Hola chics:

Dije que en este capítulo iba a haber un Jacob PoV, pero ha habido un cambio de planes, será en el siguiente. Simplemente empecé a escribir y surgieron más escenas de las que tenía pensadas! Jejeje! Es que Edward me nubla el pensamiento! En consecuencia el Edward PoV, también se retrasará un capítulo. Lo siento de verdad, pero surgió así.

Espero que os guste!


CAPÍTULO 12: A solas

Bella PoV

Estaba dormida con la foto de mi hermano entre los dedos cuando sonó el despertador. Las 7:30. Lo paré e hice un pequeño resumen mental. Ángela tenía que estar a las 6 en el hospital, por lo que se suponía que se había marchado hacía casi dos horas. Edward, en teoría, también tendría que haberse ido, pero al no estar segura, sería mejor tener cuidado porque Jacob ya me había advertido que hoy no podría estar en mi puerta para salvarme el pescuezo. Disponía de una hora para llegar al instituto, y eso debía de ser más que suficiente.

Guardé las fotos y escogí la ropa que iba a ponerme, algo un poco más presentable que lo de ayer. Envolví todo con mis brazos, incluido el neceser con mis potingues y respiré hondo ante la puerta. Puse la mano el picaporte con el corazón latiendome tan fuerte que me dolía el pecho. Hice el menor ruido posible y salí de puntillas hacia el baño. De momento parecía que no había nadie en casa. Si realmente estaba sola, debía de parecer idiota caminando de puntillas, pero no me iba a arriesgar.

Me di una corta ducha de agua hiviendo, me vestí y sequé mi pelo. De nuevo apoyé mi mano en el picaporte lentamente, pero cuando iba a empezar a girarlo, la puerta se abrió de golpe dando al traste con mi plan de no encontrarme a Edward.

"Buenos días, Bella." Dijo alegremente.

Me faltaba la respiración, la cabeza me daba vueltas, las piernas no me sostenían, las manos me temblaban... Y sin embargo, ahí estaba él. Plantado en el umbral de la puerta, desnudo de cintura para arriba y con una sonrisa torcida que me paraba el corazón. Su cabello broncíneo estaba más desordenado que de costumbre, y eso le hacía irresistible.

"¿Cómo has dormido?" Preguntó acercándose a mí.

Su tono era extremadamente seductor, y el vapor que inundaba el baño después de mi ducha, no ayudaba en nada a enfriar los ánimos. De repente yo me había convertido en una descerebrada que no sabía hablar, no sabía caminar y ni si quiera respirar. Mis ojos no dejaban de viajar entre su sonrisa y su torso perfectamente moldeado. Apreté mi pijama contra mi pecho y dije:

"Bien gracias, ¿y tú?"

"Pues la verdad es que no tan bien. He soñado toda la noche contigo." Al decirlo pusó su mano en mi mejilla y recortó la distancia entre nosotros.

¿Por qué habría preguntado? ¿Qué me importaba a mi cómo hubiera dormido? ¡Ojalá me hubiera tragado la lengua! Me estaba bien empleado por intentar ser cortés. Sentí arder la piel de mi rostro bajo sus dedos. Sus labios estaban rozando los míos y yo estaba perdiendo el norte. Sin embargo, fue esa misma sensación la que me despertó de golpe.

"¡Ah! ¿Sí? ¿Y con qué ha soñado Ángela?" Dije contra sus labios.

Suspiró y luego habló:

"Bella tenemos que hablar, necesitamos aclarar algunas cosas."

"No hay nada que hablar Cullen. Eres el prometido de mi prima. Creo que todo está más que claro."

Le rodeé lo más rápido que pude y salí del baño. Edward intentó retenerme al tiempo que me decía:

"Bella, por favor, déjame explicarte."

Pero mi furia era tal que no pudo hacer nada por pararme. Me encerré en mi habitación, cogí mi teléfono dispuesta a llamar a Jake y pedirle incluso que saliera de clase para venir a buscarme. Si volvía a encontrarme con Edward no estaba segura de poder resistirme. Intentaba ahogar los sollozos que se agolpaban en mi garganta. No podía llamar a Jake y menos contarle nada, porque eso solo tendría como resultado un enfrentamiento entre ellos. Además, fui yo quien le pidió que me permitiera manejar el asunto. ¡Mierda! ¡Qué bocazas soy!

