Jejeje... jajajaja... ja... ah, mi estupida computadora me esta fallando, lo siento.


Disclameir: los personajes de Eyeshield 21 bla bla bla Ichiro y Yusuke bla bla bla sin fines de lucro bla bla bla diversión bla bla bla y ¡ya ha!


—No—dijo el chico.

—¿Por qué no?—preguntó ella.

Ambos estaban en la habitación del rubio, el se encontraba sentado sobre la cama con los brazos cruzados y una mirada de pocos amigos. El motivo de la discusión que se llevaba a cabo era sin lugar a dudas el atuendo de la chica que estaba frente a él. Llevaba la peluca rubia que le dio el día anterior, el cabello le llegaba por debajo de los hombros, estaba un poco ondulado y se veía muy natural con la blanca piel a la que enmarcaba, además de resaltar los pupilentes azules que por esta ocasión la chica se puso para cubrir sus ojos oscuros. No llevaba demasiado maquillaje, pero se veía más femenina del rostro. Sin embargo éste no era el verdadero motivo por el que el rubio se negaba a que salieran del hotel, el motivo era el vestido rojo y entallado que llevaba, con un escote que mostraba la espalda por completo sostenido por finos tirantes.

—Cámbiate de ropa—dijo autoritario Hiruma.

—No—le retó.

Estuvieron mirándose por un largo rato, ninguno de los dos quería ceder.

—Escucha eras tú el que no creía que podía vestirme de forma elegante, ahora que lo hice no quieres.

No le contestó nada pero estaba segura de que cualquier cosa que le dijera no surtiría efecto pues cuando Hiruma se empeñaba en algo no escuchaba hasta que lograba lo que quería y para ella eso era frustrante ya que interfería con sus planes. No tenían tiempo para esa clase de estupideces.

—No te entiendo—dijo al cabo de un rato.

Miró detenidamente al comandante del infierno, su atuendo era una camisa roja, desabotonada del pecho y sobre ella un saco negro al igual que sus pantalones y zapatos. Muy elegante a su parecer, inclusive combinaba con su vestido. No iban a nada más que buscar una pista, que rayos importaba el como fueran vestidos, sobre todo ella, pero Hiruma tenía una opinión diferente. La moral del chico no era precisamente la más decente como para que intentara censurarla, al contrario, era justo el tipo de persona que intentaría sonsacarla, o eso era lo que ella creía. Por estos motivos no lograba entender. Y mientras ella tenía esos pensamientos el joven se levantaba de la cama, caminaba con paso confiado, y esa sonrisa.

—Lo que no entiendo es como quieres llevar ese vestido si ni siquiera tienes con que rellenarlo.

Señaló con su dedo el pecho de la chica. Si bien tenía razón y sus atributos frontales no eran precisamente muy grandes, no le daba el derecho a siquiera mencionarlo. Colocó ambas manos sobre su pecho para obstruir la vista a Hiruma. Luego, lo tomó de la solapa del sacó para acercarlo peligrosamente a su rostro y mirarlo amenazante.

—Retráctate de eso.

Al estar tan cerca el rubio no tuvo ningún problema en poner una de sus manos sobre el pecho de Jay. Debido a esta acción soltó al chico, estaba tan sorprendida de que hiciera algo como eso que por unos instantes se quedó mirándolo con los ojos muy abiertos. En todo el tiempo que tenía de conocerlo sabía que estaba loco, que era un manipulador, que gustaba de controlar a las personas a su antojo, que no le importaba en lo absoluto lo que los demás pensaran de él. Pero jamás imagino que tuviera tales mañas y menos aún que tuviera el valor de aplicar algo como eso en ella. Sin poderse controlar su mano se volvió puño y se estrelló contra la cara de Hiruma, fue tal impacto que cayó al suelo. Apenas pasado un segundo de verlo en el suelo se sintió culpable por haber hecho lo que hizo. Por supuesto no pediría disculpas, nadie podía culparla pues tenía un muy buen motivo. Y aún así verlo sostenerse el rostro adolorido la hacía sentir mal. Caminó un paso a él, estaba a punto de preguntarle si estaba bien cuando su sonrisa hizo eco por la alcoba.

