Hola a todos, media noche en Lima, con algo de frío, pero no tanto, hoy salió el sol en la tarde y me fui un rato a pasear para disfrutarlo XD
Bien, antes, como saben, ningún personaje es mío, sólo lo que les pasa a los personajes luego del séptimo libro.
Advertencias del fic: Habrá maltratos, intolerancia, drama, lemmons, muerte de más de un personaje, romance, algunas partes empalagosas, otras crueles y mpreg (en un futuro lejano y no muy detallado), así que quedan advertidos.
Antes de empezar, gracias a todos por sus comentarios, está semana hemos llegado a los 200 en Slasheaven y en Fanfiction ya pasamos los 100, así que prometo colgar un capítulo extra, prontito.
Gracias a Saneral por el beteo de última hora... Gracias mil,
Ahora sí, tenemos un capítulo largo:
HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES
SEGUNDO LIBRO: "EL ÚLTIMO AÑO"
CAPÍTULO 12: "POCIONES, QUIDDITCH Y CHARLAS"
"La mejor manera de defenderse de los demás es no parecerse a ellos."
Anónimo
Octubre de 1998, Hogwarts.
Harry apretó un poco más fuerte la tablilla entre las manos y respiró profundamente, tratando de encontrar paciencia mientras el grupo de niñas reía alrededor de él.
—Bien… ¿alguna de ustedes realmente desea volar en el equipo? —preguntó apretando los dientes y tratando de parecer realmente malo e intimidarlas. El grupo de niñas rió más fuerte y negó con la cabeza, Harry le dio una mirada implorante a Ron que reía divertido (según le había dicho le resultaba gracioso que tantas chicas ahora murieran por él, considerando sus "nuevos gustos", Harry se había abstenido de contestar simplemente porque en el fondo le agradaba que Ron diera cada vez más muestras de aceptar lo que era).
—Entonces vayan para allá —dijo Ginny con voz indignada y mirando de mala manera a las chicas.
—Ginny… por favor —pidió Harry mientras las chicas dejaban de reír y miraban algo atemorizadas a la pelirroja —yo puedo controlar esto, te recuerdo que soy el capitán y que tú ni siquiera has hecho las pruebas, así que quédate junto con los demás —habló en voz no muy alta para que solo ella lo pudiera oír y señalando las bancas donde estaban Ron, Hermione.
En respuesta Ginny le dio una mirada indignada y agitando su larga cabellera se alejó, sentándose junto a Ron y Hermione.
—Y ustedes vayan hacia ese lado —dijo apuntando hacia el otro lado de las bancas donde un gran grupo de chicas y chicos descalificados se había quedado mirando el resto de las pruebas. Tachó los nombres de la lista y luego miró hacia la fila que quedaba, aún quedaba un gran número por hacer la prueba y con solo mirarlos sabía que casi ninguno era bueno. Maldijo nuevamente que la profesora McGonagall lo hubiera convencido de aceptar la capitanía del equipo y pensó que aún pasarían horas antes de poder llegar a su sala común, ducharse y cenar.
*
Draco se apresuró a guardar todas sus cosas de cualquier manera en la mochila, el profesor Monroe lo esperaba luego de la cena y no quería llegar tarde al castigo, que en realidad no lo era, llevaba ya una semana en eso y sinceramente esperaba hacer algo malo nuevamente para que lo hicieran quedarse más tiempo, ya solo le quedaba una semana.
El profesor Monroe había mostrado ser alguien muy amable, y divertido además, le estaba ayudando a preparar una gran cantidad de pociones y enseñándole algunos secretos y trucos y permitiéndole además experimentar, probando nuevos ingredientes, decía que uno debía experimentar siempre para tratar de mejorar todo en las pociones.
Habían además conversado durante todo el tiempo, el profesor le había explicado que había estudiado un curso de pociones al terminar la escuela, que había un centro de estudios bastante prestigioso en Londres, y que si quería hacer carrera en ese ramo debía estudiar allí. Draco no había querido ser descortés ni tampoco llorarle pero sabía que sería imposible que siguiera algún tipo de carrera luego de la escuela.
Con la mochila colgada al hombro caminó por los jardines y escuchó la bulla que venía de los campos de quidditch, desde que había vuelto a la escuela no había pasado por allí ni una sola vez y no pudo evitar la tentación de desviarse un poco a fin de poder ver que era lo que pasaba aunque sea a la distancia.
Sonrió con cierta burla viendo a Potter agitar los brazos para hacer que un chico que colgaba de la escoba de manera imprudente, seguro que tratando de imitar alguna maniobra suya, bajara. Alrededor había un montón de alumnos, se preguntó si realmente todos estarían haciendo las pruebas, lo que explicaría la razón por la cual todos permanecían allí hasta esa hora.
Cuando había entrado a clase de herbología había escuchado que en solo media hora más sería la audición para el equipo de Gryffindor, capitaneado, cómo no, por Potter. Seguro que se las vería difíciles para intentar conseguir un buen equipo. Sintió algo de nostalgia por no poder volar ya, ni siquiera tenía una escoba, la suya, junto con todo lo demás, había sido decomisado por el Ministerio.
Luego de observar por unos minutos más como el muchacho bajaba finalmente y Potter hacía subir a otro grupo más de chicos se encaminó hacia el Gran Comedor, mientras pensaba en Potter y su comportamiento: la semana pasada, luego de la advertencia que le hiciera el profesor Cummings a Nott, no habían vuelto a molestarlo, simplemente estaba en la fase en la que todos lo ignoraban y, aunque se sentía solo, era preferible a ser insultado y atacado, sin embargo Potter había dejado en su habitación, en el pasillo, una gran canasta de comida, él no había notado en qué momento la había dejado allí, pero el viernes en la mañana había aparecido de la nada, y sabía que había sido Potter porque nadie más sabía la contraseña para entrar (y si alguien más la hubiera sabido seguramente no le hubiera dejado una canasta con comida si no un par de maldiciones)
Tenía que admitir que agradecía el gesto pues ese día —el viernes— solo debía salir a la biblioteca y luego, en la noche, al castigo y gracias a la ayuda de Potter había podido mantenerse en su habitación encerrado durante el resto del tiempo, estudiando y alejado de sus compañeros y de todo peligro. La pregunta de por qué demonios Potter seguía comportándose de esa manera lo seguía persiguiendo y estaba ya bastante tentado a preguntárselo directamente.
*
Eran más de las nueve de la noche cuando por fin pudo tener a su equipo completo, al menos esperaba que fuera el adecuado: Tenía a Ron en la portería nuevamente, el chico parecía haber conseguido mucha más confianza desde que terminara la guerra pues no había titubeado ni fallado ni una sola atrapada, Ginny Weasley, Leyna Rubrum; una chica bastante alta y de cabellos oscuros sujetos en una trenza que era de tercer año y que había demostrado ser bastante ágil con la escoba y Rolando Vachss, un chico de séptimo año quedaron como cazadores y dos chicos Ruperth Wilmot, de quinto año, bastante fornido y de cabellos rubios y ojos claros, y Dorian Killigrew de cuarto año, como bateadores
Completamente agotado pasó de la cena y se dirigió hacia su sala común, cruzando varios de los pasadizos ocultos que conocía, a fin de no encontrarse con nadie más, realmente estaba harto de tanta popularidad y agobio.
Cuando cruzaba ya por el tercer piso su mente voló hacia Malfoy, desde la última vez que se habían visto y habían discutido no le había vuelto a hablar, aunque sí lo había observado muchas veces, tratando de ver por qué no había notado antes que era gay. Le había parecido curioso que fuera Draco el primer niño mago con el que hubiera hablado tanto tiempo atrás, con solamente once años y, ahora, también era el primer mago gay que conocía, aunque no hubiera podido hablar con él al respecto. Dudaba mucho que pudiera hacerlo en algún momento pues el chico se mostraba arisco con él y no quería molestarlo más de lo que ya lo estaban molestando.
El viernes anterior había aprovechado el tiempo libre y, cubierto por la capa de invisibilidad, había entrado a su habitación a dejar una nueva provisión de comida, ese día lo había visto dormir sobre la cama, con el rostro apacible, casi como si no tuviera ninguna preocupación más en la vida. Nunca había notado lo guapo que era sin esa máscara de frialdad que siempre cargaba. Además tenía curiosidad por ese "amante" del que había hablado Nott, quería decir que había más magos dispuestos a intentar tener una relación en el mundo mágico y eso de una u otra manera lo reconfortaba.
Cuando llegó a su sala común esta estaba completamente vacía, supuso que todos ahora estarían en el Gran Comedor, festejando por los que habían pasado a formar parte del equipo y consolando a los que no. Subió a su habitación, dispuesto a tomar una buena ducha y luego dormir, sintiendo sus músculos cansados y sobre exigidos.
Aquella fue la primera noche que soñó con él.
*
—Sí, esta está muy bien, tiene el color perfecto —dijo con una sonrisa el profesor Monroe poniendo a contra luz el frasco transparente con la poción que Draco había terminado de preparar —, tiene la contextura adecuada y… —le acercó un poco más el frasco a Draco para que observara —¿Ves esta parte de acá, la de las burbujas?
—Ajá.
—Bien, no debe ser más de la quinta parte de la poción, si no nos revelaría un exceso de…
—Glumbumble —se apresuró a contestar Draco.
—¡Exacto! —replicó el profesor Monroe expandiendo más su sonrisa para luego dejar el frasco sobre el escritorio. —Creo que por hoy hemos terminado, mañana continuaremos.
—Bien —dijo Draco mientras empezaba a recoger sus cosas.
—Debo repetirte que realmente siento que tienes un don innato para esto, es muy gratificante tener un tan buen alumno —comentó el profesor sentándose detrás de su escritorio, hacía días que había empezado a tutear a Draco durante los castigos y a tratarlo con mucha más confianza —, no solo tienes la facilidad para hacerlas, si no también la intuición para crearlas, estoy seguro que serás un gran Fabricante de Pociones en el futuro.
—Gracias, Señor —murmuró Draco colgándose la mochila al hombro.
—Nos vemos mañana —dijo finalmente el hombre antes de empezar a sacar los pergaminos con las tareas de los alumnos para empezar a corregirlas.
—Hasta mañana, señor —se despidió Draco saliendo con pasos rápidos del aula, sabía que la mayoría debería ya estar en sus habitaciones, considerando que ya estaba empezando a hacer frío y que faltaba poco para el toque de queda.
Pese a eso usó los atajos que Potter le había indicado, ya se los sabía todos de memoria, aún maravillado por la cantidad de secretos que ese castillo ofrecía, su mente voló hacia aquella sala de menesteres, donde había descubierto el hueco por el cual colar a los mortífagos, donde Crabbe había muerto…
Aquellos pensamientos no le trajeron nada agradable, llegó a su habitación hecho polvo, el sentimiento de culpa por mantenerse vivo y de alguna manera libre, a diferencia de Goyle y Crabbe, lo llenó nuevamente, algunas veces le sucedía, sobre todo si dejaba de concentrarse en los estudios y se dedicaba a dejar su mente volar, entonces todo era terrible.
Dejó de lado la tarea de herbología junto a la carta a medio escribir para su madre y se metió en la cama, su mente proyectando imágenes del pasado, recuerdos que aún resultaban demasiado dolorosos, cuando finalmente se quedó dormido revivió aquel último encuentro con Yarik, la última navidad…
*
Todo era igual, tener a Malfoy sujetando su cintura con fuerza, pegando todo su cuerpo a él, pero de alguna manera… diferente, ahora podía percibir mejor sus músculos, sus piernas apretando ligeramente contra las suyas, su pecho pegado a su espalda…
Voló a través de la sala en llamas hacia la puerta abierta y al salir chocó contra aquella pared, ambos cayeron uno sobre otro y Malfoy emitió un quejido ahogado mientras Harry se apoyaba sobre sus brazos para evitar aplastar al chico. Su mirada se detuvo en él, Malfoy estaba debajo suyo, pero ya no sucio y acalorado por el incendio, si no que completamente tranquilo, como lo había visto dormir en ese par de ocasiones, alrededor ya no se escuchaban ruidos de batalla, no había nadie, la luz del sol entraba por una de las ventanas iluminando más aún el cabello rubio, Malfoy le mantuvo la mirada, esos ojos grises mirándolo fijamente y esos labios entre abiertos, tan tentadores, tan apetecibles…
Harry se inclinó un poco más hacia delante, sintiendo su aliento tibio golpeándolo, incitándolo. Entonces lo hizo, lo besó lentamente, reconociendo poco a poco su sabor y su suavidad, una de las manos de Malfoy se apretó en su nuca y lo jaló más cerca todavía, sus cuerpos tocándose poco a poco, con una de sus manos acarició la cabellera rubia, era mucho más suave de lo que había esperado, entonces Malfoy gimió dentro de su boca y eso hizo que se sintiera más excitado.