Me puse el abrigo y colgué mi mochila al hombro. Tendría que ser muy rápida para cruzar el apartamento sin que Edward me detuviese. Y así lo hice.

Edward estaba en la cocina, ahora llevaba una camiseta. Salió tras de mí al verme pasar pero no pudo detenerme. Corrí escaleras abajo sintiendo aún el calor de la cercanía de nuestros labios, lo que me motivó para correr más.

Llegué al instituto con tiempo de sobra. Crucé el aparcamiento y algo llamo mi atención: un Porche amarillo. ¿De quién sería? Quizá podría conseguir que su dueño me lo prestara para ir a quemar un poco de gasolina. El encuentro con Edward y la huída me habían dejado un montón de hormonas circulando por mi organismo, y la velocidad era la forma perfecta de ahogarlas con un buen subidón de adrenalina. ¡Mierda! ¡Si algún día me encuentro a ese tal karma, le daré una buena patada en el culo! Todas mis esperanzas se esfumaron en cuanto vi a Alice, la hermana de Edward, bajarse del flamante deportivo. ¡Seguro que sale corriendo a chivarse a su hermanito si le quito las telas de araña al motor de ese bólido! Tendría que apañármelas sola con mis hormonas, sin anestesia. ¡Maldito Demetri! ¿En qué momento permití que me alejara de mis preciosos coches? A veces lo odio.

Caminé hacia la entrada del instituto cuando Alice me detuvo.

"¡Eh! ¡Bella! ¡Buenos Días!" Gritó corriendo hacia mí a saltitos.

¿Siempre era así de entusiasta? ¡Qué fatiga! ¿No se cansaba nunca? Tú antes eras así. ¿No se suppone que las voces que uno escucha en la cabeza tienen que darte la razón? ¿Por qué las mías me atacaban siempre? Ni siquiera mi subconsciente estaba de mi lado. Esto no podía ir a peor.

"¿Vamos juntas a clase?" Dijo Alice cuando llegó a mi lado. "Bella, no te enfades, pero no tienes muy buena cara, ¿has dormido bien?" Su preocupación era real, podía verlo en sus ojos.

Lo cierto es que me había dormido con la última imagen que tuve de mi hermano moribundo y cubierto de sangre, pero después nada. Me sumí en un sueño profundo y negro, sin pesadillas, lo cual había supuesto un alivio.

"Lo cierto es que sí he dormido bien, lo que no he tenido ha sido un buen despertar." Dije sin pensar.

¡Por Dios! ¡Que no me pregunte por qué!

"¡Oh! Entiendo" Seguro que no. "Mi hermano Edward también se levanta de mal humor siempre." Tu hermano Edward es un ángel cuando se levanta. "Sé de qué me hablas." Realmente no tienes ni idea. Y si la tuvieras no me volverías a hablar.

Esto iba a ser más complicado de lo que creía. Si seguía rememorando a cada instante la imagen del pecho desnudo de Edward; sus abdominales tan bien formados; esos pectorales que quitaban el aliento; su blanca piel gritándo para ser acariciada.... Sacudí mi cabeza para alejar los pensamientos que se apoderaban de mi cordura. Pero nada. Seguían ahí. Sus ojos clavados en los míos a escasa distancia de besar mis labios...

"¡Bella! ¡Bella! ¿Estás bien?" Alice chasqueaba sus dedos delante de mi cara.

"Sí Alice, pedóname, aún estoy un poco dormida." Dije frotando mis ojos.

"Ya veo. Bueno, vamos a clase."

Caminamos juntas y fuimos hablando del instituto. Se interesó por saber qué tal me estaba adaptando a mi nueva vida y todo eso. Traté de responder lo más sinceramente sin relatar nada inapropiado de los encuentros con su hermano y de lo que provocaban en mí. Era una chica amable, me caía bien. Supuse que el encanto sería cosa de familia.

