Capítulo 11. Sinceridad.

Frustración, eso era lo que sentía en ese momento. Desde que Sasori había salido de la habitación me había dejado caer sobre la cama de mi habitación dando vueltas a lo mismo, la cabeza me iba a estallar a este paso. Era inútil pretender enmascarar lo que nos ocurría, pero la verdad había querido tentarlo a una reacción diciéndole que me iría, y lo único que conseguí fue una confusión aún más grande.

Como siempre él había lucido su fantástica prepotencia, manipulación y poder sobre mí, y yo simplemente había quedado como la niña estúpida, otra vez. Incluso intentando hacer las cosas a mi manera él se salía con la suya. Lo peor de todo es que sus palabras sonaron tan malditamente sinceras, que incluso llegué a creérmelas. ¿Qué iba a conseguir volviéndome loca de la manera en la cual lo hacía? ¿A caso era un tipo de venganza por haber estado con el Uchiha? ¿Por haberme ido? Creo que ya pagué suficiente condena en ese instante.

No estaba dispuesta a quedar como la niña tonta y consentida de nuevo. Me levanté de mi cama y abrí la puerta saliendo casi como un relámpago al pasillo, no me importó ir vestida con tan solo una camiseta amplia de tirantes, y un pantalón de deporte de dormir, tampoco me importó no ir calzada, ni con el pelo completamente suelto. Como tampoco me importó cuando arrollé a Deidara por el camino dejándole tendido en el piso. Solo tenía una cosa en mente, dejarle bien claro quién era la que mandaba, y quién era la que podía conseguir todo lo que quería con un poco de inteligencia y estrategia.

¿Quería guerra? La iba a tener. ¿Quería jugar con fuego? Se iba a quemar. ¿Quería probar a dónde soy capaz de llegar? Hasta el final del mundo. Todo por demostrar que no se sale siempre con la suya.

Caminé sin detenerme, me sabía el recorrido de memoria, lo había hecho tantas veces que casi era imposible que mis piernas no fuesen por delante de mi cuerpo. En ese momento echaba chispas, no estaba para nada de buen humor, y aún menos para tonterías. Por lo que simplemente, llegaría, pondría mis condiciones, le daría una lección y me iría. Últimamente parecía que mi existencia no servía de nada sin planes, sin objetivos, y sin pasos coordinados y bien estipulados para lograr las cosas. Definitivamente estaba volviéndome como Pein, siempre entre papeles, entre estupideces y agendas.

Una vez llegué a su puerta, metí el código sin golpear, directamente las puertas se abrieron ante mí, dejando al descubierto un pelirrojo sin camiseta que hacía sus ejercicios diarios de flexiones y demás. Mis intenciones casi se vieron reducidas a cero al contemplar la perfección del maldito pelirrojo. Mi respiración se aceleró por esos segundos y mi corazón se paró de golpe. Ese estado poco duró, pues debido a mi "delicadeza" al entrar, alerté al susodicho, generando que su rostro voltease para verme, y que quedase completamente descuadrado antes de levantarse del suelo y mostrarse completamente ante mí. Con su pantalón de pijama estilo chándal hasta las rodillas, sin camiseta, con el pelo revuelto y su ligero flequillo cubriendo perfectamente su frente a excepción de sus llamativos ojos miel que resaltaban con su piel ahora dorada por el sol que los días nos habían estado ofreciendo. Desde luego, cualquier chica se rendiría ante una imagen semejante, pero yo no era cualquiera, era Sakura, y eso me convertía en una excepción que rompía la regla.

Nos quedamos varios segundos en silencio, escaneándonos el uno al otro, comprobando que realmente estábamos allí, observándonos como dos desconocidos, alterados completamente, él con un ligero y perlado sudor resbalando por sus abdominales, y yo simplemente con el corazón en un puño y mi respiración completamente desigual. Hasta que el silencio fue roto por el mismo que había cortado hasta mi habla.

Diría no me has sorprendido en absoluto, pero te mentiría. Ahora, ¿Se puede saber que haces aquí? ¿Por la noche? ¿Y así? –Señaló mi ropa con su dedo índice mientras pronunciaba su última pregunta, en ese momento reparé en mí y pude notar a lo que se refería, no solía salir nunca con ropa así, pero el momento me había exigido una cierta urgencia que debía satisfacer.

Se puede saber, pero no te lo diré. Y por la noche porque es cuando me ha apetecido. Y mejor de ropa no hablemos, no estás en la mejor condición para hablar. –Alcé una ceja con mi último comentario y señalé su torso desnudo ante mí con mi dedo índice imitando su movimiento de hacía apenas unos segundos.