—¿Es esto lo que quieres? —preguntó con voz ahogada Malfoy apartándose de sus labios luego de un momento—. ¿Es lo que quieres por ayudarme?
Harry abrió los ojos rápidamente para darse cuenta que estaba solo, sobre su cama, en la torre de Gryffindor, a su alrededor todo ya estaba oscuro, era de madrugada, tenía el corazón agitado y, para empeorarlo, todo una tremenda erección.
No dudó en llevarse una mano hacia abajo, hasta colarla dentro del pantalón holgado de algodón y empezó a acariciarse, como las veces anteriores su mente evocó el recuerdo de Fabio, la forma como lo tocaba o como lo besaba, pero poco a poco, mientras su mano ganaba velocidad y él se mordía los labios para no gritar, la imagen cambió por un chico más rubio y mucho más pálido, los labios rojos de Malfoy entre abiertos… ¿Es esto lo que quieres? Casi podía escuchar su voz susurrándole al oído y como si eso fuera un detonante se corrió entre jadeos ahogados, rogando porque los demás no lo escucharan.
*
Despertó llorando, como hacía mucho tiempo no hacía, tal vez desde que había salido de prisión… su pecho se agitaba dolorosamente mientras trataba de contener las lágrimas, sin éxito, lo había soñado, había recordado la última vez que lo había visto, inconsciente, cubierto por una sábana y levitando hacia fuera de su habitación, hacia el castigo de su padre, para no volver más.
Se acurrucó un poco más en la cama y trató de recordar que Yarik no quería verlo así, que no debía recordarlo con pena sino con alegría, en el jardín riendo y fumando o en los momentos íntimos que habían compartido, con todas sus locas ganas de vivir y, nuevamente, esa promesa que le hizo a su recuerdo unas semanas antes, en la casa de su madre volvió a él: debía vivir y superar todo por Yarik, por él, por Goyle, por Crabbe e incluso por su padre, por todos los que no estaban más.
Se sentó en la cama y maldijo no haber podido conseguir cigarros, luego de ser alejado de Yarik había pensado más de una vez en conseguirlos, pero se había abstenido sabiendo que eso solamente lo haría sentir mas nostálgico, sin embargo, en una noche como esa le parecían ideales, fumar un cigarro para calmarse, para calmar su respiración, sus sentimientos. Tuvo que conformarse con sentarse abrazado a sus rodillas y esperar a que su propio cuerpo se dominara… le tardó más tiempo del que había esperado, pero funcionó.
*
A la mañana siguiente agradeció no tener clases a primera hora, de esa manera no tendría que bajar temprano al Gran Comedor ni verlo, de alguna manera se sentía avergonzado por haber soñado con él de esa manera, por haberlo imaginado mientras terminaba de desfogar las consecuencias del sueño, y culpable, sobre todo culpable por las palabras que Malfoy le daba en el sueño "¿Esto es lo que quieres?".
Y Harry se pasó buen rato sobre su cama, cuando la mañana ya había llegado, preguntándose si realmente era eso lo que quería, o si eso era lo que buscaba, pero mientras se duchaba y cambiaba para salir a tomar un muy tardío desayuno estuvo convencido cada vez más de que no era así, que él no deseaba a Draco Malfoy sino a un hombre, a cualquier hombre y, el enterarse de que Malfoy era gay, lo había puesto entre la lista de posibilidades, lamentablemente esa lista solo se reducía a Malfoy y Fabio y, considerando que Fabio se encontraba a miles de kilómetros de distancia, únicamente quedaba Malfoy, y esa era la respuesta a toda su dramática situación, que solo había un nombre en su lista, porque no conocía a ningún otro que tuviera su misma condición, entonces no era gusto, simple necesidad.
Con una genuina sonrisa de satisfacción por haber resuelto su problema y tener mucho más claro todo, Harry bajó a la sala común, donde Ron y Hermione conversaban sobre uno de los sofás, bastante pegados el uno al otro y, no muy lejos de ellos, estaba el grupo de Ginny, los que pertenecían al año de Ginny pero que ahora estaban en séptimo al igual que ellos.
Harry había hablado antes con ellos, incluso antes de que la guerra estallara, y nunca le habían llamado tanto la atención, pero ahora, después de escuchar que ellos también se dedicaban a molestar a Malfoy, los miraba con más atención, tratando de descubrir si es que tenían algún próximo movimiento, alguna nueva acción contra el chico y buscar la manera de detenerlos. Y no lo hacía porque le gustara Malfoy, claro que no, era simple deber de justicia.
—Hey… pensé que no te levantabas —le saludó Ron alejándose un poco de Hermione.
—No, nada más estaba muy cansado.
—Imagino que sí, ayer ni siquiera hiciste las tareas pendientes, sé que estabas muy cansado por lo del quidditch pero debiste hacer un esfuerzo, ahora estarás atrasado y pronto tendremos exámenes…
Ron puso los ojos en blanco, pero como estaba un poco más adelante que Hermione esta no se dio cuenta, Harry luchó con sus ganas de bufar.
—Los exámenes son en dos meses, el primer partido de quidditch, sin embargo, será la segunda semana de noviembre y recién hemos podido juntar al equipo.
—No olvides tus prioridades.
—Ajá —respaldó Ron —, primero debemos darle una paliza a las serpientes, luego podremos estudiar tranquilamente para los exámenes.
—¡Ron! —reprochó Hermione.
—Al menos esta vez no tienen a Malfoy, a Crabbe ni a Goyle, esos dos sí que bateaban… —continuó Ron pasándose una mano por la cabeza, recordando seguramente algún golpe que debía haber recibido cuando jugaban.
—Cierto —apoyó Harry.
Ron frunció el ceño y negó con la cabeza —lo había olvidado —dijo en un susurro.
—¿Qué? —preguntó Hermione.
—Crabble murió en la sala de requerimientos y Goyle… —explicó Ron, parecía algo avergonzado.
—Oh… —Hermione también cambió su expresión, recordando.
—¿Malfoy no hará las pruebas? —preguntó Harry luego de un pequeño e incómodo silencio.
—No creo… son esta mañana, por cierto.
—Sí, lo sé —Harry se estiró un poco más y recordó que aún no había desayunado —. Yo los alcanzo en el aula de estudios muggles —dijo poniéndose en pie.
—Claro… ¿hiciste la tarea, verdad?
—Por favor, Hermione, ¿cómo funcionan las estufas a gas? —dijo con algo de burla.
—Pues a mí sí me pareció algo complicado —comentó Ron con aire medio ofendido.
—No es para tanto, yo estoy segura de poder usar una cuando sea el momento —intervino Ginny acercándose a ellos con una sonrisa radiante.
—Genial —murmuró Hermione mirando hacia Harry de manera extraña.
—Bueno… yo, ya los veo por allí —dijo Harry finalmente.
—¿Irás al Gran Comedor?— preguntó Ginny, como siempre, prendiéndose de su brazo.
—Sí, no pude desayunar, así que almorzaré temprano.
—Yo te acompaño —propuso con una sonrisa, Harry le dio una mirada de auxilio a Ron y Hermione que parecieron entender su fastidio y se pusieron de pie casi a la misma vez.
—Genial, vamos —dijo Hermione con una sonrisa, Ginny no pudo disimular su fastidio o no intentó hacerlo.
Mientras caminaban por el pasillo Ginny se mantenía aferrada a su brazo, para su fastidio, aunque en algún punto logró soltarse de ella y ocupar las manos tratando de encontrar algo en la mochila, haciéndose una nota mental de que debía hablar con ella antes de que la semana terminara, ella aún quería que fueran novios y lo más justo es que supiera que no tenía oportunidad alguna.
*
La clase de Estudios Muggles estuvo algo movida, los Ravenclaw, como todas las otras clases, se la tomaban muy en serio, interviniendo a cada instante para pedir aclaraciones que, muchas veces, el profesor Cooper con toda su "loable sabiduría" no podía contestar. En cambio los Slytherin simplemente se quedaban en silencio (al igual que Draco) y tomaban todas las notas necesarias, para luego estudiarlas y aprobar la asignatura, pero no se desvivirían por ella.
Y, por ese motivo, teniendo hoy las pruebas de quidditch, ninguno de ellos estaba realmente interesado en la clase o en las preguntas que el profesor Cooper podía hacer sobre las estufas a gas y sus ventajas y desventajas.
En cambio Draco prestaba tanta atención como todas las semanas, no le interesaba el quidditch y aunque le hubiera interesado no había forma de que se convenciera de que bajar a ver las pruebas y a sus compañeros volar fuera seguro.
El profesor Cooper al final terminó descontando veinte puntos entre todos los Slytherin, por su falta de atención y de entusiasmo, sólo Draco, sorprendentemente, obtuvo cinco puntos por contestar correctamente qué era lo que hacía peligrosas a las estufas a gas si es que no se tenía cuidado. Cuando el profesor Cooper se había acercado a él y se lo había preguntado en ese tono tan serio estuvo a punto de soltar una carcajada por lo tonta de la pregunta, era tan obvio que lo dijo desconfiando de que pudiera haber alguna trampa en todo eso, sin embargo, por primera vez desde que las clases habían iniciado, el profesor Cooper sonrió hacia él, le dio cinco puntos e incluso dijo que sus demás compañeros debían aprender de él y preocuparse realmente por las clases y no por los deportes. De más está decir que eso conllevó a que todos sus compañeros de Slytherin, (a los cuales ya no le gustaba llamar compañeros de casa) lo miraron de manera amenazadora. Se preguntó si ese era el plan del profesor Cooper al final, hacer que sus compañeros se enojen con él (que había pasado más de una semana en total tranquilidad) y reinicien con los ataques.
Solo para estar seguro caminó rápidamente hacia su habitación y se encerró allí a terminar con la tarea de herbología mientras sus demás compañeros corrían al campo de quidditch a hacer las pruebas para el equipo, o a animar a los que las hacían. Este año, según había escuchado, habían elegido a un chico de quinto como capitán, un tal Leandro Cudney, apenas y lo conocía de vista, era muy pequeño para haber intercambiado más que alguna palabra en el tiempo que habían coincido en la escuela, y aunque recibía el trato que recibía de sus compañeros y se sentía tan solo y desplazado, sinceramente esperaba que al menos le ganaran a Potter y su equipo en el primer partido de la temporada. Claro que eso era solo por costumbre, ya que ni siquiera iría a ver el partido (No estaba tan loco por el quidditch)
No pudo negar, mientras consultaba un par de libros para su composición, que recordaba con cierta nostalgia cuando podía jugar en el equipo, las de veces que se divirtió haciéndolo, no era muy bueno, lo sabía, pero al menos se divertía la mayoría del tiempo, excepto cuando jugaba contra Gryffindor, entonces ya era una cuestión de honor. Extrañó las barras de sus compañeros… y su canción, se preguntó si aún la usarían…
*
Lo vio llegar y sentarse como siempre y, a pesar de hoy tener la mesa completamente vacía y solo para él, en la misma esquina de todos los días, tenía la mochila colgada en un solo hombro, cuando se sentó la dejó a un lado y sacó un libro, con el ceño fruncido lo abrió y empezó a leer mientras bebía de su copa, lo más probable; jugo de calabaza, un plato apareció delante y se estiró lo suficiente para servirse algo de vegetales cocidos y pescado.
Empezó a comer con algo de rapidez, mientras su mirada permanecía fija en el libro. Podía ver sus ojos moviéndose de un extremo al otro del libro y sus labios formar una que otra palabra de vez en cuando.
El cabello, ahora mas largo y suelto, le caía a los lados del rostro, cuando se adelantó a recoger un poco más de comida un par de mechones cayeron mas hacia el frente, con un par de dedos los llevó hasta detrás de la oreja. Entonces su mirada regresó al libro nuevamente, mientras con el tenedor balanceaba la comida de un lado a otro, como si recitara algo suavemente, sus labios moviéndose casi imperceptiblemente, pero de alguna manera llamando la atención sobre ellos y las pestañas aleteando de arriba abajo rítmicamente, como si estuvieran en un baile secreto…
—¿Harry? —Harry dio un bote sobre su asiento y tiró el vaso de jugo de calabaza que tenía en frente mientras Ginny, con el ceño fruncido le pasaba una servilleta.