—Vacío—le escuchó decir cuando se volvió a ella y señaló su pecho insistente.

La culpa se desvaneció dando lugar a una ira que parecía querer estallar, no obstante tenía que controlarse, ¿quién más tenía tantas influencias y artimañas como para encontrar a John? Esa paliza podía esperar. Pasó por un lado del joven y se acercó a la salida, al abrir la puerta volvió la cabeza para verlo.

—No me voy a cambiar de ropa—dijo—, voy a ir contigo o sin ti.

Salió de la habitación con paso firme dejando al rubio en el suelo. Se plantó frente al elevador a esperarlo. Mientras lo hacía observaba con cierta impaciencia como cambiaban los números, sus labios se curvaron en una sonrisa cuando sintió que alguien se posaba a un lado. Los dos entraron en cuanto las puertas se abrieron, ahora podía sentirse más confiada con el a su lado.

Bajaron hasta la recepción, la cual cruzaron bajo las atentas miradas de los hombres que no podían evitar voltear a donde estaba la rubia con el llamativo vestido de color rojo. Se dirigieron a la salida para irse, en el camino Jay escuchó un gruñido. Al ver a Hiruma notó que le echaba miradas asesinas a todo aquel que se atrevía a posar sus ojos en ella. No sabía si sentirse halaga o sobreprotegida, le pareció muy exagerado de su parte el que se molestara por algo como eso. Pero bueno, Hiruma solía actuar raro y no tenía que sorprenderse. Al salir y verse libre de todas aquellas miradas pudo respirar de alivio. No quería que Hiruma fuera a asesinar a alguien por un motivo tan ridículo.

Fuera del hotel, en la calle lindo y reluciente, se hallaba un auto de color negro. Hiruma silbó, ese no era un auto que se viera comúnmente en las calles puesto que eran pocos los que podían costear algo como lo que tenía enfrente.

—¿De dónde lo sacaste?—dijo acercándose al vehiculo.

—No lo robre si es lo que estas pensando—se defendió de inmediato ante una posible acusación, luego caminó junto a él—, ¿acaso crees que sería capaz de algo así?

La tomó del mentón y levanto su rostro para acercar el propio hasta que sus labios casi se rozaban. En ese momento desapareció todo el mundo como había pasado en ocasiones anteriores, sólo se encontraban esos ojos verdes que siempre terminaban hipnotizándola tanto como los ojos de una serpiente a su presa. Lentamente él abrió la boca para susurrarle unas palabras que no escuchó porque su mente se concentró en el suave olor de la mente. Se separó de ella para abrir la puerta del conductor, sólo entonces despertó.

—¿Qué?—preguntó confusa.

—Que te creo capaz de todo y ahora dame las llaves.

Extendió la mano para que se las diera, no hubiera querido hacerlo pero con lo que acababa de pasar dudaba que pudiera conducir bien, además de que no se sentía cómoda del otro lado. Alcanzó a ponerse el cinturón de seguridad muy a tiempo, Hiruma arrancó el auto y condujo por la calle como si no existieran las leyes de transito, Jay sólo miraba aburrida los destellos de luces atraves del cristal de la ventanilla. Más bien pensaba en lo sucedido momentos atrás y se reprochaba el porque siempre le afectaba de esa manera, nunca le había sucedido con ningún chico antes, sólo Hiruma sabía como confundirla.

Llegaron más pronto de lo que esperaba, la verdad que no tenía que sorprenderse, hasta parecía que Hiruma quería llegar a barrer el lugar. En cuanto a este no era tan espectacular por fuera como lo había imaginado, sin embargo sí había mucha gente fuera que deseaba entrar. Se estacionaron casi en la entrada, llamando la atención de las personas que estaban alrededor, después de todo era un auto muy lujoso. En el momento en que bajaron muchas de las miradas pasaron del auto a ellos, Jay esperaba que Hiruma no se pusiera imposible, su preocupación fue innecesaria, el rubio estaba impaciente por entrar. No necesitaron su libreta demoniaca ya que al ver el auto y la chica el sujeto que decidía quien entraba y quien no, imagino que el rubio debía tener un buen status y los dejó entrar.

—¿Un bar karaoke?—preguntó Jay una vez que estuvieron dentro.

