Título: My Secret Lover

Fandom: Inuyasha :)

Pareja: Inuyasha/Kagome of course

Género: Romance/Humor.

Rating: T.

Capítulos y estatus: 12/27

Summary: -¿Quién dijo que la edad importa en el amor? Yo te amo, tú me amas, y los seis años que me llevas sólo hacen que te ame cada día más, Inuyasha- Porque apesar de lo que diga tu alrededor, nadie elige de quien enamorarse.

Disclaimer: Inuyasha es propiedad de Rumiko Takahashi, yo solo los tome prestados para esta idea maravillosa.

Warnings: AU y posible OCC.

N/A: Hola a todos! primero que nada mil disculpas por haberme tardado taaaaaaaaaaaanto tiempo, simplemente tuve un abandono de inspiración y las ganas de escribir disminuyeron considerablemente. De todas formas espero que les guste este capitulo, todavia falta para el final pero creo que es en estos capitulos donde ocurre lo mas emocionante. Saludos a todos y feliz año nuevo!


Capítulo 12: La boda de Sesshomaru = Problemas.

Inuyasha´s POV

Miré el reloj por décima vez, paseándome inquieto a lo largo de mi departamento, a la espera de que Kagome llegara del instituto, había algo muy importante que debía decirle, y no dejaba de darle vueltas en mi cabeza.

Cuando escuché el sonido de la puerta abrirse mi corazón se detuvo en una espera interminable, mientras contaba los segundos para ver su femenina y grácil figura apareciendo desde la sala.

–¿Inuyasha? –llamó caminando lentamente hacia el comedor.

–Aquí estoy –contesté sentando en una de las sillas de la cocina.

Se apresuró hasta llegar a mí, abalanzándose a la seguridad de mis brazos mientras me besaba tiernamente.

–Hola –saludó sonriendo recostando su cabeza sobre mi pecho, entrelazando sus manos con las mías.

–Te extrañé –susurré contra su cabello, embriagado por la esencia de su perfume.

–Y yo a ti, hoy ha sido un día agotador, pero al menos me ha ido bastante bien en los exámenes –comentó jugando distraídamente con los botones de mi camisa, podía distinguir en sus ojos aquellas escondidas ganas de arrancármela de un tirón, y la dejaría hacerlo, pero primero había algo importante de que hablar.

–Eso es genial, no debes descuidar los estudios por estar conmigo Kagome –dije abrazándola con fuerza, temeroso por su reacción cuando le digiera lo que debía decirle–. Pequeña, ¿podemos ir a hablar a la sala, hay algo que debo decirte?

–Claro –aceptó dudosa mientras se ponía de pie, me tomó de la mano y me guió hacia el sofá, sentándose a mi lado con la mirada iluminada e impaciente.

–Bueno… –comencé acariciando el dorso de su muñeca con el pulgar, sin saber cómo seguir–. Mi hermano Sesshomaru se casa en dos semanas, y yo seré el padrino.

–Me alegro por ti Inu –dijo sin mucho ánimo, todavía sin entender lo que yo quería decirle realmente.

–Mi madre me ha pedido que lleve a una acompañante –agregué notando el cambio en su rostro al momento de entender la situación.

–Y esa no seré yo –dijo en un susurro, siendo más una afirmación que pregunta.

–Lo he estado pensando, tú sabes que me encantaría que fueras conmigo, pero no quiero que corras el riesgo de que tus padres se enteren –expliqué enojado conmigo mismo por hacerla sentir de esa forma, ella sabía que yo debía ir a aquella boda con otra mujer para mantener en secreto nuestra relación, aunque los dos odiáramos aquel hecho.

–Está bien, lo entiendo –murmuró, se acercó impaciente a mis labios, besándome desesperada, como si no quisiera pensar más en el asunto, correspondí a ese beso con el mismo sentimiento, disfrutando de la calidez de su cuerpo junto al mío y de lo perfectamente bien que se complementaban nuestras figuras.

Kagome´s POV

Cerré los ojos con fuerza, incapaz de sacarme de la cabeza la idea de ver al hombre de mi vida del brazo de otra, era desgarrador, imposible de soportar, pero por mi bien tendría que morderme la lengua y sentarme a observar, como simple espectadora.

