Capítulo XII
Amores y decepciones
"Pueden pasar tres mil años"
La alborada dio paso a un hermoso día de sol. El cielo era de un turquesa brillante y no había una sola nube en el cielo. Parecía que la terrible tormenta de la noche no había existido. Umi salió de su habitación después de una larga noche. La tormenta no la había dejado dormir, así que había permanecido despierta casi hasta que finalizó. Se encontró con Ascot, sentado frente a la puerta de su habitación. Él noto que ella salió, pero nunca levanto la vista para verla.
-Lamento que te lo haya ordenado a ti también…
-...
-No tienes que hacer esto… Le haré creer a Clef que tú me vigilas.
-Si algo llegara a pasar él lo sabría, y yo estaría en problemas.
-¿Por qué habría de pasar algo?
-No lo sé… Gurú Clef ni siquiera quiso decirnos. Pero si él cree conveniente que nosotros dejemos nuestras tareas diarias para convertirnos en tu sombra es porque de verdad corres mucho riesgo.
-¿Cómo te sientes?
-No tiene caso hablar de esto… Estaremos juntos las próximas ocho horas… Así que mejor hagamos como que nada ha pasado. - dijo mientras se ponía de pie.
-Bien… Muero de hambre, ¿quieres desayunar? - Ascot comenzó a reír.- Oye, ¿qué ocurre?
-Es que ya es hora de almorzar, Umi… Parece que estabas muy cansada, porque dormiste mucho. - Umi estaba a punto de responder de mala manera, pero no dijo nada porque era agradable ver a su amigo sonreír de nuevo. En ese momento, unas extrañas alarmas comenzaron a sonar. Umi nunca había escuchado algo así. - ¿Qué es eso?
-Es la señal de alarma de la guardia real... Algo muy grave debe estar pasando. Cuando algo ocurre en los pueblos, las primeras que responden son las guardias locales, si recurren a la guardia real es porque el asunto se ha ido de sus manos.
-¿Son los rebeldes? - Ascot la observó sorprendido.- Ráfaga me ha contado.
-Bueno… es muy probable.
-Vamos a ver…
-Claro que no…
-Tú también te encargas de esos asuntos.
-En este momento estoy a cargo de protegerte.
-Estoy aquí para proteger a Céfiro, todo lo que ocurra en este mundo me incumbe.
-Las Guerreras Mágicas protegen a Céfiro de los peligros extremos, de los cuales Céfiro no puede protegerse por sí mismo. Este problema es nuestro, es nuestra gente la que se rebela. Y yo no voy a permitir que tú participes de una batalla de este tipo.
-Estoy preparada para lo que sea.
-Las guerras no son para ti… Deja esto a la guardia real, ellos están para estas cosas…
Las naves de Cizeta aterrizaron sobre el puerto de aterrizaje. Ferio las observó con detenimiento. Verlas siempre le recordaba a la época en que las Guerreras Mágicas salvaron a Céfiro de la invasión de los planetas vecinos. Estaba allí como representante del pueblo cefiriano y del propio mago supremo. Latis estaba a su lado. Gurú Clef siempre se encargaba de que el joven rey nunca salga sin su hombre de confianza. Nunca sabía que podía esperar de él, y menos en esos tiempos en que las tropas rebeldes querían la cabeza del rey. Por suerte, las revueltas no habían llegado a Neo Cizeta ni a sus aldeas vecinas. De todos modos, al rey lo escoltaba una importante comitiva.
-¿Qué te ocurre? Has estado muy callado el día de hoy…
-Sabes que no me gustan este tipo de protocolo, Tabaris.
-Estas muy extraño últimamente… Ya no eres el mismo de antes…- Ferio no supo que contestar, pero fue "salvado" por el esposo de la princesa Tata, quien estaba al mando de la nave que venía a llevar a cabo la evacuación de Neo Cizeta. El hombre se había acercado a saludar al rey, por puro protocolo.
Latis fue el que estuvo al mando de la evacuación. La gente que deseaba partir estaba preparada desde hacía días, así que todo se llevó a cabo con total normalidad y absoluto orden. No era para menos, si Latis estaba a cargo. Él era muy ordenado en todo lo que hacía y despertaba mucha confianza en la demás personas. La evacuación completa se llevó a cabo en un par de horas. Para el mediodía, las naves de Cizeta estaban listas para partir rumbo a su planeta.