Bueno, considerando que es mi habitación, y que tú eres la intrusa, no deberías tener demasiadas objeciones sobre mi ropa, ¿No crees? –Y de nuevo ahí estaba su raciocinio que dejaba mi mente minada a cero, o aún menos, de nuevo, una niña pequeña ante sus ojos expertos. Eso me dio aún más energía para continuar con mi plan.

Bueno, considerando que hace un rato fuiste tú el que irrumpió en mi habitación, estamos a mano, ¿No crees? –Su expresión varió de la confianza al desconcierto, todo marchaba a la maravilla, seguramente no esperaba que lo fuese a tratar como él me trataba a mí, de un segundo a otro, era él el niño estúpido e inexperto que se había medido conmigo y no al revés. Sonreí profundamente, era mejor de lo que me había imaginado en algún momento.

Estamos a mano… Ahora sí, ¿Me puedes decir a qué has venido? Creo que me dijiste todo lo que tenías que decir antes. –Reí suavemente ante su obvia molestia por mi comentario de irme de allí. Realmente parecía un niño al cual iban a abandonar cruelmente, o casi un cachorrito maltratado. Pero eso ya conmigo no funcionaba, puede que cuando tuviésemos siete u ocho años pudiese chantajearme de esa manera, pero ahora a nuestros 17 años, ya no era tan inocente.

No, no dije todo lo que tenía decir –Me acerqué mientras dejaba resbalar empalagosamente las últimas palabras de mi oración dándoles un poco de longevidad. Nunca me había sentido tan sumamente buscona como en aquel momento, pero el plan era el plan, y había que seguirlo a rajatabla. Mantuve mi tono meloso aproximándome a él ligeramente. Podía notar su nerviosismo, e incluso por qué no admitirlo, yo estaba nerviosa. –Sasori –Ronroneé en su oído, mientras lucía una sonrisa satisfactoria al notar cómo se doblegaba ante mi sensualidad de aquel instante. La distancia prudencial se había agotado. Estaba literalmente pegada a su cuerpo, y él al mío, yo sobre su oído, y el abrazándome por la cintura.

Sakura, este juego te servirá con el Uchiha, pero no conmigo –Sus palabras eran duras, pero su voz quebrada y sus cortes mezclados con respiraciones agitadas y suspiros me daban la razón. Y ahora sabía mejor que nunca como provocarle.

Mmm, tienes razón, el Uchiha era más participativo –Justo, toqué la fibra, sus músculos se habían tensado haciéndose notorios contra mi vientre plano, mientras su agarre sobre mi cintura se había vuelto más posesivo que antes y sus ojos ahora se clavaban sobre los míos.

¿Tú y el Uchiha, estuvieron así de cerca? –Su ceja estaba alzada y sus ojos parecían estar casi a punto de estallar de la ira, cosa que me hizo aún más ganas de continuar.

Sinceramente, estuvimos incluso más, la tormenta me pilló al volver, y entré en una especie de hipotermia, él me encontró y no existe mejor remedio para ello que el calor corporal. –Remarqué la última palabra con un tono seductor, casi anhelante hacia un recuerdo muy prometedor. Todo eran patrañas, mentiras sin fundamento, pero él no lo sabía, solo le servía enojarse, pero esta vez era más que eso. Siempre nos habíamos enojado por amistades cercanas, por chicos que me hablaban demasiado, pero nunca habíamos llegado al extremo de estar con otra persona que no fuese el otro. Habíamos hecho la promesa de que en su momento, el uno sería para el otro y viceversa. Mis palabras significaban la rotura de esa promesa, por lo que tenía razones de sobra para molestarse de sobremanera.

¿Sabes qué? No te creo nada. Y sé una forma de hacerte confesar. –Esta vez fue él quien usó ese tono seductor que tanto me fascinaba. Sabía que no iba a ser fácil mantener mi mentira, en realidad nunca había estado tan próxima a un hombre tal como lo estaba con Sasori en aquel momento. Y él sabía perfectamente que cuando se excedía con respecto a nuestros encuentros, siempre me amedrentaba. Parte de mí tenía ese miedo, pero la otra estaba dispuesta a lo que fuese con tal de mantener su mentira, incluso ese extremo.

No me creas, lo podrás ver por ti mismo. –Ese fue el detonante final. Tragué la saliva que se me había acumulado en la boca, con bastante dificultad y dejé que todo se desarrollase.

La bomba estalló tal cual lo predije, en un segundo nuestras frentes estaban apoyadas la una en la otra, sus ojos clavados en los míos. Sus manos pegándome a él por mi cintura, y mis manos enredadas en su cuello y su pelo rojizo. Sonreí arrogante, alzando una ceja con un comportamiento retador que tuvo su respuesta. Los labios de Sasori se estamparon sobre mi cuello, ciertamente hubiese esperado un beso en los labios, pero ahora la meta de esto era algo más corporal que sentimental. La sensación me electrizó por completo, no notaba la delicadeza de las otras veces, tampoco el sentimiento profundo de respeto y tranquilidad que nos embriagaba a los dos cada vez que estábamos juntos. Esta vez era algo más allá, había deseo, pasión, furia, celos, y quizás una muy y escasa porción de amor, tan insignificante que era apenas perceptible.

