derecha y con cara de enamorados sin remedio.
-¡Hola!- saludó la chica enérgicamente.
-Ellos son Midorikawa y Hiroto.- les presentó Kazemaru. Los aludidos despertaron inmediatamente. Hiroto fue el primero en extender su mano y saludar a la chica, quien correspondió el saludo. Midorikawa hizo lo mismo tras pasar un rato.
-Es un placer, me llamo Tomoyo Nakamura.- se presentó la chica sonriendo. Realmente era bonita. Midorikawa le susurró al oído algo a Kazemaru, que tan solo fue audible para ellos dos y Hiroto. Kazemaru frunció el ceño molesto.
-Tomoyo, ¿vienes con nosotros?- preguntó Kazemaru sonriendo. La chica miró interesada.
-¿Qué harán?- preguntó Tomoyo. Hiroto sonrió.
-Iremos a la práctica de fútbol en la ribera.- respondió el pelirrojo. Midorikawa fue el siguiente en hablar.
-¿Te gusta el fútbol?- preguntó el peli verde mientras avanzaba junto al resto del grupo. Tomoyo asintió con la cabeza.
-¡Es muy divertido!- exclamó la peli plata sonriendo. "A Endo le caerá bien…" pensaron los tres al mismo tiempo.
Ni una sola palabra, al igual que en la mañana. Fubuki aún no podía entender en que estaba pensando Mio. No había hablado desde aquella petición, y estaba bastante preocupado de lo que podía ver en el hospital. Esperó a que estuviesen ya en el hospital para poder preguntar.
-Mio, perdón si soy entrometido…- Fubuki observó como su compañera se detuvo a escuchar lo que él tenía que decirle.- ¿Por qué querías venir…?
-…- no hubo respuesta por parte de la muchacha. Fubuki desvió la mirada. Quizás había sido muy imprudente al preguntarle algo así.
Los dos entraron en silencio, lo cual era bastante conveniente para el hospital en ese momento. Había bastante escándalo con algunas personas que se encontraban enfermas y las enfermeras corrían de aquí a allá tratando de hacer algo. Mio siguió avanzando, por lo que él no tuvo más opción que seguirle. La peli negro se acercó hasta una de las enfermeras y le interrumpió en la conversación que tenía con una señora.
-Hola.- saludó la enfermera viendo a ambos con una sonrisa en el rostro.
-Disculpe… usted sabrá por casualidad algo sobre un accidente de tránsito que… ocurrió ayer por la tarde.- dijo Mio con dificultad. La enfermera les miró a ambos con algo de pena.
-¿Son familiares…?- preguntó al fin. Mio asintió con la cabeza.- Dime… ¿cuál es tu nombre?
-Suzuki Mio… Pero no estoy aquí por mi padre.- explicó rápidamente. Fubuki no se lo podía creer. ¿Ella había dicho que no estaba allí por su padre? Entonces… ¿por qué?
-Ya veo. Vienes entonces… para ver a Luna, ¿no?- preguntó la enfermera. Mio asintió con la cabeza algo insegura. La enfermera avanzó hacia uno de los pasillos junto a Mio y Fubuki. Debía haber por lo menos unas 10 habitaciones distintas alrededor de todo el pasillo; la enfermera entró en una de las últimas. Allí, tendida en una cama, estaba la nombrada Luna. Era unos 4 años menor que ambos, debía tener unos 10 años aproximadamente. La enfermera salió de la habitación.
Paso un rato de silencio. Fubuki seguía sin entender lo que ocurría, hasta que la dulce voz de Mio llegó a sus oídos.
-Cuando ocurrió lo de mi padre, también estaba en un estado similar… Tendida en una cama y sin poder hacer nada. Me sentía sola… y ya no tenía a nadie más.- dijo la chica. Fubuki la miró sorprendido. Mio se acercó un poco más a la niña y le vio de más cerca. Tenía cabellos rubios cortados en una tierna melena, y unos pequeños raspones causados seguramente durante el accidente de tránsito.- Yo no quisiera que ella… que Luna viviera lo mismo que yo.
