Capítulo 12

Una dulce cita

― ¿Es realmente necesario que vea esto?

― Sí, querida. Dado que tú no solías ver los Juegos del Amor, estos programas especiales te van a ayudar para que veas cómo va a ser el programa y cómo desenvolverte.

Katniss suspiró, abrazó más fuerte el cojín que traía contra su pecho y subió sus piernas al sillón, acomodándolas de lado.

Oh, Caesar, cómo me ponen tristes estos momentos, cuando se van algunos de nuestros participantes consentidos ― la mujer de peluca celeste se llevó un pañuelo a los ojos.

Mi querida Drucilla, no te pongas triste, porque ahora veremos algunos de los momentos más románticos ― guiñó un ojo a la cámara y susurró ― los besos.

― ¿Besos? ― preguntó Katniss al tiempo que sintió un escalofrío.

― No te preocupes por eso ― Effie le palmeó la pierna ― Aunque no te voy a mentir, quizás tengas que hacerlo casi al final, pero será con la persona que elijas.

Ella regresó la vista a la pantalla, quería gritar, quería aventar el cojín que traía en los brazos contra el televisor; no era justo que le quitaran la opción de elegir el marido que ella quisiera o en su caso, optar por el celibato como era su deseo antes de los Juegos, ahora también le arrebatarían su primer beso y lo mostrarían a nivel nacional.

― Mira, ahí está Johanna. Bannock y ella siempre derrocharon mucha pasión ― negó con la cabeza, pero sonrió ― creo que en exceso. Y bueno fue una sorpresa que al final se quedara con él.

― ¿Por qué? ― ahora sentía curiosidad.

― ¿No te sabes la historia? ― ella negó con la cabeza ― Es algo que jamás debes hacer, así que escúchame bien.

...


...

― Johanna ― la llamó Drucilla ― Ha llegado el gran momento, ¿no estás emocionada?

¡Qué fastidió! ― pensó, pero se forzó a sonreír como tanto le habían insistido que hiciera desde que inició esa burla de programa ― Por supuesto.

Se escuchó un redoble de tambores y los reflectores sobre el escenario comenzaron a girar. Frente a ella estaban parados los dos candidatos restantes, Bannock y Robb.

Tomó aire. Sabía perfectamente a quién debía elegir, pero no quería.

El público gritaba como loco, estaba dividido, aunque la mayoría gritaba un solo nombre.

Los concursantes estaban vestidos con un smoking negro y moño rojo. Bannock se veía relativamente tranquilo, pero a Robb lo delataba una gota de sudor en la frente, estaba nervioso.

― Johanna ― se escuchó la voz de Caesar ― Frente a cada uno de los participantes, se encuentra un pedestal con un anillo de compromiso ― habló más fuerte ― ¡Toma el anillo del concursante que se convertirá en tu esposo!

Caminó hacia el otro extremo del escenario, mostrando seguridad. ¡Qué más daba! Ya habían fastidiado su vida, era justo que ella también los hiciera pagar. Sucedió muy rápido. Tomó el anillo frente a Bannock, para sorpresa de éste, se lo colocó y después se lanzó a sus brazos ― ¡Bannock! ¡Elijo a Bannock! ― después de eso lo besó.

El público comenzó a gritar como loco, después de todo, Bannock era el favorito de la mayoría.

Confeti en forma de corazones rojos comenzaron a caer sobre el escenario y ella alcanzó a escuchar el grito de ¡Corte!

― ¡Qué diablos! ― el joven Mellark se quitó los brazos que rodeaban su cuello― ¡Qué has hecho! ― se llevó una mano al cabello ― ¡Tengo novia!

Robb, por su parte, suspiró aliviado. Era el único candidato que se había inscrito para convertirse en su esposo, todos los demás solo lo habían hecho por publicidad, al parecer su participación en la Arena que la habían mostrado como una mujer fría y sin corazón, había ahuyentado a muchos y Robb fue el único valiente en animarse a casarse con ella, hasta que tuvo la oportunidad de conocerla mejor en las grabaciones lo que lo había hecho arrepentirse.

― Dijiste que no era nada serio. ¿Cuál es el problema?

― ¿Cuál es el problema? No soy yo el que debía casarse contigo, era él ― señaló con un dedo a su contrincante.

― ¡Ah no! ― el otro concursante levantó las manos ― Te eligió a ti, no a mí.

Plutarch de inmediato llegó hasta donde estaban, junto con Caesar y Drucilla.

― ¿Qué pasó Johanna? ― el productor se veía más pálido de lo normal. Volteó y le gritó a su asistente ― ¡Cuando terminen los comerciales, pongan un recuento de las escenas más importantes de ayer y hoy!

Ella se cruzó de brazos ― Ustedes me jodieron la vida, les estoy pagando con la misma moneda.

El productor se pasó una mano por la frente. Desde que iniciaron las grabaciones ella había sido un gran dolor de cabeza.

― ¡Yo no puedo casarme con ella! ― les dijo Bannock.

― ¡Yo no me voy a casar con ella! Lo siento, eligió a Mellark en televisión en vivo ― Robb se sacudió las manos ― Ya no es mi problema.

De pronto alguien la jaló fuertemente del brazo ― ¿Qué has hecho, niña estúpida? ― Blight estaba completamente rojo, estaba sentado entre el público y había corrido al escenario.

― Simplemente hice lo que quería.