Latis observó como despegaba la nave.
-¿Y ahora qué? - pensó. Sabía que la evacuación de Neo Cizeta no haría más que incrementar el temor de la gente de Céfiro. Y aún faltaba la evacuación de las otras dos aldeas. Las cosas se iban a complicar aún más. No estaba para nada de acuerdo con la decisión de Gurú Clef, pero ya no había nada que hacer. - Volvamos al palacio.- dijo al rey.
-La nave ni siquiera ha salido de la atmósfera de Céfiro y ya quieres partir.
-No es seguro que estemos aquí… Ya sabes que corres riesgos.
-Estoy cansado de estar encerrado en el palacio. Yo también soy un guerrero, yo también he luchado por la paz de este mundo, no me parece justo tener responsabilidades pasivas…
-Ferio, eres el rey, no puedes salir a luchar.- interrumpió Tabaris, que nunca entendía ese afán de su prometido por participar de las batallas.
-Ya basta de peros, Ferio… volveremos…
-¡No puede ser!
-Shh, baja la voz, Hikaru…
-Ya es tarde, Umi, creo que la escuchó todo Céfiro.
-Lo siento, es que no puedo creer que algo así ocurra en Céfiro.
-Tampoco yo lo creía, pero luego Ascot me lo confirmó.
-Es increíble… Pobre Ferio.
-Tal vez él no sean un buen rey. - comentó Fuu. Hikaru y Umi se miraron, no estaban de acuerdo con el comentario de su amiga, pero entendían las razones que tenían para pensar así.
-Ferio me pareció una buena persona, mamá… El me cayó muy bien, aunque es un poco callado. - Fuu se quedó helada, no supo que contestar.
-Sea como fuere… Debe ser muy difícil saber que tu pueblo no está de acuerdo con tu forma de gobernar.
-No es el pueblo, Umi… Son sólo un grupo de inadaptados que ni siquiera pueden entender todo lo que sufrió Esmeralda por protegerlos.
-Cómo sea… no creo que Ferio sea un mal gobernante… estas personas tienen un problema.
-Umi, cambiando de tema… ¿Qué hace Ascot parado fuera del salón comedor? El vino contigo, ¿verdad? ¿Por qué no entró?
-Ah… se me había olvidado contarles la última magnífica idea del mago supremo.
-¿Qué tiene que ver Gurú Clef en esto?
-Es que Clef me ha mandado a vigilar las 24 horas.
-¿Vigilar?
-Si, esta es mi tercera guardia en el último día. Ya tuve que soportar a Latis y Ráfaga detrás de mí, como si fueran mi sombra.
-¿Y eso por qué?
-Ojalá lo supiera, pero Ascot y Ráfaga desconocen las razones… Y claro que no hay forma de sacarle información a la mano derecha de Clef…- Umi miró a Hikaru con picardía. - Tal vez tú deberías intentarlo.- Hikaru se sonrojó.
-Me preocupa, Umi… Si Gurú Clef mandó a sus mejores hombres a seguirte es porque de verdad estas en peligro.
-Eso mismo me dijo Ascot… Quizá el gran mago sólo quiera complicarme la existencia.
-¿No le has preguntado?
-Claro que sí, pero acabamos peleando como siempre… No me gusta la forma en que él se dirige a mí
-¿Qué tiene de malo?
-No lo sé, pero siempre he tenido la impresión de él pierde la paciencia mucho más rápido conmigo que con ustedes. - Hikaru y Umi rieron.
-Es que tú sacas de quicio hasta al más tranquilo con total naturalidad. - Umi se molestó ante el comentario.
-No es gracioso…
-Ya, hablando en serio… ¿No crees que esta repentina guardia tiene algo que ver con el acontecimiento del otro día?
-No lo había pensado.
-Pues pueden llamarme loca, pero estoy casi segura de que Takahashi no tenía la intención de dañarte, más bien parecía que quería llevarte. - Hikaru empalideció al oír ese nombre. Después de pensar toda la noche en él lo había olvidado por completo.
-¿Estás bien, Hikaru?- preguntó Umi al notar el repentino cambio de humor de su amiga.