En la hora de la comida me volví a sentar con Alice y sus amigos, pero esta vez traté de poner más atención en las conversaciones de quienes me rodeaban.

"Y dime Bella, ¿Por qué tienes ese acento tan extraño?" Me preguntó Mike Newton, que estaba sentado a mi lado en trigonometría.

"Bueno, mis padres eran italianos y yo nací y viví varios años en España. Supongo que es una mezcla rara." Dije en un susurro, esperando que esto no despertase más curiosidades.

"Pero Swan no es un apellido italiano, ¿no?" Preguntó Jasper esta vez.

Swan era el apellido de soltera de mi madre, y el que mi padre había escogido cuando nos marchamos de España y nos cambiamos de nombre. Ahora éramos la familia Swan para todo el mundo, excepto a la hora de llevar los negocios, entonces mi padre utilizaba su verdadero nombre. El cambio era más para mantenerme a mí oculta que para ellos. Mis padres no tenían nada de que esconderse, pero yo...

"Mis abuelos eran Estadounidenses, por eso el apellido." No precisé cuales de mis abuelos eran de aquí, así que técnicamente, no estaba mintiendo.

Para mi alivio el tema siguió por otros derroteros que no me ponían en en centro de atención, así que suspiré tranquila. Pero mi paz se acabó pronto.

"¿Tienes algo que hacer esta tarde?" Mike, que estaba sentado a mi lado, se acercó a mi para preguntarme.

¿Acaso este probre chico intentaba ser sexy? Después de tener frente a mí a Edward esta mañana, el de Mike era el peor intento de la historia, desde luego. Pesnsé que me darían náuseas.

"Sí, he quedado." Dije sin darle opción a seguir hablando. Pero aún así insistió.

"Bueno, me gustaría poder eseñarte la ciudad. Mañana tal vez." Respondió un poco desilusionado.

Solo asentí con un leve movimiento, para no darle muchas esperanzas. Ni mañana, ni pasado, ni el mes que viene, ni en un millón de años. ¡Jamás!

Después de clase salí corriendo como siempre. Necesitaba ver a Jake y perderme en uno de sus abrazos. Sentir que alguien cuidaba de mí, que no estaba sola. Al salir a la calle ahí estaba él. Mi trébol de buena suerte me esperaba con los brazos abiertos. Corrí hacia él tan rápido que me sorprendió no tropezarme y caer de bruces al suelo. Salté y me colgué de su cuello.

"¡Caray! ¡Qué recibimiento! Pero si piensas que así te voy a dar chocolate, lo siento, no tengo."

Me aparté un poco y golpeé su pecho a modo de reproche.

"¡Vámonos! ¡Necesitas tu dosis urgentemente!" Rio.

"¡Eres idiota Black! Pero ahora que lo dices, me sentaría bien un batido." Dije pensativa.

"¿De vainilla o de fresa?"

Le saqué la lengua ante la obviedad de la respuesta. ¡De chocolate! No me había dado cuenta de que Alice estaba de pie detrás de mí hasta que se aclaró la garganta.

"¿Es que no me vas a presentar a tu amigo?" Preguntó sonriente y embobada mirando a Jacob.

"¡Oh! Sí claro. Él es Jacob Black, mi mejor amigo. Ella es Alice Cullen." Cuando dije su apellido me encogí ante la reacción de Jake.

"¿Hermana de Edward? ¡Oh!" Dijo besando su mano. "Bella y yo vamos a tomar un batido, ¿por qué no nos acompañas?"

¿Eso era todo? ¿No había un ataque de furia y odio contra el apellido Cullen? A lo mejor Jake había madurado realmente y ahora era capaz de controlar su carácter.

Fuimos a una cafetería cercana con Alice y Jasper. Alice y yo nos estábamos haciendo amigas rápidamente, y Jasper y Jake también parecían llevarse bien. Era estupendo poder ser una adolescente normal de vez en cuando.

