En menos de media hora estamos ya en la carretera, camino a Pemberley. Empieza un fin de semana increíble. Pemberley es un hotel rural precioso, todo piedra y bosque, ¡e incluso un lago rodeado de juncos! Y por dentro es aún más bonito. Parece una mansión de la campiña inglesa, con sus papeles pintados y sus muebles de madera. Una auténtica preciosidad.

Vaciamos las maletas en cuanto terminamos de hacer el ingreso y nos dirigimos al lago. El invierno se ha comido parte de la primavera y estamos todos ansiosos por absorber un poco de Sol. Me descubro espiando a Will mientras los chicos deciden bañarse en el lago, a pesar de la temperatura (a ver, ¡que no es verano!). Se quitan la ropa hasta quedar en calzoncillos y se lanzan al agua. Alzo la vista al Sol y doy gracias por la discreción que me brindan mis gafas de sol.

Esa misma noche, el hotel tiene preparada una pequeña fiesta de bienvenida. Es un destino habitual para grupos de despedidas de solteros, así que todos los viernes se busca una excusa para que la gente se conozca antes de la gymkana del sábado. Lo estamos pasando genial, un grupo de 8 chicos se sienta en la mesa de al lado y empieza a montar un gran alboroto. Pronto se ponen a hablar con nuestro grupo, en especial con Charlotte y conmigo, que somos claramente las únicas solteras.

Hacia el postre, ya se han hecho hueco en nuestra mesa. Nadie diría que no hemos venido todos juntos. A mi lado se sienta un tal Fred, un chico pelirrojo, simpático y bastante guapo. Charlotte y yo no paramos de reírnos con sus bromas y él no para de pedirnos vodkatinis.

Finalmente acaba la cena y empieza a sonar la música. Para cuando nos levantamos de la mesa, ya me he tomado cinco vodkatinis y me tambaleo ligeramente. Quizá he tomado demasiados... Will me mira con el entrecejo fruncido.

"Lizzie, si ese chico te está molestando... solo tienes que decírmelo y le diré que te deje en paz." Dice solemnemente. No hemos hablado desde la breve charla en mi habitación y me pongo un poco nerviosa.

"¿Quién…?" no acierto a contestar otra cosa.

"Fred, ese que lleva dándote la vara toda la noche. Es obvio que está muy interesado en ti".

"¿En mí? ¿Qué dices?" me río tonta y lentamente. "Will, te aseguro que Fred no tiene ningún interés en mí. Es más, juraría que está tirándole los tejos a Charlotte".

Will se vuelve para mirar al dichoso Fred, que está en la barra pidiendo otra copa. "Te está trayendo demasiados vodkatinis, ¿no crees?"

"Pero bueno, ¿ahora vas a acusarle de querer emborracharme y propasarse conmigo?" vuelvo a reírme.

"No..." su mirada vuelve a estar fija en mí, pero ahora sonríe un poco. "Pero hazme caso, aunque no lo creas soy un hombre y me doy cuenta de estas cosas".

"Tú no verías estas cosas ni aunque te mordieran en el culo". Le señalo con un índice acusador. Me pregunto si me sentiría tan valiente como para hacer esos comentarios si no hubiese bebido ya cinco vodkatinis. "Vamos a ver, ¿cuándo fue la última vez que besaste a una chica?"

Will se echa a reír y comienza a ponerse rojo. Se mete las manos en los bolsillos y baja la cabeza hacia el suelo, evitando mirarme.

"Pues hace ya bastante, la verdad".

"Pues entonces no podemos dar por válidas tus observaciones. El mundo ha cambiado mucho desde 'hace ya bastante', ¿sabes? Fred solo está siendo majo, y no me está invitando realmente a nada porque esta es una barra libre".

"Yo estaré fuera del circuito, pero tú estás ciega".

"¡Y dale!" doy un brinco y, sin querer, mi vodkatini acaba en la camisa de Will. Me tapo la boca con la otra mano para reprimir una risa histérica, pero no lo consigo. Will se está mirando la camisa con los ojos como platos. "¡Perdona Will! Ha sido sin querer..." y mi risa histérica continúa.

Will coge un par de servilletas de la barra y empieza a secarse la camisa. Me lanza una mirada entre reprobadora y divertida, pero finalmente empieza a reírse conmigo a mandíbula batiente. ¡Will Darcy riéndose a carcajadas! Su expresión cambia por completo.

"¿Sabes qué es lo más gracioso?"

"¿El qué?"

"Pues que esto me recuerda mucho a la noche en la que te conocí. También te tiré una copa encima, ¿lo recuerdas?".

Will vuelve a mirarse la camisa mojada, sonriendo. "Me acuerdo".

"Es increíble que después de esa noche, con lo idiota que fuiste, estemos hoy aquí haciendo el idiota juntos".

"Sí, es bastante increíble". Guarda silencio durante unos instantes.