Mientras Inuyasha me recostaba sobre el sillón cubriéndome con su pesado cuerpo y me recorría con manos hambrientas deseé ser tres años mayor, o al menos tener la mayoría de edad, ser lo suficientemente grande para estar con él sin problemas, sin que la sociedad viera mal nuestra relación, deseé que las cosas fueran distintas, que la situación cambiara.

Pero debía dejar de desear imposibles.

–Te amo –susurró contra mi estómago a medida que subía mi camiseta, dejando pequeños besos sobre la sensible piel; a pesar de saber que era verdad, que él me amaba con todo su corazón, la inseguridad había calado hondo en mí.

–Y yo a ti –respondí gimiendo, sintiendo sus grandes manos apretar mis senos sin compasión haciéndome olvidar de todos aquellos absurdos pensamientos.

Al día siguiente.

–¡Kagome! ¡Llegarás tarde a clase! –gritó mi padre desde la planta baja, gruñí muy malhumorada terminando de vestirme, me coloqué los zapatos a la fuerza antes de salir corriendo escaleras abajo.

–Ya estoy –mascullé siguiendo a mi hermano hacia el auto, con el fastidio escrito en el rostro.

–Recuerda que hoy tienes particular a las cinco, yo tengo que llevar a Sota al médico, puedes ir en autobús –dijo mi madre mientras conducía, asentí con la cabeza mirando el costado de la calle como las casas pasaban por mi lado con rapidez, junto a un cielo completamente nublado y oscuro debido a que todavía no había amanecido.

–Le pediré a Sango que pase por mí –dije negándome en rotundo a tomar el autobús, odiaba la inevitable espera en esas paradas atestadas de gente.

–Está bien, siempre y cuando vayas, por mí puedes irte caminando –respondió secamente, últimamente mis padres estaban algo neutros conmigo, temía que estuvieran notando mis ausencias, a pesar de que ellos creían que estaba en lo de Sango era raro que viviera más en su casa que en la mía propia, a pesar de todo, rogué para que sólo fueran imaginaciones mías.

–Te veo en la noche –le dije a mi madre mientras me bajaba del coche y caminaba en línea recta hacia la entrada del instituto sin mirar atrás.

Atravesé los desolados pasillos con una lentitud extrema, todavía era temprano y ni un alma rondaba por allí, al llegar a mi salón encontré a Koga sentado sobre mi mesa, eso no podía ser nada bueno.

–Buenos días –saludé con incomodidad dejando el bolso sobre la silla, con su atenta mirada sobre mí.

–Hola –murmuró él extrañamente serio, parecía querer decir algo, pero no encontraba las palabras correctas o el valor para decirlas.

–¿Necesitas algo? –pregunté intentando no sonar descortés.

–Bueno sí, me preguntaba si querrías salir conmigo mañana –habló rápido, casi en un balbuceo, por lo que me costó un par de segundos entender lo que estaba diciéndome.

–¿Salir? –repetí como una idiota, avergonzada sin saber cómo decirle que no–. Lo siento Koga, pero tengo cosas que hacer.

Prosiguió un tenso silencio, en el cual nuestras miradas bailaban sobre las facciones del otro, inquietas e incómodas.

–¿Es por él cierto? –masculló con los dientes y los puños súbitamente apretados.

–No sé de qué hablas –negué haciéndome la desentendida, por nada en el mundo tenía que enterarse Koga de lo que sucedía.

–Todavía sigues estúpida por Inuyasha ¿no? –murmuró mirándome con el ceño fruncido–. Lamento decepcionarte princesa, pero él nunca estaría con una niña muchos años menor, tiene varias mujeres de su edad para elegir.

Su comentario mordaz cayó como una bomba en mi frágil autoestima. Pero él tenía razón, yo no era nada comparada con las muchas mujeres que debían haber pasado por la cama de Inuyasha, yo nunca sería lo suficientemente perfecta para él, nunca sería suficiente.

–Entre Inuyasha y yo nunca sucedió nada Koga, y jamás lo habrá –expliqué conteniendo el llanto con un nudo en la garganta.

Me miró escéptico, sin duda no me creía ni una palabra.

–Está bien, dejaremos el tema por ahora, no voy a amargarte la mañana –dijo con una inesperada sonrisa, su humor cambió drásticamente, con el rostro iluminado de felicidad se levantó de mi mesa y caminó a paso lentos hacia su asiento, silbando bajito.

