Hola gente bella! Cómo están? Me extrañaron? Me imagino que mucho… ;)

Bueno, como algunxs ya saben, son muy comunes en mí los ataques de manía… Así que aquí estoy de vuelta mucho antes de lo que esperaba con un nuevo cap de mi locurita… Y qué fue lo que me salió? Pues los invito a que lean el DOCE en paz para averiguarlo… Espero que les guste! Y me cuenten qué les pareció!

Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Besos y abrazos para todxs, en especial a quienes siempre me siguen y comentan y también a lxs nuevxs lectorcitxs que se sumaron en estos días…

Hasta la próxima!

Bell.-


:: Capítulo Doce ::

La semana siguiente transcurrió con total normalidad.

Serena había retomado su trabajo y su rutina de siempre con la misma dedicación y orden habitual. Durante esos días no volvió a comunicarse con Darien, ella no se sentía preparada para llamarlo o intentar buscarlo, y aparentemente él estaba dispuesto a respetarla y no importunarla como se lo había pedido.

Lo que en un punto le daba mucha tranquilidad, ya que verdaderamente necesitaba aclarar un poco su mente y pensar en todo lo que había pasado, y estar sola por unos días le serviría para intentar recuperar algo de calma.

Pero al mismo tiempo pensaba en él permanentemente y era consciente de que lo extrañaba muchísimo. Deseaba saber de él, al menos escuchar su voz y conversar sobre cualquier cosa, con tal de poder sentirlo cerca.

Entrada la tarde del viernes, estaba en su oficina terminando de ordenar unas carpetas y revisando su bolso cuando recibió una llamada de la secretaria de Kenji que le informaba que su papá quería verla en su despacho antes de que se fuera. Colgó su bolso de su hombro, buscó su abrigo y se dirigió hacia allá.

Cuando llegó y entró a la oficina de Kenji, él estaba en su escritorio concentrado revisando unos documentos. —Hola, papá —le dijo al acercarse a él—. ¿Querías verme?

Kenji dejó lo que estaba haciendo y la miró sonriente. —Sí, hija —respondió mientras se ponía de pie y rodeaba el escritorio para llegar a su lado y saludarla con un beso en la frente—. Es cosa de un minuto —a Serena le llamó la atención verlo de buen humor y que se dirigiera a ella con tanta amabilidad, quizás desde la plática que habían tenido el domingo pasado en su casa habrían logrado acortarse un poco las distancias entre ellos—. Mira, como sabrás, estamos próximos a la fecha del evento de fin de año que siempre organizamos en el hotel —ella asintió—. Y estuve pensando que quizás podríamos pedirle a Seiya y sus hermanos que colaboren con nosotros y consigan algunos músicos para que participen.

Serena lo miró sorprendida. —¿Seiya?

—Sí —continuó Kenji—, creo que sería una buena idea, para hacer algo diferente a las aburridas cenas de todos los años. No sé, planear algo más informal, con música en vivo. Algo discreto, por supuesto, pero diferente a lo de siempre.

—Pues sí —dijo Serena—, me parece que es una idea interesante.

—Además pienso que sería una buena oportunidad para distender un poco la relación con mi futuro yerno —agregó él riendo—. Yo siempre he sido muy duro con él y despreciativo con su trabajo, y quizás ya sea hora de que empiece a ceder un poco.

—Comprendo.

—Claro, siempre y cuando tú estés de acuerdo. Yo sé muy bien que no te gusta mezclar lo personal con lo laboral, en eso eres igual a mí, por eso quería consultarlo antes contigo. Pero como se trata de un evento social, nada demasiado serio, tal vez a Seiya le interese la propuesta, ¿tú que opinas?

—Bueno, yo… —Serena estaba realmente impresionada con lo que escuchaba—. Creo que es muy gentil de tu parte que hayas pensado en él —reconoció.

—Tengo entendido que ahora está de viaje, ¿verdad?

—Sí —respondió ella—, regresará esta noche.

—Bueno, habla con él y luego me avisas qué piensa al respecto.

—Está bien, le contaré y le diré que se ponga en contacto contigo. Yo creo que le va a gustar la idea, aunque últimamente está muy ocupado con lo del festival de Osaka. Pero quizás acepte —dijo sonriente, le alegraba ver en su padre una actitud tan diferente a la que era habitual en él.

Kenji también sonrió. —Y me imagino que también estarán pendientes de los asuntos de la boda. ¿Cómo va todo? ¿Ya han fijado la fecha?

El rostro de Serena se transfiguró al recordar tan delicado tema. —No —respondió con la mirada baja—. Aún no la fijamos —y optó por no decirle la verdad, que la fecha estaba prevista para dentro de dos meses.

Él se dio cuenta de su incomodidad. —Bueno, no quiero interferir en sus planes. Si es un momento inoportuno lo podemos dejarlo para el año que viene, no hay problema.

Ella volvió a mirarlo con una nueva sonrisa. —Descuida, hablaré con él.

—Bien —dijo Kenji serio y volvió a su escritorio—. Gracias, hija, no te robo más tiempo. Puedes irte.

—¿Tú te quedarás? —preguntó Serena mirando la hora en su reloj, ya era algo tarde.