― ¿No fue suficiente la muerte de tu padre? ― la miró intensamente ― Habrá consecuencias. ¡Dios, Johanna! Va a haber consecuencias.

De pronto fue como si toda la sangre bajara a sus pies. No había considerado eso; estaba enojada y había actuado por impulso.

― Tiene una llamada del presidente Snow, señor ― un ayudante de la producción vestido de negro, se acercó a Plutarch.

El hombre se quedó viendo por unos segundos el teléfono antes de tomar la llamada y caminar al otro lado del escenario. Al cabo de un minuto cuando mucho, terminó la llamada y volvió hasta donde estaban ellos, tomó el brazo de Bannock y le pidió que lo acompañara un momento.

La vencedora del Siete escuchaba un silbido en los oídos, estaba paralizada, y pensando en toda clase de horrores que podían pasarle a su madre y hermano.

No podía escuchar lo que decían los dos hombres, solo los veía gesticular mucho con las manos. Después de un momento regresaron.

― Haremos esto ― les indicó el productor ― Vamos a continuar normal. El ganador fue Bannock, sonrían, abrácense, bésense… Por favor ― exhaló ― Actúen felices y solo sigan con el espectáculo. Resolveremos lo demás durante la semana.

...

― ¡No puedo creer que quieras vender a mi hermano por un contrato! ― reclamó Rye a su madre.

― ¡No lo estoy vendiendo! ― se defendió la señora Mellark.

― Bannock no se quiere casar, Bárbara ― Bran, su padre, vio severamente a su esposa ― Ya habrá otros contratos en el futuro, no lo necesitamos.

― ¿Sí? Anda, llama tú a la oficina del presidente Snow y rechaza la generosa oferta que nos hicieron de convertirnos en sus proveedores para todos los eventos oficiales por 5 años ― le tendió el teléfono ― No sean ingenuos, no se le puede decir que no.

Bannock tenía la cabeza apoyada en su mano, estaba harto de escuchar a su familia discutir sobre lo mismo, lo habían hecho toda la semana ― Yo me retiro, no quiero saber nada más ― se puso de pie y abandonó el comedor.

A penas iba a subir a su habitación cuando su teléfono celular comenzó a sonar.

― ¿Diga? ― contestó sin reconocer el número del que le hablaban.

― ¡Bannock! ¡Bannock tienes que ayudarme! ― escuchó un sollozo, la mujer al otro lado de la línea hablaba muy rápido y parecía al borde de la histeria ― ¡Por favor!

Él frunció el ceño ― ¿Johanna?

― Sí, soy yo ― no sonaba para nada como ella.

― ¿Estás bien?

― No ― de nuevo un sollozo ― Por lo que más quieras, ven al Centro de Entrenamiento.

Algo estaba mal, así que suspiró ― De acuerdo voy para allá.

Tomó las llaves de su coche y salió de prisa.

Una vez que llegó al edificio, pidió indicaciones y subió de inmediato al quinto piso.

Las puertas del ascensor se abrieron.

― ¿Johanna? ― preguntó. Desconocía el lugar, así que caminó despacio llamándola ― ¿Johanna estás aquí?

― Bannock, viniste ― la vencedora salió de la sala y se le acercó.

La chica frente a él no se parecía en nada a la mujer fuerte que había conocido durante las grabaciones del programa. Estaba despeinada, llorando y se veía muy vulnerable.

Subió la mano tentativamente y limpió las lágrimas que resbalaban por su mejilla ― ¿Qué pasó?

― Ven conmigo ― lo tomó de la mano y lo guio hacia una pequeña terraza.

― Jo…

― ¡Por favor ayúdame! Mi hermano sufrió un accidente hace dos días y mi madre me dice que está muy mal ― sus lágrimas continuaban resbalando por sus mejillas.

― ¿Cómo? ¿Qué le pasó?

― ¡Fue mi culpa! ¡Todo fue mi culpa!

― ¿De qué hablas? ― la tomó por los hombros ― Cálmate.

― La muerte de mi padre fue porque yo me negaba a participar en los Juegos del Amor.

― ¿Qué dices? Tu padre murió en un accidente.

― ¡No fue así! ― gritó y se llevó una mano a la frente ― Snow lo mató y ahora con lo que hice en el programa… al elegirte a ti y no a Robb, mandó lastimar a mi hermano.

― Johanna eso no puedes saberlo.

― ¡Lo sé! ¡Abre los ojos! Él controla a todos y todo, y castiga a los que no siguen sus órdenes ― comenzó a caminar de un lado a al otro.

Quizás su madre tenía razón y no podían rechazar la oferta que les habían hecho.

― Johanna ― la tomó del brazo ― Para un segundo, dime ¿cómo puedo ayudarte?

― ¡Cásate conmigo! ― lo miró con sus intensos ojos cafés ahora hinchados por las lágrimas ― Cásate conmigo y ayúdame a resolver esto, ayúdame a traer a mi hermano al Capitolio para que puedan salvarlo y yo… yo te prometo que seré una buena esposa. Haré todo lo que me pidas, pero por favor…

Bannock de nuevo la tomó del rostro con las manos y le limpió las lágrimas con los pulgares. Le partía el corazón verla así, cuando sabía que era una mujer fuerte y orgullosa. La atrajo hacia él y la abrazó y de nuevo una corriente eléctrica recorrió todo su cuerpo como lo hizo la primera vez que la tocó.

