Sumido en la penumbra, la mano de Hyoga busca a tientas aplacar el inclemente sonido sordo sobre la madera, que lo ha sacado de sus ensoñaciones. En los ojos, siente la humedad asomar mientras intenta reprimir los bostezos, abandona la búsqueda ignorando deliberadamente el zumbido, se sumerge en la tibieza que le proporciona la manta tendiéndose sobre su costado, decidido a recuperar su sueño perdido. En un ataque de consciencia abre los ojos de golpe, y trata de enfocar los textos enviados. Emite un suspiro al tiempo que rueda los ojos hacia el techo. Retira de su cuerpo la frazada, aún sin ánimo de salir de la comodidad de la cama, con pereza se incorpora, con ambas manos frota los ojos y acomoda el alborotado cabello, observando la luz de la farola colarse por la ventana débilmente. El ruido de la habitación contigua lo alerta, con pesar se pone en pie añorando aquellas noches tranquilas cuando todos en la mansión tenían un sueño reparador.

Veinte minutos después, se encuentra frente a una bodega abandonada. Confundido revisa, nuevamente, su teléfono móvil verificando la ubicación enviada por Shun. Dista mucho de los sitios a los que ha acudido a sacarlo en mal estado durante los últimos meses. "Por arriba", fue el último texto recibido, aun pensando en una mala broma, consigue escalar hasta una ventana situada en lo alto. Entrecierra los ojos acostumbrándolos a la oscuridad, los pasos lejanos y voces susurrantes atraen rápidamente su atención, rueda los ojos y mueve la cabeza de lado a lado en señal de reprobación, está por marcharse y permitir que Shun salga solo de la situación, cuando se percata de la presencia de justo media docena de hombres armados con palos. Sigilosamente pasa a través de la ventana abierta y, por una escalera llena de cajas baja sin ser descubierto. Alcanzando al peliverde, oculto tras un contenedor metálico, sostiene por la mano a una chica ni bien ha llegado cuando Shun le hace una seña con un dedo sobre los labios y le tiende su chamarra de piel, con otro ademán le indica que se la ponga, Hyoga obedece, después Shun le señala la salida ubicada a un costado. Hyoga lo observa confuso y sin permitirle intercambiar palabras, es arrojado hacia la salida tropezándose ruidosamente con unos botes metálicos de pintura, vacíos. Confundido por la situación, Hyoga es obligado a correr hacia la puerta cerrada, perseguido por varios hombres que amenazaban con darle una gran paliza, el ruso podría defenderse sin problema, sin embargo eso significaría evidenciarse inútilmente, así que opta por huir. Congela la cerradura y sale hasta un callejón vacío. En un extremo iluminada por una lámpara esta la motocicleta de Shun. Entendiendo rápidamente cuál es su función, corre hacia ella, se coloca el casco cuidando de ocultar su rubia cabellera. Introduce la mano en el bolsillo derecho de la chamarra sacando las llaves del encendido, espera a sus agresores para provocarlos y después huir con ellos detrás. Después de perder a los hombres regresó a la mansión casi al amanecer, se tendió vestido sobre su cama exhausto, cayendo dormido inmediatamente, no sin antes prometerse darle una paliza a su mejor amigo.

- Es un hermoso día –mencionó Hyoga descorriendo las cortinas después de entrar audiblemente a la recámara de Shun más tarde ese día –¿vas a explicarme qué rayos fue todo eso?

- ¿Y, si esperas a que sea medio día?–respondió perezosamente abrazando la almohada.

- Pasan de las tres. Estoy esperado –el ruso cruzó los brazos a la altura del pecho recargado en la pared.

- No hermanos, ni novios –menciono entre bostezos y tallándose los ojos –. Son una complicación.

- Podías salir de eso sin mi ayuda.

- Después de lo que has pasado, consideré que te vendría bien una distracción –sonrío pícaramente.

- Dicho de otra forma, no querías exponerte ante esa chica –entrecerró los ojos mirando fijamente al peliverde.

- No podía ser yo quién los lastimará –Hyoga rodó los ojos, adivinando que había sucedido después –. Estaré en deuda contigo –dijo estirando los brazos.

- Es bueno que lo digas, necesito pedirte un favor.

- Lo que necesites –Shun volvió a acomodarse en la cama.

- Voy a ausentarme de la mansión por unos días.