—Sí —respondió él retomando los documentos—. Quiero acabar con esto hoy mismo para no llevarme trabajo a casa —explicó.

—Trabajas demasiado, papá —dijo ella un tanto preocupada—. ¿Por qué no lo dejas para la semana que viene? Necesitas descansar más, el fin de semana pasado estuviste enfermo y aún no te recuperas.

—Descuida, hija —la cortó Kenji con frialdad —Estoy bien, ya tendré tiempo para descansar cuando me retire.

—¿Lo harás algún día? —le preguntó Serena molesta.

Kenji levantó la vista de los papeles y la miró con una dura expresión. —¿Perdón?

Serena se dio cuenta de que había hablado de más. —No me hagas caso —intentó evadirse—. Bueno, me voy —se acercó a él para despedirlo con un beso en la mejilla—. Adiós, papá.

—Adiós, Serena —dijo él volviendo a los documentos y Serena se encaminó hacia la puerta—. Ah, espera —la llamó antes de que se fuera, ella volteó enseguida—. Casi lo olvido, quería preguntarte si sabes algo de Darien. Desde que fue a cenar a casa no volvimos a comunicarnos.

Serena se puso más incómoda todavía. —Bueno, eh… —titubeaba nerviosa, no sabía qué decir—. Pues… Lo vi el sábado en lo de Rei, creí que te había contado.

—No, no me dijiste nada. ¿Cómo está? —insistió Kenji.

—Bien, está bien —respondió ella con una fingida sonrisa.

—Sería lindo reunirnos de nuevo con él, ¿no crees? —siguió Kenji—. Podríamos volver a invitarlo a cenar en otra ocasión.

—Sí, sería lindo.

—Bueno, hija, no te demoro más. Ve tranquila, ve —y retomó su trabajo.

Serena suspiró. —Adiós, papá —y finalmente se fue.

Cuando salió de la oficina de su papá, se dirigió hacia el ascensor. Mientras lo esperaba repasó en su mente otra vez todo lo que había pasado en los últimos días.

Y observando el anillo de compromiso que tenía en su mano, un viejo recuerdo vino a su memoria.

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Tres años atrás…

Serena y Seiya habían tenido una cita. Desde que la había vuelto a encontrar en el cumpleaños de Ami algunos meses atrás, él estaba decidido a conquistarla a como diera lugar. Pero aunque habían salido juntos en varias ocasiones, ella se resistía a aceptarlo. Pero Seiya no pensaba rendirse, la invitaba con frecuencia a cenar, al cine, a escuchar alguna banda de música en vivo, hacían muchas cosas juntos.

Y esa noche, después de compartir una agradable velada, Seiya acompañó a Serena hasta su casa. Mientras se despedían en la puerta, conversaban sobre el último concierto que él y sus hermanos estaban por dar en los próximos días despidiéndose de los escenarios para emprender su nuevo proyecto como productores.

—Será un acontecimiento muy especial —dijo Seiya y la tomó de las manos—. Y quisiera que estuvieras ahí, bombón.

—Seiya, yo… —como siempre, ella se mostraba muy incómoda con sus intentos de acercarse cada vez que se despedían.

Él trató de insistir. —Por favor, Serena, es un momento muy importante para mí, sería lindo poder compartirlo contigo.

Serena sabía muy bien que Seiya realmente se esforzaba en demostrarle su interés y decidió aceptar su invitación. —Está bien —dijo con una leve sonrisa—. Iré, te acompañaré.

Él también sonrió satisfecho. —Bombón —dijo en un suspiro acercándose cada vez más a su rostro—, te he dicho cientos de veces que me pareces una chica muy bonita y dulce, que me gustas mucho —ella sonrió con timidez—. Y déjame confesarte algo más —se acercó a su oído—. Cuando termine el concierto —le susurró—, te secuestraré —colvió a mirarla de frente—. Sólo quiero que comprendas que sin darme cuenta me enamoré de ti como no tienes idea —acarició su rostro con dulzura—. Desde el primer momento que te vi, hace años, en el aeropuerto, ¿lo recuerdas? —ella asintió seria, él la miraba fijamente a los ojos—. Bombón, solamente quería decirte lo que siento por ti, ya que dentro de poco dejaré de ser el cantante Seiya Kou. Y ahora que sé que tú estarás presente, pondré todo mi entusiasmo en el último concierto, por ti, bombón.

—Seiya… —sabía que él estaba siendo completamente sincero, siempre lo era, pero le costaba mucho aceptarlo.

—Serena… —susurró de nuevo e intentó besarla, pero ella lo esquivó y sólo llegó a rozar suavemente su mejilla. Ante su rechazo, él se alejó un poco—. Lo siento —dijo algo apenado—. Yo… no quise… —intentó buscar su mirada pero ella lo evitaba—. Aún piensas en él, ¿verdad? ¿Es eso? —Ella no respondió y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas—. Discúlpame, Serena, no volveré a intentar nada contigo si no es lo que tú quieres —le dio un corto beso en la frente—. Adiós, mi dulce bombón.