-Mio…- dijo Fubuki viendo a la peli negro.
-Sé lo que es estar sola, y no quiero que ella lo sienta nunca.- explicó la chica. Para cuando se volteó y miró a Fubuki directamente a los ojos, parecía realmente feliz, aunque sus lágrimas dijeran lo contrario y su sonrisa lo afirmara. Fubuki se acercó hasta ella y le abrazó comprensivamente.
-Eres una gran persona…- susurró el chico abrazándola con más fuerza. La peli negro rió por primera vez en mucho tiempo.- No entiendo cómo es que no estás… triste…
-No… Tú me dijiste que jamás estaría sola.- sonrió la chica separándose de Fubuki. Mio tocó el pecho de Fubuki con su mano extendida y la acercó hasta el corazón del joven.- Además, las personas que amas… siempre estarán en tu corazón, ¿cierto?
-Sí…- contestó él sonriéndole de igual forma y limpiando las lágrimas de la muchacha. Mio era alguien muy fuerte, ni si quiera él lo habría dicho con tanta claridad y fluidez. Sin duda, era la chica que amaba y siempre amaría. Pero… ¿ella le amaba de igual forma? Suspiró resignado a lo que fuese. Aunque tenía una oportunidad de verificarlo. Si una vez lo había besado… entonces, ¿ella también sentía lo mismo que él por ella?
-Rin Rin.- el celular de Mio empezó a sonar. La peli negro sacó su celular y respondió rápidamente.
-¿Sí?- preguntó.
-¡Mio! ¿Se podría saber que estás haciendo? ¡Kido está hecho una fiera porque ni tu ni Fubuki están en el entrenamiento! (N/A: Miau xD)- le dijo la furiosa voz de Kazemaru desde el otro lado de la línea.
-¿Kazemaru?- preguntó confundida.- Este… Estoy en el hospital.
-¿E-En el hospital…? ¿Estás bien? ¿No te ha pasado nada?- preguntó esta vez preocupado. Mio sonrió divertida.
-No me ha pasado nada. Dile a Kido que no podré ir al entrenamiento de hoy.- le dijo la peli negro.
-Muy tarde, Midorikawa y Hiroto ya van en camino. Kido los envió… ni idea cuando, pero los envió.- dijo el peli azul. Mio se sobresaltó. Aún no estaba preparada para decírselo a nadie, y aunque Midorikawa lo supiese, Hiroto no.
-N-No, yo iré hasta allí. No me tardo.- dijo algo nerviosa mientras que colgaba rápidamente. Fubuki la miró confundido.
-¿Quién era?- preguntó el chico. Mio suspiró aliviada.
-Kazemaru, dice que Kido está furioso porque no he ido a la práctica hoy.- contestó Mio. Fubuki frunció el ceño molesto. "Ese idiota… si supiera la mitad de la historia…"
-Es un idiota.- dijo el peli plata inconscientemente. Mio le miró preocupada.
-¡N-No!- dijo rápidamente.- Kido no tiene la culpa. El no sabe nada…
-Mio...- dijo el peli plata razonando.- Sí, tienes razón.
Luego de eso, hubo unos cuantos minutos incómodos de silencio. Fubuki tan sólo quería charlar con ella, para poder aclarar las cosas de una vez. Sin pensarlo dos veces, tomó a la muchacha de la muñeca y salió de la habitación corriendo. Mio no parecía entender mucho, pero le pareció divertido y le siguió el juego.
-Tomoyo… Nakamura.- dijeron los del equipo con dificultad.
-¿Es el reemplazo de la cría?- preguntó Fudo sonriendo. Tsunami frunció el ceño.
-Quizás sea tu reemplazo…- dijo molesto. Fudo le devolvió una mirada amenazante.