No podía negar que había una gran química entre ellos y se sentía profundamente atraído por ella, era algo que no podía explicar, y sabía que él podía pelar sus capas exteriores y ver a la verdadera Johanna.

Cirilla, la chica con la que había estado saliendo, no le gustaba mucho, era muy interesada y superficial, pero era de buena familia, razón por la cual, su madre había insistido en que saliera con ella, incluso había orquestado su primera cita, pero no era para él.

Respiró hondo, no podía salir de esta ― Tranquila. Lo haremos.

― ¿En verdad?

― Dudo que pueda cancelar el compromiso ― le acarició el cabello ― Te ayudaré para que puedas traer a tu hermano aquí lo antes posible. Y sé que ambos nos esforzaremos para que esto funcione.

― Funcionará, sé que funcionará.

...


...

― La pastelería de Peeta está muy cerca de aquí, no tardaremos en llegar.

― ¿Está en New Heaven?

― Claro, querida. ¿Recuerdas que te comenté que en New Heaven se encontraban las más exclusivas y costosas tiendas del Capitolio? Pues la Pastelería Mellark es la más cara de todas, y muy pronto verás por qué.

Era raro, pero por alguna razón era la primera grabación a la cuál deseaba ir, a las demás se sintió obligada.

El auto paró en una esquina. Cuando bajaron del coche, Katniss caminó derecho hacia el edificio de dos pisos de cantera y se quedó fascinada observando uno de los dos aparadores que tenía la pastelería. A lo largo se podían observar pasteles de varios pisos de alto sobre bases giratorias, con colores y diseños que jamás había visto en un pastel.

― ¿Te gustan? ― le preguntaron al oído y ella no pudo evitar dar un pequeño sobresalto ― Lo siento, no fue mi intención asustarte.

― Peeta ― le sonrió aun con la mano sobre el pecho ― No te escuché llegar y eso que tengo muy buen oído, creo que estaba encantada viendo este pastel, tiene una sirena arriba y todos los detalles marinos…

― Ese es una réplica de un pastel que le hice a Annie por su cumpleaños, por encargo de Finnick.

― ¿Tú lo hiciste? ― preguntó incrédula.

― Sí ― sonrió.

― ¿Todo?

― Claro, de eso trata mi negocio. Estos pasteles son especiales porque intento plasmar en ellos los sueños de las personas. Y todos los que ves en el aparador, los hice yo, aunque también tengo grandes trabajadores a mi lado, verdaderos artistas en realidad, que me ayudan, porque de un tiempo acá no nos damos a vasto con los pedidos.

― ¿Quieres decir que este coche de aquí también es un pastel? ― frente a ella estaba un auto deportivo rojo, el cual tenía las luces encendidas y llantas que giraban.

― Sí, también es un pastel ― le guiñó un ojo ― Aunque tiene una base y pequeños motores de juguete para hacer girar las llantas y que prendan las luces.

― Muchachos ya vamos a empezar ― se acercó a ellos Plutarch ― Y debo decir que me da gusto que ya se conozcan y no tener que hacer de nuevo las presentaciones. Así que espero que, teniendo esta pequeña ventaja, ambos me den a mejor cita del programa. ¿De acuerdo?

Empezaron con la grabación.

Peeta hizo la presentación como lo habían hecho los demás, bueno no como los demás, porque en su opinión, Katniss veía mucho más carisma en él, su sonrisa era hipnotizante y se veía muy atractivo con el uniforme que llevaba puesto, una filipina blanca cruzada con pequeños botones azul marino y unos pantalones del mismo tono de azul con unas finas rayas blancas.

Pero ¿qué estaba pensando? Se llevó las manos al rostro al sentirse un poco caliente, pero de inmediato se repuso y se forzó a poner atención.

― Ven conmigo ― le guiñó un ojo el rubio y le tendió la mano.

Ella se la dio e ingresaron juntos a la pastelería. Una vez adentro, se quedó parada por un momento observando todo a su alrededor. El lugar era hermoso, el techo estaba pintado como el cielo, con nubes tras las cuales quería asomarse el sol; los muebles sobre los que estaban los pasteles eran de madera color blanco, y al frente había una gran vitrina transparente con luz que iluminaban pequeños pastelillos, pan y pays. Los pisos eran de duela color gris claro y a un costado, entre los hermosos pasteles, estaban colocadas pequeñas mesas y sillas, y las paredes estaban cubiertas por hermosos cuadros.

― ¿También cuentan con cafetería?

― No, esas mesas son para los clientes que vienen a ordenar un pastel, pero mi hermano Bannock y mi padre, si tienen cafeterías en sus negocios, espero después me puedas acompañar a conocerlos, tienes que probar los mejores emparedados de Panem.

― ¿Continuamos? ― los interrumpió Fulvia. No podían evitar distraerse y conversar como si no hubiera nadie más, le gustaba mucho charlar con él.

Peeta dio otra breve explicación de su negocio, e invitó a las personas a ir y agendar su pastel con tiempo, ya que en fechas especiales tenían incluso lista de espera. También comentó que siempre tenían a la venta el pan que se mostraba a las vitrinas, antes de pasar al área de trabajo.

Katniss estaba asombrada ― El lugar es muy grande.

― Lo sé, no da esa impresión desde afuera, ¿verdad?

― No.

Había muchas mesas de trabajo, estantes con todo tipo de materias primas para elaborar pasteles y decorarlos, hornos gigantescos, batidoras industriales, refrigeradores, y todo estaba muy bien iluminado y relucía de limpio a pesar de la cantidad de personas que laboraban ahí, Peeta le había dicho que contaba con quince empleados.