Y cuando le dio la espalda para irse, ella lo detuvo tomándolo de la mano. —Espera, Seiya —él volteó enseguida y se preocupó al verla llorar—. Él es parte de mi pasado —dijo mientras se limpiaba las lágrimas con la mano—, es una historia acabada y superada para mí —él se acercó lentamente a ella y la escuchaba con atención—. Y no quiero volver a hablar de un asunto tan viejo, ni que interfiera en lo nuestro.

—¿Lo nuestro? —preguntó él sorprendido.

Serena esbozó una nueva sonrisa. —Sí, Seiya —dijo al acariciar su rostro—. Quiero… —inspiró hondo para tomar valor—. Quiero que estemos juntos, quiero que lo intentemos.

El rostro de Seiya se iluminó con una enorme sonrisa. —Serena, ¿en serio quieres estar conmigo? —ella asintió—. Bombón… —la abrazó efusivo—. Me hace tan feliz escucharlo, bombón —Serena reía nerviosa y después de permanecer abrazados por unos instantes, Seiya la miró de frente sin soltarla y le dio un tierno beso en los labios—. Vamos a intentarlo —y profundizó el beso abrazándola con fuerza y ella continuaba acariciando su rostro con dulzura. Cuando se separaron, él volvió a mirarla a los ojos—. Haré hasta lo imposible porque lo nuestro funcione —dijo con determinación—. Te amo, Serena… —y volvieron a besarse.

Después de despedirse y acordar dar inicio a su noviazgo, Serena finalmente entró a su casa y se apoyó de espaldas a la puerta por largo rato. Hacía tanto que Seiya insistía en que tuvieran una relación y aunque ella se sentía muy a gusto con él, se había resistido por mucho tiempo a aceptarlo, pero decidió intentarlo, creyendo que quizás podría surgir algo bueno entre ellos.

Permaneció inmóvil contra la puerta pensando en todo eso hasta que una luz se encendió y apareció Ikuko desde la sala. Serena se sobresaltó al verla. —¡Mamá, me asustaste! —dijo llevándose las manos al pecho—. ¿Todo está bien? ¿Qué haces levantada?

Ikuko se acercó a ella. —Escuché que un auto se detenía y como demorabas en entrar bajé para ver qué sucedía.

—¿Me estabas espiando? —preguntó molesta.

—No, hija, ¿cómo se te ocurre? Sólo me preocupé, como ya es bastante tarde… —le reprochó.

—Sí, se nos hizo un poco tarde, lo lamento —y se encaminó hacia las escaleras.

—Se besaron —afirmó Ikuko antes de que Serena se fuera.

—¡Mamá! —volteó más molesta al escucharla.

—Lo siento, hija —se disculpó—. No me aguanté la curiosidad y los vi.

Serena echó a reír. —Eres entrometida, ¿eh? —bromeó—. No puedes con tu genio.

—Hija —se acercó de nuevo—, disculpa que me meta en tus asuntos, pero… ¿Qué pasa con Seiya? ¿Son novios?

—Bueno, no sé si precisamente 'novios', pero creo que acabamos de empezar 'algo' —Serena siempre lograba sentirse cómoda hablando de estas cosas con su mamá, pero esta vez no lo estaba consiguiendo—. Él viene insistiendo hace tiempo y quiero darle una oportunidad.

—Pero Serena, hija… —Ikuko se mostraba algo decepcionada.

Serena volvió a molestarse. —¿Qué? ¿Qué piensas? ¿No estás de acuerdo? —le preguntó enojada—. No te entiendo, mamá. ¿No me dices siempre que quieres verme feliz? ¿Que deseas que vuelva a sonreír, que me sienta bien conmigo misma, que recupere mi alegría? —Ikuko no respondió—. Bueno, pues eso es precisamente lo que intento hacer.

—Lo sé, hija, verte feliz de nuevo es lo que más quiero en el mundo —aseguró Ikuko—. Y por lo poco que lo conozco Seiya parece ser un buen muchacho, pero…

—Vamos, mamá —insistió Serena—, sé honesta conmigo y dime lo que realmente piensas.

—Es que pienso en Darien, hija —Serena puso los ojos en blanco y bufó molesta—. Siempre creí que él era el chico indicado para ti y…

—Yo también lo creía —la interrumpió más enojada—, pero terminamos, hace casi un año, y desde entonces no he vuelto a saber más nada de él. Y es lo mejor, para poder olvidarlo de una buena vez y rehacer mi vida sin él.

—¿Con Seiya?

—Sí —respondió con firmeza—, con Seiya. Él es muy dulce y atento conmigo y me quiere, me quiere de verdad.

—¿Y tú estás enamorada de él?

—No, no lo estoy —Serena bajó la mirada algo apenada—. Pero voy a esforzarme por conseguirlo —continuó—. Quiero darle una oportunidad, en verdad quiero intentarlo y sobre todo darme una oportunidad a mí misma para volver a sentirme bien, para tener algo lindo con alguien, para…

—Para olvidarte de Darien —adivinó Ikuko—. Serena, hija —la tomó de las manos—, yo sé que lo amas, que no puedes ni quieres olvidarlo aunque estés dolida por lo que pasó. Y no tienes que renunciar a él cuando en realidad sientes todo lo contrario. Llámalo, hija, habla con él y perdónalo. Tienes que entenderlo, debe sentirse tan solo, lejos de todo, lejos de ti, aferrado a su profesión para poder tener algo sólido en su vida. Darien es un muchacho tan especial, ha sufrido mucho siendo tan joven, ha estado muy solo desde niño y no debe ser fácil para él atravesar todo lo que está viviendo.

