¡Hola de nuevo! Otra semana de capítulo, como siempre.
No tengo mucho que decir, ando medio pasmada. Esta semana me ha dejado rara por varias razones: el capítulo 99 del manga, y además, el fin de semana me fui de viaje de un día para otro y regresé con picaduras raras que me están molestando bastante —sólo espero que no sean de araña D:—.
En este capítulo, comienza otra etapa/arco — el promedio de capítulos es de seis por arco, podría decirse [?]—. El primero fue el de introducción [1-6], el segundo se centró más en las relaciones de Annie y otros personajes, y varios datos de éstos [7-11], y este se irá más a lo que son los de Mare en general —Reiner, Bertholdt, [...]—.
Obviamente seguirá lo demás —RivaMika, EruHan, etc—, pero digamos que tiene más enfoque en lo mencionado antes. Y quiero suponer, será corto. En verdad no sé, ya que estoy en proceso de escritura de estos capítulos y algunas cosas se alargan. Pero puede que incluso el RivaMika sea "más" fuerte en estos próximos capítulos. Poco a poco vuelve, desde ya lo puedo asegurar —le pegan por mentirosa xd—.
Este capítulo me puso sentimental mientras lo escribía, además de tener que escuchar música triste para inspirarme... — ¡no lograba concentrarme con nada!—. La verdad es que desde mi punto de vista, tocó temas muy tristes y duros, no sé qué les parecerá a ustedes. Pero igual tiene su lado bueno, desde cierta perspectiva.
Y como ya lo mencioné antes, habrá algo interesante por ahí —se prepara para ver el mundo arder :D. Nah, no es cierto—.
Bueno, otra cosa que quiero añadir antes de empezar el capítulo, es que las respuestas de los reviews las pasaré hacia abajo. Me gustó cómo quedó xD. Pero agradezco mucho a Logan, Liizeth209, Karlin-Zeldi y Love Stories On My Mind, por tomarse su tiempo de comentar. Enserio, me animan bastante c':
Ahora sí, pueden seguir leyendo.
PLAYLIST: Don't Threaten Me With A Good Time — Call Your Name
CAPÍTULO XII: Secuelas
Annie
Di un pequeño salto sobre mi lugar y retrocedí sobre el mismo, frunciendo mi entrecejo, alarmada y contrariada ante la presencia del castaño, quien me observa, cansado y desconcertado ante la reacción por parte mía.
— ¿Estás molesta conmigo? — inquiere e intuye Eren, retirando el cobijo de mi rostro. Acción a la cual volví a cubrirme, el frío —y el no estar completamente vestida— obligándome a ello, permaneciendo en silencio frente al más alto—. Annie, ¿te hice algo malo? — insiste, remordido.
Desvié mis orbes de los suyos, y después de haber dejado pasar un poco, él suspiró al percatar de que no obtendría respuesta de mí.
— Entiendo… — resopló, dimitido—. Yo… sólo quería agradecerte por lo de anoche— dice, cavilando entrecortado—, y también… por no haberle contado a mi madre sobre… eso— agregó, enfatizando y bajando la mirada, alicaído.
Sus palabras, dándome a reflexionar por un momento. Llevándome a hablar finalmente tras mi esclarecido silencio.
— Ella se preocupa bastante por ti, ¿no es cierto? — suelto, directa, atrayendo la atención del castaño al instante. A lo cual, es replica sopló y asintió con pesadez—. Entonces, ¿por qué lo haces? — cuestiono, sin encontrarle razón aparente a sus acciones.
Él se detuvo, y volvió a apartar la mirada, suspirando. Su titubeo en si proseguir o no, siéndome evidente a simple vista.
— Porque… A veces, de alguna manera, sólo eso me hace sentir bien— busca explicar. Su expresión de aflicción, en algún modo, provocándome lástima.
Lo he escuchado antes.
Me miró, fijo a la larga. Extendiendo su brazo hacia mí con sosiego, y terminando por acariciar mi rostro con suma tranquilidad. Proviniéndome a cerrar mis ojos y sentir el desliz de su piel sobre la mía hasta haber caído en cuenta.
— ¡Qué manía de tocarme!—exclamé y aparté su extremidad por reflejo. Pero no dando importancia a mi reacción, asió mi muñeca, y se deslizó hasta mi mano, llevando ésta a su mejilla. Relajándose ante el contacto, dejándome inerte—. Ya… ya es tarde, ¿no?—pregunté, observándole.
Eren asintió levemente.
— No alcanzamos siquiera llegar a la última clase— reafirma, abriendo sus parpados. La escena, dándome una sensación extraña, como si se tratase de algún déjà vu. A lo cual de inmediato le solté, con recelo y brusquedad presente. Y me miró, repentinamente asombrado—. ¿Has estado bien? — consulta, atento.
Le evité, silente.
— ¿Quieres salir a comer? — inquirió, inconexo —. Yo invito— complementó Eren, tranquilo.
Dudé en ello, pues no me siento lo suficientemente cómoda con él desde lo que ocurrió anoche. Tan solo estar cerca… Me es ajeno.
No obstante, a pesar de ello y tras haberlo pensado de "mejor manera", terminé accediendo ante su propuesta.
Estuve por levantarme de la cama tras quedar en acuerdo con Jaeger, pero entonces pude sentir las sábanas deslizarse por mi piel desnuda. Por supuesto, casi olvidaba ese pequeño detalle. Poco más, y pude haber quedado expuesta ante él.
— Sal de la habitación — ordené, a lo cual Eren arqueó una de sus tupidas cejas y me observó con desconcierto —. Dije que salgas — reiteré.
