D: LA HERMOSA IDEA DEL ROMANCE ENTRE REMUS Y NYMPHADORA ES PROPIEDAD DE J.K. ROWLING.

Capitulo 12: Tonks ama a Remus


"I can't do everything, but I'll do anything for you.

I can't do anything except be in love with you"

(No puedo hacerlo todo, pero haré cualquier cosa por ti.

No puedo hacer nada excepto estar enamorado de ti)

Romeo & Juliet- The Killers


La primera señal del mundo real fue cuando escuchó que Moody cerraba la puerta y se colocaba detrás de ella. Fue entonces cuando supo que tenía que regresar. Por mucho que le costara creer lo que veía. Por mucho que le doliera.

Sus pulmones se llenaron de oxígeno mientras seguía observando a Remus. Tenía cortes por todos lados, en la cara, en los brazos, en el torso. La mayoría lucía un color rojo intenso. El que más llamaba la atención era una profunda herida formada por tres tajos en el costado derecho de donde manaba sangre. Daba la impresión de que una garra despiadada hubiera querido rebanarlo. Además Tonks pudo visualizar algunos mordiscos distribuidos en sus brazos. No quería averiguar quién había sido el maldito capaz de haberle hecho eso a Remus. Pero tenía que saberlo.

Respiró de nuevo, profundamente. Tratando de no llorar sin remedio ahí mismo. Sentía que todo su cuerpo temblaba y que su visión se hacía borrosa. Tuvo que aferrarse del objeto más próximo que tenía para no caerse.

Y ese fue Kingsley. La metamorformaga tomó el brazo de su jefe y solo hasta ese momento se percató de que había más gente ahí aparte de ella, Moody y el herido Remus. Su cabeza daba vueltas y de no haber sido por Kingsley, ya hubiera besado el piso. Este la vio con preocupación.

-¿Qué le pasó?- Habló muy despacito, con dificultad. Pero fue escuchada perfectamente por todos los presentes.

-Oh…Querida…- Tonks reconoció la voz al instante. Sentada en la cama, al lado de Remus, se encontraba la sra. Weasley. Tenía su varita en la mano y en la otra un frasquito. Se imaginó que lo estaba intentado curar, dado que había varios frascos más en una mesilla y algunas hierbas.

Nymphadora caminó hacia Molly con reticencia. No quería verlo. No podría soportarlo verlo de cerca. Pero así lo hizo. Llegó hacia donde estaba la bruja con las manos temblándole. Era peor de lo que se imaginaba. La respiración de Remus era débil y las heridas acentuadas. Su cuerpo estaba totalmente magullado. Su cara demostraba aflicción, sus ojos cerrados y sus labios levemente abiertos.

Tonks sintió la necesidad de curarlo ella misma. De recorrer cada herida, de sanarla, de cuidar que no quedaran marcas. Ella sentía el impulso de abrazarlo, de besar cada morete, cada golpe y susurrarle que ahí estaba ella, con él y que no lo dejaría. Pero no podía hacerlo. Porque se lo habían prohibido. Porque Remus no sabía lo que ella sentía. Porque muy pocos los sabían.

Así que se obligó a quedarse quieta, mordiéndose los carrillos internos para no llorar. Apretando la mandíbula y viendo valientemente como el hombre que gobernaba cada uno de sus pensamientos parecía morir lentamente. Fueron unos segundos eternos.

Antes de que pudiera volver a formular su pregunta entró un sr. Weasley algo ansioso a la estancia. Se dirigió hacia Moody que no le había quitado la vista a Nymphadora desde la reacción principal que tuvo.

-Dumbledore acaba de responder. Los espera a las afueras de Hogwarts.- Dijo el sr. Weasley, dedicándole una pequeña sonrisa de tristeza a los presentes. Se acercó hacia donde estaba su esposa y vio al hombre lobo de reojo. Para ese entonces una mano de la señora Weasley se aferraba a la de la metamorformaga. La chica agradeció el gesto.

-Bien, tenemos que irnos- Habló Alastor, separándose de la pared en la cual había estado recargado. -Kingsley, Tonks. Tenemos trabajo que hacer.

Y en sumo silencio, como si el simple hecho de hablar de más alteraría la salud del licántropo, salieron los tres aurores. No sin antes, haberle pedido muy despacio a Molly con el alma casi desbocada que cuidará mucho a Remus. Porque eso era lo que más le importaba a Tonks en esos momentos. La bruja pelirroja le dedicó una sonrisa maternal intuyendo perfectamente lo que pasaba por la mente de la joven.

No pudo evitar que una ola de tristeza la embargara.

Las manos de su esposo se posaron en sus hombros justo cuando todos habían abandonado el lugar.

Tonks necesitaba respuestas. Las necesitaba y ya. ¿Qué había pasado? ¡Por Merlín! ¡Que alguien le dijese! Todo su interior se estaba desbaratando, carcomiendo despacio, sin piedad.