― ¡Atención! ― aplaudió Peeta y todos voltearon a verlo ― Quiero presentarles a mi amiga Katniss Everdeen.

― Mucho gusto, buenos días ― comenzaron a decir.

― ¡Vamos! Demuestren que no son tan serios y son más amigables que eso. ¿Por qué no se presenta cada uno de ustedes y le dice qué hacen exactamente?

Katniss sonrió mientras cada uno de los trabajadores se presentaba, se veía de inmediato que el ambiente de trabajo en ese lugar era muy cálido y se notaba el respeto y la amistad que tenían hacia su jefe y entre ellos. Todos hablaron menos un joven que lo hizo a través del lenguaje de señas y una mujer mayor a su lado fue su traductora.

― Muchas gracias a todos ustedes ― les dijo dejando de lado sus nervios ― Es un placer estar aquí hoy y en verdad los felicito porque es admirable el trabajo que hacen aquí, las obras de arte que vi allá afuera… son increíbles.

― Muchas gracias ― contestaron.

― Bien, ya fue mucha charla, vuelvan a lo suyo ― indicó Peeta, por alguna razón estaba algo sonrojado, al parecer le habían estado haciendo algunas señas.

― ¡Shuwisp! ― el hombre que se presentó con ella como Jacko de cabello corto rojo bajo la redecilla, hizo la onomatopeya del chasquido un látigo y el ademan de agitarlo.

Todos los empleados rieron y Peeta solo negó con la cabeza, pero no pudo contener la risa.

― Solo están bromeando. No les hagas caso ― colocó ligeramente la mano sobre su brazo.

Fulvia se aclaró la garganta tras de ellos ― ¿Ya podemos continuar?

― Está bien Fulvia, querida ― dijo de inmediato Plutarch ― Hemos estado grabando todo. Me encanta como esta cita fluye más natural y menos forzada, podremos sacar buenas tomas de lo que captamos. Ahora Peeta ― se dirigió a él ― ¿Podrías explicarnos que hacen aquí en las diferentes estaciones de trabajo? Pero hazlo como si se lo estuvieras contando solo a Katniss, creo que así va a gustar más. ¿Están de acuerdo?

― Me parece bien ― contestó el rubio.

Era increíble la pasión con la que hablaba y describía todo lo que hacían ahí, se notaba que disfrutaba en verdad de su trabajo y era bueno saber que reconocía el buen desempeño de sus colaboradores.

― ¡Es un dinosaurio!

― Un Tiranosaurio Rex para la fiesta de cumpleaños de un niño ― le sonrió una mujer baja de estatura que estaba sobre una escalera acomodando los colmillos del animal.

― Los colores… ― Katniss se acercó para verlo más de cerca ― ¿Tú lo pintaste?

― Todo eso fue obra de Peeta, yo solo me encargo de los pequeños detalles ―fijó con cuidado otro colmillo ― Es un artista, también hizo los cuadros que están al frente y pintó el techo de la tienda.

― Pero sin la ayuda de ellos, no hubiera hecho nada, créeme ― dijo él y se llevó una mano a la nuca, se había sonrojado un poco ― Ven, quiero que veas este tren que hizo Publio.

Frente a ella estaba un tren como el que había visto en sus libros de texto.

― Es una locomotora de vapor, nuestro cliente colecciona todo tipo de trenes y su esposa nos lo pidió para su aniversario.

Las ruedas giraban y salía humo de la parte de arriba.

― Gran trabajo, Publio ― palmeó la espalda del joven ― Solo pasa de nuevo el aerosol en esta parte de aquí y aquí, para que se vea más vivo el color.

― Enseguida.

A continuación, vieron el trabajo que estaban haciendo los demás. En verdad era muy interesante y aprendió que algunos de ellos eran especialistas en ciertas cosas, había incluso un escultor, una estudiante de diseño, otra de artes plásticas y todos se veían contentos con su trabajo. El tiempo se había pasado volando y ella no lo había sentido para nada, y pronto se encontraron en la ultima estación.

― ¿La parte de arriba también pertenece de tu negocio?

― Sí, arriba esta la bodega, mi oficina y un pequeño departamento. Cuando es mucha la carga de trabajo me tengo que quedar a dormir aquí.

― Muy bien ― dijo Plutarch ― ¿Hacemos un break de 15 minutos o quieren continuar?

Katniss volteó hacia al frente, ahí estaban su escolta, su estilista y su mentor con las manos llenas de pastelillos, conversando, Cinna volteó y le guiñó un ojo. Nadie se veía cansado y al menos ya estaban comiendo algo.

― Por mí podemos continuar ― se giró hacia Peeta.

― Continuemos ― se encogió de hombros.

― Excelente ― comentó el productor y les pidió a dos camarógrafos que se acercaran a una mesa de trabajo que estaba al frente y tenía algunos recipientes e ingredientes esparcidos por la mesa.

― ¿Qué vamos a hacer?

― Cupcakes ― le guiñó un ojo el rubio.

― ¡Pero yo jamás he horneado pan!

― No te preocupes, es lo más fácil del mundo y yo te voy a guiar paso a paso ― tomó un delantal y se lo pasó por la cabeza, haciéndole a un lado la trenza y rozándole el cuello con los nudillos, aunque no fue de forma deliberada, el calor de su mano mandó una pequeña descarga eléctrica a través de su cuerpo, después se lo sujetó por la cintura.

