Tu amor y su Envidia

Rápidamente entró a la casa de la familia Ikawa, tuvo suerte porque Tsubaki estaba en el ático junto a Ginta entregándole nuevas instrucciones, tomó su bolso y salió hasta el jardín trasero y con algo de temor comenzó a meter todas las cartas dentro de su bolso, su ama y el joven Taisho debían enterarse. Luego de haber escuchado la conversación de Kagome y su Tía Kaede la noche anterior y de tener aquellos sobres en sus manos todo le confirmaba que Kagome e Inuyasha tenían una especie de relación amorosa, no sabía por qué Kikyo guardaba aquellas cartas, sólo siguió sus impulsos y las guardó le debía lealtad a Kagome Higurashi, esto era demasiado importante y no podía callarlo.

Capítulo 12: Complicaciones.

Entró a la casa y tiró la puerta con fuerza ocasionando un gran sonido que sobresaltó a los pocos que se encontraban en la casa, se sentía furiosa y sumamente frustrada. Aún le parecía increíble el poco respeto que esa mujer tenía hacia ella, -maldita –susurró mientras se sacaba los anteojos oscuros y comenzaba a adentrarse en el lugar.

-¿Madre? –preguntó alzando la voz, haciendo un gran esfuerzo por ocultar la ira que brillaba explosiva dentro de sus ojos.

Avanzó por los pasillos hasta llegar la puerta que daba hacia el jardín trasero, respiró profundamente logrando calmar en algo la ira que sentía, decidiendo que de Kagura se encargaría después, ahora lo importante era deshacerse de todas esas cartas antes de que alguien las encontrara. Se maldijo por conservarlas, pero en aquella época tener aquellas cartas lo consideraba un verdadero triunfo pues le había sido demasiado fácil intervenir en la relación de ellos, era sólo cuestión de tiempo para que Inuyasha olvidara a la tonta de Kagome, ya que teniéndola a miles de kilómetros y sin las cartas esa era una relación muerta.

Cuando vio a Koharu frente a la fogata quemando todo lo que ella le había ordenado Kikyo regresó a la realidad, se arregló el cabello, respiró profundamente tomando con relativa facilidad aquella postura fría y elegante que la caracterizaba. Si de algo Kikyo se sentía orgullosa era de su capacidad para ocultar sus emociones, tenía un elevado autocontrol y con ello, sería imposible que alguien pudiera ser capaz de adivinar sus intenciones.

Koharu se volteó en cuanto percibió el sonido de unas pisadas tras ella, se encontré con Kikyo quien se veía sumamente alta y atenta a la labor que ejercía. Tragó con algo de dificultad pensando en las cartas que había escondido entre sus cosas, pero con esfuerzo luego de un segundo le sonrió con amabilidad.

-¿Todo en orden? –preguntó Kikyo sumamente relajada, al comprobar que entre las llamas la caja donde se encontraban las cartas ardía quedando reducida a cenizas.

-Todo bien señorita, Ginta y su madre me entregaron las últimas cajas –respondió la joven sirvienta apuntando con una de sus manos hacia el lugar donde se encontraban tres cajas.

-¿Has destruido todo? –preguntó Kikyo fijando su atención en la pequeña humareda que la fogata extendía, Koharu sintió cómo su corazón latía con fuerza –Todo está quemado –afirmó con seguridad a pesar del temor que se alojaba en su corazón aún así la mentira salió casi natural de sus labios ayudada por el hecho de que Kikyo jamás miraba a los sirvientes a los ojos y por las ganas increíbles que tenía por decirle todo a Kagome.

-En cuanto termines quiero las cenizas dentro de la basura, luego puedes irte –ordenó para luego alejarse del lugar, su abrigo era bastante costoso cómo para que quedara con rastros de humo.