-Ambos, paren de pelear.- dijo Aki interponiéndose. Kido miró a la chica unos segundos.
-Bien. Mientras no esté Mio, no podremos hacer nada.- dijo Kido.
-¿Juegas fútbol?- preguntó Goenji algo inseguro. Tomoyo asintió con la cabeza.
-¡Bien! ¡Probemos entonces!- dijo Endo desde la portería y preparado para todo. El equipo cayó de espaldas al suelo.
-Típico de Endo…- dijeron Goenji y Tachimukai al mismo tiempo.
Tomoyo se aproximó a la portería. La chica llevaba el buzo del Raimon, debido a que estaba con una falda y no podía jugar así. Los chicos le miraron atentamente, esperando algo increíble de la muchacha o una decepción muy grande. Tomoyo pateó el balón sin ninguna técnica especial. Nadie entendió lo que planeaba la chica. Endo no le dio importancia y uso la mano fantasma para atrapar el tiro, sin embargo, antes de lograr invocarla por completo, el balón ya había cruzado la portería, anotando así un gol. Nadie se lo podía creer. Una chica de aspecto tan dulce… era imposible que fuese así de rápida. Endo miró a la peli plata, estupefacto.
-¿C-Cómo…?- preguntó sorprendido. Tomoyo se preocupó.
-¿Hice… algo malo?- preguntó la chica. El equipo seguía sin palabras.
-En rapidez… supera a Mio, e incluso a Fubuki o Kazemaru…- dijo Kido sorprendido.
-Es increíble…- dijo Tachimukai atónito. La peli plata no podía entender muy bien de lo que hablaban ambos, pero sonrió amistosamente pensando en que sería algo bueno.
-Eso fue…- alcanzo a decir Endo cuando el resto del equipo se temió lo peor.
-No otra vez…
-¡INCREÍBLE!
Era increíble como Fubuki siempre podía encontrar los lugares más increíbles y más agradables. Aunque si había algo que aún no entendía, era porque estaban en…
-¿La azotea…?- Mio echó un vistazo a la vista que había, donde se podía distinguir alguna que otra parte de la ciudad Inazuma, entre ellas, la torre de metal con su trueno resplandeciente al igual que como ella lo había visto por primera vez al llegar. Fubuki y ella estaban apoyados en el barandal de allí, que habían puesto para evitar que alguien cayera. La brisa llegaba a ambos, algo que les encantaba tanto a Mio como a Fubuki. Hubo unos minutos de silencio, algo incómodos, que ella decidió quebrantar.
-¿De qué querías hablarme?- preguntó la peli negro. El peli plata la miró de reojo algo sorprendido ante la pregunta.
-¿Cómo lo sabías?- Mio rió ante la pregunta.
-Creo que ya te conozco mejor…- respondió para luego admirar el cielo que acompañaba a la ciudad en ese momento.
Fubuki hizo lo mismo. Ella tenía razón. La había llevado hasta la azotea para tan sólo poder hablar con ella sobre sus sentimientos. Era algo que debía hacer, y ahora que estaba allí, no podía dar marcha atrás. ¿Por qué era tan difícil? Era cierto que hablaba con chicas y se llevaba bien con ellas, pero esto era TAN distinto. Había un millón de formas, pero debía escoger una, o más bien, hallar la indicada para poder decírselo a Mio.
-Mio…- empezó a hablar.- ¿Qué somos?
-¿Qué somos?- preguntó la peli negro sin entender la pregunta. Fubuki suspiró.
-Sí… Amigos, compañeros…- dijo en un intento de explicar. Mio le miró unos segundos. "Juraría… que Kazemaru se propuso lo mismo el otro día…" pensó la chica sonriendo divertida.
-Amigos.- respondió ella secamente. Fubuki miró de reojo a su "amiga", ella no sentía nada más por él. Un escalofrío recorrió su cuerpo. ¿Tenía… miedo? Pero que cosas decía… Sacudió su cabeza para olvidar aquello e intentó seguir con la conversación.