Sus labios siguieron recorriendo la oquedad de mi cuello con desespero. Había inclinado completamente mi cabeza hacia atrás, dejándome llevar por todo lo que estaba ocurriendo. Un ligero mordisco captó toda mi atención inclinando mi cuello hacia delante, recibiendo por completa sorpresa los labios del que en aquel momento lucían el control de la situación. Eran tibios, desesperados, y casi anhelantes de aquel contacto, yo también lo había extrañado, no podía mentirme. La tensión era palpable entre ambos. El beso solo fue interrumpido la necesidad de oxígenos de ambos.

El siguiente paso fue rápido y sin dudas, tanto su cuerpo como el mío fueron rápidamente tendidos contra la cama que adornada la sobria habitación de mi acompañante. No nos importó oír los muelles ceder bajo nuestro peso, ni tampoco las sábanas revoloteándose a nuestro alrededor, haciendo algo difícil el movimiento. Una de sus ligeras manos fue a parar hacia mi muslo, sosteniéndolo contra su cadera, haciéndole quedar encima de mí, con mis piernas a ambos lados de las suyas, flexionadas de tal manera que mis rodillas encajaban con los huecos pronunciados de sus caderas. El juego se tornaba peligroso y lo sabía, pero solo quedaba un poco más, lo justo para llegar a la clave de todo.

De nuevo sus labios contra los míos, mis manos ya recorrían sin pudor todo su bien formado torso, realmente estaba disfrutando tanto que sabía que iba a ser casi un sacrificio el momento de acabar con todo ello. Despejé todos esos pensamientos y me dejé sumir en las caricias que ya no eran de pasión, sino cuidadas, cariñosas, todo lo pasional se había transformado en completa adoración, lo que antes era furia, ahora era simplemente respeto, cuidado, y conformismo con el ritmo que habíamos marcado. Todo había cambiado de una forma brusca pero agradable.

Enredé mis manos en su pelo, dando ligeros tirones que hacían escapar ligeros quejidos seductores de sus labios, lo cual no provocaba otra cosa en mí que puro deseo. Dejé que mis manos se desplazasen exploradoras a lo largo de su cuello, marcando delicadamente cada músculo, tendón, o parte ligeramente sensible al tacto. Seguí descendiendo por sus hombros, los cuales estaban demasiado bien formados para alguien que tan solo manejaba marionetas en casi todas sus peleas. Su espalda fue mi siguiente presa, rodeándolo con mis brazos acaricié cada espacio, cada centímetro grabándolo en mi mente a fuego, deshice el ligero abrazo posando mis manos entre él y yo, sobre su torso, delineando de nuevo cada abdominal. Estaba completamente abstraída e hipnotizada por él, como él por mí.

Su reacción no se hizo esperar una vez dejé mis manos quietas. Con una sola mano suya atrapó mis dos muñecas, alzándolas por encima de mi cabeza, dejándome de cierta manera indefensa ante él, cosa que generó un ligero nerviosismo en mi estómago, al mismo tiempo que un calor casi febril se apoderaba de cada célula de mi cuerpo. "Malditas hormonas adolescentes y sus cambios" pensé para mí misma mientras notaba como mis manos eran fuertemente sujetadas mientras la otra de sus manos comenzaba a recorrer mi vientre plano entre la tela que formaba mi camiseta, generando ligeros espasmos en contra de mi voluntad. Pude entrever su sonrisa arrogante y traviesa como otras tantas veces. Cerré mis ojos cediendo al placer de la situación mientras notaba como su agarre se debilitaba, aún así mantuve mis manos en alto, esperando sus movimientos.

La camiseta no hizo más que salir disparada contra el frío suelo, mientras las manos del pelirrojo recorrían el más pequeño recoveco de mi anatomía, al igual que sus besos. Mi cuello fue su primera víctima, dejando una ligera marca rosada, de la que probablemente me arrepentiría en un futuro, sus manos apretaban mis caderas contra sí. Provocando una sensación casi indescriptible a mi parecer. Esta vez un ligero suspiro escapó de mis labios. Satisfaciendo a un impaciente Sasori, que aún descendía a lo largo de mi cuello, por mis hombros, dejando marca de su presencia en cualquier sitio que le fuese posible. Salteó mi escote depositando delicados besos sobre mi vientre, lo cual me hizo plantearme hasta dónde estaba dispuesto a llegar.