- ¿Siberia? –Mencionó entre bostezos y cerrando los ojos

- Es un viaje más...local –Shun abrió los parpados derrepente dedicando una mirada molesta –hace un par de días que no atiende mis llamadas, quiero verificar que todo esté en orden.

- Creí que Shiryu estaba con él –Shun se cruzó los brazos.

- Regresó a Rozan, estaba preocupado por Sunrei, no sin antes darle un severo sermón.

- Si no fuera por él, no tendrían de que preocuparse –menciono despectivamente.

- ¿Estás seguro? –Hyoga enarcó una ceja. Shun no había pronunciado abiertamente lo sucedido entre Eve y él esa noche, pero durante los trayectos que Hyoga lo había transportado, totalmente ebrio, tenía un buen contexto junto con algunas cosas que Shun pronunció de más.

- ¿Insinúas algo?, ¿Tú?, después del desastre de Fler no deberías...

- ¡Ya!, no dije nada –bufó molesto –. Tienes un nuevo mensaje, creí que deberías saberlo.

- Hazme un favor y deja de contestar el teléfono –dijo molesto.

- Este día te ella ha llamado tres veces. Quizá deberías escuchar lo que tiene que decir.

- No tiene importancia, nada puede cambiar el pasado –añadió en un susurro desviando la mirada, el ruso se encogió de brazos.

- Quizá debas saber que Seiya está muy avergonzado para venir o hablar. Seguro no lo hará en un buen tiempo no quiere incomodar, –Shun enarcó una ceja –fue muy difícil resistir la tentación.

- ¿Intentas disculparlo? o ¿culparla a ella? –Shun endureció la mirada.

- No, jamás. Lo que quiero decir es que fue un grave error, Seiya vio una oportunidad. Pero más importante que ello, es porque Eve lo hizo, tal vez deberías atender alguna de sus llamadas. Después de todo ya han pasado casi tres meses –. Shun cerró los ojos luego de un largo suspiro.

- Disculpa no fue mi intención hacerte sentir peor. Créeme, lo medité mucho y no tengo opción. Necesito que la cuides por mi –Shun abrió desmesuradamente los ojos y se puso en pie tan rápido que casi pierde el equilibrio.

- ¿Estas bromeando?, s-soy la última persona que quiere ver –tartamudeó.

- ¿De dónde viene eso?, son buenos amigos.

- Eso fue hace mucho –respondió con un mohín.

- Es buena ocasión para retomar su amistad –Hyoga se había percatado del distanciamiento entre ellos dos, pero siempre había supuesto que se debía a las relaciones de ambos –están pasando por lo mismo, seguro juntos serán de más ayuda que todo lo que yo haya hecho. Además, por lo que vi ayer lo estás superando mucho mejor que ella. No es una actividad absorbente, seguro aún tendrás tiempo para ti. Hay que hacer que coma y duerma lo suficiente. Tatsumi, sigue insistiendo en llevarla a un psiquiatra pero creo que lo peor ya pasó. Nos vemos en una semana –mencionó antes de cerrar la puerta tras él.

Shun se dejó caer sobre la mullida cama. ¿Porque Seiya había arruinado todo de esa forma?, ¿cómo había aceptado cuidar de ella?, ¿acaso la lealtad de Hyoga no debería estar en esa mansión?. ¿Shiryu no podía traer de regresó a Shunrei? las preguntas giraron en su mente, hasta quedarse de nuevo dormido. Al despertar, tenía un punzante dolor en el cuello, se talló los ojos, y se mantuvo quieto observando el techo, forzándose a no pensar, a no sentir. Al llegar a su límite, y como siempre solía hacer, evadió el torbellino emocional manteniéndose ocupado. Se despojó del pijama para tomar una ducha particularmente larga. De no ser por el hambre no habría abandonado la recámara. Estaba por dar el primer sorbo a la sopa de miso, cuando preguntó a una de las empleadas si Saori ya había salido de su habitación. Después de que las doncellas le confirmaran lo que temía y con una mueca de disgusto en la cara, fue hasta la blanca puerta de la recámara de Saori. Dudó unos minutos antes de que sus nudillos se estrellaran con la madera, aguardó impaciente alguna respuesta proveniente de la habitación. Suspiró y repitió la acción en cuatro ocasiones.

- No tengo apetito, Hyoga, por favor entiende –la voz ronca y apagada de Saori apenas era audible.

- No soy Hyoga –mencionó incómodo rascándose la cabeza –enfermarás si no te alimentas adecuadamente. Pero es tu elección –añadió al no encontrar respuesta.