-Si, no te preocupes…
-¿Por qué siempre tengo la intención de que me ocultas algo? - Hikaru bajó la mirada, no quería contarles lo que estaba pensando, lo que estaba sintiendo. No quería contarles de Ryota. Paradójicamente esa era una frase que él repetía con bastante frecuencia. - Vamos Karu-cham, cuéntanos, sabes que puedes confiar en nosotras… No es bueno guardarse lo que lastima. - Hikaru se sorprendió. Hacía tiempo que no escuchaba a Umi llamarla de ese modo.
-Lo sé… prometo contarles lo que ocurre, pero ahora no es el momento. - Hikaru se puso de pie.- Necesito estar sola un momento, no se ofendan.- dijo, y luego se retiró del comedor. Umi y Fuu se miraron, sabían que algo no estaba bien con su amiga, pero ninguna se animó a decir nada.
Hikaru comenzó a caminar por los pasillos del palacio, sin rumbo alguno. No podía sacar de su cabeza a ese hombre. No podía sacar de su cabeza a Ryota. ¿Era posible? Se preguntaba una y otra vez. ¿Cómo explicarles a sus amigas que pensaba que él hombre que atacaba Céfiro era su ex novio? ¿Cómo decirles que quizá ella había sido la clave para que él supiera por donde atacar? Iba tan encerrada en sus pensamientos que ni siquiera vio al hombre que venía caminando hacia ella. Él también estaba en otro mundo, él también venía pensando en cientos de cosas. Él, que acababa de llegar desde Neo Cizeta. Chocaron sin remedio.
-Lo siento… Venía muy distraída. - dijo ella, antes de darse cuenta de quien se trataba. Se sorprendió al mirar hacia arriba (aunque no tanto cómo hubiese mirado en otras épocas). - La… Latis.
-También fue mi culpa… Venía pensando en otra cosa. - Él la miró de arriba a abajo. No había tenido oportunidad de verla desde tan cerca. Era realmente hermosa, mucho más de lo que recordaba. Pero tenía ese semblante triste, melancólico.
-¿Cómo has estado?
-Sobrevivo… Dime, ¿qué te ocurre?
-Nada… estoy bien.
-No me mientas.
-No lo hago.
-Hikaru… Pueden pasar tres mil años, pero yo siempre sabre cuando algo te pasa No puedes engañarme. - Hikaru lo miró fijamente a los ojos. Él no había cambiado mucho. Seguía teniendo ese algo que tanto la cautivaba. Su corazón latía con fuerza. Aun no lo había olvidado. Podrían pasar tres mil años, y jamás lo olvidaría. A pesar de todo lo que había hecho por conseguirlo, él seguía muy adentro de su corazón. Las sirenas de la guardia real interrumpieron la escena.
-¿Qué es eso? - preguntó Hikaru.
-La guardia real… Algo debe estar ocurriendo… Debo ir a ver. - dijo Latis, alarmado. Salió corriendo rumbo a la entrada al palacio. Hikaru se sorprendió ante tal actitud. Latis no era un hombre que perdiera la calma fácilmente. Seguramente algo malo ocurría. Sin pensarlo demasiado corrió tras él.
En el comedor, Umi y Fuu también escucharon las sirenas.
-No puede ser… Otra vez. - dijo Umi. Se levantó de la mesa y salió del salón comedor.
-Umi, ¿qué ocurre? - dijo Fuu, saliendo tras de ella. Umi fue directo adonde Ascot estaba.
-Ascot… ¿Sabes qué pasa?
-No lo sé. - en ese momento, un centinela se acercó a ellos. Venía corriendo, lucía alarmado.
-¡Señor Ascot! La aldea de Suan está siendo atacada por una creatura extraña. La guardia local no ha podido con ella. -
-¿Suan? - Preguntó Ascot, alarmado. La aldea de Suan estaba demasiado cerca del palacio. No sabía que intenciones tenían esas creaturas, pero si tenían los mismos objetivos que los rebeldes, estaban peligrosamente cerca. - ¿El rey dónde está?
-Hasta dónde sé, en Neo Cizeta recibiendo a las naves que llevarán a cabo la evacuación.
-¡¿Evacuación?!- preguntó Umi.
-Bueno…
-¿Qué es lo que está ocurriendo Ascot?
-Ustedes no tienen nada de qué preocuparse.
-¿Nada de qué preocuparnos? Ascot, si están evacuando a la colonia de Cizeta es porque las cosas no están nada bien. - intervino Fuu. Ascot no supo que contestar, en verdad él no estaba de acuerdo con la decisión de Gurú Clef de ocultarles información, pero no podía hacer nada ante las órdenes del mago supremo.