-Ya veo…- dijo en voz baja algo triste. Mio se había dado cuenta de aquello, pero decidió dejarlo pasar. Fubuki no tenía más opción, debía decírselo.
-Mio debo decirte… algo.- su voz sonaba tan nerviosa, que ni si quiera podía creer que fuese Fubuki. La peli negro, por suerte, no le daba importancia, y tan solo se había limitado a voltearse y verle frente a frente. Fubuki respiró lo más profundo que pudo para intentar relajarse.
-Claro. Puedes decirme lo que quieras.- dijo la peli negro sonriendo. Fubuki se sonrojo. Tenía una sonrisa tan linda, que inspiraba confianza y seguridad, y aún así… ¿por qué no podía decírselo?
-Mio… Y-Yo no sé como decírtelo, porque quizás puedas tomártelo mal y no sientas lo mismo que yo…- Fubuki lucía nervioso.
-¿Qué… cosa?- preguntó Mio inocentemente. "Es tan inocente… que quizás no sepa de lo que estoy hablando…" pensó el peli plata. Lo había pensado tantas veces, y aunque lo estuviese haciendo de una forma en específico… ¿Por qué? Porque… quizás, no estaba siendo él. Su error estaba en no ser… el mismo. La razón por la cual no podía decírselo, era porque necesitaba saber si estaba enamorada de él, no de unas lindas palabras que podía repetir cualquier persona para encantar a cualquier humano.
-Y-Yo… no sé si sientas lo mismo que yo por ti… Pero de todas formas, quiero que sepas que yo… y-yo…- las malditas palabras no salían de su boca. Entonces, miles de recuerdos se le vinieron a la mente, de aquellos momentos que habían pasado juntos. Su promesa de ir a Hokkaido juntos, cuando él le había contado acerca de su pasado y ella sobre el suyo, y no podía sacar de su mente el hecho de que él había sido el único en verla llorar. Eso bastó para poder decidirse de una vez, suspirando resignado a lo que fuese.- Mio… yo te amo.
Las palaras del chico resonaron en su mente. No podía estar ocurriéndole eso a ella. Aunque ella le considerara un amigo, y quizás algo más… Kazemaru era su mejor amigo. Si Kazemaru era su mejor amigo, entonces él también… pero eso no estaba bien. Si Kazemaru era su mejor amigo, entonces lo entendería. Estaba segura de eso. Pero el punto, al fin y al cabo, era que ni ella sabía si esos eran sus sentimientos por Fubuki. Era un gran amigo, pero además de eso… ¿qué era? Sentía lo mismo por ambos, tenía que ser sincera.
-Fubuki… Yo también te quiero… pero tan sólo quiero que seamos mejores amigos.- sintió un dolor enorme en el pecho, como si le hubiesen clavado una estaca y, ésta estaca, estuviese contaminada por un doloroso veneno que la consumía por dentro. No había sentido lo mismo con Kazemaru, pero eso era porque sabía que él lo aceptaría. Fubuki suspiró.
-Dímelo… pero mirándome a los ojos.- lo que había dicho le había hecho caer en cuenta de ello. Jamás había visto a Fubuki a los ojos. ¿Significaba eso a caso lo contrario de lo que pensaba? Su corazón latía a mil por hora y sus mejillas estaban completamente sonrojadas. Le miró a los ojos e intentó ser firme.
-Fubuki, yo… yo quiero… que- yo…- no podía ver sus hermosos ojos y decirlo. ¡Eso la estaba matando! Cada vez se ponía más triste y se le hacía imposible decirlo.- N-No puedo… No puedo.
No podía. Las palabras explicaron todo con claridad. Ella no podía mentirle a Fubuki… ni menos a su corazón. Lo confuso se volvió comprensible y las respuestas llegaron rápidamente a su mente.
