CAPÍTULO 12
Ranma subió decidido los escalones. Si alguien conocía lo que era quedarse atrapado en un cuerpo que es el tuyo ése era él. En alguna que otra ocasión le sucedió eso de no poder volver a transformarse en hombre, aunque siempre luchó por encontrar la forma de cambiar eso y ésta no iba a ser la ocasión en la que dejara de luchar.
- Buenos días - Dijo, abriendo la puerta de la habitación de su prometida.
Akane estaba tumbada en la cama, pero despierta. Con los brazos detrás de la cabeza mirando al techo, perdida en sus pensamientos.
- Buenos días, ¿qué haces aquí tan temprano? - Se incorporó en la cama, extrañada.
- He venido a hablar contigo -
Akane miró por la ventana. El sol no estaba muy alto. Luego miró el reloj de su mesita.
- ¿A las siete de la mañana? - Preguntó incrédula - Tú nunca amaneces a esta hora -
- Pues hoy sí. Quiero hablar contigo - Contestó decidido.
- No me apetece hablar, Ranma -
- Pues vamos a hablar, te apetezca o no. Ya te dije ayer que no puedes seguir así -
Su prometida bufó en respuesta y se estiró de nuevo en la cama. Ranma se dio ánimos a sí mismo, sabiendo de antemano que aquella sería una conversación difícil, y más con una Akane poco dispuesta a hablar.
- ¿Sabes? He visto a Ryoga. Nos va a ayudar a buscar a Shampoo y a Cologne -
- ¿Y qué más da? De sobra sabes que no están por aquí. Ya se encargó la mala pécora esa de no dejar rastro -
- Bueno, hay algunos sitios en los que quiero mirar. No podemos darnos por vencidos tan pronto - Se acercó a la cama y se sentó a su lado. Estiró un brazo para tomarle la mano - No puedes darte por vencida, Akane -
Akane intentó apartar la mano, pero Ranma se la sujetó con fuerza - Yo no voy a darme por vencido -
Akane se quedó mirando su mano atrapada entre las de él. Su masculina mano, tan grande como la de Ranma. Todo lo que le había dicho a P-chan la noche anterior vino a su mente.
- ¿Y si no conseguimos nada, Ranma?- Lo miró, con los ojos comenzando a empañarse - ¿Y si me quedo así para siempre? -
- Shhhh - Le puso un dedo en los labios, callándola - Eso no va a pasar. En el caso de que no encontramos a las amazonas iremos a China, y en Jusenkyo te curarás -
- Sabes que existe la posibilidad de que no pueda… -
- Pero no vamos a pensar en eso - Le interrumpió - Vamos a ser positivos y a pensar en positivo. Si en Jusenkyo no conseguimos nada iremos a su aldea, hasta que demos con ellas o con la cura. Akane, tranquila. Volverás a ser tú -
Estaba muy agradecida por las palabras de Ranma. Él siempre luchaba hasta el final por lo que quería. Era verdad que nunca se daba por vencido. Aunque en su interior, esa pequeña posibilidad de no volver a ser normal la atormentaba. Una solitaria lágrima viajó por la mejilla de aquel chico castaño que lucía tan abatido e indefenso. Bajó la mirada, intentando ocultársela a su prometido.
- Akane - La llamó dulcemente, tomándole la barbilla para que lo mirara a los ojos - Sé que es difícil, pero yo voy a estar contigo. Siempre - Tenía que quedarle claro que él no la iba a abandonar.
- Ranma… -
La solitaria lágrima vino seguida de muchas más al escucharle decir eso. Ranma la acercó hasta él y la abrazó con ternura. Aún siendo tan alto como Akane en ese instante, la arropó en su abrazo de forma de que ella se sintiera protegida. Le aspiró el cabello. Adoraba ese perfume que despedía su pelo. Hacía días que no la tenía tan cerca.
- Me encanta como huele tu pelo, ¿te lo he dicho alguna vez? -
Akane sonrió aún acurrucada contra él. Por un momento sintió que todo volvía a ser como antes. Ella en sus brazos, y él susurrándole cosas bonitas al oído.