Había un gran escenario al fondo, con pantallas donde se podían apreciar las letras de las canciones. También había muchas mesas donde la gente se sentaba a disfrutar del espectáculo. Pegadas a las paredes había otras mesas pero no como las que había en el centro, estas tenían paneles que las dividían y que daban privacidad, las personas no se sentaban en sillas sino en cómodos sofás. Había mejores lugares pero si ahí podía encontrar una de las respuestas que tanto había estado buscando entonces estaba bien.

El tipo que acomodaba a las personas los llevó a una de las mesas del centro. Se sentaron y pidieron un par de bebidas. Durante unos minutos permanecieron callados, Hiruma buscaba algo o a alguien con la mirada, entonces pudo aprovechar ese lapso de tiempo para pensar. Hiruma se veía diferente a como lucía otros días, no podía dejar de verlo. No había querido pensar en eso desde el día anterior cuando le dijo de la pista y se fue de su habitación pero si esto no fuera alguna especie de misión para encontrar a John se parecería mucho a una… ¿cita?

—El tipo que buscamos esta en esa mesa.

Hiruma cortó sus pensamientos al señalarle una de las mesas junto a la pared. Ahí se encontraba un hombre castaño, con el cabello un poco largo, ojos azul cielo, trajeado y con dos chicas japonesas que se reían con él. Inmediatamente reconoció al tipo.

—¿Sanders?—dijo con algo de desaliento, luego se quejó—, lo único que me faltaba, ese pervertido.

Recargó una el rostro en una de sus manos. Michael Sanders, un cabo que estaba con John en el ejército, un sujeto que era un bueno para nada. No hacía nada más que buscar mujeres lindas para llevarla a una habitación detrás de la base. Además siempre la molestaba diciéndole que parecía un niño y también que Hiruma era su novio. Fue un alivio cuando lo echaron del ejército.

—Entonces—comenzó lento—, ¿sólo le preguntamos y ya?

Hiruma bebió del refresco que pidió y luego ladeo la cabeza.

—No es tan sencillo—respondió—, no le gusta que cualquiera se le acerque, es él el que debe acercarse a nosotros.

—¿Y cómo pretendes que haga eso?

Al cabo de unos minutos ella se encontraba parada en el escenario con el micrófono en la mano, pues según Hiruma si la veía cantar seguramente llamaría su atención. No le preocupaba cantar mal, no lo hacía mal, por ese motivo se dirigió al dj para decirle cual canción era la que quería. Cuando la tonada comenzó a sonar sostuvo el micrófono con fuerza, caminó por el escenario y luego comenzó a cantar.

I've got a bad boy and that's alright with me

His dirty laundry is nothing that I can't keep clean

No reconocía esa canción pero sí podía entender lo que decía. Mientras cantaba caminaba por el escenario de una manera provocativa, no tenía un cuerpo precisamente voluptuoso, pero algo en ella llamaba la atención. Sus ojos no se despegaban ni un instante de ella, así como ella mantenía la vista fija en él.

And when he needs an alibi

He can use me all night

Al decir la última oración, se dio la vuelta dando la espalda al público pero sin dejar de mirar al rubio mientras acariciaba su cuello. Por algún motivo que no pudo entender Hiruma sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal.

(Oooh) What's the fun in playing it safe?

(Oooh) I think I'd rather misbehave

Your way

Pero Hiruma no era el único que ponía atención a la rubia, sin contar el público, había otros dos sujetos que ya la tenían en la mira. Uno de éstos sujetos era el hombre que era el objetivo de los chicos.

—Mira que chica tan linda—se le escapó decir en voz alta—debería invitarla a sentarse con nosotros.

Las dos jóvenes que se encontraban con él se miraron entre si y luego a la que estaba al frente. No les gustaba para nada perder la atención del hombre que tenían a un lado, sobre todo cuando éste les daba lo que querían.

—Sí ella se sienta aquí nosotras nos vamos—dijo una de ellas.

I'm just a bad girl, that's why we get along

Won't make excuses for anything I'm doing wrong

Si había algo que le molestara era precisamente que lo presionaran de aquella forma y sobre todo si tenía que elegir. Aunque claro que en ésta ocasión no había porque elegir.