Y sin embargo, aunque no hubiera querido, mi mañana ya estaba arruinada, totalmente bajo tierra. Aproveché que todavía era temprano para escabullirme del instituto, tomé mi mochila con rapidez y desaparecí por la puerta, dispuesta a saltarme las clases de todo el día, deseando estar sola con mucho tiempo para pensar.

Salir del predio escolar no fue difícil, sólo habían unas pocas personas que ni siquiera notaron mi presencia, y mucho menos mi huida. Caminé sin rumbo aparente, sin saber a dónde dirigirme y a la vez sin querer ver a nadie en especial, me detuve en un parque sentándome sobre una banca de mármol, dispuesta a meditar tranquilamente.

Sentía la cabeza a punto de explotar, una confusión total danzaba en mi interior, arremolinando mis pensamientos y dejándome aturdida; no sabía qué hacer, ¿acaso debía decirle a Inuyasha sobre mis inseguridades? O quizás ¿ignorarlas ya que eran inseguridades totalmente estúpidas sin fundamento alguno?

Aún sabiendo que él me amaba, que yo era la única mujer por la que el daba su vida, aún sabiendo que no podía estar alejado de mí por un par de horas, a pesar de todo eso, y mucho más, no era capaz de disipar esa maldita vocecita en mi interior que gritaba idioteces

No eres lo mejor para él.

No le llegas ni a los talones.

No lo mereces.

Antes de ti, hubo muchas mujeres, y siempre las habrá.

Sin duda necesitaba conseguirme un psicólogo.

Inuyasha´s POV

¡¿Todavía no has conseguido compañera para la boda? –gritó mi madre al otro lado del teléfono, alejé el aparato de mi oreja con miedo de quedarme sordo y rodé los ojos, tan temprano en la mañana y ya recibía quejas de su parte.

–No madre, todavía no tengo nadie con quien ir –dije esperando interiormente que dejara pasar el tema, al fin y al cabo no era tan importante ir con una mujer, sólo haría la noche más tediosa de lo que ya sería.

Bueno, en todo caso yo tendré que conseguirte una pareja, por lo que sé la hija de unos amigos de tu padre va a ir y está soltera, arreglaré para que vayas con ella –apreté los puños sintiéndome enfermo de repente, mi madre siempre le encontraba solución a todo, y eso era lo que menos quería en ese caso.

–Está bien, lo consideraré –le dije con los dientes apretados mientras la imagen de Kagome se colaba en mi mente, recordándome la mal disimulada expresión de tristeza que había en su rostro cuando le expliqué que debía ir a la boda de mi hermano con alguien que no era ella.

No hay nada que considerar hijo, hoy mismo hablaré con ellos para avisar a la muchacha, ya está todo arreglado.

"Genial" pensé golpeando la pared con un pie, totalmente frustrado.

–Como quieras, te llamaré más tarde –murmuré con la creciente ansiedad de ver a la pequeña demonio que inundaba mis pensamientos, tenía que ver a Kagome.

Ok, saludos –el tono de llamada finalizada siguió sonando unos minutos después de que mi madre cortara, yo seguía inmóvil, sentado sobre el suelo con el teléfono en una mano y la otra enredada en mi cabello, meciéndolo con desesperación.

"Llámala, ahora" me pedía mi yo interno a gritos, tenía que saber que ella estaba bien, aunque sabía que en ese momento se encontraba en clases, la necesidad de escuchar su dulce voz era más fuerte. Busqué mi móvil dentro de mis bolsillos y marqué su número con rapidez, sin querer perder un segundo más.

¿Hola? –su tono al hablar me asustó, parecía estar llorando y sin duda no se encontraba en el instituto, por el ruido de los autos de seguro estaba en la calle.

–Kagome, ¿dónde estás? –pregunté de una forma más brusca de lo que hubiera querido, pero estaba muy preocupado.

Tranquilo Inu, estoy bien, sólo estoy dando un paseo –explicó sorbiéndose la nariz muy por lo bajo con la intención de que yo no escuchara, aunque no tuvo mucho éxito.

–Dime en dónde te encuentras, iré a buscarte –ordené corriendo hacia la salida agarrando las llaves del coche al pasar.