Pero no, ella era ahora un chico de casi dos metros, y no sería justo para Ranma quedarse para siempre con ella, de aquella forma. Intentó separarse de él.
- Ranma … - Comenzó a objetar, a la vez que le empujaba para librarse del abrazo.
- Shhh, cállate. Hace mucho que no te tenía así - La volvió a acomodar entre sus brazos.
- Pero… -
- Pero nada, Akane. Te he dicho mil veces que tú eres tú. ¿Sabías que tu pelo huele exactamente igual en tu forma de chico? -
- Ranma… si no consigo cambiar… -
- Ya te he dicho que eso no va a pasar. Vamos a ser positivos. Vamos a encontrar el antídoto, la cura o lo que sea. Y tú vas a salir de este cuarto hoy mismo -
- Pero Ranma… -
- Que no, Akane, que ya está bien de compadecerte de ti misma. Te lo digo y te lo vuelvo a repetir. Para mí sigues siendo tú, un poco más fuerte, eso sí, pero tú. Y no te puedes quedar aquí encerrada de por vida - Le cogió la barbilla para que le mirara directamente a los ojos - Te echo de menos, Akane -
Akane se le quedó mirando fijamente. Aquellas palabras la descolocaron. Ella también le echaba terriblemente de menos. Ranma continuó hablándole.
- Quiero seguir saliendo a pasear contigo, ir al cine, a cenar… lo que sea. Quiero que vuelvas a dar las clases al dojo. Quiero que me dejes entrar en tu habitación de madrugada y dormir juntos - Le cogió las dos manos, apretándoselas, suplicándole - Akane, quiero estar contigo. No quiero que me alejes -
Akane no pudo menos que echarse a llorar. Ranma era malo con las palabras, pero cuando se lo proponía, la hacía elevarse hasta el séptimo cielo. Y si él podía superar el verla a ella así, ¿Por qué ella misma no lo hacía? Se propuso que desde ese mismo momento iba a dejar de lado la autocompasión y retomar su vida de forma normal, o de forma lo más normal posible.
Se lanzó a los brazos de su prometido que le recibió de forma gustosa. Ella apoyó la cabeza en su hombro, mientras él la estrechaba contra su cuerpo.
- Gracias - Aspiró su aroma en su cuello, ese que hacía días que añoraba - Te quiero -
- Y yo a ti, tonta - La estrechó aún más - Todo se solucionará, ya lo verás -
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- Bien niños, como sabéis, Tendo sensei está de viaje, así que hasta que vuelva vuestro nuevo maestro será Hiro Tenaka. Él también es experto en el estilo Musabetsu Kakuto. De hecho él y Tendo aprendieron las artes del mismo maestro, así que no notaréis ninguna diferencia en la forma de entrenar - Ranma le guiñó disimuladamente un ojo a su prometida, que estaba unos pasos atrás - Bien, vamos a empezar por las presentaciones. Dad un paso al frente y decid vuestro nombre, para que Tenaka os vaya conociendo -
Poco a poco todos los niños que Akane ya conocía a la perfección se fueron presentando. Se le hacía raro ver cómo la miraban y trataban como a un completo extraño cuando ella, en el poco tiempo que llevaban dando clases, había llegado a conocerlos tan bien. Sabía que Kisho era el mejor alumno que tenían, pero pecaba un poco de orgulloso. En eso se parecía bastante a Ranma. Hyobe era muy tenaz, y aunque le costara un poco, al final conseguía hacer lo que se proponía. Setsu y Kuroro estaban allí porque sus padres les obligaban e iban un poco a regañadientes, pero al final del día se lo pasaban bien y no lo hacían del todo mal. Fue pensando en cada uno de ellos mientras se presentaban. Esos niños eran muy especiales para ella. Su primer grupo de alumnos. Sí, Akane conocía a esos niños, y durante esos pocos días de alejamiento los había echado de menos. No se había dado cuenta cómo las clases del dojo habían llenado su vida. Estaba feliz de volver a impartir clases, aunque fuera bajo la identidad del nuevo maestro Tenaka.