(*/Flashback/*)
"-¿Por qué lloras?- preguntó el peli plata sonriéndole. La chica no pudo evitar dejar caer más lágrimas. Fubuki la abrazó protectora y comprensivamente.- Está bien… Yo estaré contigo siempre. Es una promesa."
(*/Fin del Flashback/*)
¿Por qué recordaba eso justo ahora?
-Todo estará bien…- dijo finalmente.- Yo jamás te dejaría sola, Hime-chan… Tus amigos nunca te dejaremos sola. Puedes siempre confiar en nosotros. Yo… no quiero que pases lo mismo… que pasé yo…
Era Fubuki el dueño de esas palabras. Era él quien le decía que nunca la dejaría sola, y así era. Nunca, jamás, la había dejado sola. Él siempre la cuidaba y protegía. Y ella se sentía agradecida de ello… porque ella…
-No puedo… porque…- Mio se acercó un poco más al rostro de Fubuki, para luego quedar a unos cuantos centímetros de sus labios.- Yo también te amo…
La muchacha se acercó todavía más, para finalmente besar al chico por un largo rato. La cálida respiración de ambos se mezclaba en el aire, y siguieron así unos minutos más, hasta que necesitaron respirar. Fubuki le tomó de la cintura para atraerla más hacia él.
-Entonces… ¿quieres que seamos novios?- preguntó algo sonrojado. La chica sonrió levemente para luego volver a besarlo apasionadamente. Ambos se separaron luego de un rato. Mio sonrió dulcemente.
-Sí... acepto.- dijo la chica tras besarlo nuevamente.
Desde la puerta, los tres contemplaban a ambos chicos tener su romance. Midorikawa dirigió la vista a su compañero de ahora ojos llorosos, pero que seguía con una sonrisa en el rostro.
-¿Estás bien con esto?- preguntó el peli verde. El chico asintió.
-Su felicidad es la mía. Y si ella es feliz con Fubuki, entonces me alegro de ello.- dijo el peli azul sonriendo. Hiroto sonrió.
-Vámonos.- dijo el pelirrojo tras tomar el hombro de su compañero y dirigirse a la salida junto a sus dos amigos.
Ambos eran testigos de algo impredecible. Las enfermeras se encontraban rodeando a la pequeña Luna, que lucía pálida y no hacía nada más que repetir una y otra vez mamá y papá. Mio y Fubuki se acercaron hasta la pequeña chica. Una de las enfermeras intentó impedirles el paso, pero la misma señorita que les había atendido antes, le detuvo a ella y les dirigió una sonrisa a Mio y Fubuki.
-Lo dejo en sus manos.- dijo la enfermera saliendo de la habitación. Mio se acercó más a Luna para luego acariciar su cabeza delicadamente. La chica escondía la cabeza en sus rodillas, que tenía aferradas a su pecho mientras que las abrazaba.
-Luna… Por favor… cálmate.- dijo Mio intentando tranquilizar a la pequeña.
-Mamá… Papá…- repetía la chica. Mio no pudo evitar ponerse triste.
-Luna, debes escucharme…- dijo la peli negro. La chica, en un acto milagroso, guardó silencio y dirigió una vidriosa mirada a Mio.- Luna… ellos no están.
-…- la chica no respondió con palabras, las silenciosas lágrimas hablaron por ella. Mio sintió no haber logrado nada, sin embargo, la chica rompió el silencio al rato.- ¿Dónde…?
Fubuki y Mio miraron sorprendidos a la pequeña Luna, que miraba a Mio.
-¿Dónde están…?- preguntó. Mio no pudo evitar soltar unas cuantas lágrimas.
-Ellos ya cumplieron su etapa aquí… Quizás no lo entiendas, Luna.- dijo Mio tras sentarse junto la joven y tocar su pecho.- Pero recuerda… que aunque ellos ya no estén en este mundo… Siempre podrás encontrarlos aquí.
