Capítulo Doce
- Katniss. Por Dios, vas a quedar como una pasa. ¡Levántate! – exclama Effie nerviosa. Abro mis ojos y me doy cuenta que estoy en la bañera desnuda y que el agua ya se ha enfriado. Debo de haberme quedado dormida de lo relajada y satisfecha que me dejó Peeta. Me sonrojo de pensarlo.
- Lo siento Effie, es que no podía dormir y me levanté a darme un baño. Me relajé demasiado. ¿Me pasas una toalla? – digo con confianza.
- Sí querida, me imagino. ¡Hoy es tu gran día! – dice con un chillido. Me rio. – Pero por favor apresúrate que debemos comenzar. – La misma Effie de siempre está de regreso. Si ella no estuviera organizando mi casamiento, de seguro que yo y Peeta estaríamos casándonos solos, con Haymitch y Sae como únicos invitados.
- Effie relájate. ¿No habías dicho que todo estaba listo? – pregunto, ella pone los ojos en blanco.
- No señorita, todo está casi listo, pero me refiero a ti. Tienes una larga sesión de peinado, maquillaje, etc. Te casas al medio día y son las 8 de la mañana. – informa Effie. Lo que ya sabía pero ahora me doy cuenta de que no es mucho tiempo el que me queda, todavía debo tomar mi desayuno. Siento mis nervios asomar. Salgo de la bañera, me seco con enérgicas pasadas y me coloco la bata antes de salir a mi dormitorio. Allí me esperan Flavius, Venia y Octavia con una bandeja de comida y bebida. Visualizo los panes y las galletas de Peeta. Saludo y me siento frente a la bandeja a comer, Venia se encarga de mi cabello, mientras Octavia está con mis piernas y Flavius, prepara los maquillajes y accesorios encima de la mesa. Yo como deleitada, hasta que termino todo y Effie aparece nuevamente una hora después. Al parecer se encuentra muy ocupada con la decoración de la calle. Nos casaremos en la calle de la Aldea de la Victoria. Ésta es amplia y se encuentra asfaltada. Las prímulas que mi futuro esposo plantó hace un tiempo han florecido hermosas. Estas decoran la calle y los jardines frontales de mi casa y la de Peeta y Haymitch.
- Katniss hay alguien que desea hablarte. – me dice Effie con una gran sonrisa en su rostro. ¿Quién será? Se me ocurren muchas opciones. Johanna, Annie, Sae, no lo sé. Aparto mi rostro de Octavia que está pintándome las uñas de las manos con pequeños brillos sobre una prímula blanca con base transparente. Estoy fascinada por su facilidad para hacer esas decoraciones.
- ¿Quién es Effie? – pregunto con curiosidad. Y al momento una figura familiar se sitúa al lado de Effie. No lo puedo creer. Veo como se me nublan los ojos por las lágrimas. Rápidamente Venia me pasa un pañuelo limpiando mi rostro, impidiendo que yo misma me pase mi mano, ya que estás están con esmalte fresco. Le agradezco con una sonrisa y veo que Octavia sigue con su trabajo. - ¿Qué haces aquí? Pensé que no vendrías. – Le digo a mi madre que sigue parada al lado de Effie.
- Me retiro. En un rato regreso querida a ver si estás lista. – dice Effie y desaparece. Mi madre se ve emocionada.
- ¿Cómo crees que me iba a perder la boda de mi hija? – dice acercándose. Me da un beso en la frente y toma asiento enfrente mío.
- Me dijiste que no podías y colgaste el teléfono. – le recrimino con voz suave, no quiero alterarme. Ella sonríe.
- Lo sé, en ese momento no pude pensar y dije cualquier cosa. Pero he reflexionado mucho Katniss, mi vida ha mejorado y tu hermana habría querido tanto ser parte de tu boda. No veía sentido a mi testarudo pensamiento de no volver al 12. – dice limpiándose los ojos suavemente. Noto que lleva una pequeña cantidad de sombra en los ojos. Le sonrío.
- Gracias por venir madre…Me dolió tanto cuando te negaste. Yo sé que nosotras nunca fuimos muy cercanas pero te amo y te necesito mucho aquí conmigo. – digo emocionada tratando de no llorar de nuevo, porque me encuentro inmovilizada de manos. Se escucha un sorbo de nariz y un pequeño sollozo, ambas miramos a mi derecha y vemos a Venia lloriqueando. Nos reímos.
