Capítulo 11: ¡¿Pero que Demonios me has hecho Malfoy?
Severus
-Buenos días Severus, ¿tienes un segundo?-me dijo la bruja regordeta
-¿Qué sucede Pomona?- le pregunté, pocas veces hablaba con Sprout, o con cualquier colega fuera de la cordialidad.
-Me preguntaba si usted correría el horario del castigo que le asignó al joven Malfoy, de buena fe se ha ofrecido a ayudarme a plantar unos nuevos especímenes de hierbas que me han llegado exclusivamente de Egipto. Podría obsequiarle algunas para sus pociones, ¿sabe? son difíciles de encontrar y necesito una mano-
Esto me huele raro, ¿Draco ofreciendo su ayuda a cambio de nada?ese niñato se traía algo se tenia entre manos y yo tenia que descifrar lo que era.
-Bien Pomona, Malfoy cumplirá su castigo después de ayudarle entonces-le respondí tratando de hacerle un favor a la profesora.
Ella agradecida me prometió los frutos de sus cosechas a fines de octubre.
Me crucé con Hermione que se dirigía a sus clases de Defensa Contra las Artes Oscuras. Quise sonreírle pero iba con el par de perdedores a los que llama amigos, ver al zanahorio me hizo acordar a cuando la llamó "linda", de alguna forma me las cobraría, después de todo Hermione no era linda, era hermosa, era lo mas sublime que habitaba en el maldito planeta, el mismo que se convertía en paraíso cuando me encontraba a solas con ella.
¡Severus, tienes clases!, ¡deja de vivir en tu nube de cursilerías!
Los de cuarto estaban en pleno desborde hormonal, aunque yo estaba estúpidamente en la misma situación no soportaba escuchar sus propuestas para citas o los tontos halagos que se susurraban entre ellos haciendo de cuenta que no podía oírles.
-Sarah es una suerte que la profesora Sinistra nos castigara juntos- le dijo el moreno a la pelirroja.
-Podremos estar más tiempo cerca Arnold-la chica le guiñó un ojo a su compañero.
Al fin pude comprender cual era la intención del estúpido de Malfoy, el sabía que Hermione tenía clases conmigo todos los días después de clases, ¡Quería pasar tiempo con ella!, ¡mi tiempo con ella!.
La bestia que vivía en mi quiso salir del aula para perseguir y torturar a ese entrometido.
-Pueden irse, dejen una muestra de lo que hicieron en el escritorio-siseé.
Mis brazos y piernas temblaban de rabia, Malfoy me estaba cayendo de mal en peor, los celos eran algo insoportable.
Ese idiota no tenía que acercarse más de la cuenta a la razón de mi existir, ¡sino pagaría las consecuencias!
La tarde estaba por terminar dejándole paso a una estrellada pero fría noche, con furia dentro de mi entré en el despacho esperando a mis dos alumnos.
Hermione llegó antes, le abrí la puerta rígido como una tabla, no quería que note mis enfermizos celos, después de todo ella no sabía que Draco iba a interrumpir nuestra sesión de besos y estudio.
-Detesto los días que no tengo clases de pociones-me susurró con una sonrisa cómplice.
-Hermione hoy tendremos compañía-le hable atemorizado.
Los golpes de Malfoy en la puerta se hicieron sonar, como si le hubiésemos llamado.
-Vamos síganme-les dije con frustración, ¡Mierda!, creo que me estaba volviendo adicto a sus besos, era insoportable pensar que esa noche no podría hacer todo lo que me hacía feliz, ¡y todo por culpa de este gusano!
Fuimos al aula de pociones, como si fuera tan tonto para llevar a este tarado a mi aula personal, ¡arruinaría todo con su estupidez!
-Usted Malfoy corte estos sapos, necesito las cabezas, ¡y quiero un buen trabajo!-le gruñí
Hermione no dijo nada, creí ver en sus ojos un poco de desprecio hacia el chico rubio, lo único que me hacía sentir mejor era eso, ella tampoco quería más que mi compañía, era algo increíble que un ser tan hermoso desee estar conmigo.
-Hoy haremos la poción envejecedora-le susurré mientras la alejaba de ese pesado.
Sus ansias de aprender me motivaban siempre, ¡que fácil sería la vida de los profesores si tuvieran más alumnos similares a mi pequeño sol personal!
Le alcancé un libro para que se ilustrara sobre lo que haríamos mientras yo corregía algunos ensayos con una taza de café a mi lado, el silencio era opacado por un chirrido de dientes, Malfoy estaba furioso por su tarea y eso me llenaba de dicha.
Varias veces le llamé la atención dejándolo en ridículo frente a Hermione, si, lo sé, muy patético de mi parte, pero tenía que pagar su osadía.
Estábamos a la mitad de la preparación y el perfume de la castaña estaba volviéndome loco, me las ingenié para poder sacarla unos minutos de allí.
-Granger, acompáñeme al despacho, olvidé "un ingrediente importante"-le murmuré.