No necesito que me cuides Inuyasha, me encuentro perfectamente –dijo de manera hostil, bufé enojado por su terquedad.

–Has faltado al instituto y estás llorando, de seguro que estás perfecta –gruñí mordazmente subiéndome a mi automóvil y poniéndolo en marcha.

La oí suspirar, indecisa.

Está bien, recógeme en la avenida principal frente al café al que solemos ir –musitó rendida cortando la comunicación, sin pensarlo dos veces salí a la calle encaminándome a dicho lugar.

Kagome´s POV

Mascullé incoherencias en voz baja mientras caminaba por las desiertas veredas a la luz del sol apenas amanecido, me limpié las lágrimas con una de las mangas del saco de mi uniforme, sintiéndome una idiota por llorar sin sentido alguno.

Inuyasha había llamado, y lo había preocupado por una idiotez, ahora de seguro me regañaría y se enojaría conmigo, para luego terminar con la misma escena de siempre: él y yo haciendo el amor en cualquier parte de su apartamento a la que alcanzáramos a llegar, era casi patético.

Simplemente no podía soportar la realidad, el saber que en cualquier momento podría cansarse de mí y elegir a cualquier otra mujer, como haría para la boda de Sesshomaru.

Cuando llegué a la esquina del lugar acordado me senté sobre el cordón, abrazándome las rodillas y apoyando el mentón sobre ellas, a la espera de que él llegara.

Mientras aguardaba su llegada fui consciente de lo estúpida que estaba siendo, estaba desaprovechando la oportunidad de estar con el hombre de mi vida por las absurdas y falsas opiniones de otras personas egoístas, a las cuales les interesaba más dañarme que aportar críticas constructivas.

Las cosas eran de una manera totalmente diferente a cómo yo las veía: Inuyasha me amaba, con toda su alma, y si no fuera así él ya se hubiera alejado de mí a los dos días. Yo lo amaba a él, más que a mí misma, y si eso no era motivo suficiente para estar juntos que la tierra se abriera en dos en ese mismo instante.

Suspiré un poco más amigada conmigo misma, avergonzada por haber dudado de él y de sus sentimientos, por estar preocupada en mentiras.

Un auto negro se acercó a una velocidad alarmante, frenando estrepitosamente frente a mí, la puerta del acompañante se abrió de repente pero el interior estaba oscuro, impidiéndome ver su hermosa figura.

–Sube –demandó con tono serio, al parecer estaba muy enojado.

Le hice caso sin pensarlo dos veces, acomodándome a su lado con la mochila sobre mi regazo, mirando al exterior a través de la ventanilla.

Condujo en silencio, completamente absorto en sus pensamientos, yo tampoco me atreví a hablar, siendo incapaz de articular palabra alguna. Llegamos a su departamento actuando como verdaderos mudos, simulando que el otro no existía, caminamos hacia el ascensor distanciados considerablemente, sin rozarnos ni un pelo. Una vez dentro del cubículo metálico me aferró la mano con la suya, estrechándola con fuerza, pero siguió reacio a observarme, con la vista clavada al frente.

El trayecto por el pasillo se me hizo una eternidad, de repente parecía ser un camino interminable hasta que llegamos a una conocida entrada con una enorme "16" de metal pintado de negro, abrió la puerta con rapidez y se hizo un lado para dejarme entrar primero. Me dirigí directo a la cocina, con la intención de tomar algo que calmara mi creciente sed, mientras lo escuchaba dejar las llaves sobre la mesa y caminar alrededor de la sala, en unos segundos estaba a mis espaldas sujetando mi cintura con fuerza.

–Me tenías preocupado –gruñó con la voz ronca aplastando mi espalda contra su pecho para tener más acceso a mi cuello y poder morderlo con fiereza, enredó una mano entre mis cabellos y los tiró levemente hacia atrás, recostando mi cabeza contra su hombro.

–Lo siento –gemí temblando a causa de la marea de sensaciones, esta vez estaba siendo más brusco de lo normal, pero aquel hecho no hizo más que excitarme notablemente, nuestros encuentros siempre habían sido cariñosos y tranquilos, cómo si tuviéramos miedo de que el otro se rompiera, un poco de rapidez no nos vendría mal a ninguno de los dos.