Salieron de nuevo al oscuro y terrible pasillo del segundo piso del Caldero Chorreante. A la bruja le pareció más horrible que cuando había entrado momentos antes con Ojoloco. El susodicho, al principio de la comitiva, bajaba ya las escaleras.

Kingsley la miró de soslayo y debió de haber tenido un aspecto terrible por la cara de consternación que puso el duro auror. Le pasó un brazo por los hombros, empujándola levemente para que no se atrasara.

¿Por qué demonios nadie hablaba? Eso se preguntaba una y otra vez pero no podía encontrar el porque. Su boca estaba seca. Su garganta colapsada.

Bajaron las tétricas escaleras, acompañados solamente por el sonido de sus pasos al pisar la vieja madera. Una vez en el bar, aún con el brazo de Kingsley sobre ella se desaparecieron.

Tonks se dio cuenta de que estaba llorando cuando vio las lágrimas caer en la tierra, formando pequeños círculos húmedos. Levantó la vista, comprobando que estaban muy cerca de Hogsmeade. Era bien sabido que no podían aparecerse dentro o cerca de Hogwarts por lo que tenían que atravesar primero el pueblo para llegar al castillo.

-Tranquila- Le dijo la voz grave de su jefe, apartándose de ella para ir a encontrarse con Moody que ya casi llegaba a la primera casa de la aldea. Tonks apresuró el paso temblorosamente para alcanzarlos.

En el horizonte se podía divisar una línea de luz. Pronto amanecería.

-Estén atentos.- Ordenó Ojoloco varita en mano.-Lo más seguro es que sea lo que sea ya se haya ido. Pero debemos tener alerta permanente.

A Nymphadora le dio un vuelco el corazón. ¿Entonces había sido cerca? Siguieron atravesando el pueblo que se encontraba sumido en un pesado silencio. La auror se puso al lado izquierdo de Moody mientras Kingsley Shacklebolt permanecía a la derecha. No pudo soportar más aquello. Tenía que saberlo.

-Por favor- Se sorprendió escuchar lo débil que estaba su voz- Tienen que decirme que le pasó a Remus- Movió la cabeza pensando como continuar- He obedecido a tus órdenes Alastor pero necesito saberlo. Por favor, dímelo. …

Para este momento Tonks ya estaba enfrente del auror implorándole. Evitaba verlo a los ojos para que no notara que los tenía anegados en lágrimas. No quería armarle una escena con llanto y todo.

Moody siguió caminando, apartándola de su camino. Suspiró frustrado. Sin embargo le dio una respuesta.

-Como supondrás a Remus lo han atacado, ¿quién o qué? Aún no lo sabemos. Es lo que vamos a averiguar.

La metamorformaga se detuvo, algo desconcertada. ¿Eso era todo? ¿No podían decirle quien había sido el malnacido que le hizo eso a Remus? Ojoloco no le había dicho nada nuevo. La impotencia la gobernó de nuevo. Su interior gritaba y sollozaba por dentro. Se quemaba y ella no podía hacer mucho más que luchar porque no saliera a flote.

-Tonks- Le llamó Kingsley. Pero al ver que no reaccionaba se acercó a ella, la cual seguía parada con la vista perdida en algún sitio. -Tonks- Le volvió a hablar pero ella parecía pensar en algo muy importante. Su cabello lucía opaco y más con la iluminación que daba el cielo.

-Ayer fue luna llena ¿Cierto?- Preguntó queriendo atar cabos.

-Sí, ayer fue.- Confirmó Kingsley, asintiendo con la cabeza. Viendo cómo metros más adelante el auror del ojo mágico se alejaba. -Ven, nos vamos a atrasar y no le agradara para nada a Moody.- Jalándola suavemente del brazo, siguieron caminando.

-No eres la única que está así, Tonks. Nadie sabe lo que realmente pasó. Y es desconcertante porque Remus no debería estar herido. Moody se siente imposibilitado al no poder hacer mucho. Toda la orden está en ascuas.- Dijo el mago.

-¿Cómo fue que pasó?- Preguntó la chica un poco más calmada. Apretaron el paso para alcanzar a Ojoloco.

-Ayer Remus se fue de Grimmauld Place para transformarse en un lugar donde no pudiera dañar o dañarse. No supimos a donde…

-Espera. - Lo interrumpió Tonks, concentrada.- Ayer yo estaba en el cuartel. Remus se fue en la noche con…con Hestia Jones- Pronunciar aquel nombre le dolió.

-Bueno probablemente de ahí se fue a transformarse- Kingsley se encogió de hombros- El caso fue que durante todo el día no supimos nada de él. Todos pensaron que se había ido a su vieja casa a descansar ya que con el tumulto de Grimmauld Place es imposible. Pero cuando para cenar no regresó empezamos a preocuparnos. Entrada la medianoche Sirius estaba muy nervioso, así que el señor Weasley y Charlie fueron a casa de Remus para ver si estaba. Pero todo indicaba que no se había pasado por ahí. Así que me hablaron porque oficialmente Remus estaba desaparecido.