-¿A…quí?- articuló la pequeña soltando unas lágrimas, al igual que Mio. La peli negro sonrió.
-Así es… En tu corazón. Porque…
-Las personas que amas siempre estarán en tu corazón…- dijeron ambos. Mio se volteó a ver a Fubuki, que tenía los ojos rojizos y la cara humedecida y la abrazaba por la espalda. Mio sonrió divertida.
-Perdóname…- dijo el peli plata secándose las lágrimas. Mio sonrió y le besó dulcemente una mejilla.
-No digas eso… Nunca te he visto llorar.- le susurró la chica al oído. Luna miró a ambos con sus ojos aún rojizos. Se estaban yendo, y antes de poder hacer cualquier cosa, la pequeña tomó la mano de Mio con fuerza impidiéndole irse.
-No… No te vayas… onee-chan.- dijo la chica en un débil susurro que fue tan solo perceptible para los oídos de Mio, que se volteó de inmediato a ver a la pequeña.
-Luna…
-¡N-No me dejes… sola!- exclamó la chica parándose de su cama y abrazando con fuerza a Mio. Fubuki y la peli negro se miraron sorprendidos. Mio sonrió y le acarició la cabeza con dulzura.
-Está bien. No te dejaré sola… nunca.- dijo finalmente. Fubuki sonrió divertido y luego abrazó a la chica por la cintura sin despegar la mirada de Luna.
Ok... No me maten ahora, recuerden que les dije que nadie estaría solo y si voy a cumplir mi promesa. ¿Les gusto el capítulo? ^^
Espero que sí. Este fic está por acabar, para dar comienzo a la segunda parte de la historia ^^ Y allí si que haré sufrir a Fubuki, después de todo, al pobre Kaze-chan siempre le toca sufrir (es inevitable, entiendanlo xD). El próximo capítulo tendrá algo impresionante, un nuevo OC, y además habrá dos parejas en especial.
Mido-chan: Oye, yo no tengo pareja... T.T
Cami-chan: No te preocupes, en la segunda temporada tendrás una muy especial ;D
Mido-chan: Oye, ¿podría ser "aquella personita"?
Cami-chan: ¿Aquella personita?
Mido-chan: (*le susurra algo al oído)
Cami-chan: ¡Ah, esa persona! ¿Y cómo crees que se lo tome?
Mido-chan: ¿Su hermano o ella?
Cami-chan: Su hermano ¬¬
Mido-chan: No te preocupes, el lo entenderá.
Cami-chan: Mejor reza lo que sepas antes de decirle u.u Bien, ¡que corra video para el siguiente capítulo!
Mido-chan: ¡Hai!
-¡Yo jamás me daré por vencida! ¡Me llevaré a Luna y la cuidaré porque es una niña, y no tiene por qué afrontar el error que mi padre cometió en ese accidente!
-Me llamo Cherryl Matsuni. ¡Es un placer conocerlos!
Mido-chan: ¡Corte!
Cami-chan: Oye... No estoy convencida de lo de las parejas.
Mido-chan: ¿Me quieres dejar soltero? O.O
Cami-chan: Mmm... No. No soy tan mala. Bueno, ¡le daré la bienvenida a Luna, que se integra a la historia!
Luna-chan: Arigatou, ^^
Cami-chan: Lu-chan, ¿tú no quieres un novio, cierto? O.O
Luna-chan: ¿Y-Yo...?
Mio-chan: ¿Qué cosas le dices a la pequeña, eh? ¬¬
Cami-chan: ¡N-Nada!
Mido-chan: ¡Bueno! ¡Esperamos que les haya gustado el capítulo y no olviden dejar reviews!
Cami-chan: ¡OYE, ESO LO DIGO YO! T.T
Todos: ¡Hasta la próxima, mina!
Cami-chan: ¡Matta-ne!