- Buenos días, alumnos -
- Buenos días, Tenaka sensei -
- Por lo que me han contado, para llevar poco tiempo dando clases sois bastante buenos en esto - Una sonrisa se formó en todas y cada una de las caras de los pequeños delante suyo. Nunca estaba de más subirles la autoestima - Quiero comprobarlo por mí mismo, así que empecemos -
Como cada clase, empezaron con algo de calentamiento y más tarde los niños le mostraron la última kata que Ranma les había enseñado esa semana. A Akane se le veía feliz. Ranma, desde una esquina, la miraba mientras dirigía la clase, contento de que hubiera accedido a retomar su vida.
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Después de darse un baño, Akane se encontraba en su cuarto, tirada sobre la cama, esperando que Kasumi los llamara a todos para la comida.
La mañana había resultado de lo más movida, sobretodo comparada con su semana de encierro voluntario. Después de la charla con Ranma de buena mañana ambos bajaron a desayunar. Su familia se quedó por un segundo callada al verla, pero hicieron como si Akane en su forma de chico fuera lo más normal del mundo y no le hicieron un solo comentario acerca de su comportamiento. La verdad era que habían visto poco a Akane transformada en el muchacho castaño, porque sólo lo había hecho para entrenar alguna vez o porque se mojaba accidentalmente, pero nunca permanecía en ese estado demasiado tiempo. Conociendo a su familia, sobretodo a su padre y a su tío, aquella tranquilidad y falta de comentarios le pareció de lo más sospechosa, pero en una mirada de Nodoka hacia los dos hombres lo comprendió todo.
Luego tuvieron la clase con los niños. Había sido lo mejor de la mañana. Le había tomado mucho gusto a esas clases, y además estaba el hecho de que eran su vía para poder finalmente ir a China y curarse. Como había dicho Ranma, tenía que ser positiva y pensar que en Jusenkyo encontraría la solución. Se lo repetía a sí misma una y otra vez, por si así conseguía que la pequeña duda que flotaba sobre su curación desaparecía.
Después entrenó un rato en el dojo, a solas, mientras Ranma iba a hacer unos recados. Le vino bien ese momento consigo misma, a la vez que se concentraba en las katas que realizaba ponía en orden sus ideas acerca de cómo afrontar esa nueva etapa de su vida.
Su prometido le había pedido que no lo alejara de su lado, y eso era lo último que ella quería hacer, aunque sentía que debería hacerlo. A su modo de ver, no era justo para Ranma permanecer con ella. Pero su lado egoísta y el recuerdo de esos ojos azules suplicándole podían más que su razón, así que dio ese asunto por zanjado y se dedicó a pensar cómo llevar su relación hacia delante en ese momento. Obviamente el acercamiento físico tendría que cambiar de términos. Ella había crecido en un ambiente conservador, donde no se veían bien cierto tipos de cosas. Es más, ella misma no estaba segura de cómo la vería Ranma en ese sentido.
Era un tema complicado. Muy complicado.
Por una parte estaba el hecho de no haber hablado nunca esos temas con él. Sólo de pensarlo se puso roja como un tomate. En las últimas semanas ella sí que había pensado en eso… en avanzar de manera íntima con él. Tenía casi dieciocho años y las hormonas a flor de piel. Le hubiera gustado ir dando pasos los dos juntos hasta que se diera el momento idóneo, pero obviamente eso tendría que esperar un tiempo.
Por otra parte él le había pedido seguir haciendo cosas juntos: pasear, ir al cine…Y por supuesto que ella quería, pero no le apetecía nada ser la comidilla del barrio. No estaba dispuesta a que la historia que se había inventado Nodoka tiempo atrás se hiciera realidad. Tendría que hablar con él acerca de eso.