—Lo siento —murmuró Harry sintiendo sus mejillas arder, dio con algo de temor una mirada al frente pero al parecer Malfoy no se había dado cuenta de nada. De que lo había estado observando tan fijamente. Demasiado fijamente. ¿Por qué había hecho eso? En ese momento Malfoy volvió a llevar algo de comida con el tenedor hacia sus labios, estos se entreabrieron y a Harry le pareció recordar como si fuese algo vivido, el sabor de aquel beso.
—¡Por Merlín, Harry! Si no quieres que te hable solo dilo, pero deja de ignorarme —reclamó Ginny en voz alta, demasiado alta, ya que varios de sus compañeros, los que estaban sentados cerca de ellos, incluyendo a Ron y Hermione los miraron con bastante curiosidad.
—Si sigues llamando la atención de esa manera realmente consideraré el no hablarte —respondió con voz molesta y siseante. Estuvo casi seguro que nadie mas lo escuchó. Ginny abrió la boca para replicar pero él se puso en pie bastante rápido. —Iré a cambiarme.
—¿Quieres que te acompañe? —preguntó tímidamente poniéndose en pie, justo en el momento que los alumnos de Slytherin entraban al Gran Comedor, vitoreando a sus nuevos integrantes del equipo de quidditch, todos pasaron dándoles miradas burlonas mientras Ginny los miraba fastidiada.
Harry no contestó simplemente se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la salida, dejando a Ginny de pie y alejándose del alboroto que ocasionaban los demás alumnos. Con la mente confundida y el corazón algo desbocado y sobre todo repitiéndose una vez más la misma pregunta: ¿Qué mierda me está pasando?
*
Draco levantó la vista hacia el alboroto, sus compañeros llegaban ya de vuelta de las pruebas de quidditch, les dio una mirada desinteresada, aunque analizando rápidamente a quienes habían escogido como integrantes, todo el equipo debía ser nuevo, igual que en Gryffindor, o casi todo al menos.
De reojo también vio a Potter salir con pasos largos, los puños apretados y dejando a la comadrejita junior parada en medio del salón, se preguntó si es que acaso la parejita estaría peleada. No se podía esperar nada menos de alguien que parecía tan mandona y posesiva y Potter podría parecer alguien demasiado bueno y loable pero sabía que tarde o temprano se cansaría de ser mangoneado.
Sin saber bien por qué sonrió con satisfacción mientras guardaba el libro en la mochila y se levantaba del asiento, al menos había tenido algo de paz durante el almuerzo y de todas formas ya había terminado.
—Hey Malfoy —lo llamó la voz de un chico, Draco no la reconoció en primer momento y, honestamente, tampoco le prestó mucha atención, terminó de cerrar la mochila y colgársela en el hombro,
—Oye, idiota ¿qué no oyes que te hablan? —dijo la voz de otro chico, pero él siguió sin darse por aludido, al parecer sus compañeros estaban demasiado entusiasmados por haber armado al fin el equipo de quidditch que ni siquiera reparaban en que estaban en el Gran Comedor, donde aún quedaban algunos profesores almorzando. Caminó hacia la salida con los mismos pasos lentos y tranquilos, aquellos que querían dar a entender que le importaba muy poco que la gente lo molestara o lo que los demás pudieran pensar de él.
—¿Por qué no hiciste las pruebas este año? —preguntó la voz del primer chico, esta vez Draco si lo reconoció, se trataba de Andrew Maddock, un chico que había estado un año debajo de él, claro, hasta este año. No recordaba haber hecho nada para molestarlo en el pasado, ni siquiera haberle hablado más que un par de veces.
—¡Oh, pero qué dices! —dijo otra de las voces, se trataba de Zabini —Si su papá ya no está para comprarle las escobas a los jugadores ¿Cómo se supone que entrará al equipo entonces?
Draco se detuvo y tomó una bocanada de aire tratando de no caer en la tentación, los oídos le zumbaban y apretaba los puños con fuerza, luego de lo que pareció una eternidad, en la que los demás Slytherin e incluso algunos Hufflepuff y Ravenclaw rieron, encontró la calma suficiente para seguir caminando, sabía que no lo atacarían ni le dirían mucho más, aún estaban los profesores cerca, solo querían hacerlo caer, hacerlo reaccionar y él no iba a caer en la trampa. Claro que no.
*
¿Por qué lo piensas así?
Harry caminó hasta su habitación y se sacó a prisa la túnica manchada de jugo y la dejó caer a un lado de la cama, miró hacia abajo, sus pantalones y camisa también estaban mojados.
¿Por qué ahora imaginas sus labios?
Había volcado todo el jodido vaso de jugo de calabaza encima, ahora tendría que cambiarse completamente.
¿Saboreas ese beso que no existió más que en un puto sueño caliente?
Lo mejor sería tomar una ducha, al fin aún tenía clases dobles de transformaciones… y con Slytherin o, mejor dicho, con Malfoy.
Negó con la cabeza, tratando de alejar todos aquellos tontos pensamientos, solo porque había tenido un sueño demasiado húmedo con él no era razón para que se pusiera así, ya había soñado antes con el auror y con Fabio… Pero el auror no era gay y Fabio no era mago, en cambio hay algo realmente atrayente en la idea de un "Malfoy: mago y gay"
Sí, seguramente se debía haber golpeado muy fuerte la cabeza durante la última batalla y las consecuencias se estaban dejando ver recién ahora, porque no había otra forma de explicar por qué demonios le estaba dando tantas vueltas al asunto, —como si siquiera hubiera alguna oportunidad —se dijo con un bufido mientras empezaba a jabonarse dentro de la ducha.
Aún recuerdas su cuerpo desnudo sobre la cama…
Harry abrió los ojos de golpe, un poco del jabón que tenía en el rostro le hizo arder los ojos, maldiciendo metió completamente la cabeza dentro del chorro de agua, tratando de que de esa manera el agua se llevase todos los rastros de jabón y de pasada la imagen mental que acababa de tener, el recuerdo de Malfoy durmiendo en la cama, con su cuerpo delgado, y su rostro apacible…
Cuando cerró la ducha se dio cuenta que había estado tan metido en toda su lucha interna que ni siquiera había cargado con la ropa para cambiarse, agradeció que sus compañeros todavía se encontraran almorzando o alejados de la habitación y envuelto con una toalla en las caderas, con el cabello húmedo y chorreando sobre su espalda caminó hacia la habitación. Casi pegó un bote sobre el piso al ver a la pelirroja sentada sobre su cama.
—Harry —dijo ella con una sonrisa poniéndose de pie. Harry se sintió de pronto más incómodo que nunca por la mirada de la chica.
—Ginny, ¿qué haces aquí? —preguntó mientras sujetaba con más fuerza la toalla sobre sus caderas y retrocedía lentamente hacia el baño.
—¿Sabes?, últimamente actúas demasiado frío conmigo —Ginny avanzó un par de pasos más hacia Harry.
—No es el momento, ni el lugar, si me disculpas todavía tengo que cambiarme —respondió recobrando la firmeza en la voz y caminando nuevamente hacia el interior de la habitación.
Ginny lo siguió y se sentó en la cama nuevamente con una sonrisa radiante —En todo este tiempo que llevamos juntos nunca te he visto desnudo…
Harry se congeló por un instante, con la camisa en alto antes de girar a verla —Primero, tú y yo no estamos juntos y, segundo, que no tienes por qué verme desnudo, deberías salir de aquí ya mismo, esto es incómodo.
—¡Oh, por favor Harry! —Ginny levantó una mano y la colocó suavemente sobre el abdomen del chico —Ron no se tiene que enterar de lo lejos que lleguemos ¿o sí?
—¿Quién dice que me preocupa Ron? —preguntó Harry apartándose de la chica y jalando el resto de su ropa—, y ya te lo he dicho, no estamos juntos y volver es algo que no va pasar.
—¿Por qué actúas así? —preguntó Ginny con voz suave. —¿Por qué no puedes volver a ser como antes? ¿Cómo antes de que la guerra estallara? ¿Cómo cuando estábamos juntos?
—Lo siento —susurró Harry sin poder mirarla a la cara, sabía que a veces se comportaba de manera demasiado agresiva, en el fondo era el miedo a decirle la verdad, a ver su reacción. Estaba comportándose como un cobarde.
—¿Qué de malo hice? ¿Qué fue lo que me apartó de ti? —insistió ella acercándose nuevamente—¿Qué puedo hacer…? Harry yo te amo.
—Yo no te puedo amar, Ginny —masculló Harry con tono resignado abrazando con algo de fuerza sus ropas —, no eres tú la culpable, soy yo… no soy lo que crees, nunca podré corresponder a ese sentimiento…
—Ni siquiera lo estás intentando. Ni siquiera tratas de hacer que todo esté bien entre nosotros.
Harry negó con la cabeza y finalmente la encaró, Ginny tenía los ojos brillosos y las mejillas sonrojadas, estaba a punto de llorar.
—¿Por qué…? —una lágrima resbaló por su mejilla y Harry se sintió peor aún, mucho más que un cobarde, se sintió una mala persona por provocar lágrimas en ella, por hacerla sufrir—. ¿No soy lo suficientemente buena para ti? ¿Qué más necesitas?
—No podría…
—Ya lo has hecho antes.
—No, no podría… Ginny yo… —tomó una bocanada de aire y se trató de dar todo el valor posible, no había forma correcta de decir eso —simplemente no puedo estar con ninguna mujer porque… —No la podía ver a la cara, desvío la mirada fijándose en una de las paredes del dormitorio —Ginny, yo soy gay.
Se escuchó apenas un sonido ahogado antes de que aquella mano diera directamente en su mejilla, pero incluso así no se movió, no la encaró.
—¡Eres un maldito mentiroso! —gritó ella con la voz rabiosa, sentía su mejilla arder pero no se animaba a mover un solo músculo, el silencio se hizo mucho más intenso —. Cobarde —continúo Ginny, parecía agitada —, no tienes derecho a mentirme de esa manera… a pretender que yo voy a creer tremenda estupidez.
—No es una mentira —murmuró y finalmente la encaró, por su rostro las lágrimas caían sin tregua alguna, sus mejillas sonrojadas, sus labios apretados, conteniendo tal vez otro grito.
—Estás enamorado de alguien más —concluyó ella con voz firme —, de otra mujer y pretendes hacer que te olvide mintiendo de esa manera tan… tan… ¡asquerosa!
—No es así.
—Pero escúchame bien, de mí no te vas a burlar… no te seguirás burlando —amenazó antes de dar la vuelta y salir con pasos rápidos del dormitorio, agitando su larga cabellera roja de un lado a otro, aquella que antes le había gustado tanto, aquella que olía de manera adecuada… aquella que ahora no significaba ya nada.
*
—Llega tarde, señor Potter —le reprendió Cummings en cuanto Potter entró al aula, llevaba más de quince minutos de retraso y Draco levantó la mirada para verlo entrar, parecía molesto, caminó hacia dentro del salón con los puños apretados y a diferencia de los otros días no fue hacia adelante con sus demás compañeros si no que se sentó en una de las carpetas del final, a la misma altura de Draco.
—Lo siento, señor no se repetirá.
—De todas maneras tiene cinco puntos menos y espero algo más de respeto en el futuro.
—Sí, señor —murmuró con la mandíbula apretada, Draco continuó mirándolo un instante más, sintiéndose de alguna manera curioso por su reacción. Más adelante la comadreja, Granger y sus demás compañeros le daban miradas preocupadas pero al parecer Potter no se dio por aludido pues sacó la varita y la dejó sobre la mesa para luego sacar el resto de sus útiles.
—Entonces, antes de que el Señor Potter nos interrumpiera, estábamos explicando la manera correcta de hacer la transformación de agua en fuego… —continuó explicando el profesor y Draco volvió la mirada hacia el profesor, prestando atención una vez más mientras el hombre explicaba el hechizo y convertía el agua dentro de un tazón en una llamarada.