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Antes de que Kaede sirviera el almuerzo Kagome se encontraba en una especie de euforia por la llegada de Midoriko, las primeras semanas en Tokio se le habían hecho demasiado difíciles sin ella y ahora todo lo relacionado con Inuyasha la hacían sentirse ahogada, sabía que tenía a Sango pero no era justo hacer de su mejor amiga como una vía de desahogo. Midoriko no sólo era su niñera, era quien le había brindado el apoyo que necesitaba durante el tiempo en Francia. Kagome confiaba plenamente en ella, incluso más que en su propia madre a quien le había ocultado todo lo relacionado con Inuyasha, pues de alguna forma su madre personificaba una de las razones por las cuales su relación con el joven Taisho se había terminado.

Midoriko miró con atención el rostro emocionado de su pequeña, la alegría que emanaba de ella era radiante, era como si Tokio había revivido en Kagome todas las ganas por vivir. No tuvo tiempo de preguntar por la razón, ya que Kagome mientras su madre supervisaba los trabajos en la cocina tomó la mano de Midoriko para llevarla a su habitación.

-Al fin estás aquí… -expresó con alegría en la voz, luego de que se asegurara de que la puerta de su habitación estaba bien cerrada.

-Te extrañé pequeña –respondió la mujer mientras miraba admirada a su alrededor, la habitación de Kagome estaba finamente decorada, de inmediato pudo reconocer los objetos costosos que la señora Higurashi había comenzado a encargar incluso cuando aún residían en París. La mujer quería entregarle a su hija lo mejor a pesar de que la personalidad de Kagome la hacía ser una joven bastante sencilla.

-La señora se esmeró –dijo Midoriko luego del análisis en la habitación de Kagome, la joven por su parte hizo un pequeño gesto con sus hombros quitándole importancia a la decoración de su alcoba.

-Ya sabes cómo es mamá. –respondió sentándose en la cama, siendo seguida por su niñera. –Sin siquiera pedirlo me llena de regalos –agregó mientras Midoriko le tomaba las manos.

-Sabes que tu madre aún se siente algo culpable Kagome –le recordó con tranquilidad, pues conocía el lamento de su jefa por la única vez en que su hija la había mirado con odio. La joven la miró y asintió con la cabeza, luego se mordió el labio inferior algo nerviosa, nunca había querido revelarle a su querida madre la verdadera razón de su sufrimiento en Francia, luego de no recibir las cartas de Inuyasha estaba decidida a guardar sus sentimientos por él como uno de sus preciados recuerdos. Sabía que la incertidumbre era complicada para su madre pero luego de enterarse que Kikyo se casaría con Inuyasha aquella decisión tomaba más valor, su madre no podía saber que ella se sentía aún enamorada de él. Pero con la vuelta a Japón la situación había cambiado drásticamente, ahora ansiaba por estar junto a Inuyasha llegando al límite de que la reacción de su familia le era de poca importancia. Pasaron algunos segundos donde Kagome meditó las palabras de Midoriko, suspiró aumentando la curiosidad de su niñera y agregó. –Tal vez mi madre tiene que saberlo… -dijo cómo si hablara consigo misma, luego enfocó su vista en Midoriko y le dijo.

-Kikyo se va a casar con otro, terminó con él –susurró dándole a entender a su niñera de inmediato de quién hablaba sin la necesidad de nombrarlo. Midoriko abrió los ojos asombrada y se llevó una de sus manos a la boca, Kagome comenzó a susurrar con rapidez haciéndole un resumen de lo que había pasado.

-quise evitar todo contacto con él, nadie nos dijo nada hasta que Kikyo trajo aquí a su nuevo prometido, fue demasiado fuerte para mí que llevaba meses pensando en cómo los enfrentaría, nada me había preparado para esto. –Kagome hizo una pausa, volvió a morderse el labio nerviosa y antes de que continuara con su relato Midoriko habló por ella.

-Te encontraste con él ¿Verdad? –preguntó susurrando, Kagome de inmediato sintió la culpa apoderarse de ella, sabía que tener algo con Inuyasha no era correcto pero lo amaba tanto que se sentía capaz de enfrentarse a todos. Sus ojos de inmediato se llenaron de lágrimas y un sollozo se escapó de sus labios. –¡Oh! Pequeña –exclamó Midoriko preocupada por la repentina tristeza que expresaba Kagome la abrazó con fuerza y entre sollozos Kagome comenzó a explicarle.