-Oye, ¿cómo te llamas? - dijo Umi al centinela. El hombre se asombró al ver la actitud de la guerrera del agua.
-Sarif.
-Bien, Sarif, ¿puedes llevarnos hasta la aldea de Suan?
-Oye, espera… Tú no irás a ningún lado.
-Soy una guerrera mágica, Ascot… No puedes impedirme que luche por Céfiro.
-Se supone que debo protegerte…
-Entonces ven con nosotras.
-Gurú Clef se molestará si sales a luchar.
-No puedes detenerme… Iré de todos modos. Y Clef se molestará más contigo si dejas que vaya sola…
Latis se sorprendió ante el escalofriante escenario en la aldea. Una hidra gigante provocaba cientos de destrozos, y el temor en los aldeanos. La guardia local luchaba a más no poder, pero por más que lo intentaran era un enemigo demasiado poderoso para ellos. Observó a la creatura. Tenía el suficiente conocimiento para saber que era, y también para saber que en Mundo Místico se decía que ese tipo de bestias no existían, que no eran más que una leyenda. Pues esa era muy real. Hikaru llegó tras él. Latis ni siquiera había notado su presencia. Quedó atónita ante semejante criatura. Tenía apariencia reptiliana y tres cabezas al final de tres largos cuellos, de un color pardo y el vientre entre amarillo y blanco, sus ojos eran de color ámbar y tenía unos dientes muy afilados. Hikaru creyó ver esa creatura entre las fotos que Ryota tenía en su escritorio. Era uno de sus proyectos más ambiciosos. Permaneció inmóvil, como no entendiendo que estaba sucediendo, como no entendiendo dónde estaba.
Latis atacó a la criatura con su espada, pero no logró hacerle daño. Como contraataque, la hidra lo golpeó con su cabeza, usando su cuello como un látigo. Latis golpeó contra la pared de una casa y cayó al suelo. Entonces Hikaru reaccionó. Rápidamente sacó su espada y corrió hacia ella a toda velocidad. Por el impulso de la corrida, dio un salto y usando su afilada espada atravesó uno de los cuellos de la criatura, cortándolo por completo. Aterrizó nuevamente en el piso, minutos antes de que la cabeza cayera a sus pies. La hidra gimió de dolor. Respiró profundo, estaba cansada. Latis se puso de pie sorprendido. Ambos observaron como una llama de color oscuro se encendió en el lugar de la herida y la cauterizó, evitando así que siguiera perdiendo sangre. Segundos más tarde, el cuello comenzó a crecer nuevamente, y en el lugar que había estado la cabeza cortada, aparecieron dos nuevas cabezas. Latis se sorprendió ante el suceso. Había oído que las hidras tenían gran capacidad para regenerar sus tejidos, pero nunca hubiese imaginado que eso ocurriría en tan poco tiempo. Furiosa, la hidra volvió a atacar, esta vez a Hikaru. La guerrera del fuego hizo un rápido movimiento y logró esquivar el ataque. Pero la hidra la siguió. Hikaru corrió intentando alejarla del lugar en donde los aldeanos curiosos miraban la batalla. Pero la hidra logró alcanzarla antes de que llegara muy lejos. La golpeó con su cabeza lanzándola lejos. Latis corrió detrás de la criatura, intentó atacarla con su espada, pero ella fue más rápida. Lo golpeó, esta vez con su cola. Latis cayó de espaldas al suelo. La hidra volvió a enfocar a Hikaru, que apenas estaba comenzando a levantarse. Desde el otro lado, Latis vio las intenciones que tenía la hidra. Se puso de pie con alguna dificultad, pero ya era muy tarde, la hidra ya estaba dispuesta a atacar.
-¡Hikaru!- gritó, intentando hacerla reaccionar para que pueda esquivar el ataque. Hikaru se puso de pie y la observó, de ninguna manera iba a permitir que la derrotara. Umi, Fuu y Ascot llegaron justo a tiempo para ver como Hikaru, aprovechando que la hidra intentaba golpearla con su cabeza, la degollaba una vez más. Tal como había pasado la vez anterior, un fuego oscuro cauterizó la herida y en el lugar de la cabeza perdida crecieron dos nuevas. Los recién llegados se sorprendieron ante lo que estaban viendo.