–¿Por qué llorabas? –preguntó bajando el cierre de mi falda, deslizándola hacia abajo por mis piernas, dejando a la vista mi ropa interior azul.

Una oleada de calor me recorrió entera enrojeciendo mis mejillas, me sentía sofocada y mi cuerpo imploraba por ser liberado de toda la innecesaria ropa.

–No tiene importancia –alcancé a decir en entrecortados suspiros, sus manos hacían magia sobre mi piel, prendiendo fuego cada lugar en donde tocaban, fue cuestión de segundos para que mi camiseta le hiciera compañía a la pollera, en el frío suelo de mármol.

–Dímelo –ordenó mordiendo mi hombro para enfatizar su pedido.

Pero a pesar de todo, mi mente ya no podía unir dos palabras en una frase, nublada y acalorada como estaba lo único que podía decir eran sinsentidos balbuceados.

Al parecer Inuyasha se dio cuenta de mi estado comatoso y dejó pasar el asunto, lo que significó un alivio para mí, no quería explicarle el motivo de mi llanto, era demasiado embarazoso.

Dos semanas después

Inuyasha´s POV

Abrí los ojos con pereza, suspirando al recordar que día era: la boda de Sesshomaru. Gruñí incoherencias mientras me levantaba y me acercaba al baño arrastrando los pies, mojé mi rostro al menos cinco veces intentado despabilarme, no había podido dormir en toda la noche y recordaba el motivo con enojo…

-Flash Back-

–Tengo buenas noticias hijo –comentó mi madre con gran entusiasmo, rodé los ojos observando distraído como Kagome se movía de aquí para allá en la cocina, preparándonos a ambos algo para cenar.

Te escucho –dije sin muchos ánimos cruzándome de brazos.

–Estuve hablando con Rin, la prometida de tu hermano, y me comentó que una de sus damas de honor está soltera, ambas creemos que sería una buena idea si la recoges en su casa y llegan a la iglesia juntos –apreté los dientes en un intento de controlar mi desagradado, la enorme sonrisa de Kagome me torturaba internamente, sabiendo que aquella alegría no duraría mucho más.

Está bien, necesito la dirección –pedí con la mandíbula tensa, acepté rápidamente sin ánimos de armar alboroto, conocía a mi madre y no daría el brazo a torcer, era sí o sí.

–¡Genial! Me alegra que estés de acuerdo hijo, Rin te llamará en unas horas para explicarte como llegar.

De acuerdo, adiós –me despedí apresurado, adivinando la expectación y la tristeza en los ojos de Kagome, no decía nada (y siendo como era, tampoco iba a hacerlo) pero la conocía mejor que a mí mismo.

Le hice una seña con la mano, indicándole que se acercara, me obedeció con lentitud llegando a mí y entrelazando sus brazos alrededor de mi cuello, mientras yo la ayudaba a sentarse sobre mis piernas, sosteniéndola por los muslos.

¿Ya tienes compañera para la boda? –preguntó en un hilo de voz escondiendo la cabeza en mi pecho, sabía que estaba intentando parecer fuerte, inmutable, aunque por dentro estuviera derrumbándose.

Sí –suspiré abrazándola con fuerza, deseando acabar con el dolor que le causaba.

Que bien –murmuró con la voz ahogada.

Kagome, no tienes que fingir que no te afecta –hablé algo enojado, lo que menos quería en ese momento era que ocultara sus sentimientos, yo era un bastardo sin corazón por hacerla sufrir, y ella debía fregármelo en el rostro todo lo que quisiera, lo tenía bien merecido–. Es más llevadero verte llorar y saber que me merezco tus lágrimas antes que guardes todo lo que te lastima pequeña, no nos hace bien a ninguno de los dos –expliqué acariciando su espalda.

Se formó un incómodo silencio, mientras continuaba tocándola a la espera de que digiera algo; sus hombros comenzaron a convulsionarse con los primeros sollozos, todo su cuerpo temblaba levemente debido al llanto, mientras que mi camisa se empapaba poco a poco por sus lágrimas.

Ella lloraba, lloraba por lo que yo le hacía, y me sentía morir.

-End Flash Back-

Gruñí más alto volviendo a la habitación, sobre una silla ella había dejado mi traje, pulcramente planchado, con la excusa de que yo iba a arrugarlo, sonreí melancólico admirando su fortaleza, se había reído de su propio chiste y había llenado el ambiente de alegría, aunque ambos sabíamos que era sólo una frágil máscara que ocultaba una tormenta.