I'll pull the trigger in a flash

Watch out honey, step back

Y así es como se vio solo en cuestión de segundos. Pero la sonrisa que tenía en el rostro le daba a entender que ahora estaba mucho mejor.

(Oooh) What's the use in playing it safe?

(Oooh) Wouldn't you rather misbehave?

My way

Mientras tanto Hiruma se encontraba sentado, aún en su mesa sin haber apartado la vista ni un segundo al igual que ella. Con sus dedos acariciaba la orilla del vaso intentando mantener la calma. Ella no dejaba de verlo ni un instante, sin importar cuantos movimientos hiciera sobre el escenario. La gente del público hacía mucho que dejó de importar, era como si ella estuviera haciendo ese espectáculo sólo para él, y eso lo ponía de nervios. Cada movimiento intentaba ser de una forma sensual, ella no era de ese estilo así que su actuación terminaba siendo burdamente sensual.

Oh baby show me the money my evil friend

Let's go to Mexico, drink margaritas in sin

I'll light a candle for good luck

Now come on baby let's...

Camino hasta llegar a la orilla de la plataforma, se dio una vuelta y justo cuando decía "let´s" colocó su mano libre sobre el pecho para bajarla por todo su torso hasta llegar a una de sus piernas. Hiruma por poco tira su bebida.

—Maldición—desvió la vista al vaso.

(Oooh) What's the fun in playing it safe?

(Oooh) I think I'd rather misbehave

Your way

Ahora sonreía mientras cantaba, le alegraba saber que por lo menos ésta ve era ella quien le provocaba una reacción así. No podía esperar a ir a su mesa para ver a Hiruma.

We're simply mad

Simply mad

Ya que terminó de cantar bajo del escenario y le entregó el micrófono al mesero que estaba de pie de los escalones, pero el la detuvo para decirle que un hombre deseaba su compañía. Al ver que le señalaba a Sanders, justo como Hiruma lo había esperado, y ahora se daba cuenta de que tenía que seguir con el plan aunque eso significara que se perdería de molestar a Hiruma. Le agradeció al mesero y con un paso confiado fue hasta la mesa de Sanders.

—Hola damita—le dijo en cuanto llego y con la mano le señaló que se sentara frente a él—, tienes una voz preciosa, soy Mike Sanders, ¿cuál es tu nombre?

—Jodido pervertido, que mala memoria tienes—escucharon antes de que ella dijera nada.

Hiruma hizo acto de aparición mucho más pronto de lo que ella esperaba. Se sentó a un lado de la rubia y miró burlón al sujeto castaño, que no tardó ni dos segundos en reconocer a ese demoniaco chico.

—¿Hiruma?—no podía creerlo.

—Ni tan mala—comentó Jay.

Al verla bien del rostro se le hizo familiar, analizó la imagen que tenía al frente. Imaginó a Hiruma más chico y a Jay con otro estilo de ropa y con un cabello de otro color. Suspiró, repentinamente se sintió nostálgico. Nunca pensó que se volvería a encontrar con ese par de mocosos que tantas veces le fastidiaron la vida, justo cuando por fin descansaba de ellos ahora aparecían para quién sabe que cosa.

—Eso significa que tú debes de ser Ca...

—La misma—impidió que terminara la frase.

El castaño analizó todo en ella, en los años que no la había visto si que creció y se convirtió en una mujercita hermosa. Era un cambio drástico, aún podía recordar a esa niña que se vestía como niño y que con frecuencia solía patearle el trasero, la nostalgia lo invadió de una forma no muy grata.

—Mira nada más—dijo después de unos momentos de silencio—, la niña que más bien parecía niño karateka convertida en toda una mujercita. Así que todavía siguen juntos—dijo con cierta malicia—, cuéntenme, ¿ya son novios?

—Sanders, no digas estupideces—Jay no estaba muy contenta con ese comentario.

—Pero linda, después de todo este tiempo no me digan que no han avanzado nada—había utilizado un tono de decepción fingida.

—Es un tanto complicado—dijo la rubia—, pero no estamos aquí para hablar de eso.

—Sabemos que mantienes contacto con el fucking GI Joe—intervino el ojiverde.