Serena se soltó y la miró molesta. —No puedo creerlo, mamá, ¿te estás poniendo de su parte? ¿Después de lo que hizo? ¿Después de prometerme que regresaría para estar conmigo y no cumplir con su palabra?

—Hija, entiendo que estés molesta por lo que hizo, pero trata de razonar, de tenerle algo de consideración —insistió Ikuko—. Yo creo que es posible que ustedes vuelvan a estar juntos. Mira, sé que es muy difícil sostener una relación a la distancia, pero no es imposible. Con tu padre lo logramos, yo te conté que estuvimos separados por mucho tiempo cuando él se fue a estudiar al extranjero, pero finalmente regresó y pudimos estar juntos como queríamos, porque nos amábamos.

—¿Cuánto tiempo estuvieron separados? —le preguntó Serena en tono desafiante.

—Dos años.

Serena echó a reír. —Nosotros llevamos separados cinco años, mamá. ¡Cinco! —y su rostro volvía a tensarse—. Y la última vez que hablamos él terminó conmigo —dijo con voz temblorosa—, por teléfono —inspiró hondo para contener sus emociones—. Y lo dijo muy clarito: Que aunque hicimos lo que pudimos debíamos ser realistas y aceptar que lo nuestro era prácticamente imposible en esas condiciones, que ya no funcionaba, que no podía durar para siempre estando separados y que el tiempo y la distancia nos jugaron en contra y terminaron enfriándose las cosas entre nosotros —hizo una pausa para suspirar largamente—. A papá y a ti no les pasó nada de eso porque lograron reencontrarse a tiempo. En cambio nosotros… —su voz volvía a quebrarse.

—Serena… —Ikuko intentó tomarla de nuevo de las manos.

Serena retrocedió unos pasos. —Ya es demasiado tarde para nosotros, mamá, entiéndelo, por favor. Lo que viví con él se esfumó hace mucho tiempo. Darien es parte del pasado.

—Está bien, no volveré a insistir con el asunto, discúlpame por ser tan entrometida. Decidas lo que decidas hacer con tu vida para mí está bien siempre y cuando seas feliz, hija. Eso es lo que más me importa.

—Gracias, mamá —Serena dio por terminada la conversación y comenzó a subir las escaleras—. Buenas noches.

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Cuando Serena llegó al lobby del hotel, se encontró con Rei en la recepción que también estaba de salida y se ofreció para acercarla hasta su casa.

Partieron juntas y durante el camino Rei estaba muy parlanchina y risueña como siempre, comentándole sobre algunos chismes del hotel y algunos eventos graciosos durante la clase de yoga que acababa de dar.

Al detenerse en una esquina para esperar que el semáforo les diera paso, Rei se calló de repente y puso los ojos como platos mientras miraba hacia el otro lado de la calle. —¿Qué ocurre, amiga? —preguntó Serena preocupada por su expresión, y como Rei no respondía volteó a ver qué era lo que sucedía. Y al reconocer a Darien sentado en una mesa de la acera acompañado de Ann sintió que su corazón se paralizaba.

—¿Estás viendo lo mismo que yo? —habló Rei al fin—. ¿Ésa es Ann? —Serena asintió sin dejar de verlos, ambos reían con soltura mientras Darien le despeinaba el cabello con la mano a un niño pequeño que estaba sentado en el regazo de Ann—. ¿Ése es su hijo? —Serena no podía emitir sonido—. Serena… —la llamó Rei—. Amiga, despierta, está en verde, te están tocando bocina —Serena reaccionó de golpe y aceleró para alejarse de ahí lo más rápido que pudo.

Durante el resto del camino ninguna de las dos volvió a hablar. Y cuando llegaron al templo de Rei, ella se atrevió a romper el silencio. —¿Estás bien?

Serena apagó el motor del auto y clavó la mirada en el volante. —No lo sé —respondió en voz muy baja—, estoy… —y negaba con la cabeza—. Estoy cometiendo un error, un grave error…

Rei no comprendía lo que decía. —¿A qué te refieres?

—No es que piense que están juntos o algo parecido —respondió Serena—. Darien me dijo que no es así y yo le creo. Pero… al verlos, al imaginarme que él podría llegar a encontrar la felicidad en otra persona, en alguien que lo quiera sincera y desinteresadamente, creo que puedo comprender cómo se siente.

Rei seguía sin entender. —¿De qué hablas? —preguntó confundida.