- Es muy sensible. – le digo a mi madre. – Venia deja de llorar porque no tenemos mucho tiempo. Termina con mi cabello por favor. Deben ir a arreglarse ustedes también. – ella asiente y sigue su trabajo.
- Hablé con Peeta antes de venir a hablar contigo. – dice mi madre y al oír el nombre de él, concentro toda mi atención en sus palabras. – Ese chico te adora hija, es igual a su padre, caballeroso, responsable, tan bueno. Te hará muy feliz, estoy segura. – sonríe ampliamente y toma su bolso. Saca una pequeña caja de terciopelo negra.
- Sí, yo también lo adoro madre. Tardé en reconocerlo pero finalmente lo hice y ya no puedo vivir sin él. – digo.
- Pues creo que ahora me entiendes Katniss. El amor que yo sentía por tu padre era tan grande, que me ocurrió exactamente eso. No quería vivir sin él. – dice mi madre con pesar. No, yo no querría vivir sin Peeta, pero trataría, ya he pasado por eso cuando lo secuestró Snow. Sí, me sumí en un estado de depresión y solo seguí adelante porque, porque tenía a Prim. Mi madre nos tenía a nosotras pero ella no es una luchadora como yo. Annie es un claro ejemplo de que se puede seguir sin el amor de tu vida. Ella no es mentalmente estable pero es feliz y sigue su vida por su hijo, vive para Finnick. Ese es el nombre del pequeño. Igual que su padre.
- Madre, te entiendo. Pero debes querer vivir por algo. Tú nos tenías a nosotras. Pero cada persona reacciona diferente ante una perdida. – digo y suspiro. – Por favor cambiemos de tema. Es mi boda, quiero ser feliz a partir de hoy y pensar solo en el presente.
- Por supuesto y serás muy feliz cielo. – dice alegremente. Me extiende la caja de terciopelo que tomó de su bolso. – Esto es para ti. ¿Me harías el honor de usarlos hoy?- mi madre abre la pequeña cajita y dentro de ella hay dos pendientes de diamantes. Son 4 diamantes plateados que cuelgan verticalmente unidos por una fina cadena de oro blanco.
- Son hermosos… - digo casi sin aliento. ¿De dónde los ha conseguido?
- Tu padre me los regaló en nuestro primer aniversario de bodas. Los he guardado todo este tiempo. Gracias a Dios el bombardeo no alcanzó esta casa. Sino no podría regalártelos ahora. – dice riendo. – Él me hizo prometerle que te los reglaríamos a ti cuando fueras mayorcita. Por eso es que los he mantenido ocultos, tanto que ni se me ocurrió venderlos cuando no teníamos nada para comer. – dice claramente apenada. Los pendientes son un regalo de mi padre. Yo solo tengo su cazadora como recuerdo. Ahora sería como tenerlo a él presente en mi día, bendiciendo el amor de Peeta y mío.
- Por supuesto que los usaré. Gracias Madre. – digo feliz, para que ella olvide su pena. – ¿Me los pones? – pregunto, ella asiente emocionada.
- Te quedan preciosos Katniss. – dice dándome un pequeño abrazo. – Me voy a ver si Effie necesita ayuda con algo. Enseguida vuelvo para verte lista.
- Gracias nuevamente por estar aquí. – digo
- Por supuesto y voy a venir más seguido. Mañana parto de regreso porque tengo que trabajar y ustedes querrán estar solos, pero en unos días vengo a visitarte.
Mi madre se va justo cuando Flavius vuelve con un traje azul eléctrico y un corbatín celeste sobre una camisa blanca. Ya no es más el excéntrico Flavius, pero su estilo continúa aunque leve. Octavia termina con mis uñas y se retira a cambiarse, al igual que Venia. Quedan solo 40 minutos. Escucho música suave afuera. Pero no se me permite ver por la ventana. Flavius me está maquillando, dice que será un maquillaje natural, pero veo un labial rojo sangre y dudo de su verdad. Termina y estoy ansiosa por verme. Confío en mi equipo, pero tengo que comprobar que no parezco un payaso o peor, la chica en llamas con su maquillaje oscuro. No es adecuado para una boda.