Eso sorprendió al ex militar. No concebía el que John hubiera perdido el contacto con ella, siempre que los veía juntos para él no había nadie más importante que la niña que lo visitaba clandestinamente, y claro que también estaba la nipona que cuidaba de ella. Sin embargo no creía que la depresión del hombre fuera tan severa como cortar el contacto con sus seres queridos.

—¿Están enojados?—indagó.

—No—le contestó—el dejo de comunicarse, pero ahora necesito encontrarlo y rápido.

Contempló a ambos, las miradas de los dos eran bastante penetrantes y no le gustaba, aún si ella tenía los pupilentes. Como fuera lo único que podía hacer era seguirles la corriente porque no en balde sabía de lo que los dos eran capaces de hacer y siendo sincero consigo mismo no quería volver a ello. Tomó un sorbo de su martini para pensar bien en su respuesta.

—A veces me contacta seguido, otras de días y otras de meses.

No sabía si estaba decepcionada o si tenía ganas de golpear a Hiruma por darle falsas esperanzas sobre John. Quería encontrarlo de una buena vez para arreglar aquel asunto tan tedioso, había personas que dependían de eso.

Hiruma la miró de reojo, estaba muy pensativa.

—Nos avisaras la próxima vez que te contacte—dijo más como una orden.

—Sí podría—dijo—, ¿pero que ganaría a cambio?

—La satisfacción de ayudar a unos conocidos—esta vez fue Jay que comentó sarcásticamente, sabía que ayudar no estaba en el vocabulario de Sanders

—No lo creo.

—¿Que es lo que quieres?—preguntó Hiruma, ahora poniendo las cartas sobre la mesa.

El sujeto se quedó callado, parecía estar pensando en lo que le proponían los chicos, el no ganaba nada y la verdad es que tampoco quería nada de valor. Lo pensó un poco más, tal vez si hubiera algo que quisiera de ellos y estaba seguro de que lo que les pediría haría estallar a la chica.

—Un beso—dijo sencillamente.

—No voy a besarte—casi gritó espantada.

—JAJAJA—empezó a reír como un lunático. Cuando por fin pudo más o menos controlarse continuó—. No quiero que me beses, quiero verlos a ustedes darse un buen beso.

La noche se tornaba cada vez más frustrante para la rubia, ni siquiera tenía una información precisa de John y ya se estaba poniendo exigente, le estaban entrando unas tremendas ganas de patearlo pero al llevar un vestido tan corto podría verse algo que no quería que se viera. Antes de tomarlo del cuello y dejar marcados los nudillos de sus manos en su cara tenía que preguntar.

—¿Por qué?

—Soy morboso—respondió simplemente—. Además el primer beso que se dieron no me gusto para nada. Los besos accidentales son muy cursis.

Un evento muy bochornoso según recordaba Jay, no quería recordarlo y ahora traía a su memoria ese recuerdo tan vergonzoso. Miró de reojo a Hiruma, permanecía inmutable, como si no supiera de qué se trataba lo que estaba diciendo el otro. Nunca se había puesto a pensar en ello, ahora que lo hacía se preguntó si acaso Hiruma pensaba en ese beso, claro que como lo dijo Sanders fue un accidente, el accidente con el que se conocieron.

Bueno pero eso era del pasado y ahora lo que importaba era no cumplirle el capricho al pervertido.

—Estas mal de la cabeza—dijo cerrando los ojos y sosteniendo el puente de su nariz—, ahora entiendo por qué te echaron del ejercito

—No me echaron—respingo de inmediato, luego aclaró—, yo me salí.

Se rió de pura desesperación, eso no se lo creía ni él. Lo habían echado porque era demasiado flojo, nunca hacía sus deberes, lo único que realmente parecía importante en su vida era buscar mujeres hermosas y eso era todo. Un pervertido de primera. Hiruma permanecía tranquilo, no estaba segura de porque no intentaba chantajearlo con algo para que les diera cualquier indicio de donde se encontraba John. Quizá estaba armando un plan en ese momento, tal vez no tuviera nada con que chantajearlo o simple y sencillamente no le interesaba mucho. No sabía que hacer en ese momento, lo que quería con más fervor era hablar con John, no obstante eso cada vez parecía más y más imposible. Empezaba a sentirse acalorada con la desesperación que empezaba a sentir.