Por el ventanal del comedor principal atravesaban los cálidos colores del atardecer bañando la mantelería con los mismos todos carmesí. Shun aún se encontraba en el, entretenido por la pantalla del móvil que apenas se percató de la presencia de Saori hasta que el sonido de los cubiertos lo hicieron levantar la vista.

- No quiero incomodarte –susurró débilmente. El peliverde observó a la desaliñada chica. Estaba acostumbrado a verla luciendo siempre de forma tan armoniosa que sintió una punzada en la boca del estómago al encontrarla con la cara lavada, el cabello precariamente amarrado, ojeras marcadas y evidentemente, varios kilos perdidos. Estaba tan ensimismado en su propio dolor que, apenas había prestado atención a su entorno y comprendió el porqué de la preocupación de Hyoga.

- No, no lo haces –tardó más de lo que quisiera en responder –es probable que se hayan retirado, pero puedo calentar la sopa, si quieres.

- Puedo hacerlo yo misma –dijo con rudeza –no soy una muñeca rota que puedan pasar entre tú y Hyoga.

- Él está preocupado por ti, por ambos. Quizá deberías agradecerle. Adelante, la cocina está por allá –señaló con un dedo hacia la habitación. Desde la aventura de Eve y Seiya, ellos; Shun y Saori se habían topado raras veces a solas y casi siempre terminaban discutiendo por cualquier cosa. Después de un tiempo considerable la joven apareció con un plato de porcelana en el comedor. Con disimulo Shun sonrió al percatarse que la chica tendría que esperar demasiado a que la sopa se me enfriara.

- No tienes por qué vigilarme, no me quiero matar de hambre –dijo después de comer solo medio tazón.

- De acuerdo, es lo que hay. Prometí a Hyoga cuidar de ti y si esto va a funcionar, debemos encontrar la forma de llevarnos bien, como en el pasado.

- ¿En serio?, ¿tú? , ¿tú vas a cuidarme? Si mal no recuerdo, Hyoga ha salido por las noches en tu búsqueda a más de una docena de bares. No piensen que han sido discretos en ello.

- Me rindo, tú ganas soy un completo desastre. ¿Es lo que quieres oír? Pero ¿sabes qué?, yo estoy dispuesto a dejar todo esto atrás, sin culpar a nadie, no quiero revolcarme en el dolor ni una vez más –Shun se levantó de la silla dejando completamente sola a Saori.

Acurrucada en la cama sin poder dormir, Saori se levantó más por costumbre a observar el cielo que por contemplarlo, cuando se percató de la sombra que entraba hacía la cochera, con sigilo abrió la puerta y manualmente se llevó la motocicleta hasta la reja principal, acción que se repitió tres noches seguidas. La chica se encontraba intrigada, pues siempre; al día siguiente sin falta, Shun estaba en la mansión tan normal como siempre, a diferencia de semanas atrás en las que desaparecía constantemente.

- No tienes que salir a hurtadillas, puedes ir libremente a donde te plazca –dijo un buen día encontrándolo con las luces apagadas en el garaje.

- Eso hago. Hyoga me advirtió de tu insomnio –Saori se sonrojó, a pesar de todo lo dicho, ellos seguían cuidando de ella –trató de no hacer ruido.

- ¿Puedo ir contigo? –. Se sorprendió a si misma de haber reunido el valor de decirlo, estaba cansada de sentirse una carga y miserable, al menos una noche quería ir a esos lugares de los que había oído hablar y perderse en la anónima noche.

- Con una condición –por segunda vez se sorprendió la chica, pues de ser Hyoga o Seiya jamás habrían aceptado, pensando de nuevo en el castaño, volvió a sentirse mal –. Tienes veinte minutos para cambiarte o me iré sin ti –. Bajó el soporte principal y dejó descansar la motocicleta en este mientras observaba a la joven regresar a la mansión. Saori llegó sin aliento hasta el armario, recordó que llevaba un par de días sin ducharse, se sonrojó furiosamente y frustrada dirigió su vista hasta el cuarto de baño, el tiempo estaba en su contra y sin perder más tiempo corrió hasta la regadera, deshaciéndose de la ropa en el camino. Saori no supo cómo logró en tiempo récord estar lista, rápidamente se observó al espejo, a pesar de las notorias ojeras y el cabello sencillamente recogido, reconoció que hacía meses no lucía tan bien. Una triste sonrisa asomó en su rostro, y decidida a terminar con ese vacío sacudió la cabeza dispuesta a olvidar todo el dolor en su corazón

Shun condujo por casi una hora afuera de la ciudad, cuando al fin aminoró la velocidad, la chica albergó la posibilidad de arribar pronto, lo cual la entusiasmo pues no contaba con el frío viento. Se adentraron por un camino rural, el cual le inspiro temor. Estaban muy lejos de la ciudad y era frustrante no ver con claridad cuál era el destino, además que ya se había cansado de rodear la cintura del peliverde para asirse a la abrazadera. Al fin se detuvieron frente a una fábrica abandonada, desilusionada Saori desmontó y se despojó del casco, mientras su compañero la imitaba.