Si, estaba confirmado, ¡Estoy locamente enamorado y trataré de estar unos segundos a solas!
Entendió mi indirecta, es buena mentirosa, con total seriedad me siguió fuera del lugar.
-Espero que no se distraiga con nada, corte bien esos sapos o estará un mes sin quidditch-lo amenacé, aunque no era necesario me hacía sentir poderoso.
Cerré el despacho y sin previo aviso ya estaba rodeándome el cuello, ¡ESTA CHICA NO DEJABA DE SORPRENDERME!, giré para entregarme a un esperado beso apasionado.
-¿Profesor, cual es el ingrediente que ha olvidado?-¡me estaba tomando el pelo!, en verdad esta chica me había perdido el respeto, ¡y yo adoraba eso!
-Tu sabrás-me reí buscando una vez más sus dulces labios.
Estábamos jadeando, besándonos una y otra vez para aprovechar el poco tiempo que teníamos.
Con toda mi fuerza de voluntad separé mi rostro del suyo.
-Bien, nos vamos-dije dejando escapar un suspiro.
-No quiero-me miró con cara de cachorro apaleado abrazándome fuerte, ¡ESTA NIÑA ERA MI PERDICIÓN!
-Yo tampoco quiero irme pero Malfoy puede destruir el lugar con su idiotez-hablé amargamente abriendo la puerta.
-¡Por los calzones de Merlín!, ¡te dejo solo unos minutos y has tirado varios frascos que están a mas de un metro de donde estás parado!, si que eres torpe-negando con mi cabeza fui a mi lugar aún atontado por lo ocurrido en el despacho.
Hermione se sentó cerca de mi, continuó leyendo mientras esperábamos que termine la cocción.
Rememoré cuando sus cálidas manos estuvieron en mi cuello, sus labios ansiosos succionando los míos, llevándose mi alma en cada frenético respiro…
¡Basta, basta, basta!, Draco no es tan estúpido, sospechará si me la llevo otra vez, pero es tan irresistible estar tan cerca del motivo de mi delirio.
El café ya estaba frío, decidí terminarlo rápidamente.
¡Algo le introdujo este demonio!
Hermione
-¡Profesor!-corrí al ver que Severus cayó con un golpe seco al piso.
¡NO RESPIRABA!, ¡OH QUE HARÉ!, le aflojé las ropas con mis temblorosas manos, mis lagrimas caían sin cesar, ¡estaba aterrada!
-¡¿Qué le has hecho!-chillé mirando con odio a Draco
-Lo siento, fue sin pensar, me trató de alimaña, ¿no lo viste?-susurró temeroso el chico rubio.
Severus convulsionaba, mi corazón latía a destiempo, ¡oh mi vida que te sucede!.
-¡¿QUE LE HAS PUESTO A SU BEBIDA?-grité con todas mis fuerzas ahogando mi dolor.
-Un poco de lo que preparaban, la sangre de unos sapos y esto-me alcanzó una pequeña botella sin nombre.
-LLAMA A MCGONAGALL YA-estaba hecha una fiera, Draco salió pitando, ¡por su bien esperaba que mi Severus no sufriera más!
Cuando volteé no vi al Severus que había caido al suelo, sus facciones habían cambiado, su cabello estaba un poco más largo, su cuerpo estaba diferente.
¡No puede ser, Severus Snape ha rejuvenecido!
Sus ojos se abrieron con dificultad, aliviando un poco mi nerviosismo, estaba atontado, le ofrecí una amplia sonrisa.
-Voy a asesinar a Malfoy-murmuró
Al menos en pensamiento es el de siempre, lo abracé con fuerza.
-¿Profesor Snape?-la severa voz de McGonagall retumbó en el aula.
-Estoy bien Minerva-su voz era un poco menos gruesa.
Ha tenido suerte, mi amiga Charlotte vino a visitarme, es medimaga.
Sin decir más una anciana mujer me apartó de su lado revisándole con rapidéz.
El chequeo general no duró más que unos minutos y la especialista aún en silencio buscaba algo en la habitación.
Un gran espejo levitó hasta quedar frente al accidentado quien observaba con ojos como platos.
-Profesor, según su revisión usted desde ahora tiene veinticuatro años físicamente-habló la mujer con siglillo.
-¿Entonces tiene trece años menos?-pregunté sin poder creerlo.
-¿Pero que demonios me has hecho Malfoy?-susurró aún perdido en su reflejo.
-Lo llevaremos a San Mungo-dijo la directora.
-No me siento enfermo-protestó Severus.
-Tiene que tener un examen más exacto-la medimaga lo tomó de un brazo y caminaron fuera del lugar.
-Yo iré también-hablé sin pensar.
-Vaya a su sala común señorita, su clase ha terminado por hoy-dicho esto la directora nos cerró la puerta del aula casi en las narices.
Draco me miraba espantado, no podía creer lo que una pequeña broma le hizo al temible jefe de su casa.