—Claro—le siguió la corriente al castaño—, voy al baño.

Se levantó del sillón, pasando por un lado de Hiruma para ir al baño.

—Las damas dicen al tocador, mi amor—le dijo mientras se alejaba, ella sólo le hizo una seña con la mano sin voltear.

Caminó por el medio del lugar, en busca del baño hasta que se lo preguntó a un mesero. En el baño casi no había nadie, sólo estaba ella frente al espejo. Abrió uno de los muchos grifos y con sus manos tomó agua para echársela en la cara, el maquillaje comenzaba a molestarle. Se lavó la cara para quitárselo todo, excepto el rimel que era a prueba de agua. Al terminar y ver su rostro limpio se sintió mucho mejor, lo único que le faltaba eran unos pantalones para poder patearle el trasero a Sanders a su gusto sin preocuparse. Tal vez así le dijera lo que quería saber de una buena vez.

Cuando salió del baño tenía planeado llegar directamente a la mesa, tomar a Sanders de ese greñero loco que se cargaba y sacudirlo hasta que le dijera donde estaba John. Pero su plan fue interrumpido por una mano que no supo de donde salió y la jaló hacia un lado. Por poco y se le escapa tirar un golpe pero se contuvo en cuanto vio quién era el que la detenía. Era nada más y nada menos que el rastas de Agon.

—Hola muñeca—le dijo de forma seductora.

No creía lo que estaba mirando, el sujeto al que quería partirsela estaba intentando conquistarla, o esa era la impresión que le estaba dando en ese momento. Quería enfrentarse a el pero si lo hacía se pondría al descubierto, eso no era conveniente. No necesitaba que el rastas anduviera merodeándola como mosca, pero los planes del chico eran muy distintos a los de la rubia y no la dejaría ir tan fácilmente.

—Con permiso.

Intentó alejarse de él pero apretó su mano alrededor de su brazo sin darle oportunidad de que se alejara.

—Espera muñeca—sonrió muy galante—, sólo quiero hablar contigo

—Tengo algo de prisa, me están esperando.

Ya no le importaba si se le safaba el brazo, correría a la cuenta de tres. Uno, dos…

—Tomemos unos tragos.

La atrajó a su cuerpo y la rodeo de la cintura con la otra mano para llevarla hasta una pequeña barra que se encontraba casi en una esquina del lugar. Ahora tenía que pensar en como salir de esa antes de que la copa que Agon tenía en la mano llegara a sus labios.

—xox—xox—xox—xox—xox—

—Entonces ustedes dos…

Sanders intentaba sonsacar a Hiruma una confesión que de antemano sabía que no obtendría, y sin embargo ahí estaba, hablando con voz morbosa y levantando las cejas en repetidas ocasiones de una forma muy graciosa. Hiruma por su parte no dijo nada, no estaba de humor para esa clase de tonterías. Con una de sus más mortíferas y desdeñosa mirada trato de poner en su sitio al castaño que intimidado trato de retroceder.

—Oye no me puedes culpar por pensar algo así—puso sus dos manos frente a si como un escudo que intenta detener algo—, ustedes dos eran como uña y mugre. Todos en la base creían que terminarían juntos.

Bajo las manos para observar mejor la reacción de Hiruma, éste lo miró molesto y luego desvió la mirada a otro lado, inflando una bomba de chicle. Por lo general el chico no era de esos que se dejaban llevar por provocaciones de ese estilo, siempre mantenía una calma hasta las últimas consecuencias. Pensar con cabeza fría era una de las cosas que mejor le caracterizaban y no había casi nada que pudiera distraerle, casi. Asi que sin pensarlo mucho fue directo al grano.

— ¿Te gusta?

El gruñido que recibió como respuesta le confirmaba algunas cosas pero en si no era una respuesta clara que le dijera a ciencia cierta si le gustaba o no. Lo que le decía era que la chica formaba una parte importante en su vida y que si esa fibra era tocada aunque fuese de manera leve y breve, provocaría en él una involuntaria reacción porque le molestaba que mencionara que pudiera existir una relación de ese tipo o que no existiera. Era tan ridículo, desperdiciar la juventud, andando por las ramas.