Me desplomé sobre la cama, intentando acallar aquel primitivo impulso de salir corriendo hacia su hogar y encerrarla en mis brazos para siempre, pero no podía, tenía obligaciones que cumplir aunque fueran en contra de mis sentimientos, sin duda la vida me detestaba.

"Mañana tienes prohibido pensar en mí Inuyasha, tu hermano va a casarse y te necesita concentrado al 100%, no te preocupes por mí, yo estaré bien".

Mentirosa, ella no iba a estar bien, YO lo sabía, y sin embargo la abandoné en su casa como si no me importara, dejándola a la merced de su familia que estaba totalmente desentendida de esto, y no podrían sostenerla mientras llorase.

Apreté los puños con impotencia, regañándome por estar perdiendo el tiempo echado sobre el colchón, todavía debía bañarme, vestirme, etc, y no tenía mucho tiempo que digamos.

Kagome´s POV

Frío, sentía tan frío en mi cuerpo. Por más que lo intentara, por más colchas que me cubrieran, aquellas esquirlas de hielo en mi interior no iba a descongelarse.

Me sentía mal, horriblemente mal, pero la persona que podía sanar aquel mal en este momento debía estar alistándose para asistir a un evento muy importante al lado de una mujer que no era yo, al lado de una dama de seguro mucho más hermosa y madura que yo.

No tengo ningún problema al admitir lo insegura que soy, puedo gritarlo sin tapujos, pero ya muchas veces he deseado tener la confianza suficiente en mí misma para no dejarme pisotear por mis propios pensamientos.

Muchas veces me gustaría decir: Ella puede ser todo lo hermosa que le plazca, pero Inuyasha ME AMA A MÍ.

Y muchas veces lo pienso, pero la incertidumbre aplasta todo aire de positivismo como un gran gigante asesino, dejándome indefensa, sola…

Odiaba los momentos como ese, momentos en los que no hay absolutamente nada que hacer más que dejarse atacar por recuerdos y pensamientos. Estaba sola en mi hogar, sola metafóricamente, ya que mi peludo gato me observaba perezoso desde los pies de la cama sin entender el motivo de mis lágrimas.

Giré mi cuerpo quedando de espaldas al colchón con la vista clavada en el techo, suspiré aburrida, necesitaba hacer algo que me distrajera, cualquier cosa que mantuviera mi cabeza ocupada, pero si estás sola y tu madre es una fanática de la limpieza, no te queda mucho por hacer.

Inuyasha´s POV

Maldije apurado buscando mis zapatos debajo de la cama mientras intentaba hacerme un nudo decente en la corbata, estaba atrasado quince minutos y mi madre me mataría si llegaba tarde.

Salí corriendo hacia el ascensor echándome un último vistazo en el espejo, siendo sincero aquel traje azul oscuro no era tan horrible como parecía, debía darle las gracias a mi padre por eso. Una vez dentro del carro lo encendí encaminándome hacia la ciudad, la prometida de mi hermano me había dado la dirección de su dama de honor y por la insistencia de mi madre debía recogerla en su casa para llegar juntos a la ceremonia, menuda tontería.

Conduje un poco más calmado, sabiendo que lo que menos necesitaba en aquel momento era que la policía me detuviera.

Luego de unos minutos me detuve frente a una mansión pintada de blanco, se sentía tan extraño y desagradable ir a buscar a una mujer que no fuera Kagome, casi podía imaginarme la fachada de su hogar, y a ella aguardándome en la entrada con una enorme sonrisa.

Me bajé del coche con un suspiro cansado, quería acabar con eso lo más rápido posible, caminé hacia las enormes puertas de reja e hice sonar una campana un par de veces, a la espera de que la desconocida mujer hiciera acto de presencia, solo rogaba que ya estuviera lista.

Minutos después apareció, levanté la mirada examinándola de pies a cabeza con lentitud.

Piernas largas, bien torneadas (pero no eran como las de Kagome), caderas algo más anchas que las de mi pequeña, cintura muy estrecha, pechos algo chatos, hombros altos, rostro…

¡¿Qué demonios?

–¡Kikio!


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