"¿Sabes que estás mucho más guapo cuando te ríes que con esa pose de caballero decimonónico atormentado?"

Will sonríe, sorprendido ante mi comentario. "Nunca te he pedido perdón por lo que dije de ti esa noche...".

"Bah, no tiene importancia. Mucha gente piensa que soy fea y antipática".

"Yo no lo opino".

"Y Fred tampoco..." le guiño un ojo.

"No sé Fred, pero yo... opino de una forma muy distinta a esa noche".

Me sorprende ver que, de repente, la distancia que nos separa es mucho menor de lo que había calculado. Will está muy cerca, tanto que puedo ver el pelo de su pecho a través de la camisa mojada de vodkatini. Mi mente regresa brevemente a esta tarde, cuando vi a Will salir del lago en calzoncillos.

"¿Ah sí? ¿Y cómo de distinta?" me atrevo a decir.

"Pues..." Will sonríe. "Tan distinta que es perfectamente opuesta".

Me acerco a la barra, dejo mi sexto vodkatini (ya vacío) y me acerco más a Will. Y otro poco. Y otro poco, hasta que mis labios y los suyos se tocan. Le beso suavemente, y él recibe y devuelve mi beso.

Una ola de calor estalla dentro de mí y me recorre el cuerpo hasta la punta de los dedos. Estoy sorprendida y desconcertada por lo que estoy haciendo, pero en el fondo sé que hacía tiempo que quería hacerlo. No lo sabía, pero tenía muchas ganas. Le toco la cara con las manos y él responde con más fuerza. Me rodea con sus brazos atrayéndome hacia él. ¡Uff!

De repente se aparta.

"Lizzie..." mira al suelo. Después de unos segundos, añade "¿cuántos vodkatinis has bebido?".

"William Darcy. Deja de preguntar chorradas, te lo ruego". Vuelvo a dirigir mis manos hacia su cara, pero él sigue con la vista clavada en el suelo. Le beso la mejilla, la barbilla y el cuello hasta acabar con su resistencia.

Estoy impresionada por mi forma de actuar. Jamás fui así con George... Por supuesto que nos habíamos besado, pero jamás le busqué de esa manera. Él jamás me besó así, con dulzura y firmeza a la vez. Pero con Will es distinto, yo soy distinta. Quizá Charlotte tenga razón y deba soltarme la melena. Quizá la ocasión pueda ser esta noche…

"Will, quiero que me acompañes a mi habitación" le digo en un susurro, sin pensar.

Will da un leve respingo y me mira con los ojos muy abiertos. Se está poniendo rojo.

"¿Ahora…?"

"Sí, ahora mismo". Me separo de él pero tiro de su mano para que me siga. Con un poco de suerte, en unos minutos estaremos en mi cama.


Estoy soñando algo, pero está borroso. En ese preciso instante me doy cuenta de que estaba dormida y abro los ojos. Es de noche y estoy en mi cama, pero no sé ni qué hora es ni cómo he llegado allí. Seguramente Charlotte me ha traído para que duerma un poco y no le agüe la fiesta. ¡Menuda amiga!

Me giro hacia la mesilla de noche para encender la lámpara y me encuentro de lleno con el pecho desnudo de Will Darcy. Casi me caigo de la cama. Él se revuelve un poco, pero sigue durmiendo. De golpe y porrazo, la escena de hace tan solo unas horas se repite a cámara extra rápida en mi mente. Ambos estamos desnudos, así que parece que no recuerdo del todo mal lo sucedido.

Descubro mi ropa, y la de Will, tirada a los pies de la cama. Ay, Dios. El corazón me empieza a latir con fuerza, como en una situación de peligro extremo. ¿Y ahora qué? ¿Por qué no se despierta?

Lo miro fijamente, convencida de que así se despertará por sí mismo sin tener que interactuar con él. Pero él sigue ahí tendido, con un brazo sobre la cabeza pero sin llegar a taparle la cara. La verdad es que así, con el pelo revuelto, está muy guapo. Me acerco un poco más para verle mejor. El pecho le sube y baja tranquilamente al ritmo de su respiración. No sabía yo que Will estuviese tan fuerte… Mis ojos van de su pecho a sus abdominales, hasta el principio de la sábana. Siento una enorme oleada de curiosidad… ¿la levanto?

En ese momento Will abre los ojos y yo empiezo a ponerme roja como un tomate. Me ciño la sabana bajo los brazos, aunque tengo la seguridad de que ya me ha visto bastante bien por hoy.

"Hola" dice con una sonrisa completa. "¿Qué tal estás?".

Will empieza a incorporarse, poniendo a todos esos músculos en acción. Pero justo cuando voy a abrir la boca, se abre la puerta y entran Charlotte, Jane y Charles. Se hace el silencio. No pueden dejar de mirarnos con la boca abierta y sin comprender. A excepción de Charlotte, que dice alegremente:

"¡Aleluya, hermana!".