-¡Una hidra! - dijo Fuu.
-¿Qué? - preguntó Umi, que de legendas mitológicas sabía poco y nada.
-Una hidra… Fue la primera criatura que derrotó Hércules en su camino a convertirse en Dios del Olimpo.
-Fuu… esos datos son de poca importancia en este momento. - Umi sacó su espada y corrió hacia la criatura de (ahora) cinco cabezas. Fuu y Ascot corrieron tras ella. Umi la agarró por sorpresa mientras luchaba con Hikaru y logró cortar una de sus cabezas. Nuevamente, otras dos cabezas crecieron en su lugar. Ya totalizaban seis cabezas. La hidra no tenía inconveniente en usar sus cinco cabezas para luchar con cada uno de ellos por separados, mientras la sexta permanecía en medio, como coordinando todo.
Después de esquivar varios ataques de la cabeza que le tocaba, Umi logró atravesar su cuello con la espada y separarlo de su cuerpo. Como la historia de nunca acabar, dos nuevas cabezas crecieron en su lugar. Siete cabezas. Furiosa, la hidra la golpeó usando su cabeza como látigo. Umi golpeó su espalda contra una casa y cayó inconsciente al suelo. Ascot corrió hacia ella, la tomó en sus brazos e intentó, en vano, hacerla reaccionar. Fuu observó la escena, sabía que Ascot no se separaría de Umi, así que no tenía por qué temer por la vida de su amiga. Era su turno, debía intentarlo al menos. La espada del viento cortó otra cabeza, que cayó al suelo junto a sus pies. Nuevamente, dos nuevas cabezas aparecieron en su lugar. Ocho cabezas. ¿Qué posibilidades tenían? La hidra intentó golpearla, pero Hikaru se interpuso delante de ella y logró cortar una de las cabezas que acaban de crecer. Nueve cabezas. Furiosa, la hidra golpeó con fuerza a Hikaru, lanzando en línea horizontal a ambas. Golpearon contra una casa, pero la que recibió el golpe de lleno fue Fuu, que cayó adolorida al suelo. Hikaru salió ilesa porque el cuerpo de Fuu amortiguo el golpe. Cayó de pie.
Volteó a ver a su amiga, estaba mal herida. Quiso ayudarla, pero notó que la hidra estaba demasiado cerca de ellas. La observó unos segundos. Estaba furiosa con ella. Tenía que hacer algo para sacarla de ese lugar dónde había tanta gente, alejarla de sus amigos. Tomó su espada y le provocó una herida profunda en la pierna. La hidra gimió por el dolor. Corrió hacia dónde estaba el claro del bosque y pudo comprobar cómo la seguía hambrienta de venganza. Era su oportunidad. Latis observó cómo Hikaru se alejaba de la aldea. La hidra iba tras ella. ¿Qué pretendía? ¿Acaso pensaba enfrentarse a ese monstruo ella sola? Corrió detrás de ella. Mientras las alcanzaba iba pensando en cómo derrotarla. Parecía que era invencible, porque cada vez que cortaban una cabeza dos volvían a crecer. Entonces creyó recordar que había una cabeza que en ningún momento había sido cortada. Era la cabeza del centro, la única que nunca usaba para atacar. Quizá era la clave. El único problema era como llegar a ella cuando la rodeaban otras ocho que jamás permitirían que la dañaran. Llegó hasta el claro del bosque. Allí estaba Hikaru, la hidra la había acorralado contra un árbol. Se la notaba agotada. Hikaru hizo un movimiento con su espada y provocó un nuevo corte, la hidra la golpeó nuevamente lanzándola con fuerza. Hikaru cayó de espaldas al suelo. Con alguna dificultad se puso de pie, pero sus piernas le temblaban, apenas si tenía fuerzas para mantenerse en pie. La cabeza central de la hidra estiró su cuello al mismo tiempo que abría su boca repleta de dientes. Latis se dio cuenta de que pensaba devorarla.
-¡Hikaru!- gritó mientras corría hacia ella, espada en mano. Por primera vez en toda la batalla, logró ser más rápido que la criatura. Se puso delante de ella y la hidra terminó tragándolo a él.