—Si yo tuviera tu edad—inició acariciando la orilla de la copa—, hace mucho que habría hecho algo más que…

Hiruma se volvió bruscamente a él, diciendo con la mirada que cerrara el pico antes de que arremetiera contra él a balazos.

—Ya, olvídalo.

El rubio chasqueo la lengua exasperado. Se suponía que era a ella a quien le interesaba lo que éste tipo tenía que decir y ahora se iba al baño por horas. Si no aparecía se iría y la dejaría con… De repente su teléfono empezó a sonar, un número desconocido. No estaba de humor para contestar pero hacerlo era mejor que intentar ignorar al pervertido.

—Yoichi estoy en problemas.

Era Jay, hablaba en voz baja y algo pastosa, como si le pesara la lengua. No era una buena noticia si estaba ebria, sin embargo debía estar lo suficiente sobria como para recordar su número.

—¿Ahora que hiciste kuso neko?—preguntó un tanto molesto e ignorando las inquisidoras miradas de Sander.

—No hice nada—siguió hablando igual—, el idiota del rastas esta intentando conquistarme, no me deja ir.

Agon intentando conquistar a quién hasta hace poco quería destruir con sus propias manos. Sí, sonaba itonico y divertido, hasta se hubiera reido de no ser porque no podía genera una imagen de Jay en esas manos.

—Creí que querías una revancha con él—se burló de todas maneras.

—Bueno—su voz se apagaba cada vez más—, si sigo en ésta situación pueden pasra dos cosas, o que peleé contra él y me descubra o que termine cediendo a…

Se cortó la llamada después de eso último. Agon bebía alcohol y dudaba que le diera a la chica para lograr su objetivo. Jay fumaba pero hasta ese momento nunca supo que bebiera, no estaba acostumbrada a hacerlo y los resultados podrían llegar a ser desastrosos, tanto como si se ponía al descubierto como si… Su sonrisa delataba lo rápido que trabajaba su mente, esta situación tenía que tomarla a su favor, una sola acción que mataría tres pajaros de un solo tiro y el primero estaba frente a él.

—Muy bien jodido pervertido, la próxima vez que te contacte tendrás que avisarnos.

—Eh—dijo distraído mirando a una chica cuando Hiruma lo tomó del saco para arrastrarlo con él.

Sanders no comprendía muy bien lo que sucedía pero siguió al chico atraves del lugar. Pronto encontraron la pequeña barra donde estaba la tubia, a su lado estaba un tipo grandote que la sostenía de la cintura, tratando de que se acercara a su cuerpo, a lo que ella claramente se resistía.

—Anda, vamos a mi casa—decía él.

—No puedo, creo que ya estoy muy ebria y tengo que irme—decía ella—, alguien me esta esperando.

—Por favor linda, debe ser una basura.

Trató de besarla a pesar de que ella retiraba su cara e interponía sus manos para alejarlo. Era una muchacha muy bella, más que cualquiera que hubiera visto en Japón, no quería desperdiciar esa oportunidad. No obstante fue apartada de sus brazos de un tiron.

—Deberías lavar esas jodidas rastas de ves en cuando—se soprendió al ver a Hiruma tomando a la chica de la cintura—, creo que está pudriendo tu diminuto cerebro.

—Otra vez tú—todavía estaba molesto por la interrupción de la pelea con el pelirrojo—, que quieres bastardo.

—Sólo vine por lo que es mío.

Apretó a la joven contra si para sorpresa de Agon y Sanders, Jay miraba borroso y por el alcohol que ingirió estaba demasiado mareada como para seguir resistiéndose. El de las rastas estaba por arrebatársela, pero Hiruma adivinando sus planes tomo el rostro de la joven con la mano libre y acercó sus labios a los de ella para unirlos de una vez por todas. El rubio no era delicado ni romantico, no fue un beso suave sino uno salvaje y demandante, por sobretodo desbordante de pasión. La besaba desesperado, abarcando cada parte de sus labios, inclusive metindo la lengua en la boca de Jay. Era como si se hubiera contenido durante mucho tiempo y al fin pudiera liberarse de esa carga.