— ¿Por qué…?
— Sólo hazlo — persisto, aferrando los mantos a mi cuerpo. El castaño pareciendo advertir aquella acción por mi parte.
— E-está bien… — suspiró, nervioso —, yo… esperaré fuera — dijo, dándome la espalda para luego levantarse y salir hacia el pasillo, emparejando la puerta.
Me levanté en cuestión de segundos, y de la misma manera me estiré a alcanzar mi ropa del otro lado de la cama. Como si se tratase de una cuestión de vida o muerte… ¿Cómo lo pasé por alto? No estoy en mi jodida casa, maldita sea. Debí ser demasiado estúpida como para no pensarlo antes.
Me alisté de manera rápida para poder salir, metiéndome sólo en la ropa que conservaba bajo mi vestido la noche anterior y portando éste en mis brazos.
Acomodé rápido mi cabello y zapatos, y hecho ello me dirigí hacia la salida, un tanto sobresaltada al notar que la misma no se hallaba del todo cerrada. Fuera, con la sorpresa de que el castaño no se encontraba.
Le busqué con la mirada entre la segunda planta, habiéndome asustado al localizarle justo a un lado, sentado sobre el suelo y adormilado. Siendo cuando sintió mi presencia que volvió a reincorporarse en sí mismo y ambos bajamos juntos, conmigo detrás de él.
— Nos vemos más tarde — avisa Jaeger, tornando hacia la puerta principal.
— Eren Jaeger, ¿a dónde crees que vas? — intercepta la de ojos ámbar, de forma autoritaria —. ¿Qué acabamos de hablar?
— Llevaré a Annie a su casa — objetó Eren, decidido. La Jaeger mayor me oteó por un instante, y sin otra alternativa cedió a que nos marcháramos. El castaño cerró la puerta a nuestras espaldas y entonces bajamos hasta la acera, donde rodeó hasta el lado del conductor.
Titubeé un poco antes de subir al auto estando ya frente al mismo, por lo cual Eren me miró, extrañado por mi actitud. Ante ello, apresurándome a mí misma a entrar y colocarme sobre el asiento.
Ambos estábamos ya listos, y todo se encontraba en orden, pero Eren no hacía nada aún en posición.
— Annie — llamó, desidioso —. Yo… ¿Qué fue lo que hice anoche? Sé que algo hice mal para que estés así conmigo.
Suspiré, cavilando entre mis pensamientos. Pensando en qué decir, tratando de evitar ese pequeño inconveniente. No viniéndome a la mente más que estúpidas metáforas e ideas incongruentes, y una canción de Panic! At the Disco. Cuya letra podría encajar perfectamente a lo ocurrido.
— ¿Has escuchado Don't Threaten Me With A Good Time? —cité, con un ligero tono de duda, removiéndome incómoda sobre mi lugar.
— Aunque es una sensación increíble…—dijo Jaeger, refiriéndose a uno de los versos. Atrapándome por la velocidad en que la reconoció—. Sí, la conozco… — confirmó —. Supongo que fui un problema para ti—apostó, resoplando y empezando a mover los cambios.
— Uno demasiado grande—punteé, con ironía. Observando hacia un lado unánime Eren ya comenzaba a manejar.
— Y aun así me ayudaste…—musitó, más hacia sí mismo. Le oteé por sobre mi hombro y me encontré con sus ojos de manera fugaz, ambos incómodos de ello. A lo cual por acto secundo desviamos el contacto y seguimos en lo nuestro.
No podría decir que la situación mejoró o volvió a como normalmente era, pues no fue realmente de esa manera. Pero sin embargo, podría decirse que al menos el ambiente fue poco menos incómodo a como hacía rato.
Compramos algo para comer, y conversamos muy poco durante el tiempo en que estuvimos en el establecimiento. Salimos del mismo y caminamos por un parque cercano, para despejarnos. Pues además de no haber consumido mucho, el ruido comenzaba a causarnos algo de dolor de cabeza a ambos.
Retomando en nuestra plática sobre lo de anoche y relacionado a ello, siendo la peor forma de la cual pude enterarme de compartir otros gustos con Jaeger, fue el escucharlo cantar ebrio algunas de mis canciones favoritas. Aunque ciertamente, no sorprendiéndome demasiado por ello.
— Polaroid— citó, referente a nuestra conversación. Ya llevándome de vuelta a casa—. Pero si tuviese que dedicar alguna de ellos…— caviló—, sería I Bet My Life, a mi madre— comentó—. Soy consciente de que no he sido buen hijo, y… peleamos demasiado. Pero pienso que, daría lo que fuese por ella. Por verle feliz…— confesó, tranquilo.
En verdad, ha estado bastante sentimental desde hace rato.
— ¿Y tú? — inquirió Jaeger, espontáneo al no haber recibido respuesta alguna por mi parte de primera. Siendo causante de ello mi pensar ante sus palabras.
— Roots— solté, sin más. Removiéndome con sutileza y volviendo al silencio al cual me hallaba momentos antes.
— Extrañas tu hogar, ¿no es así? — persuadió Eren, acertando. Empero, me abstuve de responder a su cuestión, sintiendo ya el frenar del auto. Él debe saberlo ya perfectamente—. Llegamos…— anunció, sin más alternativas.
De inmediato bajé del vehículo, dándole aún la espalda hasta haber avanzado al menos un poco más. Optando por girar un poco mi cuerpo y encararle por al menos un momento, advirtiendo la atención del castaño en mis acciones.