Harry le dio una mirada distraída al profesor y luego se giró para ver a Malfoy, no había sido su intención quedarse allí, a solamente unos metros de él, pero como Malfoy siempre se sentaba al final y a él no le apetecía sentarse junto a sus amigos no había tenido otra opción. Se alegró de haberlo hecho, pudo mirarlo un poco más de cerca, la forma como fruncía el ceño, como su rostro cambiaba completamente mientras tomaba notas casi sin despegar la vista del profesor… Entonces Malfoy volteó hacia él, Harry apenas y atinó a girar el rostro hacia el profesor nuevamente, mientras fingía tomar notas, pero lo cierto es que estaba perdido, no sabía en cual de los 10 movimientos de varita que requería ese hechizo iba. Luego tendría que pedirle sus notas a Hermione.
Draco frunció el ceño en cuanto Potter giró, tratando de esconder el que lo había estado mirando de manera tan fija. Una nueva pregunta más que agregar al extraño comportamiento de Potter, se dijo antes de volver a prestar atención a Cummings.
Harry se relajó un poco cuando Malfoy por fin dejó de parecer perspicaz y se concentró nuevamente en el profesor. Durante el resto de la clase solo Malfoy y Hermione pudieron completar el hechizo, lo que hizo que los demás recibieran como tarea, además de la explicación del hechizo, practicarlo.
En cuanto la campana sonó Draco metió sus cosas en la mochila y antes de que siquiera el primer alumno se hubiera levantado él ya estaba en la puerta, listo para usar los atajos y llegar al Gran Comedor.
Harry se quedó sentado observando todo el movimiento de Malfoy, la fuerza con que apretaba con una mano el tirante de la mochila, parecía tenso, casi a punto de saltar ante cualquier movimiento, se preguntó si es que vivía así todos los días.
*
Estaba disfrutando la semana, a pesar de todo la disfrutaba porque todas las noches bajaba hacia las mazmorras y pasaba más de dos horas haciendo pociones, e incluso más de una vez se animó a hacer algún experimento, con resultados bastante favorables para solo ser un aficionado, según el profesor Monroe.
—Deberías poder estudiarlo, estoy seguro de que el mundo mágico se perdería un gran maestro fabricante de pociones si es que no lo haces —insistió el profesor mientras le acercaba una taza de té. Era su último día de castigo y el profesor le había dicho que se quedara un rato más, y él, gustoso de tener a alguien con quien hablar, había aceptado.
—Supongo que el mundo tendrá que vivir sin mí —respondió con una sonrisa mientras olía el té antes de darle una probada.
—Estoy seguro que debe haber alguna forma… —murmuró el profesor —. Sí, la debe haber…
Draco no comentó nada, no quería rebatirle nada al profesor, él sabía cual era la respuesta y la tenía aceptada y asimilada, en el fondo ya no dolía tanto… muy en el fondo.
*
Cuando Harry les confesó a Ron y Hermione lo que había pasado con Ginny y la razón por la cual ella no le hablaba más (obvió el tema de que estaba saliendo de la ducha cuando ella lo quiso encarar) ambos tuvieron reacciones completamente diferentes:
Hermione dijo que aunque no era la manera adecuada de hacerlo en algún momento tendría que decírselo, que no podía seguir ocultándolo más, no a ella al menos.
Ron en cambio si se enojó, le recordó que le había pedido que no lo hiciera, que no hubiera querido que Ginny se enterara de algo así. Harry se sintió de alguna manera herido por aquel reclamo.
Los siguientes días Ron no le dejó de hablar pero tampoco fue tan divertido como antes, Hermione trataba de llevar las cosas en paz y, de alguna manera, todo estaba calmado, pero era una paz tensa, demasiado tensa y agobiante, Harry ahora tenía miedo de que Ginny le dijera a los demás lo que pasaba, la razón por la cual Harry y ella ya no seguían juntos.
Ginny no se sentaba más con ellos, no les hablaba más que lo estrictamente necesario durante las clases y siempre evitaba hablar directamente con Harry, y él no podía decir que se sentía desolado por eso, al contrario, al menos eso era algo tranquilo en medio de todos los acontecimientos que últimamente rondaban su vida, y no sólo sus días, también sus noches y sus sueños, porque había vuelto a soñar con él, de maneras diferentes, algunas veces se imaginaba caminando nuevamente hasta su habitación y verlo dormir solo con los bóxer puestos, sobre la cama, se imaginaba acariciando con lentitud sus piernas, su pecho y su abdomen… y se sentía culpable por hacerlo.
*
La mañana del sábado Draco bajó con mucho pesar hasta el Gran Comedor, lo hizo temprano, a fin de no encontrarse con mucha gente, esta semana Potter no le había llevado comida y aunque debería sentirse agradecido de por fin librarse de él no podía negar que se sentía de alguna manera… desilusionado. Lo había pescado mirándolo en clases, en más de una ocasión y no podía comprender que era lo que pasaba. Había estado despierto desde muy temprano el viernes para pescarlo cuando trajera la canasta con comida pero no había aparecido.
Sabía que la mañana del sábado Gryffindor tenía reservado ya el campo de quidditch, en poco menos que un par de semanas sería el partido de Slytherin contra Gryffindor y ambos equipos debían prepararse. Esa era la razón por la cual no había mucha gente desayunando en ninguna de las dos mesas, estaban viendo el entrenamiento y al "Grandioso Héroe Mágico" entrenar al próximo equipo que ganaría la copa. Aunque claro, Draco todavía tenía esperanzas de que este año la ganase Ravenclaw, o por último Hufflepuff, porque no sentía simpatía por los de su casa, pero bajo ningún concepto eso haría que apoyara, aunque sea mentalmente, a Gryffindor.
*
A las once en punto de la mañana Harry simplemente se cansó y descendió hacia el pasto, montando en su escoba a una gran velocidad, sus demás compañeros de equipo lo siguieron y rodearon.
—Se acabó —gruñó mientras desmontaba.
—Pero solo hemos entrenado un par de horas —se quejó Leyna casi haciendo un puchero.
—No es como si realmente todos ustedes lo estén intentando —replicó Harry mirando con rabia nada disimulada hacia Ginny que en ese momento se cruzaba de brazos y le devolvía una mirada desafiante, como retándolo.
—Harry… —empezó a argumentar Ron, entonces Harry lo miró molesto y el chico pareció pensárselo mejor y callar.
—Separaré el campo para el lunes en la noche —continuó Harry —, y espero que todos estén dispuestos a entrenar realmente ese día, si no usaré a los que tengo de reserva —hubo un leve murmullo mientras se alejaba hacia el castillo, ni siquiera le apetecía ir a ducharse al vestidor, no tenía deseos de hablar con ninguno de ellos, ni con Ron.
Se sentía demasiado molesto y harto, Ginny se la había pasado ignorando sus ordenes durante el entrenamiento y no solo eso, sino que además distrayendo a los demás con sus juegos en la escoba y sus faltas, y Harry estaba tan tentado a decirle que se fuera, o a llamarle la atención de manera más contundente, sin embargo, no se animaba, temía que ella dijera algo inapropiado. Eso sumado al canturreo de los Slytherin que habían ido a ver el primer entrenamiento lo habían llevado al límite. Pensó en que lugar se podría esconder para que los demás no lo encontraran, para que lo dejaran en paz al menos un tiempo. Casi sin darse cuenta sus pasos lo llevaron a las cocinas.
*
Sentado delante de su escritorio frunció el ceño, estaba escribiéndole a su madre, y no podía dejar de preocuparse por ella, le volvía a preguntar en cada carta si es que ella no estaba siendo amenazada o si es que no corría ningún peligro, y aunque ya sabía de antemano la respuesta no dejaba de preguntar. En el fondo tenía una muy mala corazonada al respecto, conocía a su madre y le mentiría con tal de verlo tranquilo. A veces se le olvidaba que ya no era el niño pequeño al que le podía decir que de verdad los duendes se llevaban a los niños que no comían todos sus vegetales. Una guerra servía de experiencia y sobre todo sembraba cierta paranoia en uno y mucho más si es que se había perdido.
Bufó y tiró la pluma a un lado con algo de rabia, no solía tirar cosas pero se sentía tan impotente ante la situación que ya no sabía qué más hacer.
—Vaya, que carácter, ¿te peleas hasta con una pluma? —preguntó la voz de Potter y Draco se sobresaltó y giró tan rápido que casi cae de la silla.
—Mierda, Potter ¿Qué demonios haces?
—Esa boca, Malfoy, en serio no deberías hablar así —le reprochó Harry entrando completamente a la habitación, cargando una canasta con comida en una mano y en la otra la capa de invisibilidad, tenía la mochila colgada al hombro. Había estado observando a Malfoy por varios minutos antes de animarse a hablar.
—Y tú no debes entrar sin avisar.
—Ya… mira —dijo levantando la canasta —traigo una ofrenda de paz.
—Estás muy equivocado si piensas que me vas a comprar con tus tontas canastas de comida.
—Comprar —bufó Harry dejando caer la canasta sobre el escritorio y sentándose sobre la cama, ya que Draco aún seguía sobre la silla —¿Solo eso sabes?, ¿comprar gente?
Draco se cruzó de brazos y le dio una mirada molesta —Bien, escúpelo, dime que quieres de mí para que te pueda decir que no y acabemos con esto de una buena vez.
—¿Que qué quiero de ti? —preguntó Harry, no pudo dejar de asociar las palabras de Malfoy con su sueño recurrente —,¿por qué he de querer algo de ti?
—No creas que no me he dado cuenta, me miras en clase y en el Comedor, y además las semanas anteriores me trajiste comida, es obvio que algo te traes entre manos y solo tratas de caerme bien para obtenerlo.
Harry suspiró profundamente y negó con la cabeza, no sabía qué hacía allí, ni que era lo que pretendía en realidad —Eso de caerte bien… imposible, creo, pero ya que lo dices, podrías hacerme un par de favores.
—¡Ajá!
Harry no tomó en cuenta la interrupción de Malfoy y continuó —Préstame tu baño para tomar una ducha.
—¿Qué?
—Tu baño… —dijo Harry señalando hacia la puerta que llevaba a los baños —Vengo de jugar quidditch y realmente apesto.
—Eso no es novedad.
—Malfoy.
—¿Por qué no la tomas en tu dormitorio, o en los vestidores?
Harry desvió la mirada un instante —Porque no me apetece estar allí en este momento.
—Este castillo tiene cientos de duchas y quieres tomar una justo aquí, en mi habitación —continuó Draco, entonces Harry se puso de pie.
—Bien, ¿sabes qué? Olvídalo, quédate con tu ducha, tu habitación, tu canasta de comida y tu mal humor —dijo caminando hacia la salida.
Draco miró hacia la canasta y luego hacia Potter, hacia el único que de una u otra manera le hablaba y le trataba más o menos bien, incluso con las peleas, pero eso era algo natural entre ellos, era el único que de alguna manera hacía que las cosas se sintieran casi como antes.
—Espera —pidió poniéndose en pie cuando Potter ya estaba cerca de la entrada.
—¿Sí? —dijo Harry girando rápidamente.
Draco suspiró y asintió —-Bien, puedes usar la ducha todo el tiempo que quieras.
—No lo hagas por obligación.
—No, no es por eso —murmuró Draco.
—No quiero que te sientas obligado… o que creas que de alguna manera te estoy cambiando las canastas de comida por eso o que...
—¡Qué no lo hago por eso! —gritó Draco, perdiendo la paciencia ¿qué esperaba, que le rogara acaso?
—Ya, ya, pero no te encrestes —se burló Harry retornando a la habitación.
—Yo no me… encresto —repitió Draco no muy seguro de esa palabra y arrugando un poco la nariz.
Potter solamente sonrió y se metió en el baño, no habían pasado ni dos minutos antes de que la puerta se abriera nuevamente, y Potter sacara la cabeza, haciendo que Draco que ya estaba mirando en el interior de la canasta se sobresaltara nuevamente —Gracias —dijo sonriente antes de meterse de nuevo al baño.
—Ya… solo báñate, todo sea por no oler tus pestes —replicó Draco aún algo sobresaltado ¿Qué pensaba Potter, matarlo a golpe de sobresaltos?
En el interior del baño Harry se sintió algo más cohibido mientras se desprendía de su túnica de quidditch y de las botas. ¿Qué demonios estaba haciendo allí? No lo sabía, tal vez era solo su genuina curiosidad o el sentirse, de alguna manera, identificado con él.
