amigas! perdon por la tardanza, pero tenia que acomodar bien mis ideas para no decepcionarlas. por fin! la francesita apareció, asi que espero este capitulo les agrade, y mil gracias a todas y cada una de ustedes por seguir esta historia, espero sus reviews! xoxo
Capítulo 12
—es para acudir al estreno de la obra—no hacía falta entrar en detalles pues todo Londres hablaba de la obra en la que actuaría el nieto del actual soberano, y solo los más afortunados acudirían al estreno—no suelo usar vestidos muy elaborados.
Madame Resnais rió mientras llamaba a una de sus ayudantes y le dio una serie de órdenes en voz baja.
—Algo etéreo y suave, para el final del verano—sugirió, mientras veía las miradas divertidas de Coreene y Katherine las cuales habían comprado con antelación su vestido, incluso Annie ya tenía el suyo, así que la única que había olvidado comprar su vestido había sido yo. La ayudante regresó y me ayudó a ponerme un vestido color durazno de crepé de chine—adoro esta tela, es suave, elegante…
Continuó hablando madame Resnais, mientras observaba mi imagen en el espejo, el vestido era maravilloso, se adhería a mi piel, dejando desnudos mis brazos y cuello.
—Me queda bien ¿verdad?—dije sonrojándome al darme cuenta de que me había quedado mirando demasiado tiempo mi reflejo.
Madame Resnais asintió, indulgente.
—esa es una frase muy inglesa. Esta arrebatadora niña; bueno eso se diría en Francia.
Madame Resnais no me dejó ir hasta que me probé otros vestidos, finalmente me decidí por el primero ya que el resto eran demasiado reveladores tal y como lo dictaba la moda. Y justamente cuando estábamos por salir de la lujosa boutique, entró aquella chica con la que había tropezado en el puerto. Dirigió su fría mirada en mi dirección, para después dedicarme una gélida sonrisa.
—nos volvemos a encontrar madame.
—Así es—dije sonriéndole, no me dejaría intimidar ante sus comentarios—lo siento pero espero verla en otra ocasión.
Diciendo esto, salimos de ahí, rápidamente Coreene empezó a hablar.
—madame, ¿Quién se cree esa muchachita para llamarte madame? Si es apenas unos años menor que tú.
—tranquilízate Coreene, que ni siquiera me afectó su comentario.
—esa bailarina que es lo que es por los amoríos en los que se ve envuelta…
Coreene seguía hablando y ahora que lo mencionaba, recordé el por qué su rostro me parecía tan familiar, recordaba haber asistido a uno de los espectáculos que ofrecía el ballet de la academia francesa en chicago. Rochelle Moreu, ese era su nombre.
Después del almuerzo, nos dedicamos principalmente a arreglarnos para el estreno de la obra, decidí no llevar ninguna joya más que un delicado prendedor de perlas el cual había colocado en el peinado que me había hecho Annie; solo decidí ponerme muy poco maquillaje. Mientras miraba mi apariencia en el espejo, Catherine entró en mi recamara.
—Luces hermosa Candy—dijo Catherine con una sonrisa—aunque te verías mejor así.
Dijo mientras acomodaba el broche de medio lado.
—Asi está mejor, ahora tengo algo para ti que hará juego con ese hermoso broche.
Me dio un hermoso bolso bordado con innumerables perlas entretejidas con un fino hilo plateado.
—Es muy bello Catherine, pero no lo puedo aceptar—le dije conmovida por el gesto que había tenido.
—no aceptaré una negativa Candy, acéptalo por favor, que sé que es un poco anticuado pero me gustaría lo tuvieras tú.
Asi que para no herir sus sentimientos acepté el bolso que me obsequió, prometiéndome guardarlo como un valioso tesoro.
El teatro estaba lleno, no había ningún lugar vacío, Eleanor se sentó con nosotros, ganándose la simpatía de todos los Andrey, los cuales no hicieron ninguna pregunta acerca del por qué la conocía. Desde el palco en el que nos encontrábamos, podíamos ver claramente a la familia de Terry, la cual dirigió una mirada de sorpresa al verla ahí.
La obra fue un éxito, todos los presentes aplaudimos de pie ante tan maravillosa representación, poco a poco la gran sala se fue vaciando, mientras aguardábamos la llegada de nuestro automóvil, escuchábamos como la gente felicitaba al padre de Terry por la excelente actuación de este. Mientras los reporteros asediaban a Eleanor, preguntándole sobre el motivo de estar en Inglaterra.
Repentinamente, una voz conocida, hizo que nos paralizáramos en ese instante.
—he oído hablar mucho de usted, Eleanor Becker, espero le sea grata su estancia en este país—fueron la palabras de su alteza, a lo cual todos los que estábamos hicimos una reverencia.
—su majestad, debo decirle que me es agradable el saber que ha oído hablar de mí.
Pude ver como los colores iban y venían del rostro de la madrastra de Terry, mientras tomaba fuertemente del brazo al padre de Terry, el cual no denotaba expresión alguna.
—Señora es un placer haberla conocido—el rey, para el asombro de todos los presentes, deposito un beso en el dorso de la mano de Eleanor—espero poder verla actuar algún día.
—el placer fue mío su majestad—dijo Eleanor nuevamente haciendo una reverencia, pude ver por la manera en que apretaba sus labios, el trabajo que le estaba costando comportarse como si no los conociera.
—Me retiro que ha sido un día lleno de muchas sorpresas—dijo el rey, seguido de toda su guardia, y por supuesto de toda la familia de Terry.
Por un instante, pude ver la añoranza grabada en la mirada que le dirigió el padre de Terry a Eleanor.