― Esperen, esperen, esperen ― los detuvo Plutarch ― ¿Es realmente necesario el delantal? ¿No tendrás uno más pequeño o de los que solo se ponen en la cintura? El vestuario que trae está perfecto y quiero que lo luzca.

Traía una falda amplia a las rodillas, con rayas anchas horizontales blancas y negras, y una blusa azul rey.

― No creo que sea muy buena idea… ― empezó a decir ella.

― Podemos doblar la parte de arriba y solo lo amarro de la cintura ― sugirió él ― Estarás bien ― le apretó ligeramente el brazo.

― Así me gusta. ¡Esa es la actitud! Y como lo han hecho hasta ahora, por favor actúen como si estuvieran ustedes solos.

Peeta comenzó a explicarle que ingredientes llevaba la mezcla para los cupcakes ― En este tazón de aquí, mezcla la harina, el polvo de hornear y añade media cucharadita de sal. Yo voy a batir la mantequilla con el azúcar hasta que esponje y te lo paso para que añadas los huevos y los polvos. ¿De acuerdo?

Ella asintió con la cabeza y se pusieron a trabajar, mientras Peeta daba algunos consejos sobre cómo hacer que los cupcakes quedaran más esponjosos.

― Perfecto, te paso este tazón, ya añadí los huevos, y mientras tu continúas batiendo la mezcla, añadiré poco a poco la harina, solo hay que cuidar que no queden grumos.

La seriedad con la que hablaba, el tenerlo tan cerca rozando a cada rato su brazo, era un distractor ― Entendido.

Continuó batiendo la mezcla mientras Peeta vertía la harina poco a poco, todo iba muy bien y de pronto, no supo qué pasó, pero la batidora manual comenzó a ir más rápido haciendo que se salpicaran por completo con toda la mezcla, y por supuesto ella fue la más perjudicada, su blusa azul estaba completamente manchada, parte de su barbilla y brazos; Peeta a su lado, también había resultado con manchas, pero nada comparado a como estaba ella.

Todos se quedaron en silencio, ella extendió los brazos y volteó a verlo ― Así que ¿Es lo más fácil del mundo?

No pudo aguantarse más y Peeta estalló en carcajadas ― Lo siento, lo siento. A cualquiera le puede pasar.

― ¿Te estás burlando de mí, Mellark? ― Estaba tratando de contener la risa.

― No, no, para nada.

Sin pensarlo, lo abrazó y se restregó contra él, sin saber el efecto que causaba en el rubio ― Ahora los dos estamos igual de manchados.

― Casi ― él tenía la mirada más intensa ― Te faltó una parte ― estiró el dedo índice, lo pasó por la barbilla de Katniss, la cual estaba manchada y después se lo llevó a la boca.

Ella rio, tomó con su dedo un poco de mezcla del tazón y se lo embarró en la nariz ― Así está mejor.

Era como si estuvieran en su mundo y hubieran dejado fuera de él al resto de las personas ahí presentes.

― ¡Por Dios, Katniss! ― exclamó Effie.

― No te preocupes ― aclaró de inmediato el productor ― Esto es oro puro, es exactamente lo que quiere ver la gente. Cinna, trajiste otro cambio ¿verdad?

― Sí, enseguida voy por él ― salió por las puertas dobles y casi chocó con un joven de cabello azul que iba entrando.

― Rye, ¿Qué haces aquí? ¿No se supone que deberías estarte encargado de ese asunto? ― Peeta le pasó un trapo para que se quitara la mezcla que traía en los brazos.

― Bannock y Johanna lo están haciendo perfectamente, mejor dicho, Jo, incluso quemó tres charolas de croissants ― volteó a ver a Katniss ― ¿No vas a presentarnos?

― Lo siento, claro. Katniss, te presento a mi hermano Rye.

― Mucho gusto ― estiró la mano para saludarlo.

― Wow, ustedes sí que saben divertirse ― los vio de arriba abajo.

― Tuve un pequeño accidente con la batidora.

― Algo que le pasa a cualquiera ― Peeta le restó importancia ― ¿Qué haces aquí, Rye?

― Tranquilo. Solo quería ver como estaban y conocer a Katniss ― le guiñó un ojo ― Además, Plutarch va a entrevistarme para el programa. Dos cuñadas vencedoras, creo que eso me hace especial.

― Aquí está el vestido ― Cinna llegó a su lado con un porta traje en el brazo ― ¡Qué tal, Rye! Gusto en verte ― Intercambiaron saludos.

― Si quieren podemos ir arriba al departamento ― sugirió el rubio ― Ahí será más cómodo para que te cambies.

...


...

Entraron al departamento. Éste era muy bonito y amplio.

― Puedes usar la recámara para cambiarte, yo solo voy a tomar otra filipina y unos pantalones ― abrió una puerta ― Aquí hay un baño, puedes usar lo que necesites.

― Yo voy por el estuche de maquillaje, lo olvidé en la camioneta ― comentó Cinna ― Aunque no crea que sea necesario, solo no te talles mucho el rostro cuando te lo limpies para que no te quites la base y estará bien con una capa más de polvo.