Mi mente divagaba cada vez más acerca de llevar a cabo mi plan, o dejarme llevar por las circunstancias que se habían dado a raíz de mis actos.

Me prometí a mí misma que sería fuerte, que no me dejaría manipular como otras veces, puesto que ya no era la chica que antes era. Desde aquella tarde, contra aquel tronco, había tomado mi camino, mi nueva decisión dónde los sentimientos que no fuesen de absoluta indiferencia se hiciesen presentes. En mí no tenían lugar.

Pronto esas ideas empezaron a carecer de crédito cuando sentí una fuerte mano aprisionar mi espalda y estrellarme suavemente contra un torso bien formado, mi corazón ya no daba más de sí. ¿Qué tenía de malo dejarse llevar por un poco de placer?

Con las mismas, moví mis manos posicionadas a lo alto de mi cabeza y las interpuse entre él y yo, dándole un leve empujón con el cual acabé encima. Le observé por unos instantes, él sonreía pero esta vez no era arrogante, ni superior, por una vez era una sonrisa cómplice, sincera y con una tranquilidad poco usual en él. Me decidí a borrar esa sonrisa. Con un solo movimiento me apoderé de sus labios como él lo había hecho minutos antes. De nuevo la corriente eléctrica hizo presencia, recorriendo toda mi espina dorsal con apremio antes de devolverme a la realidad.

Descendí mis manos desde ambos lados de su cara por su torso hasta llegar al broche del pantalón, sonreí ligeramente jugando con el mismo, lo bajé lentamente pero no del todo, indicándole ligeramente mis intenciones. Antes de que pudiese decir algo más le di un beso más profundo que el resto, quería hacerle sufrir un poco, y sabía qué hacer para ello. Aproveché el beso y mientras mi otra mano acarició levemente todo su torso, con paciencia, tallando cada lugar en mi memoria.

Respiré profundo separándome de él pero en esa ligera bocanada el aprovechó para tomar mis manos de mis muñecas y acabé de frente contra la pared, la mezcla de frío de la pared, y el calor del cuerpo de él tras de mí me produjo un fuerte escalofrío por todo mi cuerpo, recliné mi cabeza sobre mi hombro mientras él se dedicaba a morderlo ligeramente con apremio. Algún que otro suspiro salió desde lo más profundo de mi ser, cosa que no pasó desapercibida por mi acompañante.

Me giró de nuevo quedando frente a frente, sin darme tiempo a reaccionar bajó mis pantalones de deporte cortos, estaba en desventaja de ropa, pero más me preocupaba el color rojo que había adquirido mi cara en ese instante. Deseché cualquier sentimiento de vergüenza y simplemente enrosqué melosamente mis piernas alrededor de sus caderas, provocando nuestra caída a la cama de nuevo.

Los pantalones de él no tardaron mucho en seguir el camino de los míos. Cada vez estaba más cerca, lo conseguiría, había conseguido llegar a ese punto porque yo quería, ahora tenía la situación bajo control completo. Lo provoqué algo más con un suave gemido en su oído, que más parecía una súplica barata, pero lo suficiente para notar como todo su cuerpo reaccionaba a él sosteniéndome con fuerza. Hubiese querido decir que el gemido había sido fingido, pero no podía mentir, me estaba haciendo sentir como nunca nadie había conseguido nunca. Pero esa sensación de Déjà vu me invadió, como si otra persona que no conseguía recordar hubiese provocado las mismas sensaciones en mi cuerpo. Una mano bajando por mi cintura despertó mi ensoñación y sonreí. Ahora comenzaba lo bueno.

Reprimí mis ganas de seguir, y con una mano accedí hacia el borde de los bóxer que llevaba puestos en esos momentos, pasé por encima de la tela con cuidado, notando como él había quedado estático a mi tacto. Lo besé de nuevo y solo paré cuando sentí su tensión y su quejido claro. Ahora tenía mi mano en su entrepierna, por decirlo de alguna forma, presionándolo alrededor con mi mano, produciendo claros quejidos de Sasori. Sonreí de nuevo mientras separaba mis labios contemplando su expresión desencajada. Pude notar como aguantaba el dolor que aquello producía, su punto débil lo manejaba ahora yo.

Ahora… Me vas a escuchar, sino sabes lo que pasará. –Apreté una vez más consiguiendo una afirmación por su parte. Me acerqué a su oído para continuar con mi propuesta.- Tú y yo, lucharemos con nuestra estrategia y nuestras armas. Si tú ganas te contaré si pasó algo o no con el Uchiha y dejaré que me pidas lo que quieras. En cambio, si gano yo, será un secreto que me llevaré a la tumba, y podré irme de aquí con quien yo quiera si lo deseo. Tanto si es para volver o no. El primero que quede inconsciente perderá. Yo también se jugar tus juegos, ya viste.