Serena soltó un pesado suspiro. —El día que me llamó cuando se enteró de que mi mamá… —hizo una pausa al recordar aquel triste acontecimiento—. Yo estaba tan enojada, tan triste y destrozada por su muerte y por no tenerlo conmigo como lo necesitaba —sin poder evitarlo, sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas—, que le dije de una manera tan cruel y cruda que estaba con Seiya, que me había enamorado y que no lo quería más en mi vida —volvió a suspirar—. Y cuando la otra noche me contó que había regresado y que me vio con él en el funeral, se mostró tan dolido y abatido —de nuevo negaba con la cabeza—. Ya algo había percibido el día que le conté del compromiso, pero recién ahora puedo entenderlo con claridad —y miró a su amiga con aflicción—. Fui muy injusta con él al refregárselo por la cara de la forma que lo hice —ya no podía contener su llanto—. Y también estoy siendo injusta con Seiya, yo no lo amo, no puedo casarme con él si no lo amo. Él sólo fue un refugio para mí, un bote salvavidas al cual me aferré para no hundirme, para no derrumbarme, para no sentirme sola y… —y apretó los ojos en un inútil intento de contener sus emociones.

Rei estaba completamente desconcertada con lo que escuchaba. —Amiga, es muy fuerte esto que me estás confesando. ¿Cómo es eso de que Darien regresó?

—Sí —respondió Serena—. Regresó cuando mi mamá murió, me lo dijo la otra noche.

—¿Cuándo lo viste? ¿Cuándo hablaste con él?

Serena bajó la mirada. —Fue a mi departamento el sábado en la noche y… Y nos dijimos tantas cosas, nos… —y volvió a mirarla—. Nos besamos, Rei…

—¡¿Qué?! —Rei no podía creer lo que oía.

El llanto de Serena se intensificaba. —Y fue… fue tan perfecto… —continuó entre sollozos—. Sentí que todo desaparecía a nuestro alrededor, que sólo existíamos nosotros dos, que no importaba más nada de todo lo malo que pasó, que estábamos juntos de nuevo. Fueron los besos más increíbles que jamás habría siquiera soñado y… —ynspiró profundo para intentar reponerse sin conseguirlo—. Y no puedo… —gimoteaba—. No quiero perderlo de nuevo, Rei, no podría soportarlo. Lo necesito conmigo, lo necesito tanto… Pero estoy tan confundida y también pienso en Seiya, en la boda y… —hizo una pausa—. ¿Por qué tiene que ser tan difícil? ¿Por qué?

—Serena… —Rei estaba profundamente conmovida con sus palabras.

—Cuando acepté casarme son él —siguió Serena—, lo hice porque creía que sería capaz de recuperar y poner lo mejor de mí en nuestra relación, y quise aprovechar esa posibilidad aunque significara pasar por encima de mis verdaderos deseos, yo… Yo pensaba que no importaba de quien se tratase, que nadie puede ser absolutamente todo para mí, que… Que al fin de cuentas lo que vale es el simple acto del compromiso, de afrontar mis responsabilidades, de enfrentarme conmigo misma, porque… ¿Qué es el amor? Es respeto, confianza, admiración, y yo sentía todo eso por Seiya, siempre lo sentí, pero… —y no pudo seguir hablando. Eran demasiadas cosas las que al fin se estaba atreviendo a admitir y se sentía abrumada.

Rei la tomó de las manos para intentar transmitirle seguridad. —Sí, todos esos aspectos son muy importantes, son parte del amor —explicó—. Pero también lo son el romance, la pasión, las mariposas en el estómago, la necesidad y el deseo de sentirte completamente unida a la persona que amas a pesar de todas las dificultades y adversidades que se atraviesen en el camino. Es cierto que el verdadero amor tiene dimensiones espirituales, lo que se dice 'la unión de dos almas' que se aman más allá de lo carnal, pero todos necesitamos enamorarnos, en el sentido de sentir que perdemos la cabeza, que nos desesperamos y nos volvemos locos por el otro. El amor romántico también es parte de la ecuación porque eso es lo que nos hace sentir completamente vivos, nuestros sentidos se intensifican, nuestras emociones aumentan, el mundo desaparece y entramos al paraíso. Aunque dure para siempre o sólo un instante, eso no disminuye su valor —aseguró—. Y lo más importante de todo es que sea recíproco, y con Seiya a ti no te pasa nada de eso, ¿o me equivoco?

Serena bajó la mirada e intentaba reflexionar sobre todo lo que su amiga acababa de decirle. Hasta que se dio cuenta de que Rei se estaba riendo y volvió a mirarla. —¿De qué te ríes? —le preguntó esbozando una sonrisa.

—Río de felicidad, amiga —admitió Rei—. Porque te veo y reconozco a la verdadera Serena, a la chica apasionada, sensible y decidida que hace tanto llevas escondida tras ese aspecto tan frío y duro que sostuviste por años —hizo una pausa—. Qué bueno que Darien haya regresado, sin dudas es al amor de tu vida. No renuncies a él, Serena, cancela ese compromiso y recupera tu vida, lucha por lo que realmente quieres, por tu felicidad. Estás a tiempo de hacerlo.

Serena volvía a llorar, pero esta vez ya más tranquila. —Gracias, Rei —y la abrazó con fuerza.

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Mientras tanto, en el bar donde se encontraban Darien y Ann compartiendo una plática ligera, después de que el pequeño Alan se fue a jugar con otros niños en el jardín que había en el lugar y quedaron a solas, Darien reinició la conversación. —¿Y bien? —dijo al darle un sorbo a su café—. ¿De qué querías hablar?