Katniss cerró la puerta de la recámara, colocó el porta traje sobre la cama tamaño King y lo abrió para sacar su vestuario y cambiarse; mientras lo hacía volteó a su alrededor, la habitación era sobria y elegante, le gustó, la pared tras la cama era gris, el respaldo de la cama, los burós y el armario al otro la do de la cama eran blancos esmaltados, la sobrecama y almohadones eran grises con negro y rojo oscuro, pero lo que más sobresalía de la decoración eran dos grandes pinturas de óleo que colgaban sobre el respaldo, uno mostraba las ramas de uno árbol llenó de hojas con diferentes tonalidades de rojos y naranjas, y el otro era igual pero la hojas del árbol eran verdes, y ambas en una esquina traían como firma "P. Mellark", lo de alguna forma la hizo sonreír.

Cuando se cambió de ropa se metió al baño para verse en el espejo y terminar de limpiarse el rostro, no había sido tanto el daño como lo había imaginado, buscó una toalla y al no encontrar una, se limpió rápido con papel.

Abrió la puerta de la recámara para salir, pero topó con una pared, no, no era una pared porque la pared no estiraba los brazos y la toma de la cintura para no cayera al piso.

― Peeta…

Estaban muy cerca el uno del otro, tanto que podía sentir su aliento en el rostro. En ese momento vino a su mente lo que le había comentado Effie, iba a ser necesario que se besara con alguno de los candidatos hacia el final del programa y no quería que las cámaras grabaran su primer beso. Bajó la mirada a sus labios, ¿qué se sentiría besarlos?, sentía el pulso acelerado, pero era ahora o nunca, así que decidió tomar al toro por los cuernos y se acercó lentamente a él.

...


...

Hace 23 años

Chaff llenó de nuevo su vaso con whiskey, mientras él volvía a encender otro cigarrillo.

Sus tributos estaban muertos, Samara había caído en manos del tributo masculino del Cuatro, y Roger, lo había hecho tres días después a causa de mordedura de un muto en forma de cobra.

― Los primeros son los más difíciles, amigo ― estaban en la azotea del centro de entrenamiento, sentados en la pequeña sala de jardín con la mirada perdida en el panorama ― Quieres hacer todo para sacarlos con vida de ahí, no puedes evitar involucrarte más de lo debido con ellos, conversar, incluso puede que los conozcas y fueran tus compañeros en la escuela, o vecinos, o te los toparas cada tarde mientras hacías un encargo de tu madre ― le dio un trago al whiskey ― Pero con el tiempo se vuelve un poco menos doloroso, creo que la clave es tratar de mantener la relación con ellos lo más profesional posible, porque cuando dejas que te hablen de sus sueños, de su familia ― sacudió la cabeza.

― No conocía a Samara, pero con Roger llegué a jugar varias veces fútbol, era un buen chico y estudié con su primo en la escuela ― sacudió con el pulgar el cigarro para que la colilla se cayera el suelo ― Su primo fue a verme mientras los chicos estaban en sus despedidas, me suplicó que lo salvara, quería que se lo prometiera.

― Nunca hagas eso ― el moreno negó con la cabeza ― No puedes prometer traer a alguien de regreso de los Juegos, simplemente no se puede. Los Juegos nos deshumanizan y probablemente esté mal decirlo, pero después de la cosecha tienes que ver si realmente tienen potencial, si ninguno tiene la edad correcta o la fuerza… amigo, ni para qué molestarse, porque nada de lo que hagas o les mandes, los sacaran de la arena con vida.

Haymitch abrió mucho los ojos, en verdad era una sugerencia muy cruda, aunque tenía razón, él sabía de antemano que el agua no iba a salvar a sus tributos, pero iba a saciar su sed y había sentido una pequeña esperanza de que Roger lo lograría, era listo, fuerte, pero estaba seguro de que lo habían matado a propósito, no estaba entre los favoritos.

Estuvieron tomando un rato más, la mayor parte del tiempo en silencio. Ya no había nada más que decir.

― Tengo que irme ― Chaff suspiró y se puso de pie ― Mañana Loki tiene cita con el doctor y quiero acompañarla. ¿Vas a estar bien?

Se encogió de hombros, ya qué más daba ― Supongo ― levantó la vista ― Salúdame a Lucrecia.

― De tu parte ― el moreno tomó la botella, le quedaba casi la mitad y se la colocó enfrente ― Necesitarás más de esto.

Se quedó solo, y continuó bebiendo y prendiendo un cigarrillo tras otro, sentado en el mismo lugar sin moverse, no podía evitar repasar en su mente todos los sucesos en la arena, ¿Y si el paracaídas con el agua había provocado la muerte de Samara? Si Roger hubiera volteado a tiempo y no se hubiera distraído con el anuncio de los tributos caídos, ¿habría podido matar a la serpiente? No tenía caso pensar más en ello, pero no podía evitarlo. Agarró la botella para servirse más, pero estaba vacía, después hizo lo mismo con la cajetilla de cigarros y su decepción aumentó.

― ¿Haymitch?

Levantó la mirada, pero no podía enfocar muy bien la vista, todo se tambaleaba un poco a su alrededor.

― ¡Por Dios, Haymitch! ¿Qué has hecho? ― Effie se acercó a él y le quitó el cabello del rostro.

― Hooola princhesa ― habló con la voz ahogada y poco entendible.

― Vamos abajo ― trató de hacer que se pusiera de pie, y cuando por fin lo logró, pasó un brazo por su cintura ― Necesito que tomes agua o mañana te sentirás peor que ahora.