Después de despedirnos de nuestros nuevos amigos, Jacob y yo nos dirigimos a su garage. Pasé por su casa a saludar a Billy, ya que hacía bastante que no lo veía, desde el funeral hace casi dos meses, creo. Estuve un rato charlando con él y asegurándole que me encontraba bien aunque echaba de menos a mis padres. Cuando quedó convencido, me dirigí al garage, donde Jake ya trabajaba en mi futuro coche.

"Jake, ¿qué vamos a hacer con el motor?" Pregunté distraida mientras jugaba con dos bujías.

Yo quería ponerle uno nuevo, pero mi mecánico quería restaurar el original. 'Los 350 CV de esta precisidad no son como los de esos afeminados coches italianos que conduces. Esto rugirá como una fiera cuando termine con él.' Era lo que siempre decía cuando salía el tema del cambio de motor, pero esta vez me sorprendió lo que escuché.

"La verdad es que he estado pensando en tu propuesta de uno nuevo, pero no creo que eso sea conveiente ahora. Si metiéramos otro motor más potente, tendríamos que reforzar la bancada del motor para que soportara la tracción, y eso nos llevaría mucho tiempo. Lo que necesitamos ahora es precisamente lo contrario: ahorrar tiempo. Quizá más adelante podríamos cambiar el motor por el que quieras, pero creo que ahora debieramos quedarnos con el que tenemos."

"Estoy de acuerdo. Necesito conducir algo pronto. Pero, ¿ a qué viene tanta prisa por tu parte?" Pregunté extrañada.

"Porque te quiero lejos de Cullen el mayor tiempo posible. Y, también porque Demteri me llamó para explicarme vuestro trato y que me asegurase de que lo cumplas." Su tono era apesadumbrado, como si su carga en este asunto fuera demasiado para él.

"Maldito chivato." Mascullé.

Así que Demetri me había puesto a Jacob de niñera para que no me acercase a mi garage. Supuse que esto era muy duro para Jake, porque normalmente él solía ser mi compañero de andanzas e, incluso, el que daba las ideas que nos llevaban a meternos en líos. Reconozco mi parte de culpa: yo no me negaba nunca. De los dos él era el loco y menos responsable; el temerario chico Quileute al que nada le asustaba. Sin embargo, desde que mis padres murieron, había empezado a ver un cierto matiz de preocupación en sus ojos. Jake supo inmediatamente en qué estaba pensando y empezó a hablar.

"Bella, ambos sabemos cómo es tu carácter, y que el único capaz de controlarte en ciertas ocasiones era tu padre. Ahora él no está." Me miró directamente a los ojos. "Demetri y yo estamos muy preocupados porque no sé si seremos capaces de detenerte en caso de que se te pase por la mente hacer una locura."

"¿Cómo por ejemplo?"

Quería que me pusiera un ejemplo, porque estaba muy claro que yo no solía hacer locuras. Para nada. Eso era una infamia del tamaño de una catredral. Yo siempre había sido muy responsable.

"Enamorarte de Edward Cullen."

¡Mierda! En eso tiene razón. Debería de encargarme de cortar la comunicación entre Jacob y Demetri, porque esto no me estaba beneficiando en nada.

Al nombrarlo, no fue el encuentro de esta mañana con Edward lo que vino a mi mente, sino Ángela. Lo mucho que se había esforzado al acogerme en su casa e intentar que notara el cambio lo menos posible, que me sintiera como en mi casa. Lo amable que había sido conmigo y con Jake. Todo lo que se había esforzado para que yo me sintiera cómoda, concediéndome todo lo que pedía y más. Y por último, lo poco que merecía que yo la traicionase, intentando arrebatarle lo que más quería en esta vida: a Edward.

Me había quedado callada, con la vista fija en el suelo, pero sin ver nada. Por supuesto mi amigo notó mi cambio de humor y propuso un paseo por la playa. Pasamos el resto de la tarde caminando por First Beach, peleando en la arena, haciendo carreras, jugando y bromeando. Vovía a ser mi Jake, el despreocupado al que no le importaba que nos llenásemos de arena hasta el último rincón.