Trató de apartar todo pensamiento negativo de su cabeza, especialmente los relacionados a Ginny y al desastroso entrenamiento, mientras se metía en la ducha caliente, curioseando entre los productos que habían allí para el cabello, destapó uno de los frascos de shampoo y lo olió, tenía una olor muy singular… no podría adivinar a qué olía pero le pareció que olía bien.
*
Draco terminó de enrollar la carta a su madre y la selló mágicamente, luego se dejó caer en la cama con el libro de herbología, aprovechando para leer lo que tocaría el lunes, mientras escuchaba el sonido del agua cayendo, trató de apartar la idea de que Potter estaba en ese momento en su baño, en su ducha, desnudo. Él había dicho un par de favores, ¿habría alguna otra cosa más que quisiera Potter? Cerró el libro con cansancio, sabía que no podría leer más de dos líneas sin desconcentrarse.
Observó la canasta con una ceja levantada, Potter siempre traía de aquellas galletas de avena que le gustaban, tal vez habría una o dos por allí. Se levantó y miró hacia el interior de la canasta, contenía lo mismo que las semanas pasadas, emparedados, pasteles y… al fondo, casi al final de la canasta. las vio, un envase con galletas de avena, estiró la mano tratando de no desordenar el resto y sus dedos rozaron apenas el envase de plástico.
—¿No sería más fácil que sacaras todo primero? —preguntó Harry saliendo del baño y viendo a Malfoy completamente inclinado sobre la canasta.
Draco soltó un pequeño gruñido y se apartó —Realmente he entendido tu macabro plan —le dijo dejándose caer sobre la silla con toda la elegancia posible —; me quieres matar de un susto.
Harry no lo pudo evitar y soltó una pequeña carcajada —Claro… claro, Malfoy —respondió sentándose en la cama aún con el cabello húmedo y mojando su espalda y dejando que algunas gotas cayeran a la cama. —Sabía que eras lo suficientemente listo para adivinarlo.
—¡Oh, no! y encima eso —negó Draco apretando los labios y levantando la varita.
Harry se puso tenso de pronto, dejando la sonrisa congelada en el rostro mientras Malfoy lo apuntaba con la varita, por un loco instante deseó invocar su varita y defenderse, en el preciso momento que Malfoy susurraba con una voz suave:
—Siccum —una ráfaga de aire tibio salió de la varita de Malfoy y recorrió su cabeza y su torso, dejando al instante su cabello casi completamente seco, al igual que la túnica que se estaba ya empapando con las gotas de agua, e incluso secando las pequeñas gotas que ya empezaban a caer sobre la cama —Bien, eso es mucho mejor, no quiero a un Potter chorreante sobre mi cama.
—¿Y entonces que tipo de Potter quieres sobre tu cama? —preguntó distraídamente Harry mientras se pasaba las manos sobre el cabello disfrutando de que ya estuviera seco. Malfoy se sonrojó un poco y aquello le pareció demasiado extraño, estaba casi seguro de no haberlo visto sonrojado antes, supuso que el comentario no debía haber sonado adecuado —Es un buen hechizo… deberías enseñarme a hacerlo.
Draco se mordió el labio inferior sintiéndose idiota por la forma como Potter bromeaba, le parecía demasiado… ¿ambigua?—Bien, ¿ese es el otro favor que querías?
—¿Por qué? ¿Solo tengo derecho a dos favores?
—No, tú dijiste que querías un par de favores, es decir dos.
—Oh, vamos Malfoy, esa fue solo una forma de hablar.
—Ah. ¿En serio? Pues es una forma incorrecta de hacerlo.
—Ya, que no es para tanto… además tengo hambre —respondió Harry mirando hacia la canasta.
—Recién es medio día —se quejó Draco levantando la varita y haciendo levitar la canasta hasta la cama, junto a Harry —¿No te parece muy temprano para comer?
—Tuve entrenamiento, casi no desayune de todas formas —comentó Harry sacando un emparedado de la canasta.
—Para eso está el Gran Comedor.
—Claro, para eso también está el Gran Comedor —Harry le dio una mordida al emparedado —. Y entonces… ¿Qué estabas haciendo?
—Oh, ya sabes, lo de siempre —respondió Draco sintiéndose un poco mas relajado, apoyó la espalda sobre la silla y puso sus manos bajo su cabeza —; urdiendo planes para dominar el mundo y limpiarlo de los impuros.
Harry le dio una mirada resentida y terminó de tragar lo que tenía en la boca —Eso no es gracioso.
—Tampoco que estés aquí, y ya ves.
—No tenía a donde más ir —admitió dejando el emparedado sobre la canasta —, y te quería preguntar algo.
—Oh, así que eso era ¿Y qué será?
—Pues… —Harry desvió la mirada, ¿Qué le iba a preguntar? ¿Malfoy en verdad eres gay? ¿Hay más magos gay? ¿Los conoces? ¿Existe una sociedad secreta de magos gay a los que me pueda afiliar?
—¿Sí?
—Eh… ¿Estás bien? Es decir… ¿Te siguen molestando? —preguntó finalmente, sabía que no sería capaz de hacer la pregunta que realmente quería hacer.
—Potter, en serio no es tu maldito asunto… Si es por la deuda que tienes con mi madre…
—¡No es por eso! —interrumpió Harry.
—Olvídalo, ¿quieres? Ambos sabemos que al fin soy yo el que está en deuda contigo, y si quieres reclamar un pago por eso…
—¡No quiero reclamar nada! —Interrumpió Harry nuevamente poniéndose en pie —solo quería saber si estabas bien, no me parece justa la forma como se están dando las cosas o como te están tratando, eso es todo.
—Sí, es cierto, tal vez no es justo, tal vez debería estar encerrado en Azkaban, o muerto como mi padre —contestó Draco poniéndose en pie también —, estoy seguro que eso es lo que la gente encontraría justo.
—No me refería a eso.
—Potter, me confundes, nos odiamos desde que tenemos 11 años, nunca, ni una sola vez has hecho algo para que seamos amigos, o para mantener una conversación civilizada, y yo tampoco, lo reconozco, así que no sé qué demonios estás haciendo aquí.
—Yo no te odié antes, ni te odio ahora… y el que no hayamos podido mantener una conversación civilizada en el pasado no quiere decir que ahora no podamos.
—¿Por qué lo haríamos? ¿Por qué dejarías a tu maravilloso club de fans y toda la adoración que tienes para hablar conmigo? No quiero que me tengas lástima, no voy a permitir que la tengas.
—¡No te tengo lástima!
Draco no contestó nada simplemente se cruzó de brazos y se volteó, dedicando a mirar los frascos que habían en el estante. Potter lo confundía, hacía que se sintiera de alguna manera extraño, no podía entender su fijación, su obsesión por saber si se encontraba bien, Potter no hacía eso normalmente, no con él al menos.
—Escucha —suspiró Harry, sentándose nuevamente en la cama —simplemente siento que de alguna manera tú y yo hemos cambiado… la guerra y todo lo que pasó nos cambió y creo que deberíamos darnos una oportunidad, no es justo que estés solo, y sí, te he observado y creo que a parte del varón sanguinario y los profesores, no hablas con nadie y no creo que eso sea sano.
Draco se giró rápidamente con una mirada molesta ¿qué insinuaba con eso de que no era sano?
—Ahora escúchame tú a mí, Potter…
—Y yo tampoco tengo mucha gente con la cual hablar, los demás me tratan como si se tratara de un gran héroe, y eso me cansa… — continuó Harry sin permitir que Draco terminara de recriminar.
—¿Y acaso no te estás comportando como un héroe ahora? Tratando de ayudar al pobre hijo de mortífago caído en desgracia…
—Eres tú el que se pone los adjetivos, no yo, yo solo veo a Draco Malfoy, alguien que ha recibido un trato injusto y que se vio atrapado en una situación completamente inmanejable para alguien de solo 16 años, a otro chico que salió herido en la guerra… a alguien que, de alguna manera, es como yo.
Draco se quedó en silencio, digiriendo las palabras de Potter, tratando de asimilarlas, de buscarles un rebate, algo que las hiciera parecer mentira… pero no logró encontrar forma de refutarlas. Se sentó nuevamente en la silla y por algún tiempo ambos permanecieron en silencio, sin nada que decirse, sin nada que agregar, perdidos en sus propios pensamientos, tal vez en sus propios miedos y culpas.
—¿Por qué terminaste el entrenamiento temprano? —preguntó de pronto Draco, cayendo en cuenta de que el equipo de Gryffindor tenía la cancha hasta la una de la tarde, que era la hora de almuerzo y encontrando eso como una forma de aligerar las cosas.
—Oh —Harry suspiró profundamente y se dejó caer completamente sobre la cama —Realmente… creo que estamos perdidos… podrás ver por fin a tu equipo ganarnos.
—Es una pena que no lo pueda ver —respondió Draco tratando de no parecer herido por eso —, pero no creo que realmente te dejes ganar la snitch así de fácil.
—Si fuera solamente un buscador contra otro creo que tendría opción, pero con el grupo que tengo…
—No seas dramático.
—¡Es que no coordinan! —se quejó Harry apoyando los codos en la cama y levantándose para mirar a Draco que ya había conseguido sacar las galletas de avena y sintiéndose tranquilo de que al fin pudieran estar conversando como dos magos normales —Se la pasan bromeando… creen que ganaremos solo por justicia divina.
—Pues es definitivamente tu culpa —reprochó Draco dando una mordida a la galleta, sin tratar de evitar el gesto de placer por ello, realmente estaba sabrosa.
Harry iba a protestar pero se encontró perdido en la expresión de Malfoy, estaba seguro que incluso había empezado a babear.
—Deberías actuar un poco más… estricto, desde el inicio, ya sabes, "¡Soy el jodido niño que venció al Lord y si pude con él puedo ponerlos en su sitio así que ha obedecer!" —continuó Draco, ajeno a los pensamientos de Harry.
Harry finalmente soltó una carcajada —¿Es eso lo que harías? —Draco solo se encogió de hombros.
—Usa tu poder.
—Ya…
—En serio… demuéstrales que eres el que manda, verás como todos obedecen.
Harry asintió en respuesta, aunque estaba seguro que aún así tal vez Ginny no obedecería, tal vez debería dejarla ir, sacarla del equipo por el bien del grupo… Se asustó al darse cuenta que de una manera, aunque a mucho menor escala, claro, estaba hablando como Dumbledore en su juventud, "Todo sea por el bien mayor"
Luego de eso Harry le pidió a Draco que le enseñara el hechizo para convertir el agua en fuego.
Draco se burló de él, reprochándole el que solo había dicho un par de favores y que ese era el tercero, pero finalmente accedió.
Pasaron varias horas más enfrascados en eso y cuando por fin lo consiguió Draco le enseñó el hechizo que estudiarían en un par de meses más, como convertir el fuego en agua. Para cuando Harry finalmente decidió que debía volver a su sala común el sol ya se había ocultado y se sentía mucho más relajado y tranquilo, la compañía de Draco había sido de mucha ayuda, habían hablado y bromeado, y estudiado además. Definitivamente había sido una muy buena tarde.
*
Ya era más de media noche cuando Draco finalmente se dejó caer sobre la cama, cansado por la tarde de estudios pero, de alguna manera, satisfecho, Potter tenía razón en algo, hacía mucho tiempo que no hablaba con nadie de su edad, con alguien que no fuera un profesor, los jodidos aurores o su madre y no se sentían tan mal, al contrario, se sentía genial.
*
—Harry —llamó Ron entrando a la habitación donde Harry se había refugiado luego de la cena, se había sentado en un lugar más apartado y no había hablado con nadie, no se sentía con ganas de encararlos aún.
—Sí —respondió Harry dejando a un lado la revista de quidditch.
—¿Sigues enojado?
En respuesta Harry solo se encogió de hombros.
—Sé que tienes razón, hemos hablado, los del equipo, esta tarde hablamos y hemos estado de acuerdo en tratar de poner más seriedad a esto.
—Me alegra —dijo con voz firme —, porque no tendría reparo en cambiarlos a todos si esto no funciona, tenemos solamente un par de semanas para poder entrenar y no tenemos tiempo para estas cosas.
—Lo sabemos, todos lo sabemos —argumentó Ron con un tono de voz más alarmado —Nos comportaremos.
