Capítulo 12: "Un adiós"

Abrió la puerta con cautela asomando su cabeza apenas, cerciorándose de que él no estuviera. Cuando se dio cuenta de que estaba en lo correcto, suspiró aliviada y entró prendiendo la luz del living. Con los ojos rojos todavía, dejó las llaves arriba de la mesa y se sentó en el sillón cubriéndose la cara. ¿Y ahora?. Todavía podía sentir el perfume varonil en el lugar y eso la perturbaba demasiado. Levantó la cabeza con lentitud y se preguntó que podía hacer para solucionar todo aquello. En realidad, tenía una ligera idea, pero... no estaba del todo segura si era lo correcto. Era obvio que no podía seguir al lado de aquel joven después de todo lo que pasó. Nuevamente los recuerdos volvían hirientes a su memoria. Aquel beso, se había sentido tan bien, hubiera jurado que conoció el paraíso cuando eso pasó. Aún podía sentir los labios cálidos del chico sobre los suyos. Pero después, Inuyasha tuvo que decir esas dolorosas palabras. La frustración y el dolor volvieron a apoderarse de ella como en el primer instante y sus ojos lacrimosos no soportaban más seguir llorando. ¿Por qué se lo había dicho¿Qué había salido mal si al parecer entre ellos estaba todo bien?. De pronto, una idea se cruzó por su cabeza. Tal vez... ese beso, no había sido para ella, sino para otra persona... tal vez... había sido para Kikyo. Se horrorizó al pensar eso, le era imposible creer que así fuera, pero... ¿Y si estaba en lo cierto?. ¡No!, ella no sería la segunda opción de nadie, y si alguién iba a amarla, quería que fuera por ser ella, por ser Kagome. Estuvo de esa manera hasta más de medianoche y casi de madrugada, acomodó todas sus cosas en un bolso y escribió una nota, dejándola sobre la mesa, junto con las llaves.

- Es lo único que puedo hacer, y es lo mejor... – Musitó levantando sus pertenencias, y mirando todo por última vez y con algunas pequeñas lágrimas en sus ojos castaños, cerró la puerta del apartamento.

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La mañana se presentó bastante fría y el cielo estaba un poco nublado, dando una certera señal que en cualquier momento llovería, haciendo descender aún más la temperatura. Caminó con las manos dentro del saco largo que llevaba puesto, mientras que un vapor salía de sus labios. Se sentía tan culpable. No había podido dormir en toda la noche, de solo pensar en todo lo que había pasado el día anterior. Había estado horas esperando a la chica, pero ella no regresaba, quería aclarar todo, porque a él le fue inevitable besarla, ya que, la amaba más que a su vida y quería saber que sentía ella. Aunque luego de tanta espera, se dio por vencido y pensó que lo mejor era dejar que todo pasara hasta el día siguiente, así hablarían más tranquilos, o al menos eso pensaba. Con pasos firmes, llegó hasta la puerta del apartamento y tocó el timbre, no quería entrar de improviso con sus llaves, sería aún peor. Para su sorpresa, nadie abrió la puerta. ¿Estaría durmiendo o simplemente no quería verlo?, Por que era imposible que no escuchara el timbre sonar. Golpeó la puerta repetidas veces, intentando hacer un poco más de ruido y así llamar la atención de la chica, pero aún así no recibió respuesta alguna.

- ¿Kagome?- Llamó preocupado al notar que ya pasaba demasiado tiempo sin que nada sucediera. Buscó su juego de llaves dentro de los bolsillos y una vez que las sacó, las colocó en la cerradura demasiado nervioso- demonios... – Murmuró al ver que la mano le temblaba y eso le evitaba hacer las cosas bien. Lo exasperaba terriblemente que eso le sucediera.

Después de varios intentos fallidos, dio un golpe desquitando su rabia en la fría madera y esta se abrió. Inuyasha abrió sus ojos dorados a más no poder, es que acaso... ¿la puerta había estado abierta todo ese tiempo?. Con razón cada vez que el intentaba con la llave no podía abrirla, era porque, al estar ya abierta, él la cerraba. Pero... ¿por qué la puerta estaba sin llave?. La terrible idea de que había sucedido algo malo se coló en su mente. Aquella amenaza habia vuelto a sus recuerdos y fue ahí cuando entró como un loco. Buscó con la mirada en el living, pero no había señales de Kagome por ningún lado. Entró al cuarto, revisó el baño, cada rincón de la casa, pero no había ni una pista acerca de la chica. Justo cuando la desesperación y el miedo lo estaban dominando, con tan solo pensar que algo malo había sucedido, sus ojos se encontraron con el juego de llaves de Kagome, y más arriba, una carta. Corrió hasta ella a grandes zancadas y la tomó desesperado. La leyó con rapidez y se sorprendió de lo que contenía. Su corazón se oprimió terriblemente.