—De eso es de lo que estaba habland—decía el castaño mientras aplaudía con una enorme sonrisa.

La rubia estaba medio consciente de lo que sucedía aunque el licor se presentaba como una nube que borraba las imágenes frente a sus ojos, pero vagamente reconocía a quien la sostenía y besaba con tanto impetú. No pudo ni quiso hacer más que dejarse llevar por él.

Agon se encontraba en total estado de shock con lo que acababan de ver sus ojos. No es que le quitaran a la chica sino que en su vida imaginó que Hiruma besaría a una chica, el sólo se preocupaba por sus planes, sus esclavos y todo eso. Hiruma con deseos humanos, con deseos normales de hormonas adolescente normales. Eso era algo que no lograba hacer click en su cerebro con respecto a esa imagen, dudaba que se borrara, aún con psicoterapia.

Cuando se separaron un hilo de saliva fue cortado rápidamente por la lengua del rubio. Tanto él como ella se miraron a los ojos recordando, quizá todas esas veces que se contuvieron. Pero el hecho de no estar acostumbrada a beber la hizo marearse y casi caer si no es porque Hiruma la sostenía. Ya que cumplió con su objetivo se alejó del lugar, no fuera ser que Agon se recuperara e intentara matarlo en ese momento.

—¿Que le pasa al chico?—preguntó el castaño cuando el rubio y la chica pasaron a su lado.

—Debe estar en shock—respondió Hiruma cuando observó al de las rastas inmóvil.

Los tres salieron del lugar, el rubio guió al castaño hasta donde estaba el automóvil. Después de acomodar a la chica en el asiento trasero Hiruma arranco y se fueron a toda velocidad. El viaje no duro mucho hasta un lugar donde se rentaban departamentos, Sanders conocía muy bien a Hiruma y preguntar como sabía donde vivía era algo innecesario. Al bajar del auto se asomo por la ventanilla para echar un último vistazo a la rubia que ahora dormía plácidamente.

—Estaré en contacto—llamó su atención el chico.

—No te he dado mi número.

—No lo necesito.

Luego arrancó el auto de nuevo. Ese par de chiquillos, sería un mentiroso si dijiera que no los extraño. Sólo esperaba que su relación progresara y no se quedara estancada en la de unos niños de diez años. Se metió al edificio, no estaba cansado y dos hermosas chicas se le habían escapado pero para su buena suerte había otras dos esperándolo en su habitación.

Hiruma conducía desenfrenado, después de lo que hizo necesitaba sacar de alguna forma toda esa adrenalina que corría por todas partes de su cuerpo. Adrenalina, se pregunto si en verdad era eso. La sensación era distinta de cuando jugaba algún partido, esta vez se concentraba en su pecho como si quisiera explotar. Se mordió la lengua con fuerza, de no haber estado en un lugar público no tenía idea de si hubiera sido capaz de contenerse y llegar más allá. Pero ella…

—Yoichi.

Frenó en el instante en que escuchó su nombre creyendo que la chica había despertado, pero al volverse vió que seguía profundamente dormida y no creía que despertara hasta el día siguiente. Echó a andar de nuevo el auto para regresar al hotel. Esa había sido una noche muy interesante.


Estos meses fueron dificiles, encontre trabajo lo perdí, me enamore, me desenamore, descubrí que tengo paralisis del sueño y para colmo mi usb tiene virus. Pero… mientras no se me quiebren los dedos y pueda seguir escribiendo seguiré contenta con la vida. Como sea :P, no pude más que escribir dos mendigos capitulos, por el momento pondré este y ya luego el otro. Este capítulo no fue lo que esperaba, fue algo diferente, no malo pero no era lo que esperaba, aún así me gusta (me gusta todo lo que escribo XD). Se llama Burdamente sensual, de hecho todos tienen su nombre pero me da flojera escribirlo.

Zaick me encanta que te haya gustado el fic, aún hay muchas cosas para esta trama. Y estaré trabajando con los celos durante los siguientes capitulos.

También estoy trabajando en otras historias que pronto subiré, así que tenganme paciencia quienes leen esta maravillosa historia de peleas, futbol americano y maldad pura adolescente muajajaja.

Hasta el próximo cap.