*
Durante el domingo Harry se apareció nuevamente en la habitación de Draco, lo encontró usando un pijama de algodón azul y todavía algo adormilado, pero esta vez no puso muchos reparos en su presencia, lo dejó solo en la habitación mientras tomaba una ducha y luego compartieron un poco más de la comida que Draco tenía.
Conversaron un poco acerca del quidditch y de los jugadores que formaban el equipo de Slytherin, también de las clases y las tareas pendientes, Harry se quejó sobre el trato que le daba la profesora Loewenthal en las clases de DCAO, haciéndolo siempre ser el primero en practicar los hechizos que enseñaba o poniéndolo de ejemplo constantemente, incluso notaba como alguno de los Hufflepuff lo miraban con cierto fastidio, y Draco dejó que Harry le explicara algunas de las cosas que no lograba entender al profesor Cooper y que no se atrevía a preguntar en clase por miedo al reproche y el ridículo, pues era bastante agresivo con respecto a la forma aislada en que vivían los magos ingleses del mundo muggle.
Harry se sorprendió de ver lo adelantado que estaba Draco en las tareas e incluso como se tenía leídos y aprendidos varios capítulos por delante en la mayoría de las clases, realmente sí se lo estaba tomando muy en serio, por eso le pareció extraño que le dijera que no estudiaría nada al terminar la escuela, en ese momento la expresión de Draco se había vuelto más sombría y eso fue suficiente para que Harry cambiara el tema de conversación.
*
El lunes en la mañana ambos tenían clases de pociones, y cuando se encontraron en el corredor para entrar al salón apenas y se dirigieron una mirada, Harry sabía que Draco no quería dar más que hablar, simplemente permanecer con el perfil bajo y el saludarlo no sería adecuado, no le encontraba realmente sentido a eso pero respetó su decisión.
La clase fue bastante tranquila, y cuando el timbre de salida sonó Draco metió las cosas de la manera más rápida que pudo dentro de su mochila, apresurándose para llegar al comedor, sin embargo, el profesor Monroe lo detuvo.
—Señor Malfoy, si me permite unas palabras.
Harry levantó la vista y le dio una mirada interrogante, Draco solamente se encogió de hombros y se sentó nuevamente en la carpeta mientras los demás salían, se le hacía raro el tener a Potter cerca y compartir esa especie de tregua que habían mantenido durante el último fin de semana, cuando finalmente el salón quedó vacío el profesor Monroe se acercó a Draco.
—Estuve hablando con la directora, referente a tu ayuda durante las últimas dos semanas… —empezó el profesor —sabemos que todo fue por un castigo, pero lo cierto es que ya se acerca diciembre, y con ello los resfriados y creo que me vendría bien un poco de ayuda, alguien que me ayude a preparar las pociones, estoy seguro que eso te gusta, el preparar pociones y que tal vez puedas usar la experiencia como una buena referencia por si quieres estudiar en alguna universidad o instituto…
—¿Me pide que venga a seguir ayudándolo con las pociones?
—No sería todos los días, por supuesto, solo unas dos o tres veces a la semana, en tu tiempo libre…
—Sería genial —aceptó Draco con una sonrisa —me gustaría mucho ayudarlo.
—Fantástico entonces… ¿Cuándo puedes empezar?
—Hoy mismo si desea, por mí está bien…
—Bien, ven esta noche y terminaremos de coordinar el resto del horario —el profesor Monroe le dio una palmada en el hombro —ahora ve antes que sea más tarde, seguramente ya debes estar hambriento.
—Sí, señor, gracias —murmuró Draco saliendo del aula, lo cierto era que habían comido, tanto Potter y él durante el fin de semana que no se sentía particularmente hambriento, así que no se apresuró por llegar al Gran Comedor, caminó lentamente por los pasillos, algo ansioso por contarle a su madre que ahora sería el ayudante del profesor de pociones.
*
Malfoy había tenido razón, todo era cuestión de actitud, de imponerse ante ellos y recordarles quien era el jefe, el capitán. Entrenaron duro y parejo durante la semana, intercalando el campo con el equipo de Slytherin, incluso Ginny, quien aún no le hablaba, parecía dispuesta a obedecer y practicar de la manera que se le pedía.
Para el final de la primera semana de entrenamientos se sentía realmente cansado, le dolía la mayoría de los músculos de su cuerpo, pero se sentía satisfecho, al fin sentía que ahora sí tenía un equipo de quidditch, uno realmente competitivo.
Por los entrenamientos y las tareas no había podido hablar con Draco durante el resto de la semana, así que ese viernes en la noche antes de ir a su sala común, después del entrenamiento, decidió hacer un pequeño desvío hacia la habitación del rubio.
Draco estaba en la silla de siempre, delante del escritorio, pero algo en su postura le preocupó, estaba ligeramente encorvado y su espalda se agitaba rápidamente de arriba abajo.
—¿Malfoy?
—Potter, en verdad que tienes que aprender a llamar —respondió Draco con la voz más firme que pudo mientras apretaba un poco más el brazo, esperando que la poción empezara a hacer efecto, pese a que no había aplicado la cantidad necesaria.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó Harry acercándose lentamente hacia el escritorio, Draco aún no lo encaraba.
—Vete, en serio… solo… ahora no tengo tiempo para esto —murmuró Draco apretando los ojos ¿Por qué demonios tenía que doler tanto?
—¿Estás lastimado?
—No y déjame solo —replicó Draco girando apenas el rostro, el cabello rubio le caía sobre la frente, húmedo, como si estuviera sudando y la semi oscuridad de la habitación no lo dejaba ver su rostro con claridad. Algo se removió en el interior de Harry al verlo de esa manera, pero pronto Draco le volvió a dar la espalda, sin agregar nada más.
—Pero… si te han lastimado te puedo ayudar —continuó insistiendo mientras caminaba lentamente hacia la silla, tratando de no poner en sobre aviso al rubio,
—No, no puedes, ¡a menos que te largues! —gritó Draco un instante antes de sentir a Potter detrás de él, cuando quiso reaccionar ya era muy tarde, Potter estaba con la cabeza hacia delante, observando lo que él trataba de esconder.
Harry abrió la boca pero no fue capaz de emitir ningún sonido mientras miraba el brazo izquierdo de Malfoy: la blanca piel estaba cortada en varias partes, era como si hubieran tomado un cuchillo y hubieran querido garabatear algo con él, pero por la forma como las líneas rojas sangraban Harry supo que no se trataba de un cuchillo si no de un hechizo, uno muy feo. La sangre goteaba a los lados del brazo, sobre todo de la línea central, que era la que parecía más profunda. Malfoy presionaba con fuerza su antebrazo como una técnica muggle para evitar que la sangre saliera con mas fuerza; sobre el escritorio había un pomo abierto con una sustancia amarillenta y algunos restos de la misma poción en la piel del brazo, pero parecía no surtir efecto, o que Malfoy no se daba abasto para curarse y apretarse el brazo a la vez, que era lo más probable.
Draco se empujó un poco más contra la silla no queriendo ver la cara de horror en Potter y queriéndose esconder lo más lejos posible, en cuanto intentó levantarse Potter lo sujetó de la muñeca del brazo sangrante, mientras daba la vuelta para rodear la silla y llegar frente suyo, las miradas de ambos se encontraron, Draco trató de jalar su brazo una vez más, pero Potter tenía las de ganar al no estar herido y no se lo permitió.
Harry jaló con una mano el frasco abierto con la sustancia amarillenta y apestosa y luego de darle una última mirada a Malfoy, esperando que realmente no se marchara y lo dejara curar soltó su muñeca y hundió un par de dedos en el pote, la sustancia estaba fresca.
Sintió el ardor característico de la pomada y se tensó mientras apretaba con más fuerza su antebrazo, esperando que la sangre se detuviera pronto y que la pomada por fin hiciera efecto. Miraba atentamente los dedos de Potter, llenos de aquella sustancia, moviéndose desde un extremo de la larga herida hasta el final, para luego recorrer cada una de las pequeñas heridas que cruzaban la herida central. No pudo evitar darle una mirada a Potter, sus ojos entrecerrados y mirando hacia la herida, los labios apretados, el cabello cayéndole a los lados de la cara, y otra vez la misma pregunta ¿Por qué Potter insistía en ser bueno con él?
Hacía mucho tiempo que no se sentía así de enfurecido, debía reconocerlo, aun cuando había peleado con Ginny o cuando se había enojado por la falta de participación de su equipo, no, ni una sola vez se había sentido así de rabioso, tan solo en la guerra, tantos meses atrás. Casi estaba seguro que toda esa sensación de rabia e impotencia desaparecería cuando Voldemort muriera, pero de qué había servido eso, ahora empezarían a cazar y maltratar a los ex – mortífagos, a los que habían sido liberados, los que habían demostrado ser manipulados, a las víctimas del otro bando, y luego ¿Qué pasaría? Él ya estaba seguro de eso, estos ex mortífagos se cansarían de soportar todos estos ataques y tratarían de obtener venganza… sería un círculo vicioso del cual ya nadie podría escapar, siempre habría alguien sediento de venganza y alguien tratado injustamente… Era tan inútil pretender que de verdad habría paz.
Vio con cierto alivio como los hilos de sangre dejaban de caer poco a poco, la herida central estaba empezando a cerrarse, dejando una línea roja y torcida, las líneas que cruzaban la línea central también comenzaron a cerrarse, Malfoy aún apretaba su brazo y tenía aquella expresión de concentración, frunciendo el ceño y apretando los labios.
Harry volvió a tomar la muñeca de Malfoy y elevó un poco más el brazo, mirando con atención como poco a poco todo se curaba, permanecieron en ese silencio extraño por mucho más tiempo, solo observando, hasta que todo el corte dejó de sangrar completamente, entonces Malfoy se soltó el brazo y dio un pequeño suspiro, pero Harry no le soltó la muñeca, aún absorto en sus pensamientos.
Draco se quedó quieto, la herida había dejado de arder solo un poco, pero el dolor sí había desaparecido por completo, la sensación de la mano de Potter sobre su muñeca, aunque no lo quisiera admitir por completo, era de alguna manera reconfortante, era como no sentirse solo, y eso le agradó. Miró hacia el rostro de Potter, pero este seguía con la mirada en su brazo, se preguntó que era lo que estaría pensando. Su mirada bajó hasta su túnica, aun manchada de sangre, incluso algunas gotas habían caído al piso, tendría que limpiar todo más tarde, cuando se sintiera mejor, por lo pronto le apetecía dormir un poco, descansar y dejar que todo lo terrible de esa noche pasara.
—Creo que… —murmuró Draco haciendo sobresaltar a Potter ligeramente, —yo quiero descansar.
—Sí, claro, es lo que necesitas ahora —respondió Harry soltando al fin su muñeca, Draco levantó un poco más el brazo y lo observó con detenimiento durante un momento antes de ponerse en pie, soltando un suave suspiro. Se desprendió de la túnica y la dejó caer al piso antes de caminar hacia la cama y sentarse en ella, con los hombros hundidos y la mirada en el piso mientras se desprendía de los zapatos.
—Supongo que no me dirás qué pasó —dijo Harry al no haber más comentarios de parte de Malfoy.
—Supones bien.
Draco se dejó caer completamente en la cama, aún con el resto del uniforme del colegio, la camisa blanca manchada y sin abrigarse o jalar alguna manta, cerró los ojos.
—¿Quién lo hizo? —preguntó impaciente caminando hasta la cama, pero Draco no dijo nada, ni siquiera pareció oírlo—. Malfoy, esto es más grave que tan solo un par de insultos —continuó, el chico se acurrucó un poco más y siguió sin contestar —¡Deberías quejarte!— gritó no aguantando más la falta de respuesta —¡Por todos los demonios! ¿Cómo puedes quedarte tan tranquilo después de esto?
Malfoy soltó un pequeño bufido y abrió los ojos para encarar a Potter, se sorprendió de tenerlo tan cerca, pero trató de no demostrarlo —Cuando Umbridge te castigaba y te hacía escribir con esa pluma no te quejaste ¿cierto? Siempre te quedaste callado.
—Eso era diferente.
—No, no lo es, ¿Por qué no te quejabas? ¿Por qué no la denunciabas?
—Era diferente —repitió Harry con tono fastidiado—. No le iba a dar el gusto de quejarme, era una lucha privada entre ella y yo.
—Exacto, es lo mismo, no me quejaré ni andaré lloriqueando, no ganaría nada salvo demostrarles debilidad y temor —explicó Draco.