— Gracias… Eren— titubeé y musité, pudiendo divisar al aludido dedicarme una media sonrisa, sincero y alicaído. Instantes luego, marchándose.
Le admiré desaparecer a la distancia y entre el escenario unánime me encaminaba hacia el pórtico, ensimismada habiendo llegado a la puerta.
Me adentré en la casa y aseguré la puerta tras mis espaldas, para entonces pasearme por la sala principal hasta haber dejado mis cosas sobre uno de los sillones y haber examinado el panorama, encontrando éste tranquilo.
No parecía haber actividad, sino hasta el momento en que pude escuchar a Bertholdt gritar de manera insistente, y que siento pasos aproximarse a mi ubicación.
— ¡Reiner!
Ambos hombres doblaron hacia la sala y bajaron los escalones para la misma, siendo admirada con sorpresa por el rubio de éstos.
— ¡Annie! — exclamó Hoover, asustado y siguiendo a Braun. De manera evasiva hacia él, como si quisiese impedir el avanzar del mismo—. R-Reiner ha estado demasiado violen-
— ¡¿Dónde carajo te metiste?! — brama Reiner, furioso—. ¡Te estuve marcando y mandando mensajes toda la noche y no respondiste! — reclamó, haciéndome lograr recordar.
«15 llamadas pérdidas. Bertholdt».
Era eso.
— Supongo que estabas con Eren, ¿no? — cuestionó, con cierto veneno e ironía. Doblando la quijada y chasqueando su lengua—. Pasan bastante tiempo juntos, ¿no crees?
— Cierra la maldita boca— ordené, molesta. Esperando a callarle—. Sí, estaba con él. Llevé a Jaeger a su casa, porque estaba drogado— admití y expliqué—, ¡porque tú le diste la droga! Fue tu culpa— añadí—. Mírate. Incluso tú sigues bajo efectos de ella— recalqué.
Me detuve en seco, cavilando entre palabras y habiendo caído en cuenta de la situación. Reflexionando y relacionando todo.
— Era eso por lo que querías ir a la fiesta, ¿no? Sabías cómo conseguirla— enfaticé, y Reiner resopló y rodó sus ojos.
— ¿Dices que por mi culpa? Eren ya lo hacía antes de conocerme— defendió, encarándome de cerca y evitando responder a lo anterior.
— Eso ya lo sé— solté.
— Vaya, pues parece que se conocen bien… ¿Ahora qué? ¿También me vas a decir que ya tuvieron sexo, ya cogieron? — insinúa Reiner, con sardonia—. Si tanto te preocupa vete con él— espetó, señalando hacia la puerta.
Sus palabras lograron avivar mi rabia y el ardor que comenzaba a invadir desde el interior de mi cuerpo, el impulso de aquello y el desquite que buscaba desahogar, llevándome a tirar una bofetada contra el más alto. Acción ante la cual, Reiner me observó, perplejo.
— ¡Aquí el único que preocupa eres tú! ¡Estás enfermo! — repliqué, con molestia—. Otra vez estás volviendo a meterte esas mierdas-
— Déjate de mentiras— respingó, entre dientes. Interrumpiéndome—. No-estoy-enfermo.
— ¿Qué crees que diría Karina si se llegase a enterar de que su hijo es un maldito drogadicto, eh? — espeté.
— A ella no la metas en esto— defendió, brusco. Cercándose y señalando a mí—. Y como se te ocurra abrir la boca-
— ¿Qué? — interrumpí, abrupta—. ¿Qué me harás? — le aparté, empujándole. Cada uno respondiendo a los ataques del otro, desencadenando entonces una pelea entre nosotros dos. Dedicándonos blasfemias el uno al otro, llegando incluso al punto de golpearnos.
Bertholdt sólo nos observaba, sin saber qué hacer.
Reiner habiendo llegado a aplastarme con fuerza, dejándome casi sin aire hasta que logré tirarle. Quejándose éste al azotar contra la superficie. Y en último punto de defensa, pateé su rostro. Propiciándole a sangrar.
— ¿Sabes? Ya no me interesa— comencé—. Haz lo que quieras con tu miserable vida. Al fin y al cabo, no le importas a nadie— escupí—. Así ahora no estarían pasando todas estas mierdas— espeté, indolente. Tomando mis cosas.
— Jódete, Reiner— finalicé, y pasé por encima de él, para retirarme hacia mi habitación. Con dolor sobre mi pecho tras haber sacado todo aquello.
Jean
Parpadeé un par de veces, sintiendo aún mis parpados pesados al intento de abrirlos. Con la misma dificultad, dirigiendo mi vista hacia la ventana, tratando de descubrir el tiempo con tan solo la luz irradiada a través de la misma. Encontrándome con el que aún no ha anochecido.
El día ha parecido transcurrir de forma bastante sosegada ante mi perspectiva, como si quisiese evitar oscurecer; tornar en aquellos rojizos tonos anaranjados y desaparecer ante los oscuros matices de la noche.
Giré mi vista hacia uno de mis lados, hallándome ahora con una tranquila y durmiente Mikasa rodeándome con ambos de sus brazos. Supongo ya consumida por el cansancio, pues ha estado cuidando de mí a lo largo de la semana. Todos los días. Y se queda conmigo hasta tarde, con tal de asegurarse de que esté bien.
Y resollé, absorto.
Tiré de mi cabeza hacia atrás por inercia, provocando un ligero rebote y despertando a Mikasa en el acto.
— Mikasa, yo…— pausé, tras ser silenciado por la Ackerman.
Respiré profundo y volví a relajarme, cavilando un poco. Midiendo en si es o no el momento indicado ahora que estamos solos.