La joven auror se tapó la boca con ambas manos, ¿Cómo podía ser que no le habían dicho nada? ¿Remus desaparecido y ella tan tranquila? ¿Diciéndose que no pensaría en él en esa noche precisamente? La sangre se le heló.

Iban justo detrás de Moody, por el sendero en que a principios de año, los estudiantes tomaban para subir al castillo en los carruajes que andaban sin chofer ni caballos.

-Busqué en todos aquellos lugares en los que creíamos que podría estar. No te avisamos porque Molly no nos dejó. Dijo que no quería preocuparte.

Tonks agachó la cabeza, algo avergonzada. ¿Kingsley lo sabía?

-Nadie va a decir nada.- Respondió a la pregunta que se formó en su mente, mientras le sonreía cálidamente, gesto que pronto desapareció. Siguió.- Lo encontré en un par de horas, a unas millas del castillo de Hogwarts. Estaba en un claro, muy herido. Pero no de las típicas heridas que se sufren durante la transformación, sino unas más fuertes, hechas a propósito. Lo habían atacado. -Tonks contuvo la respiración- Entonces me vi en la necesidad de hablarle a Moody y este a su vez a ti. Lo trasladamos al Caldero Chorreante, dado que en Hogsmeade alarmaríamos al pueblo y en Grimmauld Place había demasiada gente, incluyendo niños. Le avisamos a la Orden y a Dumbledore.

-¿Y no saben quién fue él que lo atacó?- Ahora que sabía cómo había sido aquel espantoso suceso, se sentía más confiada pero no más tranquila. Cada cosa relatada por Kingsley la había afectado de diferentes maneras. En ese momentos solo podía pensar en él, en sus heridas, en el hecho de que estaba inconsciente en una cama lejos de ella.

-No- Contestó el mago.- Pero sabemos a ciencia cierta que esas cortaduras y golpes no fueron causados por una varita.

-¿Un hombre lobo?- Sugirió la metamorformaga con voz ahogada, horrorizada.

-Hay muchos hombres lobo.- Habló por primera vez Alastor Moody que durante toda la conversación se había limitado a permanecer en silencio. Frente a ellos se levantaba la altísima puerta de hierro forjado que fungía como entrada principal al castillo. Al otro lado de ella, un sereno Albus Dumbledore los esperaba.- Pero ninguno vive en el bosque prohibido ni cerca de Hogwarts. Y mucho menos atacan a los suyos.

Registraron hasta al amanecer el bosque y los terrenos aledaños. Pero no había rastro de alguna criatura o criaturas potencialmente agresivas o violentas. Tonks había guardado la tristeza y la aflicción que la embargaban para concentrarse cien por ciento en la búsqueda de aquella terrible bestia que tanto daño le había hecho a Remus. Fue la que más terreno cubrió y la que llevó a cabo los sondeos más minuciosos y exhaustivos. Pero nada. Nada parecía anormal en los bosques. Incluso Hagrid y la maestra Mcgonagall se les unieron. Pero aun así el bosque se negó a mostrarles pistas o evidencias.

Agotada y algo decepcionada, abandonó el castillo, ante las insistencias de Dumbledore de que descansará ahí. Se encaminó rumbo al Caldero Chorreante. Necesitaba ver a Remus, necesitaba escuchar su respiración, sus latidos. Necesitaba saber que estaba bien. Y no le importaba en lo mínimo que estuviera llena de barro que estuviera muriéndose de sueño, que sus párpados se estuviesen cayendo y dos gruesas y oscuras ojeras se hubieran instalado en su rostro. No, eso era lo de menos. Que sus piernas estuviesen a punto de fallarle y su pulso fuera más agitado por el esfuerzo descomunal que hacía para mantenerse en pie. No, no descansaría hasta ver a Remus.

Y con esa gran determinación apareció en el viejo bar, aún cerrado y subió las espantosas escaleras, cruzó el sombrío pasillo y abrió la puerta con precipitación. La imagen que le devolvió la habitación fue suficiente para consolarla por unos minutos.

La sra. Weasley sentada en una silla se sobresaltó al ver a entrar a Tonks de imprevisto pero la chica solo tenía ojos para cierto hombre lobo.

Se acercó hasta él, mareada del cansancio. Se sentó en un banquito que estaba al lado de la cama y con su mano rozó ligeramente la mano del licántropo. Sus dedos eran cálidos tal y como los recordaba aquella vez que se desaparecieron cuando Remus la acompaño a su casa. Desde aquella vez que no se hablaban. Pero eso ya no importaba, Tonks se lo perdonaba, le perdonaría eso y miles de cosas más. Porque aunque no lo supiera, ella estaba enamorada de él, y no le dejaría por nada en el mundo. Si él estaba bien, ella lo estaba.

Solo pudo esbozar una débil sonrisa mientras veía a Remus, antes de caer profundamente dormida, con su cabeza sobre la cama al lado de él.

Y aunque estaba toda torcida, la sra. Weasley supo que era mejor no moverla. Salió del dormitorio sabiendo que Remus estaba con la mejor de las compañías.