- ¿Pero que rayos...?- Dijo con dolor al darse cuenta que la letra era la de Kagome. Ella misma le estaba escribiendo eso- Kagome...- Musitó abatido por la frustración y la angustia- se ha ido... –

Se tomó la cabeza con ambas manos dejando caer la carta al piso. Ella estaba herida, había herido su orgullo y sus sentimientos. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?. Por eso se había marchado, no quería volver a verlo, por su tonta culpa todo estaba perdido. De pronto, la poca esperanza que tenía se perdió en algún lugar remoto, del que era imposible rescatarla. Perdió a Kagome¡la había perdido!. Era un idiota, un tonto que no sabía como tratar a una mujer. Ahora lo veía con claridad, no se merecía a Kagome, definitivamente, era demasiado para él. Pero ahora más que nunca necesitaba explicarle, decirle que todo había sido un error. Quería verla, y lo haría, ya que, sabía donde encontrarla.

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Se tiró en la cama precipitadamente. ¿Habría leído Inuyasha su carta?. Miró el reloj que marcaban las 11 am en punto. Para esa hora, él ya la tendría que haber encontrado. Cerró sus ojos cansada, después de todo no había podido conciliar el sueño en toda la noche. ¿Cómo hacerlo?. Pero ahora estaba en su casa, en su adorado templo. Su madre le había preguntado mil veces que es lo que sucedió para que ella regresara. Obviamente no podía decirle lo sucedido con Inuyasha, por eso simplemente le dijo que se aburrió de toda esa farsa. Su mente voló una vez más hacia aquel joven de ojos dorados, aún podía sentir el calor de su beso en los labios de ella. Negó rápidamente con la cabeza espantando esos pensamientos y reprochándose por ello.

- No Kagome, no debes pensar más en él- Se ordenó a sí misma al darse cuenta de lo que le estaba pasando.

Pero, realmente no podía evitarlo. Le era imposible no pensar a cada segundo, en cada momento en Inuyasha. Su rostro se aparecía con aquella sonrisa capaz de derretir todo el hielo del mundo. Sus ojos dorados, hermosos, como el mismo fuego. Podría perderse infinidad de tiempo en ellos. Observándolos, admirándolos y descubriendo a través de ellos el alma de aquel joven tan cautivador.

No se acaba el amor con solo decir adiós.

Hay que tener presente que el estar ausente;

No anula el recuerdo, ni compra el olvido,

Ni nos borra del mapa.

Se sintió frustrada en ese momento, una tonta que a pesar de habérselo ordenado, no era capaz de emitir esos pensamientos. ¿Por qué?. Aún después de todo, le era imposible olvidarlo y sacárselo de la cabeza. ¿Cómo podría?. Un hombre como Inuyasha no podía borrarse de los recuerdos de una mujer así como si nada. Se tomó la cabeza con ambas manos. Tonta, Kagome, tonta, pensó al tomar conciencia de lo que le estaba pasando. ¿Por qué no podía simplemente olvidarlo?.

El que tú no estés, no te aparta de mí.

Entre menos te tengo, más te recuerdo.

Aunque quiera olvidarte, estás en mi mente,

Y me pregunto mil veces...

Kagome sonrió al darse cuenta lo patética que era. Después de todo lo que había pasado con Inuyasha, después de todo lo que él le había hecho, aún siendo la causa de su sufrimiento, la herida de su corazón y de su orgullo, ella lo seguía amando. Sí, lo amaba con todo su corazón, igual o con más intensidad que la primera vez que lo descubrió. Pero el amor, era un sentimiento tan puro, tan hermoso, tan consolador¿cómo era posible que la estuviera tratando así?.

¿Por qué es tan cruel el amor?,

Que no me deja olvidar.

Que me prohibe pensar, que me ata y desata,

Y luego de a poco me mata, me bota y levanta

Y me vuelve a tirar.