—Bueno —respondió Ann—, antes que nada quiero pedirte disculpas por haber insistido tanto llamándote y enviándote cientos de mensajes. No quiero que pienses que soy una psicópata acosadora ni nada por el estilo —ambos rieron—. Pero es que necesitaba hablar contigo de algo importante.

—Te escucho —dijo él al dejar su taza sobre la mesa.

—Después de lo que hablamos la última vez —comenzó a relatar Ann—, cuando me dijiste todas esas cosas sobre Serena y lo que sientes por ella, estuve reflexionando mucho al respecto. Y pude darme cuenta de que aunque siempre me he empecinado en ser una mujer emocionalmente independiente y no querer apostar a una relación de pareja sólida y estable con nadie, pienso que al fin me siento capaz de cambiar de parecer, que en realidad deseo poder sentir por alguien todo eso que tú dijiste. Y creo que aún en contra de todas mis rígidas y cerradas ideas, estoy logrando abrir y ablandar mi corazón y reconocer que tengo deseos de enamorarme, de comprometerme de verdad con alguien. Y quería decirte que… Que pensé mucho en ti y que… Si tú aceptaras me gustaría que intentemos tener algo, no sé… ¿más formal?

Darien se sorprendió al escuchar semejante proposición. —Vaya, es muy halagador de tu parte pero… —intentó responderle con la mayor delicadeza posible—. Yo fui sincero contigo, Ann, te dije claramente que amo a Serena. Y no voy a mentirte, regresé por ella, porque quiero recuperarla, porque necesito reparar las cosas con ella y hacer lo imposible porque lo nuestro vuelva a funcionar.

Ann suspiró resignada. —Lo sé, y sabía que ibas a decir eso. Y no te imaginas cuánto te envidio, Darien. Cuando dijiste que el amor significa preocuparse por alguien más allá de lo lógico y lo racional, que es desear que esa persona tenga todo lo que quiera y necesita sin importar cuánto daño te haga y que vale la pena luchar por todo eso, me sentí tan… Tan vacía… —dijo con voz temblorosa—. Jamás me pasó algo parecido con nadie, ¿sabes? Ni siquiera con el padre de mi hijo. Y él me amaba, yo sé que lo hacía, y lo lastimé tanto cuando lo abandoné…

—Lo siento.

—No quiero estar más sola —siguió Ann—. Quiero enamorarme, Darien, quiero poder sentir al menos algo de todo lo que tú sientes por Serena. Quiero… —y sin poder contenerse más comenzó a llorar.

Darien intentó consolarla. —Ya encontrarás a alguien, Ann, sé que lo harás. Ahora que pudiste dejar de resistirte a tus verdaderos deseos, confío en que tarde o temprano aparecerá esa persona en tu vida.

—¿Y si ya apareció? ¿Si es alguien que está frente a mis narices pero yo no soy capaz de verlo, de hacer algo al respecto? —se mostraba realmente desesperada—. ¿O si no está 'disponible' como para fijarse en mí?

—Mira, yo pasé por algo muy parecido a lo que me cuentas —explicó Darien—. Durante mucho tiempo creí que lo único importante para mí era mi carrera, mi profesión. Que sólo era capaz de ocuparme de eso, que no me merecía el amor de nadie, que debía estar solo. Y cuando al fin me di cuenta de lo equivocado que estaba, tomé valor y regresé para intentar recuperar lo que por mi obstinación y egoísmo había perdido, el amor de Serena. Y aunque soy consciente de que su situación actual le impide corresponderme como yo quisiera, creo profundamente en que vale la pena intentarlo.

—¿Aunque esté comprometida con Seiya?

Darien sonrió. —Mientras no se casen, aún hay esperanzas, ¿no crees?

Ann también sonrió ya más tranquila. —Tienes razón —hizo una corta pausa para retomar su café—. Pobre Seiya, le tocó la peor parte, él es una gran persona.

—¿Lo conoces? —preguntó Darien sorprendido.

—Muy poco —respondió ella—. Pero es evidente que es un chico transparente, se nota que es muy sensible, respetuoso, solidario… —y una sonrisa muy diferente comenzaba a dibujarse en su rostro al recordarlo, lo que le llamó la atención a Darien.

—Espera un momento —la interrumpió—. ¿Estás… —creía adivinar lo que sucedía—. ¿Te gusta Seiya? —preguntó sin rodeos.

Ann se sonrojó instantáneamente. —¡No! —respondió con seguridad—. ¿Cómo se te ocurre? ¡Es el prometido de mi jefa!

Darien echó a reír al confirmar lo que pensaba. —Sí te gusta —insistió—, es obvio que estás interesada en Seiya —no dejaba de reír—. Te sonrojaste, Ann, no lo niegues —y ella no podía estar más roja—. Recién fue tan evidente cuando hablabas de él, el brillo de tus ojos, tu amplia sonrisa. No puedo creerlo, estás… —y se atrevió a ir más lejos—. ¿Estás enamorada?

—Por favor, ¡no seas ridículo! —respondió ella molesta.

—Vamos, deja de fingir conmigo y dime la verdad.