Volví a tomar aire y me decidí a preguntar.
— ¿En verdad me quieres? — solté, inseguro. Tomándole por desapercibida —. Por favor, sé sincera. Yo entenderé si tú-
— Jean, por supuesto que te quiero— interrumpió abruptamente, con cierta incertidumbre presente—. ¿Por qué lo dudas?
Quise formar una palabra con mis labios y emitir el sonido de la misma, mas sin embargo no me sentí capaz. Mi voz escatimaba en hacerlo. Empero, me vi necesario de hacerlo.
— Por alguna razón… yo, siento que te forcé a estar en esta relación— comienzo, obteniendo por parte de Mikasa su suma atención. El tratar de mantener mi vista a la suya, siéndome casi imposible. Con temor.
Aparté mi mirada de ella, y traté de juntar algo más de valor.
— Quería aferrarme a la idea de que esta vez sería diferente… Pero me doy cuenta, de que en realidad tus sentimientos podrían ser por otra persona…— pausé.
En verdad ha sido así. Todos me lo han hecho ver, e inclusive yo mismo lo he advertido antes.
— ¿A-A qué te refieres? — cuestionó, desorientada y con un notorio tono de preocupación. Probablemente exasperación—. No siento nada por nadie más— aseguró.
— Tal vez tú aún no lo notes… pero en verdad lo haces. Me he dado cuenta de ello— memoré, catando de mis propias palabras con cuidado—. La forma en que se miran, cómo se vuelve todo cuando están juntos…— punteé, incompleto.
Afligido ante la situación.
— Sólo me siento un estorbo entre ustedes dos. Sé que tus sentimientos le corresponden a él, y no a mí… como hubiese querido que fueran— dije, y le miré, intentando no parecer débil.
Pero aquello sólo terminó empeorándolo.
Su cabeza se menea sutilmente de un lado a otro, en señal de negación. Sus lindos y grandes ojos grises y brillantes, ahora cristalinos; y su respiración habiéndose agitado, amenazando con romper llanto.
— Sé que estarás mejor con él— esbocé una amarga sonrisa, evitando lloriquear. Retirando de su rostro los oscuros cabellos que cubrían éste con presente delicadeza, admirando por última posible vez su reluciente belleza a mi cercanía. Sufriendo internamente por ello y sintiendo el ardor de aquello en mi pecho—. Te amo, Mikasa— susurré, con debilidad. Consagrando un suave beso en su frente.
Las primeras lágrimas comenzaron a brotar, recorriendo a sus mejillas unánime a sus sollozos.
— Por favor, no llores… — supliqué, empuñándome a ella. Ambos abrazándonos con la fuerza suficiente para dar confidencialidad de nuestras palabras, por más que estuviésemos solos. Valiendo de estos últimos momentos para recordarle el cuánto la quiero, y a su vez rememorando de los momentos a su lado.
Nuestros años de preparatoria, los últimos meses. Y lo que pudiese restar de aquí en adelante, aunque no estuviésemos juntos.
— Gracias… por ser tan bueno conmigo— comenzó, con total abatimiento. Ceñida a mi cuerpo y oculta bajo el cálido espacio entre mi cuello y mi hombro—. Por todo el cariño que me has brindado…— gimoteó, con dificultad. Y el fallido intento de haberlo disimulado—. Perdóname… por no haber sido lo que esperabas…
— No tienes por qué preocuparte… siempre estaré para ti. Fuiste, y serás perfecta para mí… Y cualquiera que esté a tu lado, lo sabrá.
Annie
«I'm going back to my roots. Another day, another door. Another high, another low»
Al fondo de la tina, me mantuve, sin movimiento alguno. Tranquilamente. Observando las ondas pasar sobre mi cabeza, desvaneciéndome poco a poco. Preguntándome si, todo hasta ahora ha valido la pena. Lo que he hecho. Cuando sé que no es así.
Lo único que deseo ahora es volver a mi casa. Volver a ver a mi padre. Pero ese momento no parece llegar.
—Annie—llamó la preocupada voz de Bertholdt, golpeando la puerta. Irrumpiendo mi tranquilidad—. ¿Estás bien?
Me erguí y salí a tomar aire, alargando mi brazo hasta haber logrado asir mi bata.
Me envolví entre la blanca tela de algodón y tomé otra toalla para mi cabello, secando éste mientras me dirigía hacia la puerta del cuarto. Abriendo la misma justo cuando Hoover se encontraba por llamar otra vez.
E insté, esperando a que hablase.
— Ah…— titubeó, nervioso. Retrocediendo y desviando su mirada con ahora algo de pena, oscilando en su hablar—. ¿N-no crees que… fuiste un poco dura con Reiner?—inquirió, temeroso—. Lleva horas sin salir de su habitación…— comentó, preocupado.
Habiendo escuchado ello, tomé unas llaves que mantenía escondida en uno de mis neceseres, y ambos nos dirigimos hacia su habitación y nos adentramos a ésta, silenciosamente.
Todo parecía estar en orden, nada fuera de lo inusual. Hasta que nos acercamos a su cama.
Dando la espalda hacia nuestra ubicación, Reiner se encuentra recostado sobre su cama, dormido y aferrando un portarretratos a su pecho con la poca fuerza existente y consiente de sí.
Con cautela retiré éste y lo examiné, tomando asiento sobre la mullida superficie y volteándome a mirar a Bertholdt. Sin saber qué hacer precisamente, vacilante.