Potter se quedó en silencio y pensó que con esa explicación bastaría para que lo dejara tranquilo, a menos de momento, realmente se sentía agotado así que cerró los ojos y trató de dormir.
Harry apretó los puños con fuerza y quiso replicar que aquello no era lo mismo, que él solo había obtenido un poco de dolor y unas cicatrices en la mano, que este tipo de ataques eran mucho más peligrosos, pero la respiración pausada de Malfoy le indicó que tal vez el chico se había quedado dormido ya y pensó que sería injusto despertarlo. Aún así no se movió de su sitio, durante mucho rato más se la pasó mirando el rostro apacible de Malfoy y también su brazo, todavía con los restos de la pomada pero cada vez más curado, aunque con algunas manchas rojas de sangre, pruebas del ataque.
*
Abrió los ojos con algo de pereza, se sentía todavía demasiado cansado y adormilado, el dolor en su brazo le recordó el ataque y, pese a la oscuridad le dio una pequeña mirada, no se veía nada por la falta de luz pero al menos sabía que ya no estaba sangrando, tendría que aplicar un poco más de la poción al día siguiente, pero estaba bien, de todas formas ya se había curado.
Su mirada se desvió hacia la silla, la que normalmente estaba hasta el fondo, pegada al escritorio y qué ahora estaba al lado de su cama con alguien durmiendo en ella.
Tratando de no apoyar su brazo recientemente curado se sentó con lentitud en la cama: era Potter, con la cabeza hacia un lado y los brazos cruzados, se había quedado dormido. Se dio tiempo de observarlo, las antorchas estaban casi apagadas pero aún así sus reflejos le permitían ver el rostro del chico, lo miró con atención: había cambiado bastante en los últimos meses, como si de pronto hubiera dejado de ser un niño y se hubiera convertido en un hombre, en uno muy atractivo, sobre todo sin aquellas gafas, el cabello aún parecía indomable, pero el que lo tuviera más largo disimulaba bastante bien ese detalle.
Pensó en despertarlo y pedirle que se fuera, y sobre todo asegurarse de que no dijera nada, pero recordó la noche anterior, a Potter ayudándolo a curarse, y no solo eso, su mente viajó hacia un poco más atrás, sus atenciones y preocupaciones, incluso su ayuda en el juicio, Potter había estado ayudándolo siempre, sin esperar, al parecer, nada a cambio, y él no había tenido la decencia de si quiera agradecerlo o tan solo ser amable.
Se acercó un poco más a él y le dio un suave empujón, inmediatamente Potter saltó de la silla mirando a todos lados y tratando de alcanzar su varita, supuso que era un reflejo aún conservado de la guerra —Tranquilo, solo soy yo.
—Oh —Harry se pasó una mano por el cabello y miró hacia Malfoy atentamente, parecía mucho mejor, incluso había dejado de estar tan pálido, o eso parecía en la oscuridad —¿Te sientes mejor?
—Sí —respondió Draco acomodándose en un extremo de la cama, con la espalda totalmente apoyada en el colchón. —Mejor será que te tumbes aquí, si sigues durmiendo en la silla mañana amanecerás con un terrible dolor de cuello y no sé hacer masajes ni tengo pociones para eso.
—¿En la cama? —preguntó Harry mirando hacia el espacio vacío con algo de vergüenza.
—Pues… —Draco se sintió de pronto mucho más incómodo ¿Acaso Potter habría prestado demasiada atención acerca de que le gustaban los chicos y pensaba que eso era una invitación para algo más? —Es bastante grande para los dos…
—Sí, lo es… —Harry avanzó un par de pasos, sabía que la hora de dormir había pasado ya horas atrás y aunque también sabía que podía volver a su habitación con ayuda de la capa, lo cierto era que no quería dejar solo a Malfoy, quería asegurarse de que realmente estuviera bien. —Si es que no te molesto o ya sabes… te fastidia.
Draco se encogió de hombros aún sintiéndose de alguna manera incómodo —Ya te dije, si vas a dormir aquí no quiero que mañana amanezcas adolorido y luego me culpes.
—No te culparía —replicó Harry con una pequeña sonrisa mientras se sentaba en la cama y se desprendía de las botas. —Ya deben faltar pocas horas para el amanecer de todas maneras.
—Sí… es cierto —Draco cerró los ojos y sintió el movimiento de Harry sobre la cama, sintió como el colchón se hundía a su lado y luego un silencio bastante pesado. Podía sentir, aunque no pegado a él, si que podía sentirlo a su costado.
—Trata de seguir durmiendo, prometo no moverme demasiado.
—Está bien, no me molesta —Draco se cubrió la boca con una mano y bostezó suavemente —Potter… —dijo luego de un momento más.
—mmm.
—Yo… eh… —suspiró, realmente sí era difícil hacer ciertas cosas —Gracias.
—No importa —respondió Harry sin poder evitar sonreír, de pronto sentía que habían roto una capa de hielo en su relación con Malfoy.
—Por todo… no solo por esto —continuó Draco aún sin abrir los ojos y recostado sobre su espalda —, por todo lo demás… sé que en realidad debí agradecerte lo del juicio, y lo del incendio, incluso lo de tus canastas de comida…
—Está bien, no lo hice para que te sintieras en deuda conmigo.
—¿Por qué lo hiciste entonces? —preguntó Draco aprovechando la oportunidad de por fin hablar de aquellos temas sin que ninguno de los dos se sintiera tan presionado o incómodo.
—Solo porque era lo correcto, porque es lo correcto —respondió rápidamente Harry cerrando finalmente los ojos y suspirando de alguna manera aliviado.
—Que descanses —dijo Draco en un susurro, sentía que no era necesario agregar nada más, ni rebatir su punto ni continuar con la charla.
—También tú.
*
En algún momento de la madrugada debieron empezar a moverse, pues cuando despertó las mantas habían caído al piso y sintió un cálido cuerpo pegado al suyo, las piernas enredadas de alguna manera demasiado íntima, una mano sobre su abdomen que parecía en cierta forma protectora. Se movió un poco, sintiéndose algo caluroso por el contacto y entonces ese cuerpo se presionó con más fuerza contra él, sintió en su pierna algo duro, una erección, una erección que se refregó contra su pierna con un poco más de fuerza, lo que envió señales de placer hacia su propia erección matutina. Entonces trató de quedarse quieto, respirando profundamente y recordándose que no era el momento ni el lugar para sentir ese tipo de cosas. No pudo evitar llevar una mano, algo temblorosa hacia la espalda del rubio, apenas rozándola con la punta de los dedos, y al parecer eso fue suficiente para que Malfoy se despertara, pues se movió un poco más y luego de lo que pareció un sobresalto se alejó de él.
Draco se apartó de Potter lo más rápido que pudo, ¿en qué momento se había abrazado a él?, sintió sus mejillas arder y su corazón latir con fuerza, al menos la vergüenza había hecho que su erección desapareciera casi por completo.
—Y… ¿Dormiste bien? —preguntó Harry también algo avergonzado, pero entendiendo en algo toda la situación, después de todo él también había disfrutado del abrazo.
Draco carraspeó un poco —Sí… bien, bien ¿tú?
Harry se estiró en la cama como un gato, al estirar los brazos una porción de su abdomen quedó al descubierto y Draco se sorprendió a sí mismo mirándolo con demasiada atención —mmm sí, también —dijo soltando un suspiro satisfecho.
Draco aprovechó el momento para ponerse en pie, se sintió algo débil aún, sabía que era por haberse casi desangrado la noche anterior.
—¿No deberías mejor descansar un poco más? —preguntó Harry sentándose completamente en la cama.
—Necesito ir al baño —respondió Draco caminando con pasos lentos hasta la puerta del baño.
Harry no respondió nada, se terminó de levantar y se puso las botas y la túnica encima, luego tomó un pedazo de pergamino del escritorio de Malfoy y garabateó un "ya vuelvo" que dejó flotando sobre la cama gracias a un hechizo antes de salir rumbo a las cocinas, moría de hambre y lo mejor era que Malfoy comiera un poco también.
*
Draco se demoró bastante tiempo en el baño, el silencio de la habitación le indicaba que lo más probable era que Potter se hubiera vuelto a dormir. Miró con atención su brazo, ya no quedaba más que unas cuantas líneas rosadas, y los rastros de sangre, pronto no quedaría ni siquiera una cicatriz, contento con eso se desprendió del resto de su ropa, aún algo asombrado de haber dormido prácticamente vestido, aunque considerando la forma como había despertado había sido muy atinado.
Luego de ducharse y asegurarse de que todo resto de sangre y poción abandonara su piel se envolvió en un par de toallas, en ese momento recordó que si quería cambiarse debía salir a la habitación, donde estaba toda su ropa. Maldijo el no haber jalado siquiera un par de pantalones, se sentía intimidado ante la perspectiva de que Potter lo viera prácticamente desnudo. Se pasó un rato mirando su reflejo en el espejo, no animándose a salir y abrigarse pese al frío que empezaba a sentir. Peinó su cabello con los dedos, dejándolo todo caer hacia atrás, y suspiró un par de veces, cuando estuvo más controlado abrió la puerta tímidamente, para encontrarse la habitación vacía.
Se sintió idiota por haberse preocupado tanto mientras sacaba del baúl un par de pantalones de algodón oscuro y una sudadera abrigadora, por precaución se metió de nuevo al baño y allí se cambió, cuando salió nuevamente recién se percató de la nota flotando sobre la cama, la tomó y leyó la escueta explicación de Potter, la dejó sobre la cama y se puso las medias, pero no los zapatos, caminó descalzo hacia el escritorio, se sorprendió al ver que todo estaba ya limpio, no habían manchas de sangre e incluso el frasco estaba cerrado y colocado sobre el estante, lo tomó y se aplicó una buena cantidad sobre lo que quedaba de la herida, la piel le picó y ardió nuevamente, aunque sabía que era algo que pronto pasaría. Se dejó caer en la cama, observando el techo y pensando en lo ocurrido la noche anterior. No en Potter, sino en el ataque…
Se sentía tonto por no haber previsto que necesitaría aquel libro para terminar con la tarea de pociones, por suerte aún era horario de clases; Slytherin y Ravenclaw aún estaban en clases y muchos Gryffindor en el entrenamiento de quidditch, así que no sería problema toparse con algún alumno con ganas de demostrar su valentía molestándolo.
Pero se había equivocado, claro que sí.
Ya estaba cerca de la puerta de la biblioteca cuando sintió el agarre de alguien sobre su brazo, trató de reaccionar, de soltarse, pero entonces otro par de brazos más jalaron de él, hasta llevarlo a un pasillo cercano, vio que el grupo que tenía enfrente estaba formado por Hufflepuff y Gryffindor, trató de poner su mejor cara de "no me importa lo que hagan" mientras los chicos lo miraban divertido. Creía reconocer el nombre de algunos de ellos, pero no estaba del todo seguro, después de todo no les había puesto mayor atención antes, ahora tendría que ponerlos en su famosa y larga lista de "Magos que odian a los Malfoy"
—Cuéntanos mortífago, ¿Qué haces por aquí tan solo?
Draco no contestó, se quedó de pie apretando los puños, acostumbrado a que los insultos no le dolieran pero sí preparándose para lo que luego sería un ataque.
—No te sientes algo abandonado ahora que tu señor no puede convocarte por esa horrible marca en el brazo —siguió otro de ellos, Draco lo reconoció, era un Hufflepuff de séptimo año; Whitby
—¿Nos enseñas tu marca? —preguntó el Gryffindor, estaba casi seguro que se apellidaba Lusk.
Draco no respondió tampoco, se les quedó mirando desinteresadamente, esperando el siguiente movimiento, entonces el otro chico de Hufflepuff, del cual no sabía su apellido lo sujetó por los hombros y lo empotró contra la pared con fuerza, no pudo evitar el quejido que escapó de sus labios por el golpe mientras tanto el cuarto chico: Sarisbury, le sujetó de la muñeca izquierda y le levantó el brazo con brusquedad.
—Anda, Malfoy, no seas tímido, enséñanos tu marca.
Draco trató de soltarse y se retorcía bajo el peso del chico que lo apretaba contra la pared cuando lo sintió, algo frío deslizándose sobre su manga, se quedó completamente quieto mientras el cuchillo cortaba la tela y dejaba al descubierto su brazo, completamente limpio.