Flavius sale para que yo me vista. Me coloco el vestido que está sobre mi cama cuidadosamente, luego los zapatos y llamo a Flavius para avisar que estoy lista. Él entra con Venia y Octavia que están vestidas de azul y celeste, se ven preciosas. ¿Cómo es que ellas se arreglan tan rápido y conmigo demoran tanto?
Sus expresiones son de incredulidad y asombro. Me siento más nerviosa, necesito verme, pero han quitado los espejos de mi cuarto a propósito para que me sorprenda y sutilmente para que no les ordene cómo peinarme y maquillarme.
- Por todos los cielos Katniss, te ves hermosa. – llora Octavia.
- Majestuosa, sublime. – añade Flavius.
- Preciosa, pareces un ángel. – dice en sollozos entrecortados Venia.
- Gracias chicos, se los agradezco tanto. Todo lo que han hecho por mí, siempre han estado a mi lado… Gracias. – les digo emocionada. He llorado como 5 veces en este día lleno de emociones y reencuentros.
- No, no, no querida no llores. – dice Effie entrando en mi cuarto y quedándose congelada junto a los demás. – Por Dios, luces impresionante.
– Effie, gracias por todo. – le digo con una sonrisa cargada de gratitud y sinceridad. - ¿Sería mucha molestia que me trajeran un espejo para así poder ver por mí misma lo hermosa que luzco? – les pido. Flavius sale disparado de la habitación para regresar a los segundos con mi espejo de puerta. En él puedo ver mi cuerpo entero.
Lo sostiene en frente mío y yo me acerco titubeante. No logro reconocer a la figura que se presenta ante mí. Ella luce como de otro planeta, increíble. Sus ojos grandes grises maquillados con sombra blanca con pequeños brillos plateados y celestes, enmarcados con una línea perfecta de negro, y las pestañas negras intensas y largas, los labios rojos pero de un rojo borgoña no rojo sangre. Y el peinado, recogido con varios tirabuzones desde adelante hasta el centro de la cabeza y luego caen en cascada de bucles con apliques brillantes. Sonrío y la figura en frente de mí lo hace también. Soy yo, esa criatura feliz y hermosa soy .
- Wow– es lo único que logro decir. Todos ríen. Entra mi madre al cuarto soltando un gemido. Luce un vestido color rosa pálido hasta las rodillas de gasa, con un cinturón de la misma tela alrededor de su cintura. Está maquillada apenas y tiene el peinado que me hizo a mi cuando me presenté voluntaria en la cosecha, el de las trenzas atadas en el centro. Luce hermosa. Ella también llora. Corre a
- No tengo palabras ni adjetivos, nada, que se asemeje a cómo luces. Es más que increíble, que hermosa. – dice sollozando en mi oído. – Tu padre y Prim estarían tan orgullosos Katniss, tanto y más de lo que lo estoy yo. – se separa de mí y me mira fijamente. Sus palabras, hacen que quiera derramar un río de lágrimas. Siempre quise que mi madre se sintiera orgullosa de mí, que fuera feliz, independiente. Y ahora tengo todo eso. Sé también que mi hermana y mi padre están orgullosos de mí. Asiento hacía mi madre sin poder decir palabra alguna. Si hablo corro el riesgo de arruinar mi maquillaje con lágrimas.
- Bien es hora Katniss. – dice Effie. Venia corre a retocarme el labial y la base de la cara. Los demás van saliendo del cuarto. Bajo las escaleras con ella levantando la parte de atrás de mi vestido para que no lo arrastre. Me dirijo a la puerta por donde debo salir y veo a un hombre de traje gris impecable esperando allí. Effie a mi lado sonríe. Por lo que adivino que es Haymitch. De espaldas luce estupendo. Mi madre me da un beso y se dirige afuera al igual que mis amigos, mis amigos, suena mejor que equipo, porque en eso es en lo que se han convertido para mí, en amigos imprescindibles. Effie me acompaña hasta la puerta y Haymitch se da la vuelta para mirarme. Ambos nos quedamos con la boca abierta. Nuestras expresiones desconcertadas, hacen reír a Effie, que dicho de paso luce fantástica con un vestido verde agua largo de gasa que se ciñe en la cintura con un pequeño arruche en la espalda, es de cuello alto y sin mangas. Le queda precioso, su peinado es parecido al mío solo que con el cabello lacio. La cortina rubia le cubre la espalda hasta la cintura. Nunca me hubiese imaginado que su cabello de verdad fuese tan largo y hermoso.