Es una foto de su madre, Karina Braun, adjunta a una carta reciente de ésta. O de por lo menos, cuando nos mudamos a Paradis. Cinco meses.
Volví a otear al de ojos olivas, mas este no pronunció nada al respecto.
Me asomé a ver a Reiner. Su rostro conserva una triste expresión, mientras su cuerpo mantiene una postura rígida, afligida.
Deslicé mis dedos por su rubia cabellera y di ligeros masajes, como si aquello fuese a darme alguna respuesta de alguna manera. No obstante, no sirvió para menos que reflexionar en aquello que Bertholdt mencionó.
Sólo queremos ayudarte, Reiner… Perdóname.
Mikasa
Aún me duele, recordar aquella tarde.
Salí de la habitación de Jean, y todos me observaban fijamente mientras yo avanzaba a lo largo de los pasillos llorando y tratando de ocultarlo por más que fuese evidente, murmurando y especulando lo que ya era hecho.
Desde un inicio, cuando Jean me pidió que volviera con él, en realidad yo no sentía lo mismo. Pero no podía decirle que no después de todo lo que me dijo aquella vez.
Las ansias y el remordimiento me carcomían, pero seguí, por el temor de herirle. Hasta que las mismas desaparecían con el pasar de los días y me iba acostumbrando a su ser.
Jean nunca fue malo conmigo. Todo el cariño que me ofreció, fue verdadero. Y tuve al menos la esperanza, de llegar a sentir lo mismo que él manifestaba por mí, aunque yo no respondiese de igual talante a su afecto.
Me sentí mal, lloré. Por él. Porque nunca tuve la intensión de lastimarle o hacerle sentir de aquella manera, porque nunca logré sentirme como él probablemente esperaba que fuese.
Pero que fuera Jean quien se percatara de ello y decidiera dejarme… El cómo se debió haber sentido. Los problemas que le signifiqué, fueron en vano.
Me hubiese negado a dejarle, pero no podía seguir fingiendo algo que no era.
«With my feelings on fire, guess I´m a bad liar»
— Kgh…—me quejé.
— Tranquila… Ya terminé— anunció Hanji, retirando la última prueba, para entonces colocar un algodón sobre la superficie y extraer la jeringa con premura—. Has presión— ordenó, posando dos de sus dedos sobre la borra y dejándome de la misma, a lo cual mantuve el absorbente sobre el área de la cual extrajo la sangre.
— Debería ser cuidadosa — comenta Nifa, a manera de regaño. Y alcé la mirada.
Hanji giraba el tubo con la muestra de arriba hacia abajo durante algunos segundos y observaba éste, para después etiquetar el mismo y colocarlo junto a otros en un pequeño soporte.
— Así es como se tiene que hacer — respondió Zoe, firme. Ya teniendo todo listo, habiéndose retirado los guantes, hizo algunos apuntes en un cuaderno y hechos estos, se giró hacia mí —. Gracias por ayudarme — me sonrió —. Si deseas, ya puedes retirarte. Esto era todo lo que necesitaba.
Asentí sutilmente un par de segundos y me coloqué de pie, ya teniendo en mente regresar a mi habitación. No obstante, sintiendo un ligero mareo.
— Espera — llamó Zoe, concisa —. Mejor quédate un poco más — invitó a que tomara asiento devuelta —, puedo pedirle a alguien más que te triga algo para que comas — sugirió, conforme Moblit ya se preparaba para recibir instrucción y levantarse de la mesa.
Empero, me negué y proseguí a marcharme. Preferí no molestarles, para dejarles prepararse bien para sus pruebas.
Transité por los pasillos de la biblioteca, sosegadamente y con vértigo presente. El aroma a caoba y libros viejos reforzando ello.
La estructura de la biblioteca central es enorme, y para colmo, Hanji escogió uno de los lugares más apartados a la salida, en el quinto nivel justo en una de las esquinas. Esto, según mencionaron para estudiar y hacer las pruebas tranquilamente y sin la necesidad de meterse en problemas.
Y entonces, en el trayecto y aprovechando el estar aquí, me decidí a buscar algún libro de interés. Hace unos días atrás, mientras cuidaba de Jean, terminé el que Armin me había prestado hacia un mes y me había quedado sin lecturas nuevas.
A lo largo de mi recorrido entre las diferentes secciones, habiendo logrado reconocer varias personas a lo lejos. Aunque pasando de las mismas con cierto disimulo al andar, evitando encontrarme con éstas frente a frente.
De igual manera, buscando en los estantes, moviendo de libro en libro, en otro rincón del lugar pude descubrir a cierto par de rubios haciéndose compañía.
Evité pasar por ahí y regresé por donde había venido, yendo a rodear hacia otro de los lados.
No obstante, en mi caminar, mi vista se nubló y me vi obligada a apoyarme contra uno de los libreros, inhalando y exhalando profundamente y repetidas veces.
Intenté continuar y avancé un poco, chocándome contra una borrosa figura, la cual obstaculizaba mi camino.
— Oe, ¿estás bien? — inquiere, áspero y taciturno—. Ackerman, ¿estás-? — pausó, en el momento en que me abalancé sobre él tras perder equilibro, sosteniéndome y yo empuñándome a sus brazos—. Tch…— se quejó, apartando uno de ellos para luego reafirmar el agarre y colocarme a su altura.
Temblorosa, le rodeé y me aferré a él.
— Necesitas ir a la enfermería—dictó, pero me negué. Ante aquello resopló, y me llevó hacia una de las mesas. Ahí, depositándome en una de las varias sillas—. Toma— instó, sacando algo de su bolsillo cuidadosamente y deslizándolo por sobre la mesa, cubriéndolo hasta posicionarlo frente a mí.