― ¿No me vaaas a saludarrr? ― inclinó la cabeza para besarla, pero ella se giró y el beso terminó en la comisura de la boca.

― Haymitch ― arrugó la nariz y abrió la puerta que daba hacia las escaleras que bajaban al penthouse ― Tu aliento es terrible.

Él subió la otra mano a su boca, sopló y se olió ― Noshcierto, peeero la señorita es delicada y solo quiere aliento de mentaaa.

Bajaron la escalera despacio, Effie tenía miedo de caerse junto con Haymitch, y cuando llegaron al piso, lo llevó directo a su habitación y lo obligó a sentarse en la cama.

― Mmm ― sonrió y levantó los ojos rojos y vidriosos a causa del alcohol ― Yaaa sé que es lo que quieresss ― colocó la mano entre sus piernas y la subió para acariciarla.

― ¡Por supuesto que no! ― alejó su mano de un manotazo ― Borracho no ― suspiró ― Voy por agua y unas aspirinas y ahorita regreso.

Él se dejó caer de espaldas y se puso a ver el techo, era extraño cómo se movía, como si se acercara más a él y luego se alejara.

Escuchó de nuevo la puerta.

― No, no, no. No te acuestes, necesito que primero bebas mucha agua ― la rubia colocó un gran vaso en la mesita de noche y las pastillas y después lo tomó del brazo para levantarlo.

Pero cuando su prometida hizo que se sentara de nuevo, no pudo evitarlo y vomitó.

― ¡Haymitch mis zapatos, mis piernas! ― arrugando la nariz, lo tomó del brazo e hizo que se metiera de prisa al baño que estaba a un lado.

Y mientras él estaba inclinado en la taza del baño, sintió que alguien le retiraba el cabello de la cara y después le pasaban una toalla húmeda por el rostro y cuello.

― Supongo que es mejor que eches todo fuera de una vez.

Después escuchó el agua de la regadera correr ― ¿Me vas a bañar, princesa?

― Olvídalo. Es para lavarme las piernas.

Quería voltear a verla, pero no tenía la fuerza para levantar la cabeza, estaba con el brazo sobre el asiento del sanitario recostado.

Devolvió de nuevo, ya ni recordaba cuantas veces lo había hecho, pero cuando se estaba quedando dormido, Effie hizo que se pusiera de pie, le lavó el rostro, le limpió el cabello y lo forzó a cepillarse los dientes. Su mente seguía algo confusa, pero no tanto como antes, así que fue consciente cuando ella lo sentó en la cama y lo ayudó a cambiarse de ropa.

― Debería pedir que quemaran esta ropa, ¡apesta! ― se metió al baño para echarla en el cesto de la ropa sucia.

― Claro, porque tú puedes darte el lujo de tirar la ropa a la basura todos los días y comprar nueva.

― No, no fue mi intención… yo no tiro la ropa, en mi familia la donamos a la caridad.

― No me interesa lo que hagas o dejes de hacer ― se acostó ― Solo hablas de ropa cuando hay cosas más importantes a tu alrededor, mis tributos murieron y ahora tengo que regresar al Doce a entregar dos féretros.

― Haymitch, lo siento mucho ― se acercó a la cama para moverle las piernas y poderlo cubrir con la sábana y el edredón ― No me juzgues mal, no seas injusto ― continuó hablando mientras lo arropaba ― En verdad, lamento mucho las muertes de Samara y Roger, por eso estoy aquí, vine a verte porque no contestabas mis llamadas y necesitaba saber cómo estabas ― se sentó a su lado.

Él rio sin ganas ― Ya me has visto, no sé con que cara voy a ver a sus familias.

― ¡Pero no fue tu culpa!

― Lo sé, pero no se siente así ― levantó las manos ― Ya las tenía manchadas de rojo, ahora simplemente agrego dos más a la cuenta.

― Haymitch ― dijo suavemente. Tomó una de sus manos y la puso sobre su regazo para acariciarle los nudillos.

― Odio este lugar. Solo quiero ir al Doce y quedarme en la casa con mi madre y mi hermano y no volver más aquí, pero apuesto a que tú no me das a dejar disfrutar por mucho tiempo de su compañía, porque se acerca mi cumpleaños y apuesto que en esa cabecita bonita que tienes, debiste planear una fiesta estúpida en la casa de tus padres o quizás en alguna disco, para que tus amigos vean que tu prometido ya es mayor de edad ― comentó con los ojos ya cerrados.

Eso le dolió, era verdad. Tenía tiempo planeando la fiesta de cumpleaños de su novio y como si le hubiera leído la mente, había reservado un área en una de las discotecas más famosas del Capitolio.

― Haymitch yo… ― volteó a verlo, pero él ya estaba dormido ― No haremos nada que no quieras, amor ― se agachó para besarlo y después de eso se retiró.

...


...

Llegó a la estación del distrito Doce, a diferencia del año anterior que estaban casi todos los habitantes ahí para recibirlo, ahora estaba casi vacía, solo había cinco personas en el anden, su madre, su hermano, el alcalde y dos agentes de paz.

Haymitch bajó y fue de inmediato a abrazar a su madre, los ojos le picaban, pero contuvo las ganas de llorar que sentía, no había vuelto a llorar desde la muerte de su padre hacía varios años. En esta ocasión el viaje del Capitolio a su distrito se había sentido interminable, y lo único que deseaba en ese momento era estar con su familia, necesitaba que lo reconfortaran.

― Lo hiciste bien, muchacho ― le dijo el viejo alcalde cuando se acercó.