- Preciosa, muy lindo vestido. – dice Haymitch sonriendo. Mira a Effie – El tuyo también me gusta. – Effie se tiñe de rojo en un instante y Haymitch parece satisfecho.
- Gracias. El tuyo también es lindo y se ve impecable. – digo rápidamente para distraer a Effie que parece realmente avergonzada, pero feliz.
- Sí, bueno. El chico me convenció. – dice Haymitch blanqueando los ojos, pero ríe.
- Bueno. Yo los espero afuera. Tu momento de entrar Katniss es cuando la música comience a sonar alto. 5 minutos. – informa Effie. Nos mira a ambos y sonríe antes de salir.
Observo a Haymitch, se ve realmente feliz y sobrio. Su traje gris es elegante, de entalle perfecto, camisa blanca con corbata gris brillante. Su cabello largo peinado hacia atrás, brillando por el gel de peinar. Parece otra persona.
- Te quería preguntar Katniss… - se pone nervioso. - ¿Quieres que te lleve hasta el altar? - ¡¿Qué?! Me quedo perpleja. ¿Él haría eso por mí? - Sé que no soy tu padre y que tengo miles de fallas y que hay veces en que me odias pero sería un honor para mí acompañarte. Si tú aceptas. - dice con sinceridad en su voz.
- Sí, por supuesto que acepto. Haymitch tú ya eres como un segundo padre para mí, con tus fallas y todo. Peeta y yo te queremos mucho. – le digo y lo abrazo, él se enerva pero luego responde a mi abrazo.
- Gracias, ustedes dos son como hijos y nada me complace más que verlos felices después de todo lo que hemos pasado. Se lo merecen.
- Nos lo merecemos, tú también. Sé feliz y hazla feliz a Effie. – le pido con una sonrisa.
- Haré lo mejor que pueda. – dice y escuchamos la música. Es mi hora de salir y caminar hacia Peeta. Mi estómago estalla en mariposas. - ¿Vamos? - pregunta Haymitch.
- Sí. – digo con confianza. – Quiero ver a Peeta. – confieso y él ríe.
- Por supuesto que sí. Ese chico me ha estado friendo las neuronas de tanto nombrarte. – reímos y salimos por la puerta de salida. Veo de inmediato la cantidad de gente reunida, todos de pie enfrente de sillas con vestidos blancos y celestes. He visto mucho celeste. ¿Será que Peeta usará algo de color celeste, la corbata, la camisa?
Me quedo perpleja ante lo hermoso que luce todo, no he salido afuera desde hace 3 días y ahora está todo tan cambiado. Los arboles tienen telas celestes y plateadas y los postes de luz también. Hay flores por todos lados y de todos colores, menos rosas. Fui bastante explícita con Effie sobre vetar las rosas.
No alcanzo a vislumbrar a Peeta, la gente me tapa la vista. Caminamos lentamente hacía el centro de la calle donde hacemos un giro y me topo con fotógrafos, cámaras, gente y un hermoso camino estrecho con pétalos de prímulas y vallas de ramas separando a las hileras de sillas y a la gente. Levanto mi vista y lo veo de pie a unos metros de mí. Sus ojos abiertos grandemente, brillantes de expectación. Observo que lleva un traje negro ceñido en sus brazos y hombros, se ve tan masculino y atractivo, siento un cosquilleo en toda mi piel. Su camisa es blanca y su corbata es celeste, ya me imaginaba. Es un celeste cielo brillante y tiene un pañuelo a juego en el bolsillo de su saco. Nos miramos y yo no puedo contener mi alegría. Le sonrío y él emocionado me sonríe con un guiño. No miro a nadie más, siento el ruido, los murmullos, las exclamaciones a medida que paso caminando del brazo de Haymitch. Tengo mis ojos clavados en mi amor, en mi futuro esposo, mi panadero, mi diente de león.
Llegamos al altar y aparto mi mirada de Peeta para observar a Haymitch.
- Gracias. – le digo emocionada. Él me abraza.