Cuando Jake me llevó de vuelta a casa Ángela ya había llegado de trabajar. Edward aún no estaba en casa, lo que me supuso alivio por una parte, y un gran vacío por otra. Mi corazón y mi razón estaban divididas y sería una lucha que me costaría un precio muy alto. Hiciese lo que hiciese, perdería.

Los días comenzaron a pasar asombrosamente tranquilos. Edward a penas se atravesaba en mi camino y si lo hacía se comportaba como un perfecto caballero. El encuentro del baño jamás se volvió a repetir. Es cierto, sin embargo, que de vez en cuando nos cruzábamos al salir o entrar de una habitación y mi corazón se aceleraba a ritmos de taquicardia severa. Aunque lo intentaba con todas mis fuerzas, no era capaz de controlar el efecto que Edward provocaba en mí. Incluso el simple recuerdo de su roce desordenaba todas mis hormonas. Ser una adelescente estaba dejando de gustarme, esto sólo tenía desventajas.

Mi primer fin de semana en casa fue estupendo. Edward estaba de viaje por negocios y no volvería hasta el lunes. El viernes por la noche Jake vino a cenar a casa y vimos una película con mi prima. Al no estar su prometido, nos pareció descortés marcharnos por ahí dejándola sola. El sábado Ángela, Alice y yo tuvimos una tarde de chicas. Fuimos de compras, a tomar helado, al cine y después a cenar a un restaurante. Me había hecho muy buena amiga de la hermana de Edward, a pesar de no conocernos desde hacía mucho tiempo, así que se quedó a dormir en casa el sábado. El domingo hacía sol, así que convencí a mi prima para ir a pasar el día a La Push y tomar el sol en la playa con Jacob. El week-end no podía haber sido más perfecto.

El lunes Alice me recogió para llevarme a clase. Mi pequeña amiga se había empeñado en no permitirme ir caminando y recogerme todos los días hasta que tuviera mi coche listo. Normalmente era Jake quien me esperaba a la salida del instituto, pero hoy tenía que hacer una exposición en la facultad, así que yo aprovecharía para ir a casa y ponerme al día con mis trabajos de clase.

Entré en el apartamento y grité:

"¡Ángela! ¡Ya estoy en casa!"

No era mi costumbre vocear de esa manera, pero cuando caí en la cuenta de que Edward y Ángela eran pareja y que una visión de ambos en una situación comprometedora, era más de lo que mi mente podía soportar, me pareció una idea estupenda anunciar mis llegadas. Sin embargo en esta ocasión nadie me respondió.Al pasar por detrás del sofá para dirigirme a mi habitación, vi una nota encima de la mesa del salón:

"Bella, siento no estar en casa cuando llegues. Sé que prometí ayudarte con tus trabajos de clase, pero Ben, un compañero del hospital, me ha pedido que le cambie el turno porque tenía una emergencia familiar. De verdad que lo siento, pero te compensaré."

Ángela

Realmente no era importante. Sólo le había pedido a mi prima que me ayudase con mis deberes porque sabía que eso le hacía sentir bien, que me estaba ayudando y no me dejaba abandonada por tener que trabajar tanto. La verdad es que prefería trabajar sola.

Cogí mi notebook , los libros necesarios, un bol de patatas fritas y otro de alguna porquería con sabor a queso, chocolatinas y refresco. Me senté con las piernas cruzadas encima del sofa, el portátil en mi regazo y todas mis chucherías y libros esparcidas alrededor. Puse música en mi ordenador. Ahora ya estaba lista para una tarde de trabajo. Sonreí satisfecha y me puse a teclear.

No había pasado más de una hora cuando sentí la puerta cerrarse a mi espalda.

"¡Hola Ángela!" Saludé risueña. "Pensé que llegarías tarde. Perdona el desorden, lo recogeré todo enseguida." Dije sin girarme, terminando de escribir una frase en el ordenador.

Cerré el Windows Media y la música paró a media canción, pero lo que oí a mi espalda tensó cada músculo de mi cuerpo.

"No te preocupes por el desorden, no me molesta. Voy a darme un ducha, el viaje ha sido agotador."

"Ee...ee... Edward." ¡Genial! La primera vez en mi vida que tartamudeaba y tenía que ser delante de él.