- Espera aquí –menciono. Saori lo vio desaparecer por un costado hasta la parte posterior. Era extraño, ese lugar parecía estar desierto, sin embargo, podía percibir latidos provenientes del suelo. Cuando Shun regresó le hizo una seña para que lo siguiera por una vieja y pesada puerta de metal. Avanzaron por un pasillo largo lúgubremente iluminado por focos de diferentes colores, encontraron un viejo elevador de carga. Bajaron unos metros y al abrirse las puertas, un rudo hombre gordo vestido con chaleco de cuero les cerró el paso.

- Es tan problemático ser tú, niño –dijo con aspereza, presionó un botón debajo de una tubería y tras emitir un chasquido empujó una puerta por la que se introdujeron el par de chicos.

Saori se sorprendió del espectáculo. Desde una plataforma metálica podía ver a un centenar de jóvenes enloquecidos por frenéticos ritmos electrónicos, Shun le tendió la mano para bajar por la escalera metálica resbalosa, por el lodo de la gente que había pasado con anterioridad.

- Bien este es lugar, no tomes agua, ni aceptes nada de nadie, incluyéndome. La barra es segura –apuntó hacia un costado –estas por tu cuenta –Shun se adentró en una multitud, dejando a la chica completamente sola. Se sintió decepcionada, pues esperaba explorar el sitio con Shun, aunque entendía perfectamente su enojo. Después de todo ella había sido la que se atrevió a inmiscuirse en sus planes.

Una ligera emoción la recorrió, en ese lugar no parecía ser importante la vestimenta o las formalidades. Vio como unos chicos sin siquiera entablar comunicación verbal se habían hecho acompañar de unas jóvenes para bailar, por otro lado un grupo de amigos tararean el coro de la canción sin importarles el ritmo. En una palabra, la diversión era palpable. Después de brincar al compás de los ritmos por unas horas, sedienta y preguntándose, como el resto podían hacer eso toda la noche sin parar, fue hasta una atiborrada barra de bebidas, su primer impulso fue pedir un vaso con agua, pero recordando el consejo de Shun optó por una cerveza, el sabor amargo colocó una mueca en su rostro.

- ¿Primera vez? –fue abordada por un joven de cabello oscuro y profundos ojos grises –me llamo Hajime. ¿Acaso viniste sola? –Saori negó con la cabeza.

- Estoy con un amigo –mencionó cohibida.

- Y…¿dónde está tu amigo?

- Mmmm, ocupado. Creo –dijo dubitativa, tomándose de un brazo.

- Si yo fuera tu amigo, no me ocuparía en nada que no fueras tú –Saori se sonrojó y desvió la mirada.

A la mañana siguiente, Saori se cubrió los oídos deseando detener inmediatamente el trinar de las aves que le daban la bienvenida a un nuevo día. Se removió suavemente entre las sabanas, el malestar en todo su cuerpo era insoportable, se levantó repentinamente llegando apenas al baño y verter todo su contenido estomacal. Después de levantarse de la fría losa, se dirigió hasta el lavabo permitiendo al agua refrescar su aliento y rostro. Sintiéndose débil y mareada emprendió su regreso a la habitación. Aterrada se refugió en el interior del baño nuevamente, ahogando un grito con las manos, enredado entre las sábanas una silueta masculina reposaba.


Hola ¿por qué publique hoy?¿ y no en el siguiente fin de semana?, creo que me siento un poco como Saori. Cuando uno trae baja la energía o el animo, se deben hacer las cosas que tanto nos gustan, planeaba hoy escribir, pero las diversas actualizaciones en mis equipos me juegan mal, así que mejor edité este capítulo y se los ofrezco, muchas gracias por leerme y gracias dobles a las que comentan que les parece esta locura. Nos leemos pronto...en un mes mas o menos.