- Las gracias te las doy yo a ti Katniss. – me dice al oído. Luego toma mi mano y se la entrega a Peeta que la toma con un apretón. – Les deseo lo mejor muchachos. – dice retirándose hacia atrás a la primera fila de a Peeta y veo que tiene una lágrima en su ojo amenazando con caer. Levanto mi mano y se la limpio, él la toma y me da un beso en los nudillos.
- Me has dejado estupefacto. Te ves maravillosa. No puedo creer la suerte que tengo al tenerte. – dice Peeta en un susurro que solo yo oigo. Le sonrío.
- La suerte la tengo yo amor. Te ves muy guapo. – le digo con una sonrisa pícara.
El sacerdote comienza la ceremonia dando la bienvenida a todos los presentes, les pide que tomen asiento.
- El amor de Peeta y Katniss siempre fue evidente. Se veía en sus ojos, en sus actitudes protectoras del uno con el otro. Muchos fuimos testigos de ese gran amor por medio de las transmisiones en televisión, otros afortunados lo atestiguaron en persona. Y pueden confirmar mis palabras cuando digo que es un amor tan profundo, fuerte y grande que sobrepasa cualquier adversidad. Lucharon juntos desde un principio por el bien, por todos nosotros. Dejaron su felicidad a un lado, fueron privados de su propia boda, perdieron a un hijo… - nos miramos con Peeta y sonreímos con complicidad. – perdieron seres queridos. Pero su esfuerzo no fue en vano, su heroísmo nunca será olvidado. Y ahora Dios los recompensa con paz y mucha felicidad para que puedan seguir este camino que se llama vida juntos. Es un honor para mí estar aquí presente uniendo en sagrado matrimonio a estos jóvenes maravillosos. – dice el sacerdote con franqueza y se oyen muchos aplausos. El sacerdote pide silencio con las manos y continúa. - ¿Quién comenzará con los votos?
- Yo señor. – digo rápidamente antes que Peeta. Prefiero comenzar yo porque luego de los votos de él, sin dudas no podré soltar palabra. Enfrento a Peeta y él toma mis manos. Me he memorizado el discurso. - Peeta, me has hecho la mujer más feliz de la tierra al amarme. Me has hecho mujer. Antes de ti yo no sabía lo que era amar a un hombre. Y ahora sé que sin ti mi vida no tendría sentido. Gracias amor mío por esperarme todo este tiempo, gracias por luchar a mi lado, por protegerme, gracias por respetar mis tiempos. Discúlpame por demorar en permitirme ser feliz a tu lado. Gracias por velar mi sueño, por alejar todas las pesadillas, gracias por amarme. – le digo sonriendo y pausando para tomar aire y calmar mi corazón que late desbocado. – Una vez un hombre sabio me dijo: "No te merecerías a ese chico ni en mil años" – Peeta ríe y gira su cabeza para mirar a Haymitch. – Y yo le contesté que ya lo sabía. Creo que sigo sin merecerte Peeta, pero decidí ser egoísta, mientras tú me quieras a tu lado, allí estaré. Te amo. – le digo con lágrimas en los ojos. Él emocionado y sin palabras se me queda mirando. Carraspea unos instantes después antes de hablar.
- ¿Cómo se supone que deba seguir después de eso querida? – pregunta Peeta en voz alta y se escuchan risas. – Mi futura esposa, siempre soñé con que serías tú. Para mí Katniss, tú eres todo. Siempre has sido todo para mí. Una vez te dije que si tú no estabas en mi vida, aunque no fuera conmigo, mi vida no tendría sentido. Lo dije en serio y ahora lo reafirmo más que antes, te necesito para vivir, para ser... – dice Peeta con tanto sentimiento. Siento las lágrimas rodar de mis ojos y no puedo controlarlas. - Gracias a mis sentimientos tan intensos por ti pude recordar todo, el veneno de las rastreavíspulas no pudo manipular mis sentimientos. Tú me has salvado en tantas ocasiones. Solo tengo admiración y amor por ti. Te esperé pacientemente y ahora te tengo. No puede haber mayor felicidad o retribución de Dios, como dijo el padre, para mí que tener tu amor por completo. Te amo y siempre te amaré, siempre estaré a tu lado… Si me aceptas. ¿Real o no? – siempre. Le sonrío con toda mi dentadura.
- Real. – le contesto y el me limpia las lágrimas. Escuchamos los aplausos y los vítores de alegría.