"Creo que sí." Rio.

"Pensé que estabas trabajando." Murmuré mas para mí que para él.

"Acabo de llegar del aeropuerto. Estoy muy cansado, así que he decidido tomarme la tarde libre."

Se encogió de hombros y caminó hacia el pasillo. No pude moverme del sofá ante el pánico que sentí. Edward y yo solos en el apartamento. Ángela no llegaría hasta tarde. No podía ser. Tenía que salir de ahí en ese mismo instante, antes de que algo terrible ocurriese. Jake: ocupado en la facultad. Alice: en el cine con Jasper. Mis opciones se reducían a cero. ¡Llamaría a Mike Newton si fuera necesario! Aunque me revolviese el estómago de sólo pensarlo. ¡Jajaja! Te recuerdo que tiraste el papel con su número al minuto de que te lo diera. ¿Para qué quería esa estúpida voz en mi cabeza si solamente entorpecía? No daba más que problemas, ¿cuando daría alguna solución? Decidí salir a caminar un rato al menos, lo que fuera por evitar a Edward.

Me disponía a cerrar todos mis archivos cuando recibí un mail de Seth. Eran estudios de mercado sobre un edificio de oficinas que planeaba comprar para una de las empresas. Le eché un vistazo rápido ya que parece ser que era urgente. Todo estaba en orden, así que le respondí dejando a su elección la compra de éste o la búsqueda de otro inmueble.

A penas habían pasado diez cortos minutos cuando ya había terminado de responder a mi contable, pero no fui suficientemente rápida. Mientras comenzaba a cerrar documentos, Edward apareció de la nada, dejándose caer en el sillón perpendicular al mío, dándome el mejor paisaje que cualquier chica pudiera desear. Llevaba un pantalón de pijama y una camiseta ajustada. Su pelo, aún mojado, estaba revuelto en un caos ordenado que sólo en él era elegante.

"¿Te importa si enciendo la tele?" Su voz era amable y suave como la seda.

"No, no te preocupes, me iré a mi habitación." Susurré mientras seguía guardando y cerrando documentos.

"¡Quédate, por favor! Esto... quiero decir... si quieres." ¿Estaba nervioso? ¿Como hace una semana cuando nos conocimos? No, no podía ser.

"No quiero molestarte. Seguro que estás muy cansado después de tu viaje y quieres relajarte."

Mi parte racional me gritaba que saliera de esa habitación, pero mi corazón se derretía ante sus ojos y su amabilidad.

"En realidad, llevo todo el fin de semana de reunión en reunión o encerrado en la habitación de un hotel. Me apetecía un poco de compañía. Te prometo que no te molestaré ni tampoco interrumpiré tu trabajo. No notarás que estoy aquí."

¿Que no notaré que estás aquí? ¡Si no queda una célula de mi cuerpo que no esté alterada ya por tu presencia!

"Está bien." Dije bajando mi vista hasta el notebook. "Puedes poner la tele, no me molesta."

"Gracias. Por quedarte quiero decir."

Le miré para responderle con una pequeña sonrisa y vi sus ojos clavados en mí. Pero esta vez no estaban cargados de deseo como aquella mañana en el baño, esta vez había ternura y sincero agradecimiento.

Me había quedado porque sabía bien lo que era esa sensación de soledad. Después de que mi hermano muriese, cuando mis padres salían de viaje y Jake estaba ocupado, me pasaba tardes enteras persiguiendo a Alfred con un libro en la mano. Me sentaba a leer en aquella habitación en la que él estuviera trabajando. Cuando el Viejo terminaba y cambiaba de ubicación, yo recogía mis cosas y me iba con él. De vez en cuando cruzábamos algunas palabras, pero más que conversación, era la compañía de otro ser humano lo que buscaba. Sentir que había alguien más conmigo en la habitación, aunque cada uno estuviese a lo suyo. Otras veces me sentaba en la isla de la cocina mientras Martha cocinaba y cantaba. De esta forma no era tan duro.

"¿Puedo?" Preguntó señalando el bol del que yo acababa de coger una patata.