Miré, incrédula.
— Come, lo necesitas— soltó, caminando por detrás de mí hasta quedar sentado a mi lado.
Asentí ligeramente, abriendo el transparente empaque del panecillo y preparando la cajita del jugo. Me siento pequeña otra vez, como aquellas veces en las que mi madre o Carla me mandaban con mi almuerzo preparado en casa para la hora del receso.
Él dio un largo suspiró y dejó su espalda caer sobre el soporte de la silla, asiendo, como acto secundo, un libro entre sus manos.
«Call Your Name» leí en la portada.
Los fúnebres colores de ésta y la curiosidad, atrapándome en el momento.
Pero además, llevándose mi atención también, el brazo del azabache.
Levi tiene una pequeña gasa adherida con cinta, en la misma parte del antebrazo que yo. También fue parte de las pruebas de Hanji, por lo que puedo entrever.
Alcé la mirada y admiré su rostro con minuciosidad, el cual se ve más pálido de lo normal. Cansado.
Caí en cuenta de lo que había sucedido, y por ente insté al mayor, ofreciendo de los productos que me había otorgado momentos antes. Empero, éste se negaba a hacerlo. O inclusive me ignoraba por el hecho de hacerlo.
— También los necesitas— comenté, mirándole fijamente hasta haber logrado convencerle o al menos captar parte su aceptación. Descubrí un poco más del panecillo fuera del plástico y lo acerqué hacia sus labios, el azabache finalmente cediendo a comer de éste.
— No terminamos nuestra conversación, sobre el beso….
— Ya hay que olvidarlo — interrumpió, importuno y tosco —. Sólo fue un estúpido impulso mío, ya no hay que hablar de ello — reveló, inconcluso. Como si hubiese vuelto a cavilar en sus palabras y se hubiese arrepentido de usar las mismas —. ¿Quedó claro?
No respondí, y permanecí en silencio. Pero quizá tiene razón, deberíamos dejar aquel asunto ya de lado y por la paz.
— Y… ¿qué lees? — inquirí, queriendo cambiar ya de tema.
Osciló varias veces, no sabiendo qué decir al respecto. Pero finalmente sólo se encogió de hombros y sopló.
— No lo he empezado siquiera — confesó.
— ¿Te importa si…? — musité, haciendo ademán y acercándome hacia él. Cosa que permitió que hiciera sin problema alguno.
Ojeó un par de páginas hasta encontrar el prólogo y carraspeó, posicionando el libro para empezar a leer. Y por inercia, antes de que pudiese comenzar, recosté mi cabeza sobre su hombro, cosa que no pareció molestarle.
— Hace un año, a los pocos meses de haber cumplido la mayoría de edad. Tan solo se encontraba en la flor de la vida, cuando la perdió aquel fatídico día— entonó, sosegado—. Sus familiares, pero por demás, su padre, me culparon de su muerte. Si yo hubiera estado en su lugar, yo también habría deseado mi encierro, pero no por las razones que el hombre me daba— continuó. Su ronca y firme voz confiriéndome una gran tranquilidad.
—Ambos soñábamos con una nueva vida, un lugar para estar en paz. Pero las cosas cambiaron repentinamente. Perdí mis sueños en aquel desastre—pausó, y deslizó su brazo por debajo de mí, para después rodear mis hombros con este. Logrando cambiar la página y seguir con la lectura.
Cada palabra, cada entonación. Todo relatado meticulosamente.
Su reconfortante voz resonando cerca de mi oído. Abrazándome. Ligeros nervios recorriéndome por completo, insistiendo sobre mi abdomen. No dándome propia explicación sobre aquellas sensaciones.
Los minutos pasaron, llegando a asemejarse a horas. Y por más que lo pensase, solo no podía cansarme de él.
— Cómo, seres tan bellos, podrían irse de nuestro lado de la forma más cruel…— musitó. La profundidad con que leía y el sentimiento que percibía, ponía, lo hacía sentir aún más realista.
Sin embargo, la desarrollada comodidad entre ambos, fue interrumpida por una abrupta pausa que se hizo presente, unánime cerró el libro y dio fin a la esplendorosa narración que presentaba, separándose de mí y colocándose de pie.
Y me giré hacia a él, sobresaltada.
— ¿Levi? — nombré.
Sus labios buscaron formar palabras, mas éstas nunca salieron. Sus piernas bailaron torpemente sobre la superficie, y finalmente terminó alejándose del lugar con rapidez. Propiciando el eminente silencio y soledad que ahora, irónicamente, me acompaña.
Algo, muy adentro de mí, me hizo sentir decepcionada. Y ese algo, buscaba pasar más tiempo a su lado.
Bertholdt
Me puse en posición de defensa, preparándome para el ataque por venir. Mi cuerpo tirita desmesuradamente, y es cubierto por una sutil capa de sudor bajo el material térmico del uniforme y el acojinado del casco.
No puedo hacerlo, simplemente no.
— ¡¿Qué esperas?! — brama mi pareja de entrenamiento, esperando le taclee.
— ¡No puedo! — espeté, nervioso. Lo cual provocó fastidio en mi acompañante, quien se lanzó entonces hacía mí y terminó por tirarme.
— Si sigues así, lo único que harás es que nos saquen a ambos — espetó, oprimiendo mi cuello con su brazo —. Muévete — ordenó, apoyando todo su peso sobre mí —. ¡Que te muevas, idiota! — gritó.