No había vuelta atrás, Darien se había dado cuenta de lo que le pasaba y Ann decidió animarse a contarle. —Bueno, hace unos meses —comenzó a relatar—, cuando fui al hotel para tener una entrevista de trabajo, estaba esperando en unos sillones cerca de las oficinas de recursos humanos y él llegó buscando a Serena, quien me haría la entrevista. Pero como ella estaba ocupada con otra aspirante al puesto, él se sentó conmigo a esperarla. Y por esos pocos minutos conversamos bastante, me contó un montón de cosas, y me dio muchos consejos para cuando me entrevistara con Serena. Y como que de un segundo a otro sentí que lo conocía de siempre, se mostraba tan desenvuelto, tan carismático, me sentí tan cómoda hablando con él sin el más mínimo atisbo de coqueteos o cosas por el estilo. Sino todo lo contrario, era un momento sumamente distendido, hasta le hablé de mi hijo y le enseñé unas fotografías de mi celular, ¿puedes creerlo? —ambos rieron.

—Por dios, Ann —dijo Darien asombrado—, esto es… —no encontraba las palabras adecuadas—. ¡Es magnífico! —Ann puso los ojos en blanco—. Sí, claro que lo es.

—No es magnífico, Darien —refutó ella—, es un disparate, una locura —él volvía a reír—. Además es un crío, es 4 años menor que yo. No tenemos nada en común, llevamos vidas completamente diferentes, yo tengo un hijo, un ex esposo y… —suspiró con aflicción—. Y él se va a casar con mi jefa, ése no es un detalle menor —y ambos quedaron en silencio.

Darien repasaba en su mente cada cosa que Ann acababa de confesarle y no pudo evitar comparar lo que a ella le pasaba con su situación, y pudo comprender lo difícil que era para Ann poder reconocer lo que sentía. —Ann —volvió a hablar—, creo que a pesar de que todas estas cosas no son para nada fáciles de asimilar, me alegra que al fin estés animándote a darte permiso para sentirte así —ella sonrió de lado al escucharlo—. Me parece que aunque el panorama no pinte muy prometedor que digamos, o quizás sí, nunca se sabe lo que puede llegar a pasar —él también sonrió—, creo que todo lo que te está pasando es algo bueno y puedes contar conmigo si necesitas volver hablar de esto o lo que sea. Yo no soy precisamente un modelo ejemplar ni un experto en asuntos sentimentales —ambos rieron—, pero puedes confiar en mí —dijo con sinceridad—, en serio.

—Gracias, Darien —dijo ella emocionada. Y de nuevo permanecieron en silencio por unos instantes hasta que el pequeño Alan regresó y saltó sobre Ann para abrazarla. Ella y Darien volvieron a reír al verlo—. Hola, hijo —dijo ella mientras lo abrazaba con fuerza—. ¿Qué sucede, mi príncipe? —le preguntó al mirarlo de frente—. ¿Qué es esta repentina demostración de amor?

El niño se acurrucó contra su pecho. —Te quiero mucho, mami. ¿Me compras un helado?

Ann echó a reír al escucharlo. —Claro, ahora entiendo, este principito es un interesado —dijo mientras le hacía cosquillas.

—Bueno, Ann —dijo Darien al ponerse de pie—, tengo que irme —ella también se levantó de su asiento con su hijito en brazos—. Me gustó volver a verte y hablar contigo.

—A mí también, Darien. Seguimos en contacto, ¿sí?

Darien asintió sonriente. —Adiós, muchacho —le dijo al niño mientras le desordenaba el cabello con la mano—. Mucho gusto en conocerte —los tres rieron y finalmente Darien se fue.

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Algunas horas más tarde, Serena estaba en su departamento esperando a que Seiya regresara de su viaje. Él le había avisado hacía unos momentos que estaba algo retrasado, pero ella quiso quedarse despierta hasta que llegara.

Después de todo lo que había hablado con Rei horas antes y de recordar lo que había sucedido con Darien la última vez que lo vio, estaba convencida de lo que tenía que hacer.

Finalmente había decidido tomar una determinación con respecto a su compromiso y quería hablar con Seiya para aclarar las cosas con él lo antes posible, ya no tenía sentido continuar sosteniendo algo que ya no quería. Y aunque le aterrorizaba la idea de enfrentarlo y sincerarse con él, sabía que era lo mejor para los dos.

Pero el tiempo pasaba y Seiya aún no llegaba. Y cuando el sueño comenzó a vencerla, fue hasta su dormitorio para recostarse un momento y seguir esperando. Cuando estaba a punto de quedarse dormida, el sonido de su celular la despertó y la hizo regresar a la realidad.

Al buscar el teléfono en la mesita de luz y ver que era Darien quien la llamaba, sonrió complacida y soltó un largo suspiro. Claramente él parecía estar más que decidido a demostrarle que en verdad estaba interesado en ella, en volver a acercarse, en recuperarla. —Hola, Darien —atendió con calma.

—Hola, Serena —dijo él del otro lado de la línea—. ¿Estabas durmiendo?

—No.

—Porque es algo tarde —dijo preocupado—, y quizás…

Ella rió al escucharlo. —Descuida, Darien —lo interrumpió—, no estaba durmiendo.

Él suspiró aliviado. —Bueno, mejor así —y continuó—. Es que hace varios días que no sé nada de ti y necesitaba… Quería saber cómo estás, escucharte.