Nos dirigimos al gran salón en el que se llevaría a cabo la fiesta, estaba bellamente adornado, después de unos minutos todos los actores llegaron al lugar, fueron recibidos por estruendosos aplausos, el más ocupado de todos era Terry, así que felicité a Vera y a Harold, platicando brevemente con ellos.
—¡Todo salió a la perfección!—decía Harold—estoy seguro que después de esta noche, los productores no dudarán en darte más protagónicos Vera.
—es cierto Vera, seguramente así será—dije.
—no me sigan alabando que harán que me sonroje—no respondió, repentinamente, Edmund se unió a nosotros.
—¿Qué te sucede Ed? Toda la velada has estado muy extraño—le dijo Vera.
—Es que… estoy esperando a alguien, pero creo que no vendrá—dijo en un tono molesto.
Después de terminar de conversar con ellos, decidí salir a la terraza a tomar un poco de aire.
—Hoy luces muy hermosa—dijo Terry tomándome por la cintura, haciendo que se me erizara la piel.
—Y tu luces muy guapo—le respondí mientras me giraba para verlo de frente.
Nos quedamos mirando largamente, no había necesidad de palabras para saber lo que sentíamos el uno por el otro, lentamente Terry tomó mi rostro entre sus manos, mis labios estaban ansiosos de besar los suyos así que me puse de puntillas para alcanzarlo, colocando mis brazos alrededor de su cuello, mientras él sonreía al verme tan ansiosa. Repentinamente, una voz ya familiar para mi rompió en encanto que nos rodeaba.
—¡Mon amour! ¡Así que aquí estas! Te he buscado por todo el salón…—en ese instante dirigió una mirada de asombro al reconocerme, causando que me sonrojara, mientras ella torcía la boca en una hipócrita sonrisa—madame, nos volvemos a encontrar.
Todo pasó tan rápido, que solo fui consciente de lo que sucedía cuando me quedé paralizada observando la escena. Rápidamente, Rochelle se acercó a Terry, besándolo con una pasión incontenible, mientras su brazo aún se encontraba en mi cintura. Sorprendida, caminé lo más rápido que pude, mientras a mi espalda escuchaba a Terry llamarme.
La fiesta estaba en su apogeo, a pesar de no haber encontrado entradas para la obra, Rochelle decidió que la mejor manera de sorprenderlo era llegando a la fiesta; aun no sabía quién le había enviado aquel telegrama, pero tenía una ligera sospecha de quien pudo haber sido.
Entró al gran salón, envuelta en un vestido rojo bordado con canutillo, el cual delineaba perfectamente su esbelta figura, reconoció a varios de los ahí presentes, pero no pudo encontrar al objeto de su fijación.
—Ed, querido que alegría verte—dijo la pelinegra en cuanto reconoció a su viejo amante. Este la miró sorprendido, mientras una oscura sonrisa curvaba sus labios.
—Rochelle, querida ¡qué alegría verte!—esto era mucho más de lo que Edmund esperaba. Tal vez, Susana había tenido algo que ver en esto, pero no era momento para averiguarlo, tenía que confrontar a Terry y a Candy con Rochelle—no tengo que preguntar el por qué estás aquí.
—Así es cher—respondió la pelinegra—¿en dónde está?
—me pareció haberlo visto dirigirse a la terraza.
—muy bien, iré a buscarlo—se despidió Rochelle con una gran sonrisa.
Entre las sombras, distinguió perfectamente la cabellera de Terry, le fue difícil reconocer a la mujer con la que estaba. Claramente vio las intenciones de Terry de besarla así que decidió interrumpir la escena.
— ¡Mon amour! ¡Así que aquí estas! Te he buscado por todo el salón…—su sonrisa se quedó petrificada al reconocer a la mujer con la que estaba Terry—madame, nos volvemos a encontrar.
Sin darle oportunidad de hablar, Rochelle se lanzó a los brazos de Terry, besándolo con pasión, escuchando como aquella rubia se alejaba.
— ¡Pero qué demonios haces aquí!—Terry la alejó de su lado, empujándola con más fuerza de la requerida—pensé que había dejado en claro que no quería que te acercaras a mi Rochelle.
—oh querido, sabes muy bien que no puedo vivir sin ti—Rochelle hizo el intento de abrazarlo, pero Terry al ver sus intenciones, dio un paso atrás en señal de rechazo.
—que te quede bien claro que no te quiero volver a ver en mi vida Rochelle—Terry le lanzó una mirada envenenada—¡Candy! ¡Candy espera por favor!
Llamaba Terry, mientras escuchaba una sonora carcajada que lanzó Rochelle. Mientras admiraba el paisaje londinense, una conocida voz, hizo que girara.
—jamás pensé que serias tú la que vendría—dijo Edmund con una gran sonrisa mientras le extendía una copa de champagne—aunque no eras la persona que esperaba, me es grato volver a verte Rochelle.
—Asi que fuiste tú quien planeó todo—dijo Rochelle sonriendo—aunque aún tengo una duda ¿Quién te ayudó? Y no te hagas el inocente conmigo Ed, ya que el telegrama que recibí provenía de nueva york.
—vaya que me conoces bien, fue Susana la "prometida" de Terry.
—y supongo que todo esto es por aquella rubia—dijo con rabia Rochelle, ya que la sangre le hervía de solo recordar las miradas amorosas que Terry le dirigía a aquella chica, detalle que nunca tuvo con ella.
—Asi es, después de esta noche estoy seguro que Candy no querrá saber nada de Terry, Asi que, ¿qué te parece si para celebrar damos un paseo recordando viejos tiempos?
—Me parece buena idea—una sonrisa se dibujaba en el rostro de ambos, mientras Rochelle elevaba su copa—por los viejos tiempos.
—Por los viejos tiempos—respondió Edmund, imaginándose que seguramente muy pronto Candy seria suya.