-Se que esto está mal…. Que no debería.. . que pasaron diez años… -las lágrimas caían a través de sus ojos, le era imposible retenerlas, no quería dañar a Kikyo pero no podía estar sin él –aún lo amo… y las cartas… él también me ama… y no sé cómo decirle a mamá… -Midoriko la escuchó con atención, era como si su presencia hubiera logrado que el corazón de Kagome se abriera y expresara todo lo que llevaba oculto dentro de ella, le acarició el cabello con dulzura –calma.. –comenzó a decirle –calma pequeña…. Tu madre te adora... se que te entenderá.. –Kagome se separó de su niñera y se limpió las lágrimas con una de sus manos.

-¿Estás segura? –preguntó sintiéndose casi como una niña que debía solicitar el permiso de los mayores para todo. Midoriko la miró entendiendo la complicada situación en la que se encontraba su pequeña, pero conocía a la señora Higurashi y sabía que no le daría la espalda a su única hija.

-absolutamente segura… -Quiso añadir algo más, pero unos suaves golpes en la puerta interrumpieron la conversación. Kagome de inmediato se acercó al espejo para borrar todo rastro de lágrimas en sus ojos, la puerta se abrió dando paso a la figura de la señora Higurashi quien miró la escena con algo de curiosidad, pero también sintiendo un pequeño desazón.

-¿Sucede algo? –preguntó mientras miraba el rostro algo sonrosado de su hija, Kagome se acercó a ella y le tomó las manos para tranquilizarla.

-Sólo me emocioné porque al fin estamos las tres en casa –dijo con una sonrisa en los labios, que fue respondida de inmediato por su madre, quien añadió. -Kaede tiene lista la comida, debemos bajar, además Midoriko debes sentirte hambrienta –Midoriko asintió con la cabeza y comenzó a avanzar junto a la señora Higurashi en dirección a la puerta, Kagome no avanzó sino que tomó su teléfono móvil.

-¿Hija vienes? –preguntó su madre desde fuera de la habitación.

-Necesito realizar una pequeña llamada, bajo en seguida –respondió con rapidez Kagome esperando a que su madre y Midoriko salieran del lugar para comenzar a marcar con rapidez el número que de manera inmediata se había grabado en su mente.

Se llevó el teléfono al oído escuchó el tono una, dos, tres veces, de inmediato el nerviosismo y el miedo comenzaron a apoderarse de ella, cuando estaba a punto de colgar la voz que añoraba respondió.

-¿Kagome? –respiró llenando sus pulmones de aire al escuchar la voz de él diciendo su hombre, quiso tenerlo frente a ella y abrazarlo. La culpa que sentía por traicionar a Kikyo la hacía sentir un temor y vacío enorme, necesitaba estar con él.

-¿Inuyasha? –preguntó intentando controlar su nerviosismo, pero el hombre al otro lado de la línea notó de inmediato su perturbación, la preocupación en él nació impetuosa pues no quería que a Kagome le sucediera nada malo.

-Preciosa ¿Pasa algo? –preguntó con rapidez, Kagome aferró el móvil a su mano mientras su corazón latía desbocado dentro de su pecho, sólo con escucharlo.

-Necesito verte.. dentro de una hora en el roble ¿puedes? –preguntó controlando el tono nervioso de su voz, la preocupación que Inuyasha sentía por ella de alguna forma la reconfortaba.

-Ahí estaré –respondió seguro Inuyasha, dividido entre la preocupación y la repentina alegría que le entregaba la voz de Kagome y el próximo encuentro con ella.

-Debo irme… nos vemos –dijo Kagome a modo de despedida conteniendo el Te amo que su corazón quería dejarle caer a Inuyasha a través de la línea telefónica.

-Te estaré esperando –respondió intentando alargar la conversación pero de inmediato se quedó con el vacío de la línea.