― Las familias de Samara y Roger…

― No te preocupes por eso. Yo me haré cargo como todos los años, no es necesario que tú estés presente.

Asintió con la cabeza en agradecimiento.

― Vamos a la casa, Mitch ― lo abrazó por la cintura su madre.

― Yo me llevo tu maleta ― su hermano se la quitó de la mano.

Caminaron en silencio hasta la Aldea de los Vencedores, durante todo el camino, evito las miradas que le dedicaban los habitantes que se iban topando, no deseaba ver miradas inquisidoras que lo hicieran sentirse más culpable de lo que ya se sentía.

Llegaron a la casa y se fueron directo a la cocina.

― Siéntate, te prepararé un chocolate caliente ― desde que podían darse el lujo de tomar chocolate, esa bebida se había convertido en una de las favoritas de su madre y hermano, y siempre la utilizaba cuando sabía que alguien necesitaba que le levantaran el ánimo.

― Gracias.

― Mitch ― dijo mientras ponía la leche a hervir ― Nadie te culpa de lo sucedido, créeme, me lo han dicho.

― ¿Qué te han dicho?

― Los padres de Samara son vecinos de mi amiga Amelia; le dijeron que sabían que su hija no iba a salir con vida, y dado el infierno que fue la Arena… ― partió una tableta de chocolate ― sabían que ese día iba a morir de sed, incluso su padre… ― suspiró ― Trevor, el padre de Samara, hizo ayuno, no bebió ni comió nada desde que iniciaron los Juegos, sabía más o menos lo que estaba sufriendo su hija, y está muy agradecido contigo por el agua que le enviaste.

No podía creer lo que estaba escuchando ― Pero probablemente si no le hubiera enviado el agua, no hubiera alertado al chico del Cuatro de su posición y…

― Hubiera muerto de todas formas, sufriendo una terrible sed.

Él recargó la cabeza en su mano, ya no quería escuchar nada más relacionado con los Juegos ― Ya no quiero hablar de eso.

― No lo haremos, solo una última cosa ― dejó de batir por un momento el chocolate para verlo ― No quiero que te quedes encerrado aquí, puedes salir, nadie va a decir una palabra. ¿De acuerdo?

No deseaba salir, a decir verdad, no pensaba hacerlo, pero asintió para complacer a su madre.

Por cierto ― colocó la taza con la bebida caliente frente a él ― ¿Cuándo tienes que regresar al Capitolio?

Él se encogió de hombros ― No sé, pero apuesto que para mi cumpleaños, no dudo que Effie tenga planeado algo.

― Falta poco ― se sentó a su lado ― Aprovecharemos el tiempo que estés aquí.

...


...

Haymitch recogió los platos después del desayuno y los colocó en el fregadero ― Mañana es mi cumpleaños y al parecer estaba equivocado con respecto a Effie.

Su madre sonrió mientras pasaba un trapo por la mesa ― Creo que la extrañas, Mitch.

― ¡Qué dices, ma! Claro que no, es un gran dolor en el trasero, si la conocieras me darías la razón.

― Haymitch Abernathy ― se puso las manos en las caderas ― ¿Qué forma es esa de expresarte de tu prometida? Te crié mucho mejor que eso. Y para tu información, me encantaría conocerla, con lo que hemos hablado por teléfono, creo que es una chica maravillosa y no dejaré que vuelvas a expresarte así de ella en mi presencia, ¿entendido?

Él rodó los ojos ― Sí, ma.

― No me ruedes los ojos ― le pegó juguetonamente con el trapo en el brazo cuando pasó a su lado.

― ¡Mamá! ¡Mitch! ― les gritó su hermano ― Hay un coche parado en la entrada.

― ¿Un coche? ― Haymitch volteó a ver a su madre, pero ésta no parecía tan sorprendida.

Fueron de inmediato a la entrada ― Espera má, yo abro la puerta, no sé de qué se trate esto y …

― Tonterías ― su mamá abrió la puerta de par en par.

― ¿Señora Abernathy?

― Effie, hija. ¡Bienvenida!

No podía ser, su prometida estaba en la puerta de su casa, acompañada ni más ni menos que de su abuela, y con un montón de maletas.


¡Hola!

¿Les gustó el capítulo? Ahora fue extra largo, pero no quería dejar pasar la oportunidad para mostrar lo que pasó con Johanna y Bannock, que son una pareja que me encanta, que me traje de mi historia El circo de la esperanza.

Y la cita de Katniss y Peeta... no podía dejarla a medias.

Ahora sí, qué opinan, debe haber beso? no debe haber beso? Katniss fue muy lanzada, o simplemente actuó por impulso?

Sobre la pastelería de Peeta, me la imagino como los programas de televisión de Ace of Cakes o Cake Boss, si no han visto el programa, en google búsquenlo en imágenes, en estos lugares hacen pasteles de fantasía, así que creo que queda perfecto para la vida tan extravagante del Capitolio.

Ahora bien, que opinan de Haymitch y Effie, que creen que pase ahora que la rubia está en el distrito, o qué les gustaría que pasara?

Muchas gracias por leer y gracias por todos sus comentarios que me hacen continuar: Blankius, Ady Mellark87, Brujita22, Ilovehayffie, Carla, Claudiacobos79, 0catita, atalinunezz1, BrendaTHG, F, Valerialuis, 75everything y Gagonaya.

saludos

Marizpe