—Me alegra que lo hayas hecho —dijo ella—. Yo también quería escucharte de nuevo.

—¿En serio?

—Sí —respondió con timidez.

Darien demoró en volver a hablar. —¿Y cómo estás? —le preguntó temeroso.

Serena suspiró. —Bien, mucho mejor —respondió—. Me siento más tranquila, durante estos días pude pensar y aclarar un poco mi mente. He estado bastante ocupada con mi trabajo, pero me he sentido bien.

—Pues te noto mejor que la última vez que hablamos —dijo él—. Tú voz es menos tensa.

Ella sonrió, —Sí es cierto, estoy más aliviada —admitió.

—Me alegra escucharlo.

—Gracias —y se quedaron callados por unos instantes—. ¿Tú cómo has estado? —preguntó Serena rompiendo el silencio—. ¿Comenzaste a trabajar?

—Sí, empecé esta semana —respondió Darien contento—. Y hoy vi a varios pacientes, estuve bastante ocupado, pero me sentí muy bien. Es un lugar agradable y la gente es muy seria y responsable, estoy entusiasmado.

—Qué bueno —comentó ella.

—Sí, es bueno —asintió él.

Y tras una nueva pausa, Serena volvió a hablar. —Esta tarde te vi.

—¿Dónde?

—En una cafetería, estabas sentado en una mesa de la acera con Ann, yo pasé con el auto.

Darien no supo qué responder. —Ah, sí —dijo algo nervioso—. Nos reunimos porque ella tenía que contarme unos asuntos importantes sobre…

—No es necesario que me expliques, Darien —lo interrumpió ella—. Todo está bien, en serio —dijo con franqueza—. Es sólo que… Bueno, vi que llevabas puesto un ambo médico azul y me imaginé que acababas de salir de trabajar.

Él volvió a suspirar más tranquilo. —Es verdad, salí apurado y no tuve tiempo de cambiarme de ropa —comentó riendo.

—Te veías lindo vestido así —dijo ella en tono coqueto—. Definitivamente tienes porte de doctor.

Darien se quedó callado unos instantes intentando comprender lo que acababa de escuchar. —¿Dijiste que me veía 'lindo'? —preguntó con picardía.

—Sí, eso dije —respondió Serena con seguridad.

—¿Acaso estás coqueteando conmigo? —bromeó él.

—No —respondió ella nerviosa al saberse descubierta—. Es sólo un simple e inofensivo cumplido —intentó justificarse.

—Un cumplido es un cumplido —insistió él—, por más inocente que sea.

Serena echó a reír. —Ay, Darien, eres tremendo —y él también rió.

Cuando volvieron a permanecer en silencio, Darien habló de nuevo. —Me gusta oírte reír —dijo en tono melancólico.

Serena suspiró otra vez. —Tú me haces reír. Contigo puedo… me siento… libre —dijo también melancólica.

Y de nuevo un tenso silencio se instalaba entre ellos. —Serena… —murmuró Darien—. Te extraño… —dijo en un suspiro—. Te extraño mucho…

Serena inspiró hondo para tratar de hablar con claridad. —Yo también te extraño, Darien… —dijo con voz entrecortada—. Pero, por favor, entiéndeme, en este momento yo no…

—Sí, lo sé —la interrumpió él al notar que Serena comenzaba a angustiarse—. Y te dije que no te presionaría y no lo haré —dijo con calma. Y tras una pausa volvió a hablar—. ¿Seiya ya regresó? —preguntó preocupado.

—Aún no, llegará esta noche —respondió ella más tranquila—. Sólo que está algo demorado —explicó.

—Comprendo —dijo él—. Bueno, no te robo más tiempo, no quiero ser molesto.

—No eres molesto, Darien —agregó ella y otra vez se quedaron callados por largo rato.

Darien suspiró largamente y decidió despedirse. —Buenas noches, princesa.

Serena también volvió a suspirar. —Buenas noches. Que descanses.

—Adiós —dijo él.

—Adiós, Darien —dijo ella y cortó la llamada.

Se incorporó para sentarse en la cama y después de dejar el celular sobre la mesita de luz, buscó en el cajón la cadenita con el dije de plata. La entrelazó entre los dedos de su mano y volvió a acostarse. Y sin darse cuenta, finalmente se durmió con una tranquila sonrisa en su rostro.


Uffff… al fin terminé… seca seca me quedó la cabeza, jeje!

Bueno, aquí va mi respuesta a mi estimada Kaguya: gracias totales por tus palabras! me alegra de corazón que estés tan entusiasmada con el avance de esta historia! yo también estoy ansiosa porque llegue al fin la tan esperada reconciliación, por suerte ya no falta tanto… sólo resta esperar que se defina el delicado asunto con Seiya, que no es poca cosa… Y con respecto a Ann, habrás notado que ya no está más interesada en Darien sino en alguien más… No tengo idea de dónde me salió eso! jaja! Pero me gustó el giro que le di, no voy a negarlo… Gracias de nuevo por tu interés y apoyo de siempre!

Ahora sí me despido hasta nuevo aviso! Espero sus comentarios!

Besos y abrazos per tutti!

Bell.-