— Kgh… — gruñí, y traté de tomar aire, tirando mi cabeza hacia un lado y mirando de soslayo hacia el entrenador Shadis, advirtiéndole acercarse. Sin otra opción, viéndome obligado a tirar de mi compañía a un lado, con la poca brusquedad con la cual me permití hacerlo.
Respiro, agitado. Viéndole fijamente con el ceño fruncido, hasta que pude divisar la sombra del coach Keith posarse sobre nosotros.
— Pueden descansar — anunció el hombre, con recelo en su mirar. Alejándose hacia otro par de nuestros compañeros.
La persona bajo de mí me empujó con presente molestia, con el fin de salir de mi cubierta. Mientras que yo quedé arrodillando y trémulo a la yarda tras su acometida, girándome a verle con disconformidad.
A pesar de traer casco, parte de su castaño cabello sobresale de éste. El uniforme, permitiendo apreciar su esbelta figura.
Con su velocidad, fácilmente podría ser corner. No entiendo aún el por qué de su afán por entrenar para full back.
— Eres un inútil—escupió, mordaz.
— ¿Disculpa? — repliqué, sorprendido.
— Me escuchaste, inútil— ladró, con fastidio.
De inmediato me deshice de mi casco y tiré de éste hacia un lado para librarme del peso, dispuesto a colocarme de pie.
— ¿Qué…?— me levante, infamado.
— ¿Eres sordo? —lanzó, girándose hacia mí—. Si no puedes con alguien de tu propio equipo, ¿cómo pretendes irte contra otro que ni siquiera conoces?
— No tenía, ni tengo la intención de taclearte o atacarte— respondí, tranquilo y a la defensiva. Encarando a la persona frente a mí, no pudiendo ver a sus ojos a causa del protector polarizado del casco.
— Entonces no sirves. No sirves para el equipo— espetó, con veneno. Logrando llegar a hacerme sentir mal. Mas sin embargo, tengo mis razones—. Owh, ¿te dolió? — inquiró, con ironía en su hablar—. Pues es la única verdad… O vamos, demuéstrame lo contrario — retó.
— No puedo.
— ¿Por qué, eh? — cuestionó—. Eso sólo demuestra que eres un maldito cobarde— insultó, señalándome—. Anda, dime por qué no puedes— insistió, induciendo un largo silencio entre ambos al no haber respuesta por mi parte—. ¿Qué? ¿Te comió la lengua el ratón? — siguió, aguijonándome—. ¿Por qué-?
— ¡Porque no! — interrumpí, con desesperación—. ¡No puedo golpear a una mujer! — exclamé, llamando la atención de los presentes en el campo. Y me miró, con sorpresa ante la ruidosa respuesta.
No supe a dónde dirigir mi mirada, o siquiera si debía apartarla. Sólo me mantuve en mi posición y dejé caer el peso de las atentas miradas de los cercanos sobre nosotros. Cosa que no pareció durar demasiado, tras que mi compañero de entrenamiento estallara a carcajadas frente a mi cara.
— Te crees muy gracioso, ¿no es así, Bertonto? — masculló en alto y entre dientes, fingido y forzado, comenzando a andar—. Más vale no vuelvas a insultarme de esa manera, Hoover— irónicamente soltó, clavando su codo contra mi brazo y apartándose para volver a posicionarse de su lado.
No obstante, el silbato y el megáfono del entrenador sonó de manera que indicaba el termino de sesión, unánime hacia seña a todos para retirarnos. Acción a la cual todos acataron y comenzaron a despejar la cancha. De manera que quedó casi despoblada en apenas un par de minutos.
Yo ya me disponía de también marcharme, para alcanzar a Reiner e ir a buscar ambos a Annie a la Facultad de Derecho, como ya era casi costumbre si no venía ella hacia nosotros durante el entrenamiento o nos indicaba lo contrario.
En mi andar, siendo golpeado con fuerza por alguien más a mis espaldas. Propiciándome a girar sobre mis talones.
— ¡¿Cómo carajos se te ocurre gritar eso?!—inquiere Ymir, furiosa. Tirando su casco hacia un lado con premura y agitación, acto secundo estirándose a jalar de la tela del pecho de mi jersey—. Si me descubren será culpa tuya — señala Langnar, exasperada.
— ¿Mi culpa?—cuestioné—. Eras tú quien reclamaba el por qué no te atacaba—defendí, dejando mis nervios de lado y encarando a la trigueña a mi frente. Dejándole callada tras mi declaración, advirtiéndole vacilar en su respuesta de manera evidente.
Ymir torció su mandíbula y tiró su cabeza a un lado, fastidiada.
— ¿Por qué estás en el equipo? ¿Cómo te metiste?
— Porque quiero poner a Reiner en su lugar… Que sepa qué lugar le corresponde, ¿no es eso suficiente razón? — endosó, chasqueando su lengua—. No importa cómo lo hice, ya estoy dentro — finalizó.
— Tarde o temprano te descubrirán y te sacarán— comento, congruente, siendo acallado por la Langnar tras atrapar mi mentón en una de sus manos.
—Si no dices nada no lo harán—dice, astuta. Moviendo mi rostro de un lado a otro, jugando con éste—. Tú sabes perfectamente que puedo hacer esto. No implica ningún problema para mí.
Y me libré, removiéndome bruscamente. Sintiendo el dolor a los costados de mi barbilla.
— Esto no es igual a aquellos años—repliqué.
—Vamos, es lo mismo— exclamó, alzando sus brazos hacia sus lados y azotando los mismos contra su propio cuerpo—, la única diferencia es que ahora son más grandes y estúpidos—alega Ymir, tomándome por sorpresa—. No me refería a ti…—corrige, recogiendo su casco del suelo.