- Familia, la comida está lista - La llamada de Kasumi la sacó de sus pensamientos.
Ella se dirigía a las escaleras cuando vio la puerta de la habitación de su prometido abrirse.
- Hola - Le saludó con una sonrisa.
- Hola. No sabía que habías vuelto -
- Sí, hace un rato - Le contestó, bajando ya las escaleras - Por cierto, hace un día estupendo, así que luego nos vamos al parque y te invito a un helado. Y no te puedes negar -
Akane estuvo a punto de rebatirle algo pero Nabiki entraba por la puerta justo en ese momento junto con el enorme panda, así que se calló, esperando poder hablar con Ranma más tarde.
La comida transcurrió con normalidad, hasta que Ranma y su padre comenzaron una de sus típicas peleas. Genma le había robado el último calamar al chico y había salido corriendo hacia el jardín. Ranma le persiguió alrededor del estanque y ambos saltaron la valla de la casa, perdiéndose en las calles de Nerima.
Akane suspiró, contenta por volver ala cotidianeidad de su familia, pero algo triste porque sabía que, como era normal en esas trifulcas, su prometido tardaría en volver. Terminó de comer en silencio, frustrada porque no podría tener la charla que quería con Ranma y se fue a su cuarto a tumbarse un rato. Al instante de tocar la cama se quedó dormida.
Al cabo de un tiempo una caricia en su mejilla la despertó. Abrió los ojos lentamente y se encontró cara a cara con la pequeña pelirroja que le sonreía tiernamente, sentada en el borde de la cama.
- ¿Lista para el especial de tres bolas con sirope de fresa? -
- Ese es tu preferido, no el mío - Le contestó sonriendo, medio dormida - ¿Qué haces así? -
- Bueno, pensé que no querrías habladurías por ahí, así que de esta manera no va a haber problema - Contestó, orgulloso de su razonamiento - Además, sabes que no me parece nada varonil ir a comer helado -
Ese chico siempre acababa sorprendiéndola. Podía parecer la persona más tosca del mundo, pero luego le salía con cosas como esa. Siempre pensaba en ella y en lo que le haría feliz, y aunque no le gustaba mucho ir transformado en mujer lo hacía por ella… bueno, y por el helado también. Akane sonrió ante la idea. Lo miró con ternura y lo abrazó con fuerza.
- ¿Te he dicho ya que te quiero? - Le susurró.
- Sí, pero no me canso de escucharte decirlo. Así que… -
- Te quiero -
- Y yo a ti - Seguían abrazados, con la cabeza apoyada en hombro del otro - Pero también quiero un helado, así que vámonos - Le sacó la lengua a la vez que le guiñaba un ojo.
Ranma tiró con fuerza de Akane para que levantara de la cama y poder irse al parque.
- Vamos a salir, Kasumi - Le dijo Ranma a la mayor de las Tendo una vez abajo - Volveremos para la cena -
- De acuerdo. Pasadlo bien -
Los dos padres espiaban desde la puerta del salón.
- Mi hijo es un portento. Ha conseguido sacar a Akane de su cuarto, ¡y hasta de la casa!-
- Sí, Saotome. ¿Pero qué pasará ahora? Su hijo convertido en mujer, mi hija convertida en hombre… ¡Seremos el hazmerreír del barrio!-
- Tranquilo Tendo. Pronto podrán ir a China y todo se solucionará - Genma le daba palmaditas en la espalda - Y cuando vuelvan… ¡boda!¡Por fin uniremos las escuelas! -
- Sí, no hay porqué ponerse en lo peor - Contestó un animado Soun - Bien, ¿qué le parece si juagamos una partida, Saotome? -
- ¡Por supuesto! Nunca digo que no a una partida -
Continuará...
Mil perdones por la tardanza. Ando mal de inspiración últimamente.
De nuevo quiero agradeceros que estéis ahí ahora mismo dedicando un poquito de vuestro tiempo a leer esto. Significa mucho para mí, en serio.
Mil gracias a todos/as!
Saluditos!
Elena