-¡No! ¡Latis!- gritó Hikaru. No podía creer lo que estaba pasando, Latis había dado su vida por ella. Llorando a mares, cayó de rodillas. Ya nada le importaba. Sin Latis nada tenía sentido, ni su vida, ni Céfiro, nada. La hidra volvió a mirarla, mientras abría nuevamente su boca y a ella ni siquiera le importó que intentara devorarla como hizo con él. Pero, contrariamente a lo que ella pensaba, la hidra no intentaba comerla, era más bien un signo de dolor. Hikaru observó con sorpresa como el cuello de la hidra caía al suelo mientras un mar de sangre carmesí brotaba de la herida. Segundos después, el resto del cuerpo también cayó al suelo. De este salió Latis, envuelto en la sangre de la hidra, aun con su espada en la mano. Había conseguido cortar la cabeza central de la hidra. Los ojos de Hikaru volvieron a llenarse de lágrimas, pero esta vez eran de felicidad. Corrió hacia Latis y, por puro, impulso lo abrazó con fuerza, sin siquiera importar que estuviera cubierto de sangre.
-Me da mucho gusto saber que estas bien. - Latis estaba sorprendido por su actitud. Pero era agradable tenerla tan cerca, tan cerca como nunca la había tenido y como nunca había imaginado tener. Soltó su espada y la abrazó también.
-A mí también me da gusto saber que estas bien.
-¡Pero qué momento tan conmovedor! - la voz de Ryota interrumpió la escena. Ambos se separaron. - Jamás fuiste tan cariñosa conmigo… Ahora entiendo porque…
-Ryota…- dijo Hikaru secándose las lágrimas. No podía creerlo. Ahí estaba su confirmación.
-Estás tan hermosa como siempre…- dijo el joven. Latis miró sorprendido.
-¿Lo conoces?
-¡¿Qué si me conoce?! Cuéntale Hikaru… Cuéntale lo bien que la pasabamos juntos.
-¿Qué es lo que buscas?
-Céfiro…- Ryota se acercó a donde yacía el cuerpo de la hidra. - Pero miren lo que han hecho con mi maravillosa creación. Y era la única que había logrado sobrevivir. - Se agacho junto a la hidra y tomó un poco de sangre y un trozo de tejido.
-¿Tú la creaste? ¿Lo has conseguido?
-Con un poco de ayuda de la magia. - Umi, Fuu y Ascot llegaron al lugar en ese momento.
-¡No puede ser! ¡Es él! - dijo Fuu. Umi lo observó con cuidado y pudo reconocerlo.
-¡Vaya! Pero si es el resto del equipo… Te ves bien, Umi, parece que dormir tanto tiempo te renovó por completo.
-¿Quién eres tú? - dijo Umi sacando su espada
-El futuro gobernante de Céfiro.
-¿Acaso crees que permitiremos que así sea?
-Tú lo conseguirás, preciosa…- Umi se sorprendió ante la respuesta de Ryota.
-¿Qué dices?
-¡Ya basta! Jamás te permitiré que lastimes a los que quiero…
-Tú deberías gobernar conmigo, Karu…- Hikaru se enfureció con su comentario, guardaba mucho rencor en su contra. Sacó su espada y se abalanzó sobre él, pero Ryota la esquivó con facilidad. Luego rio malévolamente.
-Sigues siendo muy impulsiva… Pero este no es el momento para luchar… Sólo vino a rescatar material valioso… Pronto tendrán el gusto de ver otra maravilla como esta. - Ryota cerró los ojos. Un espeso humo blanco comenzó a salir de sus pies.
-¡No! ¡No otra vez! - gritó Fuu, recordando que de esa manera había escapado de Gurú Clef. Pero ya era demasiado tarde. El humo lo cubrió en segundos y cuando se dispersó él ya no estaba allí. - Escapo de nuevo… Tal parece que es la mejor forma que tiene de sobrevivir.
-No lo puedo creer…- dijo Umi.- Latis… ¿Tú sabes qué quiso decir con eso de que yo lo ayudaré a apoderarse de Céfiro? ¿Tiene acaso algo que ver con su intento de raptarme y con mi guardia las 24 horas? - Latis se limitó a tomar se espada el suelo.
-Volvamos a la aldea… Creo que se avecina una tormenta. - dijo. Las jóvenes se miraron sorprendidas. El cielo estaba despejado, ¿cómo podía decir que se acercaba una tormenta?