Suspiré, sin la palabra suficiente para hacerle entrar en razón.
— Ya olvida lo que te dije hace rato. Andando— soltó, adelantándose a mí.
— ¿Y qué piensas hacer?
— Seguir con mi plan, ¿duh?
¡Hey! Ya volvimos a las notas de autor, otra vez.
Está bien, está bien. Sé que esto último ha de haber estado raro, pero no me quitaba de la cabeza la idea de que Ymir estuviera en el equipo desde hace tiempo. Y es que antes, como ya saben, lo tenía previsto para highschool.
Según recuerdo, en las categorías Baby [6-8 años] e Infantil [9-15 años], los equipos pueden estar formados por ambos géneros —que de hecho, se insinúa y por ello se conocen un poco más Berthodlt, Ymir y Reiner. Estuvieron en un equipo local, de pequeños—. En la Juvenil [16] en adelante ya no, pero hay equipos femeninos aparte.
Y es que esto estaba principalmente planeado para la versión de highschool, por el asunto de las edades... Pero me las ingenié para aplicarlo aquí xd.
En esto también influyó mucho en mí una película que vi hace mucho. Los Pequeños Gigantes, de 1994 xD. Amé esa película bastante. Es de comedia, y mezclada con uno de mis deportes favoritos... Es bellísima.
Admito que en esto último me quedaba pensando: "hay mucha tensión, ¿qué tal un beso?" JAJAJA 7u7.
Yéndonos por otro lado, en el libro «Call Your Name», cito algunos versos de la canción, con cierta influencia del libro «Say Her Name», de Francisco Goldman. Yo me leí los primeros capítulos, y es hermoso. Pero triste. Y la verdad es que en sí, la canción y el libro se complementaban. Este último estaba cerca de lo que imaginaba que sería Call Your Name, y no pude evitarlo. #EriReferenciasLocas. Aunque también aporté lo mío.
Hasta luego Meine Leser. Espero hayan disfrutado —cofcofsufridocofcof— con el capítulo de esta semana. Me despido.
Logan: ¡Por Ymir Fritz! No había visto tu review del capítulo 10. Lo siento mucho, enserio. No me di cuenta de que estaba hasta que revisé la sección de moderar reviews —no sé ni por qué la tengo activada, LOL—. Error mío, perdón. Pero me alegra mucho que te esté encantando. He de decir que el hecho de que fueras EreMika, y leyendo este multipairing loco... Me sorprendió bastante jajaj xD; sobre Eren y Annie, falta más je jem 7u7 xd. Muchas gracias por el apoyo, en verdad :D. ¡Nos seguimos leyendo!
Liizeth209: ¿Soy yo o sonó a amenaza? Jajaj ok no xD. Tus plegarias han sido escuchadas :v. O a medio... Pero después de esto, ya sabrás qué se viene je je 7u7. En estos capítulos no ha habido mucho Eruhan o Rivamika, pero todo a su tiempo :v. Ya que también tengo que "pulir" otras relaciones. Pero como ya dije, aunque haya poco en estos capítulos, te aseguro que habrá más pronto. Nos leemos xd.
Karlin-Zeldi: Los Ackerman viven en una misma casa, en la de Kenny, ya que éste les dio alojo. En verdad busca el bien para Levi, por más que lo moleste xD; ni yo me doy a la idea de la carrera de Levi aquí xD. Por eso se los dejo a ustedes, jsjs :v.
De eso, no tengo comentarios ahora... Lo que pasó pasó, entre tú y yo... JAJA, el reggaeton del 2007 :v —sí, ¿no? No me gusta, pero los viejos tiempos vuelven a mi cabeza xD. Aún sigo pensando en Mikasa bailándole a Levi con una canción de ésta onda [de las nuevas] ._. 7w7—. ¿Logrará Hanji juntar a los Ackerman después de eso? El misterio de la semana... Bueno, bueno —inserte foto de cara zukulemtha 7u7—, Mihogarcito trae escondido un detalle...
Varias de tus preguntas ya se han de haber respondido solas 7u7 —Annie olvidando que está en casa ajena... En peligro y se dormía sin nada :v—. ¿Sabes? De hecho, después de escribir lo de Annie en la cama de Mika, con Eren ahí, me daban ganas de escribir algo acá, je jem —lo tengo presente en mi cabeza—. En verdad, si toodas las escenas que he descartado, ya sea porque son innecesarias o simples locuras mías, las recopilara en un fic, fácilmente serían más de diez capítulos sin mucha coherencia :v. O demasiada zukulemcia, ajio ajio 7u7. A todas nos gustaría... ya sabes ( ͡° ͜ʖ ͡°).
Sobre las fotos, me estás tentando... Ok... Bueno :v. «Hay talento, solo falta apoyarlo» xDD. Lof iu 3 xd. En ese caso, Erwin sí trae pensamiento mágico pndjo, JAJAJ xD. Muchas gracias :D. ¡Nos leemos! xd.
Love Stories On My Mind: Y justo cuando toca este capítulo con bullying a Berth xD. No me imagino tu reacción :v ; oh, dios. Esa escena es épica, y con esa canción mucho más 7u7/. Agregándole EreAnnie... Oye, no suena mal :v xd. La vida loca que le toca a Annie, pero bue, ya qué, todo tiene su recompensa al final (?). Por nada; y eso, aún te debo reviews, que me quedé sin internet el fin de semana ._. Pero ésta sin falta los dejo. ¡Nos leemos!