Kagome cerró sus ojos fervientemente, intentando buscar la respuesta en su corazón. Aunque lo amara, no podía permitir que Inuyasha jugara con ella como si nada. No, ahora se daba cuenta, se sentía mal, adolorida, herida en orgullo y la pregunta si el beso había sido para Kikyo, aún seguía rondando en su cabeza, haciéndola sentir terriblemente mortificada. De la nada, sonó el timbre. Levantó el rostro de la almohada apenas, totalmente desganada. No tenía otra opción más que abrir la puerta. Se levantó con pereza y bajó las escaleras hasta llegar a la puerta. Lo más seguro era que fuera Sango, pero no tenía ganas de hablar con ella. Pero cuál fue su sorpresa que al abrirla se encontró con aquella dorada mirada que tan nerviosa la ponía. Asustada y sin saber como reaccionar, quiso cerrar la puerta, pero la robusta mano de Inuyasha la detuvo antes de que pudiera hacerlo. Kagome sentía su corazón chocar con violencia en su pecho y de pronto sintió como si todo diera vueltas y las piernas le temblaban terriblemente. ¿Y ahora?.

- Kagome, necesitamos hablar- Dijo él como dándole una orden mientras que mantenía la mano en la puerta, casi enterrando sus dedos en la fría madera.

- No quiero¡Vete¡Déjame sola!- Gritó con la voz quebrada y los ojos lacrimosos, segura de que no podría soportar nada más proveniente de él.

- Escúchame por favor, lo del beso fue... -

- ¡NO¡No quiero escuchar nada¡No digas más!- Casi suplicó en un tono de amargura al pensar que Inuyasha quería seguir lastimándola.

- Pero Kagome, debes escucharme, te lo suplico- Rogó Inuyasha como un niño pequeño al ver que ella no quería escuchar razones de nada. Maldición¿cómo iba a poder explicarle?.

- Ya dijiste suficiente el otro día, vete Inuyasha, por favor... me lastimas- Musitó Kagome ya con varias lágrimas cayendo por sus mejillas y con el corazón completamente hecho pedazos. Por más que quisiera tirarse en sus brazos y gritarle que aún así lo amaba más que a su vida, no podía olvidar lo que le había hecho, aunque quisiera... no podía.

Inuyasha la miró adolorido y sintiendo nuevamente un gusto amargo en la garganta. De pronto, nada tenía sentido. Ni reemplazar a Kikyo, ni engañar a nadie, ni las amenazas, ni que podría pasar si se descubría algo. No, lo que ahora le importaba era Kagome, pero, las palabras de ella le dieron a entender lo que tanto había temido, lo que no lo había dejado dormir. Su corazón dio un vuelco y su voz tembló terriblemente cuando las palabras salieron casi en un murmullo acongojado.

- Entonces... ¿es un adiós?- Preguntó con un nudo en la garganta y unos terribles deseos de gritar y llorar sin importarle nada, dejando un lado el orgullo y la opinión de la gente.

- Vete... – Fue todo lo que ella le respondió con la mirada baja, sin atreverse a ver sus ojos, segura de que eso lo empeoraría todo.

Inuyasha la miró por última vez, grabando cada detalle de su rostro y su figura en su memoria y sintiendo como su corazón era un nudo que casi no lo dejaba respirar. Con los ojos casi a punto de derramar lágrimas, se dio media vuelta y salió lo más rápido de allí que pudo. Kagome cerró la puerta de un golpe y apoyó su espalda en ella mientras que caía lentamente al suelo, llorando con amargura. Ya estaba hecho, todo estaba terminado y no había vuelto atrás. Por un momento había sido un hermoso sueño del que quisiera no haber despertado nunca, pero como cualquier ilusión, se acaba y hay que volver a poner los pies sobre la tierra, enfrentándose a la cruel realidad. Escondiendo el rostro entre sus manos, sintió el gusto amargo de la soledad, que ahora era más notoria que nunca. Definitivamente, todo aquello había sido... un adiós.

¿Por qué es tan cruel el amor?...

Continuará...

N/A: Hola a todos!!! No me maten amigos u.u, pero en toda pareja, tiene que haber una pequeña separación. Pero ya verán que servirá de mucho. No se preocupen... n.n Espero les haya gustado y gracias por los reviews y sobre todo los lindos comentarios que me dejaron en "Vuelve a Mí". Me alegra que les haya gustado el final. Sinceramente, a mí tampoco me gusta eso de las reencarnaciones de Inuyasha en el mundo actual de Kagome, no, no, nada de eso. Juntos como son, nada más. Quiero aclarar que por ahora mi compu anda bien, pero si ven que no actualizo en muchos días... es porque nuevamente hizo de las suyas. Todos están en complot para que no siga escribiendo ¬¬ La canción se llama "¿Por qué es tan cruel el amor? Y es de Ricardo Arjona, o al menos el la canta n.nU Bueno, me voy despidiendo!!!. Gracias por todo en verdad amigas y sigan leyendo!!!! Mata ne!!!

Gracias!!

Besos!!

Kagome-