—Debe haberse desaparecido cuando tu señor murió —razonó con algo de asco Whitby—. Será mejor dejarte un recordatorio de lo que tenías allí, ya sabes, para que no lo extrañes tanto— continuó a la vez que levantaba la varita, Sarisbury, que aún sostenía el cuchillo se alejó un paso y miró con fascinación mientras Whitby deslizaba la varita sobre su brazo.
—Disiectum —murmuró Whitby y sintió algo caliente abriéndole la piel, enviando oleadas de dolor a todo su brazo, la varita hizo un recorrido por todo lo largo de la piel expuesta —¡Oh, miren sangre pura! —se burló con una sonrisa y los demás soltaron carcajadas.
—Mejor apresúrate, Kevin —dijo el que pensaba que se apellidaba Lusk, el chico Hufflepuff lo presionó con más fuerza contra la pared mientras él sentía sus piernas temblar y se mordía la lengua para no gritar o quejarse.
—Ya, ya —replicó algo impaciente Whitby, al parecer frustrado por qué le quitaran su diversión, posó la varita una vez más sobre el antebrazo y siguió murmurando el mismo hechizo mientras hacía ahora cortes a través, Draco sintió la sangre resbalando por su brazo y una mayor debilidad, mientras los otros solo sonreían.
—Ahí tienes —dijo con orgullo Sarisbury.
—Sí, para que no olvides que aunque no tengas la marca ahora igual estás marcado —apoyó el Hufflepuff soltándolo de pronto, sus piernas se tambalearon mucho más y posó la mano que no tenía herida en la pared, tratando de encontrar fuerzas para no caer.
—Pero parece que te quitaron el don de hablar —canturreó Lusk.
—¿No hay insultos esta vez? —continuó Whitby —, con lo bien que te salían antes.
Una nueva risa del grupo lo hizo levantar la vista y apretar más fuerte los labios, los chicos le dieron una mirada más de odio antes de alejarse por el pasillo, conversando con voces fuertes, como si regresaran de ganar algún partido de quidditch o una gran batalla.
Hizo todo lo posible para presionar la herida con la manga de la túnica y con pasos tambaleantes regresó a su habitación, rogando por no caer en ninguno de los pasillos y odiándose más que nunca por no poder hacer nada para defenderse, para contestar a los insultos, para atacar tal y como se lo merecían ese grupo de cobardes.
—¿Malfoy? —preguntó Harry tímidamente en cuanto entró, Malfoy seguía acostado en la cama, se notaba que se había cambiado y duchado, pero por la forma como su pecho se movía, irregularmente, supo que lo más probable es que no estuviera dormido.
—Potter —suspiró Draco abriendo los ojos, casi ni había creído el chico volvería después de todo.
—Traje comida.
—Genial —Draco se sentó completamente en la cama mientras Harry dejaba la canasta sobre la cama, pareció dudar un instante más antes de sentarse él también en la cama, dejando la canasta de comida entre ambos.
—¿Ya te sientes mejor? —preguntó Harry sacando una jarra (encantada para no derramarse dentro de la canasta) y un par de vasos. —Hay que aplicarte de nuevo esa cosa…
Draco sonrió ligeramente, algo en el tono de Potter le hizo gracia, quizá la mueca al decir "esa cosa".
—Ya me siento mejor y me puse "esa cosa" hace un momento, después de bañarme.
—Ah… ¿Y qué era esa cosa? —preguntó Harry pasando uno de los vasos con jugo de calabaza a Malfoy —, es decir… ¿de dónde salió?
—La hice yo, gracias —agradeció tomando el vaso que Potter le daba y tomando un gran trago, realmente sí moría de sed —La hice yo— repitió —, es una combinación de murtlap, díctamo y algo de dittany, junto con otras cosas, claro.
Harry frunció el ceño tratando de recordar el nombre de una poción con esas características, mientras daba una mordida a su emparedado, no era un buen alumno en pociones pero una de ese tipo que curaba las heridas tan bien debería ser conocida…
—No la conoces, Potter, la hice yo, no está en los libros.
—Ah… ¿En serio? —preguntó Harry —, es decir, ¿tú la creaste?
—Ajá —Draco le dio una mordida a un emparedado y casi cerró los ojos de placer por comer al fin, no había notado lo hambriento que estaba.
—Vaya, eso es… ¿Cómo puedes crear pociones?
Draco se encogió de hombros y mordió una vez más el emparedado.
—No lo sé… es decir, si lo sé, sé que propiedades tiene cada planta y las convino de la manera en que me parece que cada una actuará bien dentro de una sola poción, lo hago desde hace mucho.
—Supongo que debe ser un don.
—Nah, me gustan las pociones y experimentar con ellas, eso es todo, así como a ti te puede gustar experimentar con jugadas de quidditch o con hechizos… —Harry levantó la mirada y parecía de pronto avergonzado, le tardó un instante más darse cuenta de que Harry de alguna manera se había sentido aludido por su comentario, pero de mala manera y no entendía la razón —¿Qué? ¿Qué pasa?
—Nada, es que yo estaba recordando que no me gusta experimentar con hechizos —Harry dejó lo que quedaba de su segundo emparedado sobre la cama.
—¿Sí? Qué raro, realmente pensé que serías bueno en hechizos y que…
—Estaba experimentando cuando te herí en sexto año —interrumpió Harry sintiendo sus mejillas arder.
—Oh —Draco casi había olvidado aquel incidente, tenía dieciséis años y estaba tan preocupado y sobrepasado por toda la situación, recordó haber deseado por un instante que realmente Potter sí lo matara para que todo finalmente acabara. —Honestamente, no lo sabía —se excusó al ver que Harry aún permanecía con la mirada baja y algo sonrojado.
—Lamento haberlo hecho, realmente no sabía que hacía el hechizo, pensé que te pondría de cabeza o…
—Eso no importa —lo interrumpió Draco de pronto, no necesitando ni queriendo escuchar las cosas del pasado —Olvídalo, nada pasó, y punto.
—Sí que pasó —contradijo Harry y Draco negó con la cabeza.
—No, nada pasó.
—¿Te…? —Harry lo encaró una vez más, se sentía tan culpable ahora que recordaba aquel incidente, de no haber sido por Snape tal vez sí se hubiera convertido en un asesino después de todo —¿Te quedaron marcas? Escuche que Snape dijo que…
—No, solo una par, nada grande, ya deja de martirizarte —replicó Draco tratando de terminar con la conversación.
—¿Dónde?
—Potter, en serio, yo no te culpo, ni siquiera lo había recordado hasta que…
—¿Dónde? —repitió Harry y Malfoy suspiró profundamente y pensó que tal vez la única forma de acabar con eso era enseñárselas.
—Bien, no es la gran cosa, ¿sabes? —dijo mientras se desprendía de la sudadera, dejando descubierto su torso, Harry ya lo había visto antes desnudo y había visto más de un par de cicatrices, pero no podía decir cuál era cuál. Draco levantó su brazo izquierdo, aún luciendo la cicatriz del día anterior y se giró lo suficiente para que Harry pudiera ver dos líneas que eran más pálidas que el resto de su piel cruzando de arriba abajo cerca de su tetilla, no eran uniformes una empezaba antes que la otra parecía como si un gato lo hubiera arañado.
—Allí las tienes, ¿quieres ponerle tu nombre o algo así? —preguntó medio en broma, tratando de aligerar el ambiente, no estaba listo para lo que Potter hizo a continuación.
Harry levantó la mano instintivamente y acercó los dedos hacia las cicatrices, sintió el cuerpo de Malfoy tensarse antes de que siquiera sus dedos tocaran la caliente piel.
Malfoy contuvo el aliento mientras él recorría con un par de dedos las cicatrices, que estaban una al lado de la otra, se sentía apenas una ligera profundidad en la piel, Malfoy tenía razón no eran grandes cicatrices, apenas si se notaban si uno no prestaba atención… Pero eran cicatrices, de todos modos era una huella que había dejado en la piel del rubio por simplemente probar un hechizo… Tal vez si hubiera hecho algo diferente que reaccionar al ataque de Malfoy, si tan solo se hubiera detenido a hablar, a analizar las palabras de Malfoy en ese momento: "Nadie puede ayudarme… no puedo hacerlo… no sirvo para esto… y si no lo hago pronto él dijo que me mataría". Había sido tan evidente en ese momento… y él había sido tan cerrado como para no pensar siquiera en prestar ayuda a Malfoy…
—Lo lamento.
—No tienes porqué, fue un duelo, ¿verdad?, simplemente ganaste — replicó Draco con la voz más calmada que pudo mientras sentía los dedos de Harry alejarse de su pecho, sintió frío en el lugar en él que habían estado y recordó la forma como habían despertado esa mañana y eso solo incrementó su confusión, rápidamente se puso la sudadera de vuelta.
—No debí hacerlo… si yo hubiera…
—Escucha, no fue tan grave ¿sabes? La enfermera me dio una gran cantidad de dittany y no quedó ninguna gran cicatriz, solo este par que ni se notan y mucho menos duelen, ni siquiera recuerdo tenerlas y además…
—Lamento no haber intentado ayudarte aquella tarde —interrumpió Harry alejándose un poco más de Malfoy.
—¿Qué…?
—Tú… —Harry desvió la mirada, supuso que a Malfoy no le gustaría recordar que había estado llorando delante de él —, es decir, él te tenía amenazado y yo pude ofrecerte algún tipo de ayuda, intentarlo siquiera… pero no lo hice, nos batimos en duelo y pese a saber que Voldemort te estaba obligando no me paré ni un momento a intentar ayudarte… a planteármelo siquiera.
—No había mucho que pudieras hacer, Potter —Draco luchó por no sonar asustado ante la mención del nombre.
—Sí, pude intentarlo, debí hacerlo… ¿Tal vez tú hubieras aceptado?
Draco se encogió de hombros, recordando aquella época y su desesperación por no poder cumplir con la misión… su frustración, pero por sobre todas las cosas su miedo.
—No lo sé, no te puedo responder eso —contestó honestamente.
—Debí intentarlo —repitió, ambos miraban hacia el piso, y se sentían incómodos, era una conversación que ninguno quería tener pero que Harry sabía que debían tener, entendió entonces por qué se sentía tan atraído en ayudar a Malfoy, no solo estaba el tema gay, también porque inconscientemente sabía que en el pasado había estado de alguna manera en sus manos, así como en las de Dumbledore, ayudarlo y ninguno de ellos lo habían hecho, lo habían dejado de lado, superponiendo otras cosas al miedo que un chico de dieciséis años puede sentir por tener que matar a alguien, por ver amenazada su vida y la de sus padres…
—Lo hecho, hecho está, Potter —le dijo Malfoy luego de un instante de silencio —No sé si hubiera aceptado, y no sé si hubiera funcionado, y no sirve de nada dar vueltas a "hubieras" que no se harán realidad.
—Lo sé, pero… lamento haberte lanzado ese hechizo.
—Déjalo —dijo Draco y luego de un instante recordó—. Y yo… supongo que debo lamentar haber intentado cruciarte esa tarde.
Harry se encogió de hombros —No importa, no me diste…
—Por poco.
—Lo sé, pero no lo hiciste —insistió Harry levantando el rostro para encarar a Draco, sonriéndole de manera amable, dándole a entender que en verdad no era algo por lo que tuviera que disculparse, que todo estaba bien. Malfoy pareció congelarse por un instante antes de devolver la sonrisa también.
—Tú estabas allí ¿cierto? —preguntó de pronto Draco, cayendo en cuenta de la pregunta que quería hacerle a Potter durante el juicio y viendo aquella como la mejor oportunidad —, en la torre, de alguna manera tú…
—Con la capa.
—Ah…
Draco no dijo nada más, ni Harry, ambos se quedaron en silencio, entendiéndose de esa manera, comprendiendo lo que el uno sabía del otro, aceptándolo y asimilándolo. El silencio esta vez no fue denso ni pesado como antes, sino reconfortante y de alguna manera acogedor. Y ambos lo apreciaron y disfrutaron.
*
Gracias a todos por leer, ya Harry y Draco se van acercando, al menos ya están más civilizados el uno con el otro.
Nuevamente agradezco todos los comentarios que me envían, me hacen sonreír… Así que ya saben, comentarios, dudas, sugerencias, etc.… yo feliz de leerlas XD
Ahora sí, me voy a la cama, no sin antes desearles un muy buen inicio de semana, nos leemos prontito.
Zafy.