"Sí, claro." Contesté acercándoselo.

Suspiró y dijo:

"Te importa que me siente a tu lado, la verdad es que estoy un poco incómodo aquí y en ese sofá hay bastante espacio para los dos." No pude evitar mirarle con desconfianza y quizá algo de temor. "Te prometo no molestarte." Añadió levantando las palmas de las manos en señal de rendición.

Sus ojos no podían estar mintiéndome. Asentí y él se cambió de sitio con esa sonrisa torcida pintada en la cara. Sólo esperaba no tener que lamentarlo después. Por otra parte es cierto que llevaba días sin acosarme y siempre se comportaba conmigo de una forma correcta. ¿Qué habría cambiado? Seguramente se había dado cuenta de lo enamorado que estaba de Ángela y no quería arriesgarse a perderla por una tontería. Por otra parte el sillón en el que Edward estaba sentado hacía un minuto era realmente incómodo, eso lo había podido comprobar en primera persona. Un momento, perpendicular a su lado del sofá, había otro igual de grande que este, ¿por qué no se sentaba allí?

"Edward, quizá estes más cómodo en ese sofá." Dije señalando con el dedo al que estaba vacío.

"Pero entonces no alcanzaré a coger patatas." Respondió sin dejar de mirar la tele.

"¡Oh!" Fue todo lo que pude articular.

Seguí trabajando en mi ordenador una hora más. Estaba exhausta. No por el trabajo, sino por el esfuerzo que me suponía no quedarme embobada mirando a Edward.

Comencé a apagar mi ordenador y a recoger mis libros. Me encerraría en mi habitación a leer un libro.

"Aún es temprano para cenar. ¿Te apetece ver una película?" Preguntó con lo que podría jurar que era una cara de súplica.

"No sé..."

"¡Venga! ¡Anímate! Has estado toda la tarde trabajando, necesitas relajarte. Aunque si lo prefieres podemos salir por ahí."

¿Salir a la calle donde cientos de personas estarían alrededor nuestro o estar a solas con Edward? No sé qué fue exactamente lo que pasó por mi cabeza en ese momento, pero el corazón ganó la discusión.

"No me apetece mucho salir. Preferiría quedarme aquí."

"¡Perfecto! Termina de recoger mientras yo hago las palomitas. ¿Quieres que les eche chocolate por encima?" Dijo riéndose desde el umbral de la cocina.

"Que no tengo ningún problema con el chocolate." Mascullé.

Cuando Edward volvió con las palomitas yo ya estaba acomodada en el sofá tapada con una manta. Se sentó a mi lado y puso una película de pay per view. A mitad de la película terminamos las palomitas, así que el recipiente ahora se encontraba sobre la mesa y ya no hacía de barrera entre nosotros.

"Puedes apoyarte, si quieres, no voy a morderte." Dijo ofreciéndome su hombro al ver que me revolvía inquieta en busca de una posición cómoda.

"No es necesario, pero gracias."

Aunque lo estaba deseando, no podía permitirme eso. Sentir el calor de su cuerpo, aspirar su olor, escuchar el latido de su corazón... No, sería demasiado.

"De verdad, Bella, no voy a hacer nada. Te lo prometo."

Y ahí estaba de nuevo ese brillo en sus ojos que anunciaba que sus palabras eran ciertas.

Me apoyé en su brazo, pero él lo levantó rodeando mis hombros y dejándome recostada sobre su pecho. Estaba en el mismo cielo. Esto era el paraíso. Ojalá no hubiera tenido que mover jamás de ahí. Cuando Jake me abrazaba me sentía protegida y capaz de enfrentarlo todo, pero en los brazos de Edward la cosa cambiaba. Simlemente el mundo desaparecía. Ya nada ni nadie existía aparte de nosotros dos.

Poco a poco fue anocheciendo y el salón quedó en penumbra. Lentamente me quedé dormida, y fue la sensación mas placentera de toda mi vida. Entre sueños podía sentir la mano de Edward acariciando mi cara, mi pelo o simplemente apretándome más fuerte contra su pecho. En estos momentos nada importaba, sólo Edward y yo.