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Se quedó mirando el teléfono luego de que ella cortara la llamada, se llevo una de sus manos al pecho y quiso deleitarse en la sensación cálida que la voz de Kagome había provocado en él. Si bien la llamada de ella había originado una profunda preocupación, sentía que la confianza que Kagome comenzaba a depositar en él con el tiempo se transformaría en un fuerte lazo entre ambos. Sonrió recordando el sabor de los labios femeninos, no había podido dejar de pensar en ella, Kagome era simplemente perfecta y a pesar de todo el tiempo lo seguía amando. Se prometió a sí mismo que la haría feliz, que no la dejaría y que con todas sus energías encontraría a quien había ocultado las cartas. Aún seguía sorprendido al saber aquello, pero el brillo castaño de los ojos de ella no le mentían Kagome sí le había escrito, sí había intentado comunicarse con él, el culpable pagaría, pues la nueva oportunidad que Kagome le había entregado lo llenaba de fuerzas para enfrentar junto a ella cualquier obstáculo que se le presentara.

De pronto la melodía de su móvil volvió a sonar, miró la pantalla esperanzado por escuchar la voz de Kagome nuevamente, su sorpresa no fue agradable al reconocer que la llamada provenía de su oficina. Un mal presentimiento se albergó en su pecho pues había dejado en claro que no quería que intervinieran en sus vacaciones a no ser de que fuera por algo realmente importante.

-¿Diga? –contestó con visible malestar en la voz, aún le quedaban varios días para su regreso a Tokio, pero sentía que estos serían interrumpido.

-¿Señor Taisho? –escuchó la voz tímida de Eri, su asistente.

-Buenas tardes Eri –intentó saludar con cordialidad, la mujer al otro lado de la línea se sintió apenada por interrumpir las vacaciones de su jefe pero el asunto era casi impostergable.

-Lamento molestarlo Señor, pero desde la empresa del señor Hanari insisten en que deben tener una junta con usted para los avances del proyecto.

-Yo dejé listo el material para aquella junta –explicó Inuyasha algo fastidiado, considerando casi increíble que su presencia fuera necesaria justo ahora. –No es necesario que esté ahí –agregó con la voz seria.

-Lo sé Señor, pero insisten en que necesitan verlo y yo ya no sabía qué hacer –se excusó Eri nerviosa , pues conocía el carácter de su jefe y no quería enfadarlo.

-Entonces dile que en tres días estaré en Tokio, planea mi agenda envíala por correo electrónico y ahí estaré. –respondió resignado, pues sabía que si volvía a Tokio su tiempo estaría ocupado casi por completo por su trabajo. Lamentó su mala suerte pensando de inmediato en Kagome, se conocía bien y sabía que estar lejos de ella sería casi insoportable.

-Yo lo arreglaré todo, disculpe las molestias Señor –reiteró su disculpas Eri, pues su jefe en muy pocas ocasiones se tomaba vacaciones y se sentía responsable por acortarlas.

-Que estés bien Eri, Adiós –dijo Inuyasha cortando la llamada antes de que su asistente pudiera despedirse, arrojó el teléfono hacia la cama y dio un puñetazo en una de las paredes. –Maldición –susurró enojado, tendría que dejar de ver a Kagome por al menos cinco días y eso lo exaltaba.

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Luego de que transcurriera la comida Kagome se excusó con éxito y pudo salir de casa sola sin darle explicaciones a su madre, quien de manera sorprendente se encontraba más interesada en saber sobre las vacaciones de su asistente. Pero aunque no se lo hizo saber tenía una inmensa curiosidad en la salida de su hija.

Ambas mujeres se encontraban solas en la sala de estar, cada una tenía frente a ella una taza de té, durante los primeros minutos la conversación se basó en las anécdotas de las vacaciones de Midoriko, también hablaron sobre los últimos arreglos que tuvo que realizar la asistente con las cosas de la familia en París, luego el tema derivó a que Kagome necesitaba dar el examen de manejo y tenían que conseguirle un automóvil, pues la joven había manifestado sus deseos de poder desplazarse por la ciudad sin depender de Ginta.

Luego de unos segundos la expresión de la señora Higurashi se tornó pensativa, Midoriko la miró con atención y notó el cambio en el semblante de su jefa.

-Señora ¿sucede algo? –preguntó curiosa, la familia Higurashi era también su familia, no sólo su trabajo y no le gustaba ver a su señora preocupada.

-Es Kagome –declaró la señora Higurashi, mientras tomaba el último sorbo que contenía su taza de té, Midoriko comprendió de inmediato el desazón que podía estar sintiendo su señora, ya que de alguna forma Kagome mantenía al margen a su madre de aspectos importantes de su vida.

-¿Qué pasa con ella? –preguntó generando de inmediato que su jefa sonriera con algo de frustración.

-Aún siento que no me ha perdonado que me la llevara de Japón, sé que mi hija comparte más contigo, quiero acercarme a ella pero temo que me odie. –Expresó con algo de tristeza en la voz, pues ella siempre había creído que alejarse de Japón las ayudaría a superar la muerte del señor Higurashi, pero sin saberlo había creado entre ellas una especie de barrera, pues Kagome nunca le había explicado el por qué de su reacción cuando le contó del viaje. Adoraba demasiado a su única hija y necesitaba acercarse a ella, pero temía su reacción. Quería tener esperanzas en mejorar su relación con su hija y una parte de ella ansiaba que el regreso a Japón y la presencia de Midoriko la ayudarían.

-Kagome la adora señora, sólo está confundida –le dijo Midoriko para animarla, pero sin revelarle nada respecto a la relación de Kagome con el joven Taisho, eso no le correspondía a ella. –Déle tiempo, pues su hija también necesita de usted. –declaró con seguridad, la madre de Kagome sonrió algo más tranquila y a la vez contenta de tener a Midoriko junto a la familia.

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En cuanto se encontró libre para ir al encuentro de Inuyasha comenzó a avanzar con rapidez por entre los árboles que la separaban del roble. Su nerviosismo nuevamente había aumentado, pero esta vez era por la impaciencia que crecía en ella, necesitaba demasiado estar junto a él, tanto que no había esperado hasta la noche, sino que corría por primera vez desde su llegada a plena luz del día. Su respiración se volvió agitada y el latido frenético de su corazón le retumbaba en los oídos, pues a medida que se acortaba la distancia sus ansias por verlo aumentaban. Cuando estuvo al fin frente a la cerca tomó un respiro profundo antes de saltarla. De inmediato el sonido de sus pasos alertaron al hombre que ya se encontraba esperándola, Kagome sonrió con sinceridad cuando miró directo a los ojos dorados de él. Lo siguiente transcurrió con rapidez la joven saltó la cerca sin problema alguno y ambos acortaron con rapidez la distancia que los separaba.

-Inuyasha… -dijo la joven con una repentina angustia, el hombre reconoció el sentimiento en la voz de Kagome, se acercó a ella le tomó el rostro con ambas manos y sin emitir palabras unió sus labios con los de ella en un intenso y ansiado beso. Kagome cerró los ojos y de inmediato respondió a la caricia que él le entregaba, el miedo en ella era enorme pero en sus brazos todo parecía perder importancia, a pesar de que no fuera lógico lo amaba tanto que Inuyasha se le estaba haciendo tan necesario como el aire…

Continuará…

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Hola a quienes leen este fic Ufff! Llegué.. tarde pero llegué.. Este capítulo ha sido escrito en tiempo record, pero si no actualizaba hoy mis actividades universitarias no me iban a permitir actualizar después. Espero que el capítulo les haya gustado, hay hartas cosas por aclarar y a pesar de que ellos lo único que quieren es estar juntos a veces hay situaciones que se interponen.

Les agradezco de corazón sus mensajes y espero que por este capítulo me dejen sus reviews.. ya que me encanta leer sus opiniones. Próximamente se viene un capítulo solo de ellos, por ahora debo irme porque mis ojos me duelen un poco.

Les mando muchos saluditos y que tengan una buena semana.

Nos leemos en el próximo capítulo.